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Imperial Earth

Me acabo de leer esta novela de Arthur C. Clarke, Imperial Earth (Nueva York: Ballantine, 1976), que está ambientada en el Quinto Centenario de los EE.UU. en 2276. Cuenta las aventuras en nuestro mundo de un político Titaniano, Duncan Makenzie, que viene de visita por primera vez al planeta de sus antepasados, a dar un espích en el centenario, y también a clonarse (la colonia en Titán es aún pequeña, y no da para algunas cosas). Por el camino, se despide de una antigua amada terráquea, y se ve involucrado en la muerte accidental de un amigo de ambos, Karl. Leyendo los archivos del ordenador personal de éste, descubre sus investigaciones para construir un radiotelescopio espacial en Mnemosyne, con el fin de captar señales de extraños seres interestelares de tamaño, estructura e intenciones casi impensables. El futuro de la tierra queda abierto y problemático, pero el protagonista, la novela y el autor piden una continuación de la investigación espacial.
 
Algunas curiosidades de la novela, sobre todo considerando que fue escrita hace treinta años....
 
- Comienza el libro con el protagonista escuchando el sonido del viento en la superficie de Titán... algo que pudimos oír este año a través de las retransmisiones de la sonda Cassini. Tampoco él lo oye "en directo" y, a pesar de estar en Titán, le resulta un sonido nuevo y extraño.
 
- La Tierra es en 2276, y ahora, una "aldea electrónica global" (22), gracias a la tecnología de comunicaciones, pero en el espacio hay desfase... Una cosa no prevista por Clarke, sin embargo, es el fallo estándar de las anticipaciones del sistema global de archivos y comunicación: en la novela no es un sistema reticular como Internet, sino un sistema mucho más centralizado en torno a bancos de datos gigantescos (146).
 
- Aunque aparte de la Red, o a través de ella, hay otra red que sigue siendo igualmente eficaz: los contactos personales extraoficiales. "It was through this network, rather than official channels, that the Makenzies . . . Got Things Done." Una cita interesante a este respecto: "sucess in politics ... depends upon the masterful administration of the unforeseen": "El éxito en política depende de la administración magistral de lo imprevisto".
 
- Una adicción electrónica del futuro, que es ya casi del presente: los "tapeworms", "those peculiar addicts who went through life accompanied by voice-actuated recorders, so that nothing they said -or heard- was ever lost. Unless they could do this, Duncan had been told, they did not believe they had really and truly lived" (153) - es una enfermedad de la retrospección potencial, "a backward-looking obsession" (153). Cuando pensamos en la poca audiencia que tienen nuestras fotos de vacaciones...
 
- No nos enteramos de que el protagonista es negro, o "de piel oscura", hasta muy adelantada la novela. Este efecto es magistral, y muy bien conseguido. La raza es prácticamente irrelevante en ese futuro, pero se utiliza para jugar inteligentemente con las presuposiciones del lector. Algo parecido hace a veces Coetzee en su novela Disgrace... pero a Clarke se le ocurrió antes. Y esto es un hábil recurso literario, no "de anticipación", que es por lo que normalmente apreciamos a Clarke. Un recurso, por cierto, imposible (bueno, difícil) de adaptar a una hipotética versión fílmica de esta novela.
 
- Hay cierta atención a la encriptación y clasificación de la información: "information not properly classified can be irretrivably lost" (3). En este futuro existe Internet, con otro nombre, y todas las obras de la humanidad están accesibles a cualquier "Comsole" o terminal de ordenador, en versiones de realidad virtual si es necesario. Pero quizá por eso mismo se aprecian cosas como la presencia real, los viajes, y hasta las postales no virtuales, y los libros (de lujo). Las palabras mágicas pueden hacer que el "Minisec" (móvil/portátil) de Karl borre o haga accesible la información secreta que contiene. Todo esto es prueba de la impresionante capacidad de anticipación de Clarke - aunque se equivocase en dos siglos casi... Desde luego, merecería ser incluido entre los precursores, en libros como Internet Dreams de Mark Stefik.
 
- La clonación humana se logró a principios del siglo XXI, pero es una técnica poco usada porque hay pocas circunstancias efectivas que la requieran. Las tres generaciones de Makenzies clonados resultan ser demasiado iguales "through the accidents of background and education" - demasiado en mi opinión. Al final, Duncan no vuelve con una copia idéntica de sí mismo, sino, por decisión propia, con un niño blanco... algo ciertamente intrigante. Creo que ha decidido clonar a su amigo Karl, por ecuanimidad y por variedad, en lugar de hacer otro Makenzie más.
 
- (Ah, y está la historia de los pentominós, que ha merecido post aparte en la sección "curiosidades").
 
- Lamento decir que en el futuro la política de géneros seguirá siendo un problema. Hay azafatas, eternas, y pocas mujeres influyentes. Lo que sí hay es más tolerancia y liberación sexual (hetero, homo y bi). Ahí nos juega Clarke otra: cuando creemos que Duncan va a ligar con toda naturalidad con un oficial a bordo de una nave espacial, resulta que la cita secreta era para que le enseñase el sistema de propulsión de la nave. En otra ocasión, Duncan ignora qué es una portera. Allí otra vez resulta ser un ignorante el lector, porque las porteras son sistemas informáticos. En distintas ocasiones se juega de estas maneras con las presuposiciones del lector, uno de los placeres de leer ciencia-ficción.
 
- El Titanic, donde tiene lugar un episodio de la novela, está mejor conservado en el fondo del mar en 2205 que hoy en día. Una pena...
 
- También entra Clarke en un tema de actualidad, como es el del décimo planeta. Allí es, cómo no, Perséfone, más allá de Plutón y todavía no explorado.
 
- Y, por último, una exclusiva de Clarke, obtenida de la boca de Neil Armstrong, sobre las primeras palabras pronunciadas por un hombre, o por el hombre, en otro mundo. Armstrong dijo al pisar la Luna: "That’s one small step for man, one giant leap for mankind". No dijo esto otro: "That’s one small step for a man, one giant leap for mankind". Aunque esto último era lo que quería decir, y lo que pensaba que había dicho...
 
Leer ciencia-ficción unos años después de publicada la novela, pero antes de la fecha en que la acción se ubica, es un ejercicio interesantísimo de anticipación-retrospección simultánea. Como siempre en la buena literatura, se unen las cegueras y la lucidez de manera sorprendente e imprevisible. Hablando de previsiones, nos espera según Clarke una fase dura de la historia humana, The Time of the Troubles, o quizá ya estamos en ella... Sea como sea, habrá que administrar magistralmente lo imprevisto, porque preveo que se nos viene encima.

Lunes, 19 de Septiembre de 2005 13:40. Enlace permanente. Literatura y crítica

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José Ángel García Landa

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