Notas sobre una conferencia de Ángela Cenarro (U de Zaragoza) en el seminario sobre "Hispanismo e historia en el mundo actual" (Biblioteca María Moliner, U de Zaragoza, 19/20-N 2009). Una conferenciante que ha publicado diversos libros y artículos sobre la guerra civil y posguerra, y sobre los hispanistas británicos; y que ha realizado estancias en la London School of Economics (en el departamento de Paul Preston, de donde guarda grato recuerdo), y en el Remarque Institute de la Universidad de Nueva York.
El hispanismo no es una disciplina rígida o perfectamente delimitada, pero sí una forma de trabajar que requiere una metodología y un rigor, una formación experta en lengua, literatura o historia, aunque los hay fuera del ámbito universitario. Hay una cierta identidad de colectivo, de participación en un ámbito experto y una serie de foros e instituciones, y por supuesto un gusto por el estudio de la lengua, historia y cultura española. Nos centraremos en los historiadores.
Veremos en qué contexto institucional (e histórico) surge la obra de los hispanistas británicos contemporáneos. Julián Casanova (en La historia social y los historiadores) dice bien que no son una escuela, pues los une el tema, no la perspectiva sobre él; éstas son diversas. Hay pluralidad: historia política, local... tanto en Inglaterra como en España.
El tema clave de los historiadores hispanistas británicos ha sido la guerra civil. Es imposible trabajar sobre la guerra civil en nombre de la objetividad, tanto en España como en Inglaterra, país que fue el adalid de la "no intervención". Hay en los historiadores hispanistas británicos un compromiso ético, además de una ideología ("de izquierdas", dice, lo cual parece demasiado generalizar... aunque claro, Stanley G. Payne es americano).
Con Hugh Thomas podríamos situar el punto de arranque; durante más de veinte años después de la guerra no hay una producción relevante, quizá por un exceso de proximidad al conflicto. Es en los años 60 donde se comienza más en serio. No se trata sólo de "contar" la guerra civil, sino de usarla para realizar una reflexión global sobre la historia mundial contemporánea. También se valoran la modernidad o no de España, las razones y consecuencias del fracaso republicano, etc. Es un gran episodio del siglo XX a nivel europeo, con todos los ingredientes (según dice Preston), al ser el primer enfrentamiento contra el fascismo a nivel internacional; es el prólogo de la Segunda Guerra Mundial. Y esto le da un eco de gran causa romática para el mundo anglosajón, con las Brigadas Internacionales, etc... Pasa así a debatirse la historia española contemporánea a nivel internacional. (Aunque antes se había comentado el imperio español y su decadencia).
La violencia de la retaguardia también impacta a la opinión pública internacional: primero la de la zona republicana, luego la del área franquista. Todo esto impacta sobre estereotipos recibidos ya de antaño y que ahora se consolidan: el atraso español, la leyenda negra, el fanatismo y crueldad nacionales... Se han estudiado los estereotipos (por parte de Enrique Moradiellos, Tom Buchanan, etc.) como maneras de atraer voluntades a uno de los dos bandos, acudiendo a mitos románticos y a la Leyenda Negra sobre la intolerancia española, y sobre el dominio de las oligarquías.
Desde el punto de vista romántico, la causa de la República enlaza con la herencia de la España de guerrilleros apasionados luchando por su liberacion y emancipación, "el pueblo", lenguaje utilizado tanto por la retaguardia republicana (la Pasionaria) como por parte de los propagandistas británicos. Son mitos compartidos, construidos tando desde fuera de España como desde dentro.
También se ve la guerra española, como ha mostrado Moradiellos, en el contexto de la crisis europea de los años 30 (España es "un espejo deformante" de la situación europea, según un editorial del Times de la época—quizá estuviese pensando en Valle-Inclán se me ocurre). Anarquistas, carlistas, pocos liberales, pocos republicanos.... Es un panorama que se ve como extremo. España es también "un país lejano del que apenas sabemos nada" para gran parte de la opinión pública británica.
Los hispanistas británicos se propondrán desmontar estereotipos y montar un estudio empírico y riguroso de la guerra civil. Esto empieza en los años 30 con Gerald Brenan, etc., sigue con la escuela de Raymond Carr en Oxford. Se sientan las bases de un estudio riguroso de la historia de España y la guerra civil. Y así se pondrán las bases para un debate importante que en los años 80 renovará el paradigma sobre los estudios no sólo de España, sino de Europa, reinterpretando los procesos históricos del siglo XX. Los hispanistas británicos son bien conocidos en España, pero hay que tener en cuenta que participan de otras tradiciones académicas de las que son deudores más que creadores; no son especialmente relevantes ni conocidos en el Reino Unido, donde hay más expertos en otros países europeos, y los hispanistas tienen un lugar más bien modesto y marginal; participan de las renovaciones historiográficas y nuevos paradigmas pero más bien como deudores que como impulsores de estos cambios.
Remontándonos más atrás, hay que nombrar a los viajeros británicos, a partir del XVIII; dan una visión exótica y romántica de España, mezclándose con los pueblos y la gente ordinaria o marginal, especialmente en Andalucía; pero hay que pensar que ellos mismos son personajes extravagantes o atípicos, como George Borrow, repartidor de biblias protestantes. La experiencia del viaje mediatiza mucho la perspectiva que dan de España; no son académicos, desde luego. También está Richard Ford, con el Manual para viajeros por España... España se asocia a lo romántico, lo clásico, lo atrasado, lo sentimental y pasional. La Península es un terreno neutral "entre el sombrero y el turbante". Brenan también está en esta tradición: allí era un escritor de poco éxito en Gran Bretaña, del grupo de Bloomsbury; hay una excelente biografía que muestra cómo no encajaba en la sociedad victoriana. En España encontrará un ámbito para su sed de experiencias vitales; escribirá estudios a medio camino entre la antropología, la literatura y la historia.
Algo de esto hay también en otros hispanistas, como Ian Gibson, Fraser; buscan el sur, el calor, el exotismo. Es importante la experiencia personal y vital del historiador, muchas veces producto del azar. O Paul Preston, tiene una cierta marca de esta experiencia del viajero por lugares exóticos. El clima, la comida, la calidez de los españoles, el paisaje... También importan otros factores: el peso del localismo que no favorece la producción de historias que no sean locales, y abren el terreno a los británicos.
Otra tradición quizá menos influyente ha sido la de la antropología social; Julian Pitt-Rivers aplica los modelos funcionalistas de la antropología a una comunidad andaluza como Grazalema. Es la primera vez que se aplica este modelo (de culturas "del imperio") a un ámbito español. Descubrirá Pitt-Rivers que necesita un enfoque más complejo que el utilizado para tratar con sociedades más primitivas; y será difícil el entronque de estos enfoques sociológicos con la historia. Pero será influyente sobre Carr, y en los estudios sobre caciquismo de Moreno Luzón y Varela Ortega (desde los años 70).
Tradición de la historiografía liberal: Son obras muy documentadas, bien narradas, literariamente bellas; es importante la atención a las dimensiones institucionales del poder. También la descripción de la sociedad y la economía, en Carr, etc., pero lo decisivo es la interpretación política: que el liberalismo no consigue imponerse. En Preston, se ve como la polarización entre la izquierda y la derecha. Es una concepción del poder en la que prima la lucha política, o el fracaso de la política. También se da gran importancia a la responsabilidad y la acción del sujeto, los líderes, los hombres que toman desiciones. Una gran paradoja de esta escuela historiográfica liberal para los españoles es que es la dominante en el Reino Unido. Y la renovadora escuela marxista y sociológica no se plantea sus estudios en términos nacionales, sino sociológicos. Por eso es desde el punto de vista liberal, atento a la historia política, desde donde se enfoca la historia de España.
España está muy presente en la Cambridge Modern History, pero cuando Hobsbawm escribe El corto siglo XX habla de España como país desfasado con respecto al resto del continente, que es anómalo, con un panorama político atípico, no con un partidos fascista y uno comunista, sino con una extrema izquierda anarquista y el carlismo a la extrema derecha. Lo cual es una visión que también deja que desear. Hay que tener en cuenta que para los británicos Gran Bretaña aparece como un modelo de progreso político frente al cual los demás países son atrasados o fracasados, malos seguidores de su estela hacia el progreso. Allí hay estabilidad constitucional, equilibrio capitalista... en otros países bandazos, desigualdades, etc. Todo esto condiciona en gran medida la visión de la historiografía liberal sobre España y sobre otros países (siempre aparecen "detrás" de Gran Bretaña).
Las tradiciones historiográficas de otras naciones han iniciado debates propios pero se han visto muy influidas por la perspectiva británica. Barrington Moore (Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia, 1966) tiene un impacto tremendo, y causa una reinterpretación sobre el éxito o fracaso de la democracia en el período de entreguerras, acudiendo a razones que van a raíces muy remotas.
La historia de Hugh Thomas sobre la guerra civil (1961) es el primer trabajo serio sobre el conflicto, en un momento en que en España no se podía hacer historia. Spain de Carr (1966), etc. La idea de polarización entre fuerzas extremas es influyente en todas estas obras. Se interpreta que como consecuencia del atraso económico desigual en España no consigue imponerse el liberalismo—un fenómeno agudizado por la pérdida de las colonias y la crisis del 98. La democracia fracasa, tras el fracaso del liberalismo. Para Carr es una acumulación de fracasos. Al ampliar su trabajo con el estudio del franquismo, interpreta que es el franquismo el que moderniza la economía española. Claro, en el caso de Thomas o de Carr hablamos de personas de derechas, con un perfil social, familiar, conservador. La normalidad la ven como recuperada en el franquismo. Carr ha sido uno de los abanderados en este debate sobre el fracaso de la república (atribuido a los excesos demagógicos de la izquierda) y la polarización extremista. Lo mismo Richard Robinson, Stanley Payne, etc. Es decir, para ellos la izquierda es culpable de que el régimen democrático no se asiente: por la torpeza de los republicanos a la hora de pactar, eligiendo mal sus aliados.... Son debates que hoy se siguen tratando, pero que ya recibieron respuesta por parte de la escuela de Preston y otros. Éstos se posicionan contra "la nueva ortodoxia conservadora" y sitúan el problema en la derecha. El debate está muy posicionado ideológica y éticamente. En la obra de Preston et al. reciben más atención la resistencia de la derecha a la democratización del país, los métodos de presión y proapaganda, etc. En suma, es un debate con interpretaciones distintas sobre el proceso de modernización de España.
El cambio de paradigma será una crisis del modelo liberal y de la historiografía que lo acompaña (a resultas del fin del imperio británico). Un libro escrito por dos germanistas marxistas británicos, The Peculiarities of German History,de David Blackbourn y Geoff Eley, echa por tierra la famosa tesis del "peculiar camino" a la modernidad en Alemania. La revolución burguesa "desde arriba", o sea sin revolución, produce una sociedad burguesa moderna, dicen, al contrario de lo que argüía Barrington Moore. Dicen más bien que el fascismo surge no en sociedades donde la burguesía no se ha asentado políticamente, sino en sociedades burguesas, pero entre una burguesía que no acepta la democracia. Este paradigma será influyente sobre Preston y los hispanistas de izquierdas. Así, han difundido la idea de que España estaba plenamente inmersa en las tendencias modernizadoras del siglo XX, no era atípico. Hoy esto no se cuestiona ya: la crisis española no es atípica, y sus tendencias y crisis son las de otros países europeos.
Otras tendencias han renovado el panorama: la historia oral, la historia feminista, etc. Se crean centros dedicados al hispanismo: el de Carr en Oxford, el Cañada Blanch de Preston en la London School of Economics. Se difunde la historia de España en las revistas científicas. Y además los hispanistas británicos contemporáneos, aun siendo personajes "mediáticos", siempre han estado atentos a la historia que se hace en España, y han sido respetuosos con el trabajo de los historiadores españoles y participando en los debates de la historiografía española.
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En la sesión de preguntas, ante la apariencia de que no iba a haber ninguna pregunta del público, me animo yo, y le pregunto a la conferenciante sobre un caso aparente de falta de debate en el ámbito que ha descrito. Más en concreto, la obra de los historiadores británicos ha sido criticada por algunos historiadores españoles como tendenciosa, romántica y poco rigurosa. Así por ejemplo (...aun sabiendo que en la Universidad suele ser motivo de escándalo...) menciono las obras bien vendidas de Pío Moa que son muy críticas al respecto—hace poco publicó Moa un libro,La quiebra de la historia progresista, donde era muy cáustico con varios hispanistas británicos, precisamente. O, por mencionar otro historiador quizá menos polémico, las críticas de González Cuevas a Preston, hace poco en un artículo de El Catoblepas. Comento que en una ocasión le oí a Paul Preston decir que él jamás aceptaría debatir con Pío Moa, y en cambio le oí a Moa que estaría encantado de debatir con Preston, pero que éste no quiere. ¿Hay un diálogo realmente con los historiadores españoles, o sólo con algunos?
Aquí contesta la conferenciante que ella tampoco sería partidaria de debatir con Pío Moa, a quien no considera un historiador; de hecho opina que debería existir más corporativismo entre los historiadores para hacer el vacío o ignorar totalmente a autores como éste, que escribe falsificaciones de la historia, llevado únicamente por una voluntad de oponerse al movimiento de la Memoria Histórica. No sé si utiliza la frase "cordón sanitario" para aplicársela a Moa, pero desde luego es la idea... Opina la ponente que el debate debe tener lugar entre auténticos historiadores, y que allí sí es posible la diversidad de opiniones—pero no con provocadores como Pío Moa.
Yo replico que poco corporativismo ya me parece mucho, o sea que no desearía yo más. Que líneas políticas tendenciosas seguramente las hay entre todos los interlocutores y .... (bueno, confieso que a mí los libros de Pío Moa, que tampoco he visto tantos, sí me parecen libros de historia: tendenciosos, quizá, como los de Preston por otra parte, pero no me han dado la impresión de ser "imitaciones" o "falsificaciones" de libros de historia, ahora que experto no soy, desde luego)... Lo que le pregunto a la conferenciante es si no sería bueno en todo caso el debate abierto, y no sólo en libros cuyos argumentos no llegan a encontrarse muchas veces o se ignoran deliberadamente. Y si sería ella de la misma opinión de desautorización total con respecto a González Cuevas. (Hay que decir que González Cuevas critica en sustancia a Preston por cuestiones muy parecidas a las de Moa—y que él mismo ha tenido sustanciosas peloteras publicadas contra Moa). Según González Cuevas, la historiografía de Preston es oportunista y tendenciosa en un sentido muy parecido al que aquí se atribuye a Moa, y sin embargo nadie cuestiona a Preston como "historiador" en sentido absoluto (bueno o malo). En opinión de la conferenciante, y de algún otro interviniente, González Cuevas sí es un historiador, con el que se puede disentir y se disiente, y se podría debatir con él—pero Moa es un simple falsario y provocador. Y en ningún caso habría que entrar a debatir con él—no porque no sea académico, sino porque no es historiador, no puede debatirse con alguien con quien no se comparte ni una mínima base que permita el entendimiento (¿?).
Una diferenciación tajante y unas posturas que a mí me parecen en exceso sectarias y simplistas.... esas líneas divisorias tan claras entre lo que está "in" y lo que está "out" no me convencen. Y menos en un caso como el de Moa, en el que hay precedentes de campañas organizadas de desprestigio, abucheos concertados y hasta peticiones sorprendentes de censurarlo o de enviarlo a la cárcel... ¡por el hecho de publicar sus ideas! Aunque repito que yo historiador tampoco soy, por mucho que me interese la historia, ni conozco el detalle qué datos supuestamente falsos se dice que presenta Moa; creo que es más bien una cuestión de interpretaciones y de valoraciones o alineamientos políticos. La visión que hoy oímos a este respecto es, desde luego, la misma postura que ya le hemos visto defender a Paul Preston en esta misma facultad. Así que el debate está servido...
... O no.
Por la tarde hay una mesa redonda, en la que se habla de muchas cosas pero me interesa resaltar una en concreto: un historiador italiano observa con cierta retranca que parece que aquí en España a los hispanistas se les ofrece un papel predeterminado, desde las instituciones: el de cantar las loas de lo modélico de la democracia española, y de lo bien que se hizo la transición, bendiciéndola desde afuera por así decirlo. Y que él está de acuerdo que todo muy bueno, pero que aun con todo lo va a decir igual, y no le gusta que se le presuponga ese papel.
Bato mi record, y quizá "el" récord, al colocar simultáneamente TRES artículos, TRES, en la lista de los diez más leídos "de todos los tiempos" (o sea, de los dos últimos años...) del área de literatura inglesa contemporánea. Esto es en el SSRN, que es uno de los repositorios en red que más utilizo. Pero no es "uno más", sino el más valorado de todos y número uno de ranking mundial de repositorios según el Cybermetrics Lab del CSIC (por encima de ArXiv, PubMed, etc...). Ocupo en él, en popularidad, que no en importancia subjetiva, el puesto 7.669 de entre 126.925 autores. Y subiendo por la larga cola.
Esta es la carta que me llega, redactada por el cíborg Michael J. Jensen, cuya mitad humana preside el SSRN:
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Sincerely, Michael C. Jensen Chairman Social Science Research Network
Otros sitios a donde van mis artículos en red son Academia (una red social para universitarios) y el repositorio de nuestra universidad de Zaragoza, alias Zaguán. También allí abundo. Hay que decir que en Filología Inglesa soy el único que se ha molestado en poner allí alguna publicación; 37 he puesto de momento. Y si nos hemos de fiar de las estadísticas, también allí tienen mis artículos cientos de lecturas, o cuanto menos de descargas. Cada día su minirrécord, oye. Igual un día hasta me cita alguien, aunque no parece nadie muy inclinado a hacerlo.
Ah, otra cosa; hemos colocado (digo hemos con la Dra. Penas y otros colegas) una publicación en Alemania, digo una de las tangibles y académicamente sustanciales; en la editorial Reichenberger saldrá, y se llamará al parecer Con/Texts of Persuasion. Pero las imprentas van más despacio que los repositorios.
Una de mis mejores fotos, creo. Estoy probando la aplicación de conexión directa entre Flickr y Blogger. Y sigo poniendo fotos en mi fotoblog; ya van casi dos mil quinientas.
... creo. Hoy he encontrado esta foto en un baúl. Literal, de los de madera.
Aún tengo otras más espectaculares, en álbumes que apenas me atrevo a mirar... por aquello de les neiges d'antan. Pero aquí hay otra de diez años antes, del ochenta y dos, o sea...
Virtualizando el mundo real, y llenándolo de información interactiva. Recomiendo no perderse esta charla de Pranav Mistry demostrando la tecnología SixthSense, que busca una mayor integración de gestos, cuerpo y experiencias reales y digitales. Es un vídeo más de los muchos interesantes que hay en TED (sobre temas muy diversos, todos de actualidad rabiosa, y muchos subtitulados en varios idiomas)—uno de mis sitios favoritos últimamente.
Eso era "Fuck me pumps", una bonita canción de Amy "como su nombre indica" Winehouse. Aquí hay otra versión. También me gusta mucho "Back to Black"—recomiendo verla aunque sólo sea para comparar lo que se parece esta moza a Bob Dylan hace cuarenta y cinco años. En la cara digo.
Hablando de muertes y desgracias, he estado con los chavales viendo "2012", la llamada madre de todas las películas de catástrofes—con la ligera decepción de ver que el mundo no se acaba, ni siquiera allí; sólo nos morimos todos los que no tenemos billete de primera. Suena bastante más plausible. Pero aún sigo esperando la película del fin del mundo, que me temo tampoco va a ser la anunciada de La Carretera. Y es que (nos confirma Alex Rosenberg) todos nos resistimos a las malas noticias.
Mientras, proseguimos con la adquisición del piso en el acantilado ese de Pontevedra; si ha de haber tsunamis nos pillarán en primera fila de butacas. Por allí tenemos a Beatriz de viaje, en sesión de fontaneros y notarios.
—notas sobre "Teams", el segundo capítulo de The Presentation of Self in Everyday Life, de Erving Goffman. Ya hemos visto que al analizar una situación hay que tener en cuenta también la definición e imagen de esa situación que proyecta cada uno de los actores—convirtiéndose así la situación y la actuación en las representaciones de sí mismas. Pero los actores no actúan solos: actúan en grupos organizados o equipos, que cooperan en el mantenimiento de las ficciones colectivas y roles sociales asignados a cada cual.
Estos roles son definibles, claro, según el tipo de interacción que se esté barajando. Goffman da un ejemplo interesante de la América de mediados del XX: estando a solas los dos, un trabajador negro suele llamar a su colega blanco por su nombre de pila, pero en presencia de otros blancos (o negros, me supongo) lo trata de usted. Es un caso más (aparte de la cuestión del racismo) de presentación colectiva de una fachada aceptable públicamente. Otros casos podemos pensar de redefinición de la situación y de las relaciones entre actores dada esa situación (es lo que Goffman llamará footing en un artículo posterior incluido en Forms of Talk. Podría traducirse como "en calidad de qué" o "a título de qué"—siendo amigos, podemos tratarnos a título de amigos o como profesionales por ejemplo). La expresión de intimidad entre colegas o amigos o parejas se modula según adaptan la teatralización de esta relación en una interacción social en público con otros—donde forman equipo frente a un público. Es un equipo, o equipo de actuación, para Goffman "cualquier conjunto de individuos que cooperan poniendo en escena el mismo número" (en el sentido de numerito, o espectáculo teatral-social) (79).
El grupo organizado es una unidad de análisis necesaria para el análisis que se propone Goffman—el análisis de la proyección, manejo y control de impresiones en público—pues aunque estas funciones las lleven a cabo actores individuales, lo hacen como miembros de una troupe. De hecho, visto que los roles trascienden a los individuos, podríamos considerar a los individuos que actúan solos como equipos de un solo miembro. Un actor puede llegar a creerse su función (de hecho es el caso habitual)—y parte de su papel en este sentido es proyectarse a sí mismo como público de su propia actuación, y ocultarse a sí mismo (con una especie de doublethink) ciertas cosillas de la función que sería mejor ignorar, cosas que conoce en tanto que actor y conocedor de las bambalinas, pero que suprime mentalmente para lograr así una mayor compenetración con el papel. Este análisis, desdoblando al sujeto en su función social o pública y "otros aspectos" no compatibles con ella, o irrelevantes para esa función, es una manera elegante de Goffman de desconstruir la unidad del sujeto—atravesado o diseminado por su función social—y para interpretar no sólo la dinámica de sujeción a las funciones sociales por parte de sujetos (o sujetables) muy diversos, sino también fenómenos como la mala consciencia, la hipocresía (incluida la hipocresía socialmente aconsejable) y la ceguera selectiva de los sujetos a ciertas dimensiones de su propia actuación. Es todo un análisis de la interioridad entendida en tanto que exterioridad, o interacción interiorizada.(Para más sobre esta teoría goffmaniana del sujeto remito a mi artículo sobre "Goffman: El teatro de la interioridad").
Incluso actuando solo, y hasta sin otro público que él mismo, el sujeto "guía su actividad privada de acuerdo con estándares morales incorporados"—es decir, con referencia a algún grupo del que forma parte (81). Incluso llega el sujeto a estar tan sujeto que, sin creer en su actuación ni desearla, la mantiene en honor al grupo cuyos valores ha interiorizado por afiliación. Y castigándose a sí mismo si es preciso. Así, Goffman propone tratar la insinceridad no como un "defecto" del sujeto sino como un fenómeno resultante de las funciones sociales que estructuran al sujeto, tanto en su comportamiento externo como en su interacción y comunicación consigo mismo. Es de notar que esta proyección de valores de grupo y esta creación de un observador interno encargado de mantenerlos es muy útil para dar cuenta del desarrollo de ideas religioso-morales como la conciencia, los castigos y recompensas del más allá, y la propia idea de un Dios omnisciente y vigilante—garantía y personificación de los valores del grupo y de esa auto-observación interiorizada. Aunque Goffman (quizá consciente de que escribe en un país de creyentes difíciles de redimir) no desarrolla explícitamente esta línea de razonamiento.
Las actuaciones en grupo adquieren solidez y entidad propia—de estos vapores cuajados y de estas coreografías se va haciendo la realidad humana. Y así vemos que los grupos montan el numerito dirigido a un tercero, a un público, aun cuando el público no esté presente—así se refuerza la calidad de la actuación. Goffman presenta el ejemplo de los funerales que se organizan para los pacientes solitarios de los asilos u hospitales—como si tuviesen deudos apenados.
En suma, que habiendo posibles inconveniencias que disimular, y una fachada pública que mantener, la coordinación dramatúrgica de la actuación en equipo es crucial:
"Parece claro, en primer lugar, que durante el transcurso de una actuación en grupo, cualquier miembro del grupo tiene la capacidad de estropear la función poniéndola en evidencia o interrumpiéndola con una conducta inapropiada. Cada miembro del grupo se ve obligado a confiar en la buena conducta y comportamiento de sus compañeros, y ellos a su vez se ven obligados a confiar en él. Hay pues un lazo de dependencia recíproca que liga a los miembos de un equipo entre sí." (82)
Por su situación frente a los espectadores, los equipos desarrollan un conocimiento "interno" de la situación, y adquieren así una familiaridad que los liga a una cierta visión interna de la función; están en el ajo, por así decirlo, y eso los define como personas para los otros. Y así aun los aguafiestas que ponen en evidencia al grupo son parte de él, en la medida en que participan en la tarea y tienen un conocimiento interno de algunas cuestiones—aunque sean ninguneados o aislados por los demás.
Hay equipos más o menos institucionalizados, más ligados a la organización del trabajo, o más informales. Parte de lo que define al grupo formal frente a los informales es que los individuos se ven obligados a participar en él—y no se tratarían con los miembros del grupo, sean o no de su mismo status social, si no fuese por la función que tienen que representar conjuntamente. (Aunque realmente es todo una gama de grises, y hay elementos de función también no sólo en las familias, que son grupos oficiales, sino también en los grupos de amigos, pues son inestables y muchas relaciones vienen "de oficio" o por obligación al tratarse de amigos de un amigo. No aspiramos, sin embargo, a matizar, ni siquiera a entrar en toda la finura de los análisis de Goffman).
La imagen de la realidad proyectada por el individuo (es decir, por el "equipo-de-una-persona") puede ser polifacética: la del grupo (en tanto que grupo, y no como la suma de sus individuos) es más rígida, oficial y monocolor: podríamos decir que el grupo tiene "pensamiento único":
"Cuando pasamos de los equipos de una persona a otros más grandes, la naturaleza de la realidad que promueve el equipo cambia. En lugar de una definición rica y variada de la situación, la realidad puede reducirse a una estrecha línea partidista, ya que es de esperar que no todos los miembros del equipo congenien en la misma medida con la línea. Podemos esperar observaciones irónicas mediante las cuales un miembro del equipo rechaza en broma la línea seguida, mientras que en serio la acepta. Por otra parte, aparecerá el nuevo factor de que la lealtad al grupo de uno. y a los otros miembros del equipo, llevará a apoyar esa línea." (85)
Así que esas bromitas sobre el equipo, en privado por favor. De lo contrario no sólo se compromete la acción del equipo, sino que flojea la imagen de la realidad proyectada por todos. Hay que disciplinar y administrar las intervenciones, silencios y portavocías autorizadas. No hay que mostrar desacuerdo en el equipo ante el público—ya hablemos de un partido político, o de un dúo de soprano y pianista. Ahora bien, para que el acuerdo no sólo parezca tal acuerdo público, sino que parezca verdad, hay que arreglar y adornar ciertas señales de evidencia para el público. Se requiere que no sólo haya acuerdo, sino que parezca espontáneo, no pactado:
"puede ser necesario que los diversos miembros del equipo sean unánimes en las posiciones que toman, y que guarden secreto sobre el hecho de que no llegaron a estas posiciones de manera independiente" (88)
—y un paso muy útil es la activación en bien del equipo de lo que Sartre (en El ser y la nada) llamaba la mala conciencia. A saber la capacidad de ocultarse a uno mismo, en tanto que autoobservador, y no sólo al público externo, que las decisiones que uno toma son del equipo, y no de uno mismo—un concepto, ése de "uno mismo", que decididamente va dejando de tener utilidad y sentido plenos.
Siendo nuestro ser comunicativo, interactivo y posicional, la toma pública de posiciones es crucial para su manifestación. Una vez los sujetos están caracterizados por el grupo, con el grupo metido hasta la médula de su ser y constituyéndolo, es cruel aunque instructivo dejarlos sin referencias ni pensamiento que manifestar, creando confusión sobre cuál es la línea del grupo—es algo que atenta contra el alma del sujeto por así decirlo:
"Ocultarle a un miembro del equipo información sobre la postura que toma su equipo es de hecho privarle de su propio carácter, puesto que sin saber qué postura ha de tomar puede que se encuentre incapacitado para presentar un yo al público." (89)
Y téngase en cuenta que a veces el yo más preciado no es el yo íntimo y privado, sino preciamente el yo que puede ostentarse en público.
En suma, que mantener una línea de acción y una normativa de comportamiento clara es muy beneficioso para el grupo. También una serie de ficciones útiles, como los acuerdos aparentes frente a espectadores y a miembros subordinados del propio equipo (esto "en organizaciones autoritarias", especifica Goffman, pero todas lo son un poquito). No son aceptables las ironías hacia el equipo en público; hay que mantener una etiqueta y un espíritu de cuerpo—que en ocasiones se coloca por encima de la ley y de las normas externas al grupo.
El equipo actúa para un público, pero el público mismo es otro equipo: Goffman propone hablar de interacción dramática—y además no suele ser un barullo, sino adoptar la forma de un encuentro entre dos equipos—(ay esas polarizaciones automáticas—debe tratarse de una tendencia cognitiva inherente, de esas que heredamos de la Prehistoria—como la distorsión retrospectiva, o más claramente como esas tendencias al pensamiento dicotómico que comentaba Gould en The Hedgehog, The Fox, and the Magister's Pox).
"Así, en las grandes instituciones sociales, donde prevalece una diversidad de niveles de status, encontramos que mientras tiene lugar una determinada interacción, se espera que los participantes pertenecientes a muchos status diferentes se alineen provisionalmente en dos equipos agrupados" (92)
Aunque sí hay también encuentros de tres equipos: los arbitrajes, por ejemplo, o de equipos múltiples; pero prevalece especialmente la estructuración del encuentro como una interacción de dos equipos, que (siendo a la vez actores y público) se turnan para asumir un rol más activo u otro más propio del público—es decir, suele haber un equipo que es el que más contribuye a la interacción, o lo hace de manera más prominente o autoritativa. Suele ser este equipo el que controle el espacio de la interacción, su disposición, la estructuración de turnos, etc.–un control que le permite "introducir dispositivos estratégicos para determinar la información que pueda adquirir el público" (93). Los espacios de interacción (aulas, consultas, salas de reuniones, tiendas, etc.) ya se estructuran de modo que un equipo tenga en principio este dominio de la situación o esta ventaja perspectivística; cognitivamente es un intento de proporcionarles el topsight o dominio perspectivístico de la situación.
En los equipos hay quien manda, claro—y quien decide y organiza cómo ha de transcurrir la acción dramática durante una función o encuentro con otro equipo. A veces también se crea un cargo de director de la función, desvinculando la toma de decisiones relativas a la ceremonia o estrategia de interacción de las decisiones relativas a la línea de acción del equipo. A Goffman le llaman la atención los paralelismos interaccionales y ceremoniales en campos muy diversos, independientemente del tipo de actividad que se ventile—pues todos necesitan una etiqueta social y una coordinación y organización de turnos, intervenciones y voluntades:
"las similaridades estructurales de números teatrales aparentemente diversos quedan muy bien reflejadas en la comunidad de actitudes que surge en todas partes entre los directores de espectáculo" (97).
—aplicando disciplina y manteniendo el orden en las filas, cuidando de la apariencia y uniforme correcto, llevando la contabilidad del número de votos, etc. Y así aunque todos son corresponsables de la actuación, el director es más responsable que nadie—y se crea dentro del equipo una fisura entre el director de función y los miembros de a pie; es el síndrome del capataz. Hay que distinguir, recalca Goffman, la autoridad o dominancia teatral, la dirección de la función, de la auténtica dirección de la actividad del equipo, aunque en ocasiones coincidan. Un papel teatral comentado en este punto es el del empresario de pompas fúnebres, el undertaker, que suele tomar sobre sí el papel de dirigir y organizar una función que nadie más haría a gusto. Más sarcástico es este otro ejemplo, de chusqueros y oficiales del Ejército:
"cuando a unos responsables temporales o carentes de experiencia se les otorga una autoridad formal sobre unos subordinados experimentados, encontramos con frecuencia que a la persona formalmente investida de poder se le soborna con un papel que tiene hegemonía dramática, mientras que los subordinados tienden a dirigir el show. Así, se ha comentado a menudo sobre la infantería británica en la Primera Guerra Mundial que los veteranos sargentos de clase obrera llevaban a cabo la delicada tarea de enseñar, sin aparentarlo, a sus nuevos tenientes a que asumiesen un papel dramáticamente expresivo al frente de su pelotón, y a que muriesen rápidamente en una posición dramáticamente expresiva, como corresponde a hombres de colegio de pago. En cuanto a los sargentos, ocupaban un lugar modesto en la trasera del pelotón y tendían a sobrevivir para formar a otros tenientes" (102)
Más en general hay que distinguir en la actividad de un equipo entre las funciones dedicadas a la actividad productiva, comercial o "efectiva" del equipo, y las funciones de aliño, escaparate o presentación al público de esa actividad; como hemos visto hay cierto grado de coincidencia y solapamiento, pero también pueden crearse funciones específicas y cargos de pura representación. Los lacayos de los nobles, aparte de servir funciones prácticas, tenían una importante función de adornar la persona de su señor: estar rodeado de lacayos era demostrar un status. Algo parecido siente un director comercial con sus vendedores, o un empresario con sus trabajadores concienciados, o cualquier jefe de equipo con su equipo bien entrenado a su servicio. Al margen de las funciones sociales o productivas desempeñadas, un equipo tiene una función cognosicitiva o metafísica:
"Un equipo (...) puede definirse como un conjunto de individuos cuya cooperación íntima se requiere si ha de mantenerse una determinada definición de la situación" (104)
—y por tanto hay siempre un cierto secretismo en cuanto a ésto, en cuanto al hecho de que la situación depende, para sus sustancialidad o su solidez, de la cooperación y disciplina del equipo— y "un equipo, por tanto, tiene algo de la naturaleza de una sociedad secreta" (104). Sabemos que son miembros del equipo— por el puesto que tienen oficialmente allí, su trabajo, etc.—pero la sociedad que constituyen está basada en un pacto oculto sobre más cosas de las que se muestran en público. Los miembros de los equipos son unos conspiradores natos, atentos a mantener la ficción de que las cosas son de hecho tal y como conviene al equipo que sean, de que son así por naturaleza—como decía Barthes, hay que crear un efecto de realidad—hay que mantener la impresion, de cara al público externo e interno, de que la realidad se sustenta por sí sola sin que hagan falta estas furtivas intervenciones para mantener el orden de la situación.
Bueno, aquí está la canción entera—en otra version, claro:
Estaba inspirada ayer, la Madeleine, y le salió esta canción mucho, pero muuucho mejor que en el disco, que ya es decir. También cantó muy bien "La Javanaise" que sigue:
Aunque no me resisto a poner también la original de Juliette Gréco, bueno, o de Gainsbourg para Gréco, que acabo de ver por la red—una de esas canciones con historia:
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