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Deseos de ser piel roja

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Esto es una reseña de La Carta Esférica de Arturo Pérez Reverte, con guión y dirección de Imanol Uribe, interpretada por Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez. En breve: para pasar el rato, y poco más; apta para echar el domingo por la tarde en la tele.

Se le ha criticado que si es poco espectacular, que si el ritmo no arranca, que si es demasiado  estereotípica en sus diálogos; es cierto que con frecuencia no suena como gente conversando sino como pesonajes exponiendo una historia para ilustración del espectador. Da impresión de estar hecha con pocos medios, tan pocos los buscadores de tesoros como los buscadores de tesoros cinematográficos; se les debió ir el presupuesto en cenar langosta ("langosta verde") en lugar de echarlo en la película. Pero bueno, no me quejo de los mafiosos con pocos medios, por lo menos tenían buena jeta de mafiosos.

El asunto va de un rescate ilegal de un tesoro hundido, del barco jesuita Dei Gloria, a manos de los protagonistas, con competencia por parte de una empresa dudosa con base en Gibraltar. Al final lo localizan calculando la desviación en base a ciertos errores en un mapa y gracias a un sistema de referencia secreto que empleaban los jesuitas, dato que les da un catedrático (posible víctima de los encantos de la protagonista).

Se le ocurre a uno que el reciente caso que sucedió y que tuvo tanto eco en los noticiarios nacionales debió ser en parte una estrategia de lanzamiento de esta película, a través de algún contacto con los noticiarios. Aunque no dudo que piratas hay en Gibraltar, y en todas partes. Hasta en el Ministerio, vamos, porque la Aitana, aquí "Tánger", hace de funcionaria del Museo de la Marina que, con financiación oficial, se dedica a barrer para casa y llevarse las esmeraldas, estafando a todo el mundo por el camino: a su ex (el gibraltareño, bueno, italo-gibraltareño Nino Palermo), a su sicario a quien soborna, a su pareja el marinero protagonista Carmelo Gómez / "Coy" y al socio de ambos "Piloto"... menos mal que el tal Coy cambia las esmeraldas de sitio en el último momento, y la deja con un palmo de narices llevándose un cargamento de piedrecitas. ¿Volverá Tánger a por las esmeraldas, a cambio de más sexo? Nos quedamos con la duda, no despejada por la narración retrospectiva.

Quizá las mejores escenas son las que aparecen las viñetas de El Tesoro de Rackham el Rojo,de Tintín, pero hasta esas son bastante glaciales. La película es fría hasta en las escenas de orgasmos, orgasmos a golpe de guión. Claro, que la impresión que le dejaría a cualquiera la señora funcionaria ésta sería más bien glacial, pero se supone que el marinero tenía otros parámetros y su narración debería ser más apasionada.

En cuanto a mí, lo que me apasiona y me deja frío a la vez es la fascinación del protagonista, y del autor y guionista, por las tías malas remalas—eso sí, mientras estén buenas rebuenas, que sin un culo a juego el mal no tiene el menor atractivo. Uno piensa que una elementa tan vendida, mentirosa y manipuladora como la Tánger-Aitana ésta habría que tenerla apartada con un palo largo, pero no, el sueño del marino Coy es que se vuelva a meter algún día en su vida, como un elemento turbio de pasión y feminidad insondable, que le atrae como las profundidades marinas al Dei Gloria. Como digo, el mismo encanto femenino le veo yo al mafioso italiano y a su sicario, y es posible si nos pasamos a la vida real que la señora recupere las esmeraldas por el procedimiento de romperles las piernas a la pareja de nostálgicos que se acuerdan de ella conversando por el puerto al final. Que la mafia es la mafia.

Ella proyecta mejor idea de sí misma, como mujer de rompe y rasga: cuenta que en las películas de vaqueros hay dos tipos de mujeres, las que chillan cuando vienen los indios, y las que cogen el rifle—y que ella decidió ser de las segundas. Pero del argumento se desprende más bien que prefiere ser de los indios. O más bien podríamos ponerla como emblema de la cultura del pelotazo de los 90: desde el puesto oficial, y con financiación ministerial, pero a barrer para casa sin contemplaciones. Y tal es el oscuro objeto de deseo que se nos hace oscilar ante las narices, encarnados en nuestro Coy-avatar. Hemos de tenerla. Veamos: señoras fantásticas que vemos pasar y con las que no nos acostaremos, son el 100% de ellas, así redondeando o sin redondear. ¿Por qué entonces tenía Tánger "algo especial"? Yo le veo al protagonista, o más bien al autor a través del protagonista, ese mismo deseo de ser piel roja—dividido entre la honestidad ya no ético-política, sino personal-amorosa (guardemos las medidas) con la que actúa, y las ansias de libertad total, para robar, traicionar, no tener ataduras de ningún tipo que no sean las del egoísmo más desmesurado, destructivo e insensato. Que es atractivo, pero para sentirlo como atractivo hay que verlo desde fuera. Y encarnado en una tía buena. Vamos, que el protagonista/guionista/autor, sus ansias de ser piel roja las expresa por vía sexual, y se apropia de la ilegalidad de la vida dándole un cuerpo que se pueda penetrar con violentos embates físicos. ¿Es misoginia, es machismo, esta encarnación de la amoralidad absoluta en la mujer, que con un chasis bien asentado queda absuelta de responsabilidad ética, o más bien invierte los parámetros y se convierte en lo absolutamente deseable? Bueno, es ese tipo especial de misoginia que se combina con la atracción sexual y con una buena dosis de sadomasoquismo. Y machismo, todos muy machos, eh. Hasta ella. Esto es todo un psicodrama del machismo y un catálogo de síndromes varoniles.


Con estos planteamientos queda claro que "para poder quererte / es mejor que tú no estés" como decía Gurruchaga;  donde se está bien de verdad es en la pequeña sociedad homosocial, con un colega tan castigado como tú, hablando de ellas y de lo que nos hacen sufrir, y de cómo las toreamos, y de lo remalas que son cuando son tan duras y tan ellas a la vez, y qué atractiva que es la maldad en cueros, y quién fuese un piel roja...



Domingo, 02 de Septiembre de 2007 13:18. José Ángel García Landa Enlace permanente. Cine

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