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CarreraSábado 19 de julio de 2008 Sigo leyendo Ghosts of Spain de Giles Tremlett, y este trozo me ha hecho acordarme otra vez del tío Víctor—mi tío abuelo Víctor Carrera, tío de mi madre y de otro tío Víctor que tenía, Víctor Landa. Habla de los maquis, de la amnesia nacional, y de la resistencia antifranquista. "Tenía yo curiosidad. Aquí había, a fin de cuentas, un grupo de resistentes que habían combatido contra un régimen dictatorial de derechas dirigido por un aliado de Hitler y de Mussolini. De niño en la Gran Bretaña de los años 60 y 70, había crecido fascinado por historias de hombres y mujeres así. En cómics, revistillas, películas y novelas baratas, la Resistencia de Francia, Italia, Yugoslavia y Grecia figuraban a menudo como los aliados clave de algún héroe británico terriblemente heroico y ligeramente sentimental. Aun hoy, estos leales partisanos hacen alguna aparición ocasional en las novelas británicas—como la Charlotte Gray de Sebastian Faulks. En la mayoría de los países, los miembros de la Resistencia son héroes nacionales. Tienen medallas, monumentos y museos. Pero en la mente de los españoles los maquis están en general olvidados. Un puñado de ex-combatientes, historiadores locales, y gente de la extrema izquierda ha impedido que desaparezca su recuerdo. Pero no tenían sitio en el panteón de héroes de la nación. Ni siquiera los socialistas que lucían su antifranquismo como seña de identidad en los años 60 y 70, y que habían pasado a dirigir la España democrática en los 80, se habían molestado en interesarse por este grupo de hombres y mujeres ancianos y derrotados. Irónicamente, algunos de ellos, exiliados de la España de Franco, podían considerarse héroes en Francia, al haber luchado con la Resistencia de allí durante la Segunda Guerra Mundial. Los tanques que hicieron entrar a la Francia Libre a París en 1944 llevaban los nombres de ciudades y pueblos españoles como Zaragoza, Guadalajara y Belchite, e iban conducidos por españoles." (Ghosts of Spain 56-57) El tío Víctor debió nacer hacia 1900, y a los siete años lo mandaron de pastorcico. Por la escuela poco pasó: no aprendió a leer y escribir hasta mucho más tarde, en la cárcel de Franco, haciendo tiempo entre que lo fusilasen o lo soltasen. Cuando se fue a trabajar fuera del pueblo, no sabía ni cómo se llamaba, me dijo: le preguntaban y decía: "Vítor"—"¿Víctor qué?" —"Pues no sé... ¡Vítor!". Tuvieron que escribir al pueblo para informarle de su apellido... Y me decía, de viejo, "¡Qué vergüenza, que no supiese yo ni cómo me llamaba! ¡Cómo estaba el país, para que hubiese tanta miseria y yo fuese tan ignorante! Eso es lo que queríamos cambiar los comunistas." Se fue a Francia a los diecisiete años para no hacer la mili, y buscando mejores condiciones de trabajo, supongo. Aunque de hacer milis no se libró en su vida, y trabajar trabajó siempre como un mulo el pobre. El caso es que en Francia acabó pasando la mayor parte de su vida. No tuvo hijos, y casi parecía más un tión que un tío. A los sobrinos-nietos nos parecía extraño que hubiese estado casado (sobre todo llevando ese bigote propio de Hitler que llevaba en las fotos viejas). Pero aunque los tíos son una especie que deja poca huella en la tierra, sí que nos acordamos bastante del tío Víctor. "¡¡Víiitoooor!!", le llamaba mi abuela en la granja, cuando necesitaba algo. Lunes, 21 de Julio de 2008 10:03. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Recuerdos. Comentarios » Ir a formulario |
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José Ángel García Landa (Biescas y Zaragoza) :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: "Algo hay en el formato mismo de los blogs que estimula un desarrollo casi canceroso de nuestro ego" (John Hiler) Archivos
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