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Retropost: Por aquí en bata

domingo, 21 de febrero de 2016

Retropost #660 (18 de diciembre de 2005): Por aquí en bata



Se supone que es lo que hacemos los blogueros, ¿no? -- Teclear en pijama o en bata sobre asuntos irrelevantes o trascendentales. Pues hoy estoy vagueando, y con tan mala fortuna que (para un día que duermo a pata ancha) he conseduido perderme la entrega de premios del cole de los nenes, la primera vez que le dan un premio a Oscarelo, de dibujo, y bien ilusionado que iba a recogerlo (lo ha llevado su madre). Bueno, si el material está bien, igual se lo cuelgo en la red con los otros.

Mientras, Álvaro está malucho, con fiebres y dolores de cabeza, pero aun con todo ha estado practicando aquí raíces cuadradas y escudriñando un nuevo método de explicación de las mismas inventado por el abuelo (que desde que se jubiló de maestro se ha dedicado con ímpetu renovado a replantearse la pedagogía de la lectura, de las matemáticas y de todo, concluyendo que aún queda mucho por hacer en todos los campos). Nos ha enviado por imeil esta nueva perspectiva sobre la raíz cuadrada). Y la abuela también nos mandó instrucciones: suerte, porque yo las raíces cuadradas las tenía ya almacenadas en el cuerpo calloso. Por cierto, que mañana cumple años, bueno, cumplen años mi mami, y Bertita, que van simultáneas. ¡Felicidades por adelantado!  



Pues después de teclear este rato no sólo tengo que vestirme y ordenar mínimamente la casa, sino también ponerme a currar en lo que no hago entre semana (demostrado que por mucho trabajo que me quite de encima, todavía no me da tiempo a hacer el que tengo comprometido). Menos mal que mis colaboradores son pacientes, y que pronto llegan las vacaciones para recuperar terreno. Ah, y yo también soy paciente con ellos. Ahora resulta, por ejemplo, que se ha perdido en el correo un libro al que contribuí, y mis separatas. Vaya, pues que me lo tendré que comprar, seré mi propio cliente. Los autores académicos no recibimos ni para alpiste. Lo más curioso es que ni sabía yo que contribuía a ese libro, envié el artículo a una revista y abracadabra, me aparece publicado en un libro (de hermenéutica, sobre el filósofo alemán H. G. Gadamer, que murió centenario y más que centenario hace poco). Bueno, una de las sorpresas es agradable en el fondo, resignación. Por lo menos la revista sí que me la han mandado.

Ahora veo que sale el abuelo (el otro abuelo, el que vive aquí) para misa. Otro que va para centenario (esperemos) -- de momento acaba de cumplir los noventa y un años. Hace años decía mucho eso de "ya me queda poca cuerda"; luego, al ver que el tiempo lo desautorizaba, ha optado por callarse y disfrutar de la vida. Nos comimos una tarta, y nos estuvimos viendo un concierto de Sarah Brightman, que es también la cantante favorita del abuelo, y bien que se lo pasó. Lo han felicitado hasta de Argentina, familiares que nunca lo han visto, pero es que el hombre es tan buena persona que hasta los desconocidos se dan cuenta, cuánto más los familiares. El otro día no estaba yo cuando llamaba una amiga, cogió el teléfono el abuelo, y luego me decia ella en un correo que le había cogido el teléfono "un señor entrañable".

Pues ayer nos fuimos a ver Lutero con Joseph Fiennes (a quien no paro de ver por todas partes, parece Scarlett Johanson). Drama histórico, excelente ambientación, pero suavecito en extremo con la figura del reformador. Se pasa un tanto de puntillas por sus alianzas "con los carniceros", según dicen pero no muestran en la película. Tampoco acaba de funcionar como película con vida propia interna. Pero aquí en España vendrá muy bien para educarnos sobre el personaje. Cuando yo era pequeño, no había gran diferencia entre personajes como Satanás, Barrabás y Lutero. ¡Herejes! Hoy en día casi todos los católicos españoles son luteranos, aunque no lo confiesen...

Y esta tarde, si el Tiempo o la fiebre no lo impiden, nos iremos a ver Otelo, que representa en el Teatro Principal la compañía Teatro che y moche. No he visto un montaje de Otelo (bueno, uno completo) en cuarenta años, o sea que nada me hace esperar que vaya a caerme alguno cerca en otros cuarenta años. Aunque la vida, de hecho, suele tener otra estructura estadística: quizá la semana que viene pongan otro, más bien. Y de momento me voy a vestir, que si no no hago más que inflar el blog.


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Retropost: Oscuros discursos

viernes, 19 de febrero de 2016

Retropost #656 (16 de diciembre de 2005): Oscuros discursos



Veo que en un artículo de Las Provincias aparecido el 12 de agosto, "Discursos oscuros", un tal R. Marí me menciona en estos términos:

"No sabe uno a estas alturas qué decir sobre los discursos oscuros. Los políticos utilizan a veces una retórica insoportable: muchas palabras, pocass ideas. Vacuidad que revela la pobreza del pensamiento y las falsedades del discurso.
En cuanto a los intelectuales... Siguen resultándome extrañamente obscenos párrafos como estos: "Sus libros van sobre ese fenómeno, las distorsiones debidas al conocimiento retrospectivo (que la retrospección proporciona conocimiento está claro, éstos parten de ahí y le buscan las pegas a ese conocimiento). Quizá también podríamos llamarlo la falacia narrativa, porque es un fenómeno inherente a la representación narrativa de los acontecimientos" (José Ángel García Landa)."


Conclusión de Marí:

"Los intelectuales del 98 (salvo Azorín) tampoco captaron la relevancia del cine como el gran acontecimiento cultural del siglo XX. Se puede ser inteligente y arcaico a la vez. Profundo y sin olfato. Visionario y miope."

No sé si dejarlo tal cual, o (con un bostezo) señalar que es de mala educación, y peor baba, descontextualizar el discurso de uno para intentar ponerlo en la picota, no sé por qué razón, como si yo me dedicara a proferir sandeces sin sentido por ahí. Yo también podría ahora citar un sesudo artículo científico sobre la hemoglobina, pongamos, como ejemplo del insoportable tecnicismo de algunos escritores en revistas especializadas. Pero no soy tan vurro, Marí. Y si querías pasajes oscuros, los tengo mucho más lucidos, pero claro, si no llegas ni a éste, ya te vale. Por lo menos, eso sí, para hacerme pasar mejor por memo, podías coger una frase entera, pues en tu cita (sacada del blog de Arcadi Espada) no se sabe a quién se refiere "sus", ni "ese fenómeno", ni "éstos". Así cualquiera, ¿eh? --cortándome las frases por la mitad. ¿No te das cuenta de que se te ve el dedo en la balanza, tramposo? Como si yo cito de tu artículo la frase "pocass ideas. Vacuidad que revela la pobreza", y lo presento como si fuese un resumen adecuado de lo que dices. Pues sabes qué te digo, que lo voy a hacer. Porque en este caso lo es.


(Carta enviada hoy a Las Provincias. No deja de tener cierta justicia poética que si hubiese entendido algo del artículo que cita, el autor no diría las tonterías que dice sobre los intelectuales del 98 y su falta de perspicacia ante la importancia futura del cine. R. Marí sabe que Azorín tenía olfato, y sin duda también lo hubiera sabido en 1898. Una vez visto, todos listos).

(Me contesta  R. M. al correo, muy atentamente por cierto, asegurándome que a pesar de haberse referido en esos términos a lo que yo escribía, no era su intención ofenderme, ni escribía él con la conciencia de que le podría sentar mal a alguien lo que ponía; que sólo buscaba poner un ejemplo de lenguaje incomprensible y (vaya) dio con el mío escribiendo a toda prisa. Pues nada, disculpado, y qué se le va a hacer. Me disculpo yo también por mi indignación, y quedamos en que pelillos a la mar -- Ah, y gracias por la respuesta, normalmente no se tiene la elegancia de contestar educadamente a un cañoneo verbal, aunque sea defensivo).



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Retropost: Tres sueños

miércoles, 17 de febrero de 2016

Retropost #651 (11 de diciembre de 2005): Tres sueños: Solo ante el Juicio, Los Carteles, El Alojamiento Rural



Solo ante el Juicio
En un hospital, creo, mientras mi padre y mi hijo mayor dormitaban, yo miro la tele. Están echando un reality show experimental, centrado en los efectos indirectos que las situaciones extremas tienen sobre la gente. En esta ocasion, entrevistan a unos cantautores gallegos, que viven en Madrid, y han traído parte de su música para el programa. Comentan sus peinados (pelo gallego cortado en plan moderno), tocan un poco la guitarra. Luego les pasan un videoclip sobre la situación extrema de su pueblo (o quizá la extraen directamente de una caja, en el estudio). Yo lo veo por la tele. Es un monstruo -- un humano, con familia, que lo muestran al show. Tiene algo de enfermo terminal, algo de contorsionista de circo, mucho de anoréxico o de judío de Auschwitz. Piel estropeada, fláccida en los huesos, la cabeza vuelta atrás de modo imposible, y estrecha como un cilindro, la mirada nublada, más de cosa que de persona. Se mueve, se desplaza sobre la mesa, a pesar de tener los miembros descoyuntados o retorcidos en posiciones forzadas como si fueran los miembros de un animal, puede moverse con dificultad, rodando, a cuatro patas con el pecho vuelto hacia arriba y la cabeza erguida, adoptando posturas y torceduras que ningún humano ni animal ha utilizado nunca para moverse. Las cámaras lo filman de modo que lo hacen aparecer de manera ambivalente a la vez resaltando las dificultades de sus movimientos e imprimiéndoles cierta gracia. Miro con alivio que Álvaro está dormido y no puede ver el espanto que aparece en la pantalla, porque realmente están mostrando uno de los límites del horror que pueda tener la existencia humana. (Luego comento lo que han echado y me pide una descripción, pero prefiero no decirle mucho). Uno de los cantantes gallegos vivía en el pueblo del monstruo. Cuenta que decidió dejar su pueblo por no tenerlo cerca, sentía que sólo su existencia cerca le envenenaba la vida, y le impedía llevarla al nivel de posibilidades que él deseaba -- era como un lastre espiritual. Máxime porque en el pueblo él también cantaba, en fiestas y demás, y el monstruo no dejaba de estar en primera fila, dando palmas, parecía revivir con eso. Ahora el cantante se enfrentaba a él en el programa de televisión como quien purga un pecado, como esas parejas de telebasura que se dedican a reñir en directo, o a reconciliarse en directo. Era por dinero, creo, y también por explorar las ambigüedades de la experiencia. Había reconstruido su vida, no había vuelto al pueblo nunca más, pero se había sentido impelido a venir al programa, y a ver una vez más al monstruo en la pantalla del estudio (no lo miraba mucho, sin embargo), como manera de reconocer que nunca se había quitado ese peso de encima. El programa estudiaría otros casos, otras vidas tocadas de refilón por las experiencias límite. En cualquier caso, pronto el monstruoso enfermo volvía a su caja, sus cuidadores se lo llevaban en una camilla, ya esperaba una ambulancia fuera del estudio, el programa terminaba.

Pero yo no sólo tenía que narrar el programa, pronto me veía transformado en médico o ginecólogo, que tenía que tomar una decisión de vida o muerte sobre este mismo monstruo, que acababa de nacer, o estaba en peligro. No sé cómo era yo el responsable repentinamente de que tuviese que vivir o morir -- tenía que decidir por otras personas que iban a tener que vivir con él, de hecho por toda la raza humana, o por mí mismo -- porque la característica más terrible del monstruo (todos los horrores de su presencia no eran sino una metáfora de esto) era la manera en que empobrecía y degradaba la vida que transcurría a su alrededor, cómo la naturaleza misma de la existencia cambiaba por el hecho de tener que existir en presencia suya. Y me encontraba con que no podía tomar yo esa decisión de vida o muerte, era angustioso porque pensaba en el Juicio Final, y en lo desautorizados que estamos para juzgar, y en la responsabilidad por la vida y el sufrimiento de los demás, y no tenía bases para juzgar, no podía hacer nada, estaba angustiado por no encontrar la solución, pero necesitaba una, estaba en el quirófano, una figura de autoridad, había que decidir ya. Y entonces encontraba si no una solución, un refugio: me refugiaría en la Duda. La Duda sería un espacio hueco, oscuro, que me acogería, yo podría acurrucarme en él, y estaría allí a salvo de todas las decisiones que tuviera que tomar, en especial esta terrible decisión sobre el monstruo (¿tendría alma?).

Y entonces me despertaba, o me he despertado, y he visto que en efecto estaba acurrucado en la oscuridad, y que realmente me atormentaba ese sueño, y que tampoco despierto tenía elementos de juicio ni bases para una decisión. Pero que la tenía que tomar. Estaba flotando en el vacío, no veía nada, no tocaba a nadie -- ¿quizá podía extender el brazo, y cerciorarme de que estaba en algún sitio en concreto, y cerca de alguien, en lugar de en una oscuridad abstracta, sólo una mente ante una decisión? Pero estaba prohibido hacerlo, era eludir el problema, era hacer trampa, había que seguir allí hasta que tomase una decisión, adoptase una solución, la Duda sólo daba un refugio imperfecto. Pero ahí me he encontrado, solo ante el Juicio, y sin saber qué hacer, sabiendo que era un problema irresoluble, una responsabilidad a la vez imaginaria e inmensa, con Dios observando quizá desde las tinieblas. Hasta que me he levantado, por salir de esa tierra de nadie de la oscuridad. Ahora ya está aquí expuesta la cuestión: y sigue aquí en tierra de nadie.


Los carteles

Me movía yo, como un ejecutivo con futuro prometedor, por la ciudad, con mi maletín a cuestas, observando puntos estratégicos y enviando información por correo electrónico ("Estimado compañero...", etc. etc.). El paisaje combinaba elementos de mi barrio hoy, de un laberinto de accesos y rampas, y de las pistas de esquí donde iba de pequeño en mi pueblo, cerca del canal de Jarandín. Tenía que cruzar una avenida, acercarme a una calle donde un cartel electrónico contenía muchos datos que yo necesitaba almacenar, mi lápiz electrónico wifi no los cogía desde el otro lado de la calle. Y no sabía si dejar un momento el maletín en un portal, a la vista, mientras pasaba al otro lado de la calle apuntando el chisme. En cualquier caso, mi preocupación por el maletín resultaba justificada, porque tras entrar en una clínica o facultad de grandes pasillos, buscando el baño, veía que me lo había dejado en algún sitio. Preguntaba a grupos de enfermeras o conserjes, sin éxito. Miraba por las calles, pasaba al lado de la iglesia del barrio, por paredes de ladrillos con carteles viejos pegados. Entre ellos descubría varios carteles que había pegado yo mismo hacía años, y me sorprendía que aún siguiesen allí. Scripta manent. Eran carteles donde yo anunciaba algún tipo de publicación que había hecho , o un libro, o un método para algo que había desarrollado y que por aquel entonces quería promocionar, pero que ahora ya no formaba para nada parte de mis prioridades. Y miraba yo con cierta vergüenza y nostalgia la retórica exclamativa de esos carteles, que proclamaban que si el método del doctor García, autoalabanzas y exclamaciones para aquí y para allá, compre usted esto. Además se veía que eran carteles hechos con una impresora desfasada, muy de su época, que en tiempos habrían parecido carteles normales pero hoy se veían autoeditados, y con una estética que traicionaba que era el propio autor el que se promocionaba. Todo eso me molestaba, sobre todo el hecho de que (aunque muchos faltasen) todavía hubiese después de tantos años varios de esos carteles por ahí pegados, con otros carteles medio arrancados y medio tapándolos, pero demasiado visibles en conjunto. Máxime cuando descubro, en una zona al final de la calle, por donde se entraba a alguna oficina de una sociedad de autores, descubro digo una pintada hecha con una plantilla troquelada o stencil que decía "Aclaramos que en este establecimiento NO distribuye ejemplares de ese método ’tan bueno’ del Dr García" o algo similar. Vaya, eso sí que me sonrojaba, era como un comentario negativo en un blog, parecía un ataque directo y personalizado, una burla de mis carteles y de mi antiguo método (que ya de por sí me avergonzaban). Para alivio mío, descubría dos cosas, on closer inspection: una, que había también otros carteles de protesta contra algunas políticas de esa sociedad de autores, con lo que la atención se dispersaba; y dos, que la pintada supuestamente hecha con plantilla (dios mío, ¿habrían hecho muchas?) en realidad estaba hecha a mano, imitando la forma de las letras de una plantilla, se notaba. Los carteles irían desapareciendo con los años (mira que duraban) y poca gente vería esa pintada indignante.

El alojamiento rural

Por recomendación de mi padre, habíamos ido a acampar con los críos a un pueblo francés, o pirenaico, a la granja de unos medio parientes donde quizá estuviese él. Pero no estaba allí alojado, y nos señalaban un prado elevado rodeado de una pared de piedras, donde podríamos plantar la tienda. Previo pago de veinte euros. A mí me sorprendía el precio, porque además no había derecho a cocina ni baño en la casa vecina, y protestaba un poco, pero los propietarios, unas mujeres y granjeros, la madre y la hija, eran inflexibles, y yo pagaba diciendo que ya me habían visto para otra vez, y la hija, en vestido de bata y pantalones debajo, se trabucaba y pedía doscientos mil, veinte mil euros, yo le daba los veinte aún pensando con alivio que podía haber sido más. El parentesco no lo acababa yo de ver. Me molestaban además los animales de la granja, unos perros que ladraban ferozmente y luego sólo querían caricias, me irritan los perros y su manera de pedir las cosas; también me molestaba que los niños se habían metido hasta el fondo de la vivienda rural y estaban viendo la tele, sentados en el suelo de tarima, o gateando como en su propia casa, como si tuviésemos tan buena relación con estos aldeanos. Que además ya se iban, estaban cerrando la casa, vamos, niños, salid de ahí de una vez. Con las prisas orinaba en unas macetas (el baño no estaba obvio) esperando que no lo descubriese nadie, luego echaba agua del lavabo para quitar el olor, con tan mala fortuna que se mojaba toda la pared, pintada de blanco y con esa pintura azul claro fuerte, que quedaba desvaíada y con las líneas emborronadas. Y los niños también venían; pasaban las aldeanas con sus maletas, cerrando la casa, pero bueno, aunque miraban la pared no se daban cuenta de nada, e iban bajando el equipaje a un coche o tractor que les esperaba. Mientras, los niños contemplaban a los animales: un caballo sonriente y un perro, embarcados en una actividad sexual de consuelo mutuo nunca antes vista (en mi experiencia de las granjas). Yo pensaba que bueno, así van aprendiendo cosas de la vida; el aldeano mientras se iba se reía y comentaba algo en la línea de aprender mirando, pero cuidado con aprender demasiado, y luego con probar... Lo más extraño de este sueño es que tenía una conexión con el anterior; de hecho eran el mismo, creo, pero en su estado actual no tienen mucho en común.




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Retropost: Currando si parar contra el método

Retropost #648 (9 de diciembre de 2005): Currando sin parar contra el Método


Bueno, exagero, que la semana está salpicada de fiestas, y también hay ocasión para aflojar un rato. Ayer tarde tuvimos una demonic visitation, que siempre agrada y da calorcillo, hasta conseguí sacar algunas fotos del evento. Pero apenas miro el ordenador y veo que me sugerían que si podía traducir el discurso de Harold Pinter con ocasión de su premio Nobel. Así que a eso me/nos dedicamos chaca chaca hasta las tres de la madrugada, pegándoles un repaso a nuestros paladines Bush y a Blair. Y encima aún tenía la clase de doctorado a medio preparar, así que he tenido que madrugar casi antes de acostarme.

Pero bueno, allí estaban los alumnos tan despuenteados como yo, y nos hemos dedicado a especular sobre metodología e interaccionismo simbólico: sobre las maneras en que los métodos preestablecidos nos acotan la visión, nos permiten ver algunas cosas y nos ciegan a otras (que es de lo que iba la clase: Feyerabend, Blumer, Burke). Máxima a extraer: hay que estar abierto a la contingencia, a la serendipia, al contexto global, a los aspectos periféricos de la situación en la que nos vemos envueltos, y reelaborar de acuerdo con eso el sentido de lo que vemos o comunicamos. No aplicar recetas predeterminadas, ni seguir las diez reglas del blog.

Luego veo que han colgado ya la traducción del espích de Harold Pinter en Fírgoa, aquí se puede ver: Arte, verdad, y política: recomendable, como digo, para quien se resista a comulgar con las ruedas de molino del Emperador; a otros les enfurecerá que Pinter haya aprovechado la ocasión del Nobel para soltar semejante andanada. Era de prever, y de desear. Pinter teme, me parece, que le queda poca vida, y antes de morirse quiere sacarse las verdades del alma.

A la vez me llega una publicación que tenía pendiente de salir. Bueno, me llega un PDF, el libro aún no lo he visto): "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Symbolic Interaction with Henry V", publicado en Books in Motion: Adaptation, Intertextuality, Authorship, un volumen editado por Mireia Aragay para la serie "Contemporary Cinema" (Amsterdam y New York: Rodopi, 2005). Va sobre las adaptaciones cinematográficas, como un caso particular de la contextualización específica y reelaboración que mencionaba antes. Sobre la base del ejemplo de Enrique V de Shakespeare, otro que se iba por ahí montando guerras patrióticas con Dios de su parte. También va el artículo sobre el tema este que me trae a vueltas de la reeelaboración retrospectiva, o retroacción interpretativa. Pero bueno, ahora ya plegueishion; por fin me ha llegado el puente, y mañana nos subimos a Biescas (si podemos, que ahora resulta que va Otitas con tos...). Y de momento me voy a caer dormido un rato, zzzzz...




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Retropost: In My Dream

Retropost #646 (7 de diciembre de 2005): In My Dream



Esta noche, por cierto, he soñado que, dando una excusa para no acompañar a alguien, decía que tenía que ir a denunciar que me habían robado un coche. Y de repente, en mi sueño, caía en la cuenta, con sorpresa y alarma, de que la excusa era cierta, que yo tenía, de hecho, un coche, en el sueño un Morris MG 1300 naranja, MGy me lo habían robado, o por lo menos había desaparecido, no había pensado en él en años, y ahora resulta que no lo tenía. Y es más, no sólo me habían robado el MG, sino también dos (¡dos!) seiscientos amarillos. Que tenían unas bandas de esas que les ponían antes a los coches de rallyes, a cuadraditos blancos y negros... Y, acompañado por un inspector de policía, examinaba yo desde unas plataformas en la montaña todos los coches que se movían por el fondo del valle de Biescas, y sí que había algún seiscientos amarillo, pero no dos, y no era el que yo buscaba. Al final encontraba uno de ellos aparcado en un patio, lleno de cajas amontonadas, de una casa por la que me veía obligado a pasar (pasaba por allí el camino del monte) aunque no quería que me viesen, hace tiempo que no iba por allí, pero no me prestaban mucha atención. Allí fue a parar uno de los seiscientos. Lo curioso es que el que era coche de rallyes, aunque sin bandas a cuadritos blancos y negros, era el Morris, porque al despertarme sí que he recordado que, efectivamente, en tiempos llevaba yo un coche de esos, un Morris MG 1300 naranja que por cierto casi acabó en el fondo de un barranco en un susto y una mala maniobra que hice, allí también me desperté a otra realidad. Ubi sunt. Nuestros sueños nos descolocan de repente usurpando la realidad, dejándonos caer por una puerta falsa de repente, superponiendo lo que fueron nuestras realidades, y todas parecen virtuales, such stuff as dreams are made on.


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Retropost: Querido blog

domingo, 14 de febrero de 2016

Retropost #642 (5 de diciembre de 2005): Querido blog




Hoy el contador de mi blog Vanity Fea  ha alcanzado el ránking número uno de visitas en mis páginas. Hasta ahora detentaba el récord la bibliografía, no por mérito propio sino por vieja, y porque le puse el contador antes. El blog la ha alcanzado a la altura de unas catorce mil visitas, aunque es un alcance virtual porque la bibliografía ya llevaba otras quince mil visitas de un contador anterior cuando le puse éste, más varios años previos al contador o con el contador changao, desde que la colgué en la red en 1995. Claro que a las catorce mil visitas de mi blog habría que sumarle las diez mil de su otro yo, mi blog de notas de nombre cambiante (que en estos momentos se llama Alter-Egotism). Al no estar hecho en una plataforma estándar de blogs, lleva un ritmo más lento y se mueve en círculos diferentes, pero claro es otro lado de lo mismo. (Por cierto, que al otrode  poco le sirve estar estandarizado: los buscadores de blogs como Technorati o Google tampoco lo encuentran, y creo que a ninguno de Blogia).

La bibliografía sí que está mejor enlazada. Al blog han puesto enlaces cuatro o cinco amables visitantes; la bibliografía tiene varios cientos de enlaces, y un buen ránking en la primera página de Google -- hasta varios puestos números uno en Google en búsquedas del tipo "literary theory bibliography", "philology bibliography" o similar. (No es lo mismo que un puesto número uno buscando "Vanity Fea", que también lo tengo, jeje...).

Bueno, pues ahora que me he alcanzado a mí mismo, que es a lo más que puedo aspirar, podemos hacer un simulacro de reflexión y balance. Evidentemente no vale la pena dedicar tantas horas como dedico a la bibliografía y al blog para lograr pongamos cincuenta mil visitas en diez años, sin resultados académicos apreciables en lo que se refiere a la bibliografía, y en lo que se refiere al blog... bueno, llevo un año, quizá pronto para hacer balance, pero tampoco es espectacular, al margen del lugar que ocupa en mi tiempo y en mis circunvoluciones cerebrales. Son las visitas que se espera que pudiese tener cualquier página medianamente compleja nada más que con el azar que te deparan los buscadores. Sí que me he ido enterando de un pequeño número de habituales o visitas recurrentes, y hasta algunos de mis conocidos lo leen de vez en cuando. Pero por ejemplo hay poco diálogo a través de él, no crea mucha "comunidad". Y a pesar de las noticias consistentemente espectaculares sobre el crecimiento de la blogosfera, no veo que mis conocidos tengan la menor intención de abrirse un blog, con lo cual el dedicar mucho tiempo a esto más bien puede aislarte de ellos que comunicarte con ellos. Es un poco ingenuo esto de los blogs, como alguien que porque le entra la furia de la filatelia cree que todo el mundo se va a dedicar a eso. Y hay (o había) muchos coleccionistas de sellos, pero eso. O los esperantistas, si al final ser bloguero va a acabar en eso, en una tribu-hobby más.

Bueno, tampoco lo voy a dejar hoy; de hecho le voy a dedicar más tiempo que a la bibliografía visto el éxito relativo. El componente adictivo del blog sigue alto. Personajes con tendencias adictivas, os lo recomiendo. Es barato. Dicen que puede salir caro, pero hasta ahora tampoco eso se luce mucho.

A lo que iba en realidad hoy era a contar mi diario. Pues nada del otro jueves: ésta es la semana-acueducto, con la Inmaculada Constitución que la deja hecha una delicia, o unos zorros, según quien la mire. Puente puente lo que se dice no tengo; aunque algunos colegas han desaparecido astutamente, poniéndoselo fácil al alumnado para que se tome fiesta, yo no he planificado nada, y me encuentro hoy con tres alumnas en clase (tampoco especialmente motivadas, todo hay que decirlo...). El miércoles y el viernes me temo que será tres cuartos de los mismo. Mañana sí que es una de las santas de la semana: nos iremos como mínimo al cine a ver Harry Potter IV (Álvaro) y Chicken Little (los chiquenlitels). Si alguien se apunta, que llame. Si no hay cierzo, también me los llevaré de excursión a andar por algún camino campestre. Y aprovecharé para intentar alcanzarme a mí mismo en parte del trabajo atrasado, todo imposible (los metros de biblioteca son largos, la vida breve).

"No me preguntes qué voy a hacer contigo, tú sabes a qué he venido, el tiempo es tu enemigo, de hoy no pasará..."--- estos son Sergio y Estíbaliz que los tengo de música de fondo, aunque me quite puntos. Le pongo la música a mi vida breve, a mi blog largo, a ver si me escuchan, y decidimos algo entre los tres.




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Retropost: Planning Management

Retropost #640 (3 de diciembre de 2005): Planning Management


Amaya Lucía, La femme de trente ans, nos invita a comer en el hotel Príncipe a un montón de hermanos, cuñados, sobrinos. Se encontró el otro día en mi página, dice; autogugleándose sale mi blog en primer lugar. Me temo que eso les pasa a varios de mis conocidos. Aprovecho este medio de difusión para anunciar que tenemos en camino al próximo sobrino (nieto de mis padres)... que ya debe hacer el número dieciséis o algo así. Adivinad de quién es, quienes tengáis datos; pistas no he dado.

La incomodidad que supone tener un hijo... te altera la vida, a veces te la vuelve del revés por completo. Menos trauma si ya estaba vuelta del revés (no quiere decir que se vaya a poner al derecho, claro). Pero volver la vida del revés es la única manera posible muchas veces.


The awful daring of a moment’s surrender
Which an age of prudence can never retract
By this, and this only, we have existed.


La planificación familiar con frecuencia, y de modo incalculable, no sale según lo planeado, lo cual pone en entredicho la sensatez de hacer planes. Pero bueno, nos entretiene hacerlos, y desde luego hay cabezas que necesitan tenerlo todo planificado. Aunque luego la vida coge tus planes y hace con ellos lo que bien le parece, sin consultarte mucho. Para mayor confusión, lo que a uno le parece un plan, a otro le parece una locura, una imprudencia, o ceguera... y en última instancia sólo nos queda organizar día a día la forma que va tomando nuestra vida: tomar riesgos calculados, y según el resultado que el destino nos depare, seguir calculando y planeando...

Por cierto, ¿qué planes tienen nuestros conocidos? Buena pregunta. Como dice Buckingham,

We know each other’s faces. For our hearts,
He knows no more of mine than I of yours,
Or I of his, my lord, than you of mine.


Había planes de ir a ver Harry Potter, Chicken Little... que no se materializan. Le regalo a Blanquita Las Crónicas de Narnia, eso no estaba planeado. Y esta noche nos vamos de cena con unos amigos – bueno, creo que iremos, vete a saber. Todo, todo, pende de un hilo.


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Me pierdo Marlango

Retropost #635 (30 de noviembre de 2005): Me pierdo Marlango

 

Agg... qué rabia. En estos momentos me estoy perdiendo el concierto de Marlango en el Teatro Principal. Leonor Watling tendrá que cantar sin mí, si se puede concentrar en la tarea. Dése Vd. por aplaudida. No se puede estar a la vez atendiendo nenes y asistiendo a conciertos (sobre todo si los nenes son alérgicos a los conciertos, que lo son). Por suerte tengo los discos, que los recomiendo por supuesto. No sé si me ponga uno ahora, sería un poco patético, pero... También puedo consolarme con que me pierdo hoy tambien Al Ayre Español con María Bayo, y en general que me pierdo todo lo que pasa a la hora de la cultura y las conferencias (de siete a nueve, por lo que se ve), desde hace once años...

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