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Cómodamente aplatanados

He probado un programa de recopilación de blogs para Mac que me envía JMC, se llama NetNewsWire Lite, y puede encontrarse aquí.


Resultado: el programa es muy útil con los blogs con los que funciona, pero de mi lista de blogs preferidos, la mitad más o menos son invisibles para él (al parecer todos los de Blogia, entre otros). Lo mismo me pasa con un agregador de Sage que se le emplasta al Mozilla Firefox. O sea, que hasta que no vayamos todos marcando el paso del progreso, no habrá sistemas de agregación fiables, y habrá que seguir visitando los blogs a pulso (¿O igual es que yo lo hago todo mal con esos programas por alguna razón? Imposible saberlo). En cualquier caso, no está tan mal eso de tener que ir de propio a los sitios: quien algo quiere algo le cuesta; desde luego yo con el blog a pedales en la página web no soy quién para decirle a nadie que está mal cableado. Aunque supongo que al final acabarán imponiéndose los sistemas más cómodos; es lo que creía yo que hacía al duplicar el blog en una plataforma, pero ni aun por esas, parece.

En relación indirecta con todo esto, leo un artículo de Wired (http://www.wired.com/news/culture/0,1284,66785,00.html?tw=wn_tophead_3)
sobre Christine Rosen, que denuncia cómo los nuevos medios, por su proliferación y por la aparición de medios de selección de noticias, favorecen "Comfortably Numb Relations" (en alusión a la canción de Pink Floyd), o sea, relaciones cómodas pero un tanto dormidas y amodorradas con los demás, cada uno encerrado en su mundillo comunicativo propio, reinando sobre el mando a distancia, seleccionando sus propios canales de televisión con TiVo, sus propias noticias preferidas, sus propios protocolos comunicativos, sus medios electrónicos (proliferantes y con frecuencia incompatibles con otros), etc. etc. El futuro es Matrix, coflaos todos delante todos de la tele, pero no viendo el mismo programa, como en Matrix, sino programas distintos y con tecnologías incompatibles, al parecer; ¡y aún parecía aquéllo de Matrix un mal rollo...! En su artículo, Rosen emplea un término a la moda, "egocasting", derivado del "podcasting" y del iPod tan de moda ahora (parece necesario acuñar un término modish para llamar la atención sobre un fenómeno.que afecta especialmente a quienes son víctimas de esa moda). El "egocasting" sería el cultivo extremadamente personalizado y estrecho de los propios gustos. Es una cosa adictiva, especialmente si se refuerza con ceremonias, protocolos y barreras tecnológicas que pasan de ser medios a convertirse en el foco de la atención del adicto (a sí mismo, o a sus gustos, o a sus maquinitas). Debo ser un caso típico. La cuestión es si esos medios llegan a utilizarse para crear pequeñas comunidades de gustos parecidos (relativamente aisladas unas de otras...) o sólo una comunidad de una única persona, un auténtico ego-trip. Vamos, que depende de la capacidad de la burbuja construída, ya que todo mundo en última instancia es una burbuja (Drummond dixit), y la vida consciente es quizá el patrón básico de toda adicción.


Nada es totalmente nuevo, y siempre hemos seleccionado lo que nos gusta y nos hemos dedicado a ello con insistencia y afición. Y en cuanto a los peligros... bueno, tampoco son de hoy; es significativo que Rosen emplea como alegoría de la tecnología contemporánea uno de los cuentos de Forster que utilizo en mis clases de comentario de texto, "The Machine Stops", escrito hace pronto hará cien años. Es uno de los primeros cuentos sobre un mundo donde las máquinas crean una realidad donde las relaciones humanas quedan... maquinizadas, y los humanos se comunican uno con otro a través de la pantalla y del filtro de la máquina; o más bien están cada uno frente a su pantalla y aislados uno de otro. Cuando Forster lo escribió sólo existían el fonógrafo y el telégrafo, apenas la radio, el cine y el teléfono; y sin embargo es quizá el primer cuento sobre Internet y las videoconferencias, y da una visión muy negativa de un mundo donde la espontaneidad es una puerta tapiada. Al final, "the machine stops", pero ya es demasiado tarde.


Y aquí está la canción de Pink Floyd, una que solía oir yo a finales de los setenta, de The Wall:


Pink Floyd
COMFORTABLY NUMB

Hello?
Is there anybody in there?
Just nod if you can hear me.
Is there anyone home?
Come on, now.
I hear you’re feeling down.
Well I can ease your pain,
Get you on your feet again.
Relax.
I need some information first.
Just the basic facts,
Can you show me where it hurts?
There is no pain, you are receding.
A distant ship’s smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but I can’t hear what you’re sayin’.
When I was a child I had a fever.
My hands felt just like two balloons.
Now I got that feeling once again.
I can’t explain, you would not understand.
This is not how I am.
I have become comfortably numb.
Ok.
Just a little pinprick.
There’ll be no more ...Aaaaaahhhhh!
But you may feel a little sick.
Can you stand up?
I do believe it’s working. Good.
That’ll keep you going for the show.
Come on it’s time to go.
There is no pain, you are receding.
A distant ship’s smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but I can’t hear what you’re sayin’.
When I was a child I caught a fleeting glimpse,
Out of the corner of my eye.
I turned to look but it was gone.
I cannot put my finger on it now.
The child is grown, the dream is gone.
I have become comfortably numb.

 


Va sobre la adicción a las drogas como creadora de una burbuja de irrealidad, pero podría leerse como alusiva a la adicción a la comodidad y a la insensibilidad, y a la irrealidad, en general. ¿Quizá a las relaciones personales electrónicamente mediadas? Si se convierten en un muro, ya sabes... tear down the wall.

Serfaty: Los blogs y la construcción del ciberyó

Como nada se mueve excepto en el interior del cráneo, hoy nos dedicaremos a celebrar con ocasión de una futura reseña del libro de Viviane Serfaty sobre diarios en red y bitácoras personales, The Mirror and the Veil, oséase El espejo y el velo, publicado en 2004 por Editions Rodopi. Veamos qué nos cuenta la francesa en el capítulo uno, "Offline and Online Diaries".

Comienza con una historia esquemática de las bitácoras, desde los boletines personales sobre avances en cuestiones de informática, pasando por las páginas web personales y las listas de distribución, hasta el desarrollo masivo de software especializado para blogs, y de compañías dedicadas a ello, a partir de 1995. El paso crucial en este desarrollo fue la difusión del espacio libre en la red para dedicarse al blogging, junto con la aparición de plantillas completamente automatizadas para el almacenamiento de datos y la interacción en red (a través de los comentarios que los lectores envían al autor del diario). Serfaty proporciona una miniguía a los blogs y bloggers más famosos, y a los principales debates en torno al fenómeno blogístico: la terminología especializada, las comunidades, etc. Los lectores que no estén familiarizados con estos rincones de Internet encontrarán aquí información clara sobre muchos datos y posibilidades interesantes, desde la Waybackmachine que permite ver versiones anteriores de muchas páginas web, a las primeras quejas sobre la "blogorrea" inducida por el género bloguístico. Este capítulo analiza las principales características de los diarios en red: la acumulación (de texto, multimedia, de enlaces), el final abierto, la autorreflexividad, y la coproducción. Acumulación de texto, a menudo trivial, pero que multiplica las representaciones de la realidad y favorece "una visión diacrónica del yo" (p. 28). Acumulación, también, de imágenes, especialmente mediante la nueva tecnología digital en fotografía (y, añadamos, en teléfonos multimedia); acumulación de enlaces, que, al contrario que las meras notas a pie de página, hacen algo más que proporcionar referencias a la información, puesto que tientan al lector a seguirlos inmediatamente saliéndose del sitio web en cuestión. La "internetiqueta" que rige la interacción en las bitácoras personales es generalmente laudatoria en lo que se refiere a los sitios diarísticos (los sitios más periodísticos desmentirían el diagnóstico de Serfaty en este punto, pero caen fuera de los límites autoimpuestos de su estudio). La puntuación desafía a la gramática, buscando una mayor expresividad. La acumulación de signos "se contrapone a las tranquilizadoras simplificaciones de la vida cotidana, para señalar la singularidad radical, el carácter absolutamente único, y la infinita complejidad, de un único individuo – rasgos éstos que supuestamente se moderan en las interacciones sociales ordinarias, en las cuales uno tiene que mantener su propia imagen como personaje público, personaje que los demás esperan se comporte de ciertas maneras establecidas y estereotípicas" (Serfaty, p. 27). También está atenta Serfaty a muchos aspectos genéricos de la escritura en red, como la dialéctica entre secuencialidad y fragmentación que resulta de la sucesión de entradas fechadas; o la tensión entre (a) el intento de los diaristas por controlar la representación de su persona y (b) la manera en que esta construcción de un yo unificado queda problematizada por la proliferación de representaciones y por la apertura de nuevos espacios para la interpretación. Al contrario que las autobiografías, los diarios estimulan un concepto expresivo y procesual del yo. En la medida en que sus avatares en red intensifican algunas de estas funciones, "pueden considerarse medios de repensar y salvar el desfase existente entre la vida privada y el yo público; en tanto que tales, sintonizan más con las ansiedades contemporáneas en torno a la persona individual" (p. 29). El final abierto y procesual también queda intensificado mediante la interacción con los "escrilectores". La escritura de diarios en red tiene una dimensión reflexiva, como práctica buscadamente moderna que es; los diaristas son a menudo muy conscientes de la poética de la escritura online, y ésta se vuelve un tema en muchas entradas de los diarios. La reescritura de entradas anteriores no es infrecuente. La combinación de la intimidad y la accesibilidad pública rompe muchos tabúes sobre la autorrepresentación ; podría decirse que muchos diarios son experimentos en autorrepresentación, aunque eso puede llevar a que se les acuse de "escribicionismo". El blogging puede convertirse en una manera de hacer frente a la carencia de forma de la experiencia, una búsqueda de la verdad o de la autenticidad, constantemente amenazada por un factor inherente al género: la vigilancia autoimpuesta de los límites a la propia revelación. Muchos bitacoreros son conscientes del carácter "construido" que tiene la autenticidad que consiguen, de la división inevitable entre el yo y sus formas de representación. En muchos, ésto lleva a la producción de más modalidades y de más texto, "un texto que a su vez se convierte en la metáfora enigmática del yo" (Serfaty, p. 39). El feedback por parte de los lectores es un rasgo distintivo crucial en los diarios en red: "mientras que los diarios tradicionales se escribían para un lector implícito e ideal, los diarios en red buscan explícitamente un público, y se convierten así en un proyecto colaborativo" (39-40). Si la representación lograda por los diarios es una ficción, es una ficción colectiva, con el público haciendo el papel de espejo para el escritor. "Las respuestas de los lectores son necesarias, por tanto, para reforzar el sentimiento que tiene el diarista de su propia identidad" (40): a diferencia de los diarios tradicionales, que cimentaban la identidad en la interioridad y la privacidad del individuo, los diarios en red articulan una identidad que es esencialmente interpersonal (sin por eso salvar el abismo que hay entre el yo y el otro, la separación irreducible de los diaristas y de la sociedad a la que se unen).

Como se ve, el libro de Serfaty dice cosas de interés sobre los blogs, aunque eso sí, es bastante teórico y abstracto. No vendrán mal unos cuantos ejemplos: