Una interesante entrevista pongo aquí sobre las razones por las cuales la deuda está creciendo más que la economía, y seguimos empantanándonos en ella. La respuesta: la intervención estatal en direcciones equivocadas, rescatando a la banca en lugar de dejar que se hunda cuando debe.
En el caso de España, hay ejemplos meridianamente claros de lo que aquí se dice. Por ejemplo, la actuación del Banco de España de Fernández Ordóñez, encubriendo los balances ruinosos de las cajas de ahorros. No es casual que (igual que Obama mantuvo el contrato a Bernanke y los otros expertos de Bush que habían atizado la crisis) el PP ha mantenido en su puesto a Fernández Ordóñez, puesto que las relaciones del lobby financiero y la partitocracia española son excelentes, si es que se puede decir que son dos cosas distintas.
Aparte de los intereses de los lobbies, parece haber ciertas dificultades cognitivas a la hora de comprender la dinámica de la crisis. Ya empezamos a hablar de nuestros cerebros mal adaptados para funcionar racionalmente en estos entornos en "Burbuja financiera, democracia, racionalidad y evolución." Este economista establece analogías muy interesantes con las prácticas sobre la deuda en la Antigüedad, y llama la atención sobre una cuestión que algunos antiguos entendían mejor que algunos premios Nobel actuales: el crecimiento exponencial de la deuda acumulada. El defecto mental que nos impide entender esto bien parece estar bien retroalimentado con la fiebre del crecimiento continuo favorecida por el capitalismo expansivo de los tres últimos siglos (en aceleración creciente). Sobre la relación entre las dinámicas de crecimiento indefinido, la crisis y la autohipnosis colectiva del capitalismo tardío ya hablamos en "Nuestro futuro tras el cénit del petróleo". Allí Albert A. Bartlett explicaba muy gráficamente cómo los expertos, autoridades mundiales y gobiernos pueden cegarse a veces ante un problema de aritmética elemental.... que prefieren no ver.
El lobby de la banca, un artículo de Vicenç Navarro que me pasan por email:
Para qué sirve un banco central? Una de las actividades que un Banco Central realiza en un país es imprimir dinero para, entre otras cosas, comprar la deuda pública de su Estado y con ello bajar los intereses que tenga que pagar su Estado para poder vender sus bonos públicos. De esta manera, cuando los mercados financieros quieren especular sobre el precio de tales bonos públicos (promoviendo en los medios de información, con ayuda de las agencias de calificación de riesgos como Standard & Poor's, que los estados no podrán pagar los intereses de tales bonos, forzándoles a pagar unos intereses muy altos para poder vender sus bonos —lo que se llama prima de riesgo—), entonces el banco central hace funcionar sus imprentas y produce moneda con la cual comprar su deuda pública, defendiéndola frente a la especulación. Esto es lo que hace un banco central digno de su nombre. Ni que decir tiene que hay también riesgos en imprimir mucho dinero, porque, cuando hay mucha moneda, puede incrementarse la inflación. Pero la inflación en la eurozona no es un problema. Antes al contrario, es demasiado baja, dificultando el crecimiento económico, que es el mayor problema de esta comunidad monetaria.
El problema con la deuda pública de los países de la eurozona es que sus bancos centrales no pueden imprimir dinero ni tampoco pueden comprar su deuda pública. Los estados están totalmente desprotegidos. De ahí que todos (desde Grecia hasta Alemania) tienen o tendrán problemas con su deuda pública. El único banco central que puede imprimir dinero es el Banco Central Europeo (BCE). Pero el problema con este es que no actúa como un banco central, es decir, no compra los bonos públicos de los estados miembros, ni tampoco presta dinero a los estados. El famoso artículo 123 de su reglamento lo dice muy claro. El BCE no podrá comprar deuda pública de los estados. Estos no pueden hacer nada frente a la especulación de los mercados financieros.
Los que sí pueden pedir prestado dinero al BCE son los bancos privados, y lo pueden conseguir a unos intereses bajísimos, al 1,25%. En cambio, los estados tienen que pedir prestado dinero a los bancos, pagando unos intereses elevadísimos, incluso del 7%, como es el caso de Italia (en España es el 6,5%). Este arreglo es una bonanza para los bancos privados. Consiguen dinero fácilmente del BCE y con ello compran bonos públicos que les producen una rentabilidad del 6% o del 7% de lo que compran. El BCE actúa de esta manera, privilegiando a los bancos privados sobre los estados, transformándole en un lobby de la banca. Como consecuencia de esta situación, los estados se tienen que endeudar más y más y deben mucho dinero a los bancos privados. Y ahí está la raíz del mal llamado problema de la deuda pública, que es incluso más acentuada en aquellos países como Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, que habiendo estado gobernados por las derechas por la mayoría del periodo posterior a la II Guerra Mundial, tienen estados muy pobres (sus ingresos al Estado son muy bajos: España, por ejemplo, sólo representa un 34% del PIB, frente al 44% en el promedio de la UE-15 o el 52% en el caso de Suecia), resultado de unas políticas fiscales muy regresivas y de un enorme fraude fiscal (en España se calcula que alcanza unos 65.000 millones de euros).
La deuda pública de estos estados ha ido creciendo, no porque su gasto público haya ido creciendo (como los autores neoliberales erróneamente indican), sino porque han cambiado de banco. En lugar de conseguir dinero de su propio banco central, ahora tienen que pedir prestado dinero a los bancos privados. En realidad, si pudieran pedir prestado dinero al BCE a unos intereses de 1,25% (como los bancos privados), no habría ningún problema con su deuda pública. (Ver Ellen Brown, The European Central Bank withholds relief while Rome Burns). Y ahí está la raíz del problema. Se ha diseñado un sistema en la eurozona en el que los estados dependen de la banca privada para conseguir dinero. Y esta es una realidad que el lector raramente leerá en la prensa financiera o económica.
Los bancos se forran a costa del endeudamiento de los estados. Un círculo virtuoso para la banca. Pero la situación es incluso peor que la ya descrita, pues el BCE, al romper con el espíritu del famoso artículo 123, comprando deuda pública a estados como España e Italia, ha puesto como condición que los salarios y la protección social disminuyan, acentuando la necesidad de privatizar el Estado del bienestar, tanto sus transferencias públicas como las pensiones, así como los servicios públicos como la sanidad.
Estas condiciones están escritas en una carta, no conocida por el público, que el entonces gobernador del BCE, Jean-Claude Trichet, y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, escribieron al presidente Zapatero condicionando la compra de bonos públicos del Estado español a la toma de tales medidas por parte del Estado español.
Un tanto semejante ha ocurrido con Italia. ¿Por qué hacen tal petición en su carta? En teoría, esta reducción de los salarios y de la protección social se exige para aumentar la competitividad de la economía española y salir así de la recesión. Este es el argumento neoliberal hoy en boga. Es fácil de demostrar que este argumento carece de credibilidad. Suecia es el país con salarios más elevados y con mayor protección social, y su tasa de crecimiento económico es de un 5,6%, uno de los más elevados de la Unión Europea. La explicación real es que, por una parte, el descenso de los salarios aumenta el endeudamiento de la población (lo cual es bueno para la banca) y, por otra, la privatización de las transferencias y de los servicios del Estado del bienestar son la generalización de la deseada privatización de las pensiones públicas y la privatización de la sanidad, el sueño de la banca y de las compañías aseguradoras. Y lo están consiguiendo.
—Muchas cosas habría que matizar, claro. El endeudamiento generalizado de la población por necesidad no es bueno para la banca, por ejemplo. Y en el artículo no se mencionan las consecuencias de darle a la máquina del dinero, que es lo que se resiste a hacer todo lo que puede la Unión Europea. Si no, ya me dirán qué problema en echarles una carretada más de millones a los griegos, que parece que quieren más. Como todo, el inundar el mercado de dinero tiene sus consecuencias. La felicidad perfecta no está tan al alcance de la mano, y me temo que inevitablemente requerirá gobernantes más responsables de los que hemos tenido—y menos dispuestos a entregarse a los rapaces banqueros, sí; pero es que las condiciones de éstos han sido la única contención, que a la fuerza aprietan, a la rapacidad aún mayor de los políticos y partidos para derivar el dinero en las direcciones que les resultan a ellos favorables.
Me llega por correo esta explicación de la deuda americana. ¿Y con este nivel de endeudamiento me hablan de que hay un amago de recuperación de la crisis en EE.UU.? No me lo creo. Más bien se adivina un piñazo monumental en el futuro no muy lejano. Traduzco: ____________
Esto no son especulaciones ni teorías de la conspiración sino sólo colocar "las cosas" en perspectiva, basándose en datos oficiales.
La deuda estadounidense: Mucho se dice, pero poco se entiende. Abajo verás un infograma que sólo pretende ayudar a entender y a visualizar el tamaño del "agujero". Si los EE.UU. bailan, el mundo entero les sigue... y se cae detrás al fondo de ese "agujero." Nunca en toda la historia de este planeta fue tan exacta esa expresión: en el mundo globalizado, con la economía procesada en red, estamos en el mismo barco.
Ahora vamos a ver y a intentar evaluar el tamaño de ese "agujero" que han hecho nuestros hermanos americanos mediante un infograma producido por el WFTnoway con datos del Reloj de la Deuda USA, ese pequeño reloj virtual que registra en tiempo real el tamaño de la demencial deuda de la nación norteamericana.
Cien dólares:
100 - El billete más falsificado del mundo. Pero mantiene al mundo en marcha.
Diez mil dólares, 10,000 - Suficiente para unas buenísimas vacaciones o para comprar un coche usado. Aproximadamente un año de trabajo para el humano medio en el planeta Tierra.
Un millón de dólares 1,000,000 - No es un montón tan grande como pensabas, ¿eh? Aun con todo, son 92 años de trabajo para el humano medio en el planeta Tierra.
Cien millones de dólares. 100,000,000 -Más que suficiente para cualquiera; hasta un gran gastador sonreiría satisfecho. Cabe bien en un palet militar tamaño estándar.
Mil millones de dólares 1,000,000,000 - Cuando atraques el banco vas a necesitar ayuda. Ahora ya vamos hablando en serio.
Un billón de dólares. 1,000,000,000,000 - Cuando el gobierno de los EE.UU. habla de 1.7 billones de déficit—este es el volumen de efectivo que pidió prestado el Gobierno en 2010 para financiarse. Recuerda, son palets con dos montones de 100 millones de dólares cada uno, llenos de billetes de cien dólares. Vas a necesitar un montón de camiones para transportar esto por allí. Si te gastases un millón de dólares al día desde el nacimiento de Cristo, a estas alturas no te habrías gastado un billón... sino sólo 700.000 millones, que es la cantidad que recibieron los bancos durante el rescate.
Un billón de dólares (otra vez) Comparación de 1.000.000.000.000 dólares con un campo de fútbol americano estándar, o un campo de fútbol europeo. Saluda al reactor intercontinental Boeing 747-400 que hay a la derecha. Era hasta hace poco el mayor avión de pasajeros del mundo.
15 billones de dólares— PIB de los EE.UU., y deuda de los EE.UU., en 2011
15,064,816,000,000 = producto interior bruto de los EE.UU. in 2011. La deuda a fecha de 1 de enero de 2012 es de 15,170,600,000,000 dólares. Los Estados Unidos deben ahora más dinero que su producción anual (PIB). La Estatua de la Libertad parece bastante preocupada, con la deuda nacional de los EE.UU. a punto de superar el 20% de la suma de todo el PIB (Producto Interior Bruto) del mundo entero.
114.5 Billones de Dólares 114,500,000,000,000 = Los compromisos sin fondos de los EE.UU. A la derecha se ve la columna de billetes de 100 dólares duros y fríos que deja pequeñas a las Torres Gemelas y al Empire State—que en tiempos fueron los edificios más altos del mundo. Prestando atención se ve la Estatua de la Libertad. El superrascacielos de 114.5 billones de dólares (extremo derecho) es la cantidad de dinero que el gobierno de los EE.UU. sabe que no tiene para financiar completamente los seguros médicos Medicare, el programa de medicamentos con receta de Medicare, la Seguridad Social, las pensiones de militares y empleados públicos. Es el dinero que los EE.UU. saben que no tiene para pagar todas sus facturas.
Si vives en los EE.UU. también es la factura de tu tarjeta de crédito: eres responsable, junto con todos los demás, de que esto se pague. Los ciudadanos de los EE.UU. crearon al gobierno de los Estados Unidos para servirles: esto es lo que ha hecho el gobierno sirviendo al Pueblo.
Las deudas sin fondos se han calculado con los actuales ingresos de impuestos y de financiación, y teniendo en cuenta la evolución demográfica futura de la población de EE.UU.
Nota: En la imagen superior de 114.5 billones, el tamaño de la base del montón de dinero es de medio billón, no de un millón como en la imagen de los 15 billones. La altura es doble. Esto se hizo con el fin de ajustarse más de cerca a la base del Empire State y del World Trade Center.
Esto lo tiene que ver todo el mundo.
Fuente: Reserva Federal & www.USdebtclock.org - Visitar esta página para ver la deuda en tiempo real y comprender mejor esta increíble cantidad.
Nota: Para ver las ilustraciones (en especial la última, la de los 114.5 billones de dólares) con mejor definición que aquí, ir a http://usdebt.kleptocracy.us/
Y por último, para evaluar la situación relativa de España, que no es manca, no os perdáis la deuda porcentual de los países en relación al su Producto Interior Bruto.
Perspectivas para el 2012: el paro sigue creciendo hacia los seis millones de parados, los jóvenes con formación emigrarán masivamente a Europa, los de menos recursos van volviendo a los pueblos. El gobierno nos cruje a impuestos mientras sigue manteniendo gastos inútiles; la actividad económica se paraliza, las empresas extranjeras van abandonando el país y retirando inversiones, la deuda sigue sin solución, la crisis se agudiza, y los malos gobernantes son condecorados.
Una regla de oro de la economía es que no hay reglas fijas, pues, tratándose de un proceso dialéctico y retroalimentativo, cualquier establecimiento de reglas llevará a intentos de sortearlas buscando el beneficio con respecto a los que se atienen estrictamente a ellas. Como el objeto de la regulación es un sujeto, reaccionará a los intentos de regulación y se adaptará al panorama cambiante, dando lugar a un círculo hermenéutico de estrategias económicas. De ahí que la fiebre especulativa sea especialmente intensa cuando se entra en un remolino acelerado de cambio de normas y de observación mutua, como sucede ahora con la crisis de deuda y la con endeble estructura de apoyos al euro.
No hay normas fijas, aparte de esta regla de oro, pues en cada momento histórico la situación económica es una, las normas bancarias o crediticias son otras, la política monetaria y sus agentes varían, y también las políticas, modas o teorías sobre cómo controlar el precio del dinero y la inflación. Cada vez estamos en un contexto distinto, que trabaja sobre el anterior y es el resultado de su desarrollo—el resultado imprevisible, por definición, auque quienes por chiripa o por su control local de la información lo han previsto en parte, con frecuencia se han hecho ricos. Y en cada momento, quien tiene más información (nunca toda) estudia la situación, estudia los instrumentos financieros a su alcance, las inversiones disponibles, y hace juego maquiavélicamente, si es posible fingiendo que es otra cosa lo que está haciendo, según la teoría paranoica de la observación mutua a la que se atienen los cálculos de las acciones humanas.
Aunque no hay normas fijas, y en el detalle todo el panorama económico y financiero es distinto en cada lugar y momento de la historia, sin embargo sí se aprecian constantes recurrentes—igual que volverán las corbatas estrechas aunque no se parezcan en nada más a las de los ochenta, ni en su tela ni en su color.
Una de las formas recurrentes en este sentido es el siguiente paso de minué: la intervención estatal, creyendo controlar y acotar las actividades económicas con una normativa fija, impone un corsé que de hecho empeora los males que se supone iba a remediar. O remedia unos y da lugar a otros imprevistos. Lo hemos visto en muchos otros aspectos—por ejemplo, con los precios fijos de productos básicos, para protección del pueblo, que no se sabe cómo conducen a lo contrario: a la especulación, escasez y mercado negro. O con la legislación laboral hiperproteccionista para el obrero, que en la práctica lo convierte en un contratado-basura o en un parado, y destruye la creación de empleo. Son un par de ejemplos.
Otro ejemplo quería citar a cuenta de un ensayo de Herbert Spencer "State-tampering with Money and Banks", escrito en 1858 y reimpreso en el segundo volumen de sus Essays. Está comentando Spencer cómo se dictan normas para evitar la quiebra bancaria, impidiendo la emisión de billetes más allá de un máximo sobre los depósitos efectivos—y cómo esa limitación lleva a la proliferación de deuda e hipoteca, que crea un peligro de quiebra mucho mayor. Cosas que casi nos suenan a historia contemporánea, ciento cincuenta años después. Y es que plus ça change…
"There is reason to believe that bankers are tempted into greater dangers under this protective system. They can and will hypothecate their capital in ways less direct than by notes; and may very likely be led, by the unobtrusiveness of the process, to commit themselves more than they would else do. A trader, applying to his banker in times of commercial difficulty, will often be met by the reply—'I canot make you any direct advances, having already loaned as much as I can spare; but knowing you to be a safe man, I will lend you my name. Here is my acceptance for the sum you require: they will discount it for you in London'. Now, as loans thus made do not entail the same immediate responsibilities as when made in notes (seeing that they are neither at once payable, nor do they add to the dangers of a possible run), a banker is under a temptation to extend his liabilities in this way much further than he would have done, had not law forced him to discover a new channel through which to give credit." (Essays, II, 317)
Podría argüirse que la versión refinada y realmente envenenada de este proceso es la que se ha vivido en los últimos años, cuando hablamos no de la deuda a particulares sino de la deuda pública, que ha alcanzado su crisis en Europa y está a punto de hacerlo en EE.UU. Ahora el Estado ya no es sólo árbitro de los préstamos, sino también la principal parte interesada—juez parcial, abogado, acusado, fiscal, criminal, víctima y avalista. Cuando todo el mundo duda del futuro del crecimiento de la economía europea (y occidental), y de su capacidad de afrontar la deuda pública—de ahí la acertada renuencia de la Merkel a emitir los famosos bonos europeos, que empantanarían más al sistema entero en la deuda—sin embargo se buscan trampeos para que podamos prestarnos dinero a nosotros mismos, como si el futuro fuese boyante y las expectativas inmejorables. Y si el Banco Central Europeo no puede prestar a los propios países, pues no es problema: le presta al FMI para que sea éste quien lo represte a los endeudados. De lejos se ve dónde acaban estas cosas, a menos que hubiese un serio plan de controlar la deuda a corto plazo. Pero cómo va a haberlo mientras sigan al frente los mismos, y sigan ingeniando estas ingenierías financieras.
Spencer sostenía que el papel del Estado era administrar justicia y hacer cumplir las leyes, y no invadir el control de la política monetaria con estrategias cambiantes. No sé en qué se basaría, pues apenas ha hecho otra cosa el Estado…
"Si el Gobierno prohíbe una manera de dar crédito, encontrarán otra, y probablemente peor. Sea el grado de confianza mutua prudente o imprudente, habrá de seguir su curso. El intento de restringirlo por ley no es sino una repetición de la vieja historia de intentar detener el mar con un rastrillo." (318)
Como el intento de que los gobernantes no intervengan en los procesos financieros, supongo. Es por parte de Spencer un último resto de ingenuidad. Más contundente es cuando dice algo que podría aplicarse a las quiebras apuntaladas por dinero público:
"Lo que resulta al final de resguardar a los hombres contra los efectos de la necedad, es llenar el mundo de necios" (320).
Supongo que en la línea de pensadores como Spencer se sitúa la ahora tan comentada tradición de Hayek y la escuela austríaca liberal, mientras que el siglo XX, y el XXI hasta la fecha, ha estado dominado en la práctica por los keynesianos, para quienes intervención estatal es un elemento de racionalidad. Parece previsible que los Estados seguirán siendo mayoritariamente keynesianos, aunque sólo sea por las ventajas especulativas que se derivan de un conocimiento de las maniobras de intervención. No para los gobernantes, claro, sino para sus amigos y sus partidos y sus socios secretos. Que no sé si existen, en la teoría de Keynes.
Comparación de dos posibles escenarios una vez superado a nivel global el techo máximo de producción de petróleo. (Fuente: Peak Oil: The End of Cheap Oil - http://www.peak-oil-crisis.com) La sociedad moderna está atada al petróleo más que a ninguna otra fuente de energía y de materiales. El cénit global en la extracción del petróleo supone una producción en constante disminución—sin una fuente alternativa, ni una combinación de fuentes, que sea capaz de reemplazar al petróleo, ni de cerca, en cuanto a resultados en energía neta, en ritmo de flujo, o en volumen. En la década de 1950, el conocido geólogo norteamericano M. King Hubbert observó que un gráfico de los descubrimientos de petróleo a lo largo del tiempo tendía a formar una curva en forma de campana. Supuso que el índice de producción petrolífera formaría una curva similar, conocida ahora como la "curva de Hubbert":
A pesar de abundantes críticas en sus tiempos, Hubbert predijo con éxito que los estados continentales de los EE.UU. alcanzarían su máximo de producción a principios de los 70—una realidad desalentadora que ha hecho que la economía norteamericana dependa cada vez más de importaciones de petróleo para cubrir la creciente demanda doméstica.
A pesar de un acuerdo creciente en que la teoría de Hubbert es fiable en términos generales, sigue debatiéndose bastante la cuestión de cuánto durará el declive inevitable en las reservas de petróleo, y de cuáles serán las consecuencias para la sociedad en general. Aquí presentamos de modo esquemático dos teorías contrapuestas:
1. la teoría del "colapso catabólico" del autor John Michael Greer, que predice que el descenso de la energía seguirá un esquema general de descenso en forma de escalones, puntuado por breves periodos de recuperación económica, y
2. la teoría del "petrocolapso" del analista del petróleo Jan Lundberg, que postula una caída pronunciada, a modo de precipicio, en la producción del petróleo, con consecuencias dramáticas para nuestra economía.
Hundimiento catabólico: Declive en forma de escalones Resumido de la reseña de The Long Descent (El largo descenso), de John Michael Greer, hecha por Frank Kaminski.
En su libro El largo descenso (2008), John Michael Greer prevé un periodo de desindustrialización glacial, impulsado por un proceso que denomina "colapso catabólico". Greer empieza exponiendo con algunos preliminares sobre el punto máximo de la producción petrolífera, el estudio del Club de Roma Límites del desarrollo, con algunas lecciones extraíbles de colapsos sociales anteriores, y con la diferencia entre los problemas (que tienen solución) y las situaciones difíciles (que no la tienen). Sostiene de modo convincente que el máximo de la producción petrolífera es más bien una situación difícil que un problema.
Basándose en la teoría del colapso o hundimiento catabólico, Greer traza el cuadro de cómo es probable que esta situación difícil se vaya desarrollando a lo largo de las décadas y de los siglos que tenemos por delante. Su teoría muestra cómo las civilizaciones encaminadas al hundimiento tienden a declinar de una manera escalonada, descendente, con sucesivas crisis y recuperaciones. No sufren la caída libre repentina y catastrófica que plantean los más irredentos profetas del final de la era del petróleo.
¿Cómo tendrá lugar el hundimiento catabólico de nuestra propia sociedad? Greer nos ve al borde de un par de décadas de contracción económica, escasez crónica de energía, declive en los servicios sanitarios públicos, conflictos políticos y desaparición gradual de las tradiciones culturales y conocimientos. Este periodo de crisis, predice, será seguido por un respiro de quizá unos 25 años, durante los cuales habrá un poco de margen una vez la sociedad se haya aliviado de los despilfarros energéticos producidos por la motorización y electrificación universales, por los edificios climatizados, por la medicina moderna y por otras comodidades actuales. Pero este respiro irá seguido, a su vez, por otra ronda de crisis que irán despojando a nuestra civilización de más capas de complejidad social, y así sucesivamente.
A la larga, el mundo desarrollado adoptará un modo de vida agrario articulado en torno a comunidades locales y recursos sostenibles. Pero este cambio sucederá tan lentamente que nadie que viva hoy estará para ser testigo del resultado final. Así pues, sostiene Greer, deberíamos orientar nuestros esfuerzos no a sobrevivir al final de la civilización industrial, sino a conseguir superar el periodo de crisis inminente que será sólo un breve intervalo en el seno de este contexto más amplio.
Con este fin, Greer expone algunas estrategias y tecnologías que permitan sobrellevar las décadas de crisis que vienen. La respuesta más adecuada ante los retos que se presentan, cree Greer, no es plantar enclaves de supervivencia ni comunidades-salvavidas, sino rehacer nuestras actuales ciudades, pueblos y campos para enfrentarnos mejor a estos retos.
A nivel individual, todos tenemos que limitar drásticamente el gasto en energía, y encontrar maneras de hacer las cosas con poca tecnología, preparándonos para la inevitable escasez. También tenemos que posicionarnos en nichos de empleo que atiendan a las necesidades humanas efectivas, ya que serán estos los trabajos que probablemente seguirán teniendo demanda. Ante la decadencia de los sistemas públicos de salud, cada persona debería aprender a hacerse responsable de su propia salud. Por último, debemos ayudar a fomentar el establecimiento de redes sociales locales en nuestra comunidad, que serán esenciales para conservar servicios básicos tales como la seguridad pública, el agua y el alcantarillado cuando el gobierno de la nación resulte ineficaz.
El petrocolapso: Una caída pronunciada del petróleo por Jan Lundberg, CultureChange.org
Nos enfrentamos a un futuro sin petróleo inminente y abrupto, con un consumo per cápita de energía dramáticamente más bajo que el actual. La mayoría de la gente con estudios ha oído hablar del techo de producción del petróleo, pero a muchos se les ha llevado a creer que habrá una pendiente descendente lenta de extracción de reservas, una vez se haya superado el pico. Esto es teórico, basado en cálculos de las reservas que quedan en el suelo, que pueden ser exactos o no.
En lo que hay que fijarse es en la dinámica de abastecimiento al mercado y en funciones de la industria petrolífera tales como las necesidades que imponen las refinerías. Estas inflexibilidades darán lugar no sólo a escaseces repentinas y paralizadoras, sino también a la incapacidad de que la industria del petróleo mantenga un flujo de productos a un nivel sostenido y a largo plazo—un escenario que denomino "petrocolapso".
En 1979 mi compañía Lundberg Survey predijo con exactitud que una descenso en la producción del 9% llevaría a que se disparasen los precios, hubiese compras guiadas por el pánico, y almacenamientos para tiempos de escasez—lo que el banquero inversionista del petróleo Matthew Simmons llama "una carrera al banco de la energía". Cuando se dé la siguiente crisis mundial de abastecimientos, sin que puedan acudir al rescate ni la industria del petróleo ni el gobierno, los efectos socioeconómicos serán rápidos y devastadores. En cuestión de días, los supermercados y los huertos locales se quedarán sin existencias, y los trabajadores no residentes no podrán coger el coche para ir a su puesto de trabajo. Cerrarán negocios, en parte debido a su dependencia de los repartos puntuales. El derrumbamiento no tocará fondo hasta que la producción local de alimentos pueda abastecer al número de habitantes que queden. El único modelo conocido por la industria del petróleo es el crecimiento. El único modelo socioeconómico a gran escala que se conoce es el del crecimiento, que ha sido posibilitado en el pasado por una producción petrolífera cada vez más abundante. Estas fuentes se están hundiendo en los países productores, y la demanda nunca será compensada por los esquistos, los aceites pesados o el biocombustible. Al ir cayendo en picado la reserva de petróleo, la industria será incapaz de adaptarse. No puede frenar sin más su producción de refinado adaptándola a la escasez para seguir una curva suave descendente. Las refinerías tienen que utilizar su capacidad a niveles altos para producir un equilibrio de producto (gasolina, destilados, fuel oils). Esta necesidad se mantendrá constante a medida que se cierren los pozos menos productivos y que las instalaciones ya oxidadas vayan requiriendo inversiones y adaptaciones cada vez mayores.
La rápida caída del negocio y del empleo, junto con la demanda y destrucción de las reservas de petróleo, son las características del petrocolapso. Estamos en una fase temprana, y será inevitable una contracción repentina e inmensa de la producción. La esperada "recuperación" no podrá tener lugar, sin energía barata y sin otros recursos para una población creciente. Es sólo una cuestión de tiempo antes de que llegue la siguiente Crisis Masiva del Petróleo, y haya una enorme demanda y destrucción de petróleo y de otros productos básicos de consumo. Esto transformará el estilo de vida moderno en un modo de vida post-industrial y local.
Este artículo es de 2008, año en el que se disparó el precio del petróleo sólo para caer pronunciadamente de nuevo—una caída que, vista con perspectiva, puede que sea más engañosa que la subida que le precedió. Hay que esperar que estas predicciones sean todo lo catastrofistas que parecen, y que Occidente logre evitar un hundimiento masivo, y salvar sus muebles, aunque es obvio que tendrá que cambiar sus hábitos derrochadores. No sé si hay razones para ser optimista. Aunque es difícil calcular la fecha del pico del petróleo—un cálculo que sólo se podrá hacer retrospectivamente de modo exacto—parece plausible que estamos en el cénit, y que la crisis financiera y de deuda pública actual tiene sus raíces, no muy confesadas, en una crisis de confianza en el futuro—que es, en el fondo, una crisis energética. El modelo de crecimiento indefinido y de globalización creciente ya no inspira la confianza que inspiraba antes, y todo el mundo va haciendo sus apuestas a la baja. En cuanto a España, la salida de su propia crisis no va a ser fácil, pues va a enlazar con una crisis mundial mucho más profunda, cuando los Estados Unidos se vean colapsados a su vez por la deuda pública y la recesión. Un desarrollo éste que, me temo, es inminente.
Y esto sin los coches eléctricos famosos que siempre están por venir. Esperen a que lleguen éstos, si estamos para coches en el futuro, y verán dónde se pone el precio de la luz. El aterrizaje en las "renovables", cuando este avión de reacción a chorro en el que viajamos (llamado Occidente) se nos quede sin petróleo a mitad de vuelo, va a ser de espanto. El mundo en Verde no va a ser tan idílico como algunos se lo imaginan.
Atrapados en el día a día de la crisis de la deuda y mareados por las subidas y bajadas de la bolsa, puede que perdamos la perspectiva de conjunto, y no diagnostiquemos bien las auténticas raíces de la crisis económica que nos ocupa, y la naturaleza del momento histórico que vivimos.
He terminado de transcribir y traducir la conferencia de Albert C. Bartlett sobre "Aritmética, población y energía". Quien desee entender el momento en el que vive debería atender a lo que allí se dice.
Sobre la teoría de Olduvai de Duncan, que predice un hundimiento rápido de la sociedad industrial, puede leerse en español este artículo de la Wikipedia. Prefiero pensar, por nuestro bien y sobre todo por el de nuestros hijos, que lograremos evitar el hundimiento de la sociedad industrial predicho por Duncan, pero las perspectivas realmente no son buenas, y desde luego nuestro modo de vida va a tener que cambiar igual de rápidamente que ha venido cambiando hasta ahora—pero en otro sentido muy distinto.
Preparaos para tiempos difíciles. Get ready for Hard Times.
En economía capitalista, las crisis financieras y burbujas especulativas son un fenómeno recurrente, que ya cuenta con sus propios clásicos, como la burbuja de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII, y la Burbuja de los Mares del Sur en la Inglaterra del XVIII. Pero aún hay un clásico más antiguo: el Cuento de la lechera de Esopo, y sus variantes. Somos simples, y en última instancia a estas lecciones se reduce la crisis de deuda soberana— y para la del euro, podríamos añadirle algún apólogo sobre el manirroto de la familia.
Samaniego le dio esta moraleja a estas especulaciones basadas en el control y previsión del futuro, y en el éxito de los planes y proyectos y gastos por adelantado:
¡Oh loca fantasía!,
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría;
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre tu cantarilla la esperanza.
No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna;
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro:
mira que ni el presente está seguro.
La diferencia es que la lechera sólo soñaba, y que aquí ha vendido por anticipado los pollitos, ha comprado toneladas de comida para gallinas, y se ha abierto lista de boda.
Todo porque el futuro se vendía como seguro, y se vendía caro. Ahora que las acciones del Futuro han bajado en la bolsa, que se vende como incierto, y que ya no vale nada... hala, a pagar la diferencia de precio.
Puede verse en YouTube una importante conferencia de Albert Bartlett, en la Universidad de Colorado (2002), sobre la relación aritmética entre el consumo de energía y el aumento de la población. Viene a ser una actualización de los puntos básicos del razonamiento malthusiano básico: el consumo crece a un ritmo mayor que la producción de recursos. Esto es algo inevitable, y Bartlett pone el énfasis en la necesidad de detener el crecimiento de la población. Quizá se entendiese todavía mejor diciendo que lo que hay que reducir es el consumo de energía y de recursos—pero Barlett quiere insistir en que no es creíble una reducción del consumo que no suponga previamente una reducción de la población.
A Malthus se le ha olvidado, en términos generales—como si sus fatídicas profecías no se hubiesen cumplido. Pero no han faltado tampoco predicciones cumplidas: grandes guerras y exterminios, epidemias masivas, control de la natalidad, desarrollo de la homosexualidad, descenso de la natalidad en los países avanzados. Digamos que el impacto las predicciones de Malthus se ha difuminado por el empuje que dio a nuestro crecimiento, en Occidente y en todo el mundo, el consumo de combustibles fósiles—sobre todo la era del carbón, y ahora la del petróleo que pronto toca a su fin. Nos hemos acostumbrado a hacer todo quemando petróleo, y a vivir en la abundancia que da la energía fácil, con la ilusión de que durará para siempre. Mientras, hemos creado una cultura del crecimiento constante hacia el infinito. Mi padre decía que el capitalismo era un sistema que había funcionado muy bien hasta ahora, pero que estaba basado en una presuposición errónea: que la tierra es plana, e infinita. El fin de la era del petróleo va a ser especialmente violento y conflictivo. La tierra es redonda, y el consumo de recursos al final se encuentra consigo mismo, con tierra quemada. La conferencia de Bartlett es un serio aviso al respecto. Merece la pena seguirla y tomar buena nota de lo que dice; es, además, una auténtica lección magistral. Iré traduciéndola en la medida de mis posibilidades.
La aritmética, la población, y la energía Conferencia en la Universidad de Colorado, Boulder (2002)
Dr. Albert A. Bartlett Profesor emérito Departamento de Física Universidad de Colorado, Boulder
Es un auténtico placer estar aquí con ustedes y tener la oportunidad de hablar de algunos de los problemas a los que nos enfrentamos. Bien, algunos de estos problemas son nacionales, otros son locales, otros son globales. Pero están todos relacionados. Están relacionados con la aritmética, y la aritmética no es muy difícil. Lo que espero hacer aquí es convencerles de que la limitación más grave de la especie humana es nuestra incapacidad para entender la función exponencial.
Y me dirán, "Bien, ¿y qué es la función exponencial?"
Es la función matemática que escribiría uno para describir algo que creciese a ritmo continuo, por ejemplo, algo que crezca un cinco por ciento cada año: usas la función exponencial para averiguar cómo de grande se hace esa cantidad que crece año tras año. Hablamos aquí de una situación en la que el tiempo necesario para que la cantidad aumente en un fracción fija es constante. En un cinco por ciento anual, el cinco por ciento es una fracción fija, y el "por año" es un período de tiempo fijo. De eso vamos a hablar, del crecimiento continuo y sostenido.
Bien, si el crecer un cinco por ciento lleva un tiempo fijo determinado, se sigue que llevará un tiempo fijo más largo crecer un cien por ciento. Este tiempo más largo se llama el tiempo de duplicación. Tenemos que saber cómo se calcula el tiempo de duplicación, y es fácil: basta con tomar el número 70, dividirlo por el porcentaje de crecimiento por unidad de tiempo, y eso nos da el tiempo de duplicación. Así, por ejemplo, para un cinco por ciento anual, dividimos 70 para cinco, y encontramos que esa cantidad creciente duplicaría su tamaño cada catorce años. Bien, podrán preguntar de dónde viene ese setenta: es aproximadamente cien multiplicado por el logaritmo natural de dos (= 69.3). Si quieres calcular el tiempo de triplicación, usarías el logaritmo natural de tres. Así que es todo muy lógico. Pero no hace falta acordarse de donde viene, basta con recordar el 70.
Querría que todo el mundo hiciese este cálculo mental cada vez que vemos una tasa de crecimiento porcentual de cualquier cosa, en las noticias. Por ejemplo, si ves que una cosa ha estado creciendo a un ritmo de un siete por ciento anual, ni parpadearías—pero cuando ves un titular diciendo que el crimen se ha duplicado en una década, dices "¡hey, dios mío, qué está pasando!" ¿Que qué está pasando? Un crecimiento de un siete por ciento anual. Divide el setenta para siete: el tiempo de duplicación es de diez años. Pero fijaos que si vamos a escribir un titular nunca escribimos que algo crece el siete por ciento anual. Porque la mayoría de la gente no sabe qué significa realmente.
¿Sabéis lo que significa realmente un siete por ciento? Tomemos otro ejemplo de Colorado: el precio de un abono diario de la estación de esquí de Vail lleva creciendo cerca de un siete por ciento anual desde que abrió Vail en 1963—y entonces se pagaban cinco dólares, por un abono de remontes para todo el día. Bien, ¿cuál es el tiempo de duplicación de un crecimiento del siete por ciento? Diez años. ¿Y cuál era el precio diez años más tarde, en 1973? Diez dólares. ¿Diez años más tarde, en 1983? Veinte dólares. Diez años más tarde, en 1993, cuarenta dólares. ¿Y qué podemos esperar? ¿Puede continuar esto? Ochenta dólares en 2003, 160 dólares en 2013, 320 dólares en 2023. Pues esto es lo que significa un siete por ciento. ¡Y la mayoría de la gente no tiene ni idea!
Vamos a mirar el gráfico genérico de algo que esté creciendo a ritmo continuo:
Después de un tiempo de duplicación, la cantidad resultante es dos veces la original, después de dos tiempos de duplicación ha subido a cuatro veces su tamaño original. Luego sube a ocho, dieciséis, treinta y dos, sesenta y cuatro, ciento veintiocho, doscientos cincuenta y seis, quinientos doce... En sólo diez tiempos de duplicación, es mil veces mayor que cuando empezó; puede verse que si intentásemos dibujar esta gráfica en un papel de gráficas normal, atravesaría el techo directamente. Ahora déjenme que les ponga un ejemplo de los enormes números que se obtienen con sólo un número limitado de duplicaciones.
Dice la leyenda que el juego del ajedrez lo inventó un matemático que trabajaba para un rey. Al rey le complació mucho, y le dijo, "Quiero recompensarte", y el matemático dijo: "Mis necesidades son modestas. Por favor, toma mi nuevo tablero de ajedrez, y en el primer cuadrado coloca un grano de trigo. En el siguiente cuadrado dobla el número y pon dos. En el siguiente dobla el número y pon cuatro. Sólo sigue doblando hasta que llegues al último cuadrado—y ese será un pago adecuado.
Granos de trigo en un tablero de ajedrez:
Cuadrado número
Granos en el cuadrado
Número total de granos en el tablero
1
1
1
2
2
3
3
4
7
4
8
15
5
16
31
6
32
63
64
263
264-1
Podemos adivinar que el rey pensó "¡Qué hombre tan necio! ¡Yo estaba dispuesto a darle una auténtica recompensa, y sólo me pide unos pocos granos de trigo!" Veamos qué pasa con esto. Sabemos que hay ocho granos en el cuarto cuadrado. Este número ocho me sale de multiplicar tres doses: dos veces dos veces dos. Es un dos menos que el número del cuadrado. Bien, pues eso se sigue en cada caso, de modo que en el último cuadrado obtengo el número de granos multiplicando sesenta y tres doses juntos. Ahora miremos cómo se forma el total: en el primer cuadrado tenemos un total de uno, con el segundo cuadrado tenemos un total de tres, en el tercero pongo cuantro granos, y ahora el total es siete. Siete es un grano menos que ocho, que es tres doses multiplicados juntos; quince es un grano menos que cuatro doses multiplicados uno por otro. Bien, eso continúa así, de modo que cuando acabamos el número total de granos es el que obtengo multiplicando 64 doses uno por otro, y pregunto, ¿cuánto trigo es eso? Vamos, ¿sería un buen montón, aquí en el estudio? ¿Llenaría el edificio? ¿Cubriría el condado con una profundidad de dos metros? ¿De cuánto trigo estamos hablando? La respuesta es que es más o menos cuatrocientas veces la cosecha mundial de trigo de 1990. Y eso podría ser más trigo del que se ha cosechado en toda la historia del mundo. Diréis, ¿cómo llegamos a un número tan grande? Muy fácil, empezamos con un grano pero dejamos que el número creciese constantemente duplicándose tan sólo sesenta y tres veces.
Hay otra cosa que es muy importante. ¡El crecimiento que se da en cualquier tiempo de duplicación es más grande que la totalidad de TODO el crecimiento anterior! Por ejemplo cuando ponemos ocho granos en el cuarto cuadrado, el ocho es más grande que los siete que ya estaban allí. Cuando ponemos 32 granos en el sexto cuadro, el 32 es mayor que los 31 que estaban allí antes. Cada vez que la cantidad creciente se duplica, coge más de lo que se ha empleado para todo el crecimiento anterior.
Ahora, vamos a traducir eso a términos de la crisis energética. Un anuncio del año 1985 hacía esta pregunta, "¿Podrían los Estados Unidos de América quedarse sin electricidad? Estados Unidos depende de la electricidad. Nuestras necesidades de electricidad de hecho se duplican cada diez o doce años". Eso es un reflejo exacto de una historia muy larga de crecimiento continuado de la industria eléctrica en este país, que crece alrededor de un siete por ciento anual, es decir, que se duplica cada diez años. Bien, pues, ¿se esperaba acaso que esa historia de crecimiento sostenido siguiera sin más para siempre? Por suerte se detuvo. No porque nadie entendiese la aritmética del asunto, se paró por otras razones, pero qué pasaría si, supongamos, hubiese seguido el crecimiento? Entonces veríamos aquí lo que acabamos de ver en el tablero de ajedrez. En los diez años que siguieron a la aparición de este anuncio, en esa década, la cantidad de energía eléctrica que habríamos consumido en este país habría sido mayor que la suma de toda la energía eléctrica producida en toda la historia de crecimiento continuado de esa industria en este país.
¿Os dais cuenta de que algo tan perfectamente aceptable como un crecimiento del 7% anual podría dar lugar a una consecuencia tan increíble? Que en sólo diez años consumiríamos más que el total de todo lo que se había consumido en toda la historia anterior. Bien, pues eso es exactamente a lo que se refería el presidente Carter en su famoso discurso sobre la energía (18 de abril de 1977). Una de las aseveraciones decía, "en cada una de esas décadas (los años 50 y los años 60) se consumió más petróleo que en el conjunto de la historia previa de la humanidad". Ya de por sí eso es una afirmación pasmosa. Ahora entendéis por qué. El precio nos estaba diciendo una simple consecuencia de la aritmética de un crecimiento del siete por ciento anual del consumo mundial de petróleo, y eso fue la cifra histórica hasta los años setenta.
Ahora, hay otra hermosa consecuencia de esta aritmética. Si cogéis un periodo de tiempo de setenta años, y observáis que es más o menos la duración de una vida humana, entonces cualquier crecimiento porcentual continuado de modo constante durante setenta años nos da un aumento global de un factor— esto es muy fácil de calcular:
Crecimiento constante durante 70 años (una vida humana):
Ratio de crecimiento anual Factor
1%
2=2
2%
2x2=4
3%
2x2x2=8
4%
2x2x2x2=16
5%
2x2x2x2x2=32
6%
2x2x2x2x2x2=64
7%
2x2x2x2x2x2x2x2=128
Por ejemplo, para un cuatro por ciento anual encontramos el factor multiplicando cuatro doses, nos da un factor de dieciséis.
Bien; hace unos pocos años, uno de los periódicos de aquí de Boulder hizo una pregunta a los nueve concejales del ayuntamiento de Boulder: "¿Qué tasa de crecimiento anual crees que sería deseable tener en la ciudad en los próximos años?" Los nueve concejales dieron respuestas que estaban entre un uno por ciento por lo bajo—resulta que eso viene a equivaler a la tasa de crecimiento anual de los Estados Unidos, no estamos en crecimiento cero: el número de estadounidenses aumenta en más de tres millones de personas al año. Ningún concejal de Boulder dijo que Boulder debería crecer más despacio de lo que están creciendo los Estados Unidos.
Y para septiembre ya ni digo. La prima de riesgo, esa cosa que antes nadie conocía ni recordaba, a no ser de confusas experiencias adolescentes, se ha convertido poco a poco en el indicador económico más fiable del estado real de la economía española. Es la diferencia que paga la deuda española, deuda metódica, con respecto a los bonos más fiables, o sea los alemanes, que sirven de referencia. A menos fiabilidad, más prima hay que pagar. Y ha venido escalando ese diferencial según un gráfico imparable, con picos y descensos alternativos como las olas, pero con un ascenso medio continuado como las mareas. Un gráfico que se cruza en un momento dado con el de la productividad económica y con el del índice de gastos de la administración. Algunos economistas, como Manuel Pizarro o Roberto Centeno, vienen avisando desde hace tiempo de la poca fiabilidad de la economía española, y de que esto llevará a una quiebra súbita de la deuda y una crisis irrecuperable del sistema. Otros, como los políticos del gobierno, se hacen los tontos o lo son, se sorprenden a cada subida del gráfico del terror, y echan balones fuera culpando a unos malvados mercados que atacan a España, a factores externos, a los USA... y mientras, siguen sin hacer ningún plan realmente significativo para reavivar la economía española, esperando a que aguante el temporal, sin ver que la marea sigue su curso, y que bajará, sí, pero sólo tras llevárselos por delante. Pero estos individuos o no entienden las gráficas, o no las miran. Por lo que se ve, creen que se puede seguir vendiendo deuda pagando cualquier tipo de intereses. Mañana quieren vender aún más deuda, y a mediados de agosto, deuda a diez años, que será seguramente cuando caiga el tremendo batacazo, y nadie nos quiera prestar ya nada. ¿Por qué prestarnos dinero a diez años? Un país sin recuperación visible, atontado en un sopor político, con una administración corrupta e insostenible de diecisiete naciones de bandería y parlamento y leyes multiplicadas—sin un sistema laboral que permita contratar a nadie sin casarse con él de por vida, con una economía improductiva y que no se quita parados ni con la ola del turismo... y en lugar de recortar gastos y empezar a pagar la deuda, el país sigue empeñado en pedir prestado y en seguirse financiando con la deuda. Bien, pues a quien no sabe organizarse la economía se la van a organizar desde fuera por la vía rápida. Y no me alegro, porque la primera medida la voy a sufrir yo, y los demás funcionarios, cuando nos recorten el sueldo otra vez, echando la mano el gobierno a la cartera que le cae más a mano, que es la de sus propios empleados. Por la falta de previsión de Zapatero, ignorante en economía, y de los patéticos ministros de economía del PSOE (Solbes, qué horror—Salgado, qué inepta...) ya nos incumplieron los convenios por la vía rápida y nos recortaron el sueldo, a mí cerca de un diez por ciento. Ahora me espero un recorte de un veinticinco por ciento más cualquier día—y más suspensión de obras públicas previstas, y más recortes de pensiones y de subsidios de desempleo, todo por insistencia de gobierno y sindicatos en mantener un sistema de contratos que hace imposible la recuperación económica. Y más parados aún, y menos productividad, y España tomando la vía de Argentina. De la herencia de Zapatero y del PSOE, aún no nos hemos empezado ni a enterar, lo gordo me temo que va a venir este fin de año, empezando por el desbaratamiento económico que sigue al verano. Pero el empellón final de la prima de riesgo echándonos abajo el sistema, y negándonos por fin más préstamos, viene ahora en agosto. También el recorte improvisado, y el desbaratamiento del sistema, que va a pillar a los funcionarios de vacaciones.
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A alturas del siete de agosto, después de la siguiente espantada y el siguiente récord de la Prima de Riesgo, nos interviene Europa la economía, otra vez. Sin llamarlo así, de momento: lo que se decide es comprar deuda española, algo ilegal en realidad en la Unión, igual que se compró también ilegalmente deuda griega y portuguesa.
Si era ilegal hacer esto (eppur se hace) no era por una ventolera que le dio a alguien: es por lo mismo que es ilegal imprimir billetes falsos. De este modo, la Unión se hace trampa a sí misma, con un parche económico que no llegará muy lejos, y menos si España no emprende el camino de unas reformas que hasta ahora no ha dado ni señal de querer emprender. Racionalizando la administración, y el mercado de trabajo.
O sea que el parche éste es pan para hoy y hambre para mañana. Seguramente sólo una manera de amortiguar la dureza de la caída, que se reparta un poco entre todos. Pero sólo una semana de escribir esto, ya estamos a la altura de esos griegos y portugueses que nos espeluznaban. A saber dónde estaremos la semana que viene. Todos de vacaciones tan ricamente, eso seguro. La indigencia mental de este país no se va a curar ni con el primer susto, ni con el segundo.
Ya es un libro de hace más de diez años, Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman, pero a veces parece que esté profetizando el futuro más que retratando el presente. En este fragmento pensaba en estados como Yugoslavia, creo—pero inopinadamente vemos que la ley de la globalización se nos va a aplicar también a nosotros. Decía Bauman:
Parece haber poca esperanza de rescatar los servicios estatales que proporcionaban certidumbre y seguridad. La libertad de la política estatal se ve permanentemente socavada por los nuevos poderes globales, equipados con las pavorosas armas de la extraterritorialidad, la velocidad de movimiento y la capacidad de evasión/escape; los castigos impuestos por violar la nueva ley global son rápidos y despiadados. De hecho, la negativa a jugar la partida según las nuevas reglas globales es el delito más duramente castigado, un crimen que los poderes estatales, atados al suelo por su propia soberanía definida territorialmente, deben evitar cometer a cualquier precio. Casi siempre ese castigo es económico. Los gobiernos insubordinados, que prefieren las políticas proteccionistas o generosas provisiones públicas para los sectores "económicamente redundantes" de sus poblaciones, y que se resisten a dejar su país a merced de los "mercados financieros globales" y del "libre comercio global", no reciben préstamos y tampoco se les concede reducción alguna de sus deudas; sus monedas nacionales se convierten en leprosas globales, sufren maniobras especulativas adversas y devaluación forzosa; la bolsa local cae, el país termina acordonado por sanciones económicas y condenado a ser tratado como paria por pasados y futuros socios comerciales; los inversores globales empacan sus pertenencias y se llevan sus valores, dejando a las autoridades locales la tarea de limpiar los restos y de ocuparse de los desempleados. Ocasionalmente, sin embargo, el castigo no se limita a "medidas económicas". Los gobiernos particularmente obstinados (pero no suficientemente fuertes como para resistirse durante mucho tiempo) reciben una lección ejemplar, destinada a advertir y asustar a sus potenciales imitadores. Si la diaria y rutinaria demostración de la superioridad de las fuerzas globales no basta para obligar al Estado a entrar en razón y cooperar con el nuevo "orden mundial", les toca el turno a las fuerzas militares: la superioridad de la velocidad sobre la lentitud, de la capacidad de eludir, de la extraterritorialidad sobre la localidad, todo eso se manifestará de modo espectacular, esta vez por medio de fuerzas armadas especializadas en tácticas de "atacar y desaparecer" y en la estricta división entre las "vidas que deben ahorrarse" y las vidas que no vale la pena salvar.
Aquí no habla Bauman de la deuda, pero la deuda internacional es una de las maneras en que un país a la vez coopera con el orden mundial y (si es imprudente) se sitúa en posición de dependencia. Aquí nos creíamos tan a salvo y tan prósperos, con nuestro estado del bienestar obtenido a base de hipotecar el futuro. Nos hemos endeudado por sistema, y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, como una trampa que nos hemos tendido a nosotros mismos, o en la que hemos caído casi voluntariamente. Viéndonos entrampados en nuestra deuda, el inversor se va a otro sitio con la velocidad de un clic, y nos deja con los muebles a medio pagar. Y llega el momento en el que hay que saldar la deuda, y el acreedor llama a la puerta, o la echa abajo.
Básicamente, que no hay planes para el próximo desmantelamiento del Capitalismo. Una entrevista con Alberto Recarte sobre el paro en España, sus causas, sus perspectivas futuras, y los males estructurales que lo causan. Me temo que las recetas que da no van por donde respira Izquierda Unida.Y es que las cosas ciertas suelen ser desagradables de oír; molan mucho más las proclamas bienpensantes y el idealismo de baratillo, aunque no tengan encuentro con la realidad de las cosas. Y los bienes y los males del capitalismo, como los del socialismo, vienen en el mismo paquete.
Por cierto, la inserción del mp3 de Libertad Digital la he hecho buscando el código html para insertar un Google Reader MP3 Player, en este blog tan instructivo, Digital Inspiration.
Presentación del libro de Alberto Recarte El desmoronamiento de España. Aún lo veo yo optimista, a Alberto Recarte, en algunos aspectos. Pero id temblando... que esto aún está empezando.
Oía yo a Zapatero soñar con que va a crear cientos de miles de empleos año tras año en España, en un solo sector, el de las energías renovables... Este hombre ya está en pleno delirio, y parece mentira que con casi cinco millones de parados no le dé vergüenza ir dando lecciones de creación de empleo por allí. Esto ya es patético.
De hecho, muchos economistas señalan que uno de los factores de destrucción de empleo en España (aparente creación, y de hecho destrucción) es el sistema de subvenciones a sectores improductivos, en especial el de las energías renovables. Que salen mucho más caras y por eso mismo se prestan además a fraudes y a chanchullos. Podría decirse, además, que subvencionar energías "limpias" cuando no son rentables es de hecho una manera de frenar la presión para que se investigue en esos sectores y sistemas... porque, sin ya son aparentemente rentables (con la subvención) para producir energía, ¿para qué mejorarlos? El ministro Sebastián es el factótum de las energías renovables. Veamos un símbolo de su gestión al frente de la industria española: su proyecto estrella ha sido enviar a cada hogar español un vale para canjearlo en Correos por una bombilla de bajo consumo. Bien, pues la bombilla no sé si estará fundida o no, porque el famoso vale no lo canjean en Correos. Han enviado muchos vales pero pocas bombillas. Emblemático. Lo que sí están fundidas son las ideas.
Es agosto, en una pequeña ciudad de la costa, en plena temporada; cae una lluvia torrencial y hace varios días que la ciudad parece desierta.
Hace rato que la crisis viene azotando este lugar, todos tienen deudas y viven a base de créditos.
Por fortuna, llega un ruso mafioso forrado de dinero y entra en el único pequeño hotel del lugar. Pide una habitación. Pone un billete de 100 dólares en la mesa de la recepcionista y se va a ver las habitaciones.
El dueño del hotel agarra el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero.
Éste toma el billete y corre a pagar su deuda con el criador de cerdos.
A su turno éste sale corriendo para pagar lo que le debe al molino proveedor de alimentos para animales.
El dueño del molino toma el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con María, la prostituta a la que hace tiempo que no le paga. En tiempos de crisis, hasta ella ofrece servicios a crédito.
La prostituta con el billete en mano sale para el pequeño hotel donde había traído a sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado y le entrega el billete al dueño del hotel.
En este momento baja el ruso, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, toma el billete y se va.
Nadie ha ganado un centavo, pero ahora toda la ciudad vive sin deudas y mira el futuro con confianza.
MORALEJA: ¡¡SI EL DINERO CIRCULA SE ACABA LA CRISIS!!
(A ver quién descubre el fallo... en la anécdota, o en el sistema que empleamos para organizarnos).
Este país no tiene remedio. En plena campaña del impuesto de la renta, es que ya ni se molestan en disimular más, saca el gobierno una ley para legalizar dinero negro, de criminales, defraudadores, desfalcadores, etc., dándoles unos tipos impositivos ventajosísimos y condiciones especiales para comprar deuda pública. Con lo cual les ha salido muy a cuento su maniobra—hagan o no hagan aflorar el dinero— y en cambio se trata con tipos impositivos comparativamente brutales a los honrados ciudadanos que no han ido por allí escondiendo dinero negro en paraísos fiscales (ir a minuto 16). Si es que con esto el paraíso fiscal es España—pero sólo con la condición previa de que seas un golfo financiero. Y los socialistas han hecho esto continuamente: con Felipe y con Zapatero, con Boyer, con Solchaga, y ahora con Salgado. Constantemente quienes hacen trampas a gran escala son beneficiados por los socialistas. Y lo hacen abiertamente, y anunciándolo a los cuatro vientos. Y el país les sigue votando. Les seguimos votando. A los funcionarios, que les votan, a bajarles el sueldo; mientras pregonan que van a castigar las grandes fortunas, pero les ponen alfombra roja mientras lo dicen. Así la cosa no tiene remedio—un país de votantes imbéciles tiene lo que se merece, y la repetición de la jugada es garantía de que las cosas no van a cambiar. Esto sí que son lecciones prácticas de economía aplicada—a la española.
La significación de esta crisis (que si de burbuja inmobiliaria, que si de financiación, que si de hipotecas subprime, que si de mercado de trabajo)... no acaban de centrarla bien los economistas a veces.
Aquí hay un debate por extenso sobre la reforma laboral en curso. La célebre crisis la ha hecho necesaria, y por lo insuficiente y medias tintas que es, hará necesaria otra reforma en la Parte 2 de la aprobación de este Real Decreto en el Parlamento, y una Parte 3 cuando el país decida realmente ponerse las pilas y adecuar el mercado de trabajo a las realidades planetarias de la situación.
Una cosa que se dice muy poco en todo esto de la crisis es que sea producto de estos factores: el crecimiento económico de China (y Oriente en general), el mercado global, el impacto de Internet en las comunicaciones. Pero todos ellos son factores muy reales.
Occidente ha desarrollado desde los tiempos coloniales un sistema de producción privilegiado, que en parte sigue manteniendo—por el que las materias primas y el trabajo barato vienen de lugares deslocalizados. Así sigue siendo, y sin embargo va cambiando. En un mundo global, los trabajadores chinos también adquieren una pequeña dosis de prosperidad, e incluso de derechos—pero pocos. Más visible va a ser el efecto inverso: que en un mundo globalizado, en el que los países son vasos comunicantes con un mercado único, el nivel de vida y el nivel de derechos del trabajador occidental va a descender para tender a igualarse con el de los trabajadores chinos.
A tender digo, no a igualarse totalmente aún—que aún somos blancos y eurocéntricos, y la historia pesa.
Pero el pseudo-comunismo chino va a ser el que dicte en última instancia el nivel de derechos de un trabajador a su puesto. Que serán bien pocos, y quien decida cuáles será el mercado. El gran descubrimiento del comunismo chino.
Y aquí acabaremos descubriendo también, un poco tarde, que el trabajo es una mercancía que se compra al por menor cuando compras un producto, al por mayor cuando contratas a alguien, y que no tiene sentido poner trabas a otras modalidades de compra de trabajo—por días, o por obras, o por partes. Y no tiene sentido, sobre todo, porque nos lo van a demostrar los chinos—que al tener menos, son menos exigentes, y exigiendo menos son más competitivos.
5.- Ninguna circunstancia en la vida es perfectamente buena ni mala, todo depende de saberla aprovechar mejor o peor. Hay que aprovechar lo que abunda. En este caso, los parados.
6.- Es impensable poner a reciclar o mejorar su formación a una persona que ha estado todo el día trabajando. Un parado puede recuperar su ilusión de vivir si espera encontrar más adelante un trabajo mejor.
7.- Debemos reconsiderar lo que entendemos por trabajo. Antiguamente sólo se consideraba trabajo lo que hacía sudar. Un peluquero, un sastre o un guardia, no trabajaban propiamente, puesto que no sudaban.
8.- El estudio, el reciclaje, el aprendizaje deben ser considerados como trabajo, pues sirven para realizarlo con más eficacia.
9.- Una nación, país pueblo o comunidad es tanto más válido cuanto más preparados están sus individuos y por tanto debían ser recompensados los que dediquen un tiempo a su preparación mayormente que los que sólo aspiren a un paro.
10.- Cualquier individuo que no tenga un medio de subsistencia por el hecho de pertenecer a esa comunidad debe tener derecho a una formación pagada que le ilusione y le conduzca a ocupar un puesto en el que sea útil a la sociedad y vivir autónomamente.
11.- La sociedad ha cambiado de ser predominantemente rural y agrícola a vivir en ciudades. En un pueblo todos tenían su huerto, su cerdo, sus cabras, sus gallinas, sus ovejas, sus vacas y su casa propia, con bodega, y podían subsistir: Hoy, en una ciudad, sin dinero, no hay manera de salir adelante. Una persona que no cobre el paro o un sueldo de subsistencia está condenada a la mendicidad.
12.- Las personas desesperadas pueden llegar a ser peligrosas. Es preferible alimentar una ilusión que crear un estado policial. 13.- Los menos dotados para el estudio o trabajos, pueden aprender a realizar “chapuzas” caseras o trabajar de ayudantes.
14.- Es más interesante e ilusionante pagar la formación que el desempleo.
15.- Dado el avance de las nuevas tecnologías, todo trabajador, en cualquier rama, debería tener asignado, dentro de su horario de trabajo, un tiempo para su reciclaje. Hacerlo sobre la marcha, es tan peligroso como aprender a conducir sin pasar por la autoescuela.
16.- Tanto la formación de los parados como el reciclado de los profesionales, daría lugar a puestos de trabajo, para personas que se dedicarían a la formación u ocuparían los puestos de los profesionales que reciclan.
17.- Para empezar a organizarse sería conveniente disponer de naves en un polígono industrial o similar donde también se pudiera comer, o incluso dormir algunos días de la semana los que se desplazasen de más lejos.
18.- Dentro de lo posible, sería interesante que fuesen los mismos parados los que aportasen su punto de vista en la organización de estos cursos.
19.- Todo esto daría trabajo a un número importante de personas, que de ningún modo pueden considerarse improductivas y que proporcionaría un colectivo preparado para cuando empezase la reactivación y para ayudar a otros países en dificultades.
20.- Recomiendo leer la Constitución española de 1978:
Artículo 35.- Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo.
Artículo 40.- (Sobre la Seguridad Social para todos los españoles en caso de desempleo).
Artículo 47.- ( Sobre el derecho de todos los españoles a disfrutar de una vivienda digna).
21.- Cumpliendo la Constitución con ilusión, saldremos de la crisis 2009.
22.- Final : “Haz lo que debas, aunque debas lo que hagas”.
Esta es la traducción parcial y abreviada de un diálogo entre Eric Schoemberg, economista de la Universidad de Columbia, y Gary Marcus, psicólogo de la Universidad de Nueva York, a principios de octubre... pero sigue y seguirá de actualidad. Va desde la biología evolutiva a la psicología práctica de la inversión y a la crisis de estos últimos meses. No sólo en Estados Unidos, pues la crisis española (con la burbuja inmobiliaria, las hipotecas incobrables...) tiene muchos puntos en común con lo que aquí se dice. Especialmente curiosos son los elementos de retroalimentación y circularidad que se observan en la crisis, en su interpretación, y en las soluciones que se proponen para estos pánicos recurrentes. El diálogo en inglés puede escucharse en Bloggingheads TV.
MARCUS: Hola, me llamo Gary Marcus, soy autor del libro Kluge: La construcción improvisada de la mente humana, y hoy mi invitado es Eric Schoemberg; mi campo es la psicología y científico aficionado, y de lo que hablaremos de hoy es del hundimiento de la bolsa o lo que sea que está sucediendo, desde una perspectiva psicológica. Eric Schomberg trabaja en psicología y banca de inversión—le paso la palabra, Eric, dinos algo de tí.
SCHOEMBERG: Yo era socio de un banco de inversión que se centraba en empresas de tecnología en los años noventa, y me fascinó tanto el comportamiento que observaba en los mercados financieros que decidí volver a la academia, saqué un doctorado en psicología, y ahora enseño en la Facultad de Empresariales de Columbia, naturalmente sobre el comportamiento financiero (behavioral economics) y la toma de decisiones.
M: Estaba mirando tu sitio web y parece que hoy no hay nadie más adecuado para hablar del tema de hoy. Antes de meternos en la psicología de la cosa, claro, todo el mundo sabe algo que algo malo está pasando, algo así como en Ghostbusters, "algo realmente malo"—pero no todo el mundo sabe qué es exactamente, incluyendo a gente inteligente como yo, que no tiene el título de economista. Podríamos empezar dando un repaso a qué está sucediendo exactamente ahora mismo—¿por qué está hablando el Congreso de un rescate con avales, cómo está el asunto?
S: Bueno, el principal problema que preocupa a Ben Bernanke de la Reserva Federal y a los miembros del Gobierno y del Congreso es el sistema crediticio de los Estados Unidos. El crédito puede concebirse como el oxígeno que hace que funcione el organismo económico. Y al igual que el oxígeno se reparte a los órganos del cuerpo por vía del sistema circulatorio, el sistema financiero básicamente cumple la misma función, hacer llegar el dinero desde la gente que lo tiene hasta los que lo quieren tomar prestado para fines de consumo o de inversión. Y lo que la gente teme básicamente es que se cierre el sistema circulatorio: ¿ha dejado el corazón de hecho de bombear crédito a los sitios donde iba antes?
M: Pero ¿por qué se le ocurre a la gente siquiera pensar que se ha agotado el oxígeno? Yo conozco a muchos ciudadanos corrientes como yo que dicen, mi dinero sigue seguro en el banco, tengo mis inversiones que me dan mis beneficios, ¿por qué me voy a preocupar? ¿Qué nos hace pensar que se nos ha agotado el oxígeno?—me gusta la metáfora—¿podrías desarrollarlo un poco, por qué pensamos que el paciente tiene problemas?
S: Bien, buena pregunta, por seguir con la metáfora, lo que hacemos es hacer un seguimiento de las constantes vitales del sistema circulatorio, y el problema es que vemos que van bajando. Bien, pues recuerda que vale, tienes dinero en el banco y que puede que un empresario quiera tomarlo prestado para contratar gente, montar un negocio: ¿cómo pasamos de tí hasta él? Esa es la función del sistema financiero de este país: los bancos y los bancos de inversión hacen pasar el capital de la gente que lo tiene a la gente que lo quiere, y el problema es que esa manera de pasar dinero de quienes lo tienen a quienes lo requieren no funciona bien ahora; hay detalles técnicos en los que podríamos entrar pero esa es la idea básica.
M: Hay otra pregunta que está a mitad de camino entre el punto de vista del psicólogo y el del hombre de la calle, y que es, ¿cómo sabemos que todo esto no es sólo miedo, y pánico, porque por ahí hay dinero, ¿no? ¿cómo es que la gente tiene miedo de hacer préstamos, por qué se hiela el sistema circulatorio? ¿Cómo sabemos que no es sólo un temor psicológico?
S: Bueno, yo le buscaría las cosquillas al "sólo". Vamos, que obviamente sí que tiene un fuerte componente psicológico; pero vamos a centrarnos en lo que está pasando, por qué se está frenando el sistema crediticio, y es una combinación de factores que podríamos llamar basados en la realidad y otros que podríamos llamar basados en la psicología. Así que, a diferencia del sistema circulatorio del cuerpo, en el que el corazón simplemente le pasa sangre al sistema, y no espera que le vuelva el oxígeno a él, cuando el sistema financiero le presta dinero a alguien, espera que se le devuelva. Y el problema básico de lo que pasa hoy es que los bancos desconfían de la posibilidad de volver a cobrar el dinero que prestan. Esto siempre ha sido así cuando prestan a los usuarios finales del dinero, obviamente te preocupas de que si alguien coge una hipoteca o un préstamo para una empresa, si te lo va a devolver; pero lo que no es habitual en el sistema financiero es que te tengas que preocupar de que los intermediarios vayan a ser capaces de devolvértelo. Los bancos habitualmente le prestan dinero a otros bancos, y lo que se está desmoronando es básicamente el sistema mediante el cual venían haciendo eso: porque hay causas de preocupación de que algunos bancos son o bien insolventes, es decir, que en realidad deberían cerrar el negocio, o bien que están temporalmente sin liquidez, es decir, que tienen dificultades para obtener dinero efectivo. Estos dos motivos de preocupación hacen que ahora los bancos desconfíen a la hora de prestar dinero a otras instituciones financieras, y ahí es donde se está quedando congelado el sistema.
M: Pues sí que resulta una crisis fundamentalmente psicológica: quiero decir, no todas las crisis son así: un terremoto no tiene nada que ver con lo que la gente piensa de él, es un desastre sin más, pero esto tiene que ver en parte con las actitudes de la gente, parece: los miedos de la gente, tiene que ver con interpretaciones en parte racionales de lo que está pasando, y quizá también con interpretaciones irracionales.
S: Bueno, como sabes hemos discutido antes sobre la racionalidad y la irracionalidad, y aquí también se combinan las dos. Ciertamente no querrías prestarle dinero a una institución que está en bancarrota técnica, a un banco insolvente; yo no estoy seguro de si eso es un factor psicológico o no, porque hay algunas cuestiones complejas a tener en cuenta para determinar si alguien está efectivamente en bancarrota. La razón básica por la que decidí aplicar la psicología a la economía es que creo que en última instancia casi todos los procesos de decisión en economía están basados en creencias, y tienen por tanto una componente psicológica.
M: Bien, y entonces, ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Cuál es la psicología y la economía de cómo hemos llegado a esta crisis en concreto?
S: Hay muchos puntos de vista sobre eso, y muchas opiniones dependiendo de la perspectiva política, de cómo hemos llegado aquí. Pero si analizamos cuál es el problema básico, el problema básico es que los bancos no están seguros de a quién deberían prestarle dinero. En el meollo del problema está el hecho de que muchos bancos e instituciones financieras le prestaron dinero a gente que está comprando casas, e hicieron esos préstamos basándose en una creencia falsa: la creencia de que los precios de la vivienda subirían en todo caso. Así que en realidad no tuvieron el cuidado que deberían haber tenido en asegurarse de si esta gente sería capaz de pagar el préstamo, subiese o no subiese el precio de la vivienda—en otras palabras, ¿tenían ingresos suficientes para devolver ese préstamo? Bien, pues como no hicieron eso, y como los precios de la vivienda han empezado a bajar, pues han perdido dinero. Cuando le haces a alguien un préstamo con la suposición de que va a poder devolverlo, y no consiguen pagártelo del todo, pierdes dinero. Así que hay una importante cantidad de pérdidas por ahí. El problema es que no sabemos cuánto dinero se ha perdido, y más importante, no sabemos quién lo ha perdido.
M: Por volver un momento a la cuestión de la psicología: dices que la gente creía erróneamente que los precios de la vivienda siempre subirían; mi pregunta es, ¿por qué tenían esa creencia? Obviamente no es la primera vez que la vivienda baja. Yo no soy economista, no te puedo decir cómo de frecuente es que baje en toda la nación a la vez, de la manera que lo ha hecho ahora, pero parece claro que...
S: De hecho eso es lo que es infrecuente. Es algo que señaló Alan Greenspan cuando defendió la manera que había tenido de manejar la situación, que él creía que era posible que hubiese burbujas inmobiliarias en mercados concretos, pero no creía que fuese posible que esto fuese a darse a nivel nacional; de hecho, no tengo los datos pero es extremadamente raro, me parece que durante la Gran Depresión también sucedió, pero incluso entonces sospecho que los precios de la vivienda no se hundieron de modo catastrófico, desde luego no se acercó la caída ni con mucho al nivel de la que estamos viendo ahora, que según el índice Case-Shiller parece ser una caída de cerca de un veinte por ciento de su valor máximo.
M: Recuerdo haber leído una columna en Harper’s hace un año y medio o dos años, y el periodista decía esto se va a hundir con toda seguridad en un año o dos; está claro que algunas personas tenían la idea de que esto era posible; se relaciona esto con una cosa que me parece tenemos que tratar, que es que algunas veces parece haber más bien una voluntad de creer, vamos que no es que todo piense que realmente los precios de la vivienda van a seguir subiendo siempre, pero sí que piensan que otras personas lo piensan. No sé qué pensarás del componente social que tiene esto...
S: Es la esencia misma de una cuestión fundamental en teoría económica. Durante mucho tiempo, los economistas, y los economistas financieros en particular, han creído en la eficiencia de los mercados, es decir, que pensaban que los mercados encontraban el precio adecuado de los bienes. Y que en un mercado como el mercado de la vivienda, donde hay muchos compradores y muchos vendedores, los precios reflejaban el valor auténtico y real de las cosas.
M: A mí eso me suena un tanto ingenuo. Vamos, que parece claro que a lo largo de la historia ha habido muchos periodos en los que la gente efectivamente ha sobrevalorado determinados bienes. Como el pánico de los tulipanes, que quizá puedas hablar de eso luego, que parecía que todo el mundo estaba fumando algo, lo mismo, porque cuánto podía valer eso en realidad, mil dólares en dinero de ahora, o lo que sea; quiero decir que realmente hay casos en los que el mercado va su aire y está desconectado de la realidad.
S: Si, bueno, de hecho hay artículos de economía que cuestionan que incluso esas experiencias del pasado donde sí que parece que había periodos en que los precios estaban completamente disparatados, puede que no sea así retrospectivamente. La cuestión fundamental es que no tenemos ninguna teoría independiente para decidir cuánto valen las cosas. Así que no hay manera de someter a prueba, ni siquiera a toro pasado, si los precios estaban ajustados o no. Pongamos por ejemplo mi propia experiencia con Internet: mirándolo retrospectivamente, es cierto que los precios de todas las acciones de Internet se hundieron de modo catastrófico, pero el mero hecho de este hundimiento catastrófico no prueba que estuviesen mal valoradas en primer lugar. Puede que sólo haya sido mala suerte que cayesen de la manera en que lo hicieron. No hay ningún economista que crea que el mercado sea el sistema ideal de predecir el futuro: lo que sí sostienen los economistas es que es tan buen predictor del futuro como pudiera serlo ningún individuo.
M: Bien, pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Es una cuestión de que haya habido gente que ha sobrevalorado la vivienda?
S: Vamos a separar dos cuestiones aquí. Una, el hecho de que por este sistema de creencias de que los precios de la vivienda iban a seguir subiendo, los bancos hayan dado créditos que no deberían haber dado. Pero por seguir con este tema de la burbuja, mi investigación se centra en la cuestión de por qué creían estas cosas. Mira, podríamos entrar en una argumentación larga y complicada sobre esto, pero se puede resumir así: creo que el fallo en la teoría económica viene a ser al que apuntabas tú antes; es decir, los economistas creen que estos bienes tienen algo así como un valor inherente, y que los mercados están intentando averiguar cuál es ese valor. Pero si le preguntas a la mayoría de la gente cuál es el valor de una acción, o de una casa, no se lo plantean de hecho en términos de valor inherente: piensan en esto en términos del valor de reventa. Lo que vale un bien es lo que otra persona está dispuesta a pagar por él. Bien, pues los economistas desde hace tiempo han visto que esta es una manera de concebir las cosas, y la manera en que han tratado con esto es por vía de un concepto llamado "equilibrio racional"—"expectativas racionales". Así que la idea es, que si estás tratando de decidir, si estás tratando de predecir por cuánto puedes vender un determinado bien, entonces, si eres una persona racional, y presupones que la persona que lo va a comprar es también racional, entonces el precio que debería pagar debería ser exactamente igual al valor inherente del bien. Bien, pues creo que esta idea es errónea. Creo que de hecho, la gente no prevé que las demás personas van a comportarse de manera racional. Y lo que ocurre en concreto durante los períodos de burbuja, lo que la gente hace básicamente es observar que otras personas han pagado por ejemplo de más por determinado bien, pero al hacerlo han ganado mucho dinero, y esencialmente es el deseo de no ser menos que los Martínez, la observación de que si alguien está ganando dinero y básicamente no es más listo que tú, pues entonces tú deberías ser capaz de hacer lo mismo y ganar dinero igual. Y entonces lo que ocurre es que los bancos, como lemmings, van empujando hacia adelante, más y más, prestando a individuos cada vez menos de fiar unas cantidades de dinero más grandes de lo que deberían. Así que el problema número uno es que los bancos han prestado demasiado dinero y han perdido dinero. El problema número dos es que, como he dicho, no sabemos quién ha perdido dinero, y no sabemos cuánto han perdido. Eso es porque los precios de la vivienda tienden a bajar despacio; no sucede como se ve a veces en los mercados financieros donde los hundimientos pueden ser catastróficos; en 1987 la bolsa perdió de hecho más del 23% de su valor en un día solo: eso no lo vemos en los mercados de la vivienda.
M: ¿Será eso porque los individuos piensan, "no voy a perder más de 25.000 dólares en esta casa, por mucho que...", así que la cosa se vuelve estática, porque la gente no quiere vender, los compradores no son realistas, y los vendedores no son realistas, y nada se mueve—¿es eso básicamente lo que pasa?
S: Exactamente. Y esto es un concepto psicológico muy interesante e importante llamado el efecto de posesión, efecto de posesión combinado con una cosa que se llama aversión a la pérdida; la idea básica es que la gente valora más las cosas que posee que las que no posee, y somos muy aversos a aceptar la pérdida de algo que nos pertenece. Antes que vender una casa perdiendo dinero, la gente está dispuesta a esperar un periodo de tiempo muy largo con la esperanza de que al fín conseguirán que alguien pague al menos lo que les costó a ellos en origen. Así que esa es la razón por la que los precios de la vivienda se van ajustando mucho más despacio que por ejemplo los precios del mercado financiero, porque la gente vive en sus casas, y de esa manera pueden justificarse a sí mismos el no venderlas durante un periodo de tiempo que es más largo. Pero en última instancia, claro, las razones por la que la gente acaba vendiendo la casa son las razons por las que la gente vende casas: se mudan, cambian de trabajo, quieren una casa más grande para su familia, y en algún momento dicen, sabes qué, ya he esperado bastante, voy a tener que aceptar lo que me venga.
M: Cuesta mucho tiempo llegar allí, me parece.
S: Sí, mucho.
M: Así que hay toda una serie de fenómenos psicológicos ciertamente corrientes en los que la gente no hace lo que predice la economía clásica. Vamos a hablar de ellos: acabas de mencionar el efecto de posesión, por ejemplo; también está esa curiosa manera en que la gente conceptualiza el dinero en términos relativos y no en términos absolutos—mi ejemplo favorito es que te cruzas la ciudad por ahorrarte veinticinco dólares en un microondas de cien dólares, pero en cambio no te cruzas la ciudad por ahorrarte los mismos veinticinco dólares en un televisor de mil dólares. La gasolina es la misma, tu esfuerzo es el mismo, y sin embargo la gente no lo hace. Así que ese es otro ejemplo en el que las decisiones que adopta la gente no parecen casar con la manera en que la gente habla de las cosas en la teoría económica normal, supongo. Me pregunto cómo ves tú esas cosas, eso en concreto o cuestiones relacionadas, por qué la gente ve el dinero a veces en términos relativos y no absolutos... me imagino que eso si que casa con la manera en que conciben el tema de los precios de la vivienda, que los veo relativos a lo que he pagado, y no a lo que podría valer en términos absolutos.
S: Sí, al parecer esto es responde a la manera general en que todos los organismos interpretan la percepción. La percepción funciona en términos relativos porque es más fácil para la evolución el programar a los organismos para que funcionen de esa manera—y esto se aplica a la manera en que percibimos el color, el nivel de sonido... se llama psicofísica, y parece ser que es sin más la manera en que nos funciona la mente.
M: En Kluge yo avancé una teoría algo diferente, no totalmente diferente sin embargo; que es que, quizá, ya que la misma idea de dinero es relativamente reciente en nuestra historia evolutiva, quizá no hayamos evolucionado para nada para pensar en dinero, quizá utilizamos otros mecanismos cerebrales para concebir el dinero, y el que me viene a la cabeza es la comida; creo que la riqueza es algo así como tener bastante comida, pero lo que pasa con la comida es que se estropea, y sin embargo un poco de comida más, podría suponer mucha diferencia, pero si tienes una tonelada más en lugar de sólo un poco, no supondrá mucha diferencia porque se estropeará al final, y eso parece ser una manera en la que la gente piensa en el dinero.
S: Bueno, por supuesto estoy de acuerdo en que el tipo de cuestiones con las que trataban los seres humanos cuando estaba actuando la evolución sobre nosotros eran muy distintas de las cuestiones con las que nos las vemos hoy. La explicación que propones ciertamente es plausible, y no es sólo que el dinero sea un concepto nuevo: la idea misma de ahorrar es un concepto nuevo, vamos: en la historia evolutiva no había en realidad ninguna manera de ahorrar, de guardar comida de una estación hasta la siguiente, la carne se estropea, el grano se estropea, así que el concepto mismo de pensar en el futuro de la manera en que los humanos lo hacen hoy en día, ahorrando un tiempo, es completamente ajeno a lo que hubiesen hecho los humanos en el Pleistoceno.
M: Eso hace surgir dos preguntas: si estamos de acuerdo en eso, en que gran parte de lo que pasa se debe a eso, a que el cerebro no evolucionó con el fin de hacer las cosas que se pide hacer a los consumidores modernos, una cosa es: ¿podemos hacer algo al respecto? ¿Podemos hacer algo con los individuos consumidores para ayudarles a comprender? Y en términos más generales, ¿qué podemos hacer ahora, con esta enorme crisis que tenemos ante nosotros?
S: Déjame que vuelva a lo que decías antes sobre la relatividad; de hecho es una anécdota graciosa que cuenta Danny Coleman, un psicólogo economista de Princeton, Premio Nobel hace unos años—lo que intento enseñarles a mis estudiantes es el concepto de jiu-jitsu psicológico, que es utilizar en beneficio propio estos defectos que hay en los procesos de toma de decisiones, pero claro, para hacer esto tienes que saber primero qué es lo que quieres lograr. Lo que cuenta Danny Coleman es que cuando obtuvo una plaza en Princeton, él y su mujer iban y buscaban una casa, se compraron una casa nueva, y le dijo a su mujer que quería que ella hiciese todas sus compras de mobiliario el mismo día en que compraban la casa. Su lógica era como sigue: el calculaba que su mujer querría gastar en muebles mucho más de lo que él querría probablemente gastar, pero se daba cuenta de que si se hacía junto con la compra de la casa nueva, crearía este cálculo mental por el cual la cantidad de dinero se vería en relación al precio de la casa; y obviamente, el precio de los muebles en relación con el precio de la casa es relativamente pequeño, y si compras muebles, ya sabes, los muebles son caros pongamos en términos absolutos, y él veía que esto sería una manera de conseguir los objetivos, tener muebles en la casa, dejar contenta a su mujer, y lo más importante quedarse él tranquilo al hacerlo: es una historia perfecta sobre cómo utilizar este mecanismo relativista de una manera positiva.
M: Ajá, eso es algo que uno puede hacer a nivel individual. Pero, ¿qué podemos hacer como sociedad? Ahora mientras estamos hablando el Senado está discutiendo este plan de rescate, luego tiene que volver al Congreso si pasa el Senado, ¿qué harías tú en ese caso, qué clase de proyecto de ley propondrías? ¿Apoyarías el plan de rescate? ¿Hay alguna manera en que se pueden usar los conocimientos psicológicos para mejorar lo que hay ahora sobe la mesa?
S: Permíteme que vuelva y termine de explicar el segundo punto sobre lo que está pasando. Por una parte estos bancos que han perdido dinero no están seguros de quién ha perdido cuánto dinero, por el período de tiempo que lleva el desarrollo de estos procesos; pero hay otro ingrediente en lo que está sucediendo, y creo que es el más problemático. Es el siguiente, por usar una metáfora diferente... Las instituciones financieras son como alpinistas. El alpinismo conlleva ciertos riesgos, y cada individuo trata de controlar ese riesgo lo mejor que puede; bien, pues lo que hacen los alpinistas es atarse unos a otros, y eso ayuda a que si uno se resbala y cae lo ayuden sus compañeros alpinistas. En esencia, lo que ha hecho el sistema financiero durante los últimos diez años ha sido crear, por vía de esto que llaman "derivados"—bueno, emplean muchos otros nombres para referirse a esto—la gente habrá oído hablar de estas cosas llamadas transferencias de riesgo de crédito (credit default swaps), son un tipo de derivado, lo puedes concebir básicamente como una póliza de seguros, puedes concebirlo como apostar sobre seguro, pero a fin de cuentas de lo que se trata con estos derivados es como si los alpinistas se hubiesen atado unos a otros de mil y mil maneras diferentes, así que tienes una masa enorme de alpinistas todos atados unos a otros de manera estrecha y complicada. Bien, pues el problema que esto crea, es que es más difícil que un individuo se caiga, pero si uno por fin se cae, tiende a arrastrar a todas las demás instituciones. Y creo que la causa inmediata de los problemas que estamos viendo en los mercados de crédito ahora mientras hablamos es que la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro (el Banco Central y el Ministerio de Economía de EE.UU.), por razones muy legítimas, decidieron dejar que Lehman Brothers se viniera abajo. Y el problema fue que el hundimiento de Lehman Brothers fue lo que llevó a todas estas instituciones financieras a darse cuenta lo estrechamente atadas que están unas con otras, y esto ha creado un miedo enorme.
M: Me parece que los contribuyentes ya querrían soltarlos a todos, sólo que quizá no se dan cuenta de cuáles podrían ser las consecuencias de eso...
S: Exactamente... Así que antes siquiera de pasar a un análisis de lo que propondría que debería pasar, vamos a dedicarnos un poco más a analizar lo que ya ha pasado. Mientras hablamos, el Senado está examinando el proyecto de ley que fue rechazado el lunes por el Congreso. ¿Por qué rechazó el Congreso este proyecto que según la Reserva Federal, el Departamento del Tesoro, la administración y los líderes del congreso, todos dijeron que era absolutamente necesario para el bienestar y continuidad de nuestra economía? ¿Por qué se negaron? Bien...
M: Probablemente tiene que ver con el hecho de que es un año electoral, y pensaron que sus votantes se enfadarían...
S: Los votantes están muy enfadados con esto, pero lo llamativo es que después de la votación... eso era antes de la votación, todo el mundo decía que estaba la cosa un 95% de gente en contra, y sólo 5% a favor, pero después de la votación resulta que las reacciones de los votantes a lo de los congresistas estaban más o menos al 50%. O sea que la gente reconoce que algo hay que hacer. M: Bueno, ¡es que el mercado cayó en seguida setecientos puntos, y a la gente le llegó un mensaje con eso!
S: Seguro que algo tuvo que ver también. Esto me recuerda mucho uno de los procedimientos estándar que se emplean en un área llamada economía experimental, a veces lo llaman teoría del juego aplicada al comportamiento; hay un jueguecito que hacen que se llama "el juego del ultimátum", muy sencillo. Hay dos participantes en el juego del ultimátum; se les ofrece la ocasión de repartirse una cantidad de dinero, pongamos cien dólares; y los dos jugadores adoptan roles distintos. Un jugador es el que propone, y le ofrece al otro jugador una parte de la cantidad—treinta, cuarenta, cincuenta dólares, lo que quiera ofrecer. El otro es el respondedor, y sólo tiene una elección: o dice sí, en cuyo caso acepta la oferta y se divide el dinero según propuso el primero, o decir no, en cuyo caso ninguno de los dos se lleva nada de dinero. Bien, pues la teoría económica estándar dice—piénsalo desde el punto de vista del respondedor, el respondedor tiene la elección de, supongamos que el proponedor ofrece un dólar, de cien; el respondedor puede decir sí, en cuyo caso obtiene un dólar, o puede decir no, en cuyo caso no obtiene nada. Viene un economista y dice, es un problema muy sencillo, un dólar es mejor que nada, debería decir que sí y coger el dólar. El problema es que de hecho parece ser que los humanos no pensamos así...
M: Hep, acabas de admitir que los economistas no son humanos...
S: Los economistas... Je, hay un artículo que se plantea si estudiar economía vuelve a la gente más egoísta...
M: Sí, lo conozco.
S: Y la respuesta es que sí. Y quizá sea parte de la razón, aunque es un tipo de egoísmo interesante. Porque la gente rechaza esto; la razón por la que la gente rechaza las ofertas que considera injustas es que la gente le tiene aprecio a la justicia. Así que la gente está dispuesta a emprender una acción que les daña a ellos mismos, renunciar a un dólar gratis, sólo por perjudicar a alguien que consideran se está comportando de manera injusta.
M: Creo que ya veo por qué los contribuyentes se enfadan, no quieren que su dinero vaya a la gente que la cagó.
S: Exactamente, la gente ve esto como una situación muy injusta. Pues durante los noventa y a principios de los dos mil, estos banqueros inversionistas iban ganando cantidades enormes de dinero, y la gente en términos generales lo aceptaba porque consideraban que cumplían una función necesaria para el país. Ahora que han perdido mucho dinero, la gente dice, "a ver si lo he entendido, esta gente ha ganado diez, veinte millones de dólares, ¿y están arruinados? ¿Y ahora quieres que yo le dé de mi dinero a estos tíos que han estado ganando....? ¡Que no, coño!"—Así que aunque la gente reconoce que va a tener consecuencias para ellos, prefieren cargar con las consecuencias, sólo por castigar a la gente que se ha comportado de manera inadecuada.
M: Sí, se parece bastante al asunto ese de Robert Frank del Día del Juicio final que hablábamos, que la gente se entrega voluntariamente, bueno, quizá no voluntariamente, pero se entrega a estados emocionales que les pueden perjudicar sólo por tener una amenaza que sea creíble. Así que en cierto modo es racional que el contribuyente diga, "estoy dispuesto a sufrir yo mismo, con tal de que los que nos van a atracar no lo consigan otra vez".
S: Sí, es cierto, y creo que lo que puede sacarse en limpio de todo esto, y voy a dejar claros mis propios prejuicios, soy partidario de Obama, socialdemócrata, y lo que opino es que la gente va a extraer de todo esto que la regulación es esencial para el funcionamiento adecuado del mercado libre. Y un cierto tipo de rabia, encauzada adecuadamente, hará que el sistema político imponga el tipo de regulación que se hace necesaria para que esto no pase otra vez.
M: Aquí es donde yo dudo de la racionalidad de los votantes. Debería llevarles a eso, estoy de acuerdo con tu punto de vista político, en que la regulación es fundamental, y sin embargo, si miras a las encuestas, Obama sólo lleva una ligerísima ventaja, y si la gente se plantease esto en serio y pensase en las consecuencias, deberíamos ver un trasvase en masa a la izquierda, debería un montón de gente decir, hemos apoyado a la derecha, mira dónde nos ha llevado, deberíamos desplazarnos a la izquierda, introducir más regulación. Pero el efecto en el tamaño de las encuestas es muy pequeño, sí, hay un desplazamiento hacia Obama, pero del tres o cuatro por ciento, no del diez o del veinte.
S: Bueno, recuerda que estos acontecimientos han pasado en un periodo de tiempo muy breve, no está claro cómo van a resultar las cosas. Volviendo a este tema, es como las fases clásicas del dolor y la pena: la primera reacción de la gente es de rabia, de negación de lo que ha sucedido...
M: Y luego llegamos a la negociación. S: Claro, ya hemos dicho que la gente está dispuesta a hacerse daño a sí mismos por perjudicar a quienes se han comportado mal, pero eso también tiene un límite, la gente no se va a pegar un tiro en la cabeza porque alguien ha hecho algo que no les gusta. Así que creo que la gente se está enfrentando por fin a la realidad de que algo hay que hacer con esto. Y yo sí que espero que el Congreso adopte alguna medida, porque habría miedo a las consecuencias de no tomar ninguna medida.
M: Creo que depende algo de cómo se comporte la bolsa, ya veremos. Cayó la bolsa, y todo el mundo se pone muy nervioso, luego sube un poco, y... —será interesante ver qué efecto tienen las oscilaciones del mercado bursátil, que son bastante extremas ahora mismo...
S: Es que es una de las cosas que me parecen más fascinantes. El plan del gobierno, si quieres entramos en los detalles del plan del gobierno, se basa fundamentalmente en esta idea: que hay un miedo psicológico ahí fuera, y que la consecuencia de este pánico es que los precios del mercado están desajustados, que los precios de estos bienes, estos bancos, estas hipotecas, estos derivados, estos derivados complicados basados en las hipotecas, no están adecuados a la realidad, porque la gente se ha lanzado a ponerles precios de rebajas. Y lo que es interesante es que esto es justo lo contrario de la teoría económica a la que se ha venido ateniendo esta administración, a saber, que los mercados son todo lo inteligentes que se puede ser a la hora de determinar el precio de los bienes. Así que aquí tenemos al Departamento del Tesoro, al frente del cual está el antiguo presidente de los CDO (Collateralized Debt Obligations), Goldman Sacks, la Reserva Federal, al frente de la cual está un economista académico muy destacado, y todos dicen, "bueeeno, es que los precios de mercado no son siempre necesariamente así de exactos..." Y lo que dices tú, y estoy de acuerdo contigo, es que a la vez la gente mira a la Bolsa, como un indicador de si las decisiones que ha tomado el gobierno son adecuadas o no... pues bien, aquí hay algo que no pega. O bien los precios de mercado son fiables, o no lo son. Y si no son fiables, que es en lo que se basan las medidas, pues entonces ¿para qué mirar a la bolsa para que nos diga qué tenemos que hacer? Estoy de acuerdo contigo en que la gente lo hace, sólo digo que es altamente incoherente que hagan esto.
M: Ya; yo creo que la gente que más o menos dirige el cotarro entiende que los precios día a día del mercado financiero no son el criterio relevante a tener en cuenta aquí, pero para el inviduo medio que no entiende los detalles de la economía, cuando la bolsa tiene un desplome que ha sido el mayor en no sé cuantos años, eso les impacta, si no entienden los detalles. Parte del asunto aquí es que los individuos no entienden lo que está pasando, es demasiado complicado con mucho, requiere formación especial.... Es un problema para la democracia, cuando no es razonable esperar que los votantes entiendan realmente lo que está en juego.
S: Es un asunto grande y complicado, estoy contigo. Insisto en que no tengo datos para apoyar lo que digo, pero la impresión que tengo es que ciertamente es un hecho que la mayoría de los estadounidenses tienen algún tipo de inversión en el mercado financiero, por vía de fondos de inversión o de un plan de pensiones, (IRA, individual retirement account), etc., pero el asunto es que la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza de este país en los últimos veinte o veinticinco años supone que la mayor parte del mercado financiero la posee un fracción relativamente pequeña de la población, y la sensación que tengo es que las caídas de la bolsa para nada les parecen a los individuos tan amenazantes como parecería sugerir ese tipo de análisis. Vuelvo al juego del ultimátum; y me parece que mucha gente ve las caídas en el mercado de acciones, y dicen, ya está recibiendo palos Wall Street otra vez, bien— se lo merecen. Pero sabes, el problema es que no pensarán así cuando pierdan empleos. La gente sí tiene una gran preocupación por su empleo, y lo interesante es que hasta ahora todo ha sucedido a este nivel que es muy difícil de entender para la gente, que tiene que ver con aspectos del mercado financiero con los que la gente no está familiarizada, que no tienen experiencia directa de ellos, les parece muy irreal; y lo interesante es que ha habido esta crisis enorme, vamos, la gente ha ido corriendo por allí como pollos sin cabeza, pero el impacto efectivo, tangible, en la economía ha sido muy difícil de observar; quiero decir, sí se han perdido algunos empleos, pero para nada siquiera al nivel de una recesión normal, por no hablar de la Gran Depresión, cuando el 25% de la población se quedó en paro. Estoy de acuerdo en que la gente no piensa de maneras demasiado refinadas, pero no son idiotas, sí que entienden lo que son sus experiencias directas, y creo que la gente sí que empieza a reconocer que hay una amenaza real para sus empleos, y por eso es por lo que las encuestas de opinión van cambiando en la dirección de "sabes, creo que sí que hay que hacer algo aquí"... Y aunque la gente esté enfadada, piense que es injusto.... vamos, llámame optimista si quieres, algo que normalmente no me dicen, creo que pasaremos por estos problemas y que la gente se enfrentará a estas cuestiones de una manera que no se ha visto obligada a hacerlo antes.
M: En términos de regulación.
S: En términos de hacer que el mercado financiero se regule para servir a la función que se supone que tiene que servir, que es hacer que el capital llegue de manera eficaz a las empresas que lo necesitan.
M: Bien, ahora vamos a remontarnos un poquito en la historia. He nombrado antes la cosa de los tulipanes; quizá podrías explicarles a nuestros oyentes lo que pasó entonces; también podríamos hablar del crack de 1929, ¿ves estas cosas parecidas, son parecidos los mecanismos psicológicos, o...?
S: Vale. Yo investigo sobre todo burbujas, burbujas financieras. Lo interesante de estas burbujas, y todo el mundo tiene una idea general de lo que es una burbuja—resulta que la definición técnica es un tanto difícil de hacer, pero, en sustancia, podemos decir que hay una burbuja cuando el precio de mercado de un bien está muy por encima de su valor real subyacente. Lo fascinante es que se vienen detectando estas burbujas desde que comenzaron de hecho los mercados financieros, en la Holanda del siglo XVII; los holandeses fueron en realidad los creadores de los mercados financieros—y resulta que los tulipanes eran una de las cosas con las que se comerciaba en Holanda a principios del siglo XVII. Y los precios de los tulipanes—lo que pasa con los tulipanes es que son apreciados los tulipanes por las variedades de colores que tienen, que son producidas por un virus, el virus del mosaico. Y este virus del mosaico no es un componente genético, y... por una conjunción de acontecimientos complicada, resulta que los tulipanes pueden diferir mucho en cuanto al color. Lo que pasó es que algunos tipos de colores se volvieron muy apreciados. Llegó al punto en que algunos tulipanes se vendían por el precio de una casa cara en Amsterdam, o por el precio de un barco. No hace falta decir que esto no era una situación muy sostenible, y en poco tiempo, menos de un par de años, los precios de los tulipanes cayeron de forma dramática.
M: ¿Sabes si hubo escépticos que dijeron, oye, mira, que esto es sólo un tulipán...?
S: En cada una de las burbujas que ha habido, ha habido escépticos, que han dicho, "esto es ridículo"... Lo que pasa es que conforme va pasando el tiempo quedan desbordados cuando se observa que se han equivocado. Y esto lo puedo decir por experiencia propia: como te he dicho, yo era socio de un banco que se especializaba en empresas de tecnología, y una de las cosas por las que aspiraría yo a ser famoso es por un correo electrónico que le envié a mis socios en diciembre de 1999, prediciendo que el fin estaba cerca, que la cosa iba a ser una catástrofe... claro, esa predicción resultó ser exacta, pero fue ignorada por mis socios. Y por ser sincero, una de las razones por las que la ignoraron es porque yo ya había hecho esa predicción antes, probablemente la había hecho en el 98, el 99, quizá incluso ya en el 97. Y como pasa con el pastorcillo mentiroso, cuando los precios continúan subiendo, todo el mundo que ha dicho que van a parar de subir resulta que no tenía razón. Y básicamente el fin está cerca cuando todo el mundo está de acuerdo en que los precios no van a bajar. Ahí es cuando te equivocas.
M: Esto a lo que me recuerda es a esa escena al final de Annie Hall cuando el tipo está hablando con un psiquiatra y le dice que necesita ayuda para su hermano, que cree que es una gallina, y le pregunta, ¿por qué no lo traen a psicoterapia? —y contesta, "Es que necesitamos los huevos". Es un poco eso lo que pasa con el mercado; yo tuve esa sensación en el 2000, con la burbuja de las puntocom. Yo siempre pensé que eso estaba sobrevalorado, me parecía una ridiculez, esas compañías no tenían gran cosa en cuestión de infraestructuras reales, y demás, pero al final pensaba, oye, igual me debería meter yo también a coger huevos, todo el mundo está cogiendo huevos, igual debería hacerlo yo también... y tenía una sensación de tensión todo el rato.
S: Claro, y eso tiene relación con mi punto de vista sobre lo que has dicho antes sobre la importancia de los valores relativos. Es absolutamente cierto: la gente compara sus circunstancias, compra precios, con otras cosas; todo es relativo. Una de las cosas más importantes que son relativas es la comparación entre nosotros mismos y otras personas, los procesos de comparación social. Y creo que esa es la gasolina de reactor que hace que las burbujas se hagan grandes de verdad. Es que, no sé quién lo decía, pero no hay nada más deprimente que ver cómo se hace rico tu cuñado. Y el hecho de que tus vecinos estén hablando todo el rato del dinero que han ganado con tal o cual, o cuánto dinero han ganado comprando la casa, tiene en la gente un efecto psicológico verdaderamente importante. Y creo que los economistas subestiman lo importante que es este impacto.
M: Mi perspectiva sobre eso es que una de las kluges que hay en la mente, una de las torpezas de la evolución de nuestra mente, es que hemos nacido básicamente para pirrarnos por los timos tipo pirámide—la locura de los tulipanes, la burbuja puntocom, todos parecen básicamente variantes del timo de la pirámide, y precisamente por la razón que has señalado, que no hay nada más doloroso que ver que tu cuñado gana más dinero, así que ves que tu cuñado se ha metido, y te quieres meter en lo mismo. Y es genial para los primeros cien, o mil, que lo hacen, pero al fin los recursos se acaban... es una estrategia que no puede seguir todo el mundo. Si todo el mundo lo hace es porque lo hace el cuñado y no está ligado de modo realista al valor de los bienes, y al final, se rompe la pirámide.
S: Cierto. Pero como en todas estas cuestiones, tienes que mirar los dos lados de la cuestión. Lo que yo he observado es la importancia de la imitación. Los humanos somos animales muy imitativos, y esto se remonta a la Antigüedad, Aristóteles hizo la observación de que el ser humano es imitativo, que para los humanos no hay nada más fundamental que imitar... M: Y la literatura psicológica de los dos últimos años, comparando a los humanos con chimpancés, lo confirma de verdad; los humanos se unen mucho más que los chimpancés.
S: Sí, y hay pruebas neurológicas de que el cerebro está diseñado para ayudarnos con esto de la imitación a un nivel muy fundamental. Así que—vaya, según lo veo yo, esto que hacen los humanos es una cosa muy adaptativa; y lo puedes entender con una metáfora muy sencilla, que es, vas por la jungla, andando por un camino, y de repente viene uno de frente corriendo y gritando de terror—pues parece una cosa muy racional darse la vuelta y correr que te cagas. No tienes ni idea de lo que ha visto ese tipo, pero la imitación en este caso parece bastante racional. El problema es que tienes que reconocer las circunstancias en las cuales no sería irracional. Y los mercados financieros son exactamente el tipo de situación en la que tenemos una fuerte tendencia a imitar lo que hacen otras personas, en concreto a las personas que parece que tienen una idea de lo que están haciendo, es una cosa básica que hacemos, seguir al experto se llama, es una regla práctica heurística que emplea la gente para decidir cómo comportarse. Y sí que es una idea que tiene cierta plausibilidad exteriormente. Hacer lo que hace Warren Buffett, que es el inversor con más éxito de todos los tiempos, parece ser algo que tiene mucho sentido. El problema es la manera en que funcionan los mercados financieros. Esto sólo tiene sentido si puedes hacerlo exactamente a la vez que lo está haciendo la otra persona, y la realidad es que no se puede. Así que creo que es esta tendencia a la imitación, que en muchas situaciones es perfectamente funcional, pero que en el caso particular del mercado financiero crea todo tipo de problemas. Y ya ves, ahí está la tensión, ¿es racional, es irracional? Lo que es racional en algunas circunstancias es irracional en otras. El problema es decidir dónde está la raya...
M: Es como ese viejo dicho de que "para el que tiene un martillo, todo le parecen clavos". Tenemos este mecanismo que nos hace ser muy imitativos, pero no se nos da muy bien entrenarnos para cuándo usarlo y cuándo no. ¿Tenemos que hablar de una regulación del gobierno, que nos marque algún tipo de límites, o de maneras de educar a la gente, para que se den cuenta de que están haciendo esto y a lo que se arriesgan? La alternativa me parece a mí que es, aunque esta estrategia es racional parte del tiempo, pero nos va metiendo continuamente en estos estas burbujas, estos timos piramidales y demás— esto también se relaciona con lo que hemos hablado otras veces, lo que llamamos el efecto de "mejor que la media": que la gente piensa, "a otros los van a timar, pero a mí no, yo sé lo que estoy haciendo"... y así muchos piensan que no los van a timar viendo esto.
S: Sí, bien, y tampoco perdamos de vista una cosa que muchos economistas sí que han perdido de vista, y que es—la incertidumbre de base que subyace a toda decisión económica. John Maynard Keynes decía algunas cosas interesantes sobre esto. Y de hecho señala que es una de las razones por las que tiene muchísimo sentido que la gente se imite; decía en sustancia, mira, nadie sabe lo que va a valer tal o cual producto financiero en un periodo de tiempo largo, es absolutamente imposible de predecir, y en estas circunstancias tiene perfecto sentido que la gente mire alrededor y diga, oye, igual alguien tiene más idea que yo de lo que está pasando aquí, y que les diga lo que está haciendo. Tomar decisiones que son abstractas y racionales sobre la manera en que alguien debería comportarse en situaciones económicas futuras... es extraordinariamente difícil.
M: Tengo una pregunta, Eric. Ya sé que los economistas, o la gente del mundo financiero, tendéis a desacreditar el funcionamiento de algo en el pasado como una manera de predecir su funcionamiento futuro, pero viendo el pasado de la especie, vemos que la gente tiende a caer en estos timos piramidales una y otra vez....
S: Sí, eso es cierto.
M: ... y parece ser propio de la especie. Podríamos discutir si en conjunto los mecanismos subyacentes que llevan a eso son buenos globalmente para la especie, pero no hay duda de que estas cosas son recurrentes, vamos, han pasado dos veces en los últimos cinco o seis años, y varias veces en los últimos cien años. Y no es sólo estas cosas, sino también los timos piramidales en sentido literal, cuando la gente compra Tupperware o lo que sea, vamos que es un rasgo recurrente en la especie humana. Ya sabes que se dice que una gente que no conoce su historia está destinada a repetirla. Y sí, conocemos la historia, y el pasado no es una garantía del comportamiento futuro, pero yo me atrevo a predecir y no es que sea muy arriesgado, que cuando se disipe el polvo de todo esto, habrá otro timo piramidal o una cosa de este estilo que pasará antes de que pasen diez años. Habrá algo que vaya subiendo en la subasta, quizá la biotecnología, u otra cosa, y luego caerá abruptamente. Así pues, ¿qué hacemos con esto? Visto desde la perspectiva del gobierno, la regulación es, claro, parte de la cuestión. ¿Quieres hablar más sobre la regulación, y luego si sugieres otra cosa?
S: Antes de pasar a los del gobierno, déjame que lo hable desde el punto de vista de un particular. Yo soy, era, sabes, banquero inversionista, mucha gente me pedía asesoramiento financiero, y mi asesoramiento de hecho es muy sencillo. El americano medio debería ahorrar todo lo que pueda, y debería hacerlo en una cartera variada que combine acciones y bonos, un índice...
M: Estas semanas en concreto eso sería bastante para ponerte de los nervios. No entraré mucho en mi caso, de mi situación financiera particular, pero me he apoyado bastante en bonos garantizados (FDIC), porque parece tan grande el riesgo, la volatilidad del mercado tan alta...
S: Bueno, por eso es tan difícil dar este tipo de consejo, porque depende de factores colaterales, como... bueno, de esto no hemos hablado, pero te aconsejaré, ¿eres profesor titular, no? M: Aha.
S: ...o sea que no te tienes que preocupar mucho por la posibilidad de perder tu trabajo, algo que no es el caso del americano medio; dado eso, y también el caso de que a los profesores en general nos gusta lo que hacemos, no tenemos mucho miedo de trabajar más tiempo, así que la jubilación no es un problema tan grande para nosotros, pero el americano medio se tiene que preocupar por su trabajo, y por su jubilación... por una parte esto podría tomarse como argumento para coger una opción más segura, pero esto se relaciona con lo que he comentado de ahorrar lo más posible, y sabes, un problema básico al que se enfrentan los americanos es que no estamos ahorrando bastante, en este país, y eso también ha sido una consecuencia de la burbuja. Porque la gente pensaba que estaba ahorrando dinero, pensaba que lo estaba ahorrando en forma del valor que tenían sus casas... y claro, esos precios de la vivienda no se están manteniendo. Y lo que pensaban que estaban ahorrando resulta ahora ser una ilusión.
M: Pero como nación, digo, tampoco tenemos los datos, pero como nación tampoco es que estuviésemos tanto por la estrategia del ahorro incluso antes de la burbuja, siempre hemos sido una nación que ha vivido un poco de la mano a la boca...
S: No, históricamente no; los Estados Unidos eran ahorradores muy buenos, tampoco llegando a las tasas de ahorro que se han visto en algunos países asiáticos por ejemplo, pero vamos, con valores bastante altos. Es sólo en los últimos quince años o así cuando han caído los índices de ahorro de modo tan dramático. De hecho, más recientemente han caído hasta cifras negativas; la gente estaba ahorrando menos, desahorrando, estaban gastando más de lo que ganaban. Yo personalmente, y vamos, parte de esto será sólo por mi naturaleza, yo sí que soy ahorrador por costumbre, y no es para nada una idea nueva, Dickens desde luego escribió sobre esto y seguro que hay referencias más antiguas que podría traer a colación, pero vamos, la receta para la felicidad es gastar menos de lo que ganas, y lo sorprendente es que parece que eso a la gente se le ha olvidado, y francamente....
M: Las tarjetas de crédito son algo que se alimenta de una cuestión primordial que la gente parece que no capta, tienen que ver con un descuento futuro, que es una frase célebre en teoría económica, la gente usa las tarjetas y se vuelven chiflados, creo que decían que la deuda media de cada tarjeta es de 10.000 dólares por persona, en América....
S: Una cosa tremenda. Y mira, una observación básica: las empresas han sido mucho más avanzadas, saben más sobre los mecanismos psicológicos que llevan a los individuos a tomar decisiones, más que los propios individuos. Las empresas tienen fuertes incentivos para animar a la gente a adoptar decisiones que van a favorecer a las empresas, pero no necesariamente a esos individuos, y esto es una verdad de cajón en la industria financiera. Hay dos ingredientes en el consejo que doy: uno es cuánto deberías ahorrar, todo lo que puedas, cosa que no hace la mayoría de la gente, y por cierto observaré que cuanto más ahorres, o sea cuanto menos gastes, menos expuesto estás a las fluctuaciones de precios por situaciones cambiantes del mercado. Si estás ahorrando mucho dinero, gastando mucho menos de lo que ganas, no importa tanto si el precio baja temporalmente o no...
M: El precio de la propiedad inmobiliaria.
S: El precio de la propiedad inmobiliaria, de las acciones... de lo que sea. Mucha gente ha señalado ya que, para la mayoría de la gente que ahorra para la jubilación, aunque tengas mi edad, cuarenta y seis, yo no me voy a jubilar hasta dentro de veinte años, oye, eso es mucho tiempo en términos financieros. Y los datos hacen pensar muy mucho que, pase lo que pase en el mercado hoy, grandes fluctuaciones, lo que sea, no significa mucho en términos de un lapso de tiempo de veinte años. Mucha gente tiene esta tendencia al... llamémoslé pánico, o a reaccionar intensamente a circunstancias como estas, y es un error. En términos financieros, la gente estará mucho mejor si no hace nada.
M: ¿Piensas que esa tendencia a mirar a corto plazo y no a largo plazo es algo que les está sucediendo a la Tesorería, o a Wall Street, o a Washington? ¿Crees que se equivocan cuando...? —el problema es que están tratando este tema básicamente a corto plazo pero obviamente piensan que va a tener consecuencias a largo plazo si no se corrige, pero, ¿crees que hay algún riesgo allí de que la gente esté reaccionando a cuestiones como transitorias, mientras que sería mejor que respirasen hondo y pensasen si esto se va a quedar más equilibrado a largo plazo?
S: De modo casi invariable, pienso, sucede eso. Sabes, una de las cosas que tiene la democracia, vamos, que es bueno y malo en la democracia, es que los gobiernos democráticos son altamente sensibles a los deseos de los votantes. Y el problema es que el votante medio piensa a corto plazo, y es muy natural por tanto que el gobierno también se centre en las cosas a corto plazo. Además hay lo que se llama un problema de agentividad; un político, que va a tener una carrera de diez o quince años, no se va a preocupar mucho de lo que pase después de que se haya ido.
M: Quería preguntarte, tienes razón en que los votantes siendo seres humanos mortales se van a centrar más en cuestiones a corto plazo y demás, y entonces Paulson y Bernanke podríamos decir que se están dejando fuera algún aspecto del panorama completo?
S: Bueno, aquí hay un toma y daca, claro que pienso que la gente se está centrando demasiado en lo que pasa a corto plazo, déjame que te ponga un ejemplo, esta expresión tan de moda estos días, "riesgo moral"—¿qué es el riesgo moral? Es la observación de que si alguien tiene razones para creer que si la cosa se pone muy fea, alguien va a saltar al ruedo y ayudarles, entonces es más probable que asuman riesgos mayores, dicen "bueno, qué es lo peor que puede pasar, que si todo va mal va a venir uno y me ayudará"—o sea, el gobierno. Así que se ha hablado mucho de este problema del riesgo moral, y es un problema real, de hecho podría decirse que el riesgo moral ha llevado en cierta medida a la situación que vivimos hoy, pero al mismo tiempo, todo el mundo—Bernanke dijo al parecer que en una crisis financiera no hay ideólogos—creo que podríamos interpretar esas palabras como decir, en una crisis financiera nadie se va a preocupar por el riesgo moral, que es una cuestión a largo plazo; nos vamos a ocupar de lo inmediato hoy.
M: De eso van a tomar buena nota quienes quieran arriesgarse en el futuro, que hay una oportunidad de que el gobierno acuda al rescate...
S: Claro, claro, es que ese debate se ha terminado, el debate sólo funciona en la medida en que la gente de hecho no aprenda del pasado. Porque está tan claro que lo que pasará es que el gobierno desde luego intervendrá cuando la gente fracase, que esa lección la van a aprender. Quiero volver a una cuestión anterior, que es una parte esencial de mi argumento de por qué los mercados financieros funcionan de la manera que funcionan. Dije que tenía sentido imitar lo que hacen otras personas y bueno, que en los mercados financieros eso quizá no sea tan cierto: fíjate en lo que pasa en los mercados financieros: si tú como individuo particular pierdes dinero, por haber tomado alguna decisión tonta, pues has perdido dinero y nadie te ayudará a salir. Pero si pierdes dinero haciendo lo que han hecho montones de gente, por ejemplo cogiendo una hipoteca más grande de lo que te puedes permitir en realidad, pues mira: viene el gobierno y te va a ayudar. Y esto es una razón adicional por la que tiene es perfectamente racional, desde una perspectiva individual, hacer lo que está haciendo todo el mundo, aunque parezca que están haciendo una tontería.
M: Otro ejemplo de eso creo es la gente que vive cerca del agua y no se abre un seguro contra inundaciones o contra huracanes.
S: Sí, un buen ejemplo.
M: Es otro caso en el que el gobierno acude al rescate, porque le sucede a un montón de personas.
S: Por supuesto. ¿Y qué puede hacer el gobierno al respecto? Pues es una pregunta muy difícil. Yo pienso que... a ver, por identificar los elementos realmente nocivos que hay aquí. Estoy debatiendo estos días con unos amigos—vivo en una comunidad de renta muy alta, así que tengo bastantes amigos republicanos, conservadores—y lo que piensa la gente en general en este ambiente es que se puede culpar del problema a Fannie Mae, Freddie Mac, y demás, a las empresas patrocinadas por el gobierno (GSEs). Y creen esto básicamente porque las GSEs relajan sus instrumentos de control para los préstamos. Esta argumentación la encuentro curiosa, pero sí diré que el concepto mismo de las empresas patrocinadas por el gobierno tenía un fallo de entrada; son unas instituciones semipúblicas, semiprivadas, y cuando le das a un individuo una serie de instrucciones sobre objetivos a alcanzar, y los objetivos son contradictorios entre sí, te van a surgir todo tipo de problemas. Yo creo que... Yo soy capitalista, y pienso que el mercado en general funciona mejor cuanto más le dejas hacer por su cuenta; parte de la razón para estas empresas patrocinadas por el gobierno es que el gobierno quería aumentar el índice de propietarios de viviendas, y eso es una buena idea, pero me parece que hubiera sido mucho mejor que el gobierno se encargase de eso directamente... punto uno. Punto dos: particularmente creo que la razón profunda, el auténtico problema por el que nos encontramos en tan mala situación ahora, es que el gobierno, explícitamente y deliberadamente, renunció a regular estos derivados, en un momento en el que todavía eran una parte muy pequeña del mercado...
M: ¿Le puedes recordar a nuestros oyentes en qué época se tomaron ese tipo de decisiones? ¿Cuándo se discutió la posibilidad de regular los derivados, y... ?
S: Bien... la tendencia natural de los mercados financieros es a innovar. A la gente se le ocurren ideas, maneras distintas de proporcionar capital a otra gente, y venden estas innovaciones. Así que el problema con la regulación es que es muy difícil seguirle el paso al dinamismo de creación de ideas que hay en el mercado libre. Un ejemplo es la idea esta de las Transferencias de Riesgo Crediticio. No sé exactamente cuando apareció la idea, lo que sí se es que hace veinte años no existían, y hace como unos diez años alguien tuvo la idea de desarrollar esto... no sé si quieres que entre en qué tipo de cosa es exactamente, estaban pensadas como una especie de seguro. Pero el problema es que hace tiempo nos dimos cuenta en este país de que los seguros necesitaban una regulación muy estricta, porque los seguros se basan en una promesa de lo que va a pasar en el futuro, y es muy fácil hacer promesas, pero no tan fácil cumplirlas. Así que lo que hicimos es que toda la industria del seguro está extremadamente reglamentada, sobre todo a nivel de los estados. Esto era un tipo de seguro que puesto que se consideraba se establecía entre dos contratantes muy entendidos en la cuestión, un banco y un banco de inversión, un fondo de cobertura y un banco, por eso la teoría era que, bueno, estos tíos deben saber lo que hacen...
M: Los tiempos en los que los Republicanos dejaban a los adultos hacer lo que quisieran por consentimiento mutuo....
S: Je, je... exactamente... Así que hacia sería más o menos diciembre de 2000, se aprobó un proyecto de ley, llamada ley de Intercambio del Futuro de los Bienes de 2000 o algo así, y esa ley explícitamente decía, no vamos a regular estas cosas. Creo que fue un error espantoso sin más, un error espantoso, y tenemos que volver atrás y cambiar eso; no podemos permitir esta clase de sistema, precisamente porque, como he dicho, la consecuencia fue que todas estas instituciones se interconectaron tan estrechamente que ya no puedes permitirte que ninguno quiebre, por las consecuencias que tendría para el sistema en su conjunto. Bien, pues la cuestión más de fondo de cómo nos aseguramos de que no se den estas burbujas en un futuro, es en realidad lo que estoy intentando determinar ahora mismo; opino lo mismo que tú, opino que son una característica invariable... no un fallo puntual, de los mercados financieros.
M: —Y de la gente...
S: Y de la gente. Los dos tenemos estudios de informática, así que... Esto no es un bug, que es como los economistas lo conciben, en la medida en que aceptan que ocurre siquiera; es una característica. Es realmente la forma en que funciona el mercado.
M: Yo le daría la vuelta, y diría, es un bug de la mente que lo convierte en una característica del mercado. Es un fallo de la mente el hecho de que podamos chiflarnos por estas cosas, y eso es lo que hace que se convierta en una propiedad inevitable del mercado.
S: Sí, sólo que, este es el aviso que hay que tener en cuenta sobre eso, es un fallo de sistema desde una perspectiva individual... se puede sostener que las decisiones son racionales; las decisiones que llevan a las burbujas son perfectamente racionales...
M: Porque todos necesitan los huevos.
S: ... el problema es que desde el punto de vista colectivo no son racionales. Y como todos somos parte de la colectividad, pues a fin de cuentas resulta no ser racional, globalmente. Ese es el problema al que tenemos que enfrentarnos, y creo que es representativo de un tipo más amplio de problemas que los economistas, aunque hace tiempo que son conscientes de ellos, tienden a pasar de puntillas sobre ellos un tanto alegremente. Se llaman problemas de acción colectiva, o dilemas sociales. Y todos se basan en esta idea de que, sabes, tenemos todo tipo de modelos para situaciones en los que comportamientos que individualmente son racionales, no son racionales colectivamente.
S: La tragedia de los pastos comunes, es el libro famoso sobre este tema, sí, es un libro que tiene cuarenta años; creo que el problema es que los fundamentalistas del libre mercado en este país, que creen que el mercado siempre tiene razón, en realidad han evitado deliberadamente enfrentarse a esta cuestión de los dilemas de los bienes sociales comunes. Por supuesto no son los mercados el único ejemplo: las cuestiones del medio ambiente son otro ejemplo que es muy importante hoy; para mí, como individuo, es perfectamente razonable soltar todas las emisiones de dióxido de carbono que pueda, pero colectivamente se crea un auténtico problema. Así que ¿cómo tratamos estas cuestiones? Bien, pues la única manera de enfrentarse a los dilemas de la acción colectiva es precisamente a través de la acción colectiva, y el instrumento de la acción colectiva es el gobierno. Y me parece que el gobierno debería involucrarse de modo más activo en diversas áreas; la regulación es una de ellas, y aunque no he oído que la gente esté hablando de esto, esto es una de las razones por las que defiendo la necesidad de un sistema de impuestos progresivo. Mira, volviendo al juego del ultimátum: parte del problema que tenemos hoy es que la gente tiene la impresión de que Wall Street se aprovechó del sistema, y que ahora está intentando de modo injusto volver otra vez y pedir más. Y esto hace que la gente esté muy descontenta. La idea del sistema fiscal progresivo es que cuando teníamos a esta gente haciendo estos incontables millones de dólares, al menos habrían estado dando fondos al gobierno con un porcentaje significativo de eso. Ya que el problema hoy es básicamente doble—uno, la confianza: la disposición de los bancos a fiarse de que recuperarán su dinero, y segundo, la cuestión de la justicia, la voluntad que tenga el contribuyente de financiar una situación que considera fundamentalmente injusta. Y creo que estas dos cuestiones pueden tratarse con una actitud más progresista que diga, mira, la justicia requiere que los que ganaron mucho dinero, que puede que estuviesen haciendo o no algo socialmente productivo, deberían contribuir al común con lo que han sacado del sistema, y eso también hará subir el nivel de confianza, porque cuando la gente tiene la impresión de que el sistema es justo, están mucho más dispuestos a depositar su confianza en él.
M: Por supuesto. Hem... quizá tengamos tiempo para un último tema, que es una cuestión mucho más amplia, que tiene que ver con la elaboración de modelos y con la comprensión de la economía. Cuando la gente estaba sacando estos derivados y demás, pensaban que tenían el riesgo controlado, pensaban que podían, vamos, hacer previsiones muy fiables sobre cuál es la probabilidad de que tal inversión vaya a bajar. Hemos visto que la gente comete errores sobre este capital a largo plazo, que es otro caso de no hace mucho tiempo, ya sabes, gente que ha ganado el Premio Nobel parece que la caga en sus cálculos sobre riesgo relativo, y quebró toda la empresa. ¿Crees que los economistas conseguirán jamás resolver, vamos, hacerse con lo que pasa con el comportamiento humano, o es una cosa totalmente falta de realismo creer que puedan hacerlo alguna vez? ¿Será el problema que hay como una fricción entre estas idealizaciones que hacen los economistas y algo que tiene que ver con la naturaleza de la mente humana...? ¿O crees que si tenemos una comprensión adecuada de lo que motiva a la gente, cómo funcionan y demás, al final darán con una teoría económica en la que la gente haga mejores predicciones de riesgo? ¿Cómo lo ves?
S: La sensación que tengo es que el futuro es básicamente incognoscible. Puede que cualquier año choque un asteroide contra la Tierra...
M: Y entonces a nadie la va valer la pena sacar el balance de sus ecuaciones...
S: Correcto, y eso es lo que considero parte de mi punto de vista político un tanto peculiar, bueno, tampoco lo quiero llevar demasiado hacia el lado de la política, pero, sabes, yo sí que me veo a mí mismo como un conservador, y no creo que el actual gobierno sea conservador en ningún sentido...
M: Bueno, ciertamente la ironía es que se han dedicado a socializar todas estas cosas...
S: Bien, cierto, y eso es una cierta medida del conservadurismo, pero por definir lo que sería el conservadurismo en el contexto de tu pregunta, el conservadurismo precisamente es aceptar la dificultad de comprender lo que está pasando, y eso quiere decir ser muy cautos en todo tipo de acción política, además de en la toma de decisiones individuales: prudencia ante la duda, me parece que es bastante racional como...
M: Eso es muy diferente del conservadurismo que se ha llevado en Washington durante los últimos veinte años, en concreto la idea misma de regulaciones es muy consistente con lo que tú has descrito como conservadurismo, pero no es precisamente lo que han venido haciendo los que se autodenominan conservadores...
S: Cierto, y podríamos hablarlo, ya sabes que tú estás mucho más metido en cosas del lenguaje y en el efecto que tiene el lenguaje en el pensamiento de la gente, pero es cierto, la gente ha utilizado estos términos de diversas maneras sin pensar de hecho en las cuestiones subyacentes. Pero por volver a la pregunta, mi respuesta es que nunca vamos a saber las cosas sobre seguro, siempre va a haber una dosis importante de incertidumbre, y que hay much diferencia entre el aspecto que adquiere el riesgo a nivel individual y el que adquiere a nivel colectivo. Y que la única institución que está capacitada para tomar en consideración el riesgo a nivel colectivo es, de hecho, el gobierno.
M: La verdad... Mira, en mecánica cuántica puedes decir, no sé lo que va a hacer cada quark por su cuenta, pero puedo hacer previsiones estadísticas, porque las probabilidades vienen a anularse unas a otras. Puedes adivinar lo que va a pasar con bastante fiabilidad, si tienes en cuenta la acción de muchas moléculas individuales, o partículas subatómicas o lo que quieras. Parece como si en economía no funcionase eso; vamos, en economía hay una fuente de incertidumbre que son los asteroides, los terremotos, esa clase de cosas que obviamente no se pueden predecir muy bien. Pero parece que incluso al nivel de los individuos, haciendo abstracción de ese tipo de cosas, al menos por el momento no estamos consiguiendo mucho a la hora de calcular por ejemplo cómo reaccionarán las masas a fluctuaciones de orden menor. A veces te encuentras en un parón del crédito, caen las hipotecas, otras veces no parece tener ningún efecto en absoluto. Lo que nos gustaría que hiciesen esos supervisores prudentes es que tuviesen los mejores modelos que puedan, y me pregunto si esos podrían mejorarse añadiendo más conocimientos psicológicos, o si eso en realidad no es plausible...
S: Bueno, mira, yo no estaría haciendo lo que hago a menos que creyes que podemos mejorarlo. Es la idea básica del trabajo académico, que desarrollamos teorías, las sometemos a prueba, y la desechamos la teoría cuando ya no funciona. Así que creo que sí que podemos mejorar mucho en esto. Lo que veo es que el problema ha sido, francamente, de falta de humildad, sobre todo por parte de los economistas. Y hasta en eso hay una diferencia entre los economistas que se consideran a sí mismos académicos, y los economistas con los que interactúa la mayoría de la gente, que son en realidad asesores y activistas políticos. Sabes, el problema ha sido una falta de humildad por parte de estos asesores y activistas políticos, sosteniendo que sabemos, por ejemplo, que impuestos más bajos llevan a mayor crecimiento economico... De hecho, lo cierto es que no lo sabemos, no tenemos ni idea, el tipo de investigación que hacemos está tan lejos de poder decidir estas cuestiones, y de hecho quizá no se pueda resolver a esa cuestión así en general. Lo que quizá podemos hacer no es saber cuáles son las mejores políticas, pero sí tener una noción bastante buena sobre qué políticas no van a funcionar. Y muy a menudo, saber qué es lo que no va a funcionar es un paso importante hacia...
M: No sé si puedes ver por encima de mi hombro, pero tengo detrás un libro que se llama La Enciclopedia de la Ignorancia, que es un gran libro de los setenta que habla de lo que no sabemos. Por encima del otro hombro tengo mi propio libro que trata sobre lo que como seres humanos puede que no sepamos... Quizá tengamos que volver a eso, quizá tengamos que pasar tanto tiempo fijándonos en cuáles son los límites de nuestros modelos como viendo las cosas que pueden predecir bien... y creo que tienes razon, que una pequeña dosis de humildad nos podría ahorrar ciertos problemas.
S: Sí, es una idea que va asociada a Karl Popper, un filósofo bien conocido por los comentarios que hizo sobre el propio proceso de la ciencia, y básicamente sostenía que la ciencia nunca puede probar que algo es cierto, lo que hace la ciencia en realidad es demostrar que las cosas son falsas.
M: Los días que hace bueno eso es cierto. Pero en la práctica del trabajo científico, como sabemos tú y yo, cada científico está más precupado por demostrar que su propia teoría es correcta, más que en seguir necesariamente el ideal de Popper de fijarse...
S: Muy cierto, pero es que la ciencia es una empresa colectiva, tiene reglas estrictas sobre lo que se va a aceptar como parte del canon y de la razón por la otra cosa no, aunque desde un punto de vista individual, como los dos sabemos intentar publicar artículos puede ser a veces bastante frustrante, lo cierto del asunto es que es absolutamente esencial estar entrenado, y es no es la manera en que funciona por ejemplo la política, ya sabes, para bien o para mal, no es así la naturaleza del mundo. Pero en lo referente a tu pregunta, yo sí que creo que añadir principios psicológicos a las teorías económicas hará a esas teorías económicas mucho más útiles, mucho más capaces de predecir lo que va a pasar dadas ciertas circunstancias. No creo que logremos dar con un sistema perfecto, que consiga predecir para cada medida política qué va a ser lo que resulte de ella, es que hay demasiadas incertidumbres asociadas, tanto endógenas como exógenas al sistema...
M: Así que tenemos que ser más realistas, y quizá sea esta la cuestión de base que tratamos hoy, tenemos que ser más realistas respecto de las cosas que no conocemos, tenemos que incluir la incertidumbre como parte del propio sistema, reconocer que existen estas cosas que no sabemos, y dejar un margen para ellas....
S: Totalmente de acuerdo. Y otra cosa más, que nos podría embarcar en otra larga conversación que les podemos dejar a otros, es, ¿qué deberíamos intentar conseguir, con la acción política? Creo que parte de la razón por la que estas burbujas se han vuelto tan perniciosas en los últimos diez, quince años, es por esta creencia que a mí francamente me parece que no está basado en datos reales, de que lo que tendríamos que hacer es hacer crecer la economía todo lo rápido que se pueda. No creo que esto tenga nada que ver con lo que en realidad hace a la gente más feliz; no es lo rápido que crezca la economía: un cambio lento y continuado es lo que resulta mejor para el mayor número de personas. Y esa es una dirección muy distinta hacia la que intentar llevar las políticas económicas, y creo que sí que tiene consecuencias importantes a la hora de determinar qué regulaciones hay que introducir. Pero en conjunto, un acuerdo sobre lo que tenemos que hacer... a eso nunca llegaremos.
El sueño que he tenido esta noche me daría para mucho rato. No voy a contar mis peripecias acarreando cubos de agua manchada de polvo de carbón, ni que me encontraba sin papeles para trabajar de siervo de la gleba en unas piscinas, ni mi extrañeza porque Bach hubiese compuesto un Evangelio según San Juan que yo encontraba entre mis discos, en lugar de la Pasión según San Juan. No, me centraré en el episodio de Julio César. Estaba yo traduciendo un texto de César, como en el instituto, sobre gobierno y economía, pero se volvía tan vívido y tan actual, a cuenta de sus parecidos con la crisis financiera de estos últimos días, que pronto dejaba de ser una traducción que yo escribía, y tomaba la palabra directamente César, o más bien una estatua de hierro suya, gris oscuro, un busto parlante algo idealizado (le habían puesto el típico flequillo romano y lo habían rejuvenecido un tanto).
César criticaba a la oposición, una colección de patricios intrigantes que (sin comprensión real de las dificultades del gobierno) criticaban a César de perderse en especulaciones no monetarias sino mentales, y de no hacer nada práctico por remediar los males de Roma. Esa misma inacción les reprochaba César, a la vez que exponía unas verdades poco observadas a las que había llegado en sus reflexiones sobre la economía. Había calculado César que todos los sestercios de las arcas del Estado eran muy poquita cosa, por mucho que pareciesen, si se comparaban con el dinero en circulación e imposible de controlar. Pero aún más alarmante para él, y trasladaba esta observación sorprendente a los indolentes senadores y patricios, era lo siguiente: que todos los sestercios jamás acuñados por el Estado no bastaban para comprar ni una mínima parte de las posesiones y objetos de los romanos. Que las posesiones no se podían pagar en dinero. Que en cierto modo estaban en el mercado, pues se podían comprar y vender, eran dinero, pero no había dinero para pagarlas, ni podría haberlo jamás por lo astronómico de la cantidad que suponía tanto bien en el mercado. Creo que los romanos no llegaban a captar las implicaciones de esto, y miraban a César extrañados: pero su estatua continuaba impertérrita con la explicación.
Y César (o su cabeza de hierro) hacía partícipes a los patricios y tribunos de la plebe por igual de los planes que había tenido inicialmente: planes de acuñar más moneda para poder permitir la compraventa de las cosas—o más bien de crear el equivalente de éstas en dinero, pues como digo era algo que en principio ofendía a su lógica, el que no existiese el dinero equivalente a las cosas que (paradójicamente) sí lo valían. Y había pretendido acuñar, claro, acuñar más dinero —que se me ocurre se hubiese devaluado inmediatamente— y una duda así debió asaltar al subconsciente de César, porque a continuación relataba una visión o sueño explicativo que había tenido, y que le hizo desistir: un sueño que aparecía en una pizarra ilustrado con unos gráficos casi infantiles de vaquitas y casitas y otros símbolos económicos: a saber, que el dinero era un dios o semidiós (el envoltorio de esta dream vision era un tanto mitológico) que había sido engendrado por sí mismo, y que sólo se engendraría a sí mismo, por muchas veces que se engendrase.
Aquí el sentido de la visión de César se volvía un tanto más oscuro o problemático, y (como un patricio) me he despertado, o dormido, antes de que llegase al final el discurso de su estatua.
"Estamos gastando lo que no tenemos" me dicen por la radio; "nuestra economía se basa en pilares no tan sólidos como los de nuestro entorno"... Yo desde luego estoy en ese caso; hoy cobro, paga extra incluida, y ya se lo lleva todo de un bocado la primera factura que tengo que pagar. Tendré que vivir de patatas el resto del mes. Claro que patatas, hace apenas unos meses, menos de un año, con mi sueldo mensual se compraban en el super de la esquina más de 7000 kilos de patatas; hoy se compran 2400. Ya me vale de patatas, claro. Hoy comentábamos que la pérdida espectacular del poder adquisitivo empezó con el euro (100 pesetas = 1 euro, como indica el tamaño mismo de la moneda. Claro que nos dijeron que eran 160 y pico, y nos dieron 100...). Luego, con la inflación del ladrillo. En mi barrio, va el metro cuadrado a más de un millón de Lasantiguas. Y aún se supone que tienes que invertir en ladrillo; será en medio ladrillo. Menos mal que el Gobierno nos va a subir el sueldo un 3% el año que viene. Entretanto, yo casi estoy pensando invertir en patatas, para cuando me toque una por día.
Y de momento la semana que viene nos vamos, imparables, a París—a terminar de chafar lo que no tenemos.
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