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Retropost #126: 19 de febrero de 2005 (Reseña de 'El Hundimiento')

Retropost #126: 19 de febrero de 2005 (Reseña de 'El Hundimiento')

19 de febrero

    El hundimiento (dirigida por Olivier Hirschbiegel). Siempre me han atraído los hundimientos, el colapso de las situaciones, cuando las sociedades grandes o pequeñas dejan de funcionar, sobre todo los detalles ceremoniales que se mantienen absurdamente cuando han dejado de tener sentido; las últimas veces en que sucede algo que tuvo su momento antes... Bueno, pues para hundimiento estrepitoso y modélico, el de Hitler, claro. La película cuenta los últimos días del tirano en su bunker, cuando los rusos ya tenían Berlín rodeado y se desmoronaba por momentos la organización del Tercer Reich. La película se presenta como una especie de examen de conciencia de los alemanes, a través de la figura de una mecanógrafa de Hitler, que aparece de jovencita en la película y que al final aparece en persona, hablando de cómo cree que actuó mal, porque aunque no sabía de los horrores que se cometían en nombre del Reich podía haberse enterado si hubiese querido...


La película resultará incómoda en Alemania, donde tantos millones de los alemanes de hoy se han criado en el seno de familias que fueron seguidores de Hitler. Y la cuestión es, claro, en qué medida son todos responsables, de muchas cosas, pero la primera, responsables de eludir responsabilidades... La película, viniendo de Alemania, tiene que ser en parte una autojustificación. No a través de ninguna justificación del proyecto de Hitler, por supuesto, pero sí una autojustificación de cómo funcionaba el cotarro para que la nación entera siguiese a un fantoche sanguinario como aquel con tanto convencimiento. El examen de conciencia de la mecanógrafa octogenaria al final es insuficiente, claro. Porque la cuestión no es lo que ignoraba, que sería mucho, sino lo fría que la dejaba lo mucho que sabía. Los malos hábitos... La peli retrata muy bien todas las diversas actitudes hacia el tirano, que precisamente por ser diversas forman una trama bien enlazada, atando unos a otros desde la gente decente y horrorizada, pasando por quienes prefieren no ver o no pensar para no sufrir, hasta quienes sacan ventaja y quienes son más papistas que el papa. El propio Hitler es un pequeño microcosmos de algunas de esas actitudes (del extremo más malsano de la gama sólo, claro); a veces miente, otras veces delira, o duda, se envalentona, renuncia, amenaza y manipula... Y es lo imprevisible de esa actitud, reforzada con las ejecuciones sumarias a quien parezca flojear (aunque no siempre, porque eso sería previsible) lo que mantiene a todos callados, hablando con medias palabras, y mirándose unos a otros con el rabillo del ojo; curiosamente no son siempre los que más claro le hablan a Hitler a quienes peor les va con él... Cuando el poder desbarra, impone a todos los que a él están sometidos una realidad de pesadilla, porque es una irrealidad: todos saben que viven una mentira, pero están atados por la lógica de los papeles que han venido representando, y no pueden, y a veces tampoco quieren, saltar del barco que se hunde. Por otra parte, puede decirse que cuando mayor sea la distancia entre la realidad percibida extraoficialmente y la oficial, y se pueda mantener por pura autoridad, mayor es el despliegue de poder que se está haciendo, y más encuentra el poder la lógica que le es intrínseca: el manejo de las voluntades ajenas. (Federico Trillo tenía una meditación a este respecto en su libro sobre Shakespeare y el poder quizá basada en la propia experiencia).

Podría darse un casting de caracteres para interpretar ante el poder cuando este desbarra e impone una situación a todas luces ficticia:

- La posición del tirano: bueno, las posiciones, como he dicho, porque el tirano no escapa de sí mismo y aplica al interior de su cabeza la misma lógica que impone en su entorno. El delirio es a veces auténtica pérdida de contacto con la realidad; otras veces es una técnica de manipulación mediante el horror, obligando a todos a ponerse de parte del tirano una y otra vez.

- La posición del perro guardián (Goebbels). Primera línea de defensa contra todo asomo de crítica o duda. Brutalidad, oportunismo, crueldad, doublethink a tutiplén, sentimiento de inferioridad compensado con creces maltratando al personal.

- La posición del tirano aspirante (Goering, Himmler); a bordo hasta el último momento pero bien atentos a salvar los muebles si se puede y a ocupar el puesto del tirano cuando este caiga... Estos no se creen nada, pero están muy interesados en que todos se comporten como si: la diferencia es que, al ser más oportunistas que el tirano, pueden en algunos casos llegar a una entente cordiale con los Aliados. No esta vez, sin embargo.

- La posición deliberadamente descerebrada, con una venda en los ojos para cegarse y una botella a mano por si entra algo de luz (Eva Braun). El peor papel del eterno femenino...

- ... porque la señora de Goebbels no cuenta ahí: eso es una mente inhumana, el instinto tanático llevado a su máxima expresión; aunque hasta ella se tiene que sentar un momento a descansar y después tratar de distraerse con un solitario después de envenenar a sus hijos.

- La posición del general de la Wehrmacht, que separa claramente su lealtad a la patria, su fundamento último, de su lealtad a Hitler, ésta condicional y subordinada a aquélla. Su ceguera consiste en no utilizar su propio criterio para ver hasta qué punto Hitler era el peor enemigo de la patria, al convertirla en lo que la convirtió...

- La posición del observador desapasionado (aqui, Speer). Es capaz de decirle a Hitler cara a cara cosas que a otro le costarían un fusilamiento sumario. Pero no se opone a él.

- La secretaria, que vive en el pequeño mundo del trato diario y de sus limitadas responsabilidades, y que prefiere no entrar a juzgar los horrores que oye, porque tendría que empezar a juzgarse ella misma, y no tiene capacidad de arrancarse a la vida cotidiana.

Y luego están el médico honrado, el telegrafista, los demás militares (no hay dos idénticos), el joven ario de las SS, el niño soldado condecorado, el canalla que se crece en río revuelto porque puede matar impunemente...

Y así , todos atados unos a otros, llevándose unos a otros, cogidos del brazo o empujones, a la Solución Final y al Hundimiento... Si frente al poder callas lo que sabes que deberías decir, ya has dado el primer paso para estar con ellos. Todos lo hemos dado ya. Por eso esta película es una autojustificación.

Who is so gross that cannot see this palpable device?
Yet who so bold but says he sees it not?
Bad is the world, and all will come to naught
When such ill dealing must be seen in thought.
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            (Richard III 3.6)
             



Recomiendo ver El hundimiento en sesión doble de cine y video, junto con el Ricardo III de Richard Loncraine e Ian McKellen.




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Sábado, 13 de Agosto de 2016 13:49. José Ángel García Landa Enlace permanente. Cine

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