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Vanity Fea




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LOMLOU

Es curioso. Me he estado leyendo la LOMLOU, (Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Universidades) que es la nueva versión de la normativa que nos regula, y no habla nunca de exámenes. Sí habla ochenta y ocho veces de evaluación, pero es siempre y en todo caso la evaluación de los profesores  y sobre todo de las titulaciones y programas. Quizá sea de esperar en una ley general. Sí alude una vez de pasada a la verificación de los conocimientos de los estudiantes... pero digamos que el acento no recae ahí.

¿O será,  más bien...  que hay mucha presuposición en todo el asunto? Ya se sabe para qué están las universidades; para impartir clases, hacer exámenes, expender títulos. Entre el nivel de presuposición existente al respecto, y los planes de transformación radical que vamos oyendo (pues se nos ha llegado a decir que no se van a evaluar conocimientos, sino trabajo realizado)... no sé si va a haber un punto de encuentro medianamente coherente. Variedad, desde luego, sí parece que va a haber. Será crucial para el estudiante (aún más que ahora) saber a qué universidad va a ir, lo que le van a dar ahí (título más o menos rápido, más o menos prestigioso, más o menos formación de tal o cual tipo), lo que le van a pedir (más o menos dinero, más o menos esfuerzo)... y actuar en consecuencia. Con la voluntad que hay de atender a la "relevancia social" y a la relación con el "entorno productivo" y la imbricación con la empresa... es de prever que los auténticos evaluadores con autoridad van a ser en última instancia los empresarios. Y que los conocimientos y habilidades que no interesen a los empresarios van a perder relevancia y autoridad, y que va a descender correlativamente el nivel de exigencia en esas materias. Hombre, a cambio, me felicito de que aparezcan referencias a la importancia del "pensamiento crítico" y su relevancia en la universidad. Peor sería que se estimulase por ley el conformismo: ese ya anda bastante bien servido.

Es llamativa, con respecto a la LOU, la aparición de criterios que atienden a la presencia equilibrada de mujeres y hombres en órganos colegiados, equipos de investigación y en comisiones evaluadoras. No especifica, sin embargo, que deba haber igual número de rectoras que de rectores en el Consejo de Universidades; ay, se queda corto. Tampoco tiene para nada en cuenta a las minorías de orientación sexual, ni a los gitanos, ni a los inmigrantes (no se les asegura ninguna presencia equilibrada, y mira que son colectivos deprimidos...). Por no hablar de personas con hijos o sin hijos, o minusválidos físicos y psíquicos... Ni calvos y con pelo, que hay demasiados calvos en la universidad. De todos modos creo que se queda esto de las mujeres y los hombres a nivel un tanto testimonial, a menos que los estatutos desarrollen medios muy precisos de priorizar a unos investigadores sobre otros por ser mujeres, u hombres, o de retirar a alguno de los candidatos más votados por estar ocupando una plaza para mujeres... en fin, de todo veremos.

Por lo menos ahora sí que les han puesto nombre en la ley a las titulaciones: Grado, Máster y Doctorado. Han quedado licenciadas permanentemente las licenciaturas. También se unifican todas las Escuelas Universitarias, Politécnicas, etc., en "Escuelas". Desaparecen los profesores colaboradores, corta fue su vida, y se reducen los cuerpos docentes. Una cosa que sigue igual, en cambio, es la relación entre Profesores Titulares de Universidad y Catedráticos de Universidad. Ahora han quedado sólo estos dos cuerpos de funcionarios docentes, al desaparecer los catedráticos y titulares de escuelas universitarias. Y aquí no cambian sus funciones. Para quien no lo sepa: los catedráticos van antes en la jerarquía de prelación, pero no tienen funciones docentes ni investigadoras distintas de los Profesores Titulares. Ninguna. La única diferencia es que a) cobran más; b) pueden presentarse a elecciones de Rector (pero pocos son los llamados, jeje... y menos los elegidos); c) tiene que ir a las oposiciones de su cuerpo y a las del cuerpo vecino, menuda bicoca, aunque hay a quien le encanta; d) pueden formar parte de la comisión de reclamaciones. ¿Para esto tanto jaleo? Está el sueldo, no lo olviden. Y luego el prurito, claro; el pequeño objeto a; el privilegio de pertenecer al pequeño club de quienes entienden las diferencias entre líneas, y los procedimientos demasiado sutiles para que la ley se entere de ellos... cuestiones de fidelidades, y mutuos entendimientos, y tomas y dacas, y corralitos de poder—unas labores imprescindibles para la universidad. Cosas que sin duda se dan en el cuerpo de titulares... pero ¿quiénes son los expertos en el asunto y lo organizan? Eso no hay que buscarlo en la LOU ni en la LOMLOU, y no queda derogado en las disposiciones transitorias, por cierto.

No se aprecia ninguna modificación apocalíptica que nos obligue a insertarnos en grupos de investigación, si bien se menciona ese como uno de los marcos de la investigación. Pues en nuestro departamento demasiado se ve a los grupos apretar a la gente y a las normas y a la lógica para subordinarlos a sus intereses... por lo que se ve, con una base legal que va a seguir siendo insuficiente para justificar tanto aspaviento de que nos encontramos en un nuevo mundo con nuevas reglas. Si no entiendo mal la lógica de las cosas, la evaluación que tan prominentemente va apareciendo aquí se seguirá realizando en base a resultados, y no en base a proyectos de investigación. O mal camino llevaremos.

También se nos auguraban cosas como la desaparición de las áreas de conocimiento. (Ná menos). Y sí se flexibiliza un tanto su aplicación, hablando de "ámbitos" (que están por regular, supongo)—Los departamentos se organizan ahora en torno a los ámbitos, no a las áreas. Pero allí siguen las áreas para ubicar a los profesores y sus plazas, y el catálogo de áreas de siempre. Oséase que en mi gremio seguimos siendo, como antes, profesores de Filología Inglesa, y ahí seguiremos... mal que les pese a algunos filólogos con poca vocación de filólogos, no se han removido los cimientos del saber humano de unos meses a esta parte. 

Desde que entró en vigor la LOU, ha bajado escandalosamente la participación de los estudiantes en los órganos de gobierno. Me dicen que en todos, pero remitiéndome al que más conozco, el Consejo de mi departamento (donde tienen representación garantizada por ley)—han dejado totalmente de asistir los representantes, que antes iban alguno que otro, siempre menos (por supuesto) del número elegido. La generosa representación que en tiempos les daba la LRU se recortó a una fracción, con los nuevos aires aznarianos más que con la nueva ley, y ahora no lleva camino de cambiar la cosa. Pero, sobre todo, ha habido un cambio ambiental: los estudiantes parecen haber decidido que lo suyo es ir sacando la carrera (aprender, iba a decir, pero no confundamos medios con fines) y que allá se las ventilen los profesores con sus historietas. Pero es que es terrible y se dice pronto, pero es así: ni un representante va jamás al Consejo. Ni representante, ni representanta: aquí sí hay paridad absoluta. A nadie le preocupa el tema, por supuesto—yo aquí sólo lo hago constar, y me preocupa sólo en abstracto.

Pues no sé si ganará Rajoy estas próximas elecciones, pero para cuando las gane ya se perfila en el horizonte una nueva modificación que anunció de todo el sistema educativo, incluida la Universidad: La LOMLOMLOU, supongo que será. Lo del consenso en educación no se lleva. Tendremos que acostumbrarnos al todo fluye, aunque sigue habiendo cosas que no cambian—eso también, para bien y para mal.


Viernes, 20 de Abril de 2007 23:34. José Ángel García Landa Enlace permanente. Universidad

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