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Vanity Fea

Ideología

Y contra la Semana Santa

Aprovechando que termina, y que se mete con ella Suigéneris, le pongo este comentario:

Pues sí, a la gente lo que le va mayormente de esto es el folklore, el estar en una peña y disfrazarse. Eso de religión tiene lo que yo de obispo. Y aún gracias que no se aprovecha el ceremonial para pasear sambenitos, y excomulgados, y demás; la estética, sin embargo, recuerda demasiado a la de la españa nazi e inquisitorial donde había que meterse en cofradías para no ser sospechoso de nada. Lástima que esté yendo toda esta parafernalia a más, en vez de a menos, pero es lo que da el país. Por lo menos es mayormente parafernalia vacía, vacía de espiritualidad y también de todo lo demás.

Dicho esto, me parece muy bien que cada cual se dedique a los rituales que le dé la gana. Aunque a veces me jorobe tanta tamborrada junta.

 

Canta, lengua

Contra el antiamericanismo

Parece ser el mensaje principal del Euston Manifesto, al que llego vía Arcadi Espada. En realidad no hay mucho de lo cual disentir ahí, a no ser el hecho mismo de que el mensaje principal vaya entre líneas, bajo la excusa de presentar una alianza progresista. Supongo que ninguna persona liberal o de izquierdas firmaría un manifiesto antiantiamericanista como tal. De ahí, quizá, la necesidad del manifiesto.

 

Nukez-les

Los Reyes y la mente modular

- Mira papá, qué nos han dejado los Leyes.
- Vaya, ¿han traído algo?
- Sí, mira. Regalos.
- Y se han bebido la leche. ¿Me puedo comer este trocito de galleta?
- Puaj, igual la ha mordido un camello...
- Ay, sí, puaj.
- Bah, ya me la como yo, total...

Ayer estuvimos viendo el desfile de carrozas, y los pequeños saludaban a los reyes como si les fuese algo en ello. Pero a mí el que me pasma es Álvaro. Cree en los Reyes contra toda evidencia, y va a pasar insensiblemente de creer en ellos a mantener la ficción, sin que ninguna de estas dos maneras de describirlo sea ajustada en realidad. "Muy amables han sido estos reyes", va diciendo por allí. Dice su madre que tiene mente modular. A mí me pasma como síntoma del entrenamiento que tenemos para a la vez creer y no creer en las cosas. Es una capacidad que va desde lo entrañable, como en este caso, a lo alarmante -- seguro que tiene algo que ver esto de la mente modular con nuestra ceguera selectiva a los sufrimientos del Tercer Mundo, o de los animales; o con el doublethink de Orwell, la capacidad para creer una cosa y su contraria que fomentan los regímenes totalitarios.

La atención y el seguimiento que fomentan los Reyes, o Papá Noel, tiene algo que ver, evidentemente, con la toma de relevo generacional. No por nada son ancianos (bueno, un joven, un maduro y un anciano, en el caso de los Reyes, normalmente, las edades de la vida si añadimos el niño). Ancianos, digo, que traen regalos a los niños (herencias, cultura, un patrimonio, además de juguetes). Como son ceremonias solsticiales, tienen algo que ver con la regeneración del ciclo solar y de la vida, a través de la sucesión de las generaciones. Es una cosa totalmente pagana y mítica, claro (como las religiones, son todas paganas). La gente nos apuntamos al ritual en masa como manera de recordar la infancia y a la vez como una manera de ir haciendo a los niños cómplices de su propia maduración, cuando se enteran del secreto, unas veces de golpe y otras por sectores modulares de la mente, como Álvaro. Por otra parte, a la religión católica, tan llenísima de dogmas increíbles que hay que creer (o decir que se cree en ellos, oficialmente) lo de los Reyes es una especie de reducción al absurdo de todo dogma, como soltar presión dogmática, decir los adultos entre sí, sin decirlo, claro, sólo ritualizándolo: "bueno, todo esto son ficciones, ilusiones para la mente infantil, pero hay que mantener la ilusión"...

De esta manera, entre la presión dogmática, el doublethink, la mente modular y el teatro que hacemos para los niños, lo cierto es que nadie sabe qué es cierto y qué no es cierto, pero todos mantenemos las ficciones necesarias, por consenso, y con entrenamiento, desde niños. Porque qué somos todos, más que niños que se han ido inflando desproporcionadamente.

Michel Butor, Parrhesia, Intelectuales

Leía hoy en los Ensayos sobre la Novela de Michel Butor un texto, "Sobre el llamado Manifiesto de los 121", que no tiene que ver con la novela, sino con la responsabilidad de los intelectuales frente al poder de sus Estados, y la necesidad de hablar en momentos cruciales -- se ocupa Butor aquí de algo semejante a lo que Foucault llama la "parrhesia" en su ensayo "Fearless Speech". Me ha venido a la cabeza al leer esto el discurso de Pinter con ocasión del Premio Nobel. No hay mejor comentario posible que este que hace Butor sobre una de las batallas de su época, a principios de los 60. Todas las batallitas iguales, las hay en 1660, en 1960 o en 2006. En mi caso, la única batallita de este estilo en la que me he embarcado, salvando las distancias, fue la de intentar que mi asociación profesional, la Asociación Española de Estudios Anglo-Norteamericanos, se pronunciase frente a la embajada de EE.UU. con motivo de diversas invasiones e intervenciones de este país por el Tercer Mundo. Sin éxito. La última fue este intento de que la Asociación ésta se opusiera a la guerra preventiva cuando el tema de Iraq. Este era el mensaje:

Estimados compañeros,

Es una especie de costumbre que tengo, desde hace años, la de estimular a nuestra Asociación a tomar una postura cada vez que los Estados Unidos emprenden un ataque preventivo contra alguna nación del tercer mundo. No soy ningún radical, más bien conservador como funcionario medio, y por eso creo que la costumbre de no emprender ni apoyar guerras preventivas es una
buena costumbre que merece conservarse. En esta ocasión creo que no desentona mucho mi propuesta, vista la opinión de la mayoría de la sociedad española. Espero por eso que no me tengáis demasiado en cuenta usar para esto una lista de correo cuya finalidad primordial ya sé bien que es otra.

Sugiero, por tanto, que quien desee que la Asociación se manifieste en contra de la guerra preventiva envíe un mensaje ya sea a esta lista ya sea al correo personal del administrador de la lista (...) y que el administrador, que sabrá si el número de correos recibidos son cifras suficientemente representativas, se ponga en contacto con la Presidenta de la asociación para determinar si procede enviar una nota a la embajada de los Estados Unidos y Gran Bretaña, o a la prensa, o a quien proceda, haciendo saber cuál es la postura mayoritaria de los miembros de esta asociación. Si es que los datos permiten determinar que existe una postura.

Mi mensaje ya está enviado: guerra preventiva NO.

Sólo una pequeña parte de los socios se sumaron a la iniciativa, con lo cual la presidencia de la Asociación optó por no pronunciarse al respecto. En última instancia, quedó en agua de borrajas la cosa. Y sin embargo es preciso a veces tener iniciativas de éstas, y declaraciones públicas de los intelectuales, aunque no paren en nada. Le dejo aquí la palabra a Michel Butor.

SOBRE LA LLAMADA "DECLARACIÓN DE LOS 121"

En una de las antologías más utilizadas en la enseñanza secundaria, puede leerse una célebre carta de Bossuet a Luis XIV, en la cual la extremada prudencia de las fórmulas en absoluto enmascara una oposición de una firmeza admirable:

"... y para decir [a Su Majestad] sobre esta base lo que creo que es una obligación suya precisa e indispensable: debe ante nada ponerse a conocer a fondo las miserias de las provincias, y sobre todo lo que tienen que sufrir, sin que Su Majestad saque provecho de ello, tanto por los desórdenes de las gentes de guerra como por los gastos que les produce el pagar vuestros impuestos de guerra, que se llevan a excesos increíbles. Aunque sin duda Su Majestad sepa bien cómo en todas las cosas se cometen injusticias y rapiñas, lo que sostiene a vuerstro pueblo es, Majestad, el que no pueden dar crédito a que Vuestra Majestad sepa todo: y esperan que la misma aplicación que se os ha visto en cosas de vuestro provecho os obligará a interesaros por un asunto tan necesario..."

Bossuet era entonces profesor, profesor pagado por el Estado, ya que era el preceptor del Delfín.
Unas páginas más adelante, se encuentra otra carta no menos famosa de Fénelon al mismo monarca, en un tono bastante más vivo:

... El pueblo mismo (hay que decirlo todo) que os ha amado tanto, que ha confiado tanto en vos, empieza a perder la amistad, la confianza e incluso el respeto..... La sedición prende poco a poco en todas partes. Creen que no sentís piedad alguna por sus males, que no amáis más que vuestra autoridad y vuestra gloria... Las revueltas populares que no se conocían desde hace tiempo se vuelven frecuentes.... Los magistrados se ven obligados a tolerar la insolencia de los motines, y a hacer pasar bajo mano algún dinero para apaciguarlos; así se paga a aquéllos a quienes habría que castigar. Os veis reducido al extremo vergonzoso y deplorable de, o bien dejar la sedición sin castigo, haciendo que crezca debido a esa impunidad, o de hacer masacrar inhumanamente a los pueblos a quienes vos arrastráis a la desesperación, al arrancarles, con vuestros impuestos para esta guerra, el pan que intentan ganar con el sudor de su rostro.
Pero mientras a ellos les falta pan, a vos mismo os falta dinero, y no queréis ver los extremos a los que os habéis reducido. Como habéis sido siempre feliz, no podéis imaginaros que dejéis de serlo un día. Teméis abrir los ojos; teméis que os los abran...

Fénelon era entonces profesor, profesor pagado por el Estado, ya que era el preceptor del segundo hijo de Luis XIV. Y está fuera de duda, nos dicen los historiadores, que una carta como esta no fue remitida directamente al rey, que probablemente ni siquiera la habría leído entonces, sino que se la hizo circular por su entorno, para poder obtener al mayor efecto posible. Fénelon medía ciertamente los riesgos que corría al tomar la palabra de este modo con tal vigor; su caída en desgracia no debió extrañarle.

Yo leí estos textos siendo alumno; más tarde, de profesor, he tenido ocasión de hacérselos leer y comentar a los alumnos, procurando mostrarles que en ciertos momentos no era posible continuar con el trabajo de profesor o de escritor sin que ciertos malentendidos fueran disipados o denunciados; que ante ciertas injusticias, de las cuales se te pide ser cómplice mediante tu docilidad, el silencio no era sólo cobarde sino también suicida. La historia reciente, por desdicha, abunda en demostraciones de esto, y es de notar que entre los que se han puesto un velo ante el rostro ante la llamada "declaración de los 121", o ante los apoyos que le llegaban del otro lado de las fronteras, podemos reconocer, me atrevo a decir, a profesonales de la obediencia a los tiranos, de la servidumbre silenciosa ante los amos del momento; que entre los que han declarado, por ejemplo, que no convenía a los escritores meterse con lo que pasaba "en otro país", se encuentran quienes no hace tantos años juzgaban bueno ocuparse de eso muy de cerca, en circunstancias que no olvidamos.

Hay momentos en los que el que goza del inmenso privilegio de poder trabajar con bastante tranquilidad, en una habitación, o en un laboratorio, dedicado al aumento del saber humano, la mejora de nuestra estancia y de nuestra vida, es un traidor a todo lo que hace, a sí mismo, a todos los que lo siguen y lo entienden de verdad, sea matemático, compositor, arquitecto -- si no echa en la balanza la poca autoridad moral o espiritual con la que se halle entonces investido.

"Hay que decirlo todo"-- Si hay una tradición francesa es desde luego ésta, y por eso ni siquiera he tenido que elegir mis contestadores entre ese admirable linaje de protesta que tenemos --Voltaire, Hugo o Zola, sino que he cogido a estos dos prelados, a estos dos apoyos del altar y del trono, a estas dos ilustraciones de primera del momento más ilustre de Versalles, porque hasta esos mismos nos impulsaban en nuestro gesto; porque hasta de ésos estaban renegando nuestros enemigos.

Ciertamente, puede suceder que haya declaraciones de intelectuales que sean vanas, que estén mal hechas, que fallen el blanco, que denuncien un mal imaginario, que caigan al agua; producen entonces sonrisa; pero en el caso que nos ocupa, la mejor prueba de que la amenaza era real, de que se había dado bien en el punto sensible, que la libertad de expresión estaba en peligro, es la prohibición que cayó sobre ese texto cuando se hizo público, que impidió que se reprodujera; son las sanciones que se tomaron.

Por eso conviene leerlo directamente, desprendiéndolo así cuidadosamente de todas las deformaciones sistemáticas de las cuales ha sido objeto por el hecho mismo de que no se lo podía citar -- tomarlo en consideración en lo que es su letra.

Reconozco que en la mayoría de los casos más vale seguir tenazmente con el trabajo en curso, y dejar a especialistas escogidos los problemas políticos del momento, pero quién, viendo lo que ha pasado desde entonces, lo que todavía está pasando, ¿quién se atrevería a decir que esa vez no era hora y pasahora de intervenir? Ay, ¿qué podrán reprocharse hoy los autores y los firmantes (todo es uno) si no fuese el haber tardado demasiado?

(Traducido de Michel Butor, Essais sur le Roman; Paris: Gallimard, 1992).

La COPE: Sí, sí...

ÉL: No le negaré a la COPE que tenga, como todo el mundo, su parte de razón en todo.
ELLA: Sí.
ÉL: Lo que pasa es que cuando se les ve el plumero, se les ve como a los otros, o más.
ELLA. Sí.
ÉL: Mucho más, digo.
ELLA: Sí.
ÉL:  A título de ejemplo – cuando te dan la enhorabuena por escucharles. "Usted oye la COPE. Enhorabuena por tener las cosas claras".
ELLA. Sí.
ÉL: Como si no los pudieses escuchar por oír variedad de opiniones, por mover el dial, por oír la radio de la oposición (una de ellas, vamos), que siempre es más divertido que la del Gobierno... No me negaréis que el Federico, aparte de tener razón a veces, también tiene gracia. A veces.
ELLA. Sí.
ÉL: Pero nada de eso computa. Aquí se supone, no se sabe por qué, que sólo la escuchan los fieles. Toma ya receptor ideal.
ELLA: Sí.
ÉL. En fin, es una estrategia comunicativa. Pero da un poco de pena la gente que tiene las cosas siempre tan claras, y además de entrada, y no viendo lo que no conviene ver al que paga, claro, hasta ahí no llega la libertad de opinión, faltaría más, eso sería libertinaje. La libertad que defienden es una libertad un tanto a dedo, o digital.
ELLA. Sí.
ÉL: Por no hablar de la ideología básica de fondo: capitalismo feroz, confrontación partidista, fundamentalismo cristiano, belicismo, xenofobia.... Y patriarcado, claro. Por ejemplo, en otra cuña autopublicitaria de la COPE. Esa donde una voz de hombre dice, "Estamos oyendo la COPE", y una mujer dice, "sí"
ELLA: Sí.
ÉL: Y él sigue, "La información más veraz a su alcance", y ella, "Sí,"; y él "Lo ha dicho la radio, lo ha dicho la COPE", y ella...
ELLA: Sí.
Él: Y volvemos dentro de un minuto, dice él, y ella, "Sí".
ELLA. Sí.
ÉL: Parece como si quisiese sugerir, o quizá presuponer, que los hombres están ahí para marcar el camino, opinar, hacer, guíar, y las mujeres para corear a todo que sí, bien obedientitas, y admirando al varón, ¿verdad?
ELLA: Sí.
ÉL: Claro que igual interpreto demasiado, porque estas cosas a fin de cuentas son irrelevantes, es sólo una cuña publicitaria, inocente de políticas de género y de ideologías ¿verdad?
ELLA: Sí. Sí. Sí. Sí. Sí......

Despotism

Vía Joi Ito, llego a este viejo documental educativo de los años cuarenta, de Encyclopaedia Britannica Films, que enseña la diferencia entre una democracia y un régimen despótico:
http://www.archive.org/stream/Despotis1946/Despotis1946_256kb.mp4

Parece dirigido a los tiempos actuales... Me parece que se lo van a tener que proyectar a Bush en la Casa Blanca (quizá en el programa de alfabetización de su madre), porque hay varios parámetros para medir el despotismo según el documental en los que la democracia americana da muy mal resultado, pero malo malo... y la nuestra tampoco anda tan boyante. También recomiendo la lectura de "¿Qué han hecho con mi país, tío?" de Michael Moore, que señala con un estilo muy certero y divertidísimo todas estas cuestiones, y más... pero ya se sabe, contra verdades duras, oídos sordos, y visión selectiva.

A través de jill/txt, me leo este artículo sobre videojuegos y narratología de Anders Sundnes Løvlie, "End of Story? Quest, Narrative and Enactment in Computer Games."
http://www.waikato.ac.nz/film/2005papers/319B/docs/Lovlie.pdf
Contiene referencias y direcciones web de unos videojuegos satíricos, que parodian a los videojuegos violentos y a la política exterior de Bush. Pero algunos enlaces no funcionan, y los que he visto son más bien ejercicios de humor negro que videojuegos, o que crítica muy elaborada... Por ejemplo, en este Kabul Kaboom! (ludology.org/games/kabulkaboom.html) donde hay que hacer que una madre afgana coja panes americanos que llueven del cielo a la vez que esquiva (sin éxito) las bombas americanas que llueven del cielo...

Alucinación consensuada

31 de julio

En Neuromante, William Gibson define el ciberespacio de la Matriz como una "alucinación electrónica consensuada". Quitando, o sin quitar, lo de "electrónica", la expresión parece todavía más adecuada para definir la realidad, sin más. La realidad tal como la conocemos es un elaborado sistema de representación elaborado por nuestros cerebros: nuestro tipo de realidad no tiene nada que ver con la realidad en la que vive una mosca, o un gato. Por ejemplo, nuestro cerebro coordina impresiones visuales y tactiles, que nada tienen que ver una con otra, y nos dice que esa mano es nuestra, y que lo que hay en ella es un ratón. Sobre esta elaborada representación de la realidad funciona el lenguaje para poner su orden (el orden del lenguaje, que no es el de la realidad previa ni la subsiguiente a él); y en ese universo lingüístico elaboramos consensos y protocolos de comunicación para organizarla más: hacerla más convencional, es decir, más real. Nos orientamos mejor en un mundo ficticio, así que la ficción es crucial para consolidar la realidad. Vamos, que el resultado final viene a ser algo así como el Mito de la Caverna de Platón, pero adaptado en versión para Hollywood y visualizado en código fuente. Así, no importa que aparezcamos como personajes en el fondo de numerosísimas fotos de gente que no conocemos, o en cámaras de vigilancia, y no importa quién piense en nosotros o no a lo largo del día sin decírselo a nadie, o qué haya estado tocando el camarero antes de servirnos un bocata. Eso no es la realidad. En cambio, Bisbal, Pasión de Gavilanes, el Telediario, Herrera en la Onda... eso sí que crea realidad, es decir, alucinación consensuada. Electrónica, por cierto.

Lo que todos pensamos

Lo que todos pensamos no vale la pena decirlo, sería repetitivo. Cuánto menos escribirlo. Lo dicho explícitamente debe ser una pequeña punta de iceberg visible, lo que vale la pena mencionar o escribir, asentada sobre una gran masa sumergida en el silencio, lo que no vale la pena decir y no se dice pero que hace explicable lo que sí decimos (de este iceberg han hablado Hemingway y Merleau-Ponty). Qué raro, o qué tonto, el que se dedica a sacar a la luz parte de esa masa sumergida: para empezar suponemos que si hace asomar ese fragmento flotante será porque su masa sumergida tiene una estructura y volumen distinto al de la nuestra.

Como lo que se dice o se escribe es lo que no todos pensamos, eso crea dos efectos contrarios (turbulencias acuáticas alrededor del iceberg). Una: que las presuposiciones que utilizamos contribuyen a mantener en su sitio la masa de significado sumergido y presupuesto. Dos: que al hacerse visible única y constantemente lo que no todos pensamos, se erosiona lo que todos pensamos, de hecho parece que no lo piense nadie, pues todo el mundo dice otra cosa. Si hay observadores ajenos a la comunidad del común pensamiento, podrían fácilmente creer que nadie piensa lo que todos pensamos.

Pero hay más turbulencias. De hecho, sí que vale la pena decir lo que todos pensamos; no para informar, claro, sino para crear comunidad y solidaridad, o empatía. Esto es más relevante hacerlo en unas situaciones que en otras; a veces no necesitamos empatía sino información. (Que hay empatía también puede ser información relevante). El caso es que con tantas causas parciales o posibles para lo que se dice, no hay una manera simple de saber por qué decimos lo que decimos, ni qué pensamos detrás de lo que decimos, y menos aún qué pensamos detrás de lo que pensamos.

"However", dicen Sperber y Wilson, "we much prefer a model that can be applied mechanically. Isn’t this what taking cognitive science seriously is all about?" (Relevance 277). Perhaps. Pero, ¿y si la relación entre el modelo y el objeto a modelar no es mecánica, sino dialéctica? ¿Y si la ciencia, para hacer explícito lo que subyace a lo que se dice, pretende sacar el iceberg del agua levantándolo con un artilugio mecánico implantado en el propio iceberg?

En todo caso, no existen tales modelos mecánicos de la interpretación (menos mal). Y menos mal también que no todos pensamos lo mismo. Eso sí que nos silenciaría pero a base de bien.