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Vanity Fea




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Podríamos ser crueles con esta película, como casi toda la crítica, y decir: "Déjà vu—Next." Pero hay que ver qué alto colocan el listón los críticos (en The Guardian, en la BBC, en Village Voice... ). Ahí los querría ver yo haciendo una película como esta. Ni escribiendo críticas, que es lo suyo, se lucen tanto, vamos.

Para mí, toda película basada en una obra de Philip K. Dick merece verse, in my experience: Blade Runner, Total Recall, Minority Report, y hasta Paycheck e Impostor, la vida es larga. Dick tenía unas antenas especiales para ver el futuro, aún mas que Nicolas Cage en esta película... y eran especialmente sensibles a los problemas de la identidad precaria, la virtualidad de la experiencia, y las paradojas temporales: cuestiones que proporcionan tanto combustible a una película de acción como el teatro dentro del teatro o los disfraces le proporcionaban a Shakespeare. Son el material con que está hecho el cine, tematizado, reduplicado y utilizado como principio organizador. Estas películas explotan así el medio de una manera reflexiva especialmente hipnótica para la atención del público. Aunque los trucos con el tiempo y las experiencias virtuales sean casi una garantía también de que alguien va a protestar al final, como ya le sucedía a Hitchcock en sus experimentos.

Aquí el truco es fantástico, burdo, primario, arbitrario, etc.: Cage puede ver lo que le va a suceder en dos minutos. O más bien, lo que podría suceder si no interviene. Así que lo que ve no es el futuro, en absoluto, sino lo que sería el futuro si no existiese su intervención deliberada sobre él. O, por ponerlo de otro modo, ve futuros alternativos que no llegan a realizarse al elegir tomar él una acción que actualiza únicamente el futuro o línea de acción preferible para él. Jessica Biel protesta: "¡pero si el futuro no está decidido!"—Bueno, pues está más decidido de lo que ella piensa, pero no totalmente decidido... Esto también nos sucede a otros muchos que no tenemos información privilegiada.

En fin, que la película no utiliza (como podría parecer a primera vista) el concepto del futuro ya escrito, tan popular y erróneo, como señala G. H. Mead, sino otro concepto, el del futuro previsible sobre el que hay que intervenir, barriendo para casa, de modo que no llegue a materializarse. Y que es, naturalmente, el presupuesto estándar de todas las películas sobre paradojas temporales, sobre intervenir en el presente (o el pasado) para que no se produzca el futuro: Terminator,  Regreso al futuro, Transmission.... etc. Muchas juegan con presentar efectivamente el futuro que se iba a producir, pero con datos nuevos que lo presentan como abierto y de hecho lo transforman aunque "superficialmente" sea el mismo el que se produce. Una película es una máquina temporal que se mueve hacia un final predeterminado, y estas películas elevan al cuadrado la convención tan frecuente de la cuenta atrás o plazo límite tan frecuente en las películas de acción, que intensifica el suspense superponiéndolo a la experiencia del final de la cinta.

Aquí no se vive efectivamente el futuro previsto: los futuros que ve Nicolas Cage han de ser eliminados, todos menos el elegido. Como dice un par de veces: "ese es el problema de ver el futuro: el hecho de que lo veas, lo cambia". Hay una escena en la que se multiplica siguiendo un jardín de senderos que se bifurcan o una trayectoria dicotómica a la Bremond: menos mal que eso sólo lo hace en momentos concretos y con concentración, porque si no el pobre adolecería de una esquizofrenia ad infinitum. Sea como sea, esta experiencia del tiempo no permitiría una experiencia humana, claro: es un recurso cinematográfico que funciona muy bien en un medio que sí está ya escrito y desenrollándose desde el futuro, al contrario que nuestra experiencia real. Pero esta historia imposible presenta analogías útiles con la realidad, por la manera en que en la experiencia real también proyectamos secuencias de acción, planes, hipótesis sobre las acciones de los demás, etc., sobre las cuales podemos intervenir. Así pues, es un presupuesto fantástico y arbitrario, pero también una literalización de maniobras cognitivas frecuentes.

La película hace un uso generoso de secuencias virtuales, futuros posibles vistos por Cage (y por el espectador a través de la focalización cinematográfica, poco marcada en sus transiciones)—pero futuros que son corregidos inmediatamente por la línea "real" de la película. No vendrá como una sorpresa ver que esta estructura se puede multiplicar en abîme, con virtualidades dentro de virtualidades, y que al final resulta que media película, con final desastroso y explosión atómica, resulta ser una prospección virtual. La catástrofe se puede evitar, el futuro está abierto, como nos decían en Terminator 2 con esa imagen de la carretera en la noche iluminada por los faros del coche...

Es, al margen de esto, una película sobre terrorismo, post-11/S, un tema que también combina suficientemente bien con la semiótica de la prospección utilizada aquí. El ataque a las Torres Gemelas se podía haber evitado con un poco más de capacidad anticipativa, con una utilización mejor de la información... vamos, que hubieran querido tener los del FBI unas cámaras de seguridad con función de vista al futuro, y no sólo de replay. Está muy bien utilizado el tema de las cámaras de seguridad del casino, secuencias retrospectivo-prospectivas pasadas una vez y otra, al principio de la película. Control policial, análisis de la información, previsión de movimientos... pero la catástrofe que se evita es siempre la que no iba a suceder, claro. La que sucederá efectivamente es la que escapa a las maniobras de detección. Y el detective interviene sobre el proceso terrorista a modo de retroalimentación cibernética: las acciones de detección transforman las maniobras de intriga posible, y el juego entre intriga y prevención amenaza con embarcarnos en una mise en abyme paradójica... Por suerte, aquí los terroristas no tenían un vidente, a pesar de lo eficaces que eran.

Y así juega con ventaja Cage, una sensación inevitable en las películas de superpoderes. Lo vemos pasar esquivando balas, pegando porrazos con movimientos anticipatorios... y ahí sí que puede decepcionar una película muy bien hecha, pero al modo de Hollywood y dentro de sus parámetros, es decir, según convenciones previsibles para el espectador, que en última instancia no sale out of the glass cage.

Como alegoría política: Jessica Biel es la Democracia, o la América que Vale la Pena (trata con niños, indios, etc.); Cage se ve obligado a trabajar con los tíos duros del FBI, tipo Julianne Moore, que lo van a llevar sin duda a una guerra sucia contra el Terror... pero todo vale ahí: mejor detenerlos antes de que actúen—si es posible antes de que se les ocurran las ideas—y sin que América sepa demasiado lo que le está sucediendo. Cosas de hombres: espérame, democracia, que volveré en cuanto arregle este asuntillo.

 
Next. Dir. Lee Tamahori. Screenplay by Gary Goldman, Jonathan Hensleigh and Paul Bernbaum, based on "The Golden Man" by Philip K. Dick. Cast: Nicolas Cage, Julianne Moore, Nicolas Pajon, Paul Rae, Jessica Biel. Music by Mark Isham. Photog. David Tattersall. Ed. Christian Wagner. Prod des. William Sandell. Prod. Nicolas Cage et al. USA: Revolution Studios / Saturn Films / Eyetronics USA/ IEG / Virtual Studios, 2007. 
 

 


Deja vu 
 


Domingo, 05 de Agosto de 2007 12:50. José Ángel García Landa Enlace permanente. Cine

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