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Historia de varios padresHistoria de varios padresUn tema importante en Mantícora, de Robertson Davies, es el de la búsqueda de la relación con el padre, por parte de protagonista, David Staunton, abogado alcohólico y solitario, agobiado por su familia rica y por verse desheredado. Tras una relación difícil en vida con su padre Boy Staunton, mezcla de rivalidad y admiración, sufre una crisis debida a la muerte traumática de éste—al parecer un suicidio, pero en extrañas circunstancias. Apareció ahogado al volante de su coche, y con una piedra como un huevo de granito en la boca. Siguió a eso una escena de pesadilla grotesca con el cadáver, durante el velatorio, que mejor es leerla. Y todo esto trauma un tanto al narrador, aunque se las da de tipo emocionalmente curtido. David busca aclararse con su padre y consigo mismo a través del psicoanálisis jungiano, y cuenta esta historia a su psicoanalista, la Dra. von Haller. —¿Una piedra? —Sí, esta piedra. Se la tendí, colocada sobre el pañuelo de seda en el que la llevaba. Era la prueba "A" en la investigación sobre el asesinato de Boy Staunton: un trozo de granito rosa, canadiense, más o menos de la forma y el tamaño de un huevo de gallina. Ella la examinó con atención. Luego, despacio, se la introdujo en la boca y me miró solemnemente. ¿O no fue solemnemente? ¿Hubo un destello en su mirada? No lo sé. Demasiado me desconcertó lo que había hecho para saber, encima cómo lo hizo. Se la sacó, la limpió cuidadosamente con el pañuelo y me la devolvió. —Pues sí, se podría hacer —dijo. (21)
"No voy a decir ahora lo convencional en estas situaciones, no voy a decirte que ójala fueras hijo mío. Tengo hijos más que de sobra: hombres buenos a los que he enseñado, hombres que llevarán una parte de mí a lugres que yo nunc conoceré. Mira, Davey, pedazo de flagrante aprendiz de detective, hay una cosa que a tu edad deberías saber: cualquier hombre que valga algo tiene varios padres, y el hombre que lo procreó por lujuria, por estar borracho, por ganar una apuesta o incluso en la dulzura del amor sincero, posiblemente no sea el padre más importante que tiene. Los padres que uno elige tener son los que realmente importan.Y tú no elegiste a Boy, además de que nunca llegaste a conocerlo. No; no hay un solo hombre que conozca a su padre. Si Hamlet hubiera conocido a su padre jamás habría armado el lío monumental que armó a propósito del hombre tan lerdo que se casó con Gertrudis. No me seas ahora un Hamlet de tres a cuato, aferrado al fantasma de tu padre hasta quedar destruido. Boy ha muerto. Ha muerto por su propia voluntad, aunque no del todo por su propia mano. Acepta mi consejo, ocúpate de las cosas que te preocupan de veras". (344-459)
Y, hay que preguntarse, no sólo quienes son los varios padres imaginarios de cada cual, los elegidos y los no elegidos—porque contrariamente a Staunton no creo que sea cuestión de elección, normalmente, sino más bien de inevitabilidad. Y si elegimos, es una elección que era inevitable, siendo cada cual quien es en cada momento. No sólo, digo, quiénes son los padres, sino también quiénes son los abuelos, los padres espirituales que el destino asignó a los padres espirituales de cada cual. Esa sí que es una red social virtual, que nos liga al pasado y a los demás no con el ADN sino con el lenguaje, el pensamiento, y el mundo imaginario que vamos construyendo y en el que acabamos viviendo. T. S. Eliot hablaba algo al respecto de ésto, en "La tradición y el talento individual", al respecto de que un escritor comienza sometido a alguna influencia dominante, hasta que va sufriendo otras fuertes influencias y va construyendo su personalidad a medida que se despersonaliza. Al final (y esto lo añadió Harold Bloom, sin mencionar a Eliot) negará al más influyente de sus padres, y la mayor influencia que tiene no la mencionará—estará presente de modo invisible en su escritura, vale decir en su personalidad. "Tú crees que el mundo es una idea tuya —me dijo un día de noviembre en una sesión de tutoría, luego de que le propusiera yo algunas torías mías un tanto caprichosas—, y si no lo entiendes así, si no le pones fin ahora mismo, toda tu vida terminará por ser una gigantesca alucinación." Lo cual, a pesar de mis éxitos, debo decir que es en gran medida lo que ha pasado. Mis amplios experimentos como artista del frasco estuvieron dirigidos ante todo a poner coto a toda incursión de las verdades más hostiles en mi mundo ilusorio." (321).
Jueves, 27 de Octubre de 2011 08:54. José Ángel García Landa Enlace permanente. Literatura y crítica Comentarios » Ir a formulario |
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