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01/09/2007Nombres, Personas, Autores![]() Qué dudas salen haciendo un índice de autores para un libro, de esos que tan poco abundan en los libros españoles y tanto en los anglosajones, y que indican en qué página se nombra a tal autor. O a personas, en realidad, puesto que si bien la mayoría son referencias bibliográficas, también hay alusión en este índice a personajes históricos. Claro que no incluyo los personajes de ficción: esos caen bajo la referencia del autor que los creó. Las dudas que me salen son: ¿debo incluir a Dios entre los autores o personas? Aunque sea el Autor de todo, digo, y aunque tenga tres personas a falta de una. Por una parte es útil ver cuándo se le nombra, por otra es ligeramente irreverente o humorístico incluir a Dios en un índice de autores, aunque se suponga que haya dictado la Biblia, o de nombres, aunque Dios sea en cierto modo un nombre. Parecido me pasa con otros dioses: todos tienen cabida en un índice temático, pero ¿en un índice de nombres? Si incluyo a Dios, no sé por qué voy a dejar fuera a Zeus. ¿Se restringen al universo humano, estos nombres? Porque desde luego no hay consenso de que Dios pertenezca al universo de la ficción, y no se sigue que si no incluyo a Hamlet ni a Aquiles (que de hecho sí existieron, seguramente) tenga de igual modo que excluir a todo dios. Además, lo malo de esto es que es un continuo. Si incluyes en el índice a personajes históricos, has de incluir a Jesucristo, a Moisés, a Abraham, y seguir avanzando por las nieblas del tiempo hasta que te dé apuro. Lo cierto es que Jesucristo desentona menos que Dios en un índice de autores y nombres, aunque tampoco haya escrito nada salvo en los oídos de la gente. Por la misma regla de tres tampoco Sócrates debería figurar. Estoy viendo que estos criterios no tienen nada de objetivos, y que los que de hecho se emplean son maneras de cortar por lo sano y no entrar en cuestiones ideológicas ni retratarse demasiado. Sábado, 01 de Septiembre de 2007 21:26. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Ideología No hay comentarios. Comentar. 02/09/2007Deseos de ser piel roja![]() Esto es una reseña de La Carta Esférica de Arturo Pérez Reverte, con guión y dirección de Imanol Uribe, interpretada por Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez. En breve: para pasar el rato, y poco más; apta para echar el domingo por la tarde en la tele. Domingo, 02 de Septiembre de 2007 13:18. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Cine Hay 3 comentarios. 03/09/2007Extrañas conexiones Extrañas conexiones las que introduce Internet entre la gente. Y extrañas reconexiones. Si se hiciese una lista de las personas cuyos nombres gugleamos... Google la tiene, claro, o podría tenerla. "The Database of Intentions", la llamaba John Battelle a la colección de búsquedas y de pistas dejadas en la red. Igual la podría haber llamado "The Database of Desires" --pues se busca lo que se desea, ¿no? Esos enlaces mentales a los que vuelve la cabeza una y otra vez, ahora a tiro de una tecla: "Send". ¿Le damos a la tecla, o no le damos? Muchos le han dado, y las consecuencias son imprevisibles. La contingencia de las relaciones personales aumenta exponencialmente.Lunes, 03 de Septiembre de 2007 22:49. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Internet No hay comentarios. Comentar. 04/09/2007Them Heavy PeoplePor si hace falta que la presente, es Kate Bush. Hablando de la gente que nos obliga a salir de nosotros mismos... con lo bien que estamos ahí, leshes. Martes, 04 de Septiembre de 2007 09:26. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Música No hay comentarios. Comentar. 05/09/2007¡Nominado!Sí, me han subido un poco la nómina, con otro complemento más, satelizado en torno al sueldillo. ![]() Pero no, me refería a que además me han subido un poco el ego (sí, se puede), nominándome Magda en Apostillas Literarias (¡gracias Magda!) como uno de los cinco blogs que te hacen pensar. ¿Es un meme? ¿Es un premio? ¿Es Supermán? Bueno, pues me parece que me voy a sumar a la cadena y nominar a cinco blogs que me hagan pensar... mejor que instituir uno de esos premios con cheque en blanco-blanco, o accésits sin premio. O vale, llámenlo I Premio Vanity Fea, si quieren... y hago como esos blogueros que instituyen un premio ... y la primera impresión es que, si bien sí leo algunos buenos blogs regularmente, esto me hace pensar lo mal que conozco la blogosfera, a pesar de estár zanganeando por ahí la mitad del día. En fin, cuando llegue a alguna conclusión sobre mis cinco nominados, que no deben nominarme a su vez, aquí los pondré. Para más información sobre el meme, ir al blog de Magda arriba... y los avisos los pasa Technorati. Es que no soy aficionado a los memes, pero hay que reconocer que este, además de trabajar a mi favor, tiene un interés crítico evidente. O lo tendría si fuese yo un experto en blogs que me dejen pensativo... ... y oye, ya que estamos dándole al ego, si hay blogs que me hacen pensar, ¿igual parte del mérito corresponde a este pensador? Ya lo decía Wilde, "from subjects of little or no importance (...) the true critic can, if it be his pleasure so to direct or waste his faculty of contemplation, produce work that will be flawless in beauty and instinct with intellectual subtlety. Why not? Dulness is always an irresistible temptation for brilliancy, and stupidity is the permanent Bestia Trionfans that calls wisdom from its cave. To an artist so creative as the critic, what does subject-matter signify? No more and no less than it does to the novelist and the painter. Like them, he can find his motives everywhere. Treatment is the test. There is nothing that has not in it suggestion or challenge." (The Critic as Artist). Pero aparte de mi propia aportación observadora, entre los que me motivan para bien, están, sin orden cierto ni concierto... Van cuatro... lo que veo es que no empleo la blogosfera realmente para pensar... Ah, pero me olvidaba del blog que más pensativo me deja: – ¿porque quién dijo que no podía votarse uno mismo? Ahora, y sólo ahora, no me puedo volver a votar. PS: Además de nominado, estoy nombrado. Me ha pasado un colega de la Uni un periódico del mes pasado donde hablaba de mí David Ballota en su columna del Heraldo de Aragón "Cosas de blogueros", en un artículo titulado "Los libros se sienten y se ven en la blogosfera"... aunque ya avisa que "algunos de los libros sobre los que postea García Landa no son para todos los públicos". Bueno, ninguno lo es, en realidad, por mucho que quieran hacer ver que sí. (Más gracias a David, por ponerme tan destacadamente en este artículo). ![]() Miércoles, 05 de Septiembre de 2007 09:36. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Blogs Hay 7 comentarios. Narratives of trauma and race(A response to a thread in the Narrative-List asking for suggestions:) In a study of trauma and race, I would suggest including Stephen Crane's "The Monster"— I once wrote a paper on the black protagonist's disfigurement as a traumatic displacement of racial/ethical tensions. Not that it is a trauma depicted under the author's control, I think. In dealing with traumatic narratives, of course, there is the issue of whether it is the critic who brings the trauma to light, or whether the narrative is a narrative of trauma acknowledged and dealt with by the author, or whether the traumatic situation is "always already" analyzed in a narrative which on the face of it would seem to be a mere traumatic expression. And all the shades of grey in between. Miércoles, 05 de Septiembre de 2007 21:03. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Literatura y crítica No hay comentarios. Comentar. Boli bic negroCartel visto en el campus: VENDO BOLI BIC Y REGALO ENTRADA PARA EL CONCIERTO DE HEROES DEL SILENCIO INTERESADOS LLAMAR AL TELEFONO talycual... Hecha la ley, hecha la trampa. Miércoles, 05 de Septiembre de 2007 21:47. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Cómo somos Hay 3 comentarios. 06/09/2007Shot in Laughters Place Me acabo de leer las Obras de William Drummond, al menos la mayoría de las publicadas, en la edición de R. H. MacDonald (William Drummond of Hawthornden, Poems and Prose, Scottish Academic Press, 1976). Es uno de los sonetistas neoplatónicos del Renacimiento (entre sus poetas cita a Garcilaso y Boscán), con un toque pesimista muy barroco. Aquí está el soneto XXIV de sus Poems de 1614-16. In my Minds pure Glasse when I my selfe behold, And vively see how my best Dayes are spent, What Clouds of Care above my Head are roll'd, What comming Harmes, which I can not prevent: My begunne Course I (wearied) doe repent, And would embrace what Reason oft hath told, But scarce thus thinke I, when Love hath contrould All the best Reasons Reason could invent. Though sure I know my Labours End is Griefe, The more I strive that I the more shall pine, That only Death can be my last Reliefe: Yet when I thinke upon that Face divine, Like one with Arrow shot in Laughters Place Malgre my Hart I joye in my Disgrace. Cuando en el espejo puro de la mente me contemplo Nítidamente me veo echando a perder mis días, Qué nube de cuidados ya se agolpa en torno mío, Qué males están por llegar y que detener no puedo, Así de lo ya emprendido (ya cansado) me arrepiento, Y bien optaría por lo que la Razón tanto aconseja. Pero al punto ha llegado y dominado Amor Todas cuantas razones la Razón invente. Aunque sé por cierto que he de terminar dolido De todos mis trabajos, y que a más que pene Me doleré más, que el único alivio es la muerte, Cuando pienso sin embargo en ese rostro divino, Es como un tiro de flecha en el punto de la risa: Y mal que quiera ha de ser que en esta desgracia ría. Jueves, 06 de Septiembre de 2007 17:28. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Literatura y crítica No hay comentarios. Comentar. 07/09/2007The End of the Affair Me acabo de leer (cuando digo me acabo de leer me refiero a acabar, no a acabar de leer de un tirón—a veces cojo un libro y lo voy dejando durante años) la novela de Graham Greene.... Lo que se llevaba en nuestros tiempos, que si le darían el Nobel, que si no... y luego te mueres y te pasas de moda. Esta novela la republicaron para el centenario en Penguin Classics, con introducción de Michael Gorra (2004). Son interesantes los comentarios del editor sobre el carácter religioso de la novela. En la novela, el incrédulo Bendrix narra la historia de su relación adúltera con Sarah, la esposa de su "amigo" Henry. Sarah pone fin a la relación por una promesa que le hace a Dios—si salva a Bendrix de un bombardeo, esto es en Londres durante la guerra. Sarah desarrolla una extraña fe católica casi insensata, existencialista y descreída, pero se agarra a ella como a un clavo ardiendo para dejar de ver a Bendrix y seguir con su patético esposo a quien no quiere. Según Michael Gorra, esta promesa que se hace a sí misma al margen de su matrimonio "la marca como un personaje emblemático de mediados del siglo 20, tan representativa de sus tiempos como Emma Bovary de los suyos: alguien definido por lo que Morton Dauwen Zabel llaama la 'pasión por una identidad moral propia', una figura que toma 'la integridad indestructible de la vida individual' como la medida de la justicia y la ley. (...) El trato de Sarha con Dios es sobre todo un trato consigo misma. Lo que viene a ser como decir que El final de la historia destaca como la novela religiosa de una época fundamentalmente laica" (xx-xxi). Desde luego, vista desde fuera la elección de Sarah podría parecer muy interesada: típica ama de casa burguesa, sin hijos, no deja las comodidades de la casa de su marido, un funcionario bien aposentado, para irse a la incierta y miserable vida en un cuartucho con su amado. Es como para que le salgan escrúpulos religiosos a cualquiera. Sarah desarrolla una fe religiosa como quien construye un baluarte para el yo con puro aire, y donde no hay nada donde asentarlo. Adúltera compulsiva, los engaños y dobleces le minan el sentido de la realidad, y necesita con desesperación una realidad absoluta sobre la que centrarse y sujetarse—ser un sujeto en lugar de una colección de apariencias—y —presto— aquí está Dios para darle esa entidad. Pero no se ve ella así, claro, ni la ve así Bendrix, ni el autor—aunque así la retrate. Para Bendrix, narrador no fiable, la conversión religiosa de Sarah es incomprensible, una especie de enfermedad contagiosa que se va apoderando de ella hasta matarla (y convertirla en santa milagrera). Ella vive su relación con Dios como un combate contra lo sobrenatural desde el descreimiento, y su conversión presagia la de Bendrix—tanto menos fiable parece el narrador, cuando la posición del catolicismo doliente y agónico es bendecida por el autor, y Bendrix ya está en la fase de maldecir a Dios como a un rival amoroso—poco le falta para su propia crisis, y de hecho acaba compartiendo casa con Henry el marido de Sarah, una relación homosocial a dos o a tres, si contamos a Dios. Porque en realidad la relación homosocial de Bendrix con Henry sirve sólo de contrapunto a la relación homosocial con su auténtico rival: Henry se relaciona con Dios por mediación de Sarah y el sexo, una relación tormentosa de amor-odio donde las haya. Y apreciamos que para Greene, autor no fiable, también está la salvación, o al menos la vida tal como merece la pena vivirse, en la combinación de intriga, pasión, disimulo, alcohol, sexo, pecado y arrepentimiento en la que viven sumergidos los personajes, siempre con sus superficies en tensión y a punto de llevarnos a la vuelta de la esquina a revelar tumultuosas relaciones consigo y con los demás. No me extraña que el catolicismo de Greene pareciese a más de uno sospechoso y herético: es un catolicismo anglosajón, que sirve para añadir intensidad moral al individuo y acentuar sus paradojas, en lugar de reconciliarlo con el medio ambiente oficial. Es un católico que sólo se realiza plenamente pecando, para tener más profunda conciencia de la salvación. Es significativo que a la vez que escribía Greene esta novela estaba llevando una relación adúltera con la persona que le inspiró el personaje de Sarah, Catherine Walston, cuyo marido también se llamaba Henry. Era un caso casi patológico de tentar a la suerte, o de jugar con el riesgo de la revelación a la manera de sus personajes. Greene reparte sus actitudes entre la conversa Sarah y el descreído pero existencialmente atormentado Bendrix, y pone fin al asunto en la dimensión ficcional, con una promesa a Dios: pero en la realidad la promesa existe sólo para romperse, y vivir más intensamente la vida pecadora, de pasión y riesgo. Es característico que en esta novela se compara comprar un crucifijo, como acto vergonzante, a la compra de condones. Aunque en este caso sospechamos que el crucifijo es (al menos para el autor) un acicate erótico, más que un mal necesario. Visto como proyección de la vida real, en medio de una historia real, y no en el final de una ficticia, y jugando peligrosamente con la revelación de secretos, adquiere otro tono el principio memorable de la novela. En él Bendrix va a abordar a Henry, su cornudo particular, a gozar de la superioridad sobre él que le da su secreto; triste consuelo, porque Henry ha conservado, al menos sobre el papel, a Sarah: Una historia no tiene principio ni final: arbitrariamente uno elige el momento de la experiencia desde el cual mirar hacia atrás o hacia adelante. Digo que "uno elige" con el orgullo inexacto de un escritor profesional que—en las pocas veces en que ha sido considerado con seriedad— ha sido alabado por su destreza técnica, ¿pero acaso elijo yo con mi propia voluntad esa noche negra y húmeda de enero en el parque, en 1946, la visión de Henry Miles atravesando de cruzado la amplio río de lluvia, o me eligen a mí esas imágenes? Es conveniente, es correcto según las reglas de mi oficio empezar justo allí, pero si hubiese creído entonces en un Dios, también podría haber creído en una mano, dándome en el codo, sugiriendo "Háblale: no te ha visto todavía". Los adúlteros, como otros fabricantes de realidades alternativas, detentan la llave de la realidad auténtica, y eso proporciona cierta ilusión de dominio, pero a la vez minan la propia solidez del universo en que viven. Es una relación vertiginosa con la realidad, y Greene evidentemente la sentía de modo intenso al escribir esta novela. Pero observamos ya en esta escena un juego de perspectivas: en realidad, Henry no es tan ciego como parece, y simplemente mantiene las apariencias, intentando evitar el detonante que ponga fin a su matrimonio. Y Bendrix no creía en Dios entonces, cuando era personaje. Ahora que es narrador, su posición ha cambiado, ha sido azotado por el Supremo y está más cercano al credo impossibile del autor. Por tanto, hay realidades detrás de realidades, y el final de una historia es ya la parte de enmedio de otra historia que había empezado sin que nos enterásemos apenas—en este caso la de la conversión del descreído narrador. Aquí sólo Dios es el detentador de la estructura final de la realidad—que es tanto como decir que la realidad es paradójica e inescrutable.Viernes, 07 de Septiembre de 2007 23:23. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Literatura y crítica No hay comentarios. Comentar. 08/09/2007Tres cuentos de amor Otro libro que debí empezar a leer hace años, y que me termino de acabar, o me acabo de terminar: English Love Stories. El amor no se debe dar bien en la nublada Inglaterra, si nos atenemos a esta selección. O al menos al editor, John Sutherland, parecen gustarle más las historias de amor fracasado o engañoso. Que quizá sea el destino de casi todos los amores, no lo niego, pero desde luego no es una antología hecha por un enamorado del amor. Tengo la costumbre de marcar, en los libros de autoría colectiva, la valoración que me merece cada capítulo en el índice: "MB", "B", "RB" (regular-bien), "R", "RM", "M", "MM". Observo últimamente la baja calidad de lo que se antologa, hasta en una antología de Oxford como ésta (OUP, 1997). Hay abundancia de erres, y sólo tres cuentos con un MB, tres cuentos de desamor, o de amor, que vale la pena leer. Aquí va su planteamiento: Sábado, 08 de Septiembre de 2007 23:54. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Literatura y crítica Hay 1 comentario. 09/09/2007Cançao do mar / HaremPara los que odian las versiones y las comparaciones...
Y aquí Sarah Brightman, azote de puristas, en plan Princesa Kimera total:
Domingo, 09 de Septiembre de 2007 12:07. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Música No hay comentarios. Comentar. 10/09/2007Por la Galaxia GutenbergSegún explica el propio autor de La Galaxia Gutenberg, Marshall McLuhan, "La galaxia Gutenberg trata de señalar el modo en que las formas de experiencia, de perspectiva mental y de expresión han sido alteradas primero por el alfabeto fonético, y por la imprenta después" (McLuhan 30). Es curioso que Woody Allen saque a McLuhan del bolsillo en Annie Hall para taparle la boca a un crítico, diciéndole from the horse's mouth que no quería decir en sus obras nada de lo que el crítico explicaba—una postura autorialista muy propia ciertamente McLuhan, pero un tanto extraña en un seguidor del antiintencionalista New Criticism y en un teorizador de los cool media, esos que requieren la coparticipación del receptor. (Hace poco en la MIT Press, abreviando el título de su Understanding Media titularon un libro de McLuhan Understanding Me). Sea como sea, si el crítico no entendía nada, tiene su disculpa, pues el estilo de McLuhan no es que sea un modelo de claridad ni de orden expositivo, al menos en La Galaxia Gutenberg. Es lo que llamaba el "estilo mosaico" de exposición—no inspirado por Dios ni por Moisés, sino por el azar de las lecturas—un estilo bastante impresionista y bloguístico, pero raro en un libro académico, pues va torciendo la línea argumentativa o temática del libro de modo un tanto ad hoc según lo que esté leyendo McLuhan, según las ideas que le crucen en la cabeza otros libros y argumentaciones. He de decir, por mi experiencia personal, que no está mal como sistema generador de ideas, pero que no lleva a explorarlas de modo muy sistemático. Y en el caso de McLuhan al menos, la conexión que a veces se postula entre las ideas que se van exponiendo y la tesis central del libro es tenue, o traída por los pelos, o digna de ser marcada como yo hago con un gran interrogante al margen. De ahí cierta oscuridad y arbitrariedad, superpuesta con ideas brillantes y fecundas. La mayor fuente de arbitrariedad: el simplismo dicotómico, paradójicamente superpuesto con una voluntad de complejidad multidimensional. Tomemos por ejemplo la distinción entre medios fríos y calientes: McLuhan coloca en extremos opuestos una fotografía y un dibujo, sin perder mucho tiempo en lo relativo de la oposición entre fotografía y dibujo, y en la variedad de estilos transicionales de representación que darían al traste con una dicotomía simple. Por no hablar de su definición de la televisión como un medio no esencialmente visual, o audiovisual, sino "táctil"... en contraposición al cine. McLuhan lleva su idea en mente, y las complejidades de la semiótica, de los protocolos múltiples de representación, de las intermedialidades... no le inmutan lo más mínimo a la hora de dictaminar sobre un punto dado. Lo mismo con las características "sensoriales" del alfabeto: la escritura ideográfica es tribal, y sólo el alfabeto destribaliza. Con lo cual se simplifica toda la cultura china y se mete en el mismo saco de las tribus iletradas, o casi (p. 97). Y cuando llega Gutenberg, para terminar el trabajo de destribalización, parece hacer su trabajo de modo instantáneo. En 1500, presto, ya estamos en la era Gutenberg, sin ningún tipo de inercia medieval al parecer, igual que en 1900 al haber ya telégrafo ya ha quedado enterrada la era tipográfica. En sus peores momentos parece una caricatura de McLuhan, ciertamente. La idea básica de La Galaxia Gutenberg es que la tecnología de la palabra impresa (alfabética) cambia el equilibrio entre los sentidos, e inaugura una nueva relación con el mundo. Poco énfasis pone McLuhan en los efectos culturales, administrativos, comunicativos en realidad de la imprenta. Lo reduce—o más bien lo remite, no quiero ser yo reduccionista—a efectos psicológicos y a hábitos de lectura. Lo que viene a querer decir que reduce la complejidad social de la economía, las disciplinas del conocimiento, los efectos organizativos de la comunicación, a los términos de lo que cabe en su teoría, o en los intereses más directos suyos. Y eso es simplificar, espectacularmente, en aras del espectáculo de la teoría. Si McLuhan tenía aciertos, no menos acertados eran los diagnósticos de sus críticos más demoledores. No demoledor, aunque sí crítico, está su prologuista en la edición del Círculo de Lectores (1998), Javier Echeverría. Presenta a McLuhan como "uno de los mayores defensores del determinismo tecnológico, según el cual algunas técnicas son las causas principales de las revoluciones culturales por las que ha pasado la humanidad"—el libro impreso en concreto en el caso de La Galaxia Gutenberg. Y "muy dudoso" le parece McLuhan cuando afirma que la nueva "era electrónica" que sucede a la "era tipográfica" es una regresión a formas orales y estructuras tribales. Parte de la inspiración para McLuhan vino del libro de su amigo Harold Innis Empire and Communications (1950). La idea básica es que algunas técnicas cambian el sistema sensorial humano, y por ello cambian el mundo: en concreto, "la proporción entre los sentidos cambia cundo cualquiera de ellos o cualquier función corporal o mental se exterioriza en forma tecnológica" (McLuhan, 17)—sucedió con la imprenta, y sucede luego con la televisión y ahora el ordenador. Como dice Echeverría, "El determinismo tecnológico de McLuhan está profuntamente mediatizado por una concepción básicamente sensorial del mundo. // Todas las tecnologías son extensiones de nuestro cuerpo: la palanca es una extensión de nuestro brazo, el libro de nuestro ojo, la ropa de nuestra piel, y los circuitos electrónicos son una extensión de nuestro sistema nervioso central" (18). Centrándonos más en la revolución de la escritura, sostiene McLuhan que transforma fundamentalmente la consciencia, hace procesar la información (toda la información, no sólo la escrita) de manera diferente, hace posible la aparición de la geometría y del espacio euclídeo... todo por la separación que efectúa entre vista y tacto, entre forma y contenido. Eso lleva a la ignorancia de la forma, y a privilegiar el contenido (aquí conectaría McLuhan mínimamente con Derrida). Para McLuhan, la forma es mucho más importante, aunque la perdamos de vista: el medio es el mensaje, afirmación que lleva a veces hasta extremos realmente peregrinos, y que transforma luego en el medio es el masaje, para enfatizar las cualidades táctiles. Diría uno que perdiéndose el mensaje y quedándose en el medio se pierde McLuhan parte del mensaje al menos... Esta postura en su extremo (que no teme abrazar McLuhan) nos llevaría no ya a decir que "lo importante en televisión no es lo que se diga, sino cómo se diga" (Echevarría 10) sino a sostener que da igual lo que programe la televisión con tal de que esté encendida. Sobre la revolución de la imprenta evidentemente tiene McLuhan cosas importantes que decir. "La imprenta transformó el hábito de lectura, que antes era oral y público, y no privado y silente, como en la era de Gutenberg" (Echeverría 20), con efectos lingüísticos y culturales colaterales. "Anteriormente, las normas ortográficas no eran fijas y la corrección gramatical no era excesivamente importante. Desde que la imprenta suscita la unificación de la ortografía y la gramática, la escritura ha de ser, ante todo, correcta" (Echeverría 21). Esta asociación de la norma lingüística con la imprenta ha sido desarrollada por la lingüística integracional (Harris, etc.) en direcciones que como McLuhan combinan lo penetrante con lo irritante. Antes de la imprenta, copiar y difundir era meritorio ("como ahora sucede en Internet" dice Echevarría curiosamente... lo malo es la interferencia con la cultura de propiedad intelectual de la imprenta). La era electrónica para McLuhan deshomogeneiza y descentra la cultura, un análisis demasiado simplista que lleva extraña identificación de la aldea global con... eso, una aldea, una atomización tribal primitiva, como si una frase afortunada (?) justificase el perder de vista todas las demás dimensiones de análisis de la globalización, excluida la supuesta fragmentación cultural, que parece más bien un movimiento de signo contrario. Para Echevarría, aquí se equivoca por completo anunciando este retorno a la oralidad primitiva: "resulta sorprendente que McLuhan piense que la cultura electrónica es incompatible con la centralización" (24). Igualmente discutible y simplista es la manera en que aplica de modo diferencial esta prioridad del medio a los medios fríos y a los calientes—por lo ya dicho. (Puede leerse aquí a título de ejemplo alguna nota crítica de Noel Carroll sobre estas cuestiones: "Carroll, McLuhan and the Electronic Future"). Y en cuando está realmente lanzado, McLuhan adopta una visión Teilhardiana de un futuro theocyberpunk, en el que "los medios electrónicos hacen posible una integración psíquica común y crean la universalidad de la conciencia prevista por Dante" (Echeverría 18)—pasando así más allá de una aldea global a una noosfera mística. En la entrevista que dio a Playboy McLuhan ve el futuro de la Humanidad más allá de las estrellas... y aún tiene la cara dura de hacerse pasar por pesimista y escéptico ante esta evolución. Para McLuhan, "son los medios de comunicación (desde la Biblia a Intenret, pasando por la recitación y el libro) los que crean la realidad en la que actuamos los seres humanos, y por eso son completamente fútiles los debates sobre la realidad virtual y la realidad 'real', entendiendo esta última como la realidad generada por un medio obsoleto y en trance de declive" (23)—Lo malo es que McLuhan es un tanto dado a los entierros prematuros... Notas sobre La Galaxia Gutenberg: Entre sus predecesores e influencias, cita los estudios sobre oralidad de Albert B. Lord, The Singer of Tales (29); también cita a Harold Innis (The Bias of Communication; Empire and Communication), a William Ivins (Art and Geometry) y a Walter J. Ong. Ong fue estudiante / inspirador / colaborador de McLuhan; ya hablé antes sobre su teoría de la interiorización de tecnologías aplicada al contraste entre oralidad y escritura, muy en la línea de McLuhan, pero menos arbitrario ("El lenguaje como tecnología interiorizada"). De Innis dice que todo este libro sólo le añade una nota a pie de página (98). También J. C. Carothers habla en un artículo de 1959 del mundo "auditivo" del africano y el mundo visual que el europeo debe a la escritura. Y algunas de estas ideas derivan the David Riesman (The Lonely Crowd). Vamos, que casi todas las ideas que se suelen atribuir a McLuhan son atribuidas por él a otros... la combinación es propia, pero hay también es cierto que los ingredientes no siempre combinan bien. Karl Rodbertus y Karl Bucher, en sus estudios de economía antigua, también observaron la transformación social concomitante al uso de la "tecnología" monetaria. Bucher propuso una especie de retrospección imaginativa, colocándonos en el punto de vista de los antiguos y no aplicándoles a posteriori nuestras categorías (—una noción sobre el estudio de transformaciones que tiene que ver con las críticas posteriores al hindsight bias). La tecnología eléctrica invierte la tendencia de la era tipográfica en la modernidad temprana: "es el nuestro el inverso problema de vernos confrontados por una tecnología eléctrica que parece dejar anticuado el individualismo y hacer obligada la interdependencia corporativa (29)—una afirmación como menos sweeping y precipitada. La tecnología transforma a la sociedad, según McLuhan, porque en primer lugar transforma la experiencia humana: "El hombre ese animal que construye instrumentos, sea el lenguaje, la escritura o la radio, se ha dedicado desde hace mucho tiempo a ampliar uno u otro de sus órganos sensoriales, pero lo ha hecho de tal modo que todos los restantes sentidos o facultades han sufrido extorsión. Si bien han pasado por tal experiencia, los hombres han omitido constantemente, sin embargo, hacerla seguir de observaciones" (33). La teoría de la transformación y reequilibración estructural de las secuencias cerebrales y esquemas de actuación como consecuencia de la tecnología se remite a J. Z. Young, Doubt and Certainty in Science. También Edward T. Hall se refiere a las tecnologías y herramientas como extensiones materiales del cuerpo; a todos los cita McLuhan con humildad: "lo que se hace en La galaxia Gutenberg es proseguir las meditaciones de J. Z. Young sobre este tema" (37). Young da importancia al papel del cerebro en proporcionar centros de interacción para las diversas percepciones y estímulos, característica de la inteligencia humana. (Es ésta una noción muy interesante que puede cotejarse provechosamente con las investigaciones de Gerald Edelman, Wolf Singer, Stanislas Dehaene et al., y Petra Stoerig reseñadas aquí: "Más consciencia"). Quizá haya que buscar otro antecedente del sensorialismo de McLuhan en la noción de T. S. Eliot de una dissociation of sensibility que aquejó al hombre moderno gradualmente—aunque Eliot no la atribuye de modo prioritario a la imprenta. La noción de la recuperación de equilibrio también responde a una cierta narrativa primitivista reconocible en Eliot (para Eliot es la poesía la que nos devuelve este equilibrio). El desarrollo tecnológico nos hace perder a veces la perspectiva lingüística sobre los objetos. Así, dice Young, "La palabra átomo o electrón no se usa como el nombre de una pieza. Se usa como parte de la descripción de las observaciones de los físicos. No tiene significado sino cuando la emplean gentes que conocen los experimentos en que se revela" (cit. en McLuhan 36-37). Para McLuhan, la tecnología con frecuencia desequilibra o aísla las funciones cerebrales en lugar de integrarlas: y de este desequilibrio perceptual deriva las transformaciones culturales acarreadas por la escritura y la imprenta: "Y es que la 'sociedad abierta' fue consecuencia del alfabeto fonético, como pronto veremos, y hoy está amenazada de erradicación a manos de la tecnología eléctrica" (39). También la capacidad de abstracción es obra del alfabeto fonético, "y no de cualquier otra forma de escritura o tecnología" (39). Una causa universal... parece más bien una determinación de simplificar por hipertrofia del objeto estudiado, de reducir la complejidad de la realidad a un método o Causa Primera. Sin siquiera concederle mucho papel a la interacción de efectos entre causas secundarias... Aunque sí es cierto que reconoce McLuhan que "La verdadera revolución se produce en esa más tardía y prolongada fase de ajuste de toda la vida social y personal al nuevo modelo de percepción establecido por una nueva tecnología" (60). El análisis de El Rey Lear es ejemplar de ciertas maneras de McLuhan a las que nos hemos referido: medio traído por los pelos, medio alegorizado, no es en absoluto convincente como síntoma de la "era Gutenberg"—definida como una era alfabética. Otra cosa es que se vean síntomas de la degradación de la Cadena del Ser, pero que esa degradación sea obra de la imprenta, mal demostrado queda. "En el siglo XVI, la idea de una segmentación homogénea de personas, relaciones y funciones solamente pudo aparecer como la disolución de todos los vínculos del sentido y la razón" (47)— es insuficiente la noción de "segmentación homogénea" para establecer una conexión entre Lear y la imprenta, como no sea una mera conexión mental en quien está aplicando esta teoría un tanto a troche y moche, trazando líneas de gravitación donde no hay sino un punto de vista subjetivo como base unificadora. Y es que la Galaxia Gutenberg parece en estos casos más bien la Constelación Gutenberg... En el comentario de la escena de Gloucester en Dover (49-50), las invocaciones de McLuhan a un nuevo sentido de la tercera dimensión perspectivística como una ilusión son también extrañamente delirantes... sobre todo si se piensa que proceden de una obra no primordialmente impresa, sino audiovisual. Reducir los efectos teatrales de Shakespeare a una única causa, y esa causa la imprenta, no puede responder sino a una voluntad preconcebida de nivelación monotemática. Similarmente obtusas y atípicas son muchas de las asociaciones de McLuhan, por ejemplo cuando define la invención de la rueda como una abstracción sobre la base ¡de formas animales! Vegetales, será más bien. O veamos como caso sintomático de asociación obsesiva esta lectura de Yeats: "W. B. Yeats escribió un epigrama que expresa en forma críptica los temas de El rey Lear y de Don Quijote: A Locke le dio un desmayo. El jardín se marchitó Dios ha quitado la rueca de su lado El desmayo de Locke fue el trance hipnótico inducido por la intensificación del componente visual en la experiencia, hasta que llega a ocupar todo el campo de la atención". (51) Pues será... o más bien será que no. Sospechamos que no puede atribuirse a Yeats, en críptica expresión, la visión que el propio McLuhan pueda tener de Locke, en quien hay muchos otros temas aparte de los visuales que podrían causar ese "desmayo" tan arbitrariamente interpretado por McLuhan. Muchas veces este oscurantismo, como se suele decir, más que oscuridad, actúa de modo tiránico en su razonamiento, haciendo pensar al lector que si McLuhan lo ha visto, por muy traído por los pelos que parezca, debe ser que ahí está, y que si yo no lo veo debe ser que me falta insight... Pero como decimos, a veces parece que McLuhan va ensartartando sus lecturas un poco al azar y asociándolas mal que bien al tema que quiere desarrollar. Lástima no poder sacar a Yeats de detrás de la cortina para decir que "no, Sr. McLuhan, no es eso en absoluto lo que yo quería decir"... pero es cuestión menor: más grave es la impresión que nos queda de que ni lo quería decir, ni lo dice sin querer. Y siento que me esté saliendo tan negativa esta relectura de McLuhan, porque lo cierto es que el libro me había resultado interesante y sugerente a pesar de cierta tendencia al sweeping statement fácilmente apreciable. De Carothers deriva McLuhan la desacralización de la palabra por la escritura: "en general, las palabras, al hacerse visibles, pasan a formar parte de un mundo de relativa indiferencia para el que las ve, un mundo en el que la fuerza mágica de la palabra ha sido extraída" (cit. por McLuhan, 55), —y sin embargo esto dice muy poco sobre la asociación de la escritura a lo sagrado en las primeras civilizaciones. También es Carothers quien asocia la internalización de la escritura al desarrollo de la interioridad y el individualismo en contraposición a la normativa social: "En una sociedad altamente civilizada (...) la adecuación de la conducta en lo visible deja al individuo libre para desviarse interiormente. No así en una sociedad oral, donde la verbalización interna es conducta social efectiva" (McLuhan 56). Esto me hace pensar en el planteamiento de Elizabeth I sobre la conformidad religiosa: exigía conformidad externa, pero negaba que tuviese voluntad de ir a examinar el interior de las conciencias de sus súbditos... Para McLuhan la propaganda soviética es tan obviamente insincera como la publicidad norteamericana—una asociación chocante y divertida, pero no se entiende que quiera reducir una a la oralidad pre-Gutenberg y la segunda a la "aldea global" eléctrica: Los saltos de equilibrista a través de los siglos y las férreas dicotomías que exige esa maniobra suenan a manipulación por parte del teorizador. La alfabetización produce una especie de esquizofrenia, nos dice. Las letras se interiorizan y esto rompe el equilibrio previo de nuestros procesos mentales. No la simple escritura, no: la escritura alfabética, y además el efecto parece inmediato (una dudosa violencia de efectos mentales que requieren las dicotomías y periodizaciones de McLuhan): "Si se introduce una tecnología, sea desde dentro o desde fuera, en un cultura, y dan nueva importancia o ascendencia a uno u otro de nuestros sentidos, el equilibrio o proporción entre todos ellos queda alterado. Ya no sentimos del mismo modo, ni continúan siendo los mismos nuestros ojos, nuestros oídos, nuestros restantes sentidos. La interacción entre nuestros sentidos es perpetua, salvo en condiciones de anestesia. Pero cuando se eleva la tensión de cualquiera de nuestros sentidos a una alta intensidade, éste puede actuar como anestésico de los otros" (61-62). "Aquellos que padecen la primera embestida de una nueva tecnología, sea el alfabeto o la radio, responden muy intensamente porque las nuevas proporciones de los sentidos, establecidas inmediatamente por la dilatación tecnológica del ojo o del oído, ofrecen al hombre un sorprendente mundo nuevo, que evoca una nueva y vigorosa conclusión, o nuevo modelo de interacción entre todos los sentidos en su conjunto" (59) Los filósofos griegos son los exponentes de esta nueva cultura de la abstracción fomentada por la escritura alfabética. "Los presocráticos todavía tuvieron, en general, una cultura analfabeta. Sócrates estuvo en la frontera entre aquel mundo oral y la cultura visual del alfabeto" (60) (—y es tentador en efecto ver a Platón, con sus diálogos, como un puente entre la oralidad y la escritura, y a Aristóteles como el exponente de la extremada abstracción de una cultura plenamente alfabética). Recuerda el pasaje de Fedro donde se llama a la escritura un "fármaco" para la memoria, que debilitaría la memoria, pero comenta McLuhan (algo sorprendentemente) que no se aprecia conciencia reflexiva en Platón de la importancia real de esta tecnología. Sí ve esa consciencia (no reflexiva, será) en el mito de Cadmo, del que hace lecturas alegóricas (y dudosas) siguiendo a Innis. Un caso más de identificación precipitada: el retorno a la oralidad tribal hoy nos hace reconocer que "cuanto en mayor grado se penetra en los más profundos estratos de la conciencia de los pueblos analfabetos, se encuentran las ideas tanto más avanzadas y sofisticadas del arte y de la ciencia del siglo XX" (64) - !!! Diría yo, más bien, que cuanto más cuidadosamente se examinan, tanto más se matizan las similitudes esquemáticas, o las coincidencias traídas ad hoc, para apreciar las abismales diferencias... La historia no tiene marcha atrás ni avanza en espirales, hasta ahora, por mucho que diga McLuhan. A veces los cambios detectados por McLuhan son instantáneos, revolucionarios: otras veces reconoce la inercia de los procesos culturales: A menos que se produzca una catástrofe, el influjo del alfabeto y la predisposición a lo visual se mantendrán durante largo tiempo contra la electricidad y el conocimiento de "campo unificado" (68) (Como inciso, hay que decir que la aparición de la Red como hipertexto eléctrico viene a crear un cortocircuito entre las dos polaridades de McLuhan, la visualidad alfabética y la oralidad eléctrica... el hipertexto global viene a ser la refutación de McLuhan tanto como su confirmación, lo cual no dice mucho de la coherencia de sus categorías). Leyenda china que toma McLuhan de Heisenberg: "He oído decir a mi maestro que cualquiera que emplee una máquina hará todo su trabajo como una máquina"—(pues aquí le estamos dando en la web): el desarrollo de la civilización produce para McLuhan esta "inseguridad en las luchas del alma". Aunque tampoco parece consolarle su pasmosa afirmación de que los medios eléctricos "están volviendo a crear en nosotros rápidamente los procesos mentales del hombre primitivo" (71). Pero no es sorprendente que una época de espectaculares desarrollos tecnológicos, productores de shocks y obsolescencias de hábitos, encuentre en las explicaciones de McLuhan una justificación tentadora: "Este libro tratará de explicar por qué la cultura de la imprenta confiere al hombre un lenguaje de pensamiento que lo deja totalmente desprevenido para enfrentarse con el lenguaje de su propia tecnología electromagnética" (71). Aunque tampoco acabo de ver a un oral tribal diseñando tecnología para podcasts. Ni surfeando tranquilamente por culturas distintas y simultáneas, que es lo que parece esperar en nuestra época multicultural donde "compartimentar el potencial humano en culturas únicas será pronto tan absurdo como ha llegado a serlo la especialización en temas y disciplinas" (71-72). Y también me temo que la especialización irá a más, por más que McLuhan se considere un generalista visionario. En fin, que a pesar de algunos reflejos condicionados, no se acaba de entender el alcance exacto de lo que quiere decir McLuhan cuando proclama que La nueva interdependencia electrónica vuelve a crear el mundo a imagen de una aldea global (72). De él podríamos decir las gentes con tendencia literaria y crítica como de Teilhard... Las gentes con tendencia literaria y crítica encuentran la estridente vehemencia de Teilhard de Chardin tan desconcertante como su poco crítico entusiasmo por la membrana cósmica con que la dilatación eléctrica de nuestros sentidos ha envuelto de pronto nuestro planeta. Este mayor alcance externo de nuestros sentidos crea lo que Chardin llama la noosfera o cerebro tecnológico del mundo. En lugar de evolucionar hacia una enorme biblioteca de Alejandría, el mundo se ha convertido en un ordenador, un cerebro electrónico, exactamente como en un relato de ciencia-ficción para niños. Y a medida que nuestros sentidos han salido de nosotros, el 'Gran Hermano' ha entrando en nuestro interior. Y así, a menos que tomemos conciencia de esta dinámica, entraremos en seguida en una fase de terror pánico, que corresponde exactamente a un undo de tambores tribales, en una fase de total interdependencia y de coexistencia impuesta desde arriba. (73) Cita sugerente, pero la realidad es siempre más compleja. Por ejemplo, desde la Web no hay oposición entre la nueva Biblioteca de Alejandría y el ordenador. McLuhan considera al lenguaje una tecnología "constituida por la dilatación o expresión (esteriorización) simultánea de todos nuestros sentidos" (78) y que es por tanto muy sensible al impacto tecnológico sensorial—y muy en concreto al que le afecta directamente, a través de la escritura y la imprenta. Muy dudosas (por así decirlo) sus afirmaciones sobre la "tactilidad" del ojo en las sociedades primitivas, identificando el procesamiento de imágenes representadas con el de objetos. Del hecho de que no se entienda la retórica de las películas no puede derivarse una conclusion sobre la percepción visual en general. ... las sociedades analfabetas no pueden entender películas o ver fotografías sin un gran entrenamiento previo (79); Los espectadores africanos no pueden aceptar nuestro nivel de consumidores pasivos ante una película—Sea, pero aquí hay muchos procesos socio-interaccionales en juego, no meros asuntos de percepción. "con las películas, el espectador es la cámara (...). Pero con la televisión, el espectador es la pantalla. Y la televisión es bifimensional y escultural en sus contornos táctiles. La televisión no es un medio narrativo, no es tan visual como audiotáctil" (84)... Otra afirmación portentosa y difícil de seguir. Tampoco se entiende cómo es precisamente en la era de la fotografía y reproducción masiva de imágenes, del cine y de la televisión, cuando entra en crisis "lo visual" y se potencia "lo auditivo/oral"—¿quizá "visual" no es la propiamente palabra que necesita McLuhan? Pero mira que insiste en ella... "si una nueva tecnología extiende uno o más de nuestros sentidos fuera de nosotros en un mundo social, aparecen en esa cultura particular nuevas proporciones entre todos nuestros sentidos" (86)—aquí evidencia McLuhan una noción estructuralista de la percepción como un sistema interrelacionado. "Y en tanto que el hablar es una exteriorización (expresión) de todos nuestros sentidos al mismo tiempo, la escritura abstrae de la palabra hablada" (89): un planteamiento éste que puede servir de punto de partida para la lingüística integracionalista de Harris. Un paso subsiguiente en el divorcio de escritura y verbalización es la lectura rápida o vertical (90). Nuestra época eléctrica es connatural con las analfabetas (! - 93). Pero no retornamos a África por el peso de la tradición escrita, y la potencia del alfabeto... ¡después de todo, no ha desaparecido la escritura!: "Ninguna cultura analfabeta puede absorber a una alfabética, porque el alfabeto no puede ser asimilado; solmante puede liquidar o reducir." (98). Como análisis del contraste entre la cultura tribal y la moderna propone a Mircea Eliade, The Sacred and the Profane, aunque no comparta su nostalgia por lo tribal. Eliade describe el nacimiento de la conciencia individual interpretando en ese sentido las palabras que los dioses invisibles dicen a los hombres en Homero: "El héroe ha devenido un hombre escindido al ir tomando posesión de un ego individual" (McLuhan 101). "El punto de vista griego, tanto en arte como en cronología, tiene poco en común con el nuestro, pero fue muy semejante al de la Edad Media" (107). En los griegos aún se aprecia que "la representación de las 'apariencias naturales' es completamente anormal e imperceptible como tal para los pueblos analfabetos" (103). "La escisión de los sentidos y la ruptura y alejamiento de la dimensión visual no se produjo hasta que tuvo lugar la experiencia de la producción en masa de tipos exactamente uniformes y repetibles" (104). El influjo de la tecnología se ha hecho perceptible hoy para la reflexión por la posibilidad de observar tantas culturas diferentes y los efectos de muy distintas tecnologías (105). Una aplicación narratológica de este sensorialismo tecnológico: "La línea narrativa en una literatura determinada es inmediatamente reveladora, al igual que la línea escultórica o pictórica. Dice exactamente hasta dónde se ha desarrollado la disociación entre lo visual y los otros sentidos" (108). John White halla también en su análisis de la narrativa griega un monoperspectivismo, "todas las formas se apoyan en un plano único. Todo el movimiento se produce en una sola dirección" (cit. en McLuhan 106)—y en cambio a mí se me ocurre que la larga narración en segundo plano, con anacronía incluida, que hace Ulises en la Odisea parece desmentir o matizar esta afirmación. Van Groningen, por cierto, observa que Ulises no explora hacia lo desconocido—no es como el de Tennyson—sino que intenta regresar a su pasado... Esta cita me interesa por su relación con la retrospección: El griego sabe, y no el oriental, cuán incierto es el futuro; un pasado tranquilo y un próspero presente no son, de ningún modo, garantía de un futuro feliz. Y así, sólo podemos valorar una vida humana (...) cuando se ha hecho pasado, por completo, a la muerte del hombre, como en el caso de Tello el ateniense. (Van Groningen, cit. por McLuhan 110; recordemos también a este respecto el fin de Edipo Rey) Lo que no acierto a ver su relación con la visualidad de McLuhan. También arguye McLuhan que la noción de causa de Aristóteles es visual. Pero no queda nada claro en qué sentido. John Hollander (The Untuning of the Sky) observa cómo la lírica musical griega y la lírica escansionada gráficamente latina responden a dos principios distintos—como de hecho lo hacen el lenguaje hablado y el escrito (113). Albert Einstein, a su vez, observa la transformación operada en la música en el Renacimiento por el efecto de imprimirla. (114). Sigue McLuhan apoyando su noción de las transformaciones mentales de las sociedades alfabetizadas con una lectura de Charles Seltman, Approach to Greek Art. También Seltman tiene una concepción evolucionaria de la percepción artística, y de lo que es propio a cada época. Una cita interesante sobre un peligro de hindsight bias en la valoración del arte antiguo con nociones tales como "florecimiento" y "decadencia" de estilos: Implícito en tal fórmula está el dogma de que los artistas griegos primitivos debieron de estar todo el tiempo tratando de alcanzar el naturalismo, de lograr una imitación de la vida que estaba más allá de sus posibilidades. Sin embargo, volviendo a la comparación literaria, no es general la pretensión de que, en la representación dramática, Esquilo, por ejemplo, estaba luchando por ser fiel a la vida como Menandor; o Shakespere tan fiel a la vida como Shaw. (Seltman, cit. en McLuhan 118). "Una sociedad nómada no puede experimentar el espacio cerrado", etc. Por eso se hace incomprensible, incongruente, y—sí— ridículo, que McLuhan en la misma página equipare la percepción en la sociedad contemporánea a la prehistórica en estos términos: "Es necesario comprender la íntima interrelación entre el mundo artístico del hombre del las cavernas y la interdependencia intensamente orgánica del hombre de la era eléctrica" (119). También es absurdo aislar el arte abstracto de la cuestión de la evolución intrínseca de los estilos, y reducirlo a una causa única "una intensa interacción de los sentidos, con dominio variable del oído y del tacto" (120—¡¡y estamos hablando de pintura!!). Durkheim (La división del trabajo) es otra fuente del sensorialismo evolucionista de McLuhan: "hasta el momento en que la vida sedentaria permite cierta especialización de las tareas del hombre, no se da la especialización en la vida de los sentidos que lleva a la elevación de la intensidad visual." (McLuhan 121). Podríamos decir que para McLuhan la percepción es un fenómeno estructural, culturalmente variable y evolutivamente emergente (es la interfaz de la evolución biológica y la evolución de las culturas)... ("No obstante, hay algunos antropólogos, incluso en nuestros días, que suponen vagamente que los hombres que no conocen el alfabeto tienene percepciones espaciales euclídeas"- 122-23)—y es curioso que esta teoría emergentista y evolucionista se superponga con el primitivismo moderno y el retorno a las oralidad de las cavernas que ocasionalmente proclama... a la vez que critica el primitivismo del arte moderno o de Eliade. El nominalismo, la capacidad de abstracción, se remiten, siguiendo a William Ivins (Prints and Visual Communication) a la cultura alfabética—que para McLuhan viene a equivaler a la cultura desacralizada de Eliade. Aristóteles abstrae esencias y cualidades de los objetos, y esta labor analítica, esta capacidad de abstracción, es testimonio de la presión de las formas escritas sobre el lenguaje y las definiciones—haciendo visible y espacial la secuencialidad del lenguaje. Esto funciona de modo espontáneo, y por así decirlo imperceptible, hasta que la cultura electrónica, la nueva oralidad, nos permite un distanciamiento crítico de los modos de percepción impuestos por la escritura, y nos hacemos conscientes de su efecto sobre el pensamiento (130): "una cultura puede ser encerrada en el sueño de cualquiera de los sentidos. El durmiente despierta cuando es requerido por cualquier otro sentido" (132). Me parece, de todos modos, que subestima el papel del propio lenguaje como secuenciador y abstractor, previamente a la escritura, y en general la interacción multisensorial que hay en la comunicación en todas las épocas, por grande que sea la presión de una modalidad comunicativa concreta como la escritura o la imagen móvil. "Hasta ahora, una cultura ha sido un hado mecánico para las sociedades, la interiorización automática de sus propias tecnologías" (135). Y el desarrollo cultural produce para McLuhan un tipo especial de alienación: "Es preciso comprender que los pueblos analfabetos se identifican a sí mismos con el mundo en que viven mucho más intensamente que lo hacen los pueblos civilizados. Cuanto más ‘civilizada’ se hace una persona, tanto más tiende a separarse del mundo en que vive" (136) —lo cual me hace pensar que soy extremadamente civilizado. Una modalidad de razonamiento propia de mentalidades “sacras” o analfabetas está asociada a lo que en este blog tanto nos ha obsesionado, el hindsight bias o falacia narrativa, lo que en lógica aristotélica se llamaba post hoc non ergo propter hoc. (A esto se dedica por cierto el capítulo de John Pier en nuestro libro en prensa, Theorizing Narrativity). Y así lo ve McLuhan: "Lo inconveniente en el analfabeto no es que no sea lógico, sino que aplica la lógica con demasiada frecuencia, muchas veces sobre la base de premisas insuficientes. Generalmente supone que los sucesos asociados están relacionados causalmente. Pero ésta es una falacia que comete continuamente la mayoría de las gentes civilizadas, ¡y aun se sabe que ocurre entre científicos muy preparados!" (136) No parece pues que el alfabeto nos inmunice contra esta falacia consistente en confundir secuencia y causalidad—con lo cual su relevancia para el caso queda en entredicho. Y en efecto la secuencialidad de la escritura viene a introducir su propia serie de falacias e ilusiones, al identificarse icónicamente la secuencia visual de signos y la secuencia narrada de acontecimientos—que adquieren por ello mismo una cierta aura de incuestionabilidad. "Las técnicas de la uniformidad y la repetibilidad fueron introducidas por los romanos y la Edad Media" (137). Habría quiza, por tanto, que acudir a las técnicas de estandarización del ejército romano o de los constructores de vías y acueductos… Sea como sea, el modelo más acabado y paradigma de repetibilidad es para McLuhan la prensa de Gutenberg, que inaugura una nueva ola de fabricación serial en la modernidad. Sobre lo "táctil" en el sentido de McLuhan, es "Lo táctil, o interacción entre todos los sentidos" (143)— otro término que parece mal elegido, pues. Parece provenir de la teoría de la pintura de Bernard Berenson, que asegura en 1896 que "El pintor sólo puede cumplir su cometido dando valor táctil a las impresiones retinianas" (144); ahí se remite, claro, a toda una tradición de ilusionismo realista, perspectivismo, representación de texturas, etc. Pero McLuhan debería utilizar un término más general, "multisensorial" o algo así, para no confundir. Analiza McLuhan el desarrollo de la lectura y su interiorización: la lectura en voz alta de lugar en la edad moderna a la lectura silenciosa, antes excepcional (aunque San Agustín observa extrañado que San Ambrosio leía sin hablar). El manuscrito va aún ligado a la oralidad. "La cultura del manuscrito es conversacional, siquiera sea porque el escritor y sus lectores están relacionados físicamente por la forma de la ‘publicación como ejecución’" (147). Es decir, que la producción de las copias va ligada a la lectura, en la cultura manuscrita, y en la universidad medieval, son los propios lectores quienes multiplican el texto. Con una nueva tecnología de producción, la relación autor/lector cambia: “La imprenta ha ensanchado la ‘sala’ para la interpretación del autor hasta el punto en que todos los aspectos del estilo han sido alterados” (149). (Del mismo modo, los teorizadores de la escritura en red y de la interacción hipertextual, del blogging, etc., observan la transformación estilística que surge de esta nueva tecnología para la interacción). H.J. Chaytor, en Script to Print (“un libro al que el presente debe gran parte de la razón de haber sido escrito) observa la manera en que las culturas manuscrita e impresa influyen en las costumbres literarias, y cita a Renan: “la esencia de la crítica está en saber comprender los estados muy diferentes a aquel en que vivimos” (cit. en 151). Traduciendo y extrapolando, podríamos decir: la esencia de la crítica histórica es escapar al hindsight bias, no proyectar nuestros esquemas o tecnologías a una cultura o periodo en el que no existen, ser conscientes del carácter emergentista de la cultura. La antigua literatura, retórica más que propiamente “literaria”, ligada al recitado y la oralidad, no había incorporado estilísticamente al escrito lo que se podía hacer oralmente. Chaytor: “En una palabra, la historia del progreso desde el manuscrito a la prensa es una historia de la sustitución gradual de los medios auditivos de comunicación y recepción de ideas por los medios visuales” (152). También ve Chaytor consecuencias de la tecnología para la lingüística: para un individuo dado, “su idea del lenguaje queda irrevocablemente modificada por la experiencia de lo impreso” (Chaytor, cit. en McLuhan 153). La lingüística integracional viene a ser un desarrollo analítico de esta noción. Los niños, como los antiguos escribas y monjes, se inician en una cultura alfabética manuscrita (—ojo los proponentes de las pizarras electrónicas… ¡¡que se saltan fases evolutivas!!), todavía en interacción con la oralidad. “Chaytor fue el primero en explicar por qué la imprenta hubo de deteriorar tan notablemente nuestra memoria, y por qué el manuscrito no” (159). Si Platón levantara la cabeza… “Además, hasta la imprenta, el lector o consumidor estaba literalmente implicado como productor” (164). En la producción de libros de lecciones mediante el dictado ve Hajnal el origen de la docencia universitaria basada en el manejo de diversas fuentes. Aunque el escolasticismo supuso un fuerte retorno a los debates y la enseñanza oral, situado entre dos auges de la grammatica visual/escrita, en la primera Edad Media y tras el advenimiento del libro impreso. La gramática y dialéctica escolástica fueron esencialmente orales. Un florecimiento tardío de la oralidad fue el eufuismo, los estilos ciceronianos de enormes frases y figuras de dicción: la penetración de la imprenta va ligado a la simplificación estilística (173). Ramus, en el análisis de Ong, representa el nuevo espíritu mercantilista y comercial del lenguaje. Sigue un análisis largo y no siempre convincente de la relación entre lenguaje y visualidad en la Edad Media, que recurre a Panofsky, Smalley y otros. A veces se corre el riesgo de contradecir la tesis principal (el influjo arrasador y omnímodo de la imprenta) cuando se observa que los experimentos perspectivísticos de los pintores y el desarrollo de la visualidad espacial en pintura es anterior a la imprenta. ¿De dónde sale, pues? Hay que acudir, claro, a un análisis más multidimensional (o táctil, que diría McLuhan). También traída por los pelos a esta discusión de la imprenta está la cuestión de la hermenéutica bíblica. Citemos: "El estudio de la Biblia en la Edad Media logró modos de expresión en conflicto que resultan familiares también para el historiador de la economía y para el historiador social. El conflicto se produjo entre aquellos que decían que el texto sagrado era un complejo unificado al nivel literal, y aquellos que estimaban que los niveles de significación habían de considerarse uno a uno, con un espíritu especialista. Este conflicto entre una tendencia auditiva y una tendencia visual [¿¿??] raramente alcanzó un elevado grado de intensidad hasta después que la tecnología mecánica y tipográfica hubieran conferido gran preponderancia a lo visual." (187). Antes de eso, tenemos la translucidez del lenguaje, como en arquitectura (donde el gótico es, según Panofsky, una ‘autoexplicación’ de la propia construcción). En el “dulce estilo nuevo” de Dante encuentra McLuhan la misma autoexplicación de los procesos del pensamiento (un grado de reflexividad, diríamos)–una preocupación por seguir el proceso mismo de la intelección, típicamente escolástico: “Con Dante, como con Santo Tomás, lo literal, la superficie, es una unidad profunda” (McLuhan 189, siguiendo a Paolo Milano). Al final de la Edad Media, se reinterpreta la cultura clásica sobre los términos de los nuevos conocimientos adquiridos, y surge el Renacimiento, la Modernidad como una especie de recreación Hollywoodiense de la Antigüedad (una idea que viene de Wyndham Lewis, en The Lion and the Fox; las nuevas clases medias se aficionan a la Antigüedad y se recrean en ella como prueba de opulencia y cultura. Llega el turno de Kantorowicz, The King’s Two bodies, que McLuhan interpreta como prueba de una tendencia crecientemente visual (201), y el desarrollo de la iconografía real, al igual que “el primer efecto de la tipografía fue la misma transformación de la palabra audible en palabra visual” (202). “Hoy la visualización es recesiva, y ello nos hace conocer sus peculiares estrategias durante el Renacimiento” (202. Reinsistiendo: "La invención de la tipografía confirmó y extendió la nueva tendencia visual del conocimiento aplicado, proporcionando el primer ‘producto’ uniformemente repetible, la primera línea tipográfica y la primera producción en masa" (203) (Aunque aquí habría que hablar de los telares y los talleres de las ciudades medievales). "La tipografía tiene mucha semejanza con el cinematógrafo, del mismo modo que la lectura de lo impreso puso al lector en el lugar del proyector de películas. El lector mueve la serie de letras impresas que tiene delante a una velocidad adecuada para la aprehensión de los movimientos de la mente del autor. Esto es, con respecto al escritor, el lector de lo que está impreso se halla en una relación completamente distinta que el lector de un manuscrito. Gradualmente, la imprenta fue quitándole sentido al acto de leer en voz alta y aceleró la lectura hasta un grado en que el lector podía sentirse ‘en las manos’ del autor. [El stream of consciousness parece la consecuencia lógica de este razonamiento]. Veremos que del mismo modo que lo impreso fue lo primero que se produjo en masa, fue también el primer ‘producto’ uniformemente repetible" (203). "La homogeneización de hombres y materiales llegará a ser el gran programa de la era de Gutenberg, la fuente de riqueza y poder desconocida en cualquier otro tiempo o tecnología" ( 207) "El punto de vista fijo se hace posible con la imprenta y termina la imagen como un organismo plástico" (205). La invención de la reproducción perspectivística de la imagen en la cámara oscura prepara el camino para la fotografía… “Hoy nos gusta pensar que la imagen-mosaico de la televisión y el espacio pictórico de la fotografía tienen mucho en común. En realidad, no tienen nada en común. Ni lo tuvieron el libro y el manuscrito. No obstante, el productor y el consumidor de páginas impresas las concibieron como una continuación directa del manuscrito” (210). (Y lo fueron, claro, porque los usos sociales y los géneros, si bien son transformados por la tecnología, también dictan las necesidades que hay y las maneras de usar la tecnología. Ver más aquí, en lo referente a los blogs…). La tipografía es instrumento del individualismo y de la autoexpresión; consecuencias no evidentes, pero sí está más reconocido su influjo sobre el reconocimiento de la figura del autor, de la propiedad privada (de su obra) y de la fama y memoria eterna (—cf. la huella de esta nueva obsesión en los sonetos de Shakespeare– esos sí, impresos por el autor). Paradójicamente, la cultura del manuscrito, orientada hacia el productor, no fomentaba el reconocimiento de autoría, y sí lo hace la cultura de la imprenta, orientada hacia el consumidor. (212). E. P. Goldschmidt (Medieval Texts and Their First Appearance in Print) también denuncia la falacia retrospectiva de aplicar nuestros criterios de valor y conducta a los autores de la época manuscrita, que trabajaban con presupuestos y en condiciones muy distintas, y pide "cierto esfuerzo de imaginación histórica" (213). Les sucedía a los autores como a los actuales científicos, que no tienen "público" sino una pequeña comunidad de contactos. Frente a la era de la imprenta, "la homogeneidad es por completo incompatible con la cultura electrónica" (217), y debemos trabajar por preservar los valores en peligro de la era Gutenberg (218). "Hasta más de dos siglos después de la imprenta, nadie descubrió cómo mantener un tono o actitud particular a lo largo de una composición en prosa" (218)—una afirmación pasmosa, ésta, que parece ignorar la existencia de géneros literarios y discursivos previos a la imprenta. Como la doctrina de los tres estilos retóricos, sin ir más allá. El lenguaje, dice McLuhan, es el último arte en aceptar la lógica visual de la tecnología de Gutenberg, y el primero en rebotar en la era eléctrica (219). (Curioso, porque ¿no es una tecnología aplicada al lenguaje? Parece peregrino intentar hacernos ver ver que sus efectos se manifiesten antes en las emociones, en la percepción visual, o en la arquitectura antes que en la literatura…). La imprenta como medio “caliente” frente al “frío” e interactivo scriptorium. “Y así, con la imprenta experimentó Europa su primera fase de consumo, porque la imprenta no es solamente un medio y un artículo de consumo, sino que enseñó a los hombres cómo organizar todas las demás actividades sobre una base sistemáica lineal. Mostró a los hombres cómo crear mercados y ejércitos nacionales” (222)—aunque lo de los ejércitos estandarizados no ha habido que esperar precisamente a Gutenberg, diría yo. Pensemos en los romanos… El protestantismo, asociable (quizá) a la innovación del texto tipográfico igual para todos; pero el catolicismo conserva en su liturgia señales del rompimiento del equilibrio de los sentidos. (224 - ¿?). Epocas de cambios y revoluciones tecnológicas: "Hoy vivimos en la frontera entre cinco siglos de mecanicismo y la nueva electrónica, entre lo homogéneo y lo simultáneo. Es penoso, pero fructífero. El Renacimiento del siglo XVI fue una edad sobre la frontera entre dos mil años de cultura del alfabeto y el manuscrito, de una parte, y la nueva mecanización de l a repetibilidad y la cuantificación, de otra." (226). Y hoy eso hace que nos resulten desconcertantes la matemática y la física modernas. (Aunque me parece chocante lo que dice de que a este respecto los países mal alfabetizados tienen una gran ventaja). Sobre la interdisciplinariedad en tiempos de cambio: "La fase madura de la cultura de la imprenta, que actúa segmentando y homogeneizando situaciones, no favorecerá la interacción entre los campos y las disciplinas que caracterizó la primera época de la imprenta" (227). ¿Sucederá lo mismo con Internet? Ejemplo de "nivelación" causada en la primera fase de la imprenta: la noción del espacio textual de la interpretación bíblica como algo unificado, libre y homogéneo (criticado por Moro). La Biblia impresa sugiere una validez superior del texto, como si estuviese independizado de la intervención humana: asociado a la nueva autoridad dada a la escritura sobre la tradición por los protestantes. "Pero la apropiación de la repetibilidad homogénea, derivada de la página impresa, cuando se extendió a todos los demás aspectos de la vida, condujo gradualmente a todas esas formas de la producción y de la organización social de las que deriva el mundo occidental muchas satisfacciones y casi todos sus rasgos característicos." (230). "Pedro Ramus y John Dewey fueron los dos esqueadores acuáticos de la educación en períodos antitéticos: el de Gutenberg y el de Marconi, o electrónico"(231) —así, John Dewey reacciona contra la pasiva cultura de la imprenta, mientras que Ramus reorganizó visualmente la cultura escolástica para las nuevas aulas orientadas a la imprenta. Para Ramus, "es su versión del plan de estudios lo que hace coherente el mundo" (233) y nada sino lo incluido en el plan es usable como acceso a la realidad. Las preguntas que suscitó el nuevo instrumento, el libro impreso, frente a la cultura manuscrita y oral de la educación medieval: "¿Podría un instrumento privado y portable [portátil—con frecuencia la traducción de este libro deja que desear] como el nuevo libro ocupar el puesto del libro que uno hacía a mano y aprendía de memoria mientras lo hacía?" (231). (Uno puede preguntarse ahora sobre en qué medida el blog, que uno hace a mano, puede ocupar como instrumento pedagógico y recopilatorio de un trayecto formativo, puede complementar el papel del libro, y estimular un aprendizaje activo como el que le gustaría a Dewey. Observemos que McLuhan tiene muy poco prevista la interacción de 'electricidad' y texto escrito en la que se b | |