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Las mentes irreverentes

jueves, 10 de julio de 2014

Las mentes irreverentes

Y sus escépticas observaciones desmitificadoras sobre los rituales y símbolos que mantienen asociadas a las sociedades. 






La Teoría de la Clase Ociosa de Thorstein Veblen (1899) termina de manera que podría parecer curiosa, pero en realidad bastante lógica, con un capítulo sobre "La educación superior como expresión de la cultura pecuniaria." Trata allí temas interesantes, como el gradual desplazamiento de las humanidades por parte de las ciencias en la Universidad; las humanidades irían asociadas a las clases privilegiadas tradicionales y sus valores, y las ciencias son para Veblen la expresión de la nueva civilización industrial que transforma los valores. Me interesa también la dimensión autobiográfica e incluso reflexiva del capítulo: Veblen habla de sí indirectamente, de su lugar atípico en la academia, y de la ubicación de su propio discurso sobre la clase ociosa a modo de torpedo dirigido contra las tradiciones y convenciones de la propia institución que lo produce. Algunas ideas centrales:

"Es en la educación propiamente dicha, y de modo particular en la educación superior, donde la influencia de los ideales de la clase ociosa se hace más patente" (356).  La educación superior va asociada a la función devota de la comunidad—y recordemos que según Veblen la religión se figura en la época quasi-civilizada como un servicio prestado a una clase ociosa sobrenatural, una especie de monarca o aristócrata proyectado a los cielos, para garantizar los ideales de la clase explotadora en la tierra. La educación superior se origina en torno a estos ideales: "En gran parte, pues, puede clasificarse como ocio vicario dedicado a los poderes sobrenaturales"—y el primitivo conocimiento esotérico en el que se enraíza es "un conocimiento de cuestiones rituales y ceremoniales; es decir, un conocimiento de cuál era el modo más adecuado, eficaz o aceptable de acercarse o de servir a los agentes preternaturales" (356). Si bien la educación ha evolucionado, sobre todo en la fase tecnológica de la misma, "fue de esa fuente de donde surgió la educación como institución; y su proceso de diferenciación de aquella carga original de ritual mágico y fraude chamanista ha sido lenta y tediosa, y apenas se ha completado aún, ni siquiera en los más avanzados seminarios de enseñanza superior" (357). 

Veblen es muy consciente de la teatralidad de la vida social—y contempla con ojo irreverente la teatralidad de la vida académica. Se echa de ver el origen de ésta en el ritualismo de las clases privilegiadas primitivas, y es significativo como prueba de que "su actividad cae en gran parte dentro de esa categoría del ocio ostensible a la que se conoce como buenos modales y buena crianza, que las clases educadas de todas las comunidades primitivas son muy estrictas en lo que se refiere a formas, jerarquía, gradaciones de rango, ritual, vestiduras ceremoniales y otros accesorios que suelen acompañar a la vida académica" (359). Así, los académicos se pierden por togas, birretes, diplomas y menciones, ceremonias de iniciación y graduación, que son el meollo mismo de su actividad... (el reconocimiento mutuo, en suma, es central y definitorio, aunque Veblen no lo mencione). "Los usos de las órdenes sacerdotales son, sin duda, la fuente inmediata de la que provienen todos esos rasgos del ritual académico: las vestiduras, la iniciación sacramental, la transmisión de dignidades y virtudes peculiares por la imposición de manos y otras cosas semejantes"...   Este origen y estos modos se mantienen más en las humanidades, especialmente las clásicas, antes que en las ciencias y estudios tecnológicos, aunque haya influencias en los dos sentidos. Unido a la promoción social de las clases que acceden a la educación hay también "un cambio paralelo hacia una vida más ritual en las escuelas" (362); y "en cuanto una determinada escuela comienza a inclinarse hacia una clientela de clase ociosa, se produce también una perceptiblemente mayor insistencia en el ritual académico y en la conformidad con las formas antiguas en materia de vestiduras y solemnidades sociales y académicas" (363)—Veblen traza esta evolución en las nuevas universidades y colegios norteamericanos de su época—Y pronto veremos más teatro de ése por aquí por España y Europa, por influencia norteamericana, más que por tradición. Ya es muy visible en las universidades privadas, de hecho. El ceremonial académico, observa Veblen, "no sólo se aviene con el sentido de la clase ociosa acerca de cómo deben ser las cosas, pues apela a la tendencia arcaica hacia los efectos espectaculares y a la predilección por el simbolismo antiguo, sino que, a la vez, encaja perfectamente con el esquema de vida de la clase ociosa, ya que implica un notable elemento de derroche ostensible" (363)—y un concomitante lucimiento de lo improductivo.

La transición de las humanidades a las ciencias y tecnologías, o a las económicas podríamos añadir, también van unidas a las transformaciones en los rituales y signos de la clase ociosa. "Esta sustitución parcial de la eficiencia sacerdotal por la pecuniaria es concomitante de la moderna transición del ocio ostensible al consumo ostensible como el principal medio de conseguir y mantener una buena reputación" (366). En tiempos de Veblen se debatía el acceso de la mujer a la educación superior, hoy cuestión superada pero que hizo correr su tinta, por razones ligadas al prestigio de la clase ociosa: "Ha predominado un fuerte sentimiento de que la admisión de las mujeres a la educación superior (como a los misterios eleusinos) sería ofensiva para la dignidad de la comunidad ilustrada" (366). No olvidemos que el meollo original, la Iglesia Católica, sigue manteniendo esa defensa del privilegio masculino que ya denunciaba Sarah Egerton hace más de trescientos años en "The Emulation", con similar alusión a los misterios creados artificialmente como mecanismo de control y privilegio.

La universidad de su tiempo sufre para Veblen de una inclinación desmedida a las trivialidades de forma y ritual—se pierde en ellas, y la mentalidad conservadora está presente a todos los niveles, desde luego en la ideología religiosa conservadora y animista de gran parte del profesorado, en la creencia que mantienen estos intelectuales en un dios antropomorfo. También en la manera en que se fomenta el espíritu de clan en las fraternidades de estudiantes, en el culto a la tradición clásica y en el privilegio dado a los deportes.... (Hablamos de América, aquí los deportes están en otros lugares). Este conservadurismo de formas aledañas no sería sustancial, pero de hecho el conservadurismo ideológico se extiende al tratamiento de los propios estudios y disciplinas. La universidad presenta una notable impermeabilidad a la innovación, y sólo recibe las novedades a regañadientes, cuando ya se han abierto camino al margen de las aulas. 

"Generalmente, las escuelas superiores no han dado su aprobación a ningún avance serio en los métodos o en el contenido del conocimiento hasta que tales innovaciones han sobrepasado su juventud y buena parte de su utilidad; es decir, hasta después de haberse convertido en lugares comunes del bagaje intelectual de una nueva generación que ya ha crecido y ha formados sus hábitos bajo ese nuevo, extra-académico cuerpo de conocimientos y ese nuevo punto de vista" (371)

—sobre ejemplos, la imaginación es libre. (Aquí estamos por ejemplo en una revista electrónica excepcional en el mundo universitario español). El mecenazgo, observa Veblen sobre su América, también tiende a favorecer los aspectos más conservadores de la Universidad, en lugar de ir dirigido a la innovación. 

Tradicionalmente las inquietudes intelectuales de la clase ociosa se derivaban, observa Veblen, hacia la erudición clásica y formal, más que hacia las ciencias relacionadas con la vida industrial de la comunidad. Los clásicos han ido unidos a la autoimagen de la clase ociosa (esto es especialmente cierto en la tradición anglosajona en la que piensa Veblen). La fundamentación clasista e ideológica de otros estudios es todavía más directa:

"Las más frecuentes incursiones en campos de conocimiento distintos del clásico realizadas por la clase ociosa se han hecho en las disciplinas jurídicas y políticas, y más especialmente en las ciencias administrativas. Estas llamadas 'ciencias' son, en lo sustancial, cuerpos de máximas útiles para guiar a la clase ociosa en su tarea gubernamental, basada en los intereses de la propiedad. El interés con que se estudia esta disciplina no es, pues, por lo común, un interés simplemente intelectual, buscado por un deseo de conocimiento. Es, en gran parte, el interés práctico de las exigencias de esa relación de dominio en que están situados los miembros de la clase. En cuanto al origen de donde derivan, las tareas de gobierno constituyen una función depredadora que pertenece de manera integral al arcaico esquema de vida de la clase ociosa. Es un ejercicio de control y coacción sobre la población de la cual dicha clase ociosa saca sus medios de subsistencia." (372)

Veblen es un gran teorizador de las dinámicas económicas seguidas por las élites extractivas, y sus análisis de hace más de cien años dan que pensar aquí y ahora cuando se consideran las actuales superestructuras de instituciones (españolas, digo) sostenidas por dinero público. La justificación es el buen gobierno y el interés público, claro, pero en ellas se van colocando mayormente los miembros de la casta, sus primos, conocidos, contactos, compañeros de clase y aliados mutuos, en un sistema organizado de explotación de recursos humanos orquestado por los partidos políticos a través de Hacienda y de los presupuestos.

Un modo de vida conlleva un modo de pensar—es la teoría básica de las ideologías—y Veblen observa que el pensamiento científico no es el que favorecen las clases privilegiadas:

"hay características del esquema de vida de la clase ociosa (...) que desvían el interés intelectual de esa clase hacia temas distintos de la mera secuencia causal de fenómenos, que es lo que constituye el contenido de las ciencias. Los hábitos de pensamiento que caracterizan la vida de la clase se establecen sobre la relación personal de dominio y sobre los conceptos de comparación odiosa que se derivan de dicha relación: honor, valía, mérito, carácter y otros semejantes. La secuencia causal que constituye el objeto de las ciencias no se percibe desde este punto de vista." (374)

El interés cognoscitivo de la materia de que se trate se ve desplazado por intereses relativos a méritos pecuniarios "o cualquier otro tipo de mérito honorífico" en la atención de la clase ociosa, y así se explica gran parte del peso de los clásicos en la educación—clásicos que solían ser síntoma y señal de clase,especialmente en el mundo anglosajón. Y aquí vemos un interesante pasaje casi autobiográfico donde Veblen explica de dónde surge la perspectiva oblicua, irreverente y poco atenta a las formas y convenciones en su propio discurso sobre los valores sociales y the old school tie:

"El auténtico caballero ocioso de buena crianza debe ver, y de hecho ve, el mundo desde el punto de vista de la relación personal; y el interés cognoscitivo, en la medida en que logra afincarse en él, tiene que tratar de sistematizar los fenómenos sobre esa base. Tal es el caso del caballero de la vieja escuela, en el cual los ideales de la clase ociosa no han sufrido ninguna desintegración; y tal es la actitud de su descendiente de última hora, en la medida en que es heredero de todo el conjunto de las virtudes de la clase alta. Pero los caminos de la transmisión hereditaria son engañosos, y no todo hijo de un caballero presenta esas características. De manera especial, la transmisión de los hábitos de pensamiento característicos del señor depredador es un tanto precaria en aquellas líneas hereditarias en las que sólo una o dos de las últimas generaciones se han educado en la disciplina de la clase ociosa. Las posibilidades de que se presente una fuerte inclinación, congénita o adquirida, hacia el ejercicio de las aptitudes cognoscitivas son, al parecer, mayores en aquellos miembros de la clase ociosa que tienen antecedentes de la clase baja o de la clase media; es decir, en aquellos miembros que han heredado el conjunto de aptitudes propias de las clases que trabajan, y que deben sus puestos en las clases ociosas a la posesión de cualidades que tienen más importancia en el día de hoy de la que tuvieron en la época en que se formó el esquema general de la vida de la clase ociosa. Pero incluso fuera de estas últimas adquisiciones de la clase ociosa, hay un número suficiente de individuos en los cuales el interés por establecer comparaciones odiosas no es lo bastante dominante como para dar forma a sus concepciones teóricas, y en los cuales la proclividad hacia la teoría es lo suficientemente fuerte como para llevarlos a la investigación científica." (375)

Otra perspectiva intrusa o externa más directa viene de aquellos miembros de las clases trabajadoras que han podido realizar estudios superiores y que aportan a ellos todas las aptitudes de su clase hacia el trabajo productivo y un insuficiente interés por la ostentación del ocio y de las señales de clase. Este grupo (en el que se ubicaba el propio Veblen) es, al decir suyo, "el que ha aportado una contribución mayor" al progreso de las ciencias en un ambiente donde la educación es ante todo marca de status. Otra influencia externa sobre la academia viene de los métodos desarrollados en el campos científicos extraacadémicos—como la investigación industrial—que luego llevan a cambios de método cuando se introducen en las disciplinas académicas. La formación técnica va más orientada a la eficacia o destreza intelectual o manual, y a esas relaciones causales impersonales entre los fenómenos que según Veblen son tan ajenas a la obsesión de la clase ociosa con el impacto honorífico de los hechos. En este contexto hay que situar el desplazamiento gradual de las humanidades por las ciencias. Este capítulo de Veblen es todo un tratado sobre the two cultures, las dos culturas humanística y tecnológica, avant la lettre y con una dosis doble de crítica ácida. El sarcasmo de Veblen hacia los ideales de las humanidades y su raíz social es considerable:

"Las ciencias se han introducido en la disciplina del hombre de estudio desde fuera, por no decir desde abajo. Es de notar que las humanidades, que tan de mala gana han cedido terreno a las ciencias, están bastante uniformemente adaptadas para modelar el carácter del estudiante según un esquema de consumo tradicional y egocéntrico; un esquema de contemplación y goce de lo verdadero, lo bello y lo bueno, con arreglo a una norma convencional de lo que es apropiado y excelente, cuya característica sobresaliente es el ocio —otium cum dignitate—. en un lenguaje velado por su propia habituación al punto de vista arcaico y decoroso, los portavoces de las humanidades han sostenido el ideal encarnado en la máxima fruges consumere nati [nacidos para consumir los frutos de la tierra]. Esa actitud no debería causar sorpresa en las escuelas que han sido modeladas por una cultura de clase ociosa y están basadas en ella." (380)

La clase ociosa de Antigüedad clásica se tomaba (en las educación tradicional de las clases altas anglosajonas a las que se refiere Veblen) como una proyección idealizada de la propia clase ociosa, como un ideal "más alto" o "más noble"—idealizando o ignorando los propios motivos que movían a esas clases en la Antigúedad, sus propias tácticas explotadoras, etc.  La propia antigüedad de la tradición clásica funcionaba de por sí como un valor de estabilidad y legitimación—pues "En igualdad de condiciones, cuanto más larga e ininterrumpida sea la habituación, más legítimo es el canon regulador del gusto en cuestión" (381).  Lo mismo podría aplicarse al establecimiento de un canon de autores modernos en la evolución posterior de los estudios humanísticos.

"Los clásicos y su posición de privilegio en el esquema de educación, al que se aferran con tan afectuosa predilección los seminarios superiores del saber, sirven para dar forma a la actitud intelectual y rebajar la eficiencia económica de la nueva generación instruida. Hacen esto no sólo manteniendo un ideal humano arcaico, sino también esforzándose en distinguir entre el conocimiento cuya posesión realza la buena reputación y el que la daña." (383)

Una formación inútil es una de esas señales de ocio ostensible con las que se adorna la clase privilegiada según Veblen—y es al abrigo de esa clase donde se ha desarrollado el ideal de la erudición. "Normalmente, se espera que se hayan empleado un cierto número de años en adquirir esa información sustancialmente inútil; y cuando falta, se asume que se trata de un saber apresurado y precario, de carácter vulgarmente práctico, que es igualmente perjudicial para las normas establecidas que determinan la sólida erudición y el vigor intelectual" (384). 

"La convencional insistencia en que ha de haber un cierto derroche ostensible como elemento de toda educación respetable ha afectado nuestros cánones de gusto y de utilidad en materia de educación, de manera muy parecida a como ese mismo principio ha influido en nuestro juicio acerca de la utilidad de los bienes manufacturados. 
     Es verdad que, como el consumo ostensible le ha ganado más y más terreno al ocio ostensible como medio de conseguir y mantener una buena reputación, la adquisición de las lenguas muertas ya no es una exigencia tan imperativa como lo era antaño, y que su virtud talismánica como garantía de saber ha sufrido una correspondiente disminución" (385).

Es en torno a los clásicos donde la erudición encuentra su terreno más favorable: "Los clásicos sirven a los fines decorativos del saber de la clase ociosa mejor que cualquier otro cuerpo de conocimientos; de ahí que resulten ser un medio eficaz de lograr una buena reputación" (385). Pero este prestigio del arcaísmo va más allá de la erudición sobre autores, y afecta a los usos lingüísticos—así Veblen propone una teoría de los registros lingüísticos asociada  al valor simbólico de las palabras, a las prioridades de la clase ociosa, y al intercambio de sus señales de prestigio favoritas. Habría que señalar que el lenguaje formal va normalmente unido a un uso intertextual de los clásicos o del conocimiento establecido, como apoyatura intelectual y acreditación. El virtuosismo lingüístico en otras áreas puede igualmente ir unido a un conocimiento especializado de otras trivialidades (la moda, el 

"El término 'clásico' implica siempre esta nota derrochadora y arcaica, tanto si se usa para denotar las lenguas muertas o formas obsoletas o caídas en desuso de pensamiento y dicción en el lenguaje vivo, como si se emplea para denotar otras formas de actividad o ceremonial académicos a los que se aplica con menor propiedad. Así, se habla de la forma arcaica de la lengua inglesa como de inglés 'clásico'. Su uso es imperativo siempre que se hable y se escriba sobre temas serios, y la facilidad en su empleo dignifica hasta la charla más tópica y trivial. La forma más nueva de diccióin inglesa, por supuesto, no se escribe nunca. Ese sentir característico de la clase ociosa, que requiere un modo de hablar arcaico, está presente incluso entre los escritores más antiliterarios o sensacionalistas, con fuerza suficiente para impedirles caer en semejante lapsus. Por otra parte, el más elevado y convencional estilo de dicción arcaica sólo es de uso apropiado—de manera notablemente típica— en las comunicaciones entre una divinidad antropomórfica y sus súditos. A medio camino entre los dos extremos se encuentra el lenguaje cotidiano empleado en la conversación y la literatura de la clase ociosa" (387).

La misma ortografía inglesa es para Veblen un ritual de conservadurismo y de exhibición de ocio ostensible—al no ser funcional, "satisface todas las exigencias de los cánones que regulan la buena reputación bajo la ley del derroche ostensible"—y es una prueba del algodón de una buena formación. Con estas observaciones sobre las propiedades lingüísticas y el estilo culto termina Veblen su Teoría de la clase ociosa, y detectamos aquí un cierto sentido reflexivo y autodescriptivo—descriptivo de la empresa de desenmascaramiento de los rituales de la clase ociosa emprendida por Veblen. El libro está escrito en un estilo formal y aquí se nos explica por qué—porque es el único que puede granjear respeto y atraer la atención de la clase de público a la que va destinado, cuyos valores critica. Tiene Veblen así su cierta dosis de provocador bien pertrechado, y quizá mate dos pájaros de un tiro al observar en su último párrafo que "la ventaja de las locuciones acreditadas estriba en fomentar la buena reputación"—me refiero obtiene Veblen buena reputación (?) en la institución académica por el procedimiento de cuestionar los presupuestos mismos de la noción de buena reputación y el clasismo que le subyace. Era una batalla personal que tuvo que librar el autor a lo largo de su vida.


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Jueves, 09 de Julio de 2015 17:29. José Ángel García Landa Enlace permanente. Filosofía






El Big Bang antes del Big Bang

 

miércoles, 9 de julio de 2014

El Big Bang antes del Big Bang

—según Spencer, Darwin y Poe

 



Resumen: Se suele considerar que la teoría cosmológica de la Gran Explosión o Big Bang fue formulada por Lemaître en la primera mitad del siglo XX, y que fue gradualmente aceptada como explicación científica del universo a lo largo de la segunda mitad de siglo. Este artículo examina algunas ideas y textos de un trío de cosmólogos heterodoxos de los siglos XVIII y XIX (Erasmus Darwin, Edgar Allan Poe y Herbert Spencer) y muestra cómo anticipan algunos de los elementos definitorios de la teoría del Big Bang. Aunque estas nociones perspicaces no las formulasen en términos de física matermática, no por ello habrían de ser ignorados en tanto que cosmólogos, ya que la construcción de modelos mentales y narrativos es un aspecto importante de la ciencia evolucionista. Fueron intuiciones como éstas las que han permitido reconceptualizar la cosmología y la física como ciencias evolucionistas, un cambio de paradigma que hoy sigue en curso.
e-darwin
Además de proponer la teoría de la evolución 
de las especies biológicas, Darwin fue uno de los precursores de la teoría del Big Bang


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El Big Bang, o Gran Explosión, es un concepto central del actual paradigma cosmológico, al que podríamos describir como el paradigma de la evolución universal. Su status como teoría científica no es antiguo: aunque se formuló el concepto del Big Bang, según se nos suele decir, en la primera mitad del siglo XX, sólo fue gradualmente aceptado a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, hasta ser la teoría cosmológica dominante a finales de siglo y en la actualidad. A la hora de hablar del Big Bang tal como aparece en autores de los siglos XVIII y XIX, objetivo nuestro en este artículo, no estamos por tanto hablando estrictamente del Big Bang en tanto que teoría astrofísica matematizada y formulada en el contexto disciplinario de las ciencias físicas, sino que hemos de adoptar un marco conceptual más amplio, que contiene, precede, o permite pensar esa teoría—hablamos así del Big Bang en tanto que mapa narrativo de la realidad, un relato o esquema cognitivo sin el cual no tiene sentido ni tiene posibilidad de formularse una concepción científica de los procesos naturales. Los mapas narrativos comprenden tanto las versiones míticas del universo como las científicas: si bien la narratividad de las concepciones cosmológicas científicas sólo se ha ido haciendo evidente en tiempos recientes, es bien conocido que las primeras concepciones cosmológicas son míticas y por tanto narrativas. El mérito de los autores que comentaremos aquí, que en siglos anteriores intuyeron un modelo cosmológico análogo al Big Bang, se halla en el desarrollo incipiente de una conceptualización narrativa del cosmos que, escapando a sus orígenes míticos, abre paso a la moderna noción científica de un universo en evolución.


Del universo estático a la evolución del universo:   Seguir leyendo




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Este artículo también puede verse en el SSRN, http://ssrn.com/abstract=2463993





El Big Bang antes del Big Bang — según Spencer, Darwin y Poe (The Big Bang before the Big Bang — in Spencer, Darwin, and Poe)

y aparece en las siguientes revistas temáticas (Date posted: July 10, 2014):


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También se encuentra el artículo aquí:

- en Academia
- y en ResearchGate


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Jueves, 09 de Julio de 2015 08:16. José Ángel García Landa Enlace permanente. Evolución


Camino de Venecia 2

miércoles, 9 de julio de 2014

Camino de Venecia 2

Camino de Venecia 2
 

Alcanzándome a mí mismo poco a poco—pero nunca del todo—empiezo a colgar las fotos del verano en Flickr. Aquí empieza una serie de más de dos mil fotos que hice durante el viaje a Venecia—comenzando por ésta de la carretera que lleva desde mi pueblo a Venecia. Las iremos colgando poco a poco.

 

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Jueves, 09 de Julio de 2015 08:13. José Ángel García Landa Enlace permanente. Imágenes


The Big Bang before the Big Bang

martes, 8 de julio de 2014

The Big Bang before the Big Bang

According to received opinion, the Big Bang theory of cosmology was formulated by Lemaître in the first half of the 20th century, and received acceptance as a scientific account of the Universe in the later 20th century. This paper examines some ideas and passages by a trio of unorthodox cosmologists from the eighteenth and nineteenth centuries (Erasmus Darwin, Edgar Allan Poe and Herbert Spencer) and shows how they anticipate some of the the major outlines of the Big Bang theory. Although their insights were not formulated within the discipline of mathematical physics, they should not be disregarded in their role as cosmologists, as the construction of mental and narrative models is an important aspect of evolutionary science. It was such insights that allowed to conceive of cosmology and physics as evolutionary sciences, a paradigm change that is still under way.



"El Big Bang antes del Big Bang—en Spencer, Darwin, y Poe (The Big Bang before the Big Bang—in Spencer, Darwin, and Poe)." Social Science Research Network 10 July 2014.*
Cultural Anthropology eJournal 10 July 2014.
English & Commonwealth Literature eJournal 10 July 2014
Philosophy of Science eJournal 10 July 2014

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Jueves, 09 de Julio de 2015 08:08. José Ángel García Landa Enlace permanente. Evolución


Entrevista con Luz Gabás

 

martes, 8 de julio de 2014

Entrevista con Luz Gabás

Entrevista a Luz Gabás 


A Luz hace años que no la veo. En tiempos empezó a hacer una tesis doctoral que yo se suponía le iba a dirigir—sobre teatro, precisamente, sobre Brian Friel, una especie de Buero Vallejo irlandés. Pero bueno, ahí nos quedamos la tesis y yo... Cualquier día todos lo dejamos todo, la vie est un oiseau rebelle... 
me alegro por lo menos de que la escribiese la tesis por fin en otro formato, y autodirigida. A este tamaño se lee mejor la entrevista.





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Jueves, 09 de Julio de 2015 08:06. José Ángel García Landa Enlace permanente. Departamento


Jean Cocteau - La voz humana

 

martes, 8 de julio de 2014

Jean Cocteau-La voz humana (Amparo Rivelles)

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La decadencia del macho depredador

martes, 8 de julio de 2014

La decadencia del macho depredador

La Teoría de la Clase Ociosa de Veblen tiene un gran interés como interpretación económica evolucionista de la actividad humana, de la moral, la estética y la civilización en su conjunto. El interés para mí está precisamente en su consciencia de cómo las formas de la economía se asientan en la naturaleza humana, y cómo esa naturaleza humana no es de una pieza, sino que es un producto de la evolución y de la historia; está hecha por así decirlo de capas superpuestas. El ser humano es por naturaleza, por naturaleza profunda, un animal social y cooperador, y sobre esa socialidad primigenia se ha edificado la humanidad. Ahora bien, la civilización surgió como una formación secundaria, como la explotación del hombre por el hombre, un parasitismo de los individuos y clases dominantes que basa la organización social en el dominio, la separación de tareas y la diferencia ostentosa de clase. Podríamos sintetizarlo como un paso del igualitarismo (a veces figurado como matriarcado) destinado a la explotación cooperativa de la naturaleza (es decir, lo que llamamos la prehistoria), al patriarcado violento, agresivo y competitivo, basado en la explotación de otras clases, castas, comunidades o regiones (lo que llamamos la historia, en la que no es la explotación primaria de la naturaleza sino la explotación secundaria del hombre la principal fuente de recursos, la que da su carácter a la sociedad). Es un paso de la cooperación (con elementos competitivos) a la competición (impuesta sobre la base cooperadora). En la civilización se hace rico no quien más trabaja sino quien mejor explota el trabajo ajeno, o quien se apropia de él. La historia humana ha sido por definición depredadora, explotadora, clasista, y patriarcal. Es en este contexto donde surgen la clase ociosa y su ideología, de modo que Teoría de la clase ociosa equivale como título a teoría evolucionista de la explotación civilizadora. A veces se expresan estas tesis de maneras un tanto simplistas, crudas o paradójicas, pero casi es en estos pasajes donde mejor se aprecia la manera en que Veblen ve todos los fenómenos de manera integrada. Aquí hay un pasaje en el que comenta la decadencia moderna de las formas culturales asociadas a la cultura depredadora, ante el empuje de nuevas necesidades surgidas de la organización industrial de la producción.zeus


Los hábitos derivados de la cultura depredadora y quasi-pacífica son variantes relativamente efímeras de ciertas propensiones y características mentales subyacentes en la especie, las cuales se deben a la disciplina prolongada de la etapa proto-antropoide cultural anterior, de vida económica pacífica y relativamente indiferenciada, desarrollada en contacto con un ambiente material relativamente simple e invariable. Cuando los hábitos impuestos por el método de vida emulativo han dejado de gozar de la sanción de las exigencias económicas existentes, comienza. a tener lugar un proceso de desintegración por virtud del cual los hábitos mentales de desarrollo más reciente y carácter menos genérico ceden terreno, en cierta medida, ante las características espirituales más antiguas y más predominantes de la especie.

En cierto sentido, por tanto, el movimiento de la "Mujer Nueva" significa una reversión a un tipo más genérico de carácter humano o a una expresión menos diferenciada de la naturaleza humana. Es un tipo de naturaleza humana que que ha de caracterizarse como proto-antropoide y, por lo que se refiere a la sustancia, si no a la forma de sus rasgos dominantes, corresponde a una etapa cultural que quizá pueda calificarse de sub-humana. El particular movimiento o rasgo evolutivo en cuestión comparte, desde luego, esa caracterización con el resto del desarrollo social reciente, en la medida en que este desarrollo social da muestras de una reversión a la actitud espiritual que caracteriza la etapa anterior, indiferenciada, de evolución económica. No falta por completo una prueba tal de que existe una tendencia general a la reversión contraria al predominio del interés competitivo, pero dicha prueba no es ni total ni indiscutiblemente convincente. La general decadencia del sentido del status en las comunidades industriales modernas puede tomarse, en cierto modo, como prueba de esa evolución; y el perceptible retorno a una desaprobación de lo fútil en la vida humana y de aquellas actividades que sirven únicamente al beneficio del individuo a costa de la colectividad o de otros grupos sociales, es prueba de un efecto semejante. Hay una tendencia perceptible a condenar lo que es causa de dolor, así como a desacreditar toda empresa abusiva, incluso cuando estas expresiones del interés competitivo no operan tangiblemente en detrimento material de la comunidad del individuo que las juzga. Hasta puede decirse que en las comunidades industriales modernas, el sentido común y desapasionado de los hombres afirma que el ideal carácter humano es un carácter que se inclina a la paz, la buena voluntad y la eficiencia económica, y no a una vida de egoísmo, fuerza, fraude y mando. (352-53)

Contribuiré un poquito a esta tendencia, señalando que lo que Veblen considera "proto-antropoide" es en realidad precisamente lo antropoide en sentido estricto—la socialidad cooperativa donde se generó la humanidad como tal. La base antropoide en el sentido habitual del término contiene otro elemento de dominio patriarcal y explotativo visible: el del macho dominante y su comunidad de hembras tal como se encuentra en diversos mamíferos superiores, incluyendo a los gorilas. La socialidad cooperativa típicamente humana (cooperativa de los machos y de ’sus’ hembras también) se edificó a costa de esta horda primigenia, y sobre su base, pero requirió suavizar el elemento competitivo y agresivo masculino. La cultura y sociedad humana es, por tanto, un tanto igualitaria o matriarcal si se quiere, expresada en las formas de vida paleolíticas, si bien los elementos de horda primigenia pervivían en fenómenos ancestrales tales como la separación de papeles masculino y femenino para la caza y para la recolección y cuidado familiar. Hay una dialéctica compleja entre el elemento masculino competitivo y el femenino cooperativo en la historia humana—por no pasar a hablar de la competencia entre las mujeres. Pero esta visión más completa de la horda primigenia y su división de papeles nos permite también apreciar el elemento de masculinismo violento y competitivo que hay en la Historia de la Civilización como tal—con las comunidades y naciones, regidas por machos alfa, compitiendo entre sí para hacerse con el puesto de Macho Alfa global.

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Lunes, 06 de Julio de 2015 23:21. José Ángel García Landa Enlace permanente. Historia


The Visit to the Museum

lunes, 7 de julio de 2014

The Visit to the Museum

"The Visit to the Museum" es un cuento muy interesante de Nabokov, que aquí mismo recomiendo. También es el título de una serie de sesenta fotos que rodea a ésta, en mi fotoblog. También hay rusos en ella.


Framed for Exhibition 1


Tienen algo de demente los museos, o por lo menos algunos. Emiten un sentimiento de irrealidad forzada, como esta Fundación de Buero Vallejo.





 

"I try all the time / In this Institution..."

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Lunes, 06 de Julio de 2015 22:53. José Ángel García Landa Enlace permanente. Imágenes






Blog de notas de
José Ángel García Landa

(Biescas y Zaragoza)
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"Algo hay en el formato mismo de los blogs que estimula un desarrollo casi canceroso de nuestro ego"
(John Hiler)





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