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El sueño de Casandra

Es la última película de Woody Allen, no comedia sino tragedia, llena de ecos de las tragedias de Shakespeare (especialmente Macbeth) y de las griegas. Es éste un género que la novia del protagonista, actriz aspirante, considera difícil. Y cierto es que queda convenientemente rebajado a las motivaciones prosaicas de dos aprendices de asesino.

Una pareja de hermanos endeudados y ávidos de medrar aceptan matar a un enemigo de un tío suyo, rico y corrupto—a cambio de que éste se haga cargo de sus vidas y haciendas. En ellos confluyen por un lado Macbeth y Lady Macbeth, y por otro lado las conversaciones en Shakespeare de asesinos a sueldo como los contratados por el propio Macbeth o por Ricardo III.

No acaba de hacer clic el guión con los actores en este punto—en los momentos cruciales en los que han de decidir dejar de ser buenos chicos y convertirse en asesinos falla o el tono, o la luz, o las palabras—aunque no es de descartar que la realidad sea así de torpe, en efecto.

Continúa Woody Allen explorando temas que le interesaban en las películas anteriores de su serie inglesa: las ansias por medrar y aparentar, la presión de la clase social, el deseo sexual y el dinero guiando las motivaciones de las personas, el papel del azar determinando quién sale adelante y quién no... Y también el análisis de caracteres. Los dos hermanos se ven arrastrados uno por otro, en una de esas sociedades cerradas de emulación mutua que a veces forman las parejas de hermanos cuando no se enzarzan en rivalidades. Ya siempre será este momento, dicen tras darse cuenta de lo irremediable de su crimen. Pero lo viven de maneras distintas. Uno de los hermanos se ve destrozado por los remordimientos (un poco como Lady Macbeth), mientras que el otro, menos tierno, está a punto de matarlo (en connivencia otra vez con el tío, para evitar ser delatados)—y muere accidentalmente en la pelea a la que le lleva su angustia. El primero, ya antes desesperado y atormentado, se suicida. Y así acaban como Eteocles y Polinices, matándose en el barquito que había sido su sueño, mientras sus novias discuten cómo vestirse para gustarles a los dos."Cassandra's dream" es el nombre del barco que simboliza sus ilusiones inocentes al principio. Lo compran movidos por un recuerdo idealizado de una barquita que les regaló su tío cuando eran niños—pero al crecer todo se tuerce, por la presión de la ambición y el dinero, y salen a la luz los trapos sucios y unos caracteres sin sustancia moral para enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Y lo que empieza como un plan ilusionado acaba como una tragedia griega narrada en las páginas de sucesos.

Es una de las cosas que me parecieron flojas en Match Point—la facilidad con la que una persona se plantea sin más convertirse en un asesino, y sigue siendo una "persona normal" a todos los efectos para el guionista/director y para sus vecinos—pero está claro que es una de las cosas que impresionan a Woody Allen y que quiere comunicar: cómo en esos pequeños gestos de indiferencia a los demás, que muestran la voluntad de aprovecharse de ellos, se trasluce lo que puede dar de sí una persona. Comienzan los hermanos con una indiferencia hacia las consecuencias de sus acciones, embarcándose en la borrachera del juego a la manera de una droga (también hay abundante droga de por medio...). Siguen adelante, medrando y figurando, "tomando prestado" sin permiso el coche de sus clientes en el garaje—acción presentada como aparentemente irrelevante o incluso simpática. Continúan pidiendo prestado primero a amigos y familia, luego a prestamistas y mafiosos, sin valorar nunca su capacidad de devolver el préstamo... Con visión selectiva, miden siempre su posible beneficio o placer inmediato, nunca el precio a pagar según un cálculo prudente. El padre de estos chicos (un perdedor, claro) nunca buscaría medrar perjudicando a otras personas, al menos nunca hasta el punto de llegar al asesinato— ni su nuera la novieta rubia. La actriz morena y tiburona, parece claro que sí: organiza sus relaciones personales de acuerdo con sus planes de carrera. De esta pasta se hacen los triunfadores, y los criminales. Y le bastaría, como a los hermanos, con verse en la situación adecuada y tener algo que ganar para transigir con lo que hiciese falta a costa del vecino. A los asesinos, nos dice Woody Allen, no hay que ir a buscarlos a remotas situaciones, sino que basta con observar a las gentes que nos rodean—a muchas de ellas. Un tema que también es muy judío, por otra parte.

Cassandra's dream. Written and dir. Woody Allen. Cast: Colin Farrell, Ewan McGregor, Hayley Atwell. Music by Philip Glass. 2007.


Jueves, 01 de Noviembre de 2007 18:42. José Ángel García Landa Enlace permanente. Cine

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