Política
El frente independentista, cerca de la mayoría
Videoblog de Federico: "¿Margallo, tu en qué equipo juegas?"
Arrogantes catalanes, navarros y vascos
Arrogantes catalanes, navarros y vascos
Estos tres amantes de fueros especiales y "derechos históricos", que se niegan por principio a ser tratados en pie de igualdad con los demás, ofenden a la Décima Ley de la Natureza de las que define Hobbes en su Leviathan.
La novena ley, contra el Orgullo, ordena "que todo hombre reconozca al otro como su igual por naturaleza. La ruptura de este precepto es el Orgullo." Y sigue Hobbes sentando las condiciones de la convivencia política pacífica que hace posible la sociedad:
La ley a la que ofenden el PSOE y los demás cenutrios que les bailan el agua a los nacionalistas, en cambio, no llegó a formularla Hobbes. Pero si no hay leyes contra la estupidez profunda, es hora y pasahora de que se promulguen.
Tertulia de Federico: El "golpe de Estado" en Cataluña - 03/09/15
La metástasis del Estado
La metástasis del Estado
Hace años me compré en una librería de viejo un libro que recopilaba columnas periodísticas de Federico Jiménez Losantos, Contra el Felipismo (Planeta, 1993), con artículos de los 80 y de los primeros 90. Nunca me lo leeré, pensé, pues el periodismo de hace décadas es como la crítica literaria antigua, than which nothing is deader. Y sin embargo me lo leo este verano, y resulta ser de rabiosa actualidad. Vamos, que no sólo no ha cambiado nada Federico, manteniendo una coherencia inflexible en sus posturas de antes y de ahora, en su crítica a los usos y abusos partidistas del poder y del Estado, sino que también España es la de antes, o más, en la crítica que merece. Véase este artículo de otro siglo sobre LA METÁSTASIS DEL ESTADO:
Si algún estudioso quisiera comprobar cómo es posible sintetizar la peor herencia de la derecha corporativista y la desgraciada experiencia de la izquierda socialdemócrata ttendría que darse una vuelta por España. Las tres claves para que una sociedad moderna no funcione son éstas: una sociedad que no cree en sí misma, un Gobierno que cree demasiado y, entre ambos, un Estado que quiere llegar a todas partes y que, por tanto, funciona mal. Esa triple maldición enseñorea la vida española desde hace mucho: acostumbrados a esperarlo todo del Estado, y a temerlo todo del Gobierno, los españoles se encuentran ahora, casi de repente, con los síntomas de la misma enfermedad que ha afectado a los países occidentales durante los años setenta, pero no acaban de saber lo que les pasa ni ven cómo abordar su mal. Unos piensan, por decir algo, que falta mano dura: otros dicen que hace falta mayor "sensibilidad social" por parte de las autoridades; otros creen que nuestro país está abonado a esta fastidiosa constatación de inoperancia; pero, en general, no se comprende que no estamos ante una gripe endémica, sino en estado canceroso. España padece cáncer de Estado.
La metástasis del Estado es similar a la de las células cancerígenas, que aumentan desordenadamente y sin control. Antiguamente, las funciones del Estado, al menos en los países mejor organizados, se limitaban a asegurar las fronteras, garantizar el orden y favorecer el cumplimiento de las leyes. Estas funciones precisaban determinados fondos, que se conseguían mediante impuestos sobre las mercancías —indirectos—, sobre las rentas y posesiones —directos—, o mediante diversas manipulaciones en la acuñación de moneda —con resultados generalmente desastrosos—. A pesar de ello, los Estados que, como el español, llegaron a organizar imperios universales alcanzaron gran eficacia en la utilización de sus recursos.
Al control político-militar de la sociedad española durante el franquismo, que dio lugar a un Estado asistencial a medio camino entre el corporativismo católico y la socialdemocracia, le ha sucedido el proyecto de "Estado de bienestar" a la sueca; a la sueca del Guadalquivir, se entiende. El resultado es que el Estado, es decir, el Gobierno, dispone de una Administración elefantiásica, pero carece de buenas comunicaciones; tiene más universitarios que nunca, pero cada vez saben menos cosas —ya, ni siquiera dominan la lengua materna—; controla de forma absoluta a los contribuyentes, que somos todos, pero no es capaz de garantizar la seguridad ciudadana; manipula la cúpula del Poder Judicial, pero los tribunales están atascados; tenemos todo un Ministerio de Cultura, pero la portavoz del Gobierno habla con faltas de ortografía; tenemos cientos de miles de soldados, pero somos incapaces de poner veinte mil en el extranjero para hacer una guerra que no sea de guerrillas; el Estado garantiza el derecho de los españoles a la salud, pero en las colas de los hospitales la gente se muere; también se proclama el derecho a una vivienda digna, pero no hay quien pueda pagarla. Ha crecido tanto el Estado, que llega a todas las actividades y afecta a todas las personas, pero ni es eficaz ni a cambio de nuestro dinero y nuestra libertad ofrece algo más que palabrería y burocracia. Por eso digo que el organismo nacional padece cáncer de Estado y se consume en la Seguridad Social. Con todo, lo pero de este organismo nuestro es que no sabe de qué se muere porque nunca ha gozado de buena salud; y en vez de acudir a la cirugía recurre a la cataplasma.
(Federico Jiménez Losantos, ABC, 20 de octubre de 1991)
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Artur Mas firma su desafío
Retropost #109: 2 de febrero de 2005
Retropost #109: 2 de febrero de 2005
Comentarios que distribuyo sobre el debate parlamentario de ayer, en Aventura en la Tierra y Por la boca muere el pez. En esta línea:
- Zapatero ha dicho dos cosas muy distintas: que una reforma estatutaria aceptable pasa por un consenso entre los vascos: no del 51 % sino del 60, del 70, del 80%. (Ojo, del 60%). ¿Es de suponer que entonces se les aplicaría la misma regla que a los catalanes, es decir, "el Parlamento español aprobará cualquier estatuto que venga consensuado desde Cataluña"? Esto es concederle la mayor a Ibarreche: que vascos y catalanes tienen derecho de autodeterminación.
- Muy distinto es decir otra cosa que dijo: que la reforma la tienen que aprobar todos los vascos y todos los españoles. (A ver qué quiere decir "todos", porque "todos" no es "todos", claro). Esto sí es constitucional. Pero si Zapatero está polite con Ibarreche es en parte porque sus propios apoyos parlamentarios para gobernar, los de Esquerra Republicana de Catalunya, han votado en contra, mientras que el PSOE ha votado aquí junto con el PP, la bestia negra. Tenemos muchos boletos para que se siga produciendo lo que ya ha pasado con gobiernos tanto del PSOE como del PP: que para un beneficio coyuntural se pacta con partidos con quienes no se comparte la base misma de la acción política, la Constitución, antes que con otro partido constitucionalista. Y en el caso del PSOE aún es más flexible la cosa, porque el PSOE no es constitucionalista en realidad: no desea mantener la constitución, sino que está dispuesto a ceder ante quienes quieren reformarla (me refiero al doloroso tema de la unidad territorial, no a la sucesión masculina de la Corona etc.), sobre todo si ve que puede sacar de ello alguna ventaja política. Y una cuestión añadida que todavía no se nota mucho pero se notará, vaya si se notará: que el PSOE no tiene implantación ni en Cataluña ni en el País Vasco (es decir, Bono no es igual a Maragall). Igual debería implantarse...
- En cuanto a Ibarreche, también va jugando con dos barajas. Porque se declara independiente, pero quiere que además le concedan la independencia. Dos cosas al parecer incompatibles... pero en política vasca el proponer dos cosas al parecer incompatibles por lo visto da buenos resultados electorales. Ibarreche tiene todo el derecho del mundo (derecho personal e intransferible, me refiero) a declarar independiente al País Vasco. Pero malamente puede sostener que todos los demás estan obligados a aceptarlo de buen grado, porque desde luego no tiene ningún derecho constitucional para hacerlo. Y si lo que dice es que rompe con la constitución, etc., pues quizá no debería presentarse a las elecciones que se hacen al amparo de la Constitución, para obtener puestos políticos fundados en esa Constitución. Es la historia de siempre: lo mío, mío, y lo tuyo, de los dos, pero ya elevado a rango de principio constitucional. Por lo menos a la Chunta Aragonesista le ha llegado para ver eso... a pesar de haberse subido en otras ocasiones al carro de los nacionalistas. Un auténtico watershed, eso: pero el PSOE, aunque parezca que no, se va cada mitad por un lado (los no-PSOES vasco y catalán, me refiero, PSs ni obreros ni españoles). De momento, los electores vascos ya no se pueden autoengañar: esta vez han de votar en las elecciones autonómicas recién convocadas a favor o en contra de la salida de España, a favor o en contra de un conflicto abierto donde cada cual empleará, en última instancia, la fuerza. El Estado empleará, claro, las fuerzas del orden; el estado aspirante sólo puede oponer las del desorden.
