Hay dos maneras de unir palabras: con una mera secuencia como cuentas en un collar, o con relaciones de jeraquía aparte de la mera secuencia: o sea, A + B + C .... o bien A + (B + C) .... En el pidgin, el protolenguaje o el lenguaje infantil usamos la primera; luego se desarrolla la segunda para estructurar oraciones, y la primera queda relegada a unidades supraoracionales. Las oraciones tienen estructuración jerárquica. (Claro que habría que especificar que hay jerarquías de otro tipo para las unidades supraoracionales... la cuestión es que la jerarquización de la sintaxis está más rígidamente codificada, gramaticalizada. Pronto escribiré un artículo sobre esta cuestión: sobre unidades, límites sintácticos, marcos y signos complejos).
Bickerton cree que el desarrollo de la sintaxis jerárquica (o sea, de la sintaxis propiamente dicha) no se dio antes de la aparición de nuetra propia especie (Homo sapiens)—"y es por entonces cuando las primeras señales de comportamiento realmente humano se vuelven manifiestas" (232). Hay señales de herramientas más complejas, y de comercio—instrumentos hallados muy lejos de su origen. Esto requeriría contacto entre protolenguajes diferentes.
La psicolingüística del protolenguaje es diferente a la del lenguaje: en el lenguaje se estructura mentalmente el mensaje antes de emitir la primera palabra; en el protolenguaje no se construye una frase antes de emitir la palabra. Este nuevo proceso mental requeriría el establecimiento de enlaces neurales entre representaciones de diferentes palabras: de lo contrario no es posible una estructura jerárquica. También se require un proceso que por así decirlo fije la atención mientras se estructura la frase—puesto que la estructura jerárquica puede ser confusa: esto lo compara Bickerton a un coro—una sola voz puede desentonar pero no se nota. Así, el "coro de neuronas" coordinadas forma la atención necesaria para estructurar un mensaje complejo. Esto es un desarrollo complejo, pero el resultado es más competitivo: la comunicación es más eficaz con estructuras jerárquicas, y por tanto es adaptativamente competitiva.
Es muy tajante Bickerton al distinguir estas dos modalidades (—y éste es un punto sorprendentemente flojo y arbitrario de su teoría). Insiste en que no hay pasos graduales entre estructura jerárquica y no jerárquica: o bien usas una o bien la otra—
"o bien usas protolenguaje, cuentas enhebradas, o lenguaje auténtico—fusión con estructura jerárquica. No podría haber habido, como algunos parecen suponer, una serie de cambios en el protolenguaje que lo acercaron gradualmente al auténtico lenguaje: o bien una enunciación está jerárquicamente estructurada o no lo está" (234)
(—pero claro, hay jerarquías simples, antes de haberlas compuestas, y no es difícil suponer de dónde pueden haber salido: de las combinaciones más frecuentes de términos, que pasan a percibirse como una unidad virtual compleja ya combinable en secuencia con otras. Parece claro que, contra lo que dice Bickerton, el desarrollo de estructuras jerárquicas fue gradual, con la aparición y difusión de formas sintácticas simples antes de la aparición de las complejas. La evolución no puede funcionar de otra manera).
Bickerton identifica la aparición del auténtico lenguaje, con su psicolingüística propia, con la aparición de la "fusión" o "ensamble" (merge) descrita por el minimalismo de Chomsky. Antes, sólo había protolenguaje con secuencias de unidades sueltas. Y era un tipo de estructura que de por sí no podría soportar un pensamiento complejo y claro. El lenguaje con sintaxis jerárquica sí lo permite, pues facilita la claridad de relaciones entre elementos y permite más anticipación mental a la hora de estructurar y de procesar. Se desarrollan marcas de estructura, líneas de entonación que marcan los límites de las unidades, etc. Los individuos capaces de procesar el lenguaje complejo, arguye Bickerton, serían más competitivos socialmente que los otros, y serían seleccionados.
La estructura jerárquica se implementa y desarrolla en cada lengua mediante una serie de plantillas o esquemas gramaticales, que determinan las relaciones entre términos: por ejemplo el orden de núcleos y modificadores en la frase nominal, o los roles admitidos por un verbo (agente, objeto directo, objeto indirecto...) en la frase verbal—así hay verbos que no admiten agente, otros que sólo admiten agente y objeto directo, etc.
Extraña historia de recursión— Hace poco, se habló mucho del lenguaje Piraha, supuestamente un lenguaje sin recursión. Causó mucho debate la cosa puesto que los chomskianos veían en la recursión la característica fundamental del lenguaje humano. Ahora bien, Bickerton arguye que hay una gran confusión entre los lingüistas sobre el sentido y alcance de este concepto de recursión. Cuando lo propuso Chomsky por primera vez, tenía sentido en la primera versión de su gramática generativo-transformacional: una serie de reglas de reescritura se aplicaban recursivamente. Pero al simplificar su modelo, y reducir todas las operaciones al Ensamblaje o fusión (merge), ya no estamos hablando de la misma recursión en la teoría chomskiana. El ensamblaje ensambla directamente palabras, no etiquetas categoriales... y aunque Chomsky dice no estar interesado en la psicolingüistica y en las operaciones efectivas de los cerebros, su "ensamble" o fusión sí proporciona un modelo creíble sobre cómo los las palabras se juntan en la mente para hacer frases en tiempo real. Con el concepto del ensamble, Chomsky, lo admita o no, mató su propio concepto de recursión.
Bickerton también arguye que con el ensamble o fusión se prescinde de la inserción de unidades dentro de unidades. (Aunque a mí me parece que vienen a ser dos maneras alternativas de describir la misma estructura— y lo mismo la recursión, si hablamos de la complejidad jerárquica como una aplicación recursiva del proceso de fusión de unidades, para dar lugar a una jerarquía: en el ejemplo de Bickerton— [[la [chica [que [tú [conociste ayer]]]]]] [habla francés] todo es describible como fusión secuencial, o como recursión de inserciones—y si bien es posible que la fusión esté más próxima a una descripción psicolingüística del proceso, difícilmente se puede interpretar sin más como una transcripción directa de las operaciones cerebrales).
Sigue quitándole importancia Bickerton al concepto de recursión, arguyendo que "Contra lo que Chomsky ha sostenido y la mayoría de la gente ha dado por supuesto, no hay ninguna capacidad especial que haya evolucionado en la especie humana para desarrollar procesamientos recursivos" (244). Y asegura que en todo esto no hace sino aplicar la propia lógica de la última teoría minimalista de Chomsky: "Es precisamente la ausencia de cualquier restricción sobre qué tipo de objeto pueda ensamblarse la que permite que exista la ilusión de un procesamiento recursivo" (245). Y es inútil para Bickerton estudiar analogías del procesamiento recursivo en otros animales para entender el lenguaje. (Aunque esto no deja claro por qué no habría de ser útil estudiar capacidades de ensamblaje mental en otros animales, y capacidades mentales de creación jerárquica de signos complejos, en la medida en que las haya...)
Claro que, dice Bickerton, hay muchos más elementos en la gramática de un lenguaje: flexiones, concordancias, casos, anáforas... Pero con este instrumental minimalista de fusión se puede montar el esquema básico de un lenguaje humano. Y con esta capacidad de pensamiento complejo, nuestra especie empezó a producir artefactos novedosos. Un desarrollo que sería gradual desde la aparición de nuestra especie hasta el desarrollo de la cultura simbólica—aunque cada vez se encontrarán restos de cultura simbólica más antiguos, predice Bickerton, amortiguando así ese misterioso desfase entre el comienzo de la especie y el del desarrollo cultural. Fue la competencia con una especie de capacidades casi equivalentes, los neanderthales, la que estimuló el desarrollo de los cromañones: un cambio ya de comportamiento, no genético. Y a partir de allí, la conquista de nuevos nichos ecológicos siguió un ritmo imparable.
O parable: porque en la teoría de construcción de nichos de Odling-Smee et al., se contempla el agotamiento de un nicho en el que se encierra una especie. "Lo cerca que estemos de eso está abierto a especulación", dice Bickerton.
Y termina el libro con una especie de epílogo ominoso—"¿De simio a hormiga?"— Ya desarrolló nuestra especie un comportamiento parecido al de las hormigas al desarrollar a la vez el lenguaje y un tipo parecido de explotación ecológica del territorio. También las hormigas han desarrollado formas de agricultura y ganadería, y han construido enormes ciudades organizadas. No son coincidencias, arguye Bickerton. El nicho ecológico humano se está creando todavía, y habría que preguntarse si todavía nos sigue cambiando. ¿Acabaremos desarrollando un comportamiento y organización colectiva similar a las hormigas? Los mecanismos de disciplina colectiva, control social y regimentación llevan en esa dirección—eliminando sistemáticamente a los sujetos menos acomodables al orden social. Se han desarrollado sistemas de castas en muchas sociedades. Es prematuro creer que esto son aberraciones primitivas superadas—puede que no sean sino primeros ensayos de lo que serán las castas humanas en el futuro. La noción de que vamos a un mundo más democrático e igualitario puede que sea peligrosamente ingenua y optimista.
"Al menos hay un consuelo. El camino que lleva a la construcción acelerada de nichos nos arrastra con una corriente poderosa, pero no es necesariamente una corriente imposible de desviar. La idea misma de la construcción de nichos ecológicos afirma la autonomía del organismo, el poder que hay latente en las especies para influir en su propio destino. Nuestro nicho nos dio el lenguaje, y el lenguaje nos dio inteligencia—pero sólo si usamos esta inteligencia con sabiduría podremos seguir siendo libres y plenamente humanos" (249).
Tras desarrollarse en la sociedad protohumana un puñado de señales que permitiese el reclutamiento de grupos, ¿por qué no se desarrolló rápidamente el lenguaje? Sería ventajoso adaptativamente, y no habría razón para que no se desarrrollase si ya existían conceptos previos a los que etiquetar lingüísticamente: pronto se desarrollaría un protolenguaje decente. Pero la prueba de que esos conceptos no existían, y de que la cosa no funciona así, fue el lento desarrollo del lenguaje según sugiere el registro fósil y arqueológico de los dos últimos millones de años.
Lo sorprendente es que mientras que el aumento de capacidad craneana en las especies Homo durante los últimos dos millones de años fue continuo, el desarrollo cultural sufrió un largo estancamiento durante el Paleolítico. No hubo un desarrollo sincrónico y acompasado de desarrollo cerebral y complejidad cultural, al contrario de lo que los paleoantroólogos sugieren a veces por su manera de narrar esta historia. Por ejemplo, no hay evidencia de herramientas de más de una pieza en la cultura del Homo erectus. Y desarrollos como el uso del fuego, la construcción de refugios y la invención de lanzas pertenecen al fin del periodo:
"todo en la civilización humana—el pastoreo, la agricultura, las ciudades, la industrialización, y la exploración del sistema solar—está apretujado en apenas una fracción de 1/200 del período—un 0,005. Si el lenguaje es de hecho lo que conduce el pensamiento humano, y si el lenguaje empezó hace dos millones de años, ¿cómo puede ser esto?" (213)
No hay causa evolutiva convincente para el origen mismo del lenguaje que no sea el reclutamiento a distancia para aprovechamiento de carroña. Pero lo malo es que esto parece contradecirse con la tesis de una coevolución armoniosa del desarrollo cultural y del cerebral. La hipótesis de una larga prehistoria de cazadores-recolectores con una cultura material simple pero una cultura lingüística "moderna" como las de las tribus de cazadores-recolectores actuales no parece convincente a Bickerton: supondría que la especie, aunque era capaz de desarrollar un potencial complejo de alterar su comportamiento, no lo hizo—algo inaudito. "Así que la idea de una especie lingüística pero con tecnología casi nula es tan problemática como al idea de una especie que haya desarrollado el lenguaje a partir de cero en una fecha muy reciente" (215) (—entendiendo por "muy reciente" los últimos 100.000 años).
El reclutamiento de carroñeros no era un "arbolito" del lenguaje, ni siquiera un brote. Era sólo una bellota: algo con potencial de desarrollo, con buena suerte y alimento. Suponía romper los límites de los sistemas de comunicación animal habituales, por primera vez no con un cerebro de hormiga o de abeja, sino con el de un mamífero altamente encefalizado. Pero en ese primer paso no existía ni de lejos la noción de los usos, aplicaciones y desarrollos que podría llegar a tener el lenguaje; no sabían los homínidos lo que habían hecho.
Las señales de reclutamiento tenían una referencia funcional, similar a la de los gritos de alarma de los monos vervet, pero tenían además desplazamiento con respecto a la situación de referencia (pues se referían a un lejano cadáver por explotar); eran señales creadas y aprendidas culturalmente, no instintivas, y contenían protonombres y quizá también protoverbos (por ej. señales imperativas). Pero esto es previo a incluso a un protolenguaje. Las limitaciones que aún tenían eran que: - Las señales seguían unidas a una situación concreta y específica (si bien desplazada), - Iban unidas a una situación presente (un presente extendido, por así decirlo: aquí sugiere Bickerton que la capacidad narrativa no estaba desarrollada, pues no estaban desarrolladas las señales que la hiciesen posible). - Y también iban unidas las señales a la aptitud de supervivencia competitiva.
El desarrollo de un protolenguaje requería ir más allá, rompiendo esta conexión con la aptitud, el presente y las situaciones específicas. (Es decir, y aquí le pongo palabras en la boca a Bickerton, requiere el desarrollo de un mundo lingüístico virtual, un mundo de las ideas y de otros tiempos y espacios, un mundo alternativo como el que se da en las narraciones. Obsérvese que las abejas puede que tengan lenguaje de señales con desplazamiento, y los delfines puede que tengan una rica gama de señales sociales, pero nadie ha sostenido nunca que abejas, ni delfines, ni hormigas, ni chimpancés ni monos diana se cuenten historias — por muchos sentidos y hasta referencias que intercambien. Como teorizador de la narración, un poquito habré de barrer para casa aprovechando esta teoría tan a propósito de Bickerton, y defender a la narración como un rasgo muy específico de lo humano. Por supuesto que no niego que haya otros, como por ejemplo el desarrollo de herramientas complejas, y de la sintaxis, o una teoría de la mente y de la alteridad, o la capacidad de planificar la acción. De hecho tanto la narración como la sintaxis son herramientas complejas, y requieren una capacidad mental especial de manejo y recombinación de bloques de signos tomados como unidades. Algo que también está implícito en el desarrollo de una teoría mental compleja. Estas capacidades de combinación compleja de signos pueden estar más relacionadas entre sí de lo que parecería a simple vista).
Se suele hablar de la arbitrariedad, y no tanto del desplazamiento, como la característica primordial de los signos lingüísticos. O de la capacidad de combinación (sintaxis, etc.). De la complejidad. Pero Bickerton insiste en el carácter esencial y primordial del desplazamiento, un rasgo definitorio crucial que separa a las mentes prehumanas de las humanas. Para explotar su potencial, se requeriría el desarrollo de los conceptos: "símbolos mentales de referencia ya no ligados a casos particulares de las cosas a que se refieren" (217)—(el "mundo de las ideas", podríamos decir en terminología platonizante). "Sólo con tales símbolos abstractos puede uno vagar mentalmente, libremente, por el espacio y por el tiempo, como hacemos hoy tanto con lenguaje como en pensamiento" (217) (Es esto mismo lo que en otro artículo llamábamos "el lenguaje como realidad virtual").
De la señal a la palabra: Las señales protolingüísticas de reclutamiento de aliados carroñeros no eran palabras. Eran todavía signos icónicos e indiciales. Pero la distanciación exigía representar de algún modo el animal a que se referían, y eso permitía extender su uso a otros contextos ajenos al reclutamiento, otras circunstancias relacionadas con esos animales. Quizá con la ausencia misma del animal, por el fracaso de la expedición, o con la enseñanza del término a los pequeños—la mímica es esencial para esta evolución, y quizá el ritual repetido. Así se va separando esa "palabra" de la situación que la hizo surgir; y a la vez se forma en el cerebro una representación estable del sonido de esa palabra. No son procesos que resulten de "genes" evolucionando por sí mismos: es una evolución guiada por la propia actividad deliberada de la especie, para explotar mejor su nicho ecológico de carroñeros de primer orden.
La construcción de nichos impulsa el lenguaje. Un cambio en el comportamiento alimenticio de la especie conllevó un uso diferente del territorio (en el Homo erectus): se pasa de la explotación local intensiva de un pequeño terreno a la explotación colaborativa de un amplio territorio (posibilitada, se entiende, por cambios en el lenguaje y cambios concomitantes en la organización social. También habría que añadir a esto los cambios anatómicos del homo erectus, adaptado a la marcha de largas distancias). Y este nuevo uso del territorio conduce, a su vez, a una relación diferente con la fauna y a una intensificación de la actividad semiótica:
"Para una especie que se hubiese vuelto dependiente de la explotación carroñera de grandes cadáveres, sería cada vez más importante leer adecuadamente todas las señales que dejaba la megafauna, para determinar la identidad de la especie y la edad relativa, el número de individuos en el grupo, cosas que indicasen que un animal pudiese estar herido o enfermo. (Estas huellas naturales proporcionan, por cierto, otras tantas ocasiones hipotéticas para el uso desplazado de los protonombres o protoverbos de reclutamiento). Surgirían, inevitablemente, disputas sobre cómo habría que interpretar las señales. ¿Cómo de antiguas eran? ¿Cuántos animales las habrían dejado? ¿Deberíamos seguir al grupo A, pequeño pero con un animal en él que podría estar enfermo, o al grupo B, mucho más grande pero con todos los miembros aparentemente sanos?" (221)
De este modo las señales originalmente icónicas se van convirtiendo en símbolos a medida que se usan en contextos cada vez más diversos—incluida la enseñanza de las señales a la nueva generación. De este modo la explotación proactiva del nicho ecológico específico lleva al desarrollo de las capacidades comunicativas que mejoren esa explotación—algo que conlleva la desvinculación gradual de las señales, independizándolas de un contexto presente y de una situación concreta.
Completando la triple desvinculación— O sea, desvincular las señales de las situaciones, del momento presente, e incluso de la aptitud competitiva inmediata. Esta última es la más difícil de lograr—hasta desarrollar la capacidad de impartir información por la información misma, no inmediatamente relevante (y se abre así la puerta, a la vez que a la humanidad moderna, a la invención, a la ficción, o a la divagación poética). Según Jean-Louis Dessalles la competitividad típica de los primates se desvió en primer lugar a la competitividad social por proporcionar información relevante—anotándose puntos por ello (y en eso seguimos, podríamos decir, sólo que con unos criterios de relevancia contextual cada vez más complicados y especializados).
El desarrollo de la negación también sería un paso significativo—pues es algo ajeno a la comunicación animal y supone una "irrealidad" y desvinculación del significado de la situación inmediata. (Hace poco tiempo, sin embargo, se describía una especie de protosintaxis combinatoria de gritos de alarma en una especie concreta de monos—gritos incompatibles que combinados vienen a anularse y a significar una interrupción de la actividad en curso. —ver aquí una noticia de 2006 en el Times. Sería otro dato a tener en cuenta para el origen del "como si" y de la negación).
Enfatiza Bickerton que, en base a los datos de que disponemos, esta fase de protolenguaje primitivo, a mitad de camino de la comunicación animal, debió durar cientos de miles de años. Es la ilusión de la perspectiva la que nos hace suponer la posibilidad de un desarrollo rápido. Pero el lenguaje era algo tan nuevo, tan sin precedentes, que no hay manera de presuponer sus usos ni la dirección de su evolución, antes de que esta se diese lenta y penosamente, partiendo de un principio poco más elaborado que el lenguaje de las hormigas. (Queda por explicar, entonces, qué es lo que ’hizo clic’ en la cabeza de los Homo sapiens hace menos de cien mil años, para dar lugar al desarrollo por asi decirlo súbito de una cultura simbólica. Ese clic se vuelve tan difícil de comprender como el origen primigenio de un protolenguaje, que es en lo que se centra Bickerton).
Los pidgins al rescate—esta vez de verdad. La solución al estancamiento, y al desarrollo posterior, es el surgimiento de la sintaxis—que hizo posible la organización del pensamiento innovador. Bickerton ha sido un teorizador de los pidgins enormemente influyente. Y sostiene ahora que hay una cierta similaridad entre el pidgin y el protolenguaje. (Ver también a este respecto mi artículo sobre "Integrationalism, Hinsight bias and the Pidgin Primordial Soup"). Hoy están desapareciendo los auténticos pidgin, dice Bickerton: "El inglés está matando a los pidgins aún quizá más deprisa de lo que está matando a los idiomas establecidos. ¿Para qué intentar emprender un nuevo lenguaje si ya hay uno ya prefabricado que se extiende por todo el planeta como la mala hierba?" (224)
Con el pidgin, sin apenas sintaxis, se pueden pensar y expresar ideas complejas, si bien de forma vaga. Claro que los hablantes de pidgin se basan para eso en otro idioma que dominan. Pero ¿podría un pseudo-pidgin protolingüístico haber persistido durante todo el paleolítico sin desarrollo aparente? La hipótesis de Bickerton es que esto indica que en efecto el protolenguaje paleolítico no llegaba ni siquiera al nivel de complejidad de un pidgin, hasta el surgimiento de nuestra propia especie... o que, por alguna razón aún desconocida, la capacidad de conectar palabras a nivel elemental para mensajes simples no conllevó, durante mucho tiempo, la capacidad de combinar conceptos en secuencias de pensamiento coherentes. Una cuestión indecisa.
Cosas que se pueden hacer con palabras: Como Terrence Deacon, Bickerton cree ahora que es el simbolismo, y no la sintaxis, la que marca el límite entre humanos y no humanos. (La cuestión, me temo, es que no hay, o mejor dicho, no había, un límite definido—¡es lo que se llama evolución!). El simbolismo es previo a, y requisito necesario, para la sintaxis. Habría ahora que estudiar, dice Bickerton, la relación entre vocabulario básico y las actividades y necesidades de una sociedad protohumana. Un aspecto descuidado—nadie se ha preocupado de especificar cuáles podrían haber sido las primeras palabras del vocabulario básico ni su relación con las presiones selectivas concretas de esa sociedad (Esto es mucho decir, me parece. El terreno está mucho más ocupado de lo que sugiere Bickerton. Desde luego todos los estudios de vocabulario comparado del indoeuropeo, por ejemplo, van en direcciones no muy diferentes a ésta. O véase sin más este artículo mío sobre protolenguaje infantil: "Pop & pap: Mamá y mamar / Papá y papilla"). Y aboga el autor por estudios experimentales de uso de vocabularios básicos. Conexión nuevamente: Aquí arguye Bickerton que la conectividad entre palabras es posible cuando hay palabras, pero imposible entre señales de ACS, pues éstas no tienen sentido combinadas, y además son completas en sí mismas. (En este punto hay una cierta petición de principio en el razonamiento de Bickerton, pues en cuanto las señales se combinan... ya ni son completas en sí, ni tienen su sentido aislado. Así que habría que matizar esto con los recientes hallazgos sobre la combinatoria de gritos de alarma "virtualizados" en al menos una especie de monos, a lo que antes me refería).
Con la evolución del protolenguaje incipiente al "pidgin primigenio", se produciría gradualmente el crecimiento y la organización del vocabulario y de la fonología, dos procesos interconectados:
"En otras palabras, cualquier aumento del vocabulario habría supuesto una fuerte presión selectiva para un aumento en la complejidad fonética. Y esto, en la fase avanzada del protolenguaje, habría dado comienzo a uno de los procesos que con el tiempo serían distintivos del auténtico lenguaje: la doble articulación de sonidos y palabras" (231)
El protolenguaje sería inicialmente tanto manual como gestual y hablado, pero las "palabras" serían sonidos no combinados ordenadamente, y desorganizados. Esto tendría que dar lugar con el tiempo a una estructura organizada basada en una fonología estandarizada.
"Pero el punto que realmente quiero enfatizar es que el lenguaje, como la construcción de nichos, es un proceso autocatalítico. Una vez ha comenzado, se impulsa a sí mismo: crea y satisface sus propias demandas" (231)
—(En esta noción de la autonomía lingüística hay parte de la herencia chomskiana en esta fase tardía del pensamiento de Bickerton. También me recuerda mucho a una noción que mi padre gusta de repetir sobre el desarrollo y evolución del lenguaje: que el lenguaje se selecciona a sí mismo, que se organiza como un proceso autónomo sobre la base de múltiples contextos de uso repetidos en muchos hablantes. Por ejemplo, en la selección de vocabulario, cuál permanece y cual no—pero también a muchos otros niveles). Las capacidades genéticamente codificadas de la especie tienen una flexibilidad, según el comportamiento: interactúan con las experiencias y comportamiento de los individuos para generar comportamiento nuevo y más específicamente orientado: "Así funciona la evolución" (231). Y así surgiría la primera sintaxis incipiente, basada en el principio de "el sujeto primero": la combinación de una información conocida con una modificación de la misma—algo que se predica sobre ella. Pero para mayor complejidad hace falta pasar a otra fase ya no protolingüística...
Es educativa la idea de que todos los humanos procedemos de Africa, que somos descendientes de emigrantes africanos, ahora que tantos problemas se plantean a España, y a Europa, con la emigración africana. Tiene, como poco, una cierta ironía, aunque no sea labor de los paleontólogos superponer contextos de esta manera. No sabemos, ni probablemente sabremos jamás, si eran africanos y negros, pero no sería de extrañar. Y qué difícil ha sido siempre, salir de África, menos cuando se salía obligado y arrastrado. Con referencia a: Los orígenes de nuestra especie | elmundo.es (ver en Google Sidewiki)
De todos modos, otro aspecto de esta noticia sería a destacar. Llevan los científicos mucho tiempo negando la existencia de razas humanas, posiblemente en un ejercicio de buenismo exagerado. Los análisis de parentesco genético llevarán, supongo, a una puesta en perspectiva de esta cuestión de la raza—por ejemplo, los 14 "grupos ancestrales" que menciona el artículo de Eudald Carbonell. También tiene otra traducción la idea de que "la mayor diversidad genética existe en África": a saber, la idea de que, en general y panorámicamente hablando, son las razas africanas las que, después de todo lo dicho, son más diferentes del resto de la humanidad, y están más lejanamente emparentadas con los demás grupos humanos. Ese sería el reverso de la moneda. Por tanto, es aconsejable mantener las cuestiones en perspectiva y saber que cuando hablamos de diversidad genética y de orígenes, hablamos de eso y no de otras cosas. Por muchas ironías que parezcan sugerirse.
Por otra parte, la datación del origen del Homo sapiens en 160.000-200.000 años plantea el interrogante de qué sucedió para que, después de cien mil o ciento cincuenta mil años sin rastro de cultura simbólica, apareciera ésta en unas poblaciones de esa misma especie, "ya evolucionadas" hacia la humanidad actual... ¿desliga esto un tanto la evolución cultural de la evolución biológica?
"Does evolution explain our behaviour?" For Raymond Tallis the answer is no. The latest contribution to the forum On the Human is a humorous attack on the simplistic evolutionary theories of human culture promoted by sociobiology à la E. O. Wilson, à la Desmond Morris, à la Dennett or à la Dawkins. The latter's theory of "memetics" gets a regular argumentative bashing. So does Dennettics. While I agree in part, as I have always found the notion of meme a bit mema, I counter with the following comment, a defense of evolutionary theory—minus the reductionism. So, yes indeed, evolution should explain our behaviour:
While one can enjoy this spirited attack on reductionism and “Dawkinism”, we should be wary of throwing out the baby of evolutionary thought with the bathwater of reductionism. I can’t see anywhere in Raymond Tallis’s account a proviso in this sense. Evolutionary thought, rightly understood, is attentive to emergent phenomena, such as language and the complexities of human culture, and will not try to reduce them to either memes or genes or primate behaviour in the savanna. But one thing it will do— it will attempt to trace both the process of emergence and the foundations that made it possible for these phenomena to emerge. I can see that Tallis’s contribution is interested in preserving the specificity of human behaviour. But I would insist that a historical sense of the human, when seen in the wider perspective, cannot help but tie up with the evolutionary development of the species. Bring in history, semiotics, science, cultural anthropology and all the disciplines which help to describe the complexity of the human phenomenon. They also have a history and a development, by the way. But do not stop at merely registering the complexity of humans: we should also try to understand how it came to be in the first place. If Tallis’s critique of some simplistic trends in evolutionary psychology helps to bring the real issues into focus, so much the better.
En este capítulo habla Bickerton del desarrollo mental y cerebral, empezando con una referencia a las teorías de Gary Marcus, sobre la construcción históricamente contingente y "accidental" del cerebro humano. Como Marcus, nos propone Bickerton evitar la teleología y la falacia de la retrospección. Gracias al cerebro pensamos y hablamos. Peero, de ahí no se sigue que el cerebro se haya desarrollado "para" pensar y para hablar. Son los resultados colaterales, exaptados o imprevisibles que adornan la historia de la evolución (al menos tal como la veía Stephen Jay Gould) y le dan forma incalculable e irrepetible.
El cerebro se desarrollo para recibir mensajes de los órganos, analizarla, decidir una acción en respuesta a la información sobre el medio, y enviar una orden para ejecutar esa acción. Eso es lo que hacen los animales, mayoremente: reaccionar en interacción con el medio externo, procesar mentalmente información procedente del exterior. Es lo que Bickerton llama pensamiento en red o conectado (online thinking). Ahora bien, en el caso de los humanos, se ha desarrollado enormemente otro tipo de pensamiento, el pensamiento fuera de red o desconectado (offline thinking)—"pensamiento que no tiene conexión directa o necesaria con lo que sucede fuera, sino que se genera y tiene lugar íntegramente en el interior del cerebro" (194). Es lo que nos permite pensar cosas aparentemente tan sencillas como "las rosas son rojas"—un pensamiento abstracto desconectado de ninguna rosa que estemos viendo. El proceso de los dos tipos de pensamiento es muy diferente. Uno va por pasos necesarios del estímulo a la reacción y a la orden de respuesta; el otro no tiene por qué resultar en una orden al cuerpo, y tiene una estructura de conexión mucho más laxa o variable.
"Quizá debido a esta estructura aparentemente más laxa, y por lo que parece ser la simplicidad básica de pensamientos como 'las rosas son rojas', mucha gente da por hecho que nos llegan gratis, por así decirlo, sólo por tener cerebro. Y esto se suma a otra creencia muy extendida, compartida hasta por algunos que aceptan que el lenguaje es el motor primero de la inteligencia—a saber: que los pensamientos de alguna manera son lógicamente prioritarios con respecto a las oraciones, que el lenguaje surgió para expresar pensamientos, que primero tienes que pensar algo antes de poderlo vestir en palabras y mandarlo afuera al mundo. Recordemos que no es sólo que no haya imágenes ni palabras en el cerebro—tampoco hay pensamientos allí—sólo una cascada continua de actividad neuronal, de picos de actividad oscilando, de impulsos yendo en todas direcciones. Para mí, la creencia de que el pensamiento precedió al habla en términos evolucionarios, y de que lo precede operacionalmente en nuestras vidas diarias, es una de esas creencias inicialmente plausibles que cuando la ponemos bajo la luz y la examinamos con cuidado, vemos que no tienen ningún fundamento real ni en los hechos ni en la teoría. De hecho, voy a sostener que hasta que pudimos hablar, no podíamos ni siquiera pensar 'las rosas son rojas'." (195)
Sigue una comparación entre las mentes humanas y las no humanas. Los otros animales están "presos del aquí y ahora" porque no tiene otro sitio a donde ir: "No pueden comunicarse sobre coss más allá del aquí y ahora porque no pueden dirigir sus pensamientos fuera del aquí y ahora"—sólo se pueden referir a acontecimientos específicos e inmediatos porque no tienen conceptos abstractos.
Hay una tendencia, desde Darwin, a enfatizar la continuidad y similaridad fundamental entre las mentes humanas y las de los animales. (Y mucha investigación sobre el origen y naturaleza del lenguaje sigue ese camino: ver por ejemplo el libro de Christine Kenneally The First Word, y mi artículo sobre "La caverna del cerebro: el lenguaje como realidad virtual"). Por ejemplo, Irene Pepperberg señala la capacidad de los animales para el razonamiento práctico y para resolver problemas complejos: "las capacidades para resolver problemas complejos de los animales no humanos forman un continuo con las de los humanos"—pero para Bickerton, esto sólo se aplica a la capacidad ante un problema relacionado con la capacidad selectiva, y si los elementos del problema están o bien presentes o almacenados en la memoria episódica—asociados a una experiencia almacenada narrativamente.
"La cuestión no es si los animales pueden solucionar problemas—obviamente pueden—sino si tienen conceptos que puedan invocar voluntariamente y manipular, de modo que puedan imaginar, y así producir a continuación, comportamientos novedosos" (197)
Se arguye a veces que el lenguaje supone una discontinuidad ya muy grande entre humanos y animales. Que si, además de no terner palabras, no tuviesen ni siquiera conceptos, toda la teoría darwiniana del gradualismo y el origen natural de lo humano se vería seriamente comprometida.
Y un poco maximalista parece Bickerton sobre la cuestión de si los animales tienen conceptos "como los nuestros"—dice que "o los tienen, o no los tienen", mientras que yo diría que los tienen más o menos, en mayor o menor (normalmente menor) grado—o, por así decirlo, cómo los nuestros sólo en parte. Un concepto es seguramente un complejo artefacto mental, un "loose baggy monster" hecho de múltiples conexiones neuronales de distintos tipos: algunas van ligadas a la verbalización, y al "etiquetado" del concepto—y eso falta, desde luego, en los conceptos animales, pero otros elementos de los conceptos, o preconceptos, o pseudoconceptos llámeseles si se quiere, tienen naturaleza procedimental, motora o perceptual. Y allí sí que tenemos más terreno en común con los animales. Por ejemplo, un animal que pueda percibir la diferencia entre el color rojo y el verde no tendrá el término "rojo" ni ningún otro que le permita comunicar al exterior el concepto de "rojo", pero sí tendrá unos hábitos perceptuales y unas asociaciones mentales que le permiten autocomunicárselo—y diferenciar el rojo del verde en su percepción y en su respuesta, dado el caso.
A este tipo de "conceptos" alude Bickerton, cuando se refiere a las investigaciones de Richard Herrnstein sobre la conceptualización en las palomas. Su conclusión de que este comportamiento no require conceptualización es demasiado tajante, separando limpiamente lo que es concepto humano de lo que no… pero dejándose por el camino, me temo, gran parte de los constituyentes "animales" de los conceptos humanos, precisamente los que permitían a las palomas de Herrnstein reconocer imágenes de árboles, gente, o hasta de unos peces que no habían visto nunca.
Otro ejemplo—en los estudios de Clayton sobre la memoria episódica de los arrendajos, se demuestra sólo que algunos animales tienen capacidades memorísticas específicas diferentes y superiores a las humanas. Pero no demuestra eso que tengan conceptos como los humanos, insiste Bickerton. Cada especie desarrolla los mecanismos (mentales o físicos) necesarios para su nicho—y los arrendajos necesitan acordarse de sus almacenes de semillas, nosotros no. No existe una "escala universal" ordenada de la inteligencia y el poder mental, en la que nosotros estaríamos en la cima.
"La evolución no funciona así. Un estribillo repetido en este libro ha sido el siguiente: una especie hace lo que tiene que hacer. Si un ave entra en el nicho de hacer almacenes de semillas, probablemente desarrollará, antes o después, el tipo de habilidades que tiene un arrendajo de los matorrales. La selección natural se ocupará de que lo haga. Los que hacen lo que tienen que hacer mejor que otros sobrevivirán más, criarán más, tendrán descendientes que lo harán incluso mejor que ellos. El nicho crea la inteligencia—no algún tipo de talento generalizado, sino la clase de inteligencia especializada que necesite el nicho." (199)
Los experimentos con monos y simios tampoco convencen a Bickerton de que tengan conceptos estos animales. Tienen, sí, lo que Bickerton llama "categorías" (procesos mentales más asociados al comportamiento, la percepción y la respuesta, en la línea que hemos dicho antes). Así contradice a Jim Hurford sobre los "conceptos" asociados a las llamadas de alarma de los monos Diana, y también a quienes enseñan lenguaje humano a los simios. Vale la pena citar su razonamiento en este último punto—con dos explicaciones alternativas de por qué a los simios les cuesta tanto "coger" la idea de que un signo manual representa algo.
"Hay dos explicaciones posibles aquí. Si tiene razón la gente que piensa que los simios piensan como nosotros, los simios ya tenían los conceptos adecuados. Lo único es que no tenían etiquetas para esos conceptos. Entonces llegaron unos amables humanos y les proporcionaron etiquetas. Costó un tanto, pero antes o después llegó ese momento de "¡ajá!" y lo simios les adhirieron las etiquetas que les habían dado a los concepts que ya tenían—fin de la historia. La alternativa reza así. Los simios no tenían conceptos. Igual que cualquier otro animal no humano tenían categorías en las cuales podían clasificar las cosas para saber cómo responder a ellas. Esaas categorías no se coagulaban para formar conceptos accesibles porque sólo funcionaban cuando los simios veían u oían u olían o tocaban o probaban los rasgos en los que se basaban las categorías. Esto pasaba de modo ocasional e impredecible. La red de neuronas que se activaba cuando en efecto pasaba sólo se enlazaba en esos momentos y rápidamente se desvanecía en el olvido cuando los rasgos dejaban de percibirse. No quedaba nada que amarrase juntos totos esos rasgos. Entonces los simios aprendieron signos para nombrar sus categorías. Los signos amarraban juntos todos los rasgos de una categoría juntos y les daban un hogar permanente. Lo hacían porque la presentación de los rasgos categoriales—los rasgos que distinguen, pongamos, los plátanos de los lacasitos, ya no era ocasional e impredecible. Los investigadores seguían poniéndoles plátanos y lacasitos delante de la cara a los simios. Las neuronas de los circuitos activados por estas presentaciones, junto con las que representaban los nombres de los objetos, seguían activándose y activándose. Las neuronas que se activan juntas se enlazan unas a otras. El circuito se reforzó y quedó anclado por el signo que se acababa de aprender." (201)
El lenguaje proporcionó a los simios capacidades cognitivas que no tenían los simios sin lenguaje. ¿Que por qué no se volvieron humanos y empezaron a hablar como todo el mundo? Bickerton dice que ya hicieron bastante, pasando de cero a donde llegaron en unos años. Consiguieron juntar hasta tres conceptos en un mensaje. Nosotros llevamos la delantera de millones de años de evolución. No es extraño que hagamos más, y "deberíamos respetarlos, en lugar de intentarlos convertir en copias borrosas nuestras en papel carbón" (201).
En suma, para Bickerton "la presencia o ausencia de conceptos de tipo humano es lo que separa a los humanos de los no humanos" (202). (Un tema éste, lo que separa a los humanos de los no humanos,que ya hemos tratado antes aquí). La presencia de conceptos permite el comportamiento constantemente innovador de los humanos. Las herramientas humanas, hasta las más sencillas, como una punta de flecha, requieren pensamiento previo y planificación:
"El pensamiento previo y la planificación, as su vez, exigen que no se trabaje con objetos físicos sino con ideas de esos objetos—conceptos que puedes combinar en la mente para hacer nuevas estructuras y crear cosas maravillosas sin precedentes. Observemos ahor exactamente dónde cae la línea divisoria, la discontinuidad, el límite entre lo humano y lo no humano. No entre los ancestros humanos y los simios. Cae entre nuestra propia especie, por una parte, y por otra todas las demás especies que viven o han vivido jamás, incluyendo a nuestros propios ancestros directos. Sólo nuestra especie, al parecer, ha prouducido jamás artefactos que necesitasen intencionalidad previa; por tanto sólo nuestra especie ha practicado jamás el pensamiento offline, fuera de red" (204)
Una idea sugestiva, ésta de Bickerton, y cierta seguramente en un 90%. Para el resto del porcentaje, hay que recurrir a las capacidades limitadas de pensamiento previo, planificación y conceptualización que tienen los animales—por ejemplo esos cuervos capaces de hacer un gancho para pescar alimento, o los carnívoros cazadores capaces de trazar un plan que anticipe el comportamiento propio y el de la presa.
Para Bickerton es crucial, pues, la diferencia entre conceptos y categorías, para distinguir el pensamiento humano del no humano. los quiere definir neurológicamente. Con un concepto, dice, se puede pensar, y también se puede pensar en él. Una categoría es sólo algo a lo que un objeto pertenece o no pertenece. Las categorías van asociadas a comportamientos y percepciones, y son desarrolladas por la selección natural para aumentar la adaptación de un animal y su adecuación al medio—a base de muchas respuestas adaptadas a situaciones e impresiones concretas, por ejemplo, la visión de un depredador. Pero estos hábitos asociativos de pensamiento no son equivalentes a lo que entendemos nosotros por "concepto"—por ejemplo el concepto "leopardo". No es esa su función:
"Los animales no tienen que pensar en leopardos una vez se ha ido un leopardo concreto. No tienen que preocuparse por lo que podrían hacer la siguiente vez que se encuentren con uno, ni trazar elaborados planes para evadirse de los leopardos. Recordemos que el aviso de leopardos del vervet sólo significa "leopardo" cuando hay un leopardo allí. Bien, lo que sostengo aquí es que su comunicación refleja directamente lo que sucede en sus mentes. No es lo que Hurford y muchos otros autores parecen pensar—que tienen una vida mental pero que nunca han encontrado la manera de comunicar esa vida. Al contrario, sólo se pueden comunicar sobre el aquí y ahora porque sus mentes sólo pueden funcionar en el aquí y ahora. No pueden pensar, como nosotros podemos, en leopardos en el pasado, o en el futuro, o sólo en su imaginación ("Me pregunto si podría domesticar un leopardo y tenerlo de mascota?") porque no tienen unidades mentales lo suficientemente abstractas con las que pudiesen hacerlo." (206)
Tienen memoria, por supuesto, y asociaciones mentales, y modos de acceder a sus recuerdos en situaciones concretas, pero no tienen manera de pensar mediante conceptos abstractos, porque en su mente "no hay neurona o cohorte de neuronas que funcione como un símbolo puro de 'leopardo'" (207). Es como la diferencia entre RAM y CAM en los ordenadores—random-access memory frente acontent-addressable memory; esta última asocia los datos relevantes estén donde estén almacenados, no sólo los asociados a una dirección concreta, y es por supuesto más compleja. Las respuestas de los animales son difusas—responden a un "leopardo" cuando hay un determinado número y nivel de neuronas asociadas a un estímulo o peligro—pero no se responde a un "leopardo" como tal "leopardo", pues cada vez puede haber una combinación de estímulos diferente: "Lo crucial es que no hay en ninguna parte un conjunto de neuronas fijo y determinado que represente 'leopardo' y nada más"—y lo que aporta el lenguaje es precisamente eso: "una vez tienes una palabra o un signo para 'leopardo' tiene que existir ese conjunto" (207). Y a ese conjunto se asocian todas las representaciones de "leopardos":
En otras palabras, lo que sostengo es que lo que dio lugar a los conceptos de tipo humano—cosas con una residencia permanente en el cerebro, en lugar de ir y venir cuando y a medida que se estimulan—fue la emergencia de las palabras. (207)
Los animales piensan sin palabras, y sin conceptos, en el sentido de que procesan impresiones, recuerdos, anticipan comportamiento... pero lo hacen todo online, en interacción con el mundo real. (Y no pueden hacerlo en la realidad virtual creada con el lenguaje). Los humanos piensan tanto online como offline, en red y desconectados, y también simultáneamente las dos cosas a la vez. El pensamiento en red puede ser consciente o inconsciente—a veces va asociado a comportamiento interiorizado, manipulación de objetos, etc. En cambio, "el pensamiento offline tiene que ser consciente, porque por definición las cosas en las que estás pensando no están ahí. Sólo los conceptos pueden estar allí." Más aún, lo que llamamos consciencia, arguye Bickerton, quizá sea el pensamiento offline, fuera de red (o el mundo virtual creado por el pensamiento a que nos referíamos en el enlace anterior). ¿Y el lenguaje?
"sin las palabras nunca habríamos llegado a tener conceptos. Las palabras son simplemente anclas permanentes que tienen la mayor parte de los conceptos—una manera de poner juntos todos los aspectos y sonidos y olores, todos los tipos variados de conocimiento que tenemos sobre aquello a lo que se refiere el concepto. Pero una vez el cerebro encontró dió con el tranquillo de construir conceptos, ya no necesitaba una palabra como base para un concepto nuevo. Sólo necesitaba algún lugar en el que todo el conocimiento pudiera converger y enlazarse a otros conceptos" (208).
Esta fue según Bickerton la manera en que comenzó la coevolucón del lenguaje y el pensamiento, que desarrollará algo más en el siguiente capítulo.
"Lo principal a tener en mente es que entre los humanos y los no humanos hay dos discontinuidades, no sólo una. Tenemos lenguaje, y ninguna otra especie lo tiene, y tenemos una creatividad al parecer ilimitada, y ninguna otra especie la tiene. El lenguaje y la creatividad son, a efectos prácticos, infinitos: ¿es esto una simple coincidencia? Que existan dos discontinuidades de esta categoría e independientes en una sola especie es algo realmente demasiado extraño en términos evolutivos. De modo que cuanto menos vale la pena explorar la posibilidad de que las dos discontinuidades tengan el mismo origen". (209)
Los conceptos humanos, como las categorías de la mente animal, clasifican las cosas en clases, pero además pueden ser evocados por otros conceptos incluso en ausencia de los objetos a los que se refieren, "Y así pueden usarse en el pensamiento desconectado, offline" (210). No hay nada en el comportamiento ni la psicología animal que requiera presuponer que tienen semejantes conceptos.
"Con el tiempo, el lenguaje y la cognición humana coevolucionaron efectivamente. Pero, antes, las primeras palabras tuvieron que desencadenar los primeros conceptos, y el cerebro tuvo que proporcionarles a esos conceptos unas ubicaciones neuronales permanentes. Sólo entonces pudo la creación de los conceptos capacitar a la mente para que pudiese vagar libremente por el pasado y el futuro, por lo real y por lo imaginario, igual que lo hacemos hoy en día en nuestra habla y nuestros escritos. Dicho de otro modo, antes de que pudieran desarrollarse maneras de conocimiento típicamente humanas, tuvo que crecer el lenguaje en sí. Y en el siguiente capítulo, veremos cómo" (210).
En el foro On the Human,Sarah B. Hrdy expone la teoría de su libro Mothers and Others: The Evolutionary History of Mutual Understanding (2009), en el que defiende el papel evolutivo que ha jugado en los humanos, y en el proceso de humanización, la necesidad de cuidar colectivamente a los bebés. Enfatiza así el papel evolutivo de amigas, abuelas, y otros tipos aloparentales en el desarrollo del pensamiento intersubjetivo. Peter Ellison resume la argumentación de Hrdy como sigue:
Hrdy's unique contribution is to argue that novel conditions of rearing, conditions that involve many caretakers beyond the biological mother, may have provided the selective context in which enhanced intersubjectivity originally evolved. All the precursors exist in other apes, especially chimpanzees, Hrdy points out, yet enhanced intersubjectivity may be what set humans on our own particular cognitive trajectory. Having previously, in Mother Nature, argued for the importance of allomothering in humans, to the point of categorizing us as 'cooperative breeders' (a special category to students of animal behavior), Hrdy has already prepared the ground for helping us to appreciate the special developmental context for human (and proto-human) infants. She points to a rich body of research that documents the emergence of intersubjectivity in infants as part of the exquisite choreography of interactions between babies and their caretakers. The complexity introduced by multiple caretakers, she argues, provides a particularly intense selective environment for honing intersubjectivity as it develops. It is a powerful, well-supported argument.
Derek Bickerton objeta que esta teoría no hace mucho por explicar el origen del lenguaje, que es lo que nos hace propiamente humanos. Yo comento a continuación:
There are all kinds of feedback processes in human evolution, so that perhaps it makes little sense to try to single out one specific cause or ingredient as the one which made humans human—but then reasoning demands that you should analyze these processes, instead of just pointing to the whole interacting lot. In this sense, Hrdy’s allomothering theory of sociality is of course illuminating and welcome. It may also provide a significant contribution to the theory of mind-reading, and once we have a primate with mind-reading abilities and the cooperative social structure required by this mode of child rearing we get much closer to defining human specificity. Of course there are many other ingredients left unaccounted for. Derek Bickerton points out that this does not account for the appearance of linguistic meaning and displaced reference, and indeed it doesn’t. This element too is crucial (perhaps “the” crucial one, pace myself) in articulating the communicative world that we recognize as human—although of course ‘human’ is a fuzzy concept, as it is defined by kinship and a potentiality for communication, not only by actual communicative interaction. One wonders though, if we keep on isolating ingredients in the human, what would be the value of an ability for displaced reference and meaning without any concomitant advanced abilities in mind-reading. Perhaps that might leave us as no more than upgraded bees, as against Bickerton’s upgraded bonobos! Human communication seems to require both language (meaning and reference) and mind-reading—that is, not just “knowing what someone says” but also “knowing what they actually mean”, or what they are trying to do with words. Social intelligence is so much an ingredient of language that it is actually the (moving) ground on which language is built.
Thou dost not see where thou hast lived so long,— The place is called the skull where thou dost tread. (Jones Very, "The Prison")
La vida es todo fantasía (Miguel Bosé, "Los del 56")
Me gustó The First Word de Christine Kenneally, aunque no contiene una teoría sobre el origen del lenguaje, sino una visión de conjunto de las teorías de diversos investigadores (Chomsky, Lieberman, Arbib, Deacon y otros), de la que emerge un panorama de conjunto, con no pocas convergencias y también contradicciones. Hay una traducción española por cierto, de Enrique Bernárdez.
Sobre las teorías del origen del lenguaje de Chomsky y de Arbib ya he escrito aquí alguna cosa—y sobre las de Darwin. También sobre Bickerton, cuyas últimas teorías no llega a cubrir este libro de Kenneally. Sí comenta una de las teorías más interesantes e influyentes en los últimos años, la de Terrence Deacon en The Symbolic Species: The Co-evolution of Language and the Brain (Nueva York: Norton, 1997). En sustancia, lo que propone Deacon es que el desarrollo cerebral de la especie humana va ligado al desarrollo del lenguaje. Así a grandes términos esto podría parecer innegable y poco problemático, pero claro, hay muchas cuestiones de timing de difícil comprobación. ¿Precedió la encefalización al desarrollo de un lenguaje elaborado, o incluso de un protolenguaje más complejo que la comunicación animal? ¿O por el contrario hay que entender que fue precisamente el desarrollo del lenguaje, en la medida de lo posible y con los medios limitados de a bordo, lo que actuó como un motor y un estímulo para el desarrollo cerebral? ¿Y cómo sucede eso?
Esta última postura es sostenida sin ambages por Bickerton, quien sostiene que el lenguaje hizo el cerebro humano, y no vice-versa. Una postura quizá más moderada sugiere el libro de Deacon, pero desde luego concediendo al lenguaje un papel muy activo en la construcción del cerebro—no va simplemente "a remolque" del desarrollo cerebral. Kenneally habla de coevolución en un sentido más amplio, entre el genoma humano y el lenguaje—la coevolución, poco estudiada aún, es "la manera en que el lenguaje y el genoma humano se han dado forma mutuamente" (250). Si consideramos la teoría de Bickerton sobre el lenguaje como la construcción de un nicho ecológico humano, la cuestión de la coevolución se vuelve primordial. Los humanos, como otros animales, construimos activamente el entorno ecológico en el que habitaremos. Con el caso particular, en el caso del cerebro, de que la coevolución supone aquí una intervención consciente sobre ese entorno, y a veces sobre el propio desarrollo del lenguaje y del cerebro. No hay que olvidar que gran parte de la construcción de lenguaje es producto consciente de las acciones de los hablantes, interviniendo de modo activo sobre cómo se habla y cómo se debe hablar.
Para Deacon, uno de los elementos de la coevolución es el uso de herramientas—que ya desde los australopitecos impulsó el desarrollo de un procesamiento simbólico, y la predisposición a usar símbolos en otros ámbitos. (Ver también "Language, Toolmaking, Reflexivity"). Aunque esto deja pendiente el problema de por qué no aparece un simbolismo complejo, mimético, etc., durante millones de años—y plantea la cuestión de qué es lo que sucedió exactamente en el lenguaje allá por los tiempos en que aparecen las primeras representaciones a través de imagenes, cosa mucho más reciente.
La coevolución propuesta por Deacon hace intervenir en la evolución el principio de la "evolución baldwiniana", que según la describe Kenneally "se da cuando el comportamiento de un animal contribuye efectivamente al entorno en el que toma forma la evolución genética" (250). Un ejemplo no cerebral es la tolerancia a la lactosa en adultos—producto de un gen que se ha difundido mucho entre las poblaciones con larga tradición de pastoreo (europeos por ejemplo) y nada en las poblaciones sin esa tradición (chinos, indios americanos). Aquí fue un comportamiento social, el pastoreo, el que contribuyó a la selección gradual de este gen. Para Deacon, de modo similar, el uso de herramientas en los humanoides primigenios seleccionó los genes que podían contribuir a ese comportamiento o hacerlo más eficaz—según lo pone Kenneally,
"No fue que nuestros cerebros se hicieran mayores debido al bipedismo o a cambios hereditarios o a otras razones, haciéndonos con ello más inteligentes y capaces de usar herramientas de piedra; más bien, empezamos a usar herramientas de piedra que son ligeramente más complicadas que las herramientas que usan los chimpancés incluso hoy en día, y como resultado nuestros cerebros se hicieron mayores" (Kenneally 251)
—teoría que en sustancia casa bien con la propuesta de Bickerton, a saber, cambios en el comportamiento que preceden al cambio genético, y lo impulsan. Con el desarrollo de una cultura compleja, la evolución baldwiniana adquiere cada vez más importancia frente a la simple selección natural. Cada vez más, "la interacción baldwiniana entre cultura y biología jugó un papel particularmente significativo" (Kenneally 251).
Pero hay una cuestión biológica especialmente llamativa en esta cuestión del desarrollo cerebral, sobre la cual llama la atención Deacon. Al crecer el cerebro, no creció de modo "equilibrado"—no se hizo un cerebro igual al que había, sólo que mayor—sino que, por el contrario, cambiaron sus proporciones estructurales. Fueron las partes exteriores del cerebro, y el cerebelo, lo que crecieron—con un enorme desarollo comparativo de la corteza cerebral, mientras que el resto del cerebro crecía siguiendo las proporciones esperables en otros cerebros de primates.
Aquí hay que señalar que si el hombre es excepcional entre los primates por su enorme encefalización, los primates son ya el grupo de animales más encefalizados comparativamente. Por lo cual somos un extremo de un extremo, o una excepción dentro de una excepción. (Para una exposición gráfica de estas proporciones, pueden verse los artículos al respecto de Stephen Jay Gould).
En el desarrollo embrionario puede verse el cambio de proporciones en el desarrollo del cerebro. La parte que habrá de convertirse en el exterior del cerebro abandona el ritmo de creciminento del resto, dejándolo atrás, cuando el cerebro aún no es sino un tubo neural. El crecimiento de esta parte está regulado al parecer por los genes Otx y Emx. Hay un "reloj del desarrollo" en los genes que con su activación y desactivación regula el crecimiento de los órganos—pues bien, en esta región se ha extendido comparativamente su actividad. (Lo cual puede hacer pensar en que los procesos de encefalización podrían haberse originado en parte por alteraciones genéticas—es decir, mutaciones).
Según Deacon, esta diferencia de desarrollo de unas y otras partes del cerebro significa que nuestra actividad cerebral está más orienbtada hacia algunos tipos particulares de procesamiento cerebral. El manejo y aprendizaje del lenguaje está distribuido por diferentes áreas del cerebro (no se limita a las conocidas áreas de Broca y Wernicke). Deacon sugiere que este problema de tipo nuevo para un animal requería un tipo de procesamiento que no puede ser realizado por los cerebros de mamíferos con su habitual estructura. El tipo de desarrollo cerebral con una gran corteza permitió que se desarrollasen estos tipos de procesamiento inhabituales. Son procesamientos que por otra parte activan tanto áreas primitivas del cerebro como otras de reciente formación:
"El hecho de que el lenguaje surja de regiones cerebrales en interacción dinámica, con sus enormemente diferentes historias evolucionarias (las más primitivas e inalteradas junto con las partes que se han modificado más recientemente) es otra razón por la cual no deberíamos conceptualizar el cerebro, o incluso otras capacidades mentales, como las matemáticas, como cosas monolíticas. En lugar de eso, arguye Deacon, surgen de un 'equilibro delicado de muchos sesgos de comportamiento, de aprendizaje y de percepción, complementarios y en competencia mutua'." (Kenneally 251)
También habrá que tener en cuenta que aunque las mutaciones que den lugar a encefalización puedan facilitar el surgimientos de estos procesos, también los cambios en el comportamiento a que den lugar estos procesos pueden favorecer la selección natural, y la selección baldwiniana, de estas mutaciones. De allí que tenga sentido hablar de coevolución o de influencia recíproca entre la encefalización y el desarrollo del lenguaje.
De hecho, según Deacon, no hemos podido entender hasta ahora cómo coevolucionaron el lenguaje y el cerebro porque la perspectiva era errónea:
"Desde el principio, los investigadores que estudiaban el lenguaje y el cerebro han supuesto que el cerebro vino primero. La línea de razonamiento habitual sostiene que el cerebro fue seleccionado para un aumento de la inteligencia general y que entonces desarrolló el lenguaje, que se basa en esa inteligencia optimizada. De hecho, dice Deacon, deberíamos contemplar el efecto del lenguaje en el cerebro, además del efecto del cerebro en el lenguaje" (Kenneally 252)
De hecho, a pesar de los argumentos de Bickerton y de Deacon, creo que la línea de razonamiento habitual no está tan equivocada. Sin detraer de esta importante intuición de Deacon, creo que el desarrollo del lenguaje viene de un desarrollo cognitivo previo—aunque a su vez el lenguaje diese lugar a un importantísmo desarrollo cognitivo ulterior.
Aquí es importante tener en cuenta la arquitectura básica del cerebro, su plan de base. Consta de dos hemisferios "mal comunicados" entre sí, pues sus conexiones se dan a través del tallo cerebral y del cuerpo calloso central que los une en su base y su parte central. (Ver "Dos medios cerebros"). Las partes desarrolladas más recientemente no tienen conexiones directas entre sí. Las dos medias cortezas están, podríamos decir, "desconectadas" una de otra en lo que se refiere a circuitos directos. El cerebro está más "integrado" por tanto en lo que se refiere a su base animal—el cerebro reptiliano, podríamos decir; las conexiones entre los hemisferios, con el resto del sistema nervioso, y con los órganos de los sentidos son allí mucho más directas y poderosas. Por el contrario, en la corteza, en todo el desarrollo "reciente" del cerebro, las conexiones con el otro hemisferio, con el resto del sistema neural y con los órganos de los sentidos son más indirectas. Donde sí son más directas es con las áreas inmediatamente vecinas. Esto tiene una importante consecuencia, que puede extraerse en líneas generales de la simple contemplación de la estructura de un cerebro, encerrado en su cráneo, en el último recoveco—en su caverna— sólo conectado con el mundo exterior a través de las partes más "animales", sensoriales y primitivas de su estructura. Gran parte de la actividad cerebral consistirá en autoproyecciones, reelaboracions mentales, procesamiento indirecto de información, autocomunicación, procesamiento y transformación de información ya codificada, para retransmitirla a otra sección cerebral.
A mi entender, para el desarrollo del lenguaje es necesario el desarrollo (primero desarrollo previo, y luego desarrollo en interacción dinámica con él) de la conceptualización, de la "clasificación" de las cosas en una estructura ordenada y delimitada. Tendemos una vez y otra a dar por supuesto que, al igual que las cosas existen antes que sus nombres, el mundo existe previamente a nuestra percepción. Y en cierto sentido sí, pero no es el mundo que percibimos y entendemos. Ese requiere una elaboración mental—y esa es la labor del cerebro, crear un mundo virtual que represente el mundo real de un modo acorde a las necesidades diferentes de cada animal. Las necesidades humanas resultan ser muchas y muy variadas. Tanto más si surgen distintos lenguajes y culturas que reorganizan el mundo a su manera. Es familiar, de entre estas ideas, la imagen del Curso de Lingüística General de Saussure en la que el pensamiento aparece como un todo fluido antes de que los conceptos le den forma. Entendido en sentido estricto, sería "una palabra, un concepto", y nuestro mundo estaría estructurado lingüísticamente. Es el exceso de la hipótesis de Sapir-Whorf que ya ha sido ampliamente refutada en unos sentidos, y confirmada en otros. Está claro que el lenguaje ayuda a la conceptualización, pero hay que distinguir la capacidad de conceptualizar de la capacidad de nombrar. Los conceptos (en sentido amplio, no el "significado" lingüístico) están hechos de una sustancia más compleja, pueden ir asociados a procesos de manipulación, por ejemplo, o de orientación, cuando no van asociados a una señal lingüística.
En algunos artículos, como éste sobre "Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico" exponía yo la noción de que existe un elemento reflexivo en la percepción, incipiente quizá en toda percepción, pero enormemente desarrollado en la percepción humana. Conocemos a base de ideas, reconociendo en el mundo lo que ya sabemos que está ahí—en un complejo proceso de ajuste y reinterpretación, naturalmente, modificando nuestras ideas previas sobre la marcha.... pero, y esto es lo esencial, proyectando al mundo nuestras ideas, es decir, iluminando el mundo real con el que interactuamos con el mundo virtual que le superponemos gracias a nuestra compleja actividad cerebral. Como los prisioneros de la caverna de Platón, creemos que las sombras que vemos son las cosas en sí... o quizá se entienda mejor exactamente al revés: creemos que las cosas existen al margen de las ideas, y en realidad no podemos ver sino las ideas que proyectamos sobre ellas. Las sombras, lo Real que diría el otro, nos es accesible indirectamente, y sólo gracias a sus representaciones en nuestro sistema cognitivo. También tenemos ideas de sombras, y de caos informes.
Con nuestro teatro mental recreamos el mundo, le damos forma— habitamos este mundo de la cabeza, y también interactuamos con otros cerebros en otras cavernas, también... pero somos de hecho muy intuitivamente conscientes de dos cosas: de que cada cual habita en su mundo, y de que todos han de encontrar un punto común de entendimiento en la realidad física que nos rodea, y en las necesidades más imperiosas que organizan la vida social.
Cosas inmediatas, que son la base del mundo. Las metafísicas ya son para gustos especializados, o las físicas cuánticas, que cambian de una edición a otra sin que se altere fundamentalmente el mundo interactivo humano sobre el que se construyen.
Deacon observa que el tamaño de tejido cerebral dedicado a cada tipo de procesamiento guarda proporción, en términos generales, con la cantidad de información procesada. Saquemos una conclusión sencilla:
"Una de las diferencias cruciales entre le cerebro humano y otros cerebros de mamíferos es que el nuestro es más grande en relación al cuerpo Esto deja una proporción considerable del cerebro humano, dice Deacon, que no está procesando información proviniente del exterior de la manera en que lo están haciendo las cortezas visual y auditiva" (Kenneally 252)
—porque puede darse por sentado que, en términos generales, no es una mayor agudeza de nuestros sentidos lo que requiere un mayor volumen cerebral para su procesamiento. Es la mayor complejidad de nuestro mundo social y de nuestras ideas lo que nos ocupa la cabeza. Y la del lenguaje, arguye Deacon—para él, la mayor parte de la información que requiere un procesamiento interno, de una a otra región cerebral, es información ligada a la actividad lingüística. El lenguaje sigue unas modalidades de organización y desarrollo propios—aquí vemos un punto de contacto entre las teorías de Chomsky, y las de Deacon—el lenguaje se desarrolla como un "virus" con estructuras y patrones propios—y arrastra en ese desarrollo, según Deacon, al desarrollo cerebral: "El lenguaje es autor de sí mismo, dice Deacon, y el cerebro es la 'prueba del delito' que deja el lenguaje" (Kenneally 252). En cierto sentido, si bien Deacon no propone un tipo especial de "órgano lingüístico" como hacía Chomsky, podríamos decir que el cerebro en su conjunto, tal como se ha desarrollado, es el órgano lingüístico. El tipo particular de procesamiento cerebral que favorece esta estructura cerebral, según Deacon, es el que ya he apuntado antes: el simbolismo, la organización cognitiva del mundo según patrones (dixit Deacon) mayormente lingüísticos:
"El resultado de esta coevolución del cerebro humano y del lenguaje es que ahora tenemos un sesgo cognitivo global hacia las 'extrañas relaciones asociativas del lenguaje'. En este sentido, a todo nuestro cerebro le ha dado forma el lenguaje, y muchos de nuestros procesos cognitivos son lingüísticos. Lo que esto significa, según Deacon, es que una vez nos hemos adaptado al lenguaje, no podemos sino ser criaturas lingüísticas. Para nosotros, todo es simbólico. De hecho, explica Deacon, el mundo virtual en el que habitamos es tan real, a veces más real, que el mundo físico. Incluso la tendencia a inferir la mano de un diseñador cuando nos encontramos con un diseño complejo (ya sea una deidad que ha diseñado toda la creación, o un órgano del lenguaje que genera los lenguajes humanos) surge del hecho de que somos una especie simbólica. Irónicamente, lo que hace difícil discernir cómo se desarrolló el lenguaje es resultado del hecho mismo del desarrollo del lenguaje. La red mundial de palabras y reglas en la que habitamos es tan extensa, contraída en sí, y espesa, que es difícil mirar adentro de ella desde fuera." (Kenneally 252-53)
Los cambios a que se refiere Deacon tuvieron lugar a lo largo de millones de años de evolución. Los cambios lingüíisticos de los últimos milenos, dice, están asociados más bien a desarrollos culturales, y a movimientos de población, que a modificaciones genéticas o biológicas. Si bien hay una indicación de que el tamaño del cerebro humano ha disminuido en los últimos diez mil años. (Y piénsese en el volumen cerebral de los neandertales, mayor que el del Homo sapiens).
Ahora bien, algunos autores hablan de transformaciones cerebrales importantes en los últimos miles de años. Pienso en la teoría de Julian Jaynes en The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind. Es una teoría muy discutida, casi mejor muy discutible, pero que puede contener un importante elemento de verdad. Según Jaynes, el origen de la consciencia moderna va unido a la desaparición de las "voces" que oían nuestros ancestros en su cabeza—las voces de los dioses, tal como las llamaban ellos, pero en realidad efecto cognitivo del desarrollo cerebral en dos hemisferios imperfectamente conectados. El desarrollo cognitivo iría unido a esta transformación de una mente dividida en dos, en la dirección de una mayor integración cognitiva. Y con ello también se han acallado los dioses y espíritus que rodeaban a nuestros ancestros por todos partes. Queda su recuerdo, en los testimonios de la literatura de los antiguos, y en las tradiciones religiosas; es posible que todavía este coro de voces interiores esté en parte activo.
Quién puede decir cuál es el efecto de fenómenos como la escritura y la alfabetización, y de otros fenómenos culturales, sobre las conexiones del cerebro. Y quién puede decir aún cuáles han sido los avatares del desarrollo de conexiones neuronales entre uno y otro hemisferio, y cuál ha sido el efecto de estas transformaciones en nuestra percepción de la realidad, o del mundo virtual que a veces confundimos con la realidad. Walter Ong, en Orality and literacy, también encuentra diferencias cognitivas importantes entre las comunidades alfabetizadas y las analfabetas.
Señala también Kenneally una posible conexión entre formas lingüísticas desarrolladas y formas sociales avanzadas, según las teorías de Jared Diamond y Peter Bellwood ("Farmers and Their Languages: The First Expansions" en Science 300, 2003). La agricultura y cría de ganado se desarrolló de manera independiente en al menos nueve focos distintos de comunidades humanas, entre el 8.500 y el 2.500 a.C.
"Los investigadores demuestran que las ventajas de la agricultura sobre el estilo de vida cazador-recolector, incluyendo mejor alimentación, poblaciones más densas y mayor resistencia a la enfermedad, estimuló la extensión de las comunidades agrícolas, y de su cultura y lenguaje con ellos. Proponen en sustancia que el lenguaje prehistórico y los genes se extendieron con la agricultura prehistórica, y que seguir la pista a unos iluminará los antiguos caminos tomados por los otros." (253)
Como se ve, hay muchos factores entrecruzados en la evolución del lenguaje y en su interacción actual con la mente y la cultura. Observa Kenneally, al cerrar su libro, que el lenguaje conforma nuestra identidad y nuestra cognición de modos irreveresibles; nos hace ser quienes somos. Y sin embargo no lo aprenderíamos si no nos lo enseñasen. Es ilustrativo su experimento mental de "los bebés de las Galápagos", al final del libro. Les pregunta a una serie de expertos si una sociedad de bebés que no hubiesen oído hablar a nadie serían capaces de desarrollar el lenguaje por sí solos, y cómo. Lo curioso es la falta total de acuerdo entre los expertos, prueba de lo poco que se sabe al respecto aún. (Chomsky, por cierto, n/s, n/c). En realidad el experimento no puede tener lugar, claro, y es puramente mental. El desarrollo y adquisición del lenguaje va necesariamente unido a la interacción entre individuos y entre generaciones, tanto que es impensable una solución a esta pregunta.
El lenguaje procede de una multiplicidad infinita de factores, no de uno solo—su historia y evolución van unidos a la historia y evolución de los humanos, de nuestro cerebro y de nuestras culturas. No se puede separar de la realidad en la que vivimos como si fuese un sobreañadido o componente aislable. Por lo mismo, preguntar por su origen y evolución es preguntarse por el origen y evolución de la humanidad, y del mundo que ha construido para habitar en él.
"Remóntate ahora, en pensamiento, al entramado de lenguaje que cubre el mundo. Imagina todas las redes lingüísticas, de padre a hijo, que se extienden desde el presente, remontando el tiempo. No es de extrañare que los humanos sueñen en los mitos y en el arte con otros mundos, porque todos tenemos la experiencia de habitar un mundo y, al enseñársenos el lenguaje, cruzar una puerta y entrar en otro distinto. Hasta los físicos están obsesionados con la idea de un multiverso. Pero ya vivimos en uno." (Kenneally 290)
Con lo cual también está asegurado que nadie dirá la última palabra sobre la relación entre lenguaje, cerebro, evolución y cultura humana.
El dilema del prisionero es un experimento de teoría del juego diseñado para estudiar estrategias de cooperación y sus límites. Como todos los enfoques de teoría de juegos, es un modelo abstracto y descontextualizado del comportamiento humano. Aun así, los resultados que arroja cuando se somete a prueba a los prisioneros son interesantes. Sigo la exposición de Martin A. Nowak, Robert M. May y Karl Sigmund en "La aritmética de la ayuda mutua" (Scientific American, junio de 1995), que intentan averiguar si puede haber una selección natural de las estrategias cooperativas. Visto que la teoría evolucionaria de Darwin enfatiza la competición entre los individuos, y la de Kropotkin (en Mutual Help,1902), la cooperación.
El dilema del prisionero puede formularse así. Se da a dos prisioneros la oportunidad de cooperar, cubriéndose las espaldas mutuamente, o de denunciarse uno a otro. Si ambos cooperan, salen ganando (tres puntos a cada uno, pongamos). Si uno de los dos es denunciado por el otro, sabe que perderá (cero puntos) mientras que el que lo ha denunciado obtendrá cinco puntos. En cambio, si los dos desertan, y se denuncian mutuamente, obtienen un punto cada uno. ¿Qué estrategia es la favorecida por la selección natural?
Bien, pues el resultado es maquiavélico. Aunque la recompensa por cooperación es objetivamente mayor, la tentación de denunciar al otro resulta ser dominante. De modo que, sea cual sea la opción tomada por el otro jugador, la mejor opción para cada uno es siempre desertar y traicionar. Una lógica que lleva al derrumbamiento de la confianza mutua, en estricto cálculo. (Auque los autores admiten que la gente de hecho normalmente coopera, por razones morales, generosidad, etc. que no son contempladas por el modelo).
Los autores hicieron simulaciones por ordenador de muchas generaciones de jugadores, para ver si se confirmaban las estrategias en múltiples jugadas, teniendo en cuenta el resultado variable de las jugadas anteriores. Los resultados, tal como los comunican, son entre esperanzadores y escalofriantes, por la manera en que sugieren que el orden social (en la versión abstracta que identifica el modelo) es precario e impredecible:
"Seguimos muchas de estas rondas de selección de mutaciones durante millones de generaciones, no porque la emergencia de la cooperación necesitase tantas iteraciones, sino porque esta extensión nos permitía someter a prueba un número muy grande de estrategias posibles. A pesar de la rica diversidad evidenciada en estas crónicas, nos llevaron invariablemente a ciertos resultados simples y claros. El primero es que la ganancia media obtenida por la población puede cambiar de repente. De hecho, el comportamiento que encontramos es un caso ejemplar de equilibrio puntuado en la evolución biológica. La mayor parte del tiempo, o bien casi todos los miembros de la población cooperan, o casi todos desertan. Las transiciones entre estos dos regímenes son normalmente escasas y abruptas, y llevan sólo unas pocas generaciones. Encontramos que en una fase avanzada del desarrollo, los períodos de estabilidad tienden a durar más. Y había una tendencia definida hacia la cooperación. Cuanto más tiempo se permitía evolucionar al sistema, más grande era la probabilidad de que floreciese un régimen cooperativo. Pero siempre persistía la amenaza de un derrumbamiento súbito."
En la sociedad, este derrumbamiento súbito puede llamarse guerra, revolución, caos, histeria colectiva, crisis financiera... Aun teniendo en cuenta lo abstracto del modelo, se reconoce en él un ingrediente sin duda presente en la dinámica individual y colectiva de las decisiones interactivas.
Para los organismos simples, si la vida es breve e impredecible, hay poca presión selectiva para hacer inversiones a largo plazo. En los organismos complejos y sociales, estas estrategias tienden a tener más éxito por una razón que proponen los autores: los organismos tienden a cooperar siempre con un grupo reducido de otros organismos, de modo que la presión del reconocimiento mutuo haga más plausible la cooperación que la deserción. Este resultado también tiene su interés si lo extrapolamos al desarrollo de la civilización—que supone el paso de pequeñas comunidades locales a grandes urbes anónimas, y de una población fija a una población emigrante o móvil según las necesidades del mercado de trabajo. Según Nowak et al.,
"No debería ser sorpresa que la cooperación es más fácil de mantener en una población sedentaria: los desertores pueden florecer en una muchedumbre anónima, pero la ayuda mutua es frecuente entre vecinos. Ese concepto está bastante claro. Pero en muchos casos, las interacciones estructuradas territorialmente promueven la cooperación, aunque no se espere un encuentro subsiguiente para continuar el juego. Este resultado favorece la cooperación incluso en la ronda única, que parecía no tener esperanza posible, del Dilema del Prisionero"
Si la territorialidad da estabilidad, la movilidad territorial favorecerá el cálculo individual y las estrategias no cooperativas en la sociedad. La interacción estructurada territorialmente puede formularse quizá también en otros términos como una fijación estructural de los individuos—sujetos a la estructura social por su identidad. Los ámbitos de identidades móviles, provisionales o flotantes— las identidades características de la postmodernidad—tenderán por tanto a favorecer las estrategias maquiavélicas y de deserción. Estas extrapolaciones sociales no son de los autores, sino mías—y me temo que de cualquier prisionero, que todos lo somos en este modelo.
Derek Bickerton admite que ha cambiado de postura sobre muchas cuestiones, aunque siempre intentando explicar por qué. Ha sido, en tiempos, más chomskiano que ahora, pero aun con todo quiere evitar el "antichomskianismo vulgar"—admira la labor de Chomsky en tanto que teorizador de la sintaxis. (Lo malo, diría yo, es que en el paquete de esa teoría sintáctica va toda una teoría del lenguaje que la hace estar un poco peor orientada). Pero en todo caso Bickerton considera que la idea de Chosmky sobre cómo evolucionó el lenguaje está completamente equivocada. Durante años Chomsky no se interesó por la teoría de la evolución ni por el origen del lenguaje, considerándolo más bien un pseudo-problema. No tenía sentido, decía Chomsky, intentar explicar la evolución del lenguaje a partir de sistemas de comunicación más primitivos—tan especial era el lenguaje. Negó repetidamente que la selección natural pudiera tener nada que ver en el desarrollo del lenguaje. Una actitud ésta un tanto sorprendente en alguien supuestamente interesado por el aspecto biológico del lenguaje. Y de repente en 2002 Chomsky publicó un artículo en colaboración con dos autores con los que hasta entonces había mantenido posturas opuestas, Marc Hauser y Tecumseh Fitch, que venían defendiendo todo lo contrario. ¿Cuál era el punto de encuentro? Pues se dividió el territorio del lenguaje, en una facultad del lenguaje en sentido amplio, terreno de interacción con otros sistemas cognitivos, desarrollados por selección natural, exaptados y no originalmente lingüísticos, etc.—y, como núcleo "duro" de ésta, el terreno propiamente chomskiano, la facultad de lenguaje en sentido estricto, lo que Chomsky denomina un "sistema computacional interno", que rige la sintaxis—recordemos que ésta siempre ha sido el sacrosanto núcleo del lenguaje en la teoría de Chomsky. De hecho, incluso el mecanismo de la recursión podría haber sido exaptado, o podría tener raíces cognitivas comunes en otras especies, según la nueva teoría:
"Chomsky dejó de insistir en el carácter único del lenguaje en su conjunto, y en el grado en que es algo aparte de las capacidades de otras especies. A cambio recibió la confirmación del status especial de la recursión en tanto que mecanismo central de la sintaxis, y la sintaxis era, claro, lo que siempre había contemplado él como el componente más esencial del lenguaje" (173-74).
Y aunque Chomsky aceptase que había fenómenos recursivos en otras especies, podía seguir sosteniendo que la selección natural no la había originado como mecanismo lingüistico—evitando así contradecir su postura anterior. (Según esta caracterización de la postura de Chomsky, el origen de muchos "ingredientes" lingüisticos se debería a resultados colaterales de la evolución, o a la exaptación—pero parece difícil evitar dar un papel a la selección natural en el desarrollo del lenguaje una vez empezaron a interactuar estos materiales heterogéneos).
Para Bickerton, este "arreglo" o nueva versión sigue ignorando la evolución humana. La propuesta de Chomsky, Hauser y Fitch es abstracta, no se refiere a ninguna especie humana o protohumana, ni a la evolución, ni a sus modos de vida, ni se propone una antigüedad dada.... (Irónicamente, algunos de estos reproches podrían hacérsele a la propuesta del propio Bickerton en este libro. Nunca sabemos si cuando habla de "Adán" está hablando de australopitecos, de Homo Sapiens, de Homo Ergaster, de neanderthales....). Bickerton lo encuentra extraño dado que Fitch y Hauser son biólogos. La teoría recuerda a la de Charles Hockett, que en 1960 había distinguido 13 propiedades diferentes del lenguaje, de las cuales sólo una o dos eran exclusivas de la especie humana. Son como bloques o piezas de cuya combinación surge el lenguaje—algunos de dudosa relevancia para el lenguaje humano, según Bickerton, como las analogías con las vocalizaciones de pájaros y primates. Pero el mayor error, dice Bickerton, es que de una "lista" así no sale una explicación de cómo evolucionó el lenguaje—de cómo empezaron a interactuar esos mecanismos.
"Lo que propongo aquí es una especie que empezó sólo con algunos de los requisitos previos para el lenguaje, y que desarrolló el resto sobre la marcha, mientras construía el nicho lingüístico" (176)
(Como decía, Bickerton nunca especifica esta especie... Aunque ateniéndonos a su teoría sobre la influencia del lenguaje en el desarrollo mental, podríamos postular, cosa que él no hace, la aparición de un sistema de ACS elaborado en los australopitecos, un protolenguaje simple en las primeras especies de Homo (habilis, ergaster, erectus...), una especie de pidgin primitivo entre Neandertales y primeros Homo sapiens, y un desarrollo súbito de lenguaje complejo y pensamiento, el big bang propiamente dicho, en el Homo sapiens de los últimos 40.000 años).
Lo que impide a la gente aceptar esta evolución gradual de los fenómenos lingüísticos es una noción errónea de cómo funciona el genoma. Se tiende a presuponer que los genes dan instrucciones inmutables, que nos determinan. Pero el comportamiento es mucho más variable de lo que esto permitiría suponer: "La plasticidad del genoma es uno de los hechos más subestimados en la ciencia" (176).
Hauser escribió La Evolución de la Comunicación, que para Bickerton colocaba demasiado énfasis en el lenguaje como la culminación de la evolución, con una tendencia a presuponer que la razón de esta culminación es "el carácter único del ser humano". Ahí está el error según Bickerton, en empezar con lo que los humanos tienen de único o especial—empezamos a utilizar a los humanos como listón para las otras especies. (Ah, pero sí lo tiene.... el centro es el que organiza nuestra perspectiva del paisaje. Y poner a los humanos como listón o término de comparación es algo que en última instancia es inevitable, creo....). El artículo de Chomsky, Hauser y Fitch proponía un programa de investigación con todo tipo de seres para ver cuáles tienen qué capacidades que pudieran contribuir al lenguaje.... una orientación errónea para Bickerton. La idea sugerida por el artículo era que la facultad del lenguaje en sentido estricto resultaría ser sólo la recursión, y que la capacidad de recursión si se encontraba en otra especie tendría una función totalmente distinta. Sería el "sistema modular impenetrable", el órgano del lenguaje que buscaba Chomsky—lo malo sería explicar cómo se hizo penetrable, y ahí no entraban.
Estas objeciones no se plantearon en el debate subsiguiente sobre el artículo en Cognition—sólo sobre si tal o cual cosa debería ser parte del módulo estricto del lenguaje o no—es decir, se aceptaba la perspectiva de la situación propuesta por el artículo de Hauser et al. Tampoco había ningún interés por saber si pasó algo entre el alba del lenguaje y su desarrollo. En suma, se ignoraba la evolución del lenguaje. En una conferencia, Chomsky ofreció su versión de cómo habría surgido el lenguaje. Existiendo ya en los humanos conceptos de un tipo especial—previamente a la aparición del lenguaje, conceptos distintos de los conceptos animales—se dio, de algún modo, en el cerebro humano, una reorganización que permitió la aparición de la fusión sintáctica (merge, el concepto central de la última fase del generativismo chomskiano, traducido normalmente por "ensamble"). Aplicándose esta fusión o ensamble a los conceptos humanos, se desarrolla un pensamiento más complejo... y aparece el lenguaje, "people start talking", según lo pone Bickerton en tono un tanto sarcástico. Pero esto deja sin explicar de dónde surgieron esos conceptos ya humanos que preceden al lenguaje. Parece ignorar Chomsky que la selección natural tiene lugar mediante la interacción con el mundo en acontecimientos externos, y no en procesos internos al organismo—"Pero, para Chomsky, el lenguaje tuvo que evolucionar dentro del organismo antes de poder aparecer fuera del organismo" (183). (En suma, la teoría de Chomsky no relaciona la aparición del lenguaje con la comunicacion, ni con el comportamiento, ni con la interacción social. Es una teoría interesada únicamente en la aparición de la sintaxis, y eso le hace perder la perspectiva de conjunto de modo radical. Para Bickerton, el pensamiento y los conceptos lingüisticos no pueden preceder al lenguaje:"¿Cómo podemos saber lo que pensamos antes de ver lo que decimos?", pregunta. Y aquí su teoría tiene una vez más un interés desde el punto de vista de la hermenéutica de la retrospección. Hay una especie de falacia retrospectiva inherente a la manera en que contemplamos el lenguaje:)
"El hecho de que el lenguaje se ahora el principal motor del pensamiento no tiene ninguna implicación para su status cuando empezó. Esa es la falacia del uso primordial, la idea de que lo que una cosa empezó a hacer será lo que hace mayormente hoy en día—y vice versa, naturalmente. Fue la falacia del primer uso lo que llevó a Robin Dunbar a proponer al cotilleo como el motor de la evolución del lenguaje, sólo porque el cotilleo es la cosa para la que más se utiliza hoy en día el lenguaje (hablado). Si la falacia del uso primordial fuese cierta de los ordenadores, se habrían usado en primer lugar para enviar correo electrónico y para surfear por Internet, y algunos somos bastante viejos como para acordarnos de lo grande que sería esa falacia. Ciertamente, el lenguaje es ahora el medio que utilizamos para estructurar el mundo del pensamiento, pero nunca habría despegado del suelo, nunca se habría desarrollado para convertirse en lo que es hoy, y ciertamente nunca hubiese potenciado el pensamiento, si no hubiese entrado por primera vez en el mundo real bajo la forma tangible de la comunicación. Como mostré antes, sólo los acontecimientos externos pueden dar forma a los acontecimientos internos, poque sólo los acontecimientos externos son visibles para la selección natural." (185)
Chomsky y sus seguidores, como buenos "estructuralistas", en el sentido de Saussure y en el que usa Gould para hablar de "estructuralistas" en biología, prefieren invocar leyes formales, principios de desarrollo inherente, etc. La teoría de Bickerton, en cambio, subordina el desarrollo del lenguaje a la interacción comunicativa y a la supervivencia en un entorno ecológico que requería la comunicación. Los demás usos del lenguaje siguieron a éste.
La teoría de Chomsky idealiza muchos aspectos del lenguaje (para empezar, diría yo, idealiza el lenguaje en su conjunto, o más bien lo reduce a algunos aspectos ideales ignorando los demás: la evolución, las variedades sociolingüísticas, la adquisición....). Igual que idealiza la adquisición infantil del lenguaje, convirtiéndola en algo instantáneo, idealiza la adquisición del lenguaje por parte de la especie. No entiende de procesos: entiende de estados—(y así lleva a un extremo las idealizaciones saussureanas. Chomsky siempre ha sido un estructuralista elevado al cuadrado). En su teoría no hay lugar para un protolenguaje: el lenguaje aparece de repente con la función de fusión sintáctica—(Lo cual es antievolutivo. Y, encima, en cierto sentido el lenguaje ya estaba allí en esos "conceptos humanos" que le preceden. Lo cual también es antievolutivo).
Bickerton pasa a criticar el concepto de "fusión" o "ensamble" (merge) de Chomsky, o más bien la manera en que lo aplica al lenguaje. Señala que, para Chomsky, este concepto no sería aplicable a un protolenguaje, que por tanto no tendría sintaxis ni relaciones gramaticales. También observa que para Chomsky, la fusión se da sólo en el seno de la frase (su gramática continúa siendo oracional), aunque de hecho hay unidades discursivas que, sin fundirse sintácticamente, simplemente se añaden unas a otras, de modo aditivo—hasta el infinito, algo que Chomsky parece restringir a los procesos recursivos. En suma, que un protolenguaje hecho de unidades superpuestas no tiene por qué ser finito, contra lo que diga Chomsky.
(De hecho, lo que se evidencia es la insuficiencia de un concepto único de "fusión" o "ensamble" para dar cuenta de la creación de formas lingüísticas. Los párrafos, a nivel discursivo, sí están fusionados, pero no en el sentido gramatical del término. Constituyen, sin embargo, formas menores sometidas a una estructura argumentativa superior. La teoría de Chomsky, idealizando las nociones y volviéndolas abstractas hasta que pierden sus sentido, crea así un mundo propio que va a poder contribuir muy poco tanto al análisis global del lenguaje como al de su evolución. Sobre el concepto de "fusión" y de creación de formas, sería mucho mejor emplearlo de un modo flexible—como requeriría una noción tan abstracta y general—a niveles distintos de gramaticalización. Así, un sintagma nominal es una unidad rodeada de un pequeño marco "imaginario" que la hace manejable y combinable con otras piezas; y este proceso tiene una analogía con la formación de unidades mediante enmarcamiento (framing, diría Goffman) en otros aspectos del lenguaje: por ejemplo, una cita en estilo directo también tiene su propio marco. Los dos marcos son de tipos distintos, y sin embargo hay que reconocer su naturaleza común en tanto que marcos. Las formas lingüisticas, y no sólo las sintácticas, son así una gama de marcos de diversos tipos, que forman un continuo con marcos perceptuales o conceptuales no lingüisticos. Es éste el mejor camino para imbricar el lenguaje en la cognición y en la percepción, así como la vía hacia un continuo con el pensamiento animal. Quizá esta consciencia de la estructuración cognitiva del mundo en secuencias, partes, procesos, etc., falta en la teoría de Bickerton, como en las teorías lingüísticas que tienden a reducir el sentido del mundo a sentido lingüistico, y su estructuración a una estructuración lingüística. Goffman, con su noción de que la SITUACIÓN, la ACCION, y la INTERACCIÓN, vinieron antes que la palabra, podría aportar un correctivo saludable).
En suma, Bickerton coloca la interacción comunicativa primero, la formación de conceptos después, la aparición de la fusión sintáctica y la consiguiente remodelación conceptual luego, dando lugar a conceptos humanos, y a capacidades de pensamiento complejo:
"Chomsky cree que el pensamiento humano vino primero, y permitió la aparición del lenguaje. Yo creo que el lenguaje vino primero, y permitió la aparición del pensamiento humano". (191)
Este modelo explica cómo una fase surge a partir de otra, cosa que no hace el de Chomsky. En cuanto a la fusión sintáctica, "un proceso que no requiere una derivación especial, ya que surge de la manera en que el cerebro maneja cualquier dato, aparece tan pronto como hay unidades semánticamente capaces de fusionarse" (190). (Este planteamiento de Bickerton es de hecho más consistente que el de Chomsky con teorías como la de la coevolución del lenguaje y el cerebro formulada por Terrence Deacon. Para Deacon, no se desarrolló primero el lenguaje y luego el cerebro, sino que el lenguaje impulsó el desarrollo del cerebro). Hay que señalar que Bickerton, cuando da la prioridad al lenguaje como motor del pensamiento, y no viceversa, está hablando de las primeras fases, de la aparición misma de las primeras palabras:
"Y, naturalmente, una vez estuvieron plenamente establecidos los procesos de los que he hablado, el lenguaje y el pensamiento humano con toda certidumbre sí coevolucionaron" (191)
(Coevolución, siempre. Lo que es debatible es qué aspecto puede haber sido más influente en una fase dada).
Una de las más complejas teorías de la evolución fue formulada por Herbert Spencer hace más de cien años: la primera edición de su libro First Principles es de 1862, y la última revisada por el autor es de 1900. Resulta irónico que hoy se vea en Spencer una especie de epígono de Darwin, pues la teoría de la evolución de Spencer no sólo precedió al Origen de las Especies en Social Statics (1850), sino que es mucho más compleja y amplia que el darwinismo. Es una teoría de la evolución global del universo y sus fenómenos, no sólo una teoría de la evolución de las formas vivas, aunque dentro de ella haya sitio para una evolución de los seres vivos, aspecto en el que Spencer remite con frecuencia a Darwin. Pero trata también de la evolución de muchos más fenómenos, a nivel físico-matemático, cosmológico y astronómico, geológico, biológico, psicológico, sociológico, económico y cultural.
Evidentemente, su concepto de evolución es mucho más abstracto y general que el de Darwin, pues pretende englobar una multitud de fenómenos en los que la teoría darwiniana ni entra ni sale. Para Darwin, la teoría de la evolución no se ocupa ni siquiera del origen de la vida, pues nunca se arriesga a escribir sobre este tema. Sugiere Darwin que todos los seres vivos descienden de una forma original, pero no especula cómo se originó esa forma al margen de decirnos en lenguaje pseudo-bíblico que "se le insufló la vida". El darwinismo se ocupa de la evolución entendida como la formación de variedades diversas de seres vivos: evolución es, para Darwin (que no gusta de usar el término), "descendencia con modificación" y origen de las especies y variedades de seres vivos. Tampoco se ocupa Darwin de englobar fenómenos biológicos como la consciencia, mientras que la evolución de ésta es crucial en la teoría de Spencer.
La definición de evolución Spencer es más general y ambiciosa, demasiado seguramente:
La evolución es una integración de materia unida a una disipación del movimiento; en las que la materia pasa de una homogeneidad relativamente indefinida e incoherente a una heterogeneidad relativamente definida y coherente; y en las que el movimiento retenido experimenta una transformación paralela. (358-59).
Ejemplos de esta relativa integración son, a distintos niveles,
- la formación de un planeta a partir de materia aislada. - la formación de seres pluricelulares a partir de organismos unicelulares. - la formación de sociedades complejas unificando poblaciones dispersas - la integración de los sistemas productivos y económicos en una economía global
Ejemplos de la heterogeneidad creciente que acompaña a cada una de esas unificaciones podrían ser:
- la formación de planetas con características diferenciadas en distintos puntos del sistema solar. - la diversidad de formas pluricelulares y de estructuras anatómicas comparadas con la relativa uniformidad de los seres unicelulares. - la diferenciación de clases sociales y de oficios en una nación - la división global del trabajo y la especialización extrema de la producción permitida por las comunicaciones.
Spencer no conocía Internet ni el GATS, pero los procesos de globalización, la economía de la larga cola, etc. no son sino un corolario de esta ley de la evolución. También habla de la Unión Europea, basándose en datos y en procesos históricos, en la era victoriana—mucho antes de que esta idea llegase a la cabeza de ningún político.
Tampoco habla Spencer en detalle del origen de la vida y de la consciencia, pero los ubica en el marco de esta teoría general de la evolución de la complejidad. (Hay que decir que si también es "evolución" en un sentido más general cualquier cambio, incluyendo los procesos de desintegración y desagregación, para Spencer esos deben ser tratados como un proceso inverso—a la evolución integradora y complejificadora, que se da en ciertos lugares del universo, puede sucederle, o darse a la vez en otros, la disolución, una tendencia a lo que otros han llamado la entropía, con la reducción de la heterogeneidad. La consciencia es, en el marco de la teoría de Spencer, un fenómeno posible en procesos vitales muy complejos y de alta heterogeneidad. (Es muy consonante con la teoría de Spencer la teoría de la consciencia desarrollada por G. H Mead en su Filosofía del presente, y es tentador completar estas dos teorías de la complejidad una con otra).
Esta integración global de los procesos evolutivos, y esta noción de la consciencia, no pueden sino culminar en una filosofía de la evolución que se redefina a sí misma en tales términos. La filosofía habrá de ser un proceso de integración, y en tanto que es la más alta actividad de la consciencia, la filosofía debe concebirse a sí misma en estos términos y ser consciente de lo que es, contemplada en el marco de los procesos evolutivos generales. (Y perdónese, a Spencer, o a Hegel, si en estos planteamientos hay algo de reflexividad circular, inevitable por definición, o de autoencumbramiento del propio sistema, cuya justicia yo no les discutiré).
Spencer no usa el término "consiliencia", tan de moda desde E. O. Wilson (Consilience: The Unity of Knowledge, 1998), pero no puede ser más claro ni más ambicioso que Wilson a la hora de formular este objetivo. Sin necesidad de reorientar la tarea de la filosofía, encuentra Spencer, implícita en la idea misma de filosofía esta presuposición y finalidad— "la implicación tácita de que la Filosofía es el conocimiento totalmente unificado" (484).
Después de la definición de la tarea, sienta en First Principles las bases axiomáticas del conocimiento, las "proposiciones fundamentales, o proposiciones no deducibles de otras más profundas", derivadas de la naturaleza misma de nuestra racionalidad—"tomamos como datos aquellos componentes de nuestra inteligencia sion los que no pueden tener lugar los procesos mentales que implica el filosofar" (484)—y de allí pasamos a ciertas verdades primarias, que para Spencer son "la indestructibilidad de la materia" (algo que tendrá que verse modificado por las ecuaciones de Einstein), y "la continuidad del Movimiento", ambos derivados del principio más general de "la persistencia de la Fuerza". Por derivación surgen de aquí otros principios básicos de la física, como "La Persistencia de las Relaciones entre Fuerzas", consecuencia necesaria del principio de que la fuerza no puede ni surgir de la nada ni ir a parar a la nada. (La teoría del Big Bang y de los agujeros negros somete estas nociones victorianas a unos límites más allá de los que no podemos ir, y a los cuales tampoco se acerca Spencer, que se mueve en un universo más newtoniano).
El siguiente paso del razonamiento es que "las fuerzas que parecen perderse se transforman en sus equivalentes en otras fuerzas: o, inversamente, que las fuerzas que se hacen manifiestas, lo hacen por la desaparición de fuerzas equivalentes preexistentes. Estas verdades las encontramos ilustradas por los movimientos de los cuerpos celestiales, por los cambios que tienen lugar en la superficie terrestre, y por todas las acciones orgánicas o supraorgánicas" (485)— Por ejemplo, nos recuerda Spencer qué enorme proporción de las fuerzas biológicas o geológicas de la Tierra son producto de las transformaciones de la radiación solar.
Otras leyes se derivan del principio de la conservación de la fuerza, e ilustran a su vez múltiples fenómenos físicos, biológicos o neurológicos-psicológicos. Así, la ley del mínimo esfuerzo, la "ley de quetodo se mueve siguiendo la línea de menor resistencia, o la línea de mayor tracción, o la resultante de ambas" (485). Es de notar cómo, mucho antes de Cajal o de la neurociencia, actúa aquí Spencer como puente entre la psicología de asociación de ideas de Locke y la moderna ciencia de las conexiones neuronales:
"Una estimulación implica una fuerza añadida a, o desarrollada en, esa parte del organismo en la que se asienta; mientras que un movimiento mecánico implica un gasto o pérdida de fuerza en la parte del organismo en la que se asienta: implicando alguna tensión de estado molecular entre los dos puntos. De aquí que si, en la vida de un animal diminuto, hay circunstancias que llevan a que una estimulación en un lugar concreto vaya seguida habitualmente de una contracción en otro lugar concreto—si hay así un movimiento repetido a través de alguna línea de resistencia mínima entre estos dos puntos, ¿qué habrá de resultar en lo que respecta a la línea? Si esta línea—este canal—está afectada por la descarga—si la acción obstructiva de los tejidos atravesados implica alguna reacción sobre ellos, deduciendo su capacidad de obstrucción; entonces un movimiento subsiguiente entre estos dos puentos se encontrará con menor resistencia que el movimiento previo, y consiguientemente utilizará este canal de modo todavía más decidido. Cada repetición disminuirá todavía más la resistencia presentada; y así gradualmente se formará una línea de comunicación permanente, que diferirá grandemente del tejido en torno en lo que respecta a la facilidad con la que la recorre la fuerza. De aquí pueden surgir en las criaturas pequeñas unas conexiones nerviosas rudimentarias." (§79; 211-212)
El mismo principio se aplica a los hábitos, aprendizaje, asociaciones de impresiones y recuerdos, etc.
Otro de los principios básicos derivados es el de el Ritmo de Movimiento, la creación de alternancias por composición de fuerzas, repeticiones, ondulaciones, o equilibrios parciales de fuerzas—de hecho, si existe la vida y el orden y la consciencia, es porque las fuerzas se han dispuesto de modo complejo y rítmico, y porque se dan grandes procesos de equilibrios de fuerzas de larga duración.
De este modo, Spencer asienta el conocimiento de los fenómenos naturales sobre una física que a su vez reposa sobre los principios necesarios para la comprensión racional de los fenómenos. Es labor de la Filosofía la comprensión de cómo los diversos fenómenos físicos y cósmicos obedecen a una lógica común, una "lehy de cooperación" (lo que G. H. Mead llamará la socialidad básica de los fenómenos físicos, presente desde la interacción de fuerzas hasta los fenómenos conscientes). "Y por tanto, en la comprensión del Cosmos como algo conforme a esta ley de cooperación, debe consistir la unificación más alta que busca la filosofía" (486).
La ley que buscaba Spencer, una ley que explique "la redistribución continua de la Materia y del Movimiento" podría verse realizada, al menos en parte, en la relatividad de Einstein, y especificada en concreto en la fórmula que relaciona la energía y la materia, e=mc2.
Idealmente, esta filosofía global, o ciencia consiliente, debería ser capaz de explicar todos los fenómenos "en su paso de lo imperceptible a lo perceptible, y en su vuelta a los imperceptible". Este paso se da en cada uno de los fenómenos universales, y también en el Universo entendido en su conjunto. Es la historia de todo, el proceso de desarrollo de los fenómenos que Spencer llama evolución.
Es interesante, para mí, la dimensión historiográfica-narrativa de este proyecto filosófico. Una filosofía de la evolución es, a la vez, el una teoría global de la historia del universo, en sus fenómenos físicos, astronómicos, geológicos, biológicos. Incluye una historia de la evolución humana, aunque no se ocupe Spencer de este asunto. Sobre esta concepción también se asientan las historias de la historia: el desarrollo de las culturas y sociedades, y de los fenómenos psicológicos e ideológicos. Un fenómeno es comprensible, por una parte, como manifestación de principios básicos que lo generan; por otra, como parte de un contexto más amplio. Así, la historia de cada fenómeno, "en su aparición y hasta su desaparición", se asienta en una historia más amplia, o en un marco general de todas las historias.
Todo esto tiene una dimensión narrativa, y desde luego muchas implicaciones para la teoría de la narración. Al analizar el anclaje narrativo, mostramos cómo cada narración no es un fenómeno simple—narratológicamente simple—sino que está compuesto por muchos otros fenómenos narrativos: procesos, anécdotas, historias previas, arquetipos, marcos de interpretación, argumentos virtuales... Todos estos encuentran su anclaje en la narración en cuestión que los enmarca y relaciona, pero únicamente pueden hacerlo a través del lazo que proporciona la narratividad general de la realidad, ese carácter relacional de todos los fenómenos de evolución y desarrollo temporal que puede encontrar una base para su conceptualización en una filosofía evolutiva y consiliente como la expuesta aquí por Spencer. Cada vez que en una narración se presupone un determinado modo en que las cosas son o suceden, o cada vez que se alude a una "gran narración" (como la expansión del capitalismo, la civilización, la urbanización o globalización, etc.) como marco para la experiencia narrada, es a semejante comprensión narrativa de la realidad a la que acudimos. Podemos suponer que esto es hasta cierto punto intuitivo tanto en quienes producen narraciones como en quienes las leen o interpretan—y que filosofías como la de Spencer no hacen sino sacar a la luz, y formular de modo explícito y articulado, esta relación narrativa general que tenemos con el mundo como proceso de transformación en curso, integrado en su complejidad y diversidad, y que obedece a regularidades observables en su desarrollo temporal.
El universo, la evolución universal, puede concebirse, según sugiere la filosofía de Spencer, como un gran proceso narrativo (o narrable), o como un complejo de múltiples procesos narrativos, engarzados unos en otros, enmarcando unos a otros, o secuenciados; procesos clasificables o comprensibles por su relación al conjunto. La Historia tradicionalmente entendida (o sea, la historia de las civilizaciones) es sólo un pequeño capítulo de esta gran historia—pues la historia misma es sólo un episodio de la gran historia de los asuntos humanos vistos a con mayor perspectiva: la historia de la humanización, del origen del lenguaje, la historia de los homínidos que nos precedieron, o la historia de la evolución de las especies en su conjunto—lo que Darwin denominó la "grandiosa secuencia de acontecimientos" de la que se ocupaba su ciencia.
Como muestra Spencer, esta historia de la vida es a su vez sólo un pequeño capítulo de la historia de los procesos físicos y químicos. Y así concibe Spencer el papel de su filosofía evolutiva como una convergencia de razonamiento, de ciencia natural o humana, y de explicación narrativa de todo lo existente, desde que aparece (principio de la historia) hasta que desaparece (y conclusión):
"Si empieza sus explicaciones con existencias que ya tienen formas concretas, o se interrumpe mientras todavía mantienen formas concretas, entonces, manifiestamente tenían historias precedentes, o tendrán historias sucesivas, o las dos, de las que no se da cuenta (o: que no se cuentan). De lo cual vimos que se seguía que la fórmula buscada, aplicable por igual a las existencias tomadas de una en una y en su totalidad, debe ser aplicable a la historia completa de cada una y a la historia completa de todo. Esta debe ser la forma ideal de una Filosofía, por muy lejos de ella que quede en la realidad." (§186; 486)
Todo es un proceso complejo, en el que Spencer distingue un proceso primario de evolución, una "integración de materia y disipación del movimiento", y procesos secundarios que lo acompañan, una evolución compuesta:—"La redistribución primaria de la Materia y del Movimiento va acompañada por redistribuciones secundarias" (§186; 487), redistribuciones que resultan en la generación de complejidad, y no en una integración en una unidad universal simple. Se crean todos divididos en partes, y a la vez hay integraciones indirectas que hacen esas partes, a la vez que diferenciadas, mutuamente dependientes:
"De esta redistribución primaria, pasamos a considerar las redistribuciones secundarias, inquiriendo cómo llegó a haber una formación de partes durante la formación de un todo. Resultó que hay habitualmente un paso de la homogeneidad a la heterogeneidad, junto con el paso de la difusión a la concentración. Mientras que la materia que compone el sistema Solar ha ido adquiriendo una forma más densa, ha cambiado de una unidad a una variedad de distribución. La solidificación de la Tierra ha ido acompañada por un proceso que va de una relativa uniformidad a una extema multiformidad. En el curos de su desarrollo desde un germen hasta un masa de volumen relativamente grande, cada planta y animal también avanza de la simplicidad a la complejidad. El aumento de una sociedad en números y en consolidación va acompañada por un aumento de heterogeneidad tanto en su organización productiva como política. Y lo mismo se aplica a todos los productos supraorgánicos—el Lenguaje, la Ciencia, el Arte y la Literatura." (§187; 488).
En todo tipo de fenómenos, dice Spencer en una fórmula necesariamente general, se pasa de una disposición relativamente difusa, uniforme e indeterminada, a la creación de formas múltiples, concentradas, complejas e integradas unas con otras. A menos, esto es, que estas formas complejas empiecen a disolverse. Aclara Spencer que no se trata de una casualidad, que todas las disciplinas del conocimiento y todos los fenómenos puedan subsumirse bajo esta ley evolutiva común. Más bien el proceso es el contrario: las disciplinas que usamos para conocer y clasificar la realidad no son sino "agrupaciones convencionales, hechas para facilitar la distribución y adquisición del conocimiento"—es decir, que "no hay varios tipos de Evolución que tengan algunos rasgos en común, sino una sola Evolución que tiene lugar en todas partes de la misma manera" (§188, 490). Efectivamente, en última instancia, la labora de la ciencia es mostrar la raíz común en la evolución de todos los fenómenos, una vez conocidos los principios generales de la realidad manifestados en el comportamiento de la materia y de la energía, y en las leyes uniformes de la física—es decir, en los efectos primeros de la Fuerza generadora del universo:
"El análisis reduce estas diferentes clases de efecto a una clase de efecto; y estos diferentes tipos de uniformidad a una clase de uniformidad. Y el logro más alto de la Ciencia es la interpretación de todo género de fenómenos como manifestaciones diversamente condicionadas de este único tipo de uniformidad." (§194, 498)
Podríamos matizar, a la definición de Spencer, que la diferenciación entre Evolución y Disolución es relativa al objeto mismo de observación: siendo fenómenos complejos por excelencia la vida y la consciencia, que llevan a elaborar teorías sobre la evolución, introduce espontáneamente una direccionalidad en el proceso, y una valoración positiva de los fenómenos de complejificación, y negativa de los fenómenos de desintegración—si bien, desde un punto de vista que haga abstracción de sí mismo, todo es evolución, y de hecho ambas quedan comprendidas en la propia teoría de Spencer como efectos de las mismas causas—como un continuo, por tanto. El hecho mismo de que Spencer distinga evolución de disolución, se dirá quizá, es "teleológico", "direccionalista", y otras palabras escandalosas para el siglo XX. Y sin embargo, su teoría es bastante autoconsciente en este sentido: vivimos en un mundo de objetos, y nos interesa sobremanera la formación de objetos, y su disolución—su biografía, podríamos decir, porque estamos sujetos a la misma ley de evolución y disolución que todo lo demás. Nuestro conocimiento es conocimiento narrativo porque no es neutro con respecto al universo, sino que está implicado en su misma estructura evolutiva.
Sí modificaría yo, sin embargo, la manera en que formula Spencer la relación entre evolución y disolución, para mostrar que la imbricación entre procesos integrativos y procesos disolutivos es mucho más estrecha de lo que haría parecer la formulación que él usa Añado la cursiva:
"Todas las cosas están creciendo y/ o decayendo, acumulando materia y/ o desgastándose, integrándose y/ odesintegrándose" (§95, 251)
Explica Spencer, con razonamiento admirable, cómo todos los fenómenos de la evolución así definidos se siguen del principio de la Conservación de la Fuerza. Cómo cualquier todo homogéneo al que se aplica una fuerza ha de perder su homogeneidad; cómo se produce una desigualdad de relaciones, una diferenciación de partes, a las que se sigue aplicando este proceso en complejidad creciente, de modo que lo menos heterogéneo tiende continuamente a volverse más heterogéneo. Ya hablé en otro post de la multiplicación geométrica de los efectos de en la generación de la complejidad—la versión spenceriana del efecto mariposa.
Un capítulo adicional de esta ley de evolución es la propia evolución del pensamiento (y aquí toca la teoría de Spencer de modo reflexivo a su propia génesis). Si el Universo es producto de una Fuerza unificada y con efectos complejos y diversificados, el pensamiento evoluciona hacia la captación cada vez más precisa de esa unidad y de esas modalidades de la complejidad, y hacia la consiliencia de los modos del conocimiento—por ejemplo, en este libro de Spencer. Sólo en esta medida puede hablarse de un principio antrópico en el Universo—la consciencia, producto de la compleja socialidad e integración de los fenómenos del universo, tiende espontáneamente, y de modo reflexivo, a analizar esa complejidad y por tanto a analizarse a sí misma. Lo cual sería muy distinto de suponer que la consciencia ha diseñado el universo—la noción a la que nos llevaría la falacia de la retrospección. Es interesante este pasaje de First Principles sobre la evolución de la ciencia y de la religión y de la manera en que se concibe históricamente, y se disuelve, la agentividad de los dioses:
"Hacia alguna conclusión de este género ha avanzado, y manifiestamente continúa avanzando, la investigación científica, metafísica y teológica. La coalescencia de las concepciones politeistas en una concepción monoteísta, y la reducción de la concepción monoteísta a una forma más general, en la que la supervisión personal se funde en una inmanencia universal, muestra claramente este avance. Igualmente se muestra en el desvanecimiento de viejas teorías sobre 'esencias', 'potencias', 'virtualidades ocultas', etc.; en el abandono de teorías tales como las 'Ideas platónicas', las 'Armonías Preestablecidas', y similares; y en la tendencia hacia la identificación del Ser como algo presente en la consciencia, y del Ser condicionado de otras maneras fuera de la consciencia. Todavía más visible es en el progreso de la Ciencia, que, desde el principio, ha venido agrupando los hechos aislados bajo leyes, uniendo leyes especiales bajo leyes más generales, y buscando así alcanzar leyes de generalidad cada vez mayor; hasta que el concepto de leyes universales se ha convertido en algo familiar para ella. Siendo así la unificación la característica del desarrollo de todos los tipos de pensamiento, y siendo razonablemente previsible que se llegue en última instancia a una unidad, surge de aquí todavía más apoyo a nuestra conclusión. Ya que, a menos que exista otra unidad diferente y todavía más elevada, la unidad que hayamos alcanzado debe ser aquella hacia la cual tiende el desarrollo del pensamiento." (§ 192, 495-496)
Avisa Spencer de que su teoría no debe juzgarse por los detalles de su exposición, o por las limitaciones de la ciencia de su momento, sino por el plan general que lleva desde principios básicos universales a una interpretación global y unificada de los fenómenos del universo.
Y es aquí donde encontramos la formulación más explícita de una convergencia entre interpretación consiliente, teoría evolucionista y anclaje narrativo:
"Si estas conclusiones se aceptan—si se está de acuerdo con la idea de que los fenómenos que tienen lugar en todas partes son partes del proceso general de la Evolución, salvo cuando son partes del proceso inverso de la Disolución; entonces podemos inferir que todos los fenómenos reciben su interpretación completa únicamente cuando se les reconoce como partes de estos procesos" (§ 192; 496).
El conocimiento de un fenómeno es un conocimiento narrativamente estructurado—el conocimiento no sólo de su estructura presente, sino también de su historia, y de su futuro,
"Y el conocimiento que tenemos de él permanece incompleto hasta que haya unido las historias pasadas, presentes y futuras en un todo" (§ 93, 246)
Extendiendo la fórmula de Dobzhansky ("nada en biología tiene sentido fuera de la teoría de la evolución") podríamos decir que nada tiene sentido fuera de la teoría de la evolución—o, más bien, si lo tiene, es un sentido parcial, un sentido imperfecto cuya relación con los demás sentidos de las cosas sólo encuentra su explicación en este marco consiliente.
También se encuentra en Spencer la sugerencia de que estas maniobras de anclaje y engarce narrativo no son únicamente una empresa teórico-filosófica, sino que son parte constituyente de nuestra vida cotidiana. Como decía yo en otro artículo sobre el anclaje narrativo, "lo hacemos constantemente"—el anclaje narrativo de historias con historias es una de las maniobras cognitivas más básicas para permitirnos construir un mundo:
"Nuestras acciones y palabras cotidianas presuponen en mayor o menor medida este tipo de conocimiento, efectivo o potencial, de estados que han precedido y de estados que vendrán después. Conocer a cualquier hombre en persona implica haberlo visto antes con un aspecto muy similar a su aspecto actual; y reconocerlo sin más como hombre, implica los estados antecedentes inferidos de la infancia, la niñez y la juventud. Aunque no se conoce específicamente el futuro de ese hombre, se conoce en general: que morirá y se descompondrá, son hechos que completan en líneas generales los cambios que ha de atravesar. Y lo mismo con todos los objetos que nos rodean" (§93: 246)
—el gran Orbe mismo, sí, y todos los que lo han de heredar. También en Shakespeare hay una teoría de la evolución, como en tantos otros sitios. (Aquí hablaba yo de la Biblia como teoría de la evolución: "El orden natural y la complejidad: Paley, Lamarck, Vico y el Génesis."). La ciencia es un generador de tales biografías implícitas para todas las cosas, puesto que explica cada fenómeno como un fenómeno histórico. El siglo diecinueve fue un siglo historicista, y después de un siglo XX estructuralista, es saludable la teoría extremadamente historicista de Spencer como recordatorio de que hay una historia en todo. Todo es un cronotopo, una conjunción única de fenómenos que contienen un historia inherente. La ciencia estudia a un ser humano o a una oveja o a un gusano de seda como seres con una historia vital que los define como tales, y con una evolución, pero también estudia la evolución de sus cuerpos, o de la casa de ese hombre como un fenómeno natural:
"No deteniéndose sin más en el lomo de la oveja y en el capullo del gusano de seda, identifica en la lana y en la seda los materiales nitrogenados que la oveja y la oruga han absorbido de las plantas. La sustancia de las hojas de una planta, junto con la madera de la que están hechos los muebles, los remonta a ciertos gases del aire y ciertos minerales del suelo. Y el estrato de piedra extraído de la cantera para construir la casa, deduce que antaño fue un sedimento suelto depositado en un estuario o en el fondo marino." (§93; 247)
Una Ciencia de Todo es, una ciencia consiliente, es por tanto una Historia de Todo, una ciencia con una prominente dimensión narrativa:
"Si, por tanto, el pasado y el futuro de cada objeto es una esfera de conocimiento posible: y si el progreso intelectual consiste en gran medida, o en su parte principal, en ampliar el conocimiento que tenemos de este pasado y de este futuro; es obvio que el límite hacia el que progresamos es una expresión del pasado completo y del futuro completo de cada objeto y del conjunto de todos los objetos" (§93; 247)
Un empeño desfasadamente decimonónico, se dirá quizá. Pero Spencer reconoce las dimensiones extraordinarias de este empeño, y observa que señala sólo la dirección a la que tiende el conocimiento, no el límite que alcanzará, por sus limitaciones inherentes. En cualquier caso, la ciencia del siglo XX, fuesen cuales fuesen sus presupuestos metodológicos a este respecto, no ha dejado de moverse en esta dirección consiliente, y no se ha quedado corta precisamente en la formulación de historias de todo,historias del tiempo, o historias del Universo:
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(No esperen ninguna gran explosión del lenguaje en este capítulo del libro de Bickerton. Más bien un "small crack". Pero significativo. Y acompañado de interesantes reflexiones sobre la teoría de la evolución y la ecología).
Ha cambiado bastante en las últimas décadas la imagen de la evolución humana. De una línea directa que llevaba de los simios a nosotros, pasando por australopitecos, homo habilis, homo erectus y neandertales, se ha pasado a un panorama más ramificado con múltiples especies, cuya relación con nosotros es incierta; de un tiempo en que era plausible la hipótesis multirregional, en la que los prehumanos de todo el Viejo Mundo hubieran evolucionado conjuntamente, humanizándose progresivamente todos a la vez, se ha pasado a la aceptación casi universal de la hipótesis de "out of Africa", situando el origen del homo sapiens en Africa. A los viejos diagramas lineales, que nos relacionaban con los simios pero a una distancia decente, le suceden diagramas fragmentarios, en forma de matorral, con líneas de puntos, interrogativas....
(Hay que aclarar, sobre estas "múltiples ramas", que el modelo actual, si bien ha multiplicado las especies de humanos primitivos, es en cierto sentido más lineal que nunca: en efecto, si descendemos todos de un pequeño grupo (pre)humano de Africa, se hace difícil distinguir a ese grupo en concreto entre todas las especies y subespecies emparentadas de humanoides primitivos. Pero el modelo actual deja en principio menos lugar a la hibridación y al entrecruzamiento de ramas genealógicas entre variedades humanas primitivas, algo que por difícil que sea de concebir en la práctica estaba prácticamente implicado por el modelo multirregional).
En paleontología, como en cualquier disciplina de estudio, nos dice Bickerton que hay dos tipos de personas: los juntadores y los separadores : "si eres un juntador, quieres agrupar varios tipos supeficialmente diferentes en la misma categoría; si eres un separador, quieres categorías con etiquetas separadas para cada tipo" (148). Una manera de salir de debates interminables sobre estas diferencias es atender a cómo sucede la especiación. Porque como dijo Dobzhanksy, en biología nada tiene sentido sin la teoría de la evolución, y sobre la cuestión de la especiación versaba el libro de Darwin. También es crucial para el asunto del origen del lenguaje:
"El nacimiento del lenguaje fue sólo parte—tuvo que ser sólo parte—de lo que a menudo se llama, de manera que puede llevar a confusión, un 'acontecimiento de especiación'. En la evolución, la mayoría de las cosas interesantes suceden cuendo una especie se separa de otra como una rama y por así decirlo abre su propio negocio" (148).
(Y este asunto seguirá siendo debatido... porque si situamos el origen del homo sapiens hace unos doscientos mil años, queda por determinar por qué el florecimiento de la cultura simbólica se sitúa mucho más recientemente, hace menos de cien mil años. Suponiendo que fuese asociado al origen del lenguaje—del lenguaje moderno, y suponiendo que este origen pueda ir asociado a una transformación relativamente revolucionaria, podríamos tener la paradoja evolucionaria de humanos de nuestra especie biológica pero sin lenguaje, seguidos de una transformación cultural y mental radical pero no acompañada de una especiación. De todos modos, como veremos ahora, la noción de especiación pierde en gran medida su sentido una vez se aplica a formas humanas con un desarrollo cultural considerable: pues la capacidad de interreproducción pasa a ser en gran medida irrelevante, al ser los criterios culturales, y no los biológicos, quienes dictan cuál es el grupo al que se pertenece, y con el que es viable o aceptable la reproducción).
Bickerton, siguiendo a Robert Foley y Marta Lahr, asocia la especiación al aislamiento de un pequeño grupo, con respecto a la población mayoritaria de la especie. Aun si vuelven a reunirse las poblaciones, un grupo que haya desarrollado suficientes diferencias tenderá a reproducirse entre sí de modo diferenciado. (Las poblaciones humanas no serían sino una variante probablemente más extrema de este caso general). Y explotarán alimentos diferenciados de los de la población mayoritaria. Al final habrá imposibilidad de reproducción con la especie principal, o gran dificultad: pero es un proceso que no puede situarse en un momento dado, pues va asociado al aislamiento geográfico y a la diferenciación del comportamiento.
Otra manera en que puede darse la especiación es mediante la construcción de un nicho ecológico diferenciado, sin grandes diferencias físicas ni de ubicación geográfica: es el caso de los primeros nichos ecológicos de los protohumanos—omnívoro (australopitecos), omnívoro más rompedor de huesos (australopitecos tardíos, homo temprano), omnívoro más preferentemente carnívoro (Homo avanzado, ergaster o erectus). Las principales diferencias se debían a la manera de buscarse la vida. Hoy se sabe que el Homo habilis y el Homo erectus coexistieron durante medio millón de años o más, lo cual sugiere según Maeve Leakey que explotaban nichos ecológicos distintos. Según Bickerton,
"La hipótesis más plausible es que el grupo ancestral del erectus se separó del habilis (o bien quizá de otro antepasado diferente) pasando de una estrategia de explotación local basada en la extracción de médula ósea a una estrategia territorial basada en la explotación de cadáveres de grandes herbívoros. Un estilo de vida tan novedoso llevaría a la selección tanto de cambios de comportamiento como de cambios físicos. Erctus tendría que adquirir una constitución más adecuada para cubrir las mayores distancias requeridas por el nuevo estilo de vida, y erectus era de hecho más alto y más esbelto que habilis. Sin duda se dieron otros cambios que no se conservan en el registro fósil, como la capacidad de resistir la sed, y mejoras en la capacidad de arrojar objetos. (Luego veremos por qué). Aun si erectus se originó como una rama de habilis, las hembras erectus ya no querrían hijos de machos habilis. Las dos especies bien podrían coexistir en el mismo territorio, usándolo en momentos diferentes para propósitos diferentes". (151-52).
En algún momento, quizá, un protohumano armado con una lasca de piedra descubrió que podía acceder antes que nadie a la carne de los paquidermos muertos. Si esa estrategia prosperó, desencadenaría una catarata de cambios de comportamiento. Primero cambios en el comportamiento, insiste Bickerton: luego, cambios en la población y en el cuerpo.
Parece razonable suponer que los cambios impulsados por las acciones intencionales de los propios animales se muevan más rápido que los cambios debidos a la deriva genética o incluso que los debidos a modificaciones de las presiones selectivas. Fueron precisamente tales secuencias de cambio rápido, seguidas por largos períodos de aparente estasis evolutiva, las que hicieron surgir la teoría del equilibrio puntuado. (153).
(Así pues, la teoría sobre el origen del lenguaje de Bickerton es consonante en sus planteamientos generales con la teoría del equilibrio puntuado de Stephen Jay Gould t Bukes -ekdredge. Eso a pesar de que Gould no se interesó mucho por el papel evolutivo dinámico del origen del lenguaje, centrándose más en sus aspectos accidentales—en el lenguaje como pechina o enjuta de la construcción cerebral, un subproducto colateral de la evolución—ver mi artículo sobre "El lenguaje como exaptación". Aunque si bien el hecho parezca ser que el lenguaje esté construido sobre la exaptación de sistemas cognitivos anteriormente existentes, de ello no se sigue que su función evolutiva sea accidental o gratuita: sino más bien todo lo contrario. Stephen Pinker, Paul Bloom y otros criticaron el desinterés de Gould por el papel evolutivo del lenguaje. Ver The First Word, de Christine Kenneally, 2007. Pero esto no significa en absoluto que la teoría evolutiva de Gould sea irrelevante para conceptualizar la evolución de lenguaje, ni contradictoria con la de Bickerton). Arguye Bickerton que la teoría de construcción de nichos arroja nueva luz sobre la manera en que funciona el equilibrio puntuado, con especies generalmente estáticas y acontecimientos "rápidos" de especiación—proporciona un mecanismo de explicación de cómo se dan estos fenómenos. El debate en torno a la cuestión del equilibrio puntuado se centró en si era un proceso general, frecuente o infrecuente, y pareció ignorar la cuestión de que ni Gould ni nadie había propuesto una causa de por qué sucedía. Pasó como con Wegener, cuya teoría de la deriva continental fue ignorada porque se atuvo al hecho, sin dar una explicación causal:
"El problema de Wegener era que nunca propuso un mecanismo para explicar por qué los continentes iban a la deriva, igual que Gould nunca propuso un mecanismo para explicar por qué habría la evolución de alternar entre cambios rápidos y estasis. Y entonces se descubrió la tectónica de placas, y todo el mundo de repente vio que los continentes no podían sino ir a la deriva". (154)
Algo parecido sucede con la teoría de construcción de nichos. Una especie está acomodada a su nicho ecológico, o lo construye, y se adapta a él como una mano a un guante. Esto favorece la estasis de la especie. Pero si algo cambia súbitamente, se requiere la construcción de un nuevo nicho, rápidamente. (También esto explicaría por qué tiende una nueva especie, con tanta frecuencia, a suplantar a la especie madre. Esta habría dejado de estar adaptada al nuevo ambiente, y se extingue, mientras que una pequeña población variada sobrevive en un nuevo nicho).
"La teoría de construcción de nichos también explica por qué, desde el último antepasado común de los humanos y los simios, ha habido tantas especiaciones en nuestra línea, y tan pocas en la línea de los simios. La rama de los simios vivía en un entorno inalterado y se quedó felizmente en los nichos que ya ocupaba. Nuestra rama se vio forzada, primero, y decidió, después, construir más y más nichos nuevos, a medida que sus capacidades se ampliaban con construcciones sucesivas. (...). La construcción sucesiva de nichos significaba que podíamos evolucionar in situ, sin esperar a que la separación geográfica desencadenase el proceso de especiación. El proceso de construcción de nichos fue lo que impulsó nuestras sucesivas especiaciones y nos hizo lo que somos". (154)
La estasis también se dio… por ejemplo en el millón de años de la cultura de las hachas de mano. (Ver también mi artículo "No evolucionaremos").
Uno de estos pasos evolutivos, muy importante, fue cuando hubo cambios en la alimentación, pasando de romper huesos a rasgar pieles. Esto lleva a cambios de organización. Hace falta desperdigarse en pequeños grupos para cubrir una área muy grande, para localizar con más eficacia los cadáveres de grandes animales. Los huesos duran mucho: los grandes cadáveres sólo pueden explotarse por los cortadores de piel si son muy recientes. Así pues, los explotadores de médula ósea pueden permitirse vivir en grupos más grandes. Y los descubridores del nuevo nicho tuvieron que pasar a la vez a reducir sus grupos y a competir con los grandes depredadores. Esto requería cambios de estrategia importantes. De todo esto no hay pruebas: sólo probabilidades. Pero es en este nuevo nicho, en este nuevo comportamiento y en su nueva estrategia de grupo, donde propone Bickerton encontrar un paso crucial en el desarrollo del lenguaje.
Modas en ecología humana primitiva suelen ignorar hechos básicos. Primero éramos, se supone, cazadores de grandes animales; la teoría machista del gran cazador. Esto ignora que hasta los humanos recientes no existieron las armas que permitiesen sostener esta hipótesis. Luego vino el feminismo: y la clave eran las mujeres y la recolección pausada. Pero esto ignora las realidades de la sabana, donde esa vida es imposible. Pero "nadie deja jamás que los hechos interfieran con una teoría culturalmente apropiada" (157). Ni humildess carroñeros o recolectores, ni grandes cazadores. Lo que propone Bickerton es que estos ancestros, en este nuevo nicho ecológico, eran carroñeros agresivos, compitiendo con los grandes carnívoros, pero normalmente sin combate directo con ellos.
Para poder ocupar con éxito un gran cadáver primero hay que localizarlo, y eso requiere dispersión en parejas o pequeños grupos. Luego hay que imponerse por la fuerza de los números, la única fuerza disponible—y aquí es crucial la capacidad de lanzar piedras que desarrollaron los humanos frente a los simios. Y el papel del lenguaje es crucial a la hora de reclutar al grupo necesario. Es algo parecido a la estrategia de las hormigas: seguramente las primeras palabras con desplazamiento de sentido (distintas de los ACS, de los gritos de alarma la comunicación animal) se referían probablemente a los animales encontrados muertos, imitando su sonido y sus gestos. Aquí suscribe Bickerton la teoría del origen onomatopéyico, icónico, del lenguaje, una de las más intuitivas y tradicionales—y también la teoría gestual, simultáneamente.
"Mucho más importante que el tipo de señal que se utilizase es el hecho de que usar cualquier tipo de señal, para indicar un cadáver de animal que habías visto hace horas a quizá varias millas de distancia, sería el primer caso claro de desplazamiento fuera de los himenópteros. Algunos de los que escriben sobre la evolución del lenguaje le dan demasiada importancia a la arbitrariedad—al hecho de que, en las lenguas de hoy, las palabras rara vez se parecen o suenan como las cosas a las que se refieren. Pero lo mismo es cierto de muchas señales ACS—una gran mayoría de las llamadas de alarma, por ejemplo. Pero en cambio, fuera de las abejas y de las hormigas, no hay señales ACS que consigan realizar desplazamiento. Así que el auténtico paso crucial para entrar en el lenguaje tendría que ser el desplazamiento, antes que la arbitrariedad." (160)
Una especie hace lo que tiene que hacer, dice Bickerton, y las hembras participarían en esta estrategia como los machos. Los argumentos extraídos por analogía de las hembras chimpancés, o de las hembras humanas en otro nicho ecológico distinto, no vienen al caso. La estrategia de reclutamiento requiere a la gran mayoría de la comunidad para funcionar. Y sería más lógico que fuesen las mujeres quienes hiciesen la mayor parte del trabajo de cortar carne mientras los machos (seres más prescindibles para la comunidad) mantendrían a las fieras a raya. Las piedras no son mortíferas, pero pueden dañar las posibilidades de competición de un carnívoro si le rompen algo, y por tanto es una estrategia de lucha viable.
Esta es una historia hipotética, pero basada probabilísticamente en datos sobre la ecología y el comportamiento. Una teoría del origen evolutivo del lenguaje debe satisfacer estas características: —la presión selectiva debe ser fuerte (y esto queda demostrado por la extinción de las especies que se limitaron a romper huesos). —la presión selectiva debe ser de caracter único, como el lenguaje (y no hay otra especie con un problema de subsistencia similar que se puediese resolver sólo con el reclutamiento). —el uso del lenguaje tuvo que ser crucial y funcional desde el primer momento (aquí se require un protolenguaje mínimo, y va ligado directamente a la alimentación). —la teoría no debe contradecir en nada la ecología de las especies ancestrales. —la teoría debe explicar por qué habrían de creerse las señales "baratas" (y potencialmente falsificables—pero en este caso se trata de ayudar a obtener comida, no reporta ventaja la falsificación). —la teoría debe explicar cómo se contrarresta el egoísmo de los primates. (Aquí se contrarresta porque sólo mediante la cooperación se podría acceder al alimento). La cuestión de la cooperación es crucial: pues el lenguaje, sin cooperación obligada, no hubiera resultado más que en discusiones y rivalidad.
"Sólo una especie que llegase a depender (no exclusivamente, claro, pero sí de modo sustancial) en obtener acceso a cadáveres gigantes se habría visto obligada a reclutar a congéneres no parientes. Obligada: porque de no cooperar los no parientes, nadie obtenía nada" (167-68) Esto no explica todo el lenguaje, sino sólo el primer paso, el origen de protopalabras: la manera en que se rompe la prisión del aquí y ahora, y se crea un pequeño efecto que tiene un efecto caótico sobre el conjunto del sistema. La aparición del lenguaje llevaría en última instancia a efectos imprevisibles en el desarrollo de la mentalidad y de la cultura humana. (Esta teoría también explicaría en cierto modo la infamia que persigue al mentiroso—el rechazo de la mentira sería algo ligado al origen mismo del lenguaje y de la cooperación).
La teoría de Bickerton está por tanto en sintonía con otras teorías modernas en este aspecto: no coloca primero el desarrollo de la inteligencia, y después el del lenguaje, sino al revés. El lenguaje, surgido por necesidades ecológicas en una especie no privilegiadamente inteligente, llevó de modo complejo a un desarrollo mental y cerebral. Como señala Chistine Kenneally en The First Word, no es el cerebro desarrollado el que explica la aparición del lenguaje, sino el lenguaje el que explica la aparición del cerebro humano desarrollado).
Y una pequeña objeción: Bickerton habla siempre de 'palabras', y ciertamente la evolución y origen de las primeras palabras es un momento crucial en la evolución del lenguaje. Pero un enfoque más integracionalista de la cuestión colocaría el énfasis no en las palabras sino en los actos de habla: el acto de habla del reclutamiento, por ejemplo. La misma situación de interacción social parece pedirlo. Son los actos de interacción social, el "hacer cosas con palabras" o con gestos o sin palabras, lo que importa de modo crucial—hacer cosas: las palabras vienen después, por un proceso de refinado, abstracción y filtrado. Pero lo primordial en un sentido ecológico no son las palabras y sus significados, ni los nombres de objetos o animales, sino las situaciones y sus significados, y los actos de interacción social y sus significados. La pragmática precede a la semántica, y ésta a la sintaxis. Recuerdo que en un congreso en los años ochenta, cuando se discutían las alternativas de la "semántica generativa" a la teoría de Chomsky, proponía yo por qué no desarrollar una pragmática generativa como base interaccional del lenguaje, con especificaciones ulteriores de semánticas y sintaxis, como fenómenos derivados y "superficiales".
Como se sabe, la gran obsesión de la lingüística con la sintaxis (y con la morfología) fue asociada a la gramática generativa de Chomsky, y a otros estructuralismos de mediados del siglo XX, bien dominantes hasta hace poco, o todavía hoy de hecho. Y Chomsky siempre ha defendido la importancia de la sintaxis como un componente crucial y definitorio para entender lo que es el lenguaje. Es la de Chomsky una teoría (o una colección de teorías) que habla otro idioma que la de Bickerton con sus pidgins y sus protolenguajes. En el siguiente capítulo, se ocupará Bickerton de la teoría chomskiana de la evolución del lenguaje.
Uno de los artículos sobre el origen del lenguaje influyentes sobre el origen del lenguaje este siglo es "el de Chomsky": M. Hauser, N. Chomsky, y T. Fitch, "The Faculty of Language: What Is It, Who Has It, and How Did It Evolve" en Science 198 (2002): 1569-79. Para Bickerton, da una orientación errónea a la cuestión (ver cap. 9). Representa la tendencia actual a asociar el origen del lenguaje a la biología evolutiva, en concreto a la "evo-devo" que estudia la manera en que los genes regulan el desarrollo corporal, y más generalmente a la genética y la presencia de elementos comunes en el genoma humano y de muchos animales, hasta los parientes más remotos. Aunque Bickerton reconoce el interés de todo esto, recalca que la homología genética no configura el comportamiento. Configura partes del cuerpo. Pero el lenguaje no es una parte del cuerpo (recordemos aquí el supuesto "órgano del lenguaje" de Chomsky), sino un comportamiento. Hay demasiadas variables entre los genes y el comportamiento para que un estudio de la homología profunda nos pueda dar antecedentes de un comportamiento dado, en especial de uno que es único. (Aquí matizaría yo que, siendo único el lenguaje humano, muchos de sus ingredientes no son únicos, y que el estudio de esos sí puede beneficiarse de los estudios genéticos).
"Así que, frente a todas las promesas de la evo-devo en otras áreas, no nos da buenas razones para ir a buscar los precursores del lenguaje en sitios nuevos extraños. Si vamos a buscar fuera de los primates, incluso fuera de los vertebrados, es el comportamiento, y no los genes, lo que buscaremos. Porque eso es lo que nos dice que hagamos la teoría de construcción de nichos." (130)
Serán los nichos los que determinarán cómo se manifestarán los genes. Es más útil buscar analogías de comportamiento que homologías genéticas: nichos que tengan el mismo tipo de presión selectiva. Siendo el nicho lo que importa, no importa lo lejos que busquemos de nuestra propia especie. (Este es, podríamos decir, a la vez el punto fuerte de la teoría de Bickerton, y el que más se presta a críticas por su pretensión de volverse en EL elemento determinante. Pero atendamos bien: ) El nicho que hace necesario el desarrollo lenguaje es el que requiere
"una presión selectiva a favor de la transmisión de información sobre fuentes de alimento que se encuentren más allá del alcance sensorial de los receptores del mensaje. Así que lo que necesitamos buscar, en la amplia gama de especies de la tierra, son las que tienen nichos que requiren este tipo de intercambio de información. Si la información que se transfiere resulta que se refiere a fuentes de alimento demasiado grandes para que las manejen los individuos, requirirendo así algún tipo de estrategia de reclutamiento, pues tanto mejor. De modo un tanto sorprendente, casi las únicas especies que cumplen estos criterios son las hormigas y las abejas." (131)
El sistema de comunicación animal (ACS) de las abejas lo describió Karl von Frisch a mediados del siglo XX. Y ya desde antes se sabía que el ACS de las abejas tenía la capacidad del desplazamiento (de transmitir información sobre un elemento ausente de la situación comunicativa). Pero entonces se concebía la cuestión de modo que no se asociaba este desplazamiento como un elemento relevante en común con el lenguaje humano—por la distancia biológica que nos separa de las abejas; y con la asociación que se hizo entre genética y comportamiento, estaba la asociación descartada. Faltaba el planteamiento a que lleva la teoría de la construcción de nichos ecológicos, y su reinterpretación de la relación entre nicho ecológico y comportamiento.
Sigue aplicándose en todo esto el principio genético de la aptitud inclusiva: es decir, que un individuo no busca sólo preservar sus propios genes, sino también los de sus parientes.
(Este principio, derivado del del gen egoísta, a mí me parece menos obvio que todo esto. Después de todo, si nos interesamos por los parientes a causa de sus genes, ¿por qué detenernos en la familia, o en la comunidad, o en la especie? Con los chimpancés tenemos un noventa y muchos por ciento del genoma. El detector incorporado de parentesco genético aquí supuesto me parece un mito, y la solidaridad funciona, creo, de otra manera totalmente distinta, guiada por criterios de organización social, sociobiológica y ecológica, antes bien que regida por ninguna matemática genética. En fin, que Bickerton, con toda su crítica al genetismo-inherentismo, aún se queda corto en este punto).
En las llamadas de animales, este principio de la aptitud inclusiva permite que se dé una llamada de alarma, un comportamiento que pone en riesgo al propio animal en favor de sus congéneres, porque permite la supervivencia de la comunidad cohesiva. Y no es por casualidad que el ACS elaborado de las abejas se dé en una especie que manifiesta alta cooperación y cohesión en sus comunidades. Así, se comparten y explotan conjuntamente las fuentes de alimento. En el caso de las abejas, las fuentes de alimento están dispersas y requieren dispersión de los individuos para localizarlas; requieren también explotación conjunta, pues duran poco.
"Por tanto un ACS eficaz en las abejas debe ser capaz de desplazar: debe transmitir información sobre estados y acontecimientos que existen en otro lugar y en otro tiempo. A diferencia de otros ACS, no puede funcionar si permanece aprisionado en el aquí y ahora." (133)
Las abejas comunican la orientación y distancia de las fuentes de comida con unos bailes complejos que requieren no sólo atender al movimiento, sino a los ejes de orientación del baile y la posición del sol. La objecion de que lo hacen "por instinto" y no conscientemente es menos válida de lo que parece. Tampoco hablamos tan conscientemente como creemos: procesamos el lenguaje inconscientemente. El lenguaje de las abejas también debió evolucionar gradualmente, a partir de cambios en el comportamiento que resultaban selectivamente beneficiosos. Pero las hormigas aún se parecen más a los humanos en cuanto a su búsqueda de alimentos.
Es difícil generalizar sobre el mundo de las hormigas, con gran variedad de comportamientos y sistemas de producción de sustancias químicas con una variedad de usos. Algunos son comunicativos. Hay hormigas granjeras y pastoras de áfidos, pero muchas buscan fuentes de alimento como depredadores y carroñeros. Y necesitan un sistema de comunicación para acudir en masa a esas fuentes, dispersas, una vez las han localizado en sus batidas. Es lo que llama Bickerton una estrategia de "fisión-fusión". Los chimpancés no tienen necesidad de ella: cuando forman grupos son pequeños y están a la vista unos de otros o pueden oírse. Nuestros antepasados sí tenían razones para usar este tipo de estrategia ecológica para explotar alimento, como las abejas y hormigas.
Investigadores como Bert Hölldobler y otros han estudiado este tipo de comportamientos en las hormigas. "Entre las estrategias de las hormigas hay un par de cosas que se parecen sorprendentemente a dos de los componentes importantes del lenguaje: la concatenación y la predicación" (136)—cosas que no se dan en los ACS. Se refiere Bickerton a los movimientos (una especie de baile de las hormigas) seguidos de una señal química para marcar el camino. Un tipo primitivo de concatenación, pero que rara vez aparece entre otras especies. Otras regurgitan alimento como muestra—esto puede deberse a que las hormigas tienen una alimentación más variada que las abejas. Lo esencial para Bickerton es que la información transferida se refiere a cosas fuera del aquí y ahora —(aunque en el caso de las hormigas no señala ningún sistema de desplazamiento que no dependa de acompañar físicamente a la primera hormiga que guía a la fuente y marca el camino. En este sentido el ACS de las abejas tiene más capacidad de desplazamiento y de codificación de información que el de las hormigas, aunque siga teniendo la rigidez de poder transmitir sólo un tipo de significado. Lo que el modelo de las hormigas le aporta a Bickerton es que está pensando en un modelo muy similar para la ecología de la alimentación humana y la comunicación: una palabra que signifique el animal localizado, y luego seguir en grupo el camino indicado acompañando al mensajero).
En suma, las especies que desarrollen este tipo de comunicación con desplazamiento deben ser: - sociales, - que busquen alimento en una área extensa, no como la mayoría de las especies en su entorno inmediato, - que utilicen la estrategia de fisión-fusión, - que exploten fuentes de alimento voluminosas o que requieran grandes números de individuos para su aprovechamiento.
Los cuervos, curiosamente, también emplean sistemas de reclutamiento (ver Ravens in Winter de Bernd Heinrich), y tienen un ACS todavía mal conocido que ha logrado desplazamiento. Aquí el problema a resolver es buscar aliados para apoderarse de las carroñas defendidas por cuervos emparejados.
Se pueden contestar las objeciones siguientes planteadas a esta hipótesis de la fisión-fusión.
- La objeción de que hormigas y abejas tienen sistemas que no evolucionan, frente a la productividad del lenguaje. Pero hay que tener en cuenta también las diferencias entre la complejidad del cerebro y comportamiento de los grandes simios y los de las hormigas. Un sistema similar interactuaría allí con una biología social enteramente distinta.
-Los "lenguajes" de hormigas y abejas son instintivos, no aprendidos ni modificables. Bien, de hecho el origen del lenguaje tuvo que ser deliberado, no producido por ningún instinto inherente. (Aquí yo disentiría, y vería más bien un proceso evolutivo más gradual basado en comportamientos ya interiorizados). Pero el lenguaje al desarrollarse se produve de modo automático. Bickerton arguye que el procedimiento de interiorización de un comportamiento espontáneo (los modos de reclutamiento novedosos) debe basarse en el llamado efecto Baldwin.
- Los "lenguajes" de hormigas y abejas se limitan a una cuestión, la obtención de alimento, y un mecanismo tal en los primeros humanos habría debido seguir enganchado a esa función, sin desarrollarse y convertirse en el lenguaje. Bien, pues.. quizá fue así durante cientos de miles de años, piensa ahora Bickerton. (No olvidemos que estamos aquí comentando las nuevas teorías de uno de los mayores defensores de la idea de que al lenguaje le precedió un protolenguaje). En el cap. 11 veremos la expansión del protolenguaje al lenguaje. Queda la cuestión de por qué se estancó el desarrollo cultural una vez existía algún tipo de protolenguaje simple. Los fabricantes de hachas de piedra tallada no variaron el diseño durante un millón de años o más. Eso no sería posible si fuesen seres humanos como los actuales: "Ancestros o no, los fabricantes de hachas de mano deben haber sido un tipo de ser totalmente diferente de nosotros" (143). (Y eso desplaza el problema quizá: pues éste pasaría a ser no tanto el origen del protolenguaje, que busca localizar Bickerton, sino el origen del lenguaje moderno, quizá sólo atribuible al homo sapiens).
- Lo que aquí se describe no es el lenguaje, sino un protolenguaje muy limitado. El lenguaje es un fenómeno único, aunque haya habilidades cognitivas en simios o monos, o en otros animales, que sean ingredientes o soportes para el lenguaje. Bickerton encuentra pasmoso que se haya desarollado, visto lo bien que funcionan los ACS para las demás especies. Pero la única manera de poder entender el comienzo de su desarrollo es estudiar un nicho ecológico que hiciera necesario "romper la cárcel del aquí y ahora". Eso no era más que un comienzo, aunque ahora vemos que sin el lenguaje viviríamos en un mundo totalmente diferente. En lo que sigue se desarrolla una hipótesis especulativa de cómo pudo expandirse ese ACS primitivo hacia un protolenguaje.
Uno de los muchos datos curiosos sobre el origen del lenguaje y el lenguaje animal recogidos en The First Word, de Christine Kenneally (2007). Es bien conocido que diversas especies de monos tienen gritos de alarma, casi "palabras", especializados para referirse a diversos tipos de peligro o de depredadores: distintos gritos, por ejemplo, cuando observan un águila, o un leopardo, o una serpiente. En este sentido están más especializados o "avanzados" vocalmente que los simios, en los que no se ha detectado este tipo de vocabulario, sino sólo sonidos más emotivos o expresivos de su estafo de ánimo, o de amenaza.
Pues el fenómeno curioso al que me refería es el de algo que la Dra. Penas llama los "monos traductores": que entienden los gritos de otras especies de monos, y que los traducen a su propio "idioma", para los que no saben lenguas. Cuando los monos Diana oyen el grito de alarma de "águila" lanzado por un mono vervet, lanzan su propio grito de alarma sobre peligro aéreo. Vemos aquí casi en directo lo que pudo ser el origen de la traducción.
Las raíces de este fenómeno no son exclusivas de los monos, aunque aparezca aquí de forma espectacular. Muchos otros animales muy diferentes se observan unos a otros y atribuyen sentido al comportamiento y reacciones de otras especies. Obtienen información sobre peligro del rugido de un león, obviamente, o más indirectamente, de los sonidos o silencio de los pájaros. Entre esos comportamientos interpretativos y la "traducción" de los monos Diana, sólo hay un paso. Otro paso es la imitación del sonido de otros animales, que aparece de modo espontáneo en los loros y los pájaros mina, y seguramente apareció también en los australopitecos u otros homínidos primitivos.... Y así pasito a pasito se llega desde los monos monolingües hasta los congresos de traductología.
Estos seremos los contribuidores al primer número de The Evolutionary Review, que saldrá en noviembre. Nos comunica el editor Joseph Carroll que la revista la publicará por fin las prensas de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY Press):
"Carroll, Joseph C." Alice Andrews Para: Blakey Vermeule , Brett Cooke , Brian Boyd , Carl Degler , Daniel Barratt , David Michelson , Ellen Dissanayake , Ervin Nieves , Francisco Ayala , Harold Fromm , John van Wyhe , Jose Garcia Landa , Kevin Baldwin , Mathias Clasen , Michael Austin , Pete Swirski , Robin Fox , Robin Headlam Wells
Y no sé por qué otra vía, creo que a través de PSYART, también he ido a parar hoy al post sobre estética evolucionista que publicó Joseph Carroll en On the Human, "The Adaptive Function of Literature and the Other Arts". Ahora resulta que ha crecido, con los comentarios, a una página de unas 100 páginas, todo un debate de actualidad con primeras figuras como Carroll, Brian Boyd, o Bill Benzon. Aunque no puede decirse que hayan tenido muy en cuenta mis observaciones sobre la cultura humana como un nicho ecológico que impone sus propios requisitos adaptativos internos... Con quien sí se meten bastante es con Pinker, sobre el que también yo escribí este comentario.
Hace poco vi una de esas películas basadas en el efecto mariposa; no era El efecto mariposa, sino El sonido del trueno, sobre el relato de Ray Bradbury. Unos viajeros que hacen safaris temporales a la época de los dinosaurios saben que no han de cambiar nada en el pasado, pues los efectos sobre el presente serían incalculables. Y esos efectos acaban produciéndose cuando uno de ellos sin darse cuenta pisa una mariposa jurásica. Los efectos distorsionadores se multiplican por el tiempo, y el presente se encuentra alterado. Bien, de ahí, supongo, la expresión de "efecto mariposa". Se asocia el efecto mariposa a la teoría de las catástrofes, a René Thom (Stabilité structurale et morphogenèse: Essai d'une théorie générale des modèles). Pero al margen de este modelo matemático, la formulación filosófica de esta noción aparece más de un siglo antes, en la obra de Herbert Spencer. La idea básica de Spencer es que los fenómenos complejos proceden de los simples, y que su origen es la multiplicación de los efectos. Al actuar una fuerza sobre un cuerpo, ya crea diferencias en él, pues actúa más sobre unas partes que sobre otras. Y estas diferencias producen sucesivas diferencias que se multiplican. De un fenómeno simple y homogéneo surge eventualmente una complejidad heterogénea.
La noción de que lo complejo evoluciona a partir de lo simple está en la base misma de la racionalidad, y como tal puede encontrarse no sólo en los primeros filósofos, sino también, en cierto modo, en la formulación misma de los mitos de creación, que narran cómo a la nada, o a las formas simples, sucedió la creación, o las cosas que hay hoy. Pero hay pocos filósofos que hayan examinado este principio racional tan cuidadosamente como Spencer, llevándolo hasta sus últimas consecuencias.
En Lamarck, el primer gran biólogo evolucionista, encontramos una formulación inicial de este principio, aplicado a la biología. Las formas vivas complejas descienden de las simples, y han sufrido una modificación gradual que lleva, por la acción combinada de una serie de principios, de lo simple a lo complejo. Tal es el núcleo de la teoría evolucionaria en biología. También concurren con esta intuición otras observaciones de biólogos no evolucionistas del XIX como von Baer: éste, estudiando el desarrollo de los embriones, formuló el principio de que las formas simples se desarrollan primero, las complejas después. Esto lo aplicaría a la teoría de la evolución Ernst Haeckel, formulando el discutido principio de que la ontogenia recapitula la filogenia. Y sí lo hace en este sentido precisamente: que lo simple precede, necesariamente, a lo complejo.
Spencer explica cómo en Social Statics ya había formulado esta teoría, del paso de la homogeneidad a la heterogeneidad, en lo referente a los fenómenos sociales y las estructuras económicas, y también a los fenómenos biológicos: "el desarrollo de un organismo individual y el desarrollo de un organismo social se describen de modo similar, consistiendo en un avance de la simplicidad a la complejidad, y de partes similares independientes, a partes disimilares mutuamente dependientes" (First Principles §119, nota). El carácter abstracto de la formulación de Von Baer le llevó a Spencer a ampliar este concepto, y a extenderlo a los fenómenos inorgánicos (físicos, cosmológicos, geológicos). Según Spencer esta generación de la heterogeneidad es la redistribución secundaria de fuerzas que acompaña, en los fenómenos evolutivos complejos, a la redistribución primaria de fuerzas que es el motor y base principal de la evolución cósmica.
Así llega a explicar Spencer, de un modo panorámico, la formación de sistemas estelares y planetarios (a nivel astronómico) y, en nuestro planetaa, el enfriamiento diferenciado de sus partes y la formación de regiones, constantes geológicas y climas diferenciados. La vida y la complejidad de las organizaciones sociales y de fenómenos culturales serán una fase ulterior de este desarrollo de la complejidad. Porque también a los fenómenos humanos se aplica este principio: "el cambio de lo homogéneo a lo heterogéneo se muestra igualmente en el progreso de la civilización en su conjunto, y en el progreso de cada tribu o nación: y todavía continúa con rapidez que aumenta" (§122). Los humanos eran muy iguales al principio: hoy hay miles de culturas y grupos, ambientes y fenómenos intelectuales con características diferenciadas. (En la explosión de formas que hemos vivido estos últimos años en la informática podría encontrase un ejemplo de esta multiplicacion de la heterogeneidad que observaba Spencer).
¿Cuál es es principio mediante el cual se genera la complejidad? Una respuesta es que es complejo, claro, y que no puede darse de la complejidad una explicación simple. Pero puestos a reducir la complejidad a su expresión más simple, Spencer lo formula como sigue. Un fenómeno, o suceso, al incidir sobre otros, tiene multitud de efectos, y estos efectos se multiplican en progresión geométrica, al incidir unos sobre otros. De este modo, una causa no da lugar a un efecto, sino a varios, muchos, miles, millones de efectos, según cuál sea la perspectiva que adoptemos. Este es el principio explicativo del efecto mariposa, y de por qué la realidad es compleja cuando antes era simple. El principio básico lo expone Spencer en el cap. XX de First Principles, "The Multiplication of Effects."
Por el conflicto con la materia, una fuerza uniforme se transforma en parte en fuerzas de clases diferentes. (....) Y tampoco termina aquí la descomposición de una fuerza en muchas fuerzas. Cada uno de los diversos cambios operados se vuelve progenitor de cambios ulteriores. (...). Universalmente, pues, el efecto es más complejo que la causa. Sea o no homogéneo el agregado sobre el cual actúa, una fuerza al incidir se transforma, en virtud de este conflicto, en un número de fuerzas que difieren en sus cantidades, o direcciones, o clases; o en todos estos aspectos. Y de este grupo de fuerzas diversamente modificadas, cada una acaba por sufrir una transformación comparable. (....) Cuando las partes en las que se ha segregado cualquier todo sometido a evolución han llegado a diverger ampliamente en su naturaleza, necesariamente reaccionarán de modo muy diverso a cualquier fuerza que incida: dividirán una fuerza incidente en otros tantos grupos de fuerzas fuertemente contrastados. Y al volverse cada uno de ellos el centro de un conjunto completamente distinto de influencias, debe contribuir al número de cambios secundarios diferenciados efectuados por toda la amplitud del agregado. Y aún hay que añadir otro corolario. El número de partes diferentes que componen un agregado es un factor importante en el proceso. Cada división adicional especializada es un centro adicional de fuerzas especializadas, y debe convertirse en una fuente ulterior de complicación entre las fuerzas que están actuando en el conjunto de la masa—una fuente adicional de heterogeneidad. La multiplicación de los efectos ha de proceder en progresión geométrica. (First Principles §156).
Bien, así queda explicado en principio, de la manera más sucinta y sintética posible, cómo se genera la complejidad a partir de los fenómenos simples, o dicho de otro modo, cómo aparecen las cosas de la nada.
Esta es la noción principal en que descansa la filosofía evolucionista: que el presente es distinto del pasado, y que lo que existe está en proceso de generación; nada existe hasta que se produce por una conjunción compleja, nunca antes producida, de fuerzas y fenómenos. Todo es contingente en este sentido que el presente no está contenido en el pasado, ni esbozado en él, pues son incalculables las conjunciones de fuerzas y fenómenos (siendo el conocimiento una abstracción o interpretación de los fenómenos, una creación de modelos que identifican líneas generales y principios, pero sin llegar nunca a una definición exhaustiva del conjunto del fenómeno complejo). Que lo que existe está en un proceso de creación continua ha sido una intuición compartida por algunas teologías que atribuían a Dios no una actividad creativa inicial, sino una creación continua. Claro que Dios es uno de los conceptos redundantes una vez enfocada la explicación del universo desde un punto de vista evolucionista.
Pues del pensamiento evolucionista se derivan algunos corolarios interesantes para la teoría narrativa y la teoría del conocimiento. Por ejemplo, que las explicaciones evolutivamente coherentes no deberían presuponer la complejidad como fuente de la complejidad—ni la complejidad como fuente de la simplicidad, en los fenómenos evolutivos (otra cosa sucederá con lo que Spencer llama los procesos disolutivos, en los que un fenómeno complejo se disgrega o desaparece). Las explicaciones creacionistas no son evolucionistas por esto, aunque algunas incluyan algunos elementos evolucionistas (por ejemplo, aceptando la evolución de las especies como parte del Plan del Creador). Un Creador, y un Plan, son elementos ajenos al evolucionismo, pues los planes (fenómenos cognitivos, intelectuales, etc.), no pueden estar al principio, sino que son un fenómeno biológico ubicado en una fase tardía y muy concreta de la evolución. No se puede postular un ser infinitamente complejo como origen de los fenómenos, puesto que la finalidad de la explicación es precisamente dar cuenta de lo complejo, y mal explicado queda si toda explicación se hace innecesaria o circular.
Spencer reserva un lugar a la religión, establecienco que el ámbito del conocimiento se extiende únicamente a lo comprensible a partir de algunos datos originales, datos que en sí son inanalizables e irreductibles (como por ejemplo la conservación de la energía, o las formas estructuras básicas del espacio y del tiempo). Más allá se extiende lo incognoscible, o más bien sobre lo incognoscible descansa todo lo que se puede conocer. Este planteamiento cumple una doble función en su pensamiento. Por una parte, circunscribe las cuestiones a tratar y el tipo de explicaciones admisibles. Por otra parte, es una manera muy victoriana de aclarar que su pensamiento no es ateo, y que no ataca a la religión. Spencer deja intuir que Dios es la fuente de la gran Fuerza original que se manifiesta en la materia y energía del universo (y no es en ello sino un continuador del planteamiento de Newton). Pero a la vez su exposición de la generación del universo, de la complejidad, y de la multiplicación de los efectos ha hecho a Dios totalmente redundante. El Dios de Spencer, si así podemos llamarlo, está totalmente fuera de nuestro ámbito de conocimiento, y no hace nada en concreto al margen de generar esta inmensa Fuerza que ha dado lugar al universo. Los efectos de la Fuerza no están planeados, ni calculados, ni guiados, son totalmente supervenientes y contingentes. Spencer ha dado la fórmula de la creación a partir de la nada, pero es una creación que tiene lugar por sí sola, por composición de fuerzas, no como el despliegue de una planificación previa, sino como una multiplicación incalculable de efectos complejos, que inciden unos sobre otros en progresión geométrica.
Es un enigma, por supuesto, la naturaleza de la realidad, y un enigma irresoluble porque allí se encuentra nuestro pensamiento con sus límites, más allá de los cuales no tiene puntos de referencia. Lo que hacemos es proyectar fuera del ámbito donde son operativas, y tienen sentido, nuestras estrategias de pensamiento habituales, como causa, intención, efecto, etc. La realidad infinitamente compleja, procede de una realidad anteriormente más simple, y en última instancia de lo infinitamente simple. De una simplicidad tan simple que escapa a nuestra capacidad de representación mental, pues allí tendemos a distinguir lo que existe y lo que no existe, el todo y la nada. Y estas distinciones no son operativas en la simplicidad máxima que precede al momento en el que empiezan a narrar sus historias las cosmologías.
Ateniéndonos a la teoría del Big Bang como la manifestación de esa Fuerza, nos podríamos plantear el problema de que el Big Bang proporciona (aceptémoslo así) la Fuerza para crear el universo, pero no proporciona la información necesaria para constituirlo. Esta se genera (siguiendo la explicación de Spencer) por multiplicación de efectos, por el mencionado Efecto Mariposa que viene a ser la versión evolucionista de la creación a partir de la nada. Un problema que se plantea es por qué surgen—o si surgen— efectos asimétricos en la fuerza original, siendo ella en principio simple. Sin ese "defecto" originario, no hay generación de efectos diversos, no hay recombinación de fuerzas incidentes, no hay efecto mariposa, no hay nada. O hay, si preferimos otra versión, múltiples universos simétricos, o paralelos, que también con ello se ha especulado, una vez confrontada la paradoja de que la fuerza simple salió desviada.... ¿Con qué chocó, entonces, o qué la desvió? Al parecer, there is a crack in everything. Habrá que atribuir al dios de Spencer, además de una simple energía infinita, un toquecillo original (nada intencional) que impide que esa fuerza se manifieste de modo uniforme, o una pequeña descompensación original que dio lugar a todo, por acción del efecto mariposa.
... ¿O habrá que suponer que esa desviación tan simple, el Origen de la Diferencia, no es realmente distinguible de la pura simplicidad, y que son sólo nuestros conceptos los que no encuentran asidero para pensarla? Encontramos difícil comprender que el todo y la nada han sido originalmente la misma cosa, y que, a un determinado nivel, continúan siéndolo.
De nuestros parientes los simios nos separa la serie de nichos ecológicos que fueron desarrollando nuestros ancestros, distintos de los de ellos: un nicho de alimentación omnívora terrestre, un nicho como carroñeros de última fila, un nicho como carroñeros de primera, un nicho como cazadores-recolectores, un nicho pastoril, un nicho agrícola. Y podríamos añadir un nicho urbano-industrial. Hasta ahora se ha solido ignorar esta construcción activa de nichos como factor evolutivo, enfatizando en su lugar la mera adaptación AL ambiente, como consecuencia de cambios genéticos que alteraban las capacidades intelectuales y comportamiento de los humano(ide)s: como si los ancestros no hubiesen jugado un papel activo en estas transformaciones, cambiando de costumbres antes de ningún cambio genético.
Bickerton critica las explicaciones genéticas sobre el origen del lenguaje (tan en boga hoy entre los lingüistas de la escuela de Chomsky). No se encontrará ningún "gen del lenguaje", ni el FOXP2 ni ningún otro. Los genes hoy se ven como algo más flexible, capaz de cambiar su expresión para producir múltiples resultados. El origen del lenguaje no tiene por qué deberse a ningún cambio genético.
Es simplista creer que nuestro último antepasado común era "algo así como un chimpancé", dice Bickerton—como si los chimpancés no hubiesen cambiado, y sólo lo hubiésemos hecho nosotros. Pero los bonobos y los chimpancés tienen culturas, alimentación, y relaciones sociales muy distintas entre sí. Los conservadores nos ven como chimpancés, los progres como bonobos. Pero esto es ridículo. El ancestro común era seguramente diferente de todos los simios actuales. Y ninguno tiene ni rastro de lenguaje. En respuesta a cambios climáticos surgió el linaje de los australopitecos; los tipos "robustos" no están en nuestra línea evolutiva. Los tipos gráciles no eran tan diferentes de los demás simios—si bien eran diferentes. No hacían herramientas de piedra, con posible excepción del último, el Australopithecus garhi, y su sistema de comunicación no sería muy distinto del de los simios "a no ser porque es muy probable que añadiesen llamadas de aviso sobre depredadores" (113), en respuesta al nuevo entorno de la sabana. Como se explica en Man the Hunted, los australopitecos eran más presa que cazadores. Se volvieron más omnívoros que los simios, pero no es probable que desarrollasen una vida social tan complicada como los actuales simios. Estos no tienen depredadores que evitar en su ambiente, y han desarrollado complejas estrategias maquiavélicas para competir unos con otros. A veces se aduce este maquiavelismo como una de las fuentes del lenguaje, con el desarrollo de niveles más complejos de lectura de la mente del otro, pero es más probable que las estrategias maquiavélicas hubieran interferido con las capacidades de supervivencia de nuestros ancestros. De hecho lo que se potenció entre los ancestros humanos fue la cooperación, no la competencia con otros miembros del grupo.
"El único sentido en el que la vida social de los australopitecinos habría sido más rica que la vida social de los simios es precisamente en la atenuación de la competencia interna al grupo (y, en última instancia, en el nacimiento de la cooperación) que sigue inevitablemente cuando tienes que competir con miembros de otras especies, más que con miembros de tu propia especie". (115)
La potencialidad genética para desarrollar una vida social compleja existía, pero a veces la gente olvida que los genes no dictan el comportamiento, excepto en criaturas muy simples. Simplemente lo posibilitan. Son las circunstancias las que deteminan si esas posibilidades se realizan, y cuándo. El entorno se asegura de que quienes obedecen a sus genes, y no al entorno, sean eliminados.
Los gritos de alarma serían en los australopitecos un sistema de comunicación más parecido al de los monos que los tienen, diferenciados, que al de los simios. Y aunque estas llamadas de alarma no son "palabras", sí podrían haber supuesto un primer paso hacia el lenguaje, preparando a nuestros ancestros para las palabras, "acostumbrando a sus usuarios a la noción de que una señal pueda expresar algo más que meros sentimientos, necesidades y deseos" (117). Al menos dirigen la atención hacia un elemento objetivo del mundo externo (aunque no pueda decirse que lo signifiquen), y son gritos arbitrarios. Tienen así dos de las propiedades de las palabras.
El cambio climático, con las sabanas cada vez más secas, planteó presiones evolutivas y cambios de comportamiento a nuestros ancestros omnívoros. Hubo mayor tendencia a la dieta carnívora, menos con caza de acecho que con persecuciones de aguante. Allí da una ventaja la locomoción bípeda. Pero no se hace en grupos grandes, y se requiere también un desarrollo de armas defensivas, pues se es cazador y presa a la vez. Otra fuente de alimentos era la carroña. Pero los grandes felinos, hienas, etc., son carroñeros también, y siguen un orden de prioridad en su acceso a la carroña. Los humanos empezaron por la base de la pirámide: aprovechando la médula de los huesos. Esto también añadió presión para el uso de herramientas de piedra para partir los huesos. Este cambio de dieta, a su vez, propulsó el desarrollo cerebral, que requiere mucho consumo energético. Pero de por sí no hace surgir el lenguaje.
"Un cerebro más grande por supuesto habría venido bien una vez arrancase el lenguaje, y el propio lenguaje llevaría a seleccionar cerebros más grandes" (121)—pero hace falta explicar cómo se dio este desarrollo. Y "para el lenguaje, lo que se necesitaba no eran sesos, ni siquiera inteligencia. Sólo el nicho adecuado" (121).
Bickerton asocia este desarrollo a un cambio de dieta, y de status en la pirámide carroñera. De ser carroñeros de última fila, y comer médula, pasaron los homínidos a consumir la carne de grandes animales muertos, y a acceder a ella en primer lugar. Esto queda probado por el estudio de la posición relativa de las incisiones de dientes y de instrumentos de piedra en los huesos fósiles de grandes animales. En los más antiguos, las huellas de dientes vienen primero, y las de hachas después. En los más recientes, más recientes de dos millones de años, pasa poco a poco a ser al revés: primero llegan al hueso las hachas, y luego las huellas de dientes. Los grandes carnívoros no pueden acceder inmediatamente a los cuerpos de paquidermos, pues sus dientes no pueden desgarrar esa piel y han de esperar a que reviente. Pero las hachas de piedra sí pueden cortarla. Cita Bickerton estadísticas que calculan la accesibilidad relativa de grandes cadáveres en la sabana. Una organización de los grupos en torno al seguimiento de manadas, con vistas a una fuente de proteínas sistemática, y no ocasional, hubiera supuesto un cambio importante en la dieta y en el comportamiento. Son aspectos de la construcción de un nuevo nicho ecológico, como carroñeros de primera categoría. Una indicación adicional la proporciona la teoría de la búsqueda óptima de alimentos de Robert MacArthur y Eric Pianka, según la cual cualquier especie seleccionará, de entre los alimentos disponibles, los que proporcionen mayor cantidad de calorías en relación a la energía gastada en obtenerlos.
El inconveniente para pasar a carroñeros de primera era la presencia de los otros carroñeros alrededor de los cuerpos de paquidermos. La única ventaja posible de los homínidos, arguye Bickerton, estaba en los grandes números y en la cooperación, pero los grandes números se contradicen con la dispersión de la sabana y con los pequeños grupos en que trabajarían los cazadores-batidores. Ahí es donde entra en acción el factor lenguaje.
He retomado la traducción de La filosofía del presente, de G. H. Mead, que dejé colgada cuando me enteré de que publicaba una traducción un profesor de filosofía de Navarra, Ignacio Sánchez de la Yncera. También me deprimió un poquillo perder, hace un año, varias decenas de páginas de mi traducción en un lápiz USB que me olvidé en un ciber, y que nadie tuvo el detalle de devolverme. (Buitres carroñeros...).
A estas alturas he terminado el tercer capítulo, "La naturaleza social del presente". Mead comenta algunos fenómenos emergentes que le permiten relacionar la teoría de la relatividad y el surgimiento del pasado y del futuro como fenómenos accesibles a la consciencia (y, por complementariedad, del presente que no es ni pasado ni futuro). Me ha llamado la atención, en su definición de cómo los organismos vivos dan lugar a un entorno con su acción, un aspecto emergente de este entorno. Es interesante porque permite encontar en G. H. Mead un fundamento o formulación filosófica para la teoría de los nichos ecológicos. La idea fundamental es que la relación entre el ser vivo y su entorno es dialéctica o de retroalimentación (algo en realidad implícito en la idea misma de ecología). Es decir, que el ser vivo no sólo se adapta a su ambiente, sino que adapta su ambiente a él, y eso hace surgir nuevos fenómenos (emergentes) que para John Odling-Smee, Marcus Feldman, y otros proponentes de esta teoría, son uno de los motores principales de la evolución. Los seres vivos no son pasivos, sino que intervienen activamente en su propia evolución, diseñando su entorno y diseñándose así a sí mismos, el único diseño inteligente que interviene en la evolución. Esta teoría tiene la ventaja de que permite repensar la evolución humana como un proceso de autoconstrucción, pues en los humanos este fenómeno adquiere unos niveles realmente espectaculares. Hace poco comentaba un aspecto de esta teoría de la generación de nichos ecológicos en relación a la teoría del origen del lenguaje de Derek Bickerton.
Lo interesante de G. H. Mead es cómo introduce esta cuestión de la emergencia y de la prospeccción, del futuro que será, en su definición de lo que constituye un entorno ecológico. El futuro, implícito en los objetos del entorno a través de nuestra capacidad de acción sobre ellos, carga de valores y sentidos a ese entorno. Este mismo proceso, de por sí, contribuye a dar estructura a la experiencia temporal, a contrastar presente y futuro. Esto es muy obvio en el caso de los humanos, los seres que desarrollan una experiencia temporal más compleja, pero también es así en menor medida para organismos más simples.
La filosofía de G. H. Mead es para los pensadores evolucionistas un paso intermedio muy sugestivo entre las concepciones de Herbert Spencer, a quien parece haber leído con atención sobre estas cuestiones de vida, consciencia y entorno, y el pensamiento ecológico contemporáneo, que viene a añadir importantes matices al darwinismo clásico o al de la síntesis: matices especialmente relevantes en el caso de los seres vivos y conscientes, que mediante su reacción al entorno, y mediante la generación mental de un futuro, intervienen como agentes en en su propio diseño y destino.
Spencer, en su teoría general de la evolución expuesta en First Principles, no trata sino muy someramente de la evolución biológica, pues pretende establecer los principios generales del conocimiento y desarrollar una teoría general de la evolución de todos los fenómenos, no sólo los biológicos, sino también los físicos en general, cosmológicos, geológicos, y pasando más allá de los biológicos a los sociales, económicos, culturales, y psicológicos. Pero por el camino sí que encuentra tiempo para hablar de la adaptación del ser vivo al entorno, y viceversa, como un factor en la evolución. El viceversa es lo que más me interesa resaltar en este post. Traduzco un fragmento del capítulo sobre "Equilibration", donde habla de cómo los procesos evolutivos tienden a pasar por una fase de equilibrio dinámico relativamente estable. Aquí habla de la adaptación de costumbres, pero el mismo razonamiento lo aplica a todo tipo de adaptación entre un individuo y su entorno:
"Unas verdades generales similares se manifiestan en el proceso de la adaptación moral, que es una aproximación continua al equilibrio entre las emociones y los tipos de conducta requeridos por las condiciones que lo rodean. Al igual que el repetir la asociación entre dos ideas facilita el que una sea excitada por la otra, de la misma manera la descarga de sentimientos en la acción vuelve más fácil una descarga subsiguiente de tal sentimiento en tal acción. Así sucede que si un individuo se sitúa permanentemente en situaciones que requiren más acción de determinado tipo de la que se ha requerido hasta entonces, o de la que le viene por naturaleza—si por cada vez que la realiza de modo más frecuente o más duradero bajo tal presión, la resistencia queda algo disminuida, entonces, claramente, hay un progreso hacia un equilibrio entre la demanda de este tipo de acción y su producción. Ya sea en sí mismo, o en sus descendientes que continúen viviendo bajo tales condiciones, la repetición forzosa debe al final producir un estado en el que este modo de dirigir las energías no le sea más repugnante que los otros modos que antes eran naturales a su raza." (§ 456)
Spencer es heredero de la gran tradición de la economía política, de la que tanta inspiración derivó Darwin—la "mano invisible" de la selección natural viene a ser una versión de la mano invisible del mercado descrita por Adam Smith. En Spencer, pues, también encontraremos una reflexión sobre la economía como un proceso evolutivo que no sólo adapta la cultura humana al entorno natural, sino que también adapta el entorno natural a la cultura humana.
"Una tribu de hombres que vivian de los animales salvajes y de la fruta estará, está claro, siempre oscilando de un lado a otro de ese número medio que pueda mantener el lugar en cuestión. Aunque, mediante una producción artificial mejorada sin cesar, una raza superior continuamente altere el límite que las condiciones externas le ponen a la población, sin embargo siempre hay una retención de la población en el límite temporal que se haya alcanzado." (§ 457).
Es decir, el ser humano, en sus culturas avanzadas, sí modifica deliberadamente su entorno, y lo construye según sus necesidades. Esta concepción proactiva del entorno pasa fácilmente de un contexto económico humano a un contexto adaptativo en general: "Tanto en el organismo individual como en el organismo social, la equilibración de funciones genera equilibraciones de estructuras" (§ 458). Spencer no llega a formular esta teoría con precisión en lo que respecta a la relación entre las especies y su entorno. Su definición de la adaptación enfatiza que "las fuerzas nuevas que han venido a actuar sobre el sistema, han sido compensadas por las fuerzas opuestas que han despertado" (§ 452). Esta definición no deja claro si, en el caso de un ser vivo en un entorno, el entorno queda modificado, o meramente contrarrestado. Pero sí podría considerarse que la teoría de la adaptación del ambiente al ser vivo se deduce, implícitamente, de la formulación general que da Spencer de los múltiples efectos a que da lugar una colisión de fuerzas (en este caso, la del ser vivo y la de su entorno). Según esa definición general, la acción provoca una reacción que transforma la fuerza inicial: en este caso, que transforma el entorno. Una fuerza externa modifica una entidad determinada (un "agregado", dice Spencer), pero los resultados de esta composición de fuerzas son complejos, y resultan cambios que afectan a la fuerza incidente, cambios tan numerosos como los que se producen sobre el objeto sobre el cual actúa la fuerza. (First Principles § 156).
La teoría de la evolución de Spencer, por tanto, favorece, por tanto, un concepto complejo y recíproco de la relación entre el organismo y el entorno, que resulta en una modificación mutua: algo que se vuelve muy claro en el caso de la acción intencional humana sobre el entorno. Esta concepción quedará más explícitamente desarrollada en la teoría del entorno expuesta por G. H. Mead en The Philosophy of the Present, que enfatiza el papel de la consciencia, incluidos los niveles de consciencia básicos, en la interacción dinámica y proactiva del ser vivo con su entorno.
El problema del origen del lenguaje requiere relacionarlo con la biología de nuestra especie. Si somos la única especie con lenguaje, hay que estudiar en qué modo está inserto éste en la biología humana, y cómo su desarrollo es parte de la evolución humana (y no una "invención cultural" cualquiera). La teoría de la construcción de nichos ecológicos permite repensar esta cuestión.
El neo-darwinismo imperante durante la segunda mitad del siglo XX enfatizaba la adaptación al medio. La teoría de construcción de nichos enfatizará más bien la adaptación del medio: es "una teoría que hace jugar a los animales mismos un papel vital en su propia evolución" (93), y da así un papel más proactivo a los seres vivos (en especial, diría yo, a los más inteligentes):
"Entre sus muchas virtudes, esta teoría puede explicar tanto las rápidas cascadas de cambios que dieron lugar a la teoría del equilibrio puntuado de Stephen Jay Gould, como la emergencia ocasional de factores que parecen ser al principio totalmente novedosos (el lenguaje es sólo uno de entre muchos ejemplos)." (93).
Por ejemplo, los castores se construyen de modo obvio su propio entorno, y también se han hecho a él. Es una adecuación tal la que se da en tantas especies entre estructura corporal y entorno, que la explicación darwinista clásica no parecía suficiente a muchos (y de ahí la tentación del Diseño Inteligente): algo faltaba por añadir a la presión ambiental y la selección natural.
Bickerton habla de "la evolución de la evolución": Lamarck, el primer gran zoólogo evolucionista, quedó atrás al ser insuficientes sus explicaciones. Darwin propuso unos mecanismos evolutivos más flexibles y variados (¡incluyendo los lamarckistas!) pero si hoy hablamos de darwinismo es sobre todo por la exitosa combinación de sus teorías con la ciencia genética de Mendel, la "nueva síntesis" darwinista del siglo XX: "Los genes no son lo único, claro, aunque sería perdonable el pensar que lo son. En el consenso neodarwinista que ha dominado la biología durante un siglo, los animales son sólo vehículos para sus genes" (95)—son ante todo una fuente de variación genética sometida a un entorno activo y a unos genes hiperactivos. El comportamiento se hace depender implícitamente de los genes. Pero en realidad, con mayor frecuencia, el cambio de comportamiento se da primero, y los cambios genéticos van a remolque.
Un ejemplo es la tolerancia a la lactosa en los humanos adultos. Es producto de una mutación, pero una mutación que se ha difundido gracias a un cambio cultural. Antes hubiera sido disfuncional. Hoy, la práctica totalidad de los suecos y la inmensa mayoría de los americanos blancos son tolerantes a la lactosa: pero sólo un pequeño porcentaje de chinos, y no lo son los indios americanos. Esta diferencia genética se debe a un comportamiento cultural: a la cultura del pastoreo en los antepasados.
"Lamarck se había equivocado en su elección de mecanismo: el motor que impulsa la evolución son los genes, no los logros vitales del individuo. Pero su intuición de que son los propios animales quienes guían su evolución era certera. Porque es la interacción de los genes y del comportamiento la que hace arrancar el motor evolutivo, y la retroalimentación entre los genes y el comportamiento es lo que lo mantiene en marcha. Es la comprensión de esto lo que hizo nacer la teoría de la construcción de nichos." (97)
Esta teoría fue desarrollada por John Odling-Smee, Marcus Feldman y Kevin Laland (se expone en su libro Niche Construction: The Neglected Process in Evolution, Princeton UP, 2003). Contribuyó algunos aspectos Richard Dawkins en The Extended Phenotype (aunque en conjunto es muy crítico con la teoría, y un defensor de la predominancia del factor genético); también antes había ideas de Waddington, Lewontin, y otros estudiosos del comportamiento y la ecología.
"La idea básica que hay que tener en mente es que los propios animales modifican los entornos en que habitan, y que estos entornos modificados, a su vez, causan la selección de más variaciones genéticas del animal. Así empieza un proceso de retroalimentación, una vía de doble sentido en la que el animal va desarrollando el nicho, y el nicho va desarrollando al animal, hasta que se llega al ajuste como entre una llave y una cerradura que hace que la gente diga: '¡Pero es que tiene que haber un diseñador!' Los animales no son sólo vehículos pasivos para sus genes; desempeñan un papel activo en el diseño de su propio destino". (100).
Los nichos ecológicos tienen tres componentes esenciales: un hábitat o entorno físico, un tipo de alimentación, y los medios de obtenerla. Se suele concebir el medio como algo a lo que el animal se adapta: pero en realidad muchísimas especies construyen activamente su nicho, adaptando el ambiente a sí mismas: los castores, las hormigas cultivadoras de hongos, las lombrices. Darwin mismo mostró cómo las lombrices (descendientes de gusanos acuáticos) construyeron el suelo cultivable. Y la construcción de nichos por parte de una especie puede alterar significativamente el hábitat de otras especies.
Bickerton propone que la construcción de nichos es la clave para entender el origen del lenguaje, algo que faltaba en las teorías anteriores, especialmente en las de los lingüistas: "uno de los aspectos más flojos de de los estudios sobre la evolución del lenguaje era que no estaban integrados en una explicación global de cómo había evolucionado la especie humana en su conjunto" (103). La habilidad simbólica de nuestra especie es simplemente un caso de construcción de nicho ecológico, como lo son las capacidades especiales de otros seres para desenvolverse en su entorno (y no sólo casos como las "culturas" de los chimpancés, etc.): "la teoría de la construcción de nichos liga a los humanos con otros seres de una manera mucho más amplia y válida que las afirmaciones sobre la cultura de los chimpancés" (105). Esta teoría nos permite ver cómo el hiperdesarrollo de comportamientos aprendidos que se da en los humanos es un caso de construcción de nicho, y está basado en un instinto, el instinto del lenguaje, desarrollado evolutivamente: fue un comportamiento que guió un cambio genético, y continuó como cambios genéticos que guiaban el comportamiento. El lenguaje es tanto cultural como biológico, pero hasta ahora faltaba una teoría que permitiese integrar adecuadamente la interacción de biología y cultura que permitió la aparición del lenguaje.
Hay que buscar el origen del lenguaje, algo que no compartimos con otras especies, no en lo que compartíamos originalmente (el material genético) sino en lo que hacía a nuestros antepasados diferentes: es mucho más probable que la diferencia se hallase en el nicho ecológico construido por nuestros ancestros, un nicho muy distinto del de todos los demás simios. Bickerton propone identificar ese nicho y cómo contribuyó al origen del lenguaje y a la humanización.
El gran pensador evolucionista del siglo XIX fue Herbert Spencer, hoy injustamente menospreciado y prácticamente ignorado. Suele considerársele un epígono de Darwin, cosa pasmosamente injusta para quien conozca su obra. En First Principles sienta las bases de una filosofía que hoy se llamaría "consiliente", una sistema unificador de la realidad y de las disciplinas del conocimiento, una especie de metafísica fenomenológica, que tras dividir el ámbito de la realidad entre lo cognoscible y lo incognoscible, establece principios de conocimiento e interpretación para lo cognoscible. Por ejemplo, la ley del mínimo esfuerzo, o la ley de la complejidad y unificación progresiva de las formas en su evolución.
En este capítulo, llamado la "Ley de la Evolución", nos plantea su narratología particular. Ya nos ha hablado de las formas lingüísticas, cómo progresan de formas simples o parcialmente integradas al desarrollo de complejas estructuras de integración—que muchas veces conllevan una aparente simplificación de las formas gramaticales: pero al nivel sintáctico y discursivo, observa Spencer, la complejidad e integración se hacen mayores en las lenguas de pueblos desarrollados.
"Si comparamos, por ejemplo, las Escrituras hebreas con los escritos de los tiempos modernos, se aprecia una marcada diferencia de agregación entre los grupos de palabras. En el número de proposiciones subordinadas que acompañan a la principal; en los varios complementos de los sujetos y predicados; y en las numerosas oraciones modificadoras—todas ellas unidas formando un todo complejo—muchas oraciones en las composiciones modernas exhiben un grado de integración que no se encuentra en las antiguas." ( § 113)
También presta atención Spencer a las estructuras narrativas y argumentales propiamente dichas, en las obras de arte literarias:
"Una vez más las artes del diseño literario, narrativas y dramáticas, nos proporcionan ejemplos. Los relatos de tiempos primitivos, como esos con los que los contadores de historias orientales todavía siguen entretendiendo a su audiencia, están hechos de sucesivos acontecimientos, en general fantásticos, que no guardan conexiones naturales: son sólo otras tantas aventuras puestas juntas sin secuencia necesaria. Pero en una buena obra de imaginación contemporánea, los acontecimientos son producto adecuado de personajes que viven en circunstancias determinadas, y no se puedn cambiar en su género o en su orden sin estropear o destruir el efecto general. Es más, los propios personajes , que en las obras de ficción tempranas desempeñan su papel sin mostrar que sus mentes se vean modificadas unas por otras, o por los acontecimientos, ahora se nos presentan como sujetos unos a otros por complejas relaciones morales, y actuando y reaccionando a las naturalezas de los demás" (§ 114)
Se me dirá que esto ya lo dijo Aristóteles en la Poética, cuando hablaba de la unidad de argumento y de la superioridad de Homero a los demás poetas épicos. Y en cierta medida, así es: antes de Spencer, mucho antes, tenemos que ir a Aristóteles a buscar no sólo las raíces de la narratología, sino también las de la narratología evolucionista.
Pero la diferencia es en realidad la que explica Spencer: una diferencia de integración. El principio evolutivo de la narración está aquí integrado como parte coherente de toda una filosofía de la realidad que es de naturaleza evolutiva, como no podía serlo en Aristóteles.
Para Spencer, lo simple deriva de lo complejo—es el principio central del evolucionismo—de un modo no sólo conceptual sino histórico y genético. Su filosofía aplica este principio interpretativo sistemáticamente, para explicar la génesis de los astros, de las formas vivas, de los niveles de consciencia, de las instituciones culturales, de las relaciones económicas (pasando de las sociedades primitivas a la economía globalizada), de la política—predice Spencer la creación de una federación europea— o de la tecnología, pues las máquinas complejas son diseñadas a partir de una composición de máquinas simples. Y el mismo principio aplica, según vemos, al pensamiento, a la narración y al discurso. Incluyendo, de modo reflexivo, su propia filosofía.
Es díficil imaginar una base conceptual más amplia y sólida para un estudio de la historia y estructura del discurso o para la narratología evolucionista.
Ya Samuel Pepys, contemplando un simio en 1661, se preguntaba si no podría enseñársele a hablar o a comunicarse por signos. Pero hasta la década de 1940 no se realizaron experimentos, enseñando cuatro palabras a un chimpancé. Max Müller, en la estela de Darwin, había sentenciado que el lenguaje era la única gran barrera entre el hombre y los animales—pero dando por hecho que era una barrera infranqueable. Los experimentos con comunicación animal han de evitar el fenómeno de "Hans el listo", el caballo que parecía que entendía preguntas y respondía dando señales con el pie… pero que en realidad sólo leía en los gestos de su amo la señal de parar. También sobre los experimentos con chimpancés (Washoe) o gorilas (Koko) se han hecho declaraciones exageradas e infundadas:
"la pretensión de que los simios aprendieron el Lenguaje de signos Americano (ASL) es absurda. Se les enseñó un puñado de signos equivalentes a palabras referenciales corrientes, y punto. Algunos observadores lo han descrito, con bastante exactitud, como "pidgin de signos". Los simios nunca adquirieron la estructura del ASL. Los investigadores habrían hecho mejor admitiendo eso: y entonces podrían haber visto que una cosa que sí hicieron los simios era, como veremos, significativa y sorprendente" (77)
Sosteniendo que los simios "entendían" el lenguaje, se pasaba por alto que no podían construir frases—y que la comprensión se basa en la comprensión de la situación, de lo que se busca y de lo que se trata, no en comprensión de sintaxis. Un niño pequeño rápidamente supera a cualquier simio en cuanto al puro manejo de estructuras lingüísticas—aunque en un contexto de experimentación los simios tengan la inteligencia de conseguir el premio que quieran.
"La conversación de los simios está centrada en el ego. Todo lo que habla un simio cualquiera, incluyendo a Kanzi, el Einstein de los simios, se refiere a cosas como a dónde quieren ir, qué quieren o qué quieren que hagas, o qué querrían comer. No hay temas generales. Nunca se intercambia información objetiva sobre el entorno o acontecimientos que tengan lugar en él." (78)
(Los críticos de Bickerton le reprochan en este punto que no tenga en cuenta los experimentos de Michael Tomasello, sobre infantes y chimpancés. Tomasello y sus colaboradores arguyen que la capacidad de señalar in absentia es prelingüística. Aunque Tomasello sí figura (marginalmente) entre las referencias de Bickerton, y no parece que sus estudios contradigan drásticamente las conclusiones deAdam's Tongue. Una capacidad prelingüística de atención a lo ausente parece un requisito imprescindible para el desarrollo del lenguaje, y sin embargo no está en absoluto excluido que el lenguaje contribuya enormemente a desarrollar o canalizar esa capacidad).
Una cuestión que señala Bickerton es que los simios sí parecen captar espontáneamente algunos aspectos importantes para el lenguaje (y en general ignorados por sus entrenadores): a) la diferencia entre nombres comunes y propios—los objetos los agrupan en clases de objetos (un plátano es un plátano, no el nombre de este plátano) pero a las personas las reconocen por su nombre—¿resultado de la sociabilidad? b) los simios combinan signos enseñados espontáneamente. Y esto es notable: puesto que los sistemas de señales animales (ACS) no combinan signos, ni existen en ellos signos arbitrarios con significado. c) Y la tercera cosa: el hecho mismo de captar qué es un signo. Pero esto sí que es algo que son capaces de hacer, aunque sea "ajeno" al comportamiento de su especie. Una especie de bombilla que se les encendió en la cabeza. Bickerton interpreta esto como resultado de un principio neurológico básico, la regla de Hebb(aunque hay que decir que la escuela de Ramón y Cajal ya sostenía antes este principio): neurons that fire together wire together, es decir, que las neuronas que se activan simultáneamente repetidas veces acaban desarrollando un enlace neuronal directo—y así es como se desarrollan las redes neuronales, y el aprendizaje.
"Sólo hay dos cosas que podrían haber desencadenado el desarrollo de una red neural que hizo posible conectar señales arbitrarias con cosas del mundo exterior. Una de ellas, la que les funcionó a los simios, fue un acto de intervención deliberada por parte de otra especie. La otra, la que les funcionó a nuestros antepasados remotos, era el factor X–el factor que busca este libro." (83)
Nos podríamos preguntar que si los simios tenían esta capacidad de aprender, ¿por qué no la desarrollaron en estado salvaje? Pero es que en estado salvaje no había presión selectiva para usar esta capacidad. (Por cierto, no sé por qué E.B. Bolles dice que Bickerton ignora la selección natural en su razonamiento sobre el origen del lenguaje, si precisamente su razonamiento se basa en la selección natural asociada al desarrollo de un nicho ecológico). Si cambia el medio ambiente, algunos animales son capaces de aprender y desarrollar comportamientos nuevos, y esto puede ser una presión selectiva suficiente para un cambio mayor. Los materiales están, y lo que se requiere es una presión selectiva suficiente. Los grandes simios sí tienen el material genético necesario para desarrollar cambios en la dirección del lenguaje, más que otras especies. (Ojo que Bickerton no dice que tengan TODO el material necesario; su postura no es necesariamente contradictoria con la de Tomasello)¿Pero hay otras especies que tengan estos ingredientes? Los leones marinos. Los delfines. Los loros—el loro Alex, de Irene Pepperberg (este loro al parecer corregía a sus congéneres loros en el laboratorio, cuando se equivocaban: les decía "¡Habla bien!" Ver su libro Alex&Me, 2008). En todos se han detectado capacidades protolingüisticas. Esto lleva a plantear que no habría que buscar los precursores del lenguaje humano exclusivamente en el comportamiento de los simios. Por homología (o sea, por comunidad de descendencia) podrían buscarse las capacidades protolingüísticas en antepasados muy remotos—comunes con los loros. Y explicar por qué se manifiesta en tan pocas especies de entre tantos primos lejanos. Bickerton se inclina más bien por una interpretación analógica: el rasgo común (como el parecido de ictiosaurios y delfines) no se debe al parentesco, sino a un mismo desarrollo en respuesta a un medio ambiente similar. El nivel cognitivo necesario para el protolenguaje no lo sitúa Bickerton muy arriba: requiere una conceptualización cognitiva: requeriría
"tener la capacidad auditiva y/o visual de captar el mundo como algo divisible en un elevando número de categorías separadas y distintas, y el espacio cerebral necesario para clasificar y almacenar sistemáticamente todos los rasgos que distinguen las diversas categorías" (87)
Hacen falta más experimentos cognitivos con animales en este sentido. Si muchas especies poseen este tipo de cognición protolingüística, esto podría hacer pensar estando ampliamente disponible el material, se podría pasar del protolenguaje al lenguaje si se dan las presiones selectivas adecuadas para ello. Y, apunta Bickerton, no harían falta "cambios especiales, mutaciones mágicas, 'órganos del lenguaje' o circuitos dedicados para que arrancase el lenguaje" (88)–(ésta va por Chomsky, con el que seguirán más diatribas en capítulos posteriores de Adam's Tongue). Los fragmentos de lenguaje humano que aprenden los simios los usan sólo cuando lo requieren sus entrenadores, para obtener recompensas. Los bonobos, altamente sociables, no usan esa sociabilidad para desarrollar el lenguaje cuando lo aprenden, ni viceversa. La sociabilidad de los simios no requiere el lenguaje. Lo que hace necesario el lenguaje no es la inteligencia práctica ni la sociabilidad de los simios, sino algo que no es necesario para los simios, pero que sí que lo era para nuestros antepasados, que "inauguraron un nicho ecológico en el que ningún animal de su tamaño ni complejidad había entrado antes". El lenguaje nació para esa necesidad ecológica—y ahora hemos perdido de vista ese origen por una especie de falacia retrospectiva: porque nos ciega todo el mundo cultural que el lenguaje ha generado, aunque no nació para generarlo.
(Es el viejo principio de la exaptación enunciado por Gould como mecanismo evolutivo crucial: vemos pájaros con alas y plumas, y cometemos el error de pensar que surgieron en un origen "para volar". Pues no: el vuelo vino después).
Adam's Tongue 5: Los nichos no lo son todo (son lo único)
Con la moda del determinismo genético que ha venido dominando el panorama evolutivo, entre Dawkins y la secuenciación de genomas, se ha enfatizado el estrecho parentesco genético entre humanos y grandes simios, de tal modo que
"cada vez más gente daba por supuesto que la mayoría si no todo de lo que se veía como rasgos y comportamientos típicamente humanos (y en muchos casos, exclusivamente humanos) no eran sino expansiones de rasgos y comportamientos que se encontraban en los simios. Esta perspectiva se reflejaba en los títulos de obras populares sobre la evolución humana: El mono desnudo, El Tercer Chimpancé, y (naturalmente) El Simio que Hablaba y El Simio Parlante" (55)
Se presuponía que con el cambio de dieta de lso simios, el elemnto de inteligencia maquiavélica y competitiva presente en chimpancés y bonobos llevó a una expansión y diversificación del su sistema de señales (ACS), que se convirtió poco a poco en lenguaje—y esto complicó la vida social, y eso llevó en retroalimentación a una complicación del lenguaje... En algunos círculos, dudar de que las cosas sucedieron así es casi como declararse creacionista; se ha vuelto un dogma que impide replanterse la cuestión del origen del lenguaje.
Para esta teoría es un problema que hay monos que tienen cosas más parecidas a un protolenguaje, o a palabras, que nada que tengan los chimpancés y los bonobos. Y esto parece ofender a la idea de una escala progresiva, según la cual la especime más cercana a nosotros debería tener el ACS más cercano a un lenguaje.... pero no es así. Y no lo es porque el ACS no es una especie de intento fracasado de lenguaje.
Esta teoría de la continuidad simiesca también tiene en su contra que ignora elementos cruciales: que la ecología y hábitat de los protohumanos eran muy distintos de los de los grandes simios; y también que los humanos desarrollaron un grado de cooperación desconocido en ninguna otra especie de primates. Los humanos son socialmente competitivos, como los simios, pero tambien altamente cooperativos. Los chimpancés lo más vistoso que hacen en cooperación es despulgarse de dos en dos (Bueno, también cazan en grupos a veces).
El planteamiento corriente es que como somos inteligentes, desarrollamos el languaje. Señala aquí Bickerton una especie de falacia de la retrospección en el planteamiento de este tema: como ahora expresamos nuestros pensamientos con el lenguaje, damos por hecho que el lenguaje nació como un modo de expresar pensamientos. El razonamiento de Bickerton aquí se atiene más a una teoría del lenguaje como exaptación: nacido no de la inteligencia, sino de la cooperación y comunicación, el lenguaje encontró luego otros usos—y contribuyó al desarrollo de la inteligencia. Y no al revés. Hace falta aquí una especie de replanteamiento copernicano: "Pero primero tenemos que ver por qué no puede mantenerse una evolución en línea recta hasta el lenguaje partiendo de un ACS típico de los simios" (59)
Amy Pollick y Frans de Waal buscan el origen del lenguaje en los gestos de los simios. El problema es que los ACS de los grandes simios son más limitados que los de los monos. Así pues, Pollick y de Waal ven los gestos como más flexibles, más adaptables y por tanto más lingüísticos... —aunque de hecho es más probable que las similaridades en gestos de simios y humanos se deban a homologías heredadas del antepasado común, no a desarrollos comunes. Los monos necesitan ACS detallados, con llamadas de alarma, pues corren peligros de depredadores. Los simios no. Debemos concebir a los protohumanos como los habitantes no de la selva sino de un ecosistema muy diferente, con necesidades de comunicación diferentes de los de ninguna especie de simios actual.
La teoría de los simios cantores ha sido una de las más frecuentes en especulaciones sobre la evolución del lenguaje, ya desde Darwin, si no desde Rousseau (y hoy Mithen). Y sí hay simios cantores: los gibones, que hacen largos cantos y cantan dúos en pareja. El problema es que en la sabana eso de cantar es un peligro; los gibones viven en los árboles, pero nuestros antepasados probablemente tendían a hacer menos ruido que los simios, no más. Alison Wray ha propuesto que las señales ACS, que son en principio holísticas, no descomponibles, pudiesen por mera repetición del azar dar lugar a un inicio de descomposición en partes, una especie de morfología incipiente. Bickerton también descarta esta hipótesis del protolenguaje holístico, pues para él descansa en la falacia de que el lenguaje y la comunicación animal son en el fondo lo mismo, y no lo son. El ACS de por sí no tiene los ingredientes necesarios para evolucionar y convertirse en un lenguaje.
Dean Falk ha propuesto otra teoría, asociada al cuidado de los bebés. Los niños humanos necesitan mucha atención y cuidados de la madre, transporte—y Falk propone que el lenguaje pudo nacer de la necesidad de mantener el contacto entre madre y niño cada vez que éste se era depositado en el suelo, algo que tenía que suceder constantemente. Bickerton no ve por qué sonidos sin más, para tranquilizar (y no palabras con significado) no pueden cumplir esa función. En suma, según Bickerton,
"No hay modo de que "las palabras emergieran" sin alguna serie de circunstancias muy concretas y específicas que forzasen a las palabras a emerger—no de los cantos de los simios, ni de los arrullos de las madres, ni de los despulgamientos, ni de la descomposición de enunciados holísticos, ni de ninguna de las docenas de propuestas que se han formulado durante años." (73)
Aunque antes de cerrar el tema de los simios también hay que tratar la cuestión de si los simios pueden aprender a hablar, cosa que también se ha intentado demostrar.
Marc Hauser estudió los sistemas de comunicación animales (ACS) y concluyó que sus señales pueden ser de tres tipos: señales relativas a la supervivencia individual, señales relativas al apareamiento y reproducción, y señales relativas a otros tipos de interacciones entre individuos de la misma especie (señales sociales). A veces son mixtas, pero no hay señales que cumplan otras funciones. Los animales no pueden hablar del tiempo, ni del paisaje, ni contarse cosas sobre lo que han hecho, ni mandar señales sobre planes para el futuro ni que rememoren el pasado. (Les faltan, pues, la descripción, y la narración, como poco. Aparte de otras funciones lingüísticas como el metalenguaje, la poesía, las órdenes y peticiones verbales, las promesas... toda una colección de actos que son actos de habla. Pueden lograr algunos de los efectos que nosotros logramos perlocucionariamente, mediante el uso del lenguaje, pero en su caso no son perlocucionarios porque no hay una locución previa).
Los sistemas de comunicación animal (señales visuales, llamadas, gestos) no surgieron originariamente con esa finalidad; se utilizó para fines comunicativos algún sistema que originalmente tenía poco o nada que ver con la comunicación. (Es lo que Stephen Jay Gould llama exaptación: aquí, exaptación para la comunicación. El lenguaje también es producto de una exaptación). Y el problema que encontramos con el lenguaje es que los sistemas de comunicación animal de nuestros parientes más próximos, los grandes simios, no son nada prometedores como material para extraer de ellos palabras, o frases, o significados.
Las llamadas de supervivencia se realizan en función de la perpetuación de los genes. Así son menos frecuentes las llamadas de aviso a quienes no son parientes cercanos, por un cálculo espontáneo del gen egoísta. Las señales de reproducción también van destinadas a aumentar la aptitud de supervivencia. Y la afiliación al grupo también beneficia la supervivencia del individuo.
Los humanos tienen muchas características únicas o muy distintivas de lo específicamente humano: el bipedismo, la falta de pelo, el blanco de los ojos, la precisión de manipulación... "Pero ningún otro rasgo único de ninguna otra especie está tan aislado del resto de la evolución como lo está el lenguaje" (20). Y el asunto no es que sea único, sino que sea distinto en carácter. Tiene la apariencia de algo surgido de ninguna parte. La materia prima de la evolución para crear el lenguaje debería tener estas características que lo separen de otros medios de comunicación animal: tendría que ser un sistema refinable, y tendría que ser desconectable de las situaciones presentes relacionadas con la aptitud para sobrevivir. ("Y eso son tres tareas en una en realidad: el sistema tendría que desconectarse de las situaciones, de los acontecimientos presentes, y de la aptitud" - 21). "Así que para llegar hasta el lenguaje, la referencia de las unidades significativas—signos o palabras—tiene que transferirse de alguna manera desde las situaciones concretas hacia los conceptos que tenemos de cosas concretas del mundo" (22). Los sistemas de comunicación animal (ACS) están atados a la inmediatez del momento presente: no hay avisos por anticipado de lo que podría suceder mañana ni rememoraciones del ayer: se refieren al entorno inmediato. "Las palabras, en cambio, se usan relativamente poco para tratar lo que tenemos delante de los ojos" (22). Seguimos teniendo y usando el lenguaje corporal para comunicarnos in praesentia, pero las palabras hacen otras cosas. "No hay ninguna señal de ACS que tenga lugar en ninguna situación que no se refiera directamente a la aptitud" (23). Y esa función la hacen bien los ACS; los animales no tienen lenguaje porque no lo necesitan Por eso tuvo que tener una fuerte presión selectiva el lenguaje, ser útil desde el principio, para poder desarrollarse, ya desde la primera palabra: "Si no, nadie se hubiera molestado en inventar más palabras" (24). Las teorías dominantes sobre el origen del lenguaje no tienen en cuenta suficientemente la especificidad del lenguaje frente a los ACS. No tendría sentido evolutivo la creación de un sistema infinitamente más complejo que el de los ACS si fuese para hacer lo mismo.
Hay modas en paleoantropología. Primero fueron los cazadores y fabricantes de herramientas lo que llamaba la atención, y se asoció el origen del lenguaje a ese razonamiento. Luego, en los años 1990, se primaba la inteligencia social, la mujer recolectora, etc. Así que se desarrollaron teorías del origen del lenguaje asociadas a la interacción social. (Y aquí se hizo sentir especialmente la visión primatecéntrica de las investigaciones recientes, que para Bickerton es errónea).
Una de las teorías de "inteligencia social" comenta Bickerton, la teoría de Robin Dunbar de que el origen del lenguaje va asociado al cotilleo y al acicalamiento mutuo (igual que los chimpancés se despiojan). El error es creer que porque una función del lenguaje sea dominante hoy (el cotilleo, el contacto fático, etc.) el origen tuvo que estar asociado a esa función. Las primeras palabras tuvieron que ser mucho más vitales selectivamente para la supervivencia, y sólo después con el crecimiento del lenguaje se aplicó éste al cotilleo. Una teoría del origen del lenguaje debe pasar las siguientes pruebas
- la de la singularidad - la de la utilidad inmediata - la de la ecología - la de la credibilidad - la del egoísmo
Singularidad: Por qué ninguna otra especie tiene lenguaje. Está claro que el lenguaje, una vez desarrollado, contribuyó a la competencia evolucionaria, pero tuvo que hacerlo ya desde el principio para poder desarrollarse at all. Hay teorías que asocian el lenguaje a la búsqueda de poder y status, a la selección sexual por parte de las mujeres... pero estos factores se dan también en otras especies. Estos factores pueden influir en el lenguaje una vez hay ya una gama de aptitudes lingüísticas entre las cuales seleccionar. Pero para eso tuvo que surgir primero la aptitud; el origen mismo del lenguaje (tema de este libro) es previo a los efectos de la selección sexual o social sobre el lenguaje.
Ecología: A saber, que las teorías sobre el origen del lenguaje deben estar en consonancia con lo que sabemos sobre la ecología de los ancestros humanos. El error frecuente ha sido asimilar estos ancestros humanos a los simios actuales en cuanto a su comportamiento.
"Puede que nuestros antepasados remotos no fueran mucho más listos que sus primos los simios, pero vivían en entornos dramáticamente diferentes y se ganaban la vida de maneras completamente distintas. A menos que uno crea que hay genes universalmente uniformes que imponen comportamientos idénticos allí donde se den (algo que ha sido decisivamente refutado por la biología moderna) hay que darse cuenta de que unos simios parcialmente arborícolas y que viven en entornos selváticos son modelos muy malos para entender la manera en que se comportaban los protohumanos" (30).
Credibilidad y egoísmo: Amotz Zahavi teorizó el problema de las señales baratas. Una vez hay señales disponibles para la comunicación, se pueden usar para engañar. Por eso, la credibilidad de las señales exige que sean costosas. Ahora bien, las palabras parecen ser baratas. Especialmente si tenemos en cuenta el estudio de las estrategias maquiavélicas entre primates para engañarse uno a otro (Byrne y Whiten), incluso antes del lenguaje. El problema es que si las palabras son baratas, ¿de dónde podría haber venido el ímpetu evolutivo para desarrollar un sistema complejo de palabras? El cotilleo especialmente parece el modelo mismo de señal barata. Transmitir información útil que conoce A sí parece beneficios para B, pero ¿cómo se explica que A la quiera transmitir? Concluye Bickerton que los primeros actos lingüisticos hubieron de ser tales que beneficiasen de modo directo tanto al oyente como al hablante.
Hay que rechazar la "falacia del cerebro grande". Es decir, "la teoría de que a medida que se iban haciendo mayores los cerebros, nuestros ancestros se fueron volviendo más inteligentes hasta que finalmente fueron lo suficientemente inteligentes como para inventar el lenguaje" (32). Es una falacia con muchos adeptos entre los científicos evolucionarios, dice Bickerton, y de una manera un tanto exagerada, arguye que "que yo sepa, nadie ha demostrado una correlación entre el tamaño del cerebro y la capacidad de planificación" (33). Según Euan Macphail, hay tres niveles de inteligencia según el aparato mental con el que los animales hacen las cosas. Hay organismos capaces de asociar un estímulo y una respuesta. Otros son capaces de asociar un estímulo con otro estímulo (todos los vertebrados y hasta algunos invertebrados). Y luego está el lenguaje. Según Bickerton, el cerebro no crece de por sí. Crece cuando se necesita más capacidad para hacer algo que ya se hace: "Dicho de otro modo, el aumento de tamaño cerebral no dirige la innovación—es la innovación la que conduce al aumento de tamaño cerebral (...). No es que consiguiésemos un cerebro mayor y mejor que luego nos dio el lenguaje: conseguimos el lenguaje y eso nos dio un cerebro mayor y mejor" (34)—(Aunque parece obvio que esto está pidiendo a gritos un proceso de feedback entre las capacidades lingüisticas, la inteligencia y la capacidad cerebral).
En suma, para Bickerton el lenguaje no ha evolucionado a partir del sistema de comunicación animal (ACS) del último ancestro con los simios. Recuerda que él formuló la paradoja de la continuidad: "el lenguaje tiene que haber evolucionado de algún sistema previo, y sin embargo no parece existir tal sistema previo a partir del cual pudiese haber evolucionado" (35). Antes había propuesto Bickerton la teoría de sistemas de representación mental, mapas conceptuales del mundo que iban conectados a las estrategias de alimentación de los protohumanos, y que cuando se volvieron elaboradas hicieron surgir un protolenguaje, diferente y separado de los ACS... por alguna súbita mutación inexplicada. A esta teoría le faltaba el concepto de la construcción de nichos ecológicos que ahora le ayuda a Bickerton a desarrollar su teoría de modo más creíble y más articulado con la biología, y más continuista con los ACS.
Hay que estudiar qué pudo hacer que los ACS evolucionasen hacia una forma de protolenguaje, y asociar ese desarrollo a la construcción de un nicho ecológico particular que favoreciese esa evolución hacia una forma de comunicación más lingüística.
La narratología evolucionaria llega a las páginas de El País, por obra y gracia de Antonio Muñoz Molina, que se está leyendo el mismo libro que yo, On the Origin of Stories, de Brian Boyd. Aquí va una selección de la table of contents:
Boyd, Brian. "Introduction: Animal, Human, Art, Story." In Boyd, On the Origin of Stories: Evolution, Cognition, and Fiction. Cambridge (MA) and London: Harvard UP-Belknap Press, 2009. 1-11. "1. Evolution and Human Nature?" 19-30. "2. Evolution, Adaptation, and Adapted Minds." 31-42. "3. The Evolution of Intelligence." 42-50. "4. The Evolution of Cooperation." 51-66. "5. Art as Adaptation?" 69-79. "6. Art as Cognitive Play." 80-98. "7. Art and Attention." 99-112. "8. From Tradition to Innovation." 113-26. "9. Art, Narrative, Fiction." 129-31. "10. Understanding and Recalling Events." 132-58. "11. Narrative: Representing Events." 159-76. "12. Fiction: Inventing Events." 177-187. "13. Fiction as Adaptation." 188-208. "Part 4: Phylogeny: The Odyssey." 213-317. (Attention, Character and Plot, Patterns, Intelligence, Immediacy, Cooperation, Punishment). "Part 5: Ontogeny: Horton Hears a Who!" 319-79. (Play, Explanation, Universality, Individuality, Particularity, Meanings). "Conclusion: Retrospect and Prospects: Evolution, Literature, Criticism." 380-98. "Afterword: Evolution, Art, Story, Purpose." 399-416.
On the Origin of Stories: Evolution, Cognition, and Fiction. Cambridge (MA) and London: Harvard UP-Belknap Press, 2009. (Book I: Evolution, Art, and Fiction; Book II: From Zeus to Seuss: Origins of Stories).
El artículo de Muñoz Molina, "Cerca del Origen", expone sucintamente el punto de vista de la estética y teoría narrativa evolutiva que promueve Boyd. También me estoy releyendo First Principles, de Herbert Spencer, padre hoy vilipendiado de todos estos evolucionismos.
Aquí hay una lista de otros libros interesantes sobre psicología, estética, y semiótica evolutiva. Muchos más se encuentran en mi bibliografía:
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Andrews, Alice, and Joseph Carroll, eds. The Evolutionary Review. Vol 1 (2009).
Arturo, Antoni. "Ciencia cognitiva de la religión." Tercera Cultura 28 May 2009.*
http://www.terceracultura.net/tc/?p=1305
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Barkow, Jerome H., Leda Cosmides and John Tooby, eds. The Adapted Mind: Evolutionary Psychology and the Generation of Culture. New York: Oxford UP, 1992.
Bickerton, Derek. Adam's Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. New York: Farrar, Straus and Giroux – Hill and Wang, 2009.*Boyd, Brian. See English historical scholarship.
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Un magnífico libro sobre el origen del lenguaje acaba de publicar Derek Bickerton: Adam's Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans (Nueva York: Hill and Wang, 2009). Es, además, lectura compulsiva, cosa que no suele suceder con los libros de lingüística. No sé si he recomendado alguna vez un libro en este blog, aunque hablo de muchos—pues éste sí lo recomiendo. Aquí recojo algunas de las ideas centrales del mismo, traduciendo cuando corresponde.
Introducción La diferencia entre habla y lenguaje. Puede haber habla sin lenguaje: el habla es sólo un vehículo para el lenguaje, como pueden serlo también los signos manuales de los sordos. (Y también la escritura, que es un avatar del lenguaje, y del habla en su versión alfabética: contrariamente a lo que dice Bickerton, sí que se puede ver el habla, y el lenguaje). En sustancia, "el lenguaje es lo que determina los significados de las palabras y lo que las combina en unidades de sentido, unidades que sumadas dan conversaciones, discursos, ensayos, poemas épicos" (3).
Más allá, el lenguaje es lo que nos permite combinar las ideas de manera estructurada. "Aunque te parezca que piensas en imágenes, el lenguaje es lo que combina esas imágenes en unidades de sentido, más allá de simples líos desordenados y enredados" (4). "El lenguaje es lo que nos hace humanos. Quizá sea lo único que nos haga humanos" (4).
Y es un gran problema científico sin resolver. Darwin ya supuso que era el uso continuado de un lenguaje elaborado lo que nos dio autoconsciencia, poder de abstracción... para Bickerton, yendo algo más allá, el lenguaje nos dio un cerebro altamente desarrollado (y no al revés). Tantas capacidades y características hay que se han propuesto como únicas y distintivas de lo propiamente humano.... Que si nuestra consciencia, que si nuestra autoconsciencia, nuestra capacidad de previsión, o de retrospección, nuestra imaginación, la capacidad de planear... Habría que estudiar cómo evolucionó todo eso, y para eso hay que estudiar la evolución del lenguaje que las hizo posibles. "Una cosa que suelen ignorar con demasiada frecuencia quienes escriben sobre el origen del lenguaje, pero que quiero enfatizar en este libro, es que la evolución del lenguaje es parte de la evolución humana, y que sólo tiene sentido si se considera en tanto que parte de la evolución humana" (6). Y el centro del problema, el momento clave, es "el momento en el que nuestros antepasados por primera vez rompieron con el tipo de sistema comunicativo que había servido bien a todas las demás especies durante por lo menos quinientos millones de años" (6).
Un obstáculo para encarar bien el problema es el enfoque sobre lo específicamente humano que ha surgido del darwinismo. Al colocar al ser humano como un primate más, en reacción al antropocentrismo de los enfoques anteriores, se ha perdido la perspectiva. Se han enconado las posturas entre los naturalistas y los antinaturalistas, de modo que los primeros enfatizan de modo exagerado la continuidad entre simios y humanos. La idea más extendida entre los evolucionistas era que no había una discontinuidad fundamental entre el no lenguaje y lo prehumano, y el lenguaje—con pasos intermedios, una transición suave. Pero, para Bickerton, "Si el hueco entre los humanos y los otros animales es tan pequeño como nos han dicho, ¿qué podrá entonces ser esta minúscula diferencia que hace que todos los demás animales hagan tan poco y nosotros hagamos tanto? En lo que a mí se me alcanza, nadie de los que defienden la continuidad entre los humanos y otras especies se ha dado cuenta siquiera, por no hablar de admitir, que cada vez que se minimiza el hueco, las múltiples y manifiestas capacidades de los humanos se vuelven más misteriosas que nunca" (8).
Aunque para nada tiene intención Bickerton de proponer ningún deus ex machina ni diseño inteligente para resolver este punto. "La discontinuidad existe", dice, "y la discontinuidad no se limita al lenguaje—se extiende a todos los aspectos de la mente humana. Primero tenemos que admitir que existe. Y luego llegar a desentrañar cómo la pudo haber producido la evolución" (9). Aquí habla de cambios súbitos de fase, como el agua que pasa a hielo, o el desarrollo del vuelo: "lo que dio energía a la mente humana es el equivalente intelectual del vuelo" (9). Penn y otros han supuesto dos discontinuidades básicas entre humanos y animales: el lenguaje y la cognición. Pero esto no tiene sentido, una ya sería bastante malo. Hay que mostrar cómo evolucionó el lenguaje, y "cómo el lenguaje causó la evolución de la mente humana" (9).
La visión tradicional de la evolución (George Williams) es que los organismos se adaptan al medio, no al revés. Pero esto no es así. Entendida así como una calle de dirección única, "la 'adaptación' suena como si los organismos estuviesen haciendo algo positivo, pero no significa eso. Significa que los animales, incluyéndonos, no son agentes de su propio destino" (10). Para Bickerton, lo son (en cierta medida al menos). Los organismos están en interacción con el medio ambiente: se adaptan a él, pero también lo transforman, y se adaptan a ese medio transformado, y así sucesivamente, en retroalimentación constante. Al contrario de lo que propugnan evolucionistas como Dawkins, la evolución no es una cuestión de genes egoístas replicándose a sí mismos sin talento: "Es un proceso en el que las cosas que hacen los animales guían su propia evolución" (11).
(Y aquí sí que retoma Bickerton aspectos una vieja teoría idealista de la evolución humana: la de que los humanos transforman el medio ambiente y "progresan" dinámicamente, no pasivamente, hacia un objetivo. La teoría de los nichos ecológicos extiende esta noción a otros seres vivos, que coevolucionan dinámicamente con su ecosistema y lo transforman y a sí mismos con él. Lamarck había propuesto una vaga "dinámica del progreso" hacia la complejidad, complementaria o contrapuesta a la adaptación al medio, pero no llegó a formular coherentemente sus principios. La teoría de los nichos propone un mecanismo plausible para esta interacción de seres vivos y medio ambiente, y para la construcción de ecosistemas—la acción de transformación de los seres vivos en su medio ambiente– adaptando así estas nociones de evolución progresiva y guiada, de una manera mucho más coherente y 'user-friendly', al pensamiento ecológico. Otro personaje "maldito" a recuperar en esta cuestión de la interacción entre la adaptación al medio y la adaptación del medio es el hoy despreciado Herbert Spencer, que en sus First Principles desarrolla una filosofía evolutiva general en la que enfatiza la creciente complejidad y especialización de las formas vivas, y el proceso dialéctico que se da entre las fuerzas opuestas del organismo y su medio ambiente). Esta visión ha sido propugnada recientemente por la teoría de la construcción de nichos ecológicos. En sustancia, el libro de Bickerton aplica esta teoría al problema del origen del lenguaje. De este modo, "Ya no es la evolución humana, y la compleja cultura producida por la evolución humana, una anomalía única en su género. Lo que la impulsa puede verse ahora como un proceso activo en muchas otras especies—posiblemente en la mayoría de las especies" (11). La cultura humana es, sencillamente, el nicho ecológico construido por los humanos.
El origen del lenguaje y de la cultura se debe a acciones muy particulares de nuestros antepasados—luego veremos que es un tipo de depredación colaborativa—que requería hacer algo que ninguna especie con capacidad cerebral comparable había hecho: romper los límites que restringen a casi todos los demás sistemas de comunicación animal. Y una vez abierto ese hueco, el lenguaje siguó evolucionando con el mismo circuito de retroalimentación: del comportamiento a los genes, de los genes al comportamiento, que siguen todos los procesos de construcción de nichos. "El lenguaje cambiaría, crecería y se desarrollaría hasta convertirse en el medio infinitamente complejo e infinitamente sutil que todos conocemos y usamos y damos por hecho hoy y cada día de nuestras vidas" (12).
Bickerton quiere explicar el origen del lenguaje porque es la explicación del origen de la humanidad. Y para ello hay que combatir algunas explicaciones y teorías que desorientan la investigación: el sesgo "primatecéntrico", por una parte, y la creencia en que los sistemas de comunicación animal forman una jerarquía o escalera que asciende hasta el lenguaje en la cima—o sea, el sesgo "homocéntrico". "En realidad, el sistema comunicativo de cualquier especie está diseñado (pero Bickerton no quiere decir "diseñado", ojo) sola y únicamente para ocuparse de las necesidades evolutivas de esa especie" (13). En suma, hay que salir de la dicotomía que nos lleva a pensar o bien que todos los sistemas de comunicación forman un continuo, o bien que el lenguaje es un sistema totalmente diferente. "Tenemos que darnos cuenta de que la dicotomía es falsa: lo segundo puede que sea cierto ahora, pero desde luego no lo era entonces" (14), cuando surgió el lenguaje. Esto requiere examinar con atención ese momento clave en que se rompe el molde de la comunicación animal, abriendo el camino a la alteración de la comunicación y de las mentes que se comunicaban. Y esa fuente hay que buscarla no en los simios, que no hablan, y no en las cosas que los simios hacen hoy, sino en cosas que hacían nuestros antepasados y que los simios ni hacían entonces, ni hacen ahora.
Sí, por supuesto dije "accidentalmente" en vano, y dije "en vano" accidentalmente, puesto que en esto estoy de acuerdo con el clero...
(Conde Godunov-Cherdyntsev)
Hace poco me preguntaban si Vladimir Nabokov había estado en Albarracín, por unos comentarios que parecían especialmente vívidos (y vividos) en su cuento "Pilgram" ("The Aurelian"). Bien, pues mi conclusión es que no—que probablemente soñaba con ir a Albarracín (y a Granada, y a Madrid) a cazar mariposas, pero que, como el personaje del cuento, nunca llegó a ir. El cuento es de 1930; unas notas publicadas en una revista lepidopterológica en 1931 detallan su estancia de unos meses en el Pirineo francés—lo más cerca que estuvo de España fue al parecer la carretera de Le Boulou a Perthus, y parece que no hizo ninguna incursión a España.
Yo sí que he estado en Albarracín—aunque en cambio no conozco ese supremo placer que proporciona la caza de la mariposa según Nabokov. A pesar de que gustaba de echar un jarro de agua fría a quien se ponía poético con su entomología, parece que las mariposas eran para Nabokov un símbolo muy potente de contacto con la eternidad y la trascendencia, un contacto continuado mediatizado por la cotidianeidad del coleccionista y por el prosaísmo visible del trabajo científico sobre los genitales de los lepidópteros. Una vez comenté un cuento suyo sobre mariposas, "Navidad". Hoy me llamaba la atención un texto que escribió a finales de los años 30, un amago de continuación de su novela El Don, y que se publicó por vez primera, en traducción de Dmitri Nabokov, en el volumen Nabokov's Butterflies (2000), editado por Brian Boyd y Robert Michael Pyle.
Se llama este texto "Father's Butterflies" y es una especie de variación desmadrada sobre la figura del padre (del de Fyodor, del de Nabokov) como aventurero y entomólogo, mezclando en él rasgos de científico, explorador y aristócrata, creando una figura idealizada que potencia la afición real del padre de Nabokov a la entomología, y sirve a la vez de sueño imposible sobre a dónde podría llegar un lepidopterólogo aficionado pero entendido, llevado por una "sublime curiosidad" y que tuviese enormes medios a su alcance. Así, el padre de Fyodor se convierte en un explorador que desaparece en una expedición por territorios desconocidos de Asia central, y también en el autor de una obra enciclopédica sobre mariposas, Butterflies and Moths of the Russian Empire, que deja chiquito todo lo hecho hasta entonces.
Además, expone el imaginario autor de la imaginaria obra una imaginaria teoría de la "clasificación natural", que recoge las ideas de especie y evolución quizá no tal y como las exponía Nabokov en sus trabajos científicos, sino más bien tal y como gustaba de imaginarlas, en una especulación más allá de lo científicamente demostrable o presentable, una teoría, dice, "que incluso hoy le parece al mundo científico una fantasía desbocada, un salto de caballo fuera del tablero hacia el espacio (consecuencia de una total incapacidad de asimilar las premisas del autor)" (213).
Es un texto denso que dejará pasmado a más de un lector de Nabokov, y un texto que probablemente nació con voluntad de ser fragmentario, un enigma más que una solución—un ensayo en el que, a juzgar por los fragmentos extractados, cada frase es como una puerta con una vidriera opaca y una señal de alto a los intrusos. En él recicló Nabokov reflexiones personales sobre el orden natural que no se animó o atrevió a publicar como contribución científica en su propio nombre.
De la manera de encarar la cuestión que tiene Nabokov me llama la atención el énfasis que pone en diversos momentos en la cuestión de la retrospección / retroacción: así, nos dice que la publicación de esta teoría como suplemento a su volumen final, Lep. Asiat., "redujo retroactivamente las clasificaciones generalmente aceptadas a una absurda trivialidad". El padre de Fyodor había trabajado "dentro" de las categorías habitualmente aceptadas, concentrándose en cuestiones de descripción práctica, sin atender a la teoría de la clasificación, pero el día a día de este trabajo práctico le llevó a cuestionar todo el sistema, y se manifestó el plan subyacente que se venía fraguando "como el más humilde empleado que de repente se presenta ante su jefe con un plan que arroja una luz totalmente nueva sobre un trato que el magnate había negociado con imprudente precipitación" (214). Es una fuerza atractiva inherente la que le lleva a percibir este plan (señal quizá de una conjunción entre la mente y el sistema de la naturaleza). El "suplemento" teórico de Godunov-Cherdyntsev no es tal suplemento sino (al decir del narrador) toda una revolución conceptual, y a la vez sólo una pieza que completa un puzzle y lo hace de repente "totalmente inteligible". La teoría sin embargo fue polémica e irritante en círculos científicos, nos dice Fyodor, y acabó "eclipsada por su propia explosión" (215). Es una teoría biológica universal que hace inteligible la disciplina entera (como sucedió con el darwinismo), teoría aplicada aquí a las mariposas pero "según se indicaba con serena frialdad en una nota a pie de página, aplicable a todas las áreas de la naturaleza" (215). Pareció delirio por su completa novedad, nos dice Fyodor, pues su comprensión requería "un salto extraordinario, un movimiento acrobático del cerebro" (215). Fyodor se declara incompetente para seguir esta concepción en sus detalles, estableciendo así una cierta distancia irónica indeterminada, entre la teoría biológica de Godunov-Cherdyntsev y la de Nabokov.
Empieza la teoría por redefinir el concepto de especie. Una especie no es aquí para Nabokov (para este Nabokov) un mero constructo teórico de los biólogos, un ejemplar referenciado en un museo, —como sugiere Stephen J. Gould que era el caso, en su ensayo sobre Nabokov el taxonomista y entomólogo (I Have Landed 38). La especie tiene una realidad ya no meramente natural, sino trascendental, inherente, que requiere sin embargo ser reconocida por la mente humana (y de ahí la taxonomía).
Por "especie" se refiere [Godunov-Cherdyntsev] al original de un ser, inexistente en nuestra realidad pero único y definido en su concepto, que recurre ad infinitum en el espejo de la naturaleza, creando incontables reflejos; cada uno de ellos percibido por nuestra inteligencia, reflejados en ese mismo espejo y adquiriendo realidad, únicamente en su seno, como individuo viviente de esa especie dada. (216)
La especie la concibe G-Ch como un círculo, en cuya periferia se encuentran individuos aberrantes, razas particulares, variedades locales—en tanto que la idea de la especie ocupa el centro del círculo. Las formas periféricas (de por sí "desviadas" de esa idea) pertenecen a la especie en tanto en cuanto hay formas transicionales que las conectan, en un continuo, al centro del círculo. Esto, que podría parecer idealista y recordar a las teorías predarwinistas sobre variación y razas, adquiere una cierta coherencia en términos materiales y evolutivos cuando Nabokov (o Fyodor, o G-Ch) explica que la unidad de la especie se mantiene por la capacidad potencial de cruce y reproducción entre los tipos. Para eso es necesaria la variedad central: por tanto, la definición adecuada de una especie no la da la "primera descripción taxonómica", pues ésta podría corresponder a un tipo periférico, sino la identificación del tipo ideal y central que encarna mejor el centro de la especie como tal. Una imagen alternativa (y más adecuada, pues tiene en cuenta la génesis temporal de la especie) es la esfera: en la que el tipo ideal de la especie ocupa una vez más el centro, el ecuador es la máxima variación alcanzada, y un meridiano representa el ciclo de posibles cambios del tipo en el tiempo. (Aunque uno se pregunta si un cono invertido, y difuso a partir del vértice, no sería una figura más adecuada para la génesis de variedades mediante la disolución del círculo).
Estas "esferas de la especie" de Nabokov no dejan de recordar a las teorías antidarwinistas victorianas de Fleeming Jenkin, crítico de Darwin, donde la variación interna de la especie estaba contenida por una esfera de variabilidad, sin poder expandirse la variación indefinidamente y generar otras especies:
A given animal or plant appears to be contained, as it were, within a sphere of variation; one individual lies near one portion of the surface, another individual, of the same species, near another part of the surface; the average animal at the centre. (Fleeming Jenkin, reseña del Origen de las Especies, 1867).
—No es exactamente lo mismo lo que propone Godunov-Cherdyntsev, pues sí acepta la evolución pueda romper el círculo (aunque sólo para generar un círculo más amplio, el del género)—pero sí se aprecia en su propuesta una cierta nostalgia por estas especies fijas y esenciales del predarwinismo, en esta celebración de las especies que llegan a constituir una forma esférica, y en el privilegio cuasi-idealista concedido al individuo tipo, al "centro" de la especie. Contra este fijismo, y a favor de la continuidad entre las especies y las variedades, se presentó precisamente la teoría de Darwin, e igualmente la de Wallace en su artículo de 1858, "On the Tendency of Varieties to Depart Indefinitely from the Original Type". Nabokov admite la posibilidad, es más, el hecho de esta variación, pero enfatiza la tendencia contraria, la tendencia al fijismo. (Y parte de razón no le negaremos, visto el énfasis que otras teorías postdarwinistas, como el equilibrio puntuado, han puesto en la estabilidad de las especies).
Nabokov/Godunov rechaza el evolucionismo darwinista como teoría insuficiente para explicar la génesis de las especies—a pesar de apreciar las observaciones de los darwinistas sobre la influencia del medio y de la herencia. Ahora bien, no niega Nabokov/Godunov que las especies aparecen y desaparecen: sólo que para él un diseño inteligente tras la génesis de las especies. Y es ésta la mayor falacia retroactiva cometida por la ciencia de Nabokov: el proyectar los resultados de la evolución, o sus efectos llamativos, complejos y elaborados, al origen, y postular un plan donde no sólo hay una mente que percibe esos efectos, sino otra que los diseña por anticipado.
Nabokov/Godunov es consciente de muchos aspectos del ilusionismo retroactivo (o hindsight bias), aunque sucumba en última instancia a su forma más acabada, el diseño inteligente. Aprovecha para criticar (con cierta justificación) la tendencia del evolucionismo de su época a crear líneas de desarrollo falsas–a transformar lo que él ve como la esfera de la especie en su desarrollo temporal, en una línea de descendencia que tiene mucho de simplista. Así el ejemplo del caballo: tendemos a ver los "antepasados" del caballo como algo que tiende hacia la forma actual, pero en realidad la forma actual, último residuo de la esfera de un género mucho más amplio, es una ramita empobrecida de lo que fue una esfera en plenitud en otro momento. (Es curioso que Stephen Jay Gould utiliza el mismo ejemplo cuando quiere contrastar su propia noción de matorrales evolutivos muy ramificados, con las líneas simplificadas de descendencia que se suelen construir por un efecto de perspectiva retroactiva).
Aprovecho para dejar bien claro que no me parece inteligente la adopción del diseño inteligente por parte de Nabokov. Es una limitación de su enfoque, esencialmente antidarwinista, el pensar que una gran complejidad sólo puede resultar de una planificación previa. Gould ha criticado ciertos aspectos de la ciencia biológica de Nabokov en un artículo de I Have Landed ("No Science without Fancy, No Art without Facts: The Lepidoptery of Vladimir Nabokov"). Hay que decir que Gould no conocía las teorías atribuidas a Godunov-Cherdyntsev en "Father's Butterflies", a no ser por unas breves referencias en Speak, Memory. Por eso considera a Nabokov no un teorizador sino un trabajador de detalle en un área concreta; observemos que describe a Nabokov tal como Nabokov se describía a sí mismo irónicamente en Godunov-Cherdyntsev antes de elaborar su testamento teórico—"Vladimir Nabokov practiced his science as a conservative specialist on a particular group of organisms, not in any way as a theorist or a purveyor of novel ideas or methods" (Gould 35) —O sea, que para Gould Nabokov hacía lo que Kuhn llamaría "ciencia normal", y quizá todavía más normal de lo aconsejable. Y hasta cierto punto diagnostica bien Gould que el iconoclasmo anti-darwinista de Nabokov no proviene de una originalidad teórica rupturista, sino básicamente de una postura conservadora que no había asimilado completamente el darwinismo. Lo cual no me impedirá defender la lógica científica de algunos pronunciamientos anti-darwinistas de Nabokov.
En suma, no voy a defender la validez científica de todas las especulaciones de Nabokov (o Godunov-Cherdyntsev) en "Father's Butterflies", aunque algunas sí tienen su razón de ser o coherencia. En especial me parece errada la presunción de intencionalidad o mentalidad creadora, por indirecta que sea, en la naturaleza. Pero sí me interesa en tanto que rasgo de estilo ese interés por el diseño inteligente, esta conjunción que establece Nabokov entre mente y naturaleza, con vistas a entender las peculiaridades de su imaginación literaria.
Encontramos en su teoría de la especie una aplicación sui géneris del principio de que la ontogenia recapitula la filogenia. Así, en la vida de un ser humano, la noción de "especie" es algo que se desarrolla tarde, requiere un desarrollo mental previo—igual que requirió un desarrollo conceptual en la humanidad la generación por vez primera de la especie como concepto—y también igual que requirió un desarrollo en el proceso natural la constitución de las especies en sí, como orden natural. La naturaleza crea un orden (el orden de los seres, o de los seres vivos) y dentro de él genera un elemento reflexivo capaz de apreciar ese orden. Para Nabokov, esto no es casual: hay una correspondencia por indirecta que sea entre mente y mundo:
Yet, not only is the history of mankind parodied by the developmental history of the writer of these and other lines, but the development of human ratiocination, in both the individual and historic senses, is extrarordinarily linked to nature, the spirit of nature considered as the aggregate of all its manifestations, and all the modifications of them conditioned by time. (218-19)
Nabokov asocia la ontogenia y la filogenia también de modo indebido en el siguiente razonamiento. Se pregunta cómo en el desarrollo embrionario están presentes en estado potencial diversos órganos, de modo por así decirlo preordenado—y cómo, dice, no habría de estar presente el pensamiento. El pensamiento (no un pensamiento como el nuestro, aclara, sino un potencial de pensamiento) existe, "cannot fail to exist in the warehouse of the bestower"—pues hay fenómenos de la naturaleza que no tienen sentido en sí, y que sólo pueden existir para ser apreciados por la mente (humana). Señala a fenómenos que los darwinistas considerarían adaptativos y producto de la selección natural, pero que para Nabokov van más allá de la credibilidad en lo atribuible a ese mecanismo—como el mimetismo protector:
Certain whims of nature can be, if not appreciated, at least merely noticed only by a brain that has developed in a related manner, and the sense of these whims can only be that—like a code or a family joke—they are accessible only to the illuminated, i.e., human, mind, and have no other mission than to give it pleasure—we are speaking of the fantastic refinement of "protective mimicry," which, in a world lacking an appointed observer endowed with artistic sensitivity, imagination, and humor, would simply be useless (lost upon the world) like a small volume of Shakespeare lying open in the dust of a boundless desert. (219)
Observemos que tanto los "códigos" como las "bromas de familia" son características de la escritura de Nabokov, plagada de pequeñas trampas, pistas, detalles que conectan unos con otros, alusiones a episodios autobiográficos repetidos con variaciones... todo producto de un escritor-diseñador que construye a un lector implícito capaz de entenderlo. (Ver un ejemplo relativo a su cuento "Scenes from the life of a double monster" en mi artículo sobre múltiples lectores implícitos). En el libro de la naturaleza, igualmente, hay una alianza de conspiración entre la naturaleza y la mente del que la entiende—a un nivel un tanto platónico, una "alianza espiritual" a espaldas del mundo orgánico efectivo. La identificación de una especie pertenece para Nabokov (Godunov-Cherdyntsev) a este nivel trascendente de contacto entre la mente humana y la mente que ha diseñado la naturaleza, no Dios tal como lo solemos concebir sino una "monstruosa X".
Yet, long before the dawn of mankind, nature had already erected stage sets in expectation of future applause, the crysalis of the Plum Thecla [Strymonidia pruni, the Black Hairstreak] was already made up to look like bird droppings, the whole play, performed nowadays with such subtle perfection, had been readied for production, only awaited the sitting down of the foreseen and inevitable spectator, our intelligence of today (for tomorrow's, a new show was in preparation). (220)
(Obsérvense otra vez las analogías establecidas entre la creación literaria y la creatividad natural). En otra ocasión, Nabokov comenta, en alusión a la Biblia, que "la gloria de Dios está en esconder algo en la naturaleza; la del hombre, en descubrirlo".
El desarrollo de ideas en la mente humana tiene su paralelo en el desarrollo gradual de la "idea" de especie en la naturaleza. Este es el evolucionismo de Nabokov, parecido al de los actuales defensores del "diseño inteligente". Como vemos, es antidarwiniano en el sentido de que presupone una intencionalidad en el cosmos: interpreta la mente no como efecto de la complejidad sino como reflejo de una mentalidad inicial (al modo de los creacionistas). Sí admite una gradual formación y transmutación de los seres y de las especies, pero concede a las especies una realidad trascendental que había sido precisamente descartada por Darwin (—para Darwin, recordemos, eso del origen de las especies es una manera de hablar, pues las especies no existen propiamente en un mundo de variabilidad individual, como tampoco los géneros: son en realidad constructos mentales para conveniencia de los biólogos, instrumentos taxonómicos). Para Nabokov hubo un momento en que era así—la naturaleza no había creado la "idea" de especie todavía:
We must imagine a certain remote time on earth, when the concept of species (or genus) was as foreign to nature as it is foreign to the infancy of a human or of humanity. (220)
Observemos que mantiene el paralelismo de desarrollo conceptual en los tres niveles: el físico-natural, el cultural-humano y el individual. Hay aquí una homología profunda entre los tres tipos de desarrollo: el individuo, al alcanzar la madurez intelectual, llega al concepto de especie porque su cultura lo ha desarrollado previamente (o continúa desarrollando el que su cultura ha desarrollado, como hace aquí Godunov-Cherdyntsev). Y la cultura lo ha elaborado (a través de sus individuos) porque ha llegado a percibir y entender el trabajo previo de la naturaleza, su generación de especies, que espera reconocimiento inteligente. Pero hubo un tiempo previo a la especie:
However, in that most remote of times that we must now imagine, none of this had yet been conceived. Nature was ignorant of genera and species; the specimen reigned supreme. (220)
—un momento previo aún a la diferenciación entre animales y vegetales. (No deja esto de recordar a las teorías de Lynn Margulis sobre la vida primigenia, con fusión de genomas un tanto más caótica que la que se da entre especies, con simbiosis y fusión—y no sólo divergencia—entre ramas evolutivas. Ciertamente, a un nivel microbiótico, el concepto de "especie" macrobiótico no tiene sentido y requiere una redefinición—de estos temas hablaba Carl Zimmer en su libro sobre E. Coli. Un mundo de similtud previa a la diferenciación de especies invoca pues Nabokov, lo que sí tiene cierto sentido evolutivo—pero el patinazo neuronal viene cuando asocia las similitudes increíbles que hoy produce el mimetismo protector, a esa homogeneidad primigenia, como un resto atávico de esa similitud inicial entre los organismos. Es el propio Nabokov, podríamos decir, quien retrospectivamente (e indebidamente, post hoc non ergo propter hoc) establece una analogía mental, para tender un imposible puente directo entre la milagrosa mímesis protectora por una parte, y la plasticidad genética original, previa a la delimitación de especies, por otra.
As soon as a creature capable of appreciating the unexpected resemblance, its poetry and magical antiquity, had matured on earth, this phenomenon was proffered to him by nature for admiration and amusement, as a precious symbol of the homogeneousness (oneness) in which she had once found the prime compound for the creation of the first denizens of her kindergarten. (117)
—una idea creacionista en la que se cuela, además, la falacia retroactiva que privilegia al observador actual, de manera un tanto descarada, proyectando al pasado en forma de plan cósmico lo que es observación presente de un sujeto particular. Nabokov diagnosticaría la tendencia psicótica a la apofenia o manía referencial en su relato "Signs and Symbols"—y seguramente viene su especial sensibilidad al tema porque una fuerte tendencia en su carácter le llevaba a recrearse en estas proyecciones de planes y esquemas, desde el egocentrismo al mundo que organiza a su alrededor. Como alguien con una sobredosis de dopamina (ver Nassim Nicholas Taleb, El cisne negro 123).
Dedica Nabokov cierta argumentación, no muy convincente, a justificar el carácter puramente juguetón y artístico de estos fenómenos naturales: por qué el mimetismo protector es inútil y en muchos casos no proporciona ventaja alguna a los animales; y que por tanto no puede explicarse por la selección natural—"let us leave in peace the famous 'struggle for survival': strugglers have no time for art" (223). Hay que recordar que Nabokov sí era un struggler, y que sin embargo sí reservó un sitio para el arte, el arte donde proyectó la Rusia privilegiada que había perdido, la infancia fascinante recordada y siempre recuperada, y la existencia aristocrática (aristocracia espiritual) que le permitía elevarse a un nivel de trascendencia superior al de la mera cotidianeidad del exilio y de la mortalidad.
Con relación estos fenómenos peculiares de mimetismo también anota Nabokov otros argumentos antidarwinistas tradicionales:
Thus, not only the 'aimlessness' of the accomplishment (the 'aimlessness' of pure art), but also the absence of transitional forms, the ultimate clarity of observed phenomena, arouses strong doubts about the evolutionary progressive character of their genesis. The impossibility of achieving false similarities via a gradual accumulation of corresponding traits, whether by chance or as a consequence of 'natural selection', is proven by a simple lack of time. (223)
Y el hecho de que haya "evolución" tanto en la aparición de la especie como fenómeno, como en el desarrollo de la idea de especie en la cultura y el individuo, le lleva a trasponer indebidamente lo mental a lo natural, sosteniendo que "it was not species that evolved in nature, but the very concept of species" (225). La especies así concebidas son entidades con un toque de eternidad, que llegan a manifestarse en la naturaleza como una especie de irrupción en la misma de un orden de ideas superior—por tanto, la idea de una "evolución" que las haga derivar unas de otras le resulta repelente al cerebro platónico. Y sin embargo se mueve, este sistema: aparecen, y desaparecen las especies.. como fenómenos en los que Nabokov quiere ver un orden: las especies, esas esferas o burbujas, sólo merecen propiamente ese nombre cuando alcanzan una perfección y una estabilidad que les da esa cierta solidez a la vez como entidades naturales reales y como objetos mentales ofrecidos a la contemplación del naturalista—una huella de eternidad en el devenir.
Hay mucho de juguetón y de deliberadamente paradójico en la manera en que Nabokov explica ésto: sin embargo, podemos rescatar de su crítica al darwinismo, y de estas "especies esféricas", la noción de que la especie—no creo que al género pudiese aplicarse ya con la misma relevancia—es una realidad biológica activa, una entidad emergente de orden superior (un "individuo evolutivo", que diría Gould) que impone ciertas constricciones a la variabilidad de los individuos, y que se mantiene por ese control centrado de los límites de la diversidad... al menos lo que dura una burbuja, hablando en términos geológicos. Tras la emergencia de este tipo de organización por especies, un tanto descuidado si no ignorado por el darwinismo,
all of nature's subsequent work on the differentiation and definition ad the notion of species (as well as of genus and family), through a special property of its agitation, was fated to follow the laws of spherical entities burgeoning, disintegrating, and newly developing, out of the disintegrated elements, into newly intricate clusters. (226)
La acción de la naturaleza en la generación de especies es, nos dice Nabokov, a la vez juguetona y racional (como su argumentación aquí, quizá debamos entender)—y la compara a la actividad del pintor que disfruta pintando y lo hace con exactitud, o al placer intelectual, "the joy we derive from a witty problem, from harmony, from creativity"—cuestiones todas ellas que tienen un lugar primordial en el tipo de estética que Nabokov estaba interesado en desarrollar.
Bien, estas especulaciones son sin duda estimulantes para un buscador de patrones, analogías y problemas en la obra de Nabokov, pero en tanto que teoría biológica hay que decir que no resisten un análisis, no más que las especulaciones preevolucionistas de William Paley sobre el diseño inteligente, o las especulaciones de los actuales teorizadores de ese "diseño inteligente" como las de Philip E. Johnson en Darwin on Trial (1991) o Michael Behe en Darwin's Black Box (1996). Y aunque Nabokov escribiese esto en 1938, y Fyodor Godunov-Cherdyntsev en 1927, para entonces ya era esto pseudo-ciencia... al menos lo era entonces tal como se ve desde hoy. Aunque tanta ciencia resulta luego ser pseudo-ciencia, en visión retrospectiva, y ni siquiera se disfraza de literatura. Recordemos sin más que la mayoría de los norteamericanos, entre ellos muchos científicos, e incluso muchos biólogos sin duda, creen a fecha de hoy en el Diseño Inteligente. Vamos, de hecho incluso el propio Wallace, que formuló a la vez que Darwin la teoría de la evolución por selección natural, acabó defendiendo el Diseño Inteligente.
Según Charles Lee Remington ("Lepidoptera Studies", en The Garland Companion to Vladimir Nabokov), Nabokov tenía por razones trascendentalistas un interés psicológico tan fuerte en oponerse a la selección natural, que seguramente rechazó las conclusiones evolutivas por motivos de satisfacción personal.
Si rechaza Godunov (Nabokov) el gradualismo darwiniano, también rechaza el catastrofismo tanto para el origen como para el fin de las especies: "Of course the basic spirit of development in no way depended on the chancy cataclysms of a chance environment" (227). El origen y el fin de las especies tiene una lógica al parecer inherente, e idealista—o al menos en la descripción del proceso se desprecia olímpicamente la interacción con el medio.
The disintegration of a species, the explosion of a species ring, resulted when the given idea of a species grew impoverished—something that manifested itself in the extinction of the type or the weakening of its bonding force, which in turn entailed abrupt leaps in the variation of peripheral forms and the disappearance of intermediate ones. (227-28)
No se especifica la razón de este empobrecimiento, pero la formulación deja claro que el proceso va de la idea al hecho: la extinción de la forma típica que lleva a la disgregación de la especie parece en principio un argumento biológico plausible (disgregación de la especie al cesar el flujo genético) pero observemos que es un resultado, y un resultado del proceso mismo de la especie, no de ninguna interacción apreciable con el medio. Esto ya tiene menos sentido. Sea como sea,
The conclusion of this process became evident when these extreme variations, which, so to speak, had dispersed away in every directon from the explosion of the species ring, began evolving their own cycles. Those that managed to endure became the centers of new ideas of species. (228)
Y así Nabokov/Godunov consigue a la vez nadar y guardar la ropa: criticar el darwinismo, enfatizando el poder atractivo, centrípeto, de la especie frente a la variedad, sin llegar a negar un principio darwinista fundamental de que hay una continuidad entre variedad y especie. Consciente de la importancia de esa fuerza centrípeta que cohesiona a las especies, y que en un medio estable puede de hecho mantenerlas sin evolucionar prácticamente durante millones de años, llama la atención Nabokov/G sobre el momento de transición, un cambio normativo podríamos decir, o una declaración de independencia, en el que una variedad deja de regirse por las leyes de la especie en la que se originó, y da lugar a una entidad "esférica" independiente, con un nuevo centro muy alejado del anterior centro de la especie. Es una cuestión, dice Fyodor, que las teorías evolucionistas contemporáneas (las de las primeras décadas del siglo XX) no contemplan.
Como imagen y analogía de esta especie de salto conceptual de la naturaleza, nos propone Nabokov/G el efecto mental producido en la percepción en los otros dos niveles (el conceptual-cultural y el individual) en que funciona el concepto de especie, cuando se produce una diferenciación. La naturaleza, a modo de un entomólogo refinado, pasa a señalar diferencias donde hasta entonces sólo había identidad, y esa diferencia percibida reordena retroactivamente el pasado:
The deeper we delve into the past, the less distinct appear the contours of the species concept, and the less noticeable is the interval of genesis. But if reason finds it hard to deal with this phenomenon, every curieux still knows that special hint of intuitive conviction inherent in its outcome, that certainty akin to revelation that we sharply experience as a leap, a turning point, when at the sight of two species of butterfly, one of which only yesterday had been reassigned to a separate species by a supremely keen-eyed entomologist, and, although during the 150 years since Linnaeus these two species had been regarded as one, now that the traits of arcane species differentiation have been unveiled by another's perspicacity, suddenly our eyes open wide, and how could one ever have overlooked those very traits that, with such elegant precision, now distinguish the two butterflies. (228)
El desfase retroactivo se debe, entiendo, a que la finura de la Naturaleza como entomólogo precede a la del entomólogo que reconoce las diferencias debidas a la especiación diferencial; por tanto siempre vamos, al parecer, a remolque, descubriendo diferencias que ya estaban allí para la naturaleza (como ya están, luego, para el entomólogo avanzado, mientras que el neófito, como Aristóteles, sólo distingue entre mariposas y polillas). Es importante, pues, ese desfase retroactivo en tanto que garantía de que vamos desvelando un plan existente y ya trazado—la propia reorientación de nuestra perspectiva, al descubrir diferencias donde no había sino identidad, se convierte, idealmente, en la mejor prueba de que existía en la naturaleza un plan oculto que vamos desvelando o aprendiendo a leer.
Claro que esta comunicación ideal, esta percepción del libro de la naturaleza, queda un tanto emborronada si se pierden de vista las especies y se confunden con variedades. De ahí parte de la irritación de Godunov-Cherdyntsev contra el darwinismo, y también contra la entomología moderna, que multiplica las entidades y ve muchas especies distintas donde la naturaleza o bien las subordina al centro de una única esfera o no ha establecido una especie bien definida. Pero los entes se multiplican sin sentido en las publicaciones académicas, mera palabrería. Los géneros los explica Nabokov de manera similar a las especies: como esferas de variación, pero esta vez delimitadas por las esferas independientes de las diversas especies que han surgido de un centro común; el centro puede todavía mantenerse, o bien puede haber desaparecido. Y, sucesivamente,
At the center of the whole system will be found the ideal cycles of genera, i.e., those that, in our time, are fully represented and hence have (temporarily) attained a perfect phase of development. (229)
Obsérvese el énfasis en la circularidad, la simetría y el orden, a la vez que existe la consciencia de la imperfección e irregularidad del árbol de la vida, con ramas enteras que desaparecen, comprometiendo la simetría del conjunto. Es una teoría que busca casi con desesperación el reconocer un orden y una dinámica intrínseca, "ideal rings", allá donde otros no vemos sino el resultado caótico de la interacción entre la morfología, la historia y el medio ambiente. Por ello no parecen en absoluto fiables los estudios de ratios de especiación y variabilidad que pretende usar Nabokov/G como medida para establecer la antigüedad relativa de los diversos órdenes de seres vivos, ni tampoco sus búsquedas de patrones numéricos, por no decir numerológicos, en la variación. La cladística funciona de otra manera, centrándose en caracteres únicos a cada clade, para establecer el orden de derivación—y cada una de las ramas puede haber resultado fortuitamente muy prolífica o poco, pero no por las razones intrínsecas que atraen irresistiblemente la atención de Nabokov/Godunov, sino por motivos ecológicos. No sorprende que sean los géneros y especies "satisfactoriamente" estructurados los que atraen la atención de este clasificador, mientras que los que no se atienen al sistema son considerados aberrantes, mal formados, o están en disolución—al margen de la vitalidad que demuestren los individuos. Como concluye Gould, al margen de la cuestión de las huellas de la ciencia en el arte de Nabokov, sí queda una huella de sus tendencias artísticas y deseos de orden formal en su aproximación a la ciencia—una huella que es causa de serio error científico. Y que compromete, podríamos añadir, incluso el amor a la precisión exactitud de la que se preciaba Nabokov, tanto en la ciencia como el arte. El deseo irrumpe y nubla la visión: nos hace ver un ojo donde no hay sino un dibujo en un ala de mariposa.
Nos queda, como comentario irónico y autocrítico de esta taxonomía idealista y guiada por el deseo (ni ficción, ni ciencia, ni ciencia-ficción) la valoración final de Fyodor sobre la obra de su padre:
"But the lapidary concision of the present schema probably gratified two senses highly developed in its author: that of proportion and that of humor." (233)
Es curioso cómo en este texto póstumo el autor rinde un homenaje póstumo también a la figura de su padre, V.D. Nabokov (asesinado en un atentado terrorista), proyectada en la figura de Godunov-Cherdyntsev padre, pero a la vez le atribuye características del propio V. N. Nabokov, fusionando así las dos personas en una creación imaginativa única que expresa de manera inigualable el sentimiento profundo de admiración y emulación hacia su padre. Algunos elementos de este sistema taxonómico-evolutivo tienen sentido; otros responden a una lógica idealista de la que el propio autor es consciente, otros están distorsionados por las convicciones trascendentalistas del autor. Queda parte de la ciencia (siempre queda sólo parte de la ciencia para la ciencia del futuro) y queda, eso sí, el homenaje. Quizá Godunov-Cherdyntsev no pudo acabar de desarrollar su sistema, nos dice Fyodor,
Pero naturalmente lo principal es que había tenido la intención, de haber podido hacerlo a su gusto, de dedicar un estudio separado a la cuestión que aquí se plantea, y a la vez creía que, si la precariedad de la vida humana, y la niebla que se asentaba en Rusia, y el peligro de una nueva expedición remota proyectada en un año tan poco propicio frustraban sus planes, una exposición lo más exacta posible de los principios de tal estudio les daría sin embargo a las mentes que por fin los comprendiesen una oportunidad de consumar el plan esbozado por el autor. Me gusta pensar que en esto no se equivocaba, y que con el tiempo aparecerán hombres que sean más avispados que Murchinson, más educados que yo, que tengan más talento y vitalidad que las terribles tortugas que dirigen las revistas científicas, y que el desarrollo de los pensamientos de mi padre, anotados a toda prisa con letra apresurada de testamento, durante la noche anterior a una partida dudosa, cuando la pistolera, los guantes y la brújula son intrusos momentáneos en la vida sedentaria del escritorio, y continuados aquí entre la neblina deslumbrante del amor filial, la fe, la inspiración y la indefensión mental, llegará a crearle un monumento digno de él, visible desde todos los rincones de las ciencias naturales. La amargura de una vida interrumpida no es nada comparada con la amargura de una obra interrumpida: la probabilidad de que la primera pueda continuar más allá de la tumba parece infinita cuando se compara con la inexorable falta de compleción de la otra. Allá, quizá, parezca no tener sentido, pero aquí continúa inacabada. (233-234)
Pocas veces ha quedado tan bien retratada la amargura de la pérdida y la angustia de lo que quedó sin expresar—aunque quizá, en última instancia, toda vida sea una vida interrumpida, y toda obra permanezca para siempre inacabada.
La "narratología evolucionista", que es una de mis aficiones intelectuales, es algo que no está todavía terminado de inventar, aunque hay gente como Joseph Carroll que están en ello. Es el autor de Evolution and Literary Theory y de Literary Darwinism, y pueden leerse algunos de sus artículos recientes en su web. Por ejemplo este artículo sobre"Estudios literarios y psicología evolucionista". Carroll es también uno de los coeditores de la recién fundada Evolutionary Review. A ésta revista le acabo de enviar una versión desarrollada de mi artículo sobre el anclaje narrativo en Hacia los confines del mundo—ésta es una novela impresionante de Harry Thompson, centrada en torno al capitán del Beagle y al impacto del darwinismo en la mentalidad del siglo XIX.
A quien guste la "narratología evolucionista" le tiene que gustar estudiar la teoría de la evolución, y a quien le gusten estas dos cosas le tienen que encantar forzosamente los magníficos ensayos de Stephen Jay Gould, el pensador evolucionista más atento a las cuestiones de la narratividad de la teoría evolucionista, y a las paradojas que aporta nuestra visión retrospectiva sobre el estudio del pasado. Evolucionismo y teoría de la retrospección—una combinación irresistible para mí. Por cierto, he remozado y actualizado mi colección de artículos sobre retrospección narrativa y teoría crítica, titulada Objects in the Rearview Mirror May Appear More Solid Than They Are: Retrospective-Retroactive Narrative Dynamics in Criticism. Allí especulo más sobre cuestiones como las falacias retrospectivas, el hindsight bias, los efectos de la relectura.... Cuestiones que últimamente se han puesto más de moda gracias a un libro magistral sobre el tema, El Cisne Negro, de Nassim Nicholas Taleb.
Gould se interesa no sólo por la ciencia, sino por la historia de la ciencia—y en su impresionante The Structure of Evolutionary Theory integra ambas visiones, la teórica y la histórico-teórica, en uno de los libros más monumentales de la historia de la ciencia—libro que merecería además figurar como un monumento póstumo a la máquina de escribir, artefacto del que salió. Para Gould, la evolución no es sólo algo que "ha sucedido"—sino que es algo que "se representa", una historia en el doble sentido del término ("Historia 1": serie de acontecimientos y fenómenos del pasado; "Historia 2": Representación de esa serie en un discurso articulado u otro artefacto semiótico). Nuestras convenciones disciplinarias, nuestras estrategias comunicativas, nuestras tradiciones culturales, nuestras predisposiciones cognitivas, son elementos que nos llevan a escribir un tipo u otro de "Historia 2 de la Evolución" sean cuales sean nuestros conocimientos sobre la "Historia 1 de la Evolución". Más aún: la Historia-1 no está presente más que en sus huellas (pues el pasado no existe sino en el presente). Y siendo las diversas "Historia 2" un instrumento cognitivo (el instrumento cognitivo) que permite la re-presentación de lo que no está presente, quizá deberíamos hablar de "Historias 1.2" para referirnos no a "la" serie virtual de lo acontecido, la Historia 1 (que podemos concebir como una sola y quizá en última instancia incognoscible), sino a esa serie tal y como es representada en las "Historias 2". Así, la "Historia evolucionaria 2" de Lamarck nos remite a su propia "Historia evolucionaria 1.2"—a unos acontecimientos y unos mecanismos explicativos para interpretar su conexión que es muy diferente de la "Historia evolucionaria 1.2" de Darwin, o de la "Historia evolucionaria 1.2" del propio Gould—por no hablar de fantasías y mitologías sobre el pasado como las que nos cuenta el creacionismo en sus diversas salsas.
Voy derivando—en realidad sólo quería dejar nota de uno de los ensayos más narratológicos de Gould en uno de sus últimos libros, I Have Landed. En el capítulo 3 escribe sobre "Jim Bowie's Letter and Bill Buckner's Legs"—analizando dos historias del acervo legendario norteamericano, para mostrar cómo nuestra mente tiende a encasillar y a encarrilar los acontecimientos y desarrollos argumentales de manera que se ajusten a expectativas y modelos familiares. Lo atípico y complejo se "domestica", se hace familiar y se le da una forma digamos culturalmente agradable o aceptable, o que se ajusta mejor a nuestras ideas recibidas y preconcepciones.
Gould es un narratólogo evolucionista, y como tal explica nuestras preferencias y tendencias narrativas apelando a un origen adaptativo de las mismas:
The vertebrate brain seems to operate as a device tuned to the recognition of patterns. When evolution grafted consciousness in human form upon this organ in a single species, the old inherent search for patterns developed into a propensity for organizing these patterns as stories, and then for explaining the surrounding world in therms of the narratives expressed in such tales. (55)
Hace poco me refería a un artículo sobre el origen de la creencia en espíritus publicado en Scientific American, que apela a principios psicoevolutivos muy parecidos: Por qué la gente cree que hay agentes invisibles que controlan el mundo. Michael Shermer explica cómo la creencia en agentes invisibles (dioses, espíritus, demonios, fantasmas, etc.) es resultado colateral de dos tendencias cognitivas que presentaban ventajas a la hora de detectar presas o depredadores. La primera es la detección de patrones y regularidades en medio del ruido informativo; la segunda es la atribución de intencionalidad o agentividadcomo explicación de esos patrones. Somos lectores de mentes, a veces hiperlectores, y por eso proyectamos mentalidad e intención donde no la hay, por ejemplo a la evolución del Universo. Según Shermer, somos supernaturalistas de nacimiento, o por tendencia arraigada. También en este post, "La fe como exaptación", aludía yo a la posibilidad de utilizar el concepto de exaptación desarrollado por Gould para explicar fenómenos como la creencia en seres sobrenaturales y en un orden intencional en la naturaleza.
Estas especulaciones evolucionistas combinan bien con el actual interés en explicaciones cognitivistas del funcionamiento de la narración. De hecho, gran parte de la antigua narratología estructuralista ha vuelto con un lenguaje actualizado bajo la forma de narratología cognitivista. En clase de comentario de texto utilizo un esquema (derivado de Dirk Delabastita 2004) para representar cómo los procesos cognitivos de nuestra mente organizan la interacción entre el texto que leemsos y el mundo que nos rodea. Es básicamente como sigue (esquematizando el esquema):
Lo que obtenemos del texto: EL MUNDO NARRADO (TEXTUAL)
MECANISMOS COGNITIVOS: nuestra manera de organizar el conocimiento y la comprensión—que son:
Lo que aportamos al texto: COSAS QUE SABEMOS DEL MUNDO EXTRATEXTUAL - Datos y creencias - Procedimientos, situaciones familiares - Valores y emociones adheridas a las cosas
interactúa con:
- Nuestro conocimiento del lenguaje: vocabulario, gramática...
- Nuestra tendencia mental a establecer relaciones causales (por ejemplo, post hoc ergo propter hoc, la falacia narrativa o hindsight bias). - Nuestra tendencia a organizar la realidad mediante oposiciones binarias: arriba / abajo Bueno / malo
EL TEXTO: tiempo del relato, modos de caracterización, perspectivización, voz narrativa...
-------> <-------
REPRESENTACIONES Y DISCURSOS SOBRE EL MUNDO:
- Discursos literarios o no literarios - Otros textos, imágenes... - Géneros, convenciones de representación - Discursos ideológicos, políticos, doctrinas morales... - Metodologías de análisis crítico
La interacción entre texto y mundo mediada por esos "mecanismos cognitivos" (gramática, secuencialidad causal, metáfora, etc.) nos embarca en un proceso en el que por vías múltiples referimos el texto que leemos al mundo que representa y que hemos ido construyendo, el pequeño mundo creado en el texto—y ese lo referimos al mundo en general, al amplio mundo, tal como es representado y mediatizado por diversos discursos y modalidades de representación. Cierto es que a veces es difícil separar el mundo narrado del texto en sí, o distinguir entre el mundo y las representaciones del mundo—tal es la circulación cognitiva entre unos y otros elementos del proceso de lectura.
Si este esquema se refiere a la lectura de textos narrativos, hay que recordar aquella frase de Derrida al efecto de que "no hay 'fuera del texto'" pues toda la realidad está mediatizada semióticamente en mayor o menor medida. Así pues, los procesos metafóricos o las falacias narrativizadoras no son sólo asunto de análisis literario: se dan igualmente en nuestra comprensión del mundo en que habitamos, y que a veces creemos un tanto ingenuamente que se nos ofrece en forma directa y no mediatizada por ninguna convención de representación.
Para Gould, interpretamos el mundo en términos de historias favoritas, y tenemos un repertorio limitado de procedimientos para construirlo. Así, por ejemplo, tendemos a la direccionalidad antes que a la desorganización sin rumbo fijo, y preferimos interpretar las secuencias en términos de motivación—atribuirles finalidad e intencionalidad, en lugar de suponer que puede no haber ningún sujeto tras ellas. Es decir, tendemos activamente a conectar los acontecimientos y a construir historias y argumentos con ellos. Esta es una tendencia que puede resultar cognitivamente ventajosa, aunque también puede que se vaya fuera de madre con cierta frecuencia, dando lugar a las falacias narrativas como el exceso de argumento, las secuencias causales imaginarias, el hindsight bias. Algo parecido sucede con otros tipos de esquemas intepretativos que proyectamos o superponemos a los datos de la observación. Tendemos a ver orden donde hay asomo de orden—aunque éste sea casual. Parece ser cognitivamente rentable, en términos sociobiológicos. La observación del orden permite interpretar y relacionar, conocer el mundo y predecir (hasta cierto punto) lo que todavía no ha sucedido, sobre la base de analogías con lo que sucedió otras veces. Ahora bien, la búsqueda de patrones y esquemas repetidos puede llevar a ilusiones mentales: nos hace ver forma—es más, forma intencional— donde a veces no hay sino forma casual, o caos. La apofenia o la manía referencial descrita por Nabokov son modalidades de esta modalidad paranoica de la percepción.
Gould explica cómo conspiran entre sí nuestras predisposiciones mentales mentales a la proyección y al encarrilamiento, para dar lugar a propensiones mentales tendenciosas:
tales about nonconscious creatures or inanimate objects must also provide a surrogate for valor (or dishonorable intent for dystopian tales)—as in the virtue of evolutionary principles that dictate the increasing general complexity of life, or the lamentable inexorability of thermodynamics in guaranteeing the eventual burnout of the sun. In summary, and at the risk of oversimplification, we like to explain pattern in terms of directionality, and causation in terms of value. The two central and essential components of any narrative—pattern and cause—therefore fall under the biasing rubric of our mental preferences. (56)
Observa Gould una tendencia a reducir las historias complejas de la realidad a un puñado de historias canónicas, y preferentemente distorsionadas por esta tendencia a la direccionalidad, al exceso de intencionalidad, a la motivación. Siendo que tenemos estas tendencias narrativizadoras, Gould ve preocupante que las ciencias "históricas", las que utilizan representaciones narrativas, puedan verse distorsionadas por estas predisoposiciones.
The explanation of temporal sequences defines the primary task of a large subset among our scientific disciplines—the so-called 'historical sciences' of geology, anthropology, evolutionary biology, cosmology, and many others. Thus, if the lure of 'canonical stories' blights our general understanding of historical sequences, much of what we call 'science' labors under a mighty impediment. (56)
En su teoría evolucionista, Gould ha criticado mucho a las interpretaciones antropocéntricas, explícitas o soterradas, que han llevado a los biólogos evolucionistas a interpretar el proceso como algo "guiado" en lugar de azaroso; o como un "progreso ascendente" hacia la vida, hacia la consciencia y la inteligencia... (un poquito como esas interpretaciones hegelianas de la historia, que la hacen culminar en el idealismo alemán...). Gould insiste alegremente en que todo es azar, y que si evidentemente lo complejo ha de proceder de lo simple por prioridad inevitable, en realidad lo complejo (la vida, la consciencia) viene a ser una probabilidad estadística, algo así como la marcha errática de un borracho que anda entre una pared y una zanja: normalmente va chocando con la pared, y desviándose más o menos de ella, pero cuando caiga a la zanja caerá de verdad y definitivamente. Bien, es una imagen... Podemos encontrar comprensible que (en tanto que seres complejos) interpretemos el ascenso a nosotros mismos como un proceso direccional—¡e incluso que lo evaluemos con tintes positivos, si no estamos muy deprimidos ese día! Gould es gran amigo de señalarnos a los escarabajos y a los microbios: son ellos los pobres de espíritu que heredarán la Tierra, pues son con mucho estadísticamente preferidos por el imaginario Dios. Y bien, concedámosle a Gould el punto cuantitativo, pero en absoluto el cualitativo. Las teorías de la evolución elaboradas por los escarabajos son infinitamente menos interesantes que las elaboradas por Gould, aunque en algún punto concreto estas últimas den algún tumbo o traspiés. Vamos, que las preferencias cognitivas por la direccionalidad o por la complejidad intencional serán ocasionalmente tendenciosas o engañosas, pero nos vienen de lejos, por ser lo que somos—y en lo fundamental son beneficiosas. Por otra parte, si algo hay de cierto en las teorías de Lamarck de que los seres contribuyen a hacerse su propio destino—que el pájaro vuela porque quería volar—pues entonces más nos vale tomar como modelo a los inexistentes ángeles que a los existentes microbios. Con lo cual no quiero decir que la angelología sea para nosotros más ventajosa que la microbiología.
Así, en el cielo donde las estrellas se distribuyen al azar, vemos constelaciones—figuras imaginarias, que facilitaron en su momento el estudio astronómico, y que para las pseudociencias tienen entidad real. Pero el científico que ve constelaciones aprovecha para explicar (como aclara Gould) que sería precisamente la ausencia de agrupaciones ilusorias de estrellas—es decir, una distribución regular—lo que sería indicación de una intencionalidad o determinismo previo en el cielo. Es decir, más allá de meramente seguir nuestras tendencias cognitivas, y ver formas imaginarias, podemos reflexionar sobre cómo afectan a la percepción, y sobre su origen probable en nuestra historia evolutiva, y sobre la utilidad cultural que pueden tener esos objetos virtuales— y en ello estamos.
Podemos sin embargo estar de acuerdo con Gould en que los esquemas previos preconcebidos, y la tendencia a proyectar narraciones y coherencias, aun siendo un instrumento cognitivo necesario, pueden limitar nuestra capacidad de comprensión e imaginación, encasillando y encarrilando nuestras percepciones, llevándolas hacia caminos trillados, y haciéndonos ignorar aspectos potencialmente observables y explicables sólo porque no se ajustan a lo ya sabido:
the organizing power of canonical stories leads us to ignore important facts readily within our potential sight, and to twist or misread the information that we do manage to record. In other words, and to summarize my principal theme in a phrase, canonical stories predictably "drive" facts into definite and distorted pathways that validate the outlines and necessary components of these archetypal tales. We therefore fail to note important items in plain sight, while we misread other facts by forcing them into preset mental channels, even when we retain a buried memory of actual events. (57)
En suma, para Gould la tentación que suponen los esquemas narrativos canónicos, en los que encasillamos el mundo, es un gran obstáculo al conocimiento auténtico y crítico en todas las ciencias históricas, en todas las disciplinas en las que tenemos que representar el pasado y articularlo narrativamente.
Los ejemplos que analiza en este artículo (ejemplos caprichosos, muy al gusto de Gould) son dos episodios legendarios americanos:
1) la defensa hasta la muerte de El Álamo y la muerte heroica de Jim Bowie, el comandante tejano enfermo e impedido para guiar la defensa. Ese es el mito conocido: pero nos lleva a ignorar un aspecto del episodio "escondido a plena luz" en el museo de El Alamo, bajo la forma de una carta en la que Jim Bowie se dirigió al general mexicano Santa Anna, que dirigía el ataque, ofreciendo una salida negociada. Sólo que Bowie enfermó y no pudo negociar, y la defensa la dirigió (hasta la muerte) un oficial más bisoño.
2) Cómo un famoso golpe de mala suerte, una pelota de béisbol colándose entre las pierdas de Bill Buckner, impidió que los Red Sox ganasen la World Series de 1986. Cierto, dice Gould: sólo que... eso no fue determinante, sólo un elemento más que impidió la clasificación del equipo. Pero la historia es más satisfactoria si obviamos el hecho y presuponemos que hubieran ganado la final si no por esa pelota que se coló—y así se recuerda el asunto.
El mundo es complejo y al parecer nos requiere urgentemente para que lo simplifiquemos imponiéndole alguna historia canónica. Esto es un obstáculo cognitivo cuando es importante conocer la complejidad como tal:
our preferences for tales about directionality (to explain patterns), generated by motivations of valor (to explain the causal basis of these patterns) have distorted our understandings of a complex reality where different kinds of patterns and different sources of order often predominate. (68)
Datos importantes, o hechos significativos, se vuelven invisibles si no se se adaptan a la historia canónica; los acontecimientos los distorsionamos para que encajen mejor y den argumentos más satisfactorios. Para Gould, estos errores se producen tanto en el estudio científico como en la historia. Así, en teoría evolutiva, al estudiar la diversidad de la vida tendemos a representar sesgadamente la diversidad de la vida y a privilegiar el desarrollo de la complejidad—cuando lo predominante, tanto antes como ahora, es lo no complejo. Lo hacemos por motivos antropocéntricos, aunque Gould admite de mala gana que la capacidad de reflexionar sobre estas cuestiones es una invención notable y propia de nuestra especie—¿quizá se nos pueda tolerar un poco de distorsión perspectivística en este sentido?
En lo que sí podemos estar de acuerdo con Gould es en investigar nuestras tendencias cognitivas, así como su origen evolutivo. Incluida, añadiría yo, una tendencia cognitiva reflexiva y no menos interesante que las otras: la tendencia cognitiva a corregir errores cognitivos. Gould no propone, finalmente, que desconfiemos de la narración como tal, pues es un instrumento cognitivo imprescindible para nosotros: sólo pide una narratología más compleja, menos centrada en nuestras tendencias más arraigadas a ponernos en el centro de todo, y más atenta a la diversidad:
If we must explain the surrounding world by telling stories—and I suspect that our brains do stick us in this particular rut—let us at least expand the range of our tales beyond the canonical to the quirky, for then we might might learn to appreciate more of the richness out there beyond our pale and usual ken, while still honoring our need to understand in human terms. (70)
Yo de mayor quiero contar historias tan raras como las de Gould.
Ayer leía en un artículo de Stephen Jay Gould (en I Have Landed) la idea de que lo específicamente humano, o al menos lo más propiamente humano, es... la humanidad, es decir, la descendencia común que nos identifica como humanos frente a otras especies—que también tienen sus propias percepciones, jerarquías sociales, sistemas comunicativos (y hasta dialectos) más o menos elaborados, o tradiciones culturales que se transmiten por aprendizaje y no por instinto—al menos en el caso de algunos animales superiores. Hasta capacidad de hacer herramientas simples, en el caso de los chimpancés, tan humanos ellos a veces, y sin embargo micos.
Linneo no era evolucionista, pero ya antes que Darwin situó al hombre entre los animales—entre los cuadrúpedos, para ser más exactos. Y señaló que en tanto que naturalista, no tenía argumentos para distinguir nada específicamente humano en el hombre. "De hecho", admitió, "por decir la verdad, en tanto que historiador de la naturaleza y según los principios de la ciencia, hasta ahora no he conseguido descubrir ningún carácter por el cual se pueda distinguir al hombre del simio". Más que la cuestión terminológica, dice, le preocupa el atenerse a los principios de su ciencia: "Si hubiera llamado al hombre 'simio', o viceversa, habría caído yo bajo todas las prohibiciones eclesiásticas. Es posible que, en tanto que naturalista, debiera haberlo hecho".
Otros dirán, claro, que esto es limitación de la ciencia de Linneo, más que de la inexistencia de diferencias. Ahora el naturalista estricto tiene el linaje evolutivo, como señala Gould, para distinguir a lo humano de lo no humano. Y claro que eso es cierto, pero es una especie de renuncia ad absurdum—cuando buscamos lo específicamente humano, no nos interesa tanto la biología como la etología y la semiótica; nos referimos no tanto a estructuras corporales como a capacidades que otras especies no tienen, y que reservan el mundo de comunicación humana a los homo sapiens, por mucho que otras especies tengan su "cultura" simple o su "lenguaje" simple. Y siguen siendo el lenguaje y la cultura—y la memoria cultural—lo que no tienen los animales.
Si bien lenguaje tienen en parte los animales, hay partes del lenguaje que no tienen—las que lo hacen propiamente lenguaje humano, y no lenguaje en sentido amplio o laxo. Para los chomskianos lo propiamente lingüístico del lenguaje es la sintaxis—un sistema computacional que es el núcleo de la facultad lingüística que caracteriza al cerebro humano. Hoy me leía un artículo al respecto de José Luis Mendívil (colega de la Universidad de Zaragoza), "La facultad del lenguaje y la diversidad de las lenguas: ¿una paradoja?". En el website de Ciencia Cognitiva. Allí expone la idea del "sistema computacional" sintáctico como el núcleo del lenguaje, rodeado por sistemas más periféricos que actúan como interfaz con los demás sistemas informacionales y comunicativos del sujeto—con los sistemas corporales orgánicos y con el sistema conceptual-memorístico. Esta periferia lingüística que rodea al núcleo sirve a su vez de interfaz para la interacción con los sistemas externos al individuo: el entorno ecológico, físico, social, cultural, histórico... según Mendívil, "Mi hipótesis central es que la variación lingüística estructural es consecuencia de que esos sistemas de interfaz entre la sintaxis y el resto de componentes de la FL se pueden configurar de diferentes maneras en cada lengua".
Y así no es una paradoja que haya una Gramática Universal y también diversidad de lenguas (equivalentes a especies para Mendívil) y de idiolectos (correspondientes a individuos biológicos). Cada lengua es un objeto histórico, que como las estructuras corporales arrastra consigo su historia; es un documento viviente de un proceso evolutivo. Esto lo formula Mendívil de un modo realmente un tanto maximalista:
"lenguas y especies son entidades de la misma naturaleza formal: agrupaciones de objetos naturales históricamente modificados"
—formulación que casi parece olvidar que los individuos biológicos son estructuras físicas, y las lenguas son procedimientos semióticos utilizados por esas estructuras físicas en su interacción...
Los pequeños cambios históricos, accidentales, etc., son comparados por Mendívil a "mutaciones" que se transmiten a la descendencia (supongo que, en buena lógica darwinista, si son "seleccionadas", o en buena lógica mendeliana, si son genes resistentes a la eliminación...). Con esta consideración darwinista-histórica de las lenguas, evita Mendívil el extremismo formalista chomskiano. Pero mucho queda de chomskianismo en esta concepción: pues si bien la lengua misma, por sus interfaces y su interacción histórica, es variable, el núcleo de la facultad lingüística es tan invariable como siempre:
"la sintaxis no es un hecho cultural anidado en las lenguas, sino que está naturalmente condicionada. Una sintaxis así es una propiedad de la especie, no estaría sujeta a adquisición y sería entonces insensible al cambio y a la variación en tiempo histórico."
—Y aquí es donde el evolucionismo de la teoría pierde su honesto nombre. Un fenómeno de esta naturaleza no puede surgir de la noche a la mañana "ya hecho": para una teoría evolucionista propiamente dicha, el núcleo sintáctico tiene que ser también variable, histórico, cambiante, producto de la evolución. Como todo lo animal y todo lo humano.
Volviendo a lo específicamente humano, dice Mendívil:
"Dentro de la FLA [Facultad del Lenguaje en sentido amplio] se representa con el círculo interior la Facultad del Lenguaje en sentido estricto (FLE), que sería -por hipótesis- lo único específicamente humano y específicamente lingüístico y que, según presupuestos minimalistas, incluiría únicamente un sistema computacional responsable de la sintaxis y la recursividad."
—pero esto también adolece de prejuicios chomskianos... ¿Son realmente la sintaxis y la recursividad lo único específicamente humano en el lenguaje? A mí sí que me parece buena lógica esto de que haya pocas cosas específicamente humanas, porque eso parece pedir la lógica evolucionista: que haya una base en común con otros seres vivos complejos, en especial con los más cercanos, y que lo específico "de la especie" por así redundarlo sea una especificación o complejificación a partir de materiales rudimentarios o potenciales que se den en otros seres. Tiene que haber las dos cosas, sí: el terreno común que permita el anclaje del lenguaje en la comunicación animal, y lo específicamente humano, que lo haga lenguaje.
Bien, pues no me parece suficiente ni la atención del modelo chomskiano a la "base común" con otras especies, ni la definición de lo específicamente humano. ¿Hay animales que hagan metáforas? Quizá Fauconnier o Johnson, cognitivistas de otro pelaje, hubieran colocado en el núcleo duro del lenguaje la capacidad de reciclar los signos y hacer analogías y fusiones entre ellos. Quizá haya animales que hablen de lo que tienen delante—probablemente esto es incluso probable, quiero decir demostrable, si no ya demostrado. Pero más difícilmente demostrable será que haya animales que hablen de lo que no tienen delante—es decir, y por simplificar, que cuenten historias. De los teorízadores de la narración (aquí hay uno) se podrá esperar que centren en la capacidad narrativa lo más específicamente humano del lenguaje humano, ya que hay pajaritos con sintaxis o pseudo-sintaxis... O que, por lo menos, que incluyan en un núcleo duro más difuso y más ampliado otras capacidades lingüísticas más allá de la celebrada sintaxis. Aunque admito obviamente que sí que hay sintaxis propiamente humana, y léxico propiamente humano, y morfología y fonética, claro, propiamente humanas. ¡Y complejidades culturales y tradiciones culturales propiamente humanas, como la Lingüística!
Posiblemente no todos los homo hayan sido humanos—tan humanos como nosotros. No sería de esperar en un proceso evolutivo. Según Adam Kuper (The Chosen Primate), el "Homo erectus fue probablemente la única especie homínida de la Tierra durante casi un millón de años", y mostró relativa estabilidad durante ese período tan largo. "El Homo erectus tenía una capacidad cerebral casi próxima a la moderna, pero al parecer muy poco la utilizaba para producir una cultura de tipo humano", con lo cual hay que esperar a formas posteriores para el desarrollo de una capacidad de comunicación, interacción y simbolización humanas. Posiblemente el homo erectus, si hablaba, no tenía mucha conversación, ni mucha capacidad de contar historias.
¿El único bípedo implume? No—los loros desplumados lo son. ¿El único animal que habla? No, pues hablan los implumes delfines, en delfinés. ¿El único animal con genética humana? Vale, pero eso es poco decir. El único animal que habla como nosotros, vale, pero también es un poco perogrullesco. ¿El único animal que miente, como decía Umberto Eco? Pues no; los chimpancés lo hacen de maravilla, y otros también. Aunque no pueden mentir sobre el pasado, como sí puede Tom Waits.
¿Será el hombre, más bien, el único animal que dio nombre a los animales—in the beginning— y construye oraciones? Bueno, posiblemente sea así. ¿O el único animal que hace metáforas y cuenta historias? Esto es más seguro todavía.
Cada día luchando por la vida...Primero he presentado un recurso más defendiendo mi derecho a impartir postgrado, contra las maniobras de los Grupos de Investigación buscando Lebensraum y Anschluss —grupos que pretenden sorber los recursos y dejarme sin espacio académico, por no Unirme a Ellos para engordarles el currículum.
II. Haeckel-Raising
Luego, he estado en la Facultad de Ciencias en una conferencia del ciclo Darwin, impartida por Jordi Agustí, de la universidad Rovira i Virgili, sobre "Patrones evolutivos en la evolución humana"; y esta tarde igual me acerco a otra sobre la extinción masiva de finales del Cretácico. En la conferencia, Agustí ha observado una tendencia en paleonatropología a oscilar entre dos extremos: el de un árbol de homínidos complicado con múltiples especies y entrecruzamientos complejos (supongo que es el que ha venido dominando las últimas décadas, el que favorecería por ejemplo la línea de razonamiento de Gould), y un esquema más simple con una línea evolutiva más definida, que ahora parece que quiere ponerse de moda otra vez, y que en última instancia se remontaría supongo a los esquemas decimonónicos en forma de árbol en los que hay un tronco principal que asciende hacia la especie humana. Claro que sin muchas de las presuposiciones homocéntricas de esos esquemas que a veces son un tanto ombliguistas... pero supongo que incluso los que trazan un árbol complicado no escapan (no pueden escapar, siendo ellos los dibujantes del árbol) a esa tendencia a privilegiar entre todas las ramas y trayectos el que lleva directamente al homo sapiens, disimulado entre la hojarasca y el ramaje de los arbustos. Bien, pues Ernst Haeckel fue uno de los primeros autores de esos árboles genealógicos, y hoy nos podemos reír con demasiada alegría de él, viendo cómo dibujaba ese tronco ascendente hacia el Espíritu y la Razón y la Humanidad, etc.—pero básicamente seguimos en lo mismo. También nos podemos reír de los dos "eslabones perdidos" que inventó entre el mono y el hombre, el Pithecanthropus alalus y (agarraos bien) el Homo stupidus. Pero colocando las cosas en perspectiva, ¿qué serían los australopitecos más que la nueva versión de esos "hombres mono carentes de habla", y qué serían los primeros homo hoy en día, los antecessor, etc., sino el último de la clase? Así que menos risas con Haeckel, que a pesar de sus fallos y "creatividad", mucho hizo en su momento por avanzar el razonamiento sobre la evolución humana.
En alguna cosa he estado en ligero desacuerdo con el conferenciante, por ejemplo cuando dice que Darwin en realidad no explica el origen de las especies en su libro On the Origin of Species... Lo dice porque a su juicio Darwin no cree realmente en las especies—como unidad evolutiva con entidad propia: las considera simplemente una "variedad más" de las variedades, poblaciones... y su teoría sólo se basa en la competencia ecológica de los individuos. Yo disiento: Darwin sí que creía en las especies, cómo no, pues evidentemente reconocía la diferencia entre variedades y especies teniendo en cuenta el hecho de la imposibilidad de reproducción, que separa irremediablemente las ramas de los árboles evolutivos... Y es más, no es que no creyese en las especies en tanto que unidades evolutivas, lo que pasa es que también creía en las poblaciones y variedades en tanto que unidades evolutivas. Que no le diese suficiente peso a la dinámica de interacción de estos grupos entre sí... pues ahí ya podemos estar más de acuerdo, pero es que Darwin es mucho Darwin, y en su obra siempre se encuentra alguna aguda observación que muestra que también era consciente de estas dinámicas, por ejemplo cuando se crean especies por aislamiento.
Otra cuestión en la que disiento (aunque sobre esta no he podido preguntar) es cuando dice el conferenciante, mirando con un poquito de superioridad a las teorías decimonónicas sobre la recapitulación evolutiva, "que es falsa la teoría de que la ontogenia recapitula la filogenia—que hoy sabemos que en todo caso será al revés". La teoría de la recapitulación proviene básicamente de Haeckel, y es tradición zurrarle cruelmente a la vez que se la utiliza... Esto de que "en todo caso será al revés" no lo alcanza mi entendimiento: si la especie existe antes que el individuo, y su evolución ha sido previa a la de un individuo dado, por supuesto que es el desarrollo embriológico del individuo el que recapitula (dentro de ciertos límites) el desarrollo de la especie: y así seguimos creciendo como embriones en un medio acuoso, pasamos por fases larvales e incipientemente vertebradas, con branquias, con cola y proporciones cuadrúpedas, etc. Mal me parece que se pueda contradecir esto. Gould dedicó un libro entero en Ontogeny and Philogeny a criticar las malas aplicaciones de este principio, así que se le erizan las plumas del cuello en cuanto oye hablar de Haeckel. Escribe un ensayo ("Abscheulich! (Atrocious)") en I Have Landed, criticando las falsificaciones e invenciones de Haeckel. Pero en esencia me temo que en efecto la ontogenia recapitula en sus líneas generales a la filogenia, aunque sea en una formulación que prefiere Gould, la ley de von Baer (1828) según la cual las formas simples preceden a las complejas necesariamente—una teoría en efecto difícil de negar, bien evolutiva, bien emergentista, y que Gould explica así:
In a pre-evolutionary context, von Baer argued that development, as a universal pattern, must proceed by a process of differentiation from the general to the specific. Therefore, the most general features of all vertebrates will arise first in embryology, followed by a successive appearance of ever more specific characters of particular groups. In other words, you can first thell that an embryo will become a vertebrate rather than an arthropod, then a mammal rather than a fish, then a carnivore rather than a rodent, and finally good old Rover rather than Ms. Tabby. Under von Baer's reading, a human embryo grows gill slits not because we evolved from an adult fish (Haeckel's recapitulatory explanation) but because all vertebrates begin their embryological lives with gills. Fish, as "primitive" vertebrates, depart least from this basic condition in their later development, whereas mammals, as most "advanced", lose their gills and grow lungs during their maximal embryological departure from the initial and most generalized vertebrate form. (I Have Landed 317-18).
Von Baer bien, pero ¿por qué Haeckel mal? ¿Por aplicar este principio a una evolución que von Baer no reconocía? La teoría de Haeckel, si bien errónea en el detalle, sí que es acertada en líneas generales, al igual que sus embriones recapitulan la evolución del phylum no punto por punto sino en líneas generales. Sería injusto negarle esta percepción, e incluso Gould acepta, con Darwin, que "community in embryonic structure reveals community of descent" (318). Esto ya es algo, pero Haeckel aún va más allá (demasiado más allá incluso) y sienta el principio básicamente correcto de que el desarrollo embrionario, yendo de lo simple a lo complejo, necesariamente guarda una cierta correlación formal con el desarrollo histórico de un philum dado—de sus formas adultas antecesoras, y no sólo de sus embriones.
Haeckel ha tenido mala prensa, y la filogénesis/ontogénesis también, por esta cuestión que tomo citada de su artículo en la Wikipedia:
Haeckel propugnaba también que las razas «primitivas» estaban en su infancia y precisaban la supervisión y protección de sociedades más maduras, de lo que extrapoló una nueva filosofía, que denominó monismo. Sus obras sirvieron de referente y justificación científica para el racismo, nacionalismo y socialdarwinismo y estuvieron en la base de las teorías racistas del nazismo.
Claro que en la práctica nuestras sociedades avanzadas presuponen algo parecido cuando "protegen" (más en teoría que en la práctica) a las culturas de negritos o indios brasileños de las intrusiones de la sociedad moderna, o cuando ejercemos la nostalgia de los intelectuales, apreciando los "productos típicos locales" y los bienes culturales tradicionales por encima de los que son producto de la globalización y de la sociedad postindustrial. (Esta actitud misma es un producto postindustrial).
Como Haeckel, básicamente, seguimos pensando que procedemos del Homo stupidus, que la ontogenia recapitula la filogenia, que las culturas inferiores son filogenéticamente similares a las formas primitivas de las sociedades modernas, y que el árbol de la evolución humana lleva directo hacia nosotros (visto desde aquí). No lo subestimemos tan rápidamente.
III. Darwinian Goldsmith
En clase de comentario de texto hemos comentado el cuento de Oliver Goldsmith "Asem, The Man-Hater", en el que mucho habría que comentar, e igual un día escribo un libro sobre este cuento, que lo merece... Pero en fin, por abreviar, señalaré algunos elementos pre-darwinianos que tiene, y que les he señalado a las chavalas. Estos elementos están en una tradición dieciochesca, como no podría ser menos, y se podrían relacionar con las teorías de la economía política desarrolladas por Adam Smith, y con su tesis sobre los beneficios de la competencia mutua.
Como es sabido, Darwin también se inspiró tanto en Malthus como en la "mano invisible" de Adam Smith para formular su teoría de la Selección Natural. En la Teodicea de Darwin, la muerte, la extinción y la lucha por la vida son necesarias para el proceso evolutivo, y para que surjan formas complejas. De manera paralela, Goldsmith dedica su cuento sobre un misántropo idealista a luchar contra la tesis de que el mal y el bien se puedan separar. El misántropo Asem querría un mundo perfecto, pero cuando el Genio se lo hace visitar, ve que no es ni siquiera un mundo humano, ése en el que no hay ni competencia, ni vicio... ni virtud, pues la virtud necesita del vicio para surgir y contrastarse. Así que Asem vuelve de su retiro en las montañas a la civilización, y se dedica al comercio, no a la caridad como hacía antes. Ahora prospera, y hace prosperar a la sociedad con él. Del interés propio del comercio (una lucha por la vida) surgen beneficios para la sociedad; surgen la cultura y la prosperidad, y la humanidad se diferencia de las sociedades animales (y las domina y explota) precisamente en competencia con ellas, y buscando su propio beneficio, no adoptando la postura benevolente y buenista de Asem hacia las otras criaturas y otros seres humanos. Una defensa muy dieciochesca de la vida en sociedad y del progreso, y del capitalismo liberal—nada sentimental-prerromántica. Un arranque victoriano, tuvo ese día Goldsmith.
Bien, pues todo esto que podría parecer bastante darwiniano, así en plan aire de familia, todavía se queda chiquito si comparamos un texto de Goldsmith y otro de Darwin sobre la lucha por la vida y sus beneficios ecológicos. En el primer texto, el genio explica a Asem cómo un equilibrio y tensión entre depredadores y presas es mejor desde el punto de vista "vital" que un ecosistema plácido y con menos competencia:
" Here," cried Asem, " I perceive animals of prey, and others that seem only designed for their sub- sistence ; it is the very same in the world over our heads. But, had I been permitted to instruct our Prophet, I would have removed this defect, and formed no voracious or destructive animals, which only prey on the other parts of the creation." " Your tenderness for inferior animals is, I find, re- markable," said the genius, smiling. " But, with re- gard to meaner creatures, this world exactly resem- bles the other ; and, indeed, for obvious reasons : for the earth can support a more considerable number of animals by their thus becoming food for each other, than if they had lived entirely on her vegeta- ble productions. So that animals of different na- tures, thus formed, instead of lessening their multi- tude, subsist in the greatest number possible. But let us hasten on to the inhabited country before us, and see what that offers for instruction." (de The Life of Oliver Goldmith, with Selections from His Writings).
Compárese con las ideas del Origen de las Especies, en especial con la imagen darwiniana del proceso de la vida como un "entangled bank" en el que la variedad y perfección de especies se debe a su coexistencia compleja, en la que subyace una competición a muerte, una lucha incesante por la vida y por la reproducción ventajosa. Así termina Darwin su libro:
It is interesting to contemplate an entangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent on each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us. These laws, taken in the largest sense, being Growth with Reproduction; inheritance which is almost implied by reproduction; Variability from the indirect and direct action of the external conditions of life, and from use and disuse; a Ratio of Increase so high as to lead to a Struggle for Life, and as a consequence to Natural Selection, entailing Divergence of Character and the Extinction of less-improved forms. Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed into a few forms or into one; and that, whilst this planet has gone cycling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being, evolved. (On the Origin of Species, 1859, conclusión)
En varios otros puntos de su libro, Darwin enfatiza esta observación: que una misma superficie de terrreno es capaz de sostener mayor volumen de vida si se mantienen en ella diversas especies en interacción que si es una sola especie vegetal la que se siembra allí. Y de ahí llega por pasos a su teoría de que es de la lucha a vida o muerte de fondo, de donde salen todas las bondades y virtudes y excelencias que apreciamos en nuestro mundo humano.
Darwin tampoco inventó todo el darwinismo él sólo—descansaba sobre hombros si no siempre de gigantes, sí quizá de señores bajitos y regordetes, feúchos y generalmente despreciados como escritorzuelos demodés, tal que Goldsmith—que el día que escribió "Asem" también tuvo un día darwiniano.
Este es un artículo sobre narratología evolucionista, en el que releo y comento textos de Darwin de El origen de las especies y de El origen del hombre y la selección en relación al sexo.
Ayer vimos con los niños La Odisea de la Especie, un documental que le da un repaso a las especies ancestrales y sus homínidos vecinos, desde el Orrorin hasta el Homo sapiens, pasando por los australopitecos, los Homo habilis, Homo ergaster, Homo erectus y neanderthales. Lo siguieron los pequeños sin respirar, "una película que ha durado millones de años", decía Oscar, a medida que se extendían los homos desde Africa por todo el mundo; y lo cierto es que es un estudio de la Historia se entendería y contextualizaría mucho mejor en el seno de un estudio de toda la evolución de la humanidad.
Un aspecto curioso del documental es cómo no hace el menor intento de explicar cómo pudieron surgir las diversas especies que retrata. Simplemente damos un salto de miles de años, y allí han aparecido humanos más humanos, más parecidos a nosotros. Se pone un cierto énfasis en la transmisión cultural como agente del desarrollo, pero no aparece ni la menor explicación de cómo pueden haber surgido las diferencias físicas y de capacidad cognitiva entre las especies recientes de humanos y los anteriores. Nada sobre las causas o funcionamiento de la evolución, en suma.
Para eso está Darwin, claro. Del Origen de las Especies me ha gustado especialmente la manera en que desconstruye la noción de especie. La idea de especie es en realidad de raíz creacionista: en el relato del Génesis, Dios crea a las especies (falsedad nº 1) y éstas son entidades bien definidas, prístinas, inconfundibles entre sí (falsedad nº 2). Lo que viene a demostrar Darwin es que 1) todos los individuos difieren, 2) que las diferencias pueden dar lugar a variedades locales, grupos identificables de seres de una especie, y 3) que no hay diferencia radical, sino gradual, entre variedades y especies.
Las variedades son posibles especies en curso de diferenciación, o lo serían si no fuese porque normalmente una variedad se desarrolla de tal manera que elimina a las demás. Y así se van transformando las poblaciones de seres vivos, y así van surgiendo especies diferentes. La curiosa distribución de las especies y variedades, con grupos incluidos en clases, cajas dentro de cajas, con parientes más próximos y más lejanos, sólo puede explicarse mediante este éxito desigual de algunas variedades frente a otras. Es mediante la extinción de casi todas las variedades y líneas de desarrollo como las especies acaban siendo "tolerably well-defined objects" (139). Para Darwin es la selección natural el primer responsable del éxito de unas variedades frente a otras—aunque igual habría que añadir otros agentes como el azar y las extinciones masivas (pues para Darwin, si bien hay mucha extinción, las extinciones se deben a la competencia entre especies y variedades, no a catástrofes súbitas e incalculables).
Sea como sea, quizá el aspecto más llamativo de la teoría de Darwin sea su corolario de que muy pocos seres llegan a dejar descendencia a muy largo plazo: la inmensa mayoría de las líneas de evolución —la práctica totalidad, vamos— se extinguen. Esto puede parecer sorprendente, pero queda muy claro en su gráfico en forma de árbol de la sección "Divergence of Character" (del capítulo IV, "Natural Selection"). Establece Darwin "una tendencia constante en los descendientes mejorados de cualquier especie dada a suplantar y a exterminar en cada fase de la descendencia a sus predecesores y a su especie madre original" (130). De ahí la escasez relativa de "transiciones" y formas intermedias. Según la explica Darwin, la competencia por los recursos puede ser intensa entre diversas especies, pero es especialmente intensa entre las especies cercanas, y sobre todo entre individuos de la misma especie. Otra cuestión a tener en cuenta es que son grupos muy pequeños, o muy pocos individuos, los que son activamente seleccionados por la selección natural.
Si aplicamos esta teoría a la Odisea de la Especie, se discierne un panorama según el cual las variaciones "humanizantes" en los homínidos han supueso una ventaja evolutiva y competitiva, y han sido seleccionadas de modo natural. Esto ha conllevado una secuencia de selecciones graduales, en las que los grupos y formas humanas más competitivas han prosperado; las diferencias surgidas en el seno de un pequeño grupo han permitido su supervivencia, mientras que otros se extinguían, sobre todo al proliferar los descendientes de ese pequeño grupo. Así se ha arrinconado o barrido a australopitecos, Homines erecti, o neandertales. La especie descendiente, quizá sólo una variedad al principio, ha prosperado, extendido su cultura o su población, y ha acabado con los humanos antiguos—un poco de la misma manera en que actualmente compiten las culturas humanas entre sí, con cierta hibridación, pero también con abundante exterminación de formas culturales "atrasadas" a medida que las más nuevas, y más competitivas, se extienden. La globalización no es sino la aplicación estricta de los principios que siempre han regido la evolución. Lo mismo podríamos decir de la historia, vida y muerte de las lenguas—al final son unas pocas familias de lenguas las que prosperan y no sólo sustituyen a sus variedades antiguas, sino también a muchas otras menos directamente emparentadas, que no pueden sostener la competencia. En estas evoluciones humanas, ya sean lingüísticas, culturales o genéticas, hay mucho que es el producto de la cohesión social—es la sociedad más organizada, más industrialmente avanzada y más poderosa comunicativamente la que desplaza a las demás.
Muy pocas especies, y muy pocos individuos de esas especies, transmitirán descendientes a lo largo de miles de generaciones. La mayoría de los linajes divergen en variedades que van a la extinción. Darwin es modesto en su diagrama: no lo traza desde el origen de la vida, sino que nos muestra un mapa de especies original, y (varios miles de generaciones después) el mapa muy distinto, y las relaciones de parentesco muy distintas, a las que ha dado lugar. Pero la misma historia se volverá a repetir: es el proceso habitual de la evolución, dada la formación de especies a partir del juego de las variedades y de la extinción.
Si tenemos "en origen" las especies A, B, C, D, E, F, G, y cada una da lugar a variedades a1, a2, a3, b1, b2, b3, etc., que luego siguen bifurcándose y subdividiéndose, unos millones de años después quizá sólo tengamos descendientes de A y de G, y el mapa sea algo así como a1/1/1, a1/2/3, a/5/3, y g/8/2. Son los grupos más grandes y más distribuidos los que más variedades producen, y los que tienen más posibilidades de dejar decendencia. Podemos extrapolar de este proceso e imaginar lo que será el futuro—será, a vista de pájaro, algo así como el pasado:
"Looking still more remotely to the future, we can predict that , owing to the continued and steady increase of the larger groups, a multitude of smaller groups will become utterly extinct, and leave no modified descendants; and consequently that of the species living at any one period, extremely few will transmit descendants to a remote futurity" (133)
Nosotros somos los últimos humanos, supervivientes de una rama antes más poblada de variedades. ¿Somos candidatos a la extinción, como "grupo pequeño", a pesar de lo que abundamos? Tal parece. El futuro corresponderá, según este plan, como siempre a las bacterias, y entre los animales más bien a grupos numerosos como los coleópteros—las famosas cucarachas que nos han de suceder, según algunos pesimistas autores de ciencia-ficción.
Otra extrapolación permite este diagrama, una extrapolación al pasado:
"I should infer from analogy that probably all the organic beings which have ever lived on this earth have descended from one primordial form, into which life was first breathed" (171).
Observemos el lenguaje "creacionista" que gusta de usar Darwin a veces, quizá por respeto a la ortodoxia, quizá porque no tiene una teoría científica sobre el origen de la vida. Nos dice así que el primer ser vivo fue "creado" (173); para más datos, que se le insufló vida ("life was first breathed") a una forma primordial de la cual descienden probablemente todos los seres vivos. En otra sección, hablando de órganos de extremada perfección, en el cap. VI, volvemos a encontrar al Darwin creacionista, arguyendo "Have we any right to assume that the Creator works by intellectual powers like those of man?" o de las obras del Creador que son muy superiores a las del hombre. O de las "leyes imprimidas en la materia por el Creador" (174). Es de notar que al margen de este lenguaje, Darwin, en su madurez, se consideraba a sí mismo agnóstico, más bien que ateo, y que siempre fue muy cauto en no formular sus ideas religiosas de modo ofensivo.
Admitiendo lo que puedan tener de retórica estas alusiones al Creador, quedan sin embargo como una inconsecuencia en la obra de Darwin, pues no se puede evitar desde el momento en que mencionamos a un Creador el atribuirle intenciones, precisamente de la manera antropomórfica que Darwin dice que quiere cuestionar, y que es incompatible con su teoría. Otro punto en el que parece patinar es cuando afirma que "as natural selection works solely by and for the good of each being, all corporeal and mental endowments will tend to progress towards perfection" (174). Aquí es contradictorio también, en la medida en que la selección natural selecciona a los supervivientes más adaptados al medio, no a los más perfectos según una noción un tanto metafísica o antropomófica que se le cuela a Darwin en la definición. En el futuro, las cucarachas estarán más adaptadas a determinados ambientes asquerosos.
Darwin presenta su teoría como algo que va a encontrar resistencia, aunque confía en que los jóvenes investigadores no se vean tan atenazados por los prejuicios e ideas preconcebidas, y pronostica que en el futuro parecerá increíble que naturalistas que conocen la morfología y distribución de las especies puedan haber creído en una creación separada de las especies, y dudado de la evolución (The Descent of Man, cap. 1). Dadas las "pistas" detectables en la estructura de los seres vivos, Darwin ve cualquier otra interpretación de los hechos como absurda—habría que suponer que Dios ha llenado de pistas falsas la naturaleza sólo para burlarse de nuestro intelecto, una hipótesis repugnante e inconcebible. El sistema natural ha de ser un sistema no meramente analógico, sino genealógico: el árbol de proximidad estructural de los seres vivos ha de entenderse como un árbol ligado por la descendencia común. (Y, por tanto, como un gran proceso, sólo cognoscible mediante una gran narración).
Otro pronóstico que hace Darwin, de algo apenas tocado en su libro, es el desarrollo de una teoría más completa de la evolución que incluya la evolución de la mente, algo apenas tratado en su libro y en su teoría: "Psychology will be based on a new foundation, that of the necessary acquirement of each mental power and capacity by gradation. Light will be thrown on the origin of man and his history" (173)—aunque también podríamos decir que éste es el plan de una psicología y teoría de la cultura evolucionista que ya había empezado a desarrollar Giambattista Vico en el siglo XVIII, sin esperar a Darwin ni al evolucionismo biológico.
Aún una conclusión interesante más nos guarda el final del Origen de las Especies—a saber, que las especies no existen. No existen como formas Platónicas, como Ideas divinas, y a eso ha ido el razonamiento de Darwin. Existen hasta cierto punto como hechos caóticos y contingentes, resultado impredecible de la historia y de la selección natural—y existen, en última instancia, como instrumento cognitivo, ideas después de todo, aunque ideas humanas.
"In short, we shall have to treat species in the same manner as those naturalists treat genera, who admit that genera are merely artificial combinations made for convenience. This may not be a cheering prospect; but we shall at least be freed from the vain search of the undiscovered and undiscoverable essence of the term species." (172)
Y es que, como observa en otro lado, según cuál sea el contexto de investigación y de clasificación, un negro y un blanco (pongamos un pigmeo y una sueca) podrían ser considerados especies distintas, o podrían serlo dos razas de perros, para un naturalista que no supiese nada de sus hábitos o de su capacidad de reproducción. Hay que señalar que el término "especie" significa algo muy distinto para un paleontólogo ("fósiles morfológicamente diferentes") que para un biólogo ("seres capaces de reproducirse entre sí"). Y como bien muestra Darwin, poblaciones aisladas pueden derivar en especies diferentes: quizá ya lo son, si de hecho no se reproducen entre sí, o lo hacen en una medida despreciable, aunque en potencia pudieran hacerlo. Todo depende cómo entendamos este término tan vago, "especie". En la medida en que están diferenciadas las especies, se debe a la lucha por la vida y a esa dinámica evolutiva que lleva a una variedad dominante a favorecer la extinción de sus parientes más próximos... una verdad incómoda, quizá.
A dos temas aparentemente diversos dedica Darwin su otro gran libro The Descent of Man (1871)—al origen del hombre, y a la selección sexual. La combinación puede extrañar, aunque tiene su lógica.
No sólo describe cómo el hombre desciende del mono, sino también del gusano (226). No se remonta tampoco más allá ni intenta formular ninguna teoría sobre el origen de la vida: sólo sobre sus transformaciones, y sobre cómo formas complejas pueden provenir de formas simples mediante la acción de la selección natural. (Y de la selección sexual, de la cual ya hablaba en El Origen de las Especies). Incluso en el campo de las "capacidades espirituales" muestra Darwin cómo "the mental faculties of man and the lower animals do not differ in kind, although immensely in degree" (223).
Y así encontramos argumentos para mostrar el parentesco del hombre con los animales—argumentos anatómicos, embriológicos, de comportamiento, comparación morfológica con los primates y otros seres… Es curioso cómo se fija Darwin hasta en detalles como el bultito que hay en el pabellón de la oreja, en la parte interna vuelta hacia adelante, un vestigio de antiguas orejas puntiagudas. Y se fija en otros muchos órganos vestigiales, desde el lanugo hasta el cóccix—entre los cuales tendrán un lugar aparte en su teoría los vestigios de un sexo que se encuentran en la anatomía del otro. (Antes que acudir a un estado ambisexual indiferenciado en seres primigenios, aquí especula Darwin que los órganos adquiridos por un sexo son transmitidos de manera imperfecta al otro).
En esta obra más tardía, The Descent of Man, Darwin hace un poquito de autocrítica y admite que quizá haya dado demasiado peso a la selección natural y de la adaptación al medio como agente de la evolución y haya descuidado el papel de otros factores, sobre todo estructurales, como son la existencia de estructuras que no son ni beneficiosas ni perjudiciales, y que no se deben a la selección natural, sino quizá a consecuencias estructurales de otros cambios—ni previstas ni buscadas por la selección natural.
Un par de frases provocativas de Darwin. En El origen de las especies evita tratar la cuestión del origen del hombre, a no ser por implicación. E incluso en The Descent of Man es con frecuencia ambiguo al respecto, como correspondía por otra parte a una época en la que estaban perdidos todos los eslabones. Habla en estos términos vagos de antepasados humanos arborícolas, o con cola prensil, o con branquias, etc., y hasta dice que nuestros antepasados remoto se parecerían en estructura a un gusano. Pero en el momento clave, en la frase en cuestión, la del mono, se le va un poco la mano:
"The Simiadae then branched off into two great stems, the New World and the Old World monkeys; and from the latter, at a remote period, Man, the wonder and glory of the Universe, proceeded" (cap. VI, conclusión, 229)
La frase recuerda a un fragmento clave de Hamlet (o de Hair: "what a piece of work is man") o quizá también al Essay on Man de Pope, donde el hombre es "the glory, jest, and riddle of the world". Y se detecta en la frase como cierto retintín irónico, una recriminación a las pretensiones del hombre, ese presuntuoso que no reconoce que viene del polvo, por mucho que lo diga la Biblia y lo demuestren los polvos cotidianos. (Dice Darwin que no debería ser causa de escándalo el origen animal de la especie, no más de lo que lo es el origen de cada individuo en una sexualidad biológicamente animal—p. 241).
En los últimos párrafos de su libro, aun sin hablar de obispos como Wilberforce ni otros primates of the church, afirma Darwin que no se avergonzaría de descender de un viejo babuino valiente que defendió a un congénere—que eso no es más indigno descender de bárbaros crueles y supersticiosos, como ciertamente sabemos que descendemos y admitimos todos. La última frase del libro también nos recuerda que con todas nuestras pretensiones de elevación, saber y benevolencia, "Man still bears in his bodily frame the indelible stamp of his lowly origin" (254).
El hombre es la quintaesencia del polvo, decía Hamlet sin hacer chistes, y sin salirse de la ortodoxia bíblica. La teoría de Darwin es más atea, o llámesela agnóstica si se quiere, pero también tiene un último resabio de teodicea—algo le queda en común con el Essay on Man o con la Natural Theology de Paley. Una teodicea sin Dios, si tal cosa es posible. La teodicea es ese género que pretende, como Milton en su Paraíso perdido, justificar los designios de Dios ante los hombres, y sobre todo justificar la existencia de imperfecciones en el plan divino del Universo, explicando por qué existe la muerte, por qué Dios tolera el mal y el sufrimiento, etc. Darwin, como digo, a su manera también entra en esta justificación: la crueldad de la existencia es necesaria porque de ella sale la excelencia. La complejidad de las formas vivas, su variedad, y la grandeza relativa del hombre ("the wonder and glory of the Universe") son posibles precisamente por esa competencia y lucha a muerte: lo humano está edificado sobre lo animal, hasta sus últimas consecuencias. No es posible sin esa base levantar tan bello edificio. Con esta reflexión termina el Origen de las Especies:
"Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed into a few forms or into one; and that, whilst this planet has gone cycling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being, evolved." (174, énfasis mío).
Vemos otra vez el bíblico "aliento" divino aquí, aunque Dios se retira fuera de la naturaleza y deja que las formas evolucionen sin su intervención ni (quizá) su voluntad. Eso suponiendo que exista, pues se ha vuelto bastante más innecesario después de Darwin. Según Harry Thompson, Darwin, viejo antropoide descreído, suplanta a Dios dejándose una larga barba blanca. Aunque veremos que otras interpretaciones hay de la barba de Darwin: que es sexualmente atractiva y un bello atributo varonil.
Darwin no es sólo réprobo al dudar de la creación y la providencia divina: también es machista. Eso sí, con argumentos biológicos: se limita a constatar. No es políticamente correcto The Descent of Man, que nos dice que si bien las mujeres son más atractivas, el varón es más creativo, fuerte, valeroso, agresivo, dinámico e inteligente: superior a la mujer tanto en cuerpo como en mente. Hablando claro:
"Si se hicieran dos listas de los hombres y mujeres más eminentes en la poesía, la pintura, la escultura, la música (incluyendo tanto composición como ejecución), la historia, la ciencia y la filosofía, con media docena de nombres bajo cada materia, las dos listas no soportarían comparación" (235)
—y que, en fin, por término medio la mentalidad del varón está por encima de la de la hembra. Además el varón es dominante sobre la hembra en su comportamiento, y observa Darwin que "en estado salvaje, la mantiene en un estado de esclavitud mucho más abyecto que el que aplica el macho de ningún otro animal" (242). En fin, nos queda el consuelo de que quizá el hombre está rehaciendo estas bases biológicas mediante la evolución cultural. Se felicita Darwin de que entre los mamíferos predomine la ley de transmisión equitativa de caracteres a los dos sexos y no el dimorfismo pronunciado, "pues de lo contrario es probable que el hombre se hubiera vuelto tan superior en dotes mentales a la mujer, como el pavo real lo es en plumaje a su hembra" (235-36).
La selección sexual no sólo produce el dimorfismo existente entre los sexos, sino también, según Darwin, entre las razas humanas. Cada grupo humano desarrolla ciertos rasgos físicos como más deseables, y éstos se refuerzan mediante la selección sexual, llevando al desarrollo de variedades. Vemos por qué en la teoría de Darwin teoría es importante la selección sexual y va asociada de modo prominente al origen de los seres humanos—aunque por supuesto no la restringe a esta especie, y cuida de admitir que en muchos casos los efectos de la selección sexual y los de la selección natural convergen, o se mezclan, y no tiene sentido distinguir entre una y otra en según qué cuestiones. Sobre las razas, sin embargo,
"For my own part I conclude that of all the causes which have led to the differences in external appearance between the races of man, and to a certain extent between man and the lower animals, sexual selection has been the most efficient" (243).
Humanizados (y diversificados) por la selección sexual. Hay que pensar que algo hay en el comportamiento humano (quizá la componente cultural de creación y transmisión de modelos de belleza o idealidad) para que adquiera tanta importancia relativa la selección sexual precisamente en esta especie. Aunque no es una cuestión en la que entre Darwin en gran detalle. Quizá convendría ampliar el planteamiento, y enfatizar en el caso de los humanos no la selección sexual en exclusiva, sino el papel de la ideología en cuanto agente de la evolución y de la humanización. Promoviendo los caracteres y físicos socialmente deseables, y llevando gradualmente a la desaparición de los indeseables (o indeseados).
También formula Darwin junto con su teoría de la selección sexual una curiosa teoría sobre el origen musical del lenguaje, asociado a rituales de cortejo, al menos en cuanto a la capacidad de vocalizar. (Más sobre la teoría del lenguaje de Darwin en The Descent of Man hablamos en este otro post).
Me centraré un poquito más en detalle en el último capítulo de The Descent of Man, "XXI, General Summary and Conclusion".
Defiende Darwin su aplicación de la teoría de la selección para explicar los orígenes del hombre, arguyendo que aunque fuese errónea contribuiría a esclarecer la verdad, pues si bien los datos falsos crean error, las opiniones falsas sirven de acicate para debatir, presentar teorías alternativas que corrijan los fallos, y despejar el camino a la verdad. No deja de recordar a la noción de Popper de la falsación de las teorías científicas. De hecho Darwin resaltó en su propia metodología la importancia de las hipótesis y teorías en la investigación, que proporcionan una orientación muy superior a la mera cosecha de datos. Una teoría organiza en torno suyo al panorama, y resultará falsa o no, pero permite organizar los hechos y orientar la actividad del investigador. Así, resalta Darwin la manera en que la teoría de la evolución se impone como una necesidad para quien quiera percibir los hechos de la biología como conectados entre sí—sin esta teoría nada tiene sentido en ciencias naturales:
"Quien no se contente con contemplar los fenómenos de la naturaleza desconectados entre sí, a la manera de un salvaje, no puede creer ya que el hombre es obra de un acto de creación separado" (244).
La lucha por la vida y la reproducción, y la selección que imponen, llevan a que las pequeñas variaciones entre individuos acaben dando lugar a razas, especies y géneros distintos de seres; nada hay en el hombre que no pueda explicarse a partir de la evolución de fenómenos más simples presentes en el resto de los seres vivos.
Al faltarle a Darwin una teoría genética, queda coja su teoría sobre el origen y transmisión de las variaciones. Se agarra en este punto a lo que puede, incluída la teoría lamarckista de la herencia de caracteres adquiridos mediante el uso y el desuso: "We may feel assured that the inherited effects of the long continued use or disuse of parts will have done much in the same direction with natural selection" (245). Pero también señala una vía posible para el estudio de las variaciones y modificaciones, en especial mediante el estudio de las monstruosidades (es la vía que seguía el libro de morfología y genética que reseñé en este post, "Todos mutantes").