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Enriques Quintos y la guerra de agresión

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Me llega por fin el libro Books in Motion: Adaptation, Intertextuality, Authorship, editado por Mireia Aragay (Amsterdam y Nueva York: Rodopi, 2005) , en el que aparece un capítulo mío sobre las adaptaciones cinematográficas de Enrique V de Shakespeare, "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Symbolic Interaction with Henry V". Traduzco el abstract:

Este capítulo enfoca la adaptación desde una perspectiva hermenéutica, específicamente una hermenéutica post-estructuralista del discurso, informada por el interaccionalismo simbólico. La relación intertextual entre un producto cultural (por ejemplo una obra teatral) y su adaptación o adaptaciones a la pantalla se analiza como una intervención realizativa sobre una formación discursiva preexistente, que incluye tanto el producto o texto original como los discursos que lo usan, se originan en él, derivan de él o lo rodean. Esta intervención es tanto una interpretación como una apropiación del texto original. Como otras modalidades intertextuales (traducciones, lecturas críticas) , las adaptaciones producen una transformación retroactiva del original, no en sí mismo, sino más bien en tanto que es usado y comprendido en contextos específicos de interacción comunicativa. Estas cuestiones teóricas se exploran con atención especial a las adaptaciones cinematográficas shakespeareanas, en concreto las principales películas sobre Henry V, la de Laurence Olivier (1944) y la de Kenneth Branagh (1989) y el tratamiento que dan a la violencia y la guerra en contextos diversos. Se propone una perspectiva "resistente" sobre las adaptaciones shakespeareanas.

Y éste es el final del artículo:

Quizá sea una lástima que la dinámica del patriotismo agresivo parece ser un arma de dos filos, y que en ausencia de un Hitler que corresponda al Pétain encarnado por el rey francés [en la película de Olivier], Henry resulte encarnar hasta cierto punto tanto la justicia agresiva de los Aliados como la locura agresiva de los nazis -- una lectura de la obra que ciertamente no sería en modo alguno apreciada por Olivier.

Tras una escena tipo "Kiss me Kate" que extrae cierta energía intertextual de La fierecilla domada del propio Shakespeare, un Henry muy pagado de sí se dirige a la princesa Catherine, personificación de la Francia conquistada, como sigue: "Te diré en voz alta, ’Inglaterra es tuya, Irlanda es tuya, Francia es tuya (...)". La alusión a Irlanda entre Francia e Inglaterra es reveladora. El paralelo simbólico de Henry para el propio Shakespeare era el conde de Essex, objeto de una rara alusión a la política contempránea por parte de Shakespeare. A Essex, a quien la obra imagina "volviendo de Irlanda, / trayendo a la Rebelíón ensartada en su espada" (5.0), le pararon los pies los rebeldes irlandeses poco después de la representación de la obra de Shakespeare -- sería el primer paso en el camino de Essex hacia el cadalso, an unworthier scaffold. No es sorprendente que tanto el Quarto de Henry V publicado en 1600 como la película de Olivier (y, quizá con más razón, la de Kenneth Branagh, irlandés de origen) evitan cualquier alusión a Essex o a los rebeldes irlandeses -- aunque estos elementos problemáticos de la obra de Shakesepare habrían de ser, precisamente, los que atrajesen la atención de una adaptación que quisiese entrar a tratar con la obra a fondo, en lugar de esterilizarla, o de utilizarla para preparar papillas patrióticas.

Un análisis de las reacciones críticas subsiguientes a Henry V no debe perder de vista ni los contextos de producción originales de la obra y de las películas, ni tampoco el contexto actual de la discusión crítica, que una vez más no permite que la cuestión de la guerra de agresión se pase por alto. Testimonio da de eso, en el caso presente, que mientras este volumen estaba en preparación, tanto Gran Bretaña como España estaban apoyando activamente una política estadounidense de guerra agresiva e invasión, con final abierto, contra "el enemigo invisible", una guerra que naturalmente arrastra consigo su buena medida de tinta de calamar retórica, manipulaciones de los hechos, e intereses inmencionables. El giro que se ha producido este año [2004] hacia un orden internacional basado en el poder y su derecho a la agresión, en lugar del derecho a no sufrir agresión, es notable; quizá lo sea aún más en los países en los que ya ha costado muchas vidas. Y es una cuestión que no se puede ignorar pues es el trasfondo de cualquier contexto que podamos decidir hoy que estamos tratando.

Un enfoque crítico que sea consciente del tratamiento que dan a la ideología de la violencia los iconos culturales (o, lo que es lo mismo, un enfoque crítico que quiera llamar la atención sobre esta cuestión) tomará nota de los énfasis ideológicos, las omisiones y las elecciones que emergen en la dinámica intertextual e interaccional de la producción de significado, ya sea a través de la adaptación o a través de las lecturas críticas. Los énfasis, omisiones, y elecciones ideológicas de nuestra propia perspectiva emergen para otros, y a otros corresponde el señalarlos. Terminaré adaptando la frase de T. S. Eliot, sosteniendo que el destino de toda apropriación es ser apropiada de nuevo. O, por decirlo de otra manera: nunca te fíes del narrador, fíate de la historia. Pero no de la historia que te han contado: fíate de la historia completa.

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