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Vanity Fea




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Autores espectaculares

20080303135524-qindai.jpgHace no mucho escribió David Lodge Author, Author, una bionovela sobre la frustración de Henry James por no ser un autor de éxito masivo, ni como novelista ni como dramaturgo. Máxime visto el éxito inesperado en el terreno de la novela que tuvo un aficionado amigo suyo, George Du Maurier, autor de Trilby, el primer mega-bestseller moderno. Y, en el teatro, sufrió James asistiendo al triunfo de Oscar Wilde a la vez que se hundía su propia obra en el estreno.... salió de la representación de Oscar Wilde para ir a ser abucheado al final de su propia obra en el teatro vecino.

Tuvo David Lodge la puntería casual de publicar la novela en un año en el que salieron varias novelas sobre Henry James, pisándose el terreno. Promocionándose mutuamente en parte también, supongo, pero bueno, Lodge lo vivió como un pisarse el terreno, con angustias mezquinas, rabietas contenidas, y úlceras de estómago; sobre todo cuando Colm Tóibín (autor de The Master) consiguió muchas mayores ventas y éxitos críticos que él. Lodge observa irónicamente que casi se repite la historia de su novela—aún no se ha leído la novela de Tóibín por no sufrir más, y supongo que por no entrar en comparaciones odiosas. (Es curioso que Tóibín, como Wilde, es irlandés y homosexual, para terminar de redondear el paralelismo, y como para castigar a Lodge por ignorar prácticamente el tema homosexual en su retrato de James...).

Son casi cómicos los sufrimientos de Lodge durante la promoción de su novela, y ha narrado el proceso interno y externo con notable ombliguismo e interés en The Year of Henry James, con un ensayo-memoria bastante ilustrativo sobre la carrera y día a día de los novelistas profesionales hoy en día.

Traduzco un fragmento sobre por qué se vive tan ansiosamente y tan en primera persona esta cuestión del lanzamiento de los libros:

Uno de los cambios más obvios que han tenido lugar en décadas recientes en la manera en que se comercializa y anuncia la ficción literaria es la manera en que se espera que los propios escritores tengan un papel central en el proceso—consecuencia de una mayor inversión financiera en la publicación de la ficción literaria y de mayores recompensas financieras para los que la escriben. Cuando MacGibbon & Kee publicaron mi primera novela The Picturegoers en 1960 dudo si como publicidad hicieron algo más que enviar ejemplares a reseñistas (y tampoco eso se les daba muy bien). Una vez hube entregado el texto revisado de mi novela, y corregido y devuelto las pruebas, mis editores ya no me importunaron más. Pero recibí un adelanto de sólo 75 libras, en tres pagos, al firmar el contrato, entregar, y publicar, lo cual incluso teniendo en cuenta la inflación era un riesgo bastante pequeño para el editor. El adelanto medio para una primera novela en 2005 era de 5.000 libras. La industria editorial funciona ahora en un marco empresarial completamente diferente, y el éxito depende de modo crucial de la publicidad. Aunque ideas tales como la 'impersonalidad' del arte, la 'falacia intencional' y 'la Muerte del Autor' han dominado la teorización académica sobre la literatura desde los años 1920, la generalidad del público lector sigue siendo irredentamente curiosa sobre los individuos humanos que crean los libros que ellos leen, y los editores han descubierto que las entrevistas con escritores en la prensa, y en la tele y la radio, o como ingrediente de las lecturas, sesiones de firmas, y demás eventos de encuentros con los autores, en librerías y en jornadas literarias, pueden potenciar las ventas de un libro más que las reseñas. Si has aceptado un adelanto importante por un libro, tanto el propio interés como el sentido de la obligación hacen difícil el negarse a participar en tales actividades, y algunos escritores disfrutan activamente con la oportunidad de explicar su obra, con el contacto personal con los lectores, y con el elemento de teatralidad que esto conlleva. Yo mismo disfruto de estas actividades con moderación... (The Year of Henry James 80-81).

Vemos pues que hoy en día el autor es una pieza fundamental de su obra. De su obra como fenómeno cultural del momento, y como objeto comercial. Que ésta vaya a tener una carrera póstuma (volverse "Literatura" enseñable, etc.) es algo prácticamente descartable. Quizá sobre alguna se escriba una tesis, o se mencione en un artículo... pero bah, el 99'9% irán como todo, al olvidadero por la vía rápida. En cualquier caso el éxito "literario" no depende del autor ni del lanzamiento ni de sus esfuerzos; la lógica sociocomunicativa es otra. Donde el autor es esencial es en lograr que la novela tenga al menos la corta vida perecedera a la que puede aspirar, antes de pasar a los saldos o a la trituradora. Un autor profesional debe vivir de éxitos, y los éxitos hay que trabajárselos con una cuidadosa promoción: ahí sí que puede intervenir la obra humana y la ayuda de los profesionales.

Algunos llegan, y más que llegarán, al extremo de Qin Dai, esta autora china que se despelota para vender más ejemplares. Al parecer el truco funciona. Y además así los críticos tienen algo con qué distraerse en lugar de masacrar sus novelas. Creo que cada vez veremos más fenómenos de escaparate de éstos. Que la competencia está dura, con la llegada de la Imprenta Universal Autogestionada.

 Aquí, como en lo otro, no todos tienen material de la misma categoría que ofrecer... Autores-show los habrá más arriesgados y originales, y menos; con mejor y con peor trasero. El de Qin Dai no está nada mal, y el público se lo agradecerá. Otros autores peor provistos tendrán que inventar polémicas, escándalos: mantener la luz de los focos sobre sus opiniones o evoluciones por la ciudad y sus fiestas, o por los retiros de algún monasterio budista californiano. Vestir de Ruiz de la Prada. Subir en globo a la estratosfera, a esparcir ejemplares firmados de sus obras. Encerrar un ejemplar único manuscrito en una cápsula con destino a Plutón.

Veremos cómo se desarrollan artes paralelas al lado del arte de las letras: el arte de mantener a las letras en el candelero, y de atacar multimedialmente al inconsciente social. Los hermetismos del Código Da Vinci, y las arqueologías y merovingiadas asociadas, son sólo el primer capitulo de lo que veremos. Artistas veremos.

Acabo de poner en Mi Literaturas este comentario con respecto a Houellebecq, a quien no conozco más que por los círculos concéntricos que crea en el estanque:

Hoy en día (bueno, siempre, pero más hoy en día) no viene mal un poco de teatro, "a dramatizar" un poco como dice el Presidente; el autor es un animador imprescindible de su obra. Que hay demasiadas obras, y hay que hacer destacar algunas por encima. Para eso es imprescindible la polémica, y estar en el escaparate de los medios. Supongo que H. es sintomático, pero lo mismo otros muchos fenómenos. Bah, Byron también daba espectáculo. Esto va por épocas, y la nuestra aún pide un poquito más, por favor.

Autores, vuestro público os espera: no lo defraudéis.


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