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Vanity Fea




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Cápsulas de memoria

Acabo de pasar mis Obras Completas a uno de estos chismes que se llaman memoria USB, o memoria flash, o disco de lápiz, o mechero; después de aferrarme a los diskettes durante años después de que suprimieran las disketeras de los ordenadores, al final me compro una de estas cápsulas de memoria, y a la semana siguiente, vaya, me regalan otra en la Universitat Jaume I, que ya las hacen con logotipos para regalo y todo. Bueno, así tendré dobles copias de seguridad, o quíntuples, o tréintuples, si contamos los dos ordenatas, y la copia en red, y los cé-dés que voy grabando.... se crea una sensación de multiplicación de lo inútil muy curiosa. Comentaba hace poco sobre el mechero de memoria ese que te puede provocar una crisis de identidad, al pensar que todo lo que has escrito, corregido, traducido, etc. en tu vida cabe tranquilamente allí, y que nuestra labor sobre el planeta podría resumirse diciendo "este señor realizó ciertos cambios microscópicos o inscripciones efímeras en un mechero de memoria". Y me sugería una corresponsal invisible que podemos considerarlos también cápsulas de tiempo de estas que gusta a los americanos: podíamos enterrar nuestro mechero personal en un jardín, o debajo de la piedra angular de un edificio, y que el futuro descubra nuestros esfuerzos, gustos y preocupaciones. Aunque también podíamos pedir que nos la pongan en el ataúd, en plan memento viví - ocupa menos que las obras completas. Es curioso, no hay costumbre de poner los libros de los autores dentro de sus ataúdes, y eso que un libro, con su negra tinta, siempre tiene algo de funerario. Había un teórico marxista, Nicos Poulantzas, que se suicidó tirándose por la ventana abrazado a sus obras completas. Menuda recomendación para los lectores. Pero con estos mecheros, más de un ejecutivo saltará por la ventana con sus obras completas, sin darse cuenta siquiera de que las lleva puestas. En Neuromante, la cápsula de memoria se ha perfeccionado: ahí pueden guardarse hasta los esquemas de personalidad y de pensamiento para interactuar con ellos en versión chatbot después de la muerte del interesado. Case, el caso clínico protagonista de la novela, tiene la de un amigo, un hacker al cuadrado a quien le hace consultas informáticas postmortem. Y le dice el colega..."Oye, y cuando acabes, hazme un favor, borra esta cosa". La prasentia in absentia, que empieza con toda escritura, nos lleva a estas reflexiones por un camino natural. Recuérdame, decimos, y después destruye este mensaje.

Viernes, 04 de Noviembre de 2005 09:43. Enlace permanente. Semiótica

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Blog de notas de
José Ángel García Landa

(Biescas y Zaragoza)
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