Facebook Twitter Google +1     Admin


Vanity Fea




Powered by Rollyo




La Segunda República, Beevor la Guerra Civil española

La Segunda República, Beevor la Guerra Civil española

A la Segunda República le ha procurado poner buena prensa Zapatero, pero queda enmarcada en la historia de España como una hermana siamesa de la Guerra Civil, más acicalada ella, pero las dos unidas inseparablemente por un puente de la misma carne y la misma sangre. De hecho la República duró no del 31 al 36, sino del 31 al 39,  aunque la etapa de la guerra tiene en parte otro carácter, y quizá haya que llamarla a esa la tercera república, esa que buscan algunos por otro sitio y que no se sabe si llegará. El régimen de Franco, claro, es la tercera hermana en discordia, y así sigue el parentesco hasta nuestros días, en que el gobierno encuentra un aire de familia en la República y le ve su encanto.

Es normal por tanto que una historia de la guerra civil empiece con una historia de la República. Siguen unas notas sobre el capítulo de la República en
La guerra civil española de Anthony Beevor.

Coincidió la proclamación revolucionaria de la República con una crisis económica internacional, para facilitar las cosas. La etapa de obras públicas de Primo de Rivera había generado una deuda colosal, como nos pasa hoy—y además los ricos retiraban capitales, ya se sabe que nada es más tímido que los capitales ante las revoluciones—y visto lo que pasó, aunque haya un elemento de profecía autocumplida en todo, ¿quién les va a decir que fue una decisión financieramente equivocada?

Beevor habla de medidas económicas "de un calibre y profundidad desconocidos hasta entonces para España"— pero a mí me suenan a medidas populistas y retrógradas—no socialmente, pues iban dirigidas a conservar el empleo (precario), pero sí absolutamente retrógradas desde el punto de vista económico. En suma, limitaciones a los propietarios a la hora de gestionar su contratación de empleo y sus propiedades—obligando a contratar a jornaleros de la localidad, a cultivar la tierra según "los usos y costumbres de la zona".... vamos, lo que se dice una receta de progresismo agrario mal entendido. Con esto iba el campo a la ruina: pan para esta tarde, y hambre para mañana, aunque Beevor no lo ve así en absoluto. La derecha del caso es que una reforma agraria que sea una modernización del campo, o sea, una auténtica reforma agraria, no va a ir en ningún caso a favor de los intereses de los jornaleros.

Actitudes y medidas innecesariamente ofensivas para el ejército, como el cierre de la Academia de Zaragoza y "la causticidad de Azaña"—sin por ello hacer una reforma en profundidad, dice Beevor.  A Beevor le parece que el nombre de la Guardia de Asalto que crearon "no presagiaba nada bueno". La proclamación de una Cataluña federal o independiente no parece considerarla Beevor más que como una especie de malentendido o cuestión de detalle. (La importancia relativa o la minimización que se hace de ciertas cuestiones es crucial en historia, una disciplina bastante menos objetivista y atenida a los "hechos" de lo que se supone, pues los hechos siempre tienen que ser sopesados. Me pregunto cómo han tratado los ingleses, siempre, la proclamación de independencias unilaterales en su isla).

Al cardenal Segura, que alentó al voto de los católicos contra los republicanos, lo desterró el gobierno así sin más. Hem... oigan, ¿eso se hace? ¿No se supone que en una "democracia" cada cual puede exhortar al voto de los partidos que mejor le parezcan, y denunciar las políticas que van contra sus intereses? Beevor minimiza el alcance de la acción del gobierno contra los intereses y los derechos de la Iglesia en sus escuelas—derechos que desaparecieron sin más, sin mucho diálogo ni negociación. Al gobierno lo ve Beevor actuándo enérgicamente en medio de una vorágine de conflicto—lo que se ve menos claro aquí es en qué medida contribuyó el propio gobierno a crear el conflicto por su propia arrogancia, simplismo y frivolidad.

Los incendios de iglesias y conventos "obligaron finalmente al gobierno provisional a decretar la ley marcial y reprimir con dureza a los revoltosos"—pero para Beevor son problemas heredados del pasado, no se ve aquí en qué medida fueron generados por las políticas de la república.

O veamos su elección de vocabulario. Un sindicato anarquista, la CNT, que obviamente quería acabar con el gobierno y el Estado y demás, declara una huelga general. Parece Beevor suponer que una declaración de huelga general es algo por definición respetable, un conflicto social de esos a los que nos vemos abocados, y que hay que aguantar estoicamente, algo legítimo en suma. Los "sabotajes" que menciona se ven como parte de ese necesario panorama social. En cambio, el gobierno restableció el servicio "recurriendo a esquiroles de la UGT". O sea, el saboteador no merece ningún apelativo especial, pero el que repara las líneas es un esquirol. Pues vale.

La guerra civil se dice que empezó en 1936, no sé por qué—bueno, Pío Moa dice que en 1934, con la revolución de Asturias— pero el hecho es que según recuerda Beevor "El gobierno decretó el estado de guerra el día 22" de julio de 1931, pronto empezamos, desbordado por las revueltas anarquistas. Para Beevor, las represiones de las revueltas y peleas callejeras se reprimieron "con la brutalidad de costumbre"—entre un obrero rompiendo un escaparate y un guardia acudiendo con la porra, Beevor parece tenerlo siempre claro. Observen el wording de este párrafo:

"Los trabajadores españoles, que tantas viejas esperanzas habían depositado en la 'traída' de la República, advirtieron con estupor que ésta podía ser tan represiva como la Monarquía. La CNT le declaró la guerra abierta y se propuso derribarla a través de la revolución social". (34).
 

Las presuposiciones son de un simplismo atroz. Ya no entro en las identificaciones globales del sujeto "los trabajadores españoles", o en el papel de Justiciero Enmascarado de la CNT. Está claro en el universo mental de la frase que reprimir es malo, haga lo que haga el reprimible—que la República Traicionó a los Trabajadores—una vez en el poder se envilecen y adoptan las peores maneras—que derribar el régimen a través de la "revolución social" es siempre y en cualquier caso un noble empeño, digno de respeto si no de un elogio que estaría fuera de lugar en una obra histórica. Sobre la viabilidad o fundamentos de las viejas esperanzas, si eran wishful thinking o no, mejor no entrar, pertenecen aquí al terreno de lo sagrado casi.  Y en todo esto, los daños a la propiedad (y a los propietarios de la propiedad) no cuentan ni se mencionan—las quejas las manda Beevor al maestro armero. Me pregunto si sería igual de ecuánime si algún insatisfecho social le revienta el coche a él, o le echa un cóctel molotov en su chalet.

Causó un conflicto en el gobierno la discusión de los artículos 26 y 27 de la Constitución, "que en principio implicaban la disolución de las órdenes religiosas". No parece llamarle la atención a Beevor que esto suponga un atentado a derechos, etc.—sólo ve en ello una actitud "nada sumisa" de las autoridades a la Iglesia. Por ponerlo suavemente será. La Constitución se aprobó el 9 de diciembre del 31—tras muchos debates sobre la posibilidad de expropiar propiedades privadas por el bien común. Esto lo hizo mucho Franco, luego, por cierto, claro que el bien común siempre cada cual lo entiende a su manera.

Los intelectuales promotores de la República se desencantaron con ella, a decir de Beevor, porque vieron que "avanzaba" demasiado aprisa. Lo que no nos dice es hacia dónde era ese avance, o si el avance era tal avance. Porque avanzar hacia el caos habrá que ver si es un avance… pero aquí estos temores (de Ortega y otros supongo) aparecen rodeados de un aura de alarma pequeñoburguesa ante los grandes saltos adelante de la Historia. Beevor empezó como historiador abiertamente pro-republicano, y en sus presuposiciones y elección de vocabulario lo sigue siendo.

Menciona el libro el nacimiento de movimientos antirrepublicanos, fascistas por un lado y anarquistas por otro. Pero los enemigos más peligrosos, dice, eran los generales: el golpe de Sanjurjo fracasó (no queda claro que era un golpe de un republicano). Se nos dice que el gobierno juzgó y condenó a muerte a Sanjurjo. ¿Por el estado de guerra sería? Es que no entiendo cómo un gobierno democrático puede juzgar y condenar a muerte a nadie—indultarlo sí, según parece, no sé si eso no atenta contra la separación de poderes, o mejor sí lo sé, pero se sigue haciendo aun a día de hoy. En cualquier caso a Sanjurjo sí lo indultó el siguiente gobierno, mal indultado según se ve, lo de este gobierno a veces era amagar y no dar. (Franco, por cierto, le dijo a Sanjurjo que le correspondía muy justamente ser ejecutado, por rebelarse y fracasar).

Luego, la revuelta de Casasviejas: no queda claro hasta qué punto Rojas, que sirvió de chivo expiatorio, no actuó siguiendo instrucciones del gobierno—o al menos si el gobierno le mandó sofocar la revuelta a cualquier precio, y luego le pareció alto el precio para su imagen.

A las elecciones del 19 de noviembre del 33 acudió la derecha mejor organizada, y las ganó. Se permitió que siguieran funcionando las escuelas de la Iglesia, que se detuviera la "reforma" agraria, etc... medidas conservadoras y moderadas que según quién las cuente parecen radicales. Mientras, el PSOE se bolchevizaba llevado por un delirante Largo Caballero, a quien las palabras le salían baratas, y le han seguido saliendo, pues la mayoría de los historiadores de izquierdas minimizan sus llamadas a la guerra y al exterminio de la burguesía. Bah, detallitos, incluso cuando se llevan a efecto.

Formaron los socialistas, con la oposición de Besteiro por cierto, una Alianza Obrera que preparó una insurrección contra el gobierno que en palabras de los propios promotores, debía tener "todos los caracteres de una guerra civil", y cuyo éxito dependería "de la extensión que alcance y la violencia con que se produzca"—que habría de ser la mayor posible. Oigan, que algunos aún creen que esto es un delirio de Pío Moa... claro, con Víctor Manuel cantándole nostálgicamente a la Revolución de Asturias, es esto un icono más intocable que el Che Guevara. El mismo Azaña estaba al tanto y avisó de que "el ejército" aplastaría la rebelión (el gobierno al parecer no). "Pero Largo Caballero hizo caso omiso de tales consejos".

Hem... lo que está diciendo Beevor, y lamento subrayarlo, es que el PSOE inició una guerra civil contra la República, en el año 1934.  Por cierto, ¿ha pedido alguna vez perdón el PSOE por la revolución de Asturias, o la tiene todavía en el palmarés de los Cien Años de Honradez? Menudos falsarios.

También convocó la UGT una huelga general contra la "contrarrevolución" en el campo, es decir, las medidas del gobierno de Lerroux que echaban atrás las medidas socialistas. Esto no se acogió con filosofía, sino con disturbios que llevaron a la detención de 10.000 braceros y a la suspensión de 200 ayuntamientos socialistas. Pero Beevor no entra en detalles: aquí parece que sólo actúa la Derecha reprimiendo, no se sabe qué se reprime ni qué actividades se hacen en una huelga general, aparte de cantar "no nos moverán." Me temo que son delictivas, pero no busquen por este libro razonamientos de este tipo. En la selección selectiva se encuentra el gusto.

O en una expresión como "facilitar el acceso a la propiedad de los arrendatarios".  Claro, si yo arriendo algo, me parecerá genial que a mitad de camino me cambien la ley y le faciliten al arrendatario el acceso a la propiedad que le he arrendado. Es comprensible que los propietarios se soliviantasen, pero a Beevor (que no arrienda propiedades a nadie) le parece extraño que medidas tan moderadas disgusten a nadie.

Luego está el alarmismo de la izquierda porque la CEDA pudiese entrar en el gobierno. Esto sí que es una ley del embudo de tamaño natural: el PSOE quería destruir el sistema republicano, pero le parecía lógico gobernar si tenía escaños para ello. En cambio,  que la CEDA pudiese tener ministros, por muchos escaños que tuviese, les era inaceptable porque consideraban que la  CEDA no era especialmente afín a la república. Esto se dice pronto, pero cuesta procesarlo (montones de historiadores hay que siguen repitiendo ese razonamiento PSOE sin pestañear).

"El propio Largo Caballero había reconocido el año anterior que en España no había peligro de fascismo, pero en el verano de 1934 la retórica de los caballeristas viró 180 grados" (43) — y no tanto por un cambio del panorama sino por una estrategia de intoxicación.


"Un PSOE radicalizado y dispuesto a rebelarse contra el Gobierno decidió desencadenar la huelga general revolucionaria. Otros partidos de izquierda y centro izquierda, estimando que se había entregado la República a sus enemigos ;?>

Comentarios » Ir a formulario









Blog de notas de
José Ángel García Landa

(Biescas y Zaragoza)
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
"Algo hay en el formato mismo de los blogs que estimula un desarrollo casi canceroso de nuestro ego"
(John Hiler)





Archivos

Temas

Enlaces


http://garciala.blogia.com

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris