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Impresión de realidad

Impresión de realidad

El libro Sobre la realidad, de Xavier Zubiri, se publica sobre unas lecciones impartidas por el autor en 1966. Explica el editor José A. Martínez en su introducción cómo

"en sus dos grandes obras creadoras realiza Zubiri una doble y formidable liberación: la del concepto de realidad de su ascripción a la sustancia y la del inteligir de su primordial función de juzgar. En efecto, sostiene Zubiri, en Sobre la esencia, que las cosas reales no son sustancias ni sujetos sustanciales, sino sustantividades o sistemas sustantivos, y, en Inteligencia sentiente, que el acto primario y formal de la intelección no es el idear o juzgar, sino el tener impresión de las cosas mediante la aprehensión primordial de realidad: un único acto elemental, exclusivo y radical de la inteligencia que, por lo que tiene de impresión, es sentiente y, por lo que tiene de realidad, es intelectivo." (ii)

Naturalmente se sitúa Zubiri en la línea de diversos idealistas y fenomenólogos... y también en la de otros coetáneos estructuralistas y estructuralizantes. Por ejemplo, compárese con las tesis de Zubiri sobre el conocimiento las observaciones de Kenneth Burke sobre las pantallas terminológicas. O la teoría de los marcos de Goffman: ya expliqué en este artículo sobre la realidad como expectativa autocumplida de qué manera nuestra sensación de la realidad, la organización misma de nuestra percepción tanto del mundo externo como del mundo interno, no es "pura sensación" sino que está mediatizada por esquemas de representación y por relaciones semióticas importadas de actos cognitivos anteriores (y así más que conocer, reconocemos). Las mismas reflexiones podrían remontarse hasta la teoría de las ideas de Platón, y su tesis de que vivimos en un mundo de representaciones.  Por cierto, a este respecto—una cita interesante de las Leyes de Platón, una que viene a erigirse en precedente de todas las teorías dramatísticas de la realidad—las de Goffman, las de Burke, o las de Shakespeare. El legislador de la república ideal de Platón, tras expulsar a los poetas y dramaturgos de la ciudad, justifica así su medida:

"también nosotros, en la medida de nuestras capacidades, somos dramaturgos, y nuestra drama es el mejor y el más noble, porque la totalidad de nuestro Estado es una imitación de la vida mejor y más noble, lo cual afirmamos que es efectivamente la verdad misma del drama. Vosotros sois poetas y nosotros somos poetas . . . rivales y antagonistas en el más noble de los dramas."
 


Pero derivo. A lo que iba es a que la realidad no está previamente constituida, sino que hay que constituirla mediante un acto de intelección que no es puramente receptivo, sino también proyectivo, una intervención en lo real, una ordenación del mundo en el acto de percibirlo, o una proyección cuasi cinematográfica que va de la mente al mundo—como en los viejos tratados de óptica que mostraban rayos saliendo de los ojos y proyectando el campo visual desde el cerebro.

La neurología moderna conviene en parte (todavía le falta desarrollo) en este planteamiento, pues muestra cómo gran parte de la actividad cerebral está "fuera de línea" o desconectada—y consiste en la comunicación del cerebro consigo mismo, no con los sentidos. Los circuitos cerebrales que crean la impresión de realidad que recibimos son muy complejos, y en absoluto pueden reducirse a una mera decodificación de las señales que envían los sentidos—hay mucha circulación por recónditas áreas del cerebro de desarrollo "reciente", regiones corticales muy separadas de las regiones sensoriales más centrales o más primitivas o reptilianas.

En un par de notas sobre un libro de neurología, Cajal and Consciousness, planteaba el entronque de esta teoría de la proyección a nivel cerebral, con otras nociones más clásicas de la hermenéutica y la fenomenología—la interacción entre el sujeto de la percepción y el objeto percibido (ver "Más consciencia" y también "Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico"). Así, las neuronas espejo

"Son un sistema neurológico que abre un camino para relacionar, en términos biológicos y evolucionarios, reflexividad e interacción. Y que permiten concebir un punto de contacto entre neurología, lingüistica y esas reflexiones sobre fenomenología que tanto han enfatizado la relación entre yo y otro (la teoría de la mirada de Sartre, la teoría de la alteridad de los otros como sujetos y no objetos en Merleau-Ponty, o las reflexiones sobre soi-même comme un autre de Ricoeur). Casi nada, ¿verdad? Bien, pues tanto Ramachandran como Arbib dan un papel crucial a este sistema neurológico en la génesis de la autoconsciencia."

O bien, también:

siguiendo la teoría de la retroalimentación cortical - tálamo-cortical, los sistemas sensoriales primarios han de evolucionar si no sólo han de procesar el input de los sentidos, sino proyectarlo a un sistema de monitorización o interacción más evolucionado, y, aún más, recibir el feedback de este sistema y volver a reenviar quizá varias veces las señales modificadas.

En fin, con toda esta línea de pensamiento viene a entroncar (sin saberlo, creo) la teoría de Zubiri sobre la realidad, abstracción hecha de sus disquisiciones o pseudosoluciones teológicas. Cito del final del libro,

"No hay un mundo propio de los sentido, un mundo sensible, y un mundo propio de la inteligencia, el mundo inteligible; no hay sino un solo mundo real. Esta mismidad del objeto sentido y del inteligido envuelve innegablemente para ser aprehendido en su mismidad alguna unidad en el acto aprehansor mismo. Esta unidad consistiría en que ambos actos, el sensible y el intelectivo, son conocimientos, son actos cognoscitivos. El intelectivo es cognoscitivo porque conoce y juzga lo que los sentidos aprehenden, y el acto de sentir es también un conocimiento intuitivo, una gnosis. Son dos modos de conocimiento. En su virtud, el propio Aristóteles atribuyó a veces caracteres noéticos al sentir." (256)


Y remite también Zubiri a Kant y Husserl, pero quiere ir más allá, arguyendo que "inteligir no es formalmente idear, sino aprehender las cosas como realidad"—en nuestra misma aprehensión de la realidad está ya el momento cognoscitivo que une sensibilidad e inteligencia, y no viene dado por la unidad del objeto, sino por el acto de conocer como "inteligencia sentiente". Aunque el sentir es a determinados niveles más "animal" y primario, admite Zubiri, esto no obsta para su argumentación:

"Hay, pues, un sentir puro, esto es, un sentir que no es intelectivo, que para nada necesita del momento intelectivo de versión a la realidad. Pero la recíproca no es cierta. Toda aprehensión de la realidad lo es precisamente por vía impresiva; la inteligencia no tiene acceso a la realidad más que impresivamente [compárese con la proyección mental del objeto conocido en el acto de la percepción, a la que aludíamos antes]. Y el momento de versión a la realidad es intrínseco y formalmente un momento intelectivo, sólo por esto es por lo que existe una impresión de realidad en los sentidos. En cierto nivel humano, cuando faltan las respuestas adecuadas al estímulo, el hombre se hace cargo de la situación real, esto es, siente la realidad o, lo que es lo mismo, intelige sentientemente lo real. En este nivel no hay dos actos: uno, de sentir, y otro, de inteligir, sino un solo acto para un mismo "objeto": la formalidad de realidad. Inteligencia sentiente expresa, no la subordinación de lo inteligible a lo sensible ni tan sólo la unidad del objeto, sino la estricta unidad numérica del acto aprehensor de la formalidad de realidad. La inteligencia humana, en tanto que inteligencia en su acto formal y propio (la aprehensión de realidad), está constituida y unitariamente inmersa en el acto del puro sentir; y el sentir, en su nivel no-puro, está formalmente constituido por un momento intelectivo. Trátase, pues, de la unidad de un solo acto de intelección sentiente. No es una unidad objetiva, sino una unidad subjetiva del acto en cuanto acto. La inteligencia aprehende la realidad sintiéndola, así como la sensibilidad humana siente intelectivamente. La inteligencia no "ve" la realidad impasiblemente, sino impresivamente. La inteligencia humana está en la realidad no comprensiva, sino impresivamente." (257-58)


Así se superaría el dualismo aristotélico (como hace a su manera Husserl con la reducción fenomenológica, que no veo tan diferente del planteamiento de Zubiri). En cualquier caso, Zubiri propone que esta unidad estructural de sentir e inteligir es propiamente humana, y que su adecuada comprensión es algo "decisivo en el problema del hombre entero) no sólo en su aspecto intelectivo) y en especial en el problema de todos sus conocimientos, inclusive los científicos y los filosóficos." (259)

Habrá que buscar la comprensión de esta unidad estructural de sensibilidad y conocimiento en la peculiaridad del simbolismo humano—en las características únicas del ser humano como animal simbólico. Turner formula algunas propuestas interesantes al respecto en "The Scope of Human Thought". Y sobre ciertas conexiones entre estos planteamientos cognitivos y el papel del lenguaje en esta modalidad de cognición típicamente humana puede leerse mi nota sobre "La caverna del cerebro: el lenguaje como realidad virtual".


Martes, 22 de Marzo de 2011 15:28. José Ángel García Landa Enlace permanente. Filosofía

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