Blogia
Vanity Fea

Política

¡Anda iros a esparragar!

martes, 4 de diciembre de 2012

¡Anda iros a esparragar!

Oía ahora en Onda Cero a Julia Otero entrevistando a José Mª Calleja, hablando del caso Díaz Ferrán. Cómo resulta que el que fue presidente de la patronal empresarial durante años, es un vulgar delincuente, desfalcador, estafador, ladrón, etc. Que qué escándalo, etc. etc. Ahora comunica Calleja que en su programa un empresario dijo hace dos años que Díaz Ferrán era todo eso, y que resultaba difícil creerlo, pero que no le puso una querella así que algo habría. Pero mientras los empresarios lo han elegido como modelo y representante, votándolo una y otra vez, y aplaudiéndole con las orejas. Y el gobierno, el de Zapatero que es cuando ejercía, a ponerle alfombra roja y a tratarlo como todo un señor—que lo es, de chaletazo, millonazos trofeos de caza. Entre todos lo han hecho lo que es, que él solo no llega. Pero esto les cae ahora, a los políticos y a los medios, como una sorpresa, ¡oh, qué escándalo, quién lo iba a decir!  Etc. Etc.

Federico Jiménez Losantos lleva años y años denunciando públicamente a Díaz Ferrán, y tratándolo no sólo de globo hinchado por la corrupción, sino de estafador y desfalcador. Pero mientras, ¿qué?  Todos a inflar el globo, y a ignorar al Federico, y a hacerle el vacío como si fuese el Hombre Invisible, y a despreciarlo por "amarillista", por deslenguado y maleducado, como el que dice las inconveniencias que no quieren oír mientras sopla el viento de ese lado.

Y ahora la sorpresa, entre políticos y periodistas, "oh," "ah".  Que cómo podía este señor empresario tener un cargo político de primera. Qué sorpresa.

¡Anda iros a esparragar!


Más justicia a la española

El presente de Cataluña

MARTES, 27 DE NOVIEMBRE DE 2012

El presente de Cataluña

Un soneto de Fray Josepho en Libertad Digital



EL PRESENTE DE CATALUÑA

La cultura, al servicio de la casta. 
La opinión, embridada y contenida. 
La prensa, siempre bien retribuida. 
El idealismo, todo por la pasta. 

La educación, dogmática y nefasta. 
El fútbol, sustituto de la vida. 
La patria, elefantiásica y fingida. 
La discrepancia, calla o se la aplasta.

La lengua, una liturgia obligatoria. 
Un delirio fantástico, la Historia. 
La expansión imperial, una quimera. 

Pasado y porvenir, un puro cuento. 
Y el presente, un grandísimo excremento 
que conservan envuelto en la bandera. 




Donde Mas nos duele

miércoles, 21 de noviembre de 2012


Donde Mas nos duele

Un artículo de Fernando García de Cortázar en el ABC, donde trata a Artur o Arturo Mas y a los secesionistas catalanes con el infinito desprecio intelectual y moral que se merecen: 

SIEMPRE me ha molestado la impertinencia que confunde la sobriedad de los catalanes con una falta de sentido del humor, con una ausencia de cordialidad o con un lastre de arrogancia. Por el contrario, he apreciado esa forma de tomarse en serio a uno mismo que se basa en la prudencia para huir de la exageración, y que nunca confunde la ponderación con la indiferencia ni la exaltación con la autenticidad. Me temo que las cosas han cambiado, y que la más grave responsabilidad que habrán de asumir los dirigentes nacionalistas catalanes será, paradójicamente, haber traicionado la consistencia envidiable de un carácter. Porque, frente a determinadas maneras de comprender la sociedad, cuyo violento patetismo ha dejado huellas indelebles en nuestra historia, las virtudes cívicas de los catalanes siempre habían huido de la combustión sentimental en que se ha convertido la atmósfera de las elecciones del 25 de noviembre.
Al catalán le distinguía una mezcla de serenidad y fina ironía indispensables para mantener una distancia de seguridad ante los problemas, que nos permite resolverlos en lugar de reducirnos a la condición de meros portavoces. Se trataba de una ejemplar manera de vivir, de una relación austera con la realidad a la que disgustaban las frases ampulosas y el estrépito de las consignas. No era un asunto de buenos modales, sino una simple cuestión de civismo. No era una opción estética, sino una convicción moral. Se trataba de un saber estar que, en el fondo, siempre es un resultado de saber quién se es. Se trataba, sobre todo, de comprender que nunca se está tan cerca del ridículo como cuando las palabras y los gestos disfrazan su inconsistencia con los hábitos de la solemnidad. No son estos tiempos de crisis los mejores para la lírica. Pero no hay tiempo alguno que se merezca esta épica de andar por casa, este heroísmo de mesa camilla, esta exhibición muscular de forzudos de feria patriótica, este recuento de vísceras que presagian una utopía diseñada en los circuitos institucionales del mismo Estado que se pretende repudiar.
Los nacionalistas catalanes protestan airadamente cuando muchos consideramos, dentro y fuera de Cataluña, que se está produciendo una grave y tal vez irreparable pérdida de la calidad democrática construida con tanto esfuerzo en los últimos treinta años. Lamento que no se vea en lo que está ocurriendo algo mucho más peligroso que el debate legítimo entre opciones políticas, entre modelos de Estado, entre proyectos de sociedad. Lamento que la sensibilidad de los observadores se haya degradado hasta el punto de no ver que lo más dañino para el futuro no se encuentra en los temas de los que se habla, sino en el tono que se utiliza. Si el guión nos preocupa, el escenario nos alarma. Poco debería extrañarnos, al fin y al cabo, porque el nacionalismo siempre ha sabido que su hábitat natural es el de la apariencia, aunque pretenda presentarse como defensor de lo sustancial. Siempre ha entendido que su discurso comunitario funciona como llamada a la unanimidad, aunque intente comportarse como celador del pluralismo. Siempre ha demostrado que se encuentra cómodo en el monólogo de las afirmaciones tajantes, aunque pretenda basarse en el derecho al debate y en la atención a los matices.
¿Cómo no va a preocuparnos lo que está sucediendo en Cataluña, cuando no asistimos a un conflicto político, sino a la sustitución de la política por la simple manifestación de una identidad indiscutible? En uno de los ejercicios de demagogia más abyectos que puedo recordar en nuestra democracia, la consigna del «derecho a decidir» se expresa en un contexto en el que ya se ha decidido lo fundamental. A los ciudadanos de Cataluña no se les ha ofrecido un campo de opciones entre las que pueden elegir, sino que se les fuerza a la insoportable tensión de un dilema que sólo puede satisfacer a quienes, a falta de cultura democrática, han sacado por fin sus sobradas y sobrantes inclinaciones plebiscitarias. Por ello, la convocatoria de las elecciones se ha planteado ya como un plebiscito. Porque, en su escenificación por tierra, mar y aire de los medios de comunicación catalanes y de los propios centros del poder institucional, en el temario a superar por quienes aspiran a obtener una plaza de ciudadanos, la cuestión fundamental y única es la de la independencia de Cataluña.
Ninguno de los sucios juegos de manos del nacionalismo va a cogernos desprevenidos. Ni siquiera que sus magos profesionales hayan convertido el rancho cuartelero de una penitenciaría patriótica en el falsario banquete del festín de una democracia. Los catalanes no van a elegir, porque la más importante de las decisiones ha sido ya tomada. Antes de que se convoque cualquier consulta sobre la independencia, los ciudadanos de Cataluña han sido llevados a un proceso que nada tiene que ver con las nueve ocasiones en las que han elegido a sus representantes en el Parlamento autonómico. No es extraño que los promotores de esta circunstancia la hayan presentado como un momento excepcional, porque de eso se trata: de haber decretado un estado de excepción que, en su mismo planteamiento, ha liquidado, tal vez de forma irreparable, el concepto nuclear de soberanía sobre el que se levantaron la democracia española y las instituciones autonómicas de Cataluña.
Que nadie se extrañe del aparato publicitario con el que se asume esta fractura cívica de tan extrema gravedad. Que Artur Mas aparezca en un cartel electoral con los brazos extendidos, como Moisés ante el mar Rojo, bajo el lema contundente de «la voluntad de un pueblo» es una prueba del ambiente en el que hace tiempo se vive el final de la política en Cataluña. Mas no aparece como un dirigente, sino como un redentor. No trata de imprimir fuerza a su liderazgo, sino de ensancharlo con los dispositivos religiosos del mesianismo. No aparece como el representante de un partido que habla en nombre de una parte de los ciudadanos, sino como la encarnación de un pueblo entero, como la personificación caudillista de una voluntad general. Que no se equivoque él y que no se equivoquen quienes no se han sentido demasiado cómodos ni con el gesto ni con el lema. Son perfectamente coherentes con lo que lleva haciéndose desde hace meses. La discreta estatura política de Mas, la más que delgada línea roja de sus aptitudes como ideólogo, han hallado la coyuntura propicia de unas circunstancias extremas. Los líderes a los que admiramos fueron aquellos que edificaron la normalidad sobre las ruinas de la exasperación, cuando Europa trataba de recuperar su rumbo en el corazón del siglo XX. Aquellas figuras ejemplares no aumentaron su talla levantándose sobre la voluntad del pueblo, sino representándolo con la modestia y el sentido de la proporción que siempre observamos en quien es portador de la grandeza. Quien en las dificultades de la patria no ve un desafío que le pone a prueba, sino una oportunidad que la desintegra en beneficio propio, poco tiene que ver con los hombres y mujeres a los que veneramos, constructores reales de aquella libertad que, gracias a ellos, recuperamos. Un político mediocre no pertenece a ese rango por muchos ejercicios de vanidad que desarrolle o por muchos actos de servidumbre intelectual que oficien los funcionarios de su causa. En el mejor de los casos, será sólo el ejemplar elocuente de una época de crisis de la democracia y de flaqueza de la libertad.
________
 



Acción contra el separatismo catalán

El meollo del razonamiento

viernes, 16 de noviembre de 2012

El meollo del razonamiento

El Tribunal Constitucional ya ha dado a conocer la justificación de su resolución que declaraba constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo. Vayamos al meollo del razonamiento—por qué puede entenderse, dicen, que aunque la Constitución habla de que varón y mujer podrán contraer matrimonio, también puede entenderse que permite los matrimonios entre personas del mismo sexo. Comienzan admitiendo objeciones:

"Teniendo estos argumentos presentes, es trasladable a nuestro razonamiento la afirmación mantenida por el TEDH respecto del art. 12 CEDH, consistente en que “en los años 50, el matrimonio era, evidentemente, entendido en el sentido tradicional de unión entre dos personas de sexo diferente” (STEDH en el asunto Schalk y Kopf c. Austria, de 22 de noviembre de 2010, § 55). En el año 1978, cuando se redacta el art. 32 CE era entendido mayoritariamente como matrimonio entre personas de distinto sexo, también en el seno de los debates constituyentes.

(Lo de "mayoritariamente" será un chiste del ponente, supongo. Ahora bien, dicen:)

Lo que el constituyente se planteaba en el año 1978 respecto del matrimonio no tenía nada que ver con la orientación sexual de los contrayentes, sino con la voluntad de desligar el matrimonio y la familia, de proclamar la igualdad de los cónyuges en el seno de la institución, y de constitucionalizar la separación y la disolución."
 

 


Lo otro, habría que aclarar, no sólo no se discutía, sino que estaba fuera de toda discusión. Admiten los miembros del TC, además, que

"desde una estricta interpretación literal, el art. 32 CE sólo identifica los titulares del derecho a contraer matrimonio, y no con quién debe contraerse aunque, hay que insistir en ello, sistemáticamente resulta claro que ello no supone en 1978 la voluntad de extender el ejercicio del derecho a las uniones homosexuales."
 


En efecto, esa voluntad ni de lejos se acercaron a ella los redactores de la constitución. Pero, pasa a decir  el TC en la sentencia, la Constitución es "un árbol vivo"—que, "a través de una interpretación evolutiva, se acomoda a las realidades de la vida moderna como medio para asegurar su propia relevancia y legitimidad."

Uno pensaría más bien que si no se ve como relevante y legítimo ese artículo que presupone la diferencia de sexos en el matrimonio, será que la Constitución no es un árbol vivo, sino un árbol muerto— y que por eso hay que actualizarla en este punto. Si está vivo, o sea, operativo, ese artículo, se entiende perfectamente lo que dice, según acaban de subrayar los propios miembros del Tribunal Constitucional. Repitiendo punto por punto la lógica que animaba el preámbulo de la ley de Zapatero, explican estos "magistrados" lo clarísimamente que está expuesto, en la norma a vulnerar, el principio que van a vulnerar con su interpretació—el principio que el legislador ha decidido remover. Con la salvedad de que ellos ni son el legislador, ni tienen autoridad, en absoluto, para cambiar la Constitución.

El cambio se sustenta, dicen, precisamente en los grandes principios que consagra la constitución: en que estos "grandes principios son de aplicación a supuestos que sus redactores no imaginaron."

A ver, no es que no imaginasen, sino que eran rechazados de plano, en la misma presuposición que define la institución del matrimonio (para los constituyentes, digo, no para mí ni para Perico los palotes). No es una cuestión de falta de imaginación de lo que puede darse en el mundo universo ahora o en el futuro, sino una declaración y establecimiento de qué es legal y qué no lo es, y cuáles son los sujetos a quienes la ley se aplica.

El tribunal constitucional ve su papel como sigue: para preservar los principios constitucionales en un nuevo contexto, porque las normas cambian,

"van actualizando esos principios paulatinamente y porque el Tribunal Constitucional, cuando controla el ajuste constitucional de esas actualizaciones, dota a las normas de un contenido que permita leer el texto constitucional a la luz de los problemas contemporáneos, y de las exigencias de la sociedad actual".
 


Pero aquí hay una petición de principio: se parte en el razonamiento del Constitucional de que la diferencia de sexo entre quienes contraen matrimonio no es uno de esos grandes principios básicos que hay que mantener y adaptar a los tiempos. Es un detalle accidental, no sustancial y prescindible. Para ellos. Pero es todo lo contrario de lo que establece la Constitución por el hecho mismo de dar el principio de diferencia sexual por presupuesto y sentado.... y ya tenemos, por tanto, un razonamiento perfectamente circular, que se levanta a sí mismo del suelo tirando los cordones de sus zapatos.

El razonamiento del TC es un razonamiento jurídicamente grotesco, pues convierte la Constitución en letra muerta que puede ser interpretada "evolutivamente" por el Tribunal Constitucional para actualizarla a los tiempos que corren—pero por la puerta falsa, o sea, saltándose el procedimiento establecido por la propia constitución para su propia actualización.  Viene a ser la consagración final de la perversión legal que ha ido añadiendo a la Constitución parches y florituras, bolsas y bolsillos enteros de mini-constituciones paralelas o sobreañadidas, como son los estatutos de autonomía.

Para más inri, estos retorcedores de concetos arguyen que su jurisprudencia creativa (que no evolutiva) es necesaria para defender el espíritu de la constitución en contradicción directa con su letra— "a riesgo, en caso contrario, de convertirse en letra muerta." Dicen los matadores de la letra.

Todos los razonamientos del Tribunal Constitucional sobre la conveniencia de reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo les deberían haber llevado a proponer una reforma constitucional, visto que la Constitución lo descarta absolutamente de sus presupuestos. O mejor a callarse, pues no es papel del Tribunal Constitucional el proponer reformas constitucionales. Y si no es ése su papel, imaginen si tendrá atribuciones para cambiar la Constitución, que es lo que han hecho con su "interpretación evolutiva"—darle un nuevo significado, retroactivamente. Ah, pero no, no retroactivamente, porque sólo será válido el matrimonio gay a partir de la ley de Zapatero. ¿O sea que fue Zapatero el que cambió la constitución, cambio que es reconocido como válido y acorde a los tiempos por el Tribunal Constitucional? Pues ya acaban de contradecir otro principio básico de los que venían recitando—que una norma de carácter inferior no puede cambiar una de carácter superior.

Todos los demás razonamientos y refutaciones de las alegaciones dependen de éste: de la capacidad del TC para decidir que la letra y espíritu de la constitución en este punto no están protegidos por la propia constitución, sino que son alterables según la valoración que prefiera darles el intérprete, visto lo que la práctica social juzga aceptable.

Como bien dice uno de los votos particulares contrarios a la resolución, el de Juan José González Rivas, "4. Se sostiene como argumento básico de la sentencia la necesidad de una interpretación evolutiva de la Constitución y en mi opinión, tal evolución ha de respetar la esencia de las instituciones comprendiendo su espíritu y finalidad pues, en este caso, el matrimonio tiene un carácter fundamental y una finalidad esencial basada en la unión entre personas de distinto sexo, requisito que no puede quedar eliminado por una interpretación evolutiva que no preserve su garantía constitucional." O, como dice Andrés Ollero, "El derecho al matrimonio da opción a insertarse en una institución, pero no a redefinirla." Actúa el Constitucional, en efecto, como si la diferencia sexual entre hombres y mujeres se hubiese declarado irrelevante a efectos legales, con el paso de los tiempos. Pero ello no es así en nuestra legislación; por tanto esta resolución no es una interpretación ajustada a los principios interpretativos habituales, sino una intervención—ingeniería social de esa que promovía Zapatero.

En fin, es un poema de los tiempos que corren, esta sentencia, y prueba de lo que valen la lógica y la jurisprudencia donde hay voluntad política de torcerlas, y consignas que obedecer.

Por otra parte se arma un bollo el Constitucional cuando mezcla la cuestión de la orientación sexual, pues lo relevante en la legislación constitucional no es la orientación sexual de las personas, a la que no se alude en ningún momento (se la da por presupuesta, de hecho, otra cuestión que habría que actualizar en una hipotética reforma constitucional)—sino únicamente a la diferencia de sexo. Pero la sentencia del Constitucional salta de una cosa a otra, como se ve en la frase resaltada en rojo arriba, o en rojo abajo:

"optó en cambio por generalizar el régimen único del matrimonio para cualquier persona, independientemente de su orientación sexual, opción ésta ajustada a la Constitución y que parece responder a la lógica de que dos relaciones jurídicas equiparables -matrimonio entre personas de distinto sexo y unión civil entre personas del mismo sexo- y con similares efectos reciban la misma denominación."


Pero es que las leyes no tienen por qué responder a la lógica de quien las interpreta. Tienen su propia lógica, o su propia ilógica, y no están para adecuarlas a la lógica particular que tenga el juez o magistrado, sino para interpretar y aplicar la lógica que ellas mimas presuponen y expresan. ¿Que las quieren cambiar? Pues cámbienlas, si pueden, pero no ustedes, que no tienen autoridad para ello—Háganlo por el procedimiento establecido: no diciendo, por ejemplo, que donde dice monarquía ha de entenderse república—por ir con los nuevos tiempos.

Y en suma, concluyen que ne la ley Zapatero "la opción escogida es respetuosa con los dictados del texto constitucional". Pues mire, NO. La Constitución decía, y dice, y presuponía, y presupone, todo lo contrario. Ahora que, lo que es de aplicación en España y lo que va a misa no es la constitución, por supuesto, sino lo que sigue la dirección en que sopla el viento. 

________

La constitución y el remiendo que la enmienda. No hay nada nuevo en estos remiendos à la mode, contra lo que parece creer el Tribunal Constitucional, pues de estas componendas ya se escribió la sátira hace tiempo. De estas reinterpretaciones retroactivas mediante anexos y codicilios ya habló Swift en A Tale of a Tub, cuando los hermanos quieren alterar el testamento del padre que les obligaba a mantener su chaqueta tal como la heredaron:

A while after, there came up all in fashion a pretty sort of flame-coloured satin for linings, and the mercer brought a pattern of it immediately to our three gentlemen.  “An please your worships,” said he, “my Lord C--- and Sir J. W. had linings out of this very piece last night; it takes wonderfully, and I shall not have a remnant left enough to make my wife a pin-cushion by to-morrow morning at ten o’clock.”  Upon this they fell again to rummage the will, because the present case also required a positive precept, the lining being held by orthodox writers to be of the essence of the coat.  After long search they could fix upon nothing to the matter in hand, except a short advice in their father’s will to take care of fire and put out their candles before they went to sleep .  This, though a good deal for the purpose, and helping very far towards self-conviction, yet not seeming wholly of force to establish a command, and being resolved to avoid farther scruple, as well as future occasion for scandal, says he that was the scholar, “I remember to have read in wills of a codicil annexed, which is indeed a part of the will, and what it contains hath equal authority with the rest.  Now I have been considering of this same will here before us, and I cannot reckon it to be complete for want of such a codicil.  I will therefore fasten one in its proper place very dexterously.  I have had it by me some time; it was written by a dog-keeper of my grandfather’s, and talks a great deal, as good luck would have it, of this very flame-coloured satin.”  The project was immediately approved by the other two; an old parchment scroll was tagged on according to art, in the form of a codicil annexed, and the satin bought and worn.

De esto también podríamos hacer una interpretación evolutiva.

Una incongruencia (más) del PP

Franco mileurista

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Franco mileurista

Procedente de ese hontanar de la cultura popular, las cadenas de emails de Internet, presentamos aquí una fotocopia de la última nómina de Franco:

ultima nomina franco

Obsérvese la expresión: a Franco "se le ha reclamado y satisfecho la nómina". Viene a ser ésta de poco más de mil euros al cambio actual. Evidentemente eran otros tiempos, y el gasto del Estado en políticos y políticas era mucho menor se mire como se mire.



 

 
Compárese con la última nómina de los diputados.


Un sueño con anécdota de Franco 
 


UPyD contra la independencia catalana

Una incongruencia (más) del PP

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Una incongruencia (más) del PP

El PP presentó en tiempos un recurso contra la reforma del código civil que introdujo el PSOE en cuestiones de matrimonio. Argüía ese recurso que admitir los matrimonios entre personas del mismo sexo era incongruente con la definición misma de esta institución. Ahora el Tribunal Constituciona aprueba la ley del matrimonio homosexual, en una actuación típica de las que le vienen caracterizando (--para mí esta ley debería haberse calificado como claramente inconstitucional, según explica su propio preámbulo). Habrá votos particulares que nos leeremos por curiosidad, igual que la propia argumentación cuando salga. Pero supongo que la sustancia del argumento será que una cosa que se viene practicando con un apoyo amplio en la sociedad es por tanto constitucional (--lo cual no se sigue, claro).

Se entiende sin embargo que la gente barra para casa según sus intereses o convicciones, por encima de la letra o del espíritu de la ley, que están para interpretarlos, y en última instancia el poder está para ejercerlo por parte de quien lo tiene. Una sentencia como esta es por tanto un acto performativo o realizativo, que no se limita a interpretar lo que hay, sino a transformarlo retroactivamente. Y así se va transformando la constitución, por la puerta trasera pero con efectos muy reales, merced a interpretaciones de este género. Parece interpretar el Tribunal Constitucional, y en esto desborda sus competencias, que su papel se extiende no sólo a interpretar la Constitución, sino a ir actualizando la Constitución a los nuevos tiempos. Cambiándola retroactivamente, mediante una acto de interpretación que en ningún caso podría haber estado en la intención del legislador. Pero es que el Tribunal Constitucional no tiene atribuciones para cambiar la constitución. Es un caso craso de abuso de poder, o de prevaricación—pero a ver qué órgano superior se lo dice así al TC. Quien ejerce el poder de última instancia siempre ha torcido las leyes y las palabras, y con razón o sin razón siempre ha dictado cómo deben interpretarse, como ya decía Humpty Dumpty--nada nuevo allí, por tanto. Y ahora, tras esta sentencia, el matrimonio entre personas del mismo sexo (homosexuales o no) ya es plenamente constitucional sin discusión posible Quien sostenga lo contrario, muy libre es de opinar, pero sin efectos legales en España, igual que el matrimonio unisexual español no tiene efectos legales en muchas otras partes: son opiniones personales de individuos o de legislaciones particulares.

Ahora, lo que no tiene interpretación ni explicación fácil es que el Partido Popular presentase un recurso de inconstitucionalidad contra la ley, y no procediese a cambiarla al obtener la mayoría absoluta. Porque si constitucional es esta ley, seguramente también es constitucional la que había antes, que nadie la ha declarado inconstitucional, o bien otra que apruebe la mayoría. Otra posibilidad era retirar el recurso, si es la noción que tenían de lo que es o debe ser el matrimonio.  Pero no: el PP mantiene su recurso de inconstitucionalidad, y ahora se come con cuchara una ley que consideraban inconstitucional hasta ayer (supongo). Sospecha uno que no tienen muy claro por qué presentaron ese recurso, y quizá que no tengan en realidad ninguna idea al respecto: lo que decidan otros es conveniente o legal para el PP: su postura en realidad, y pensándolo mejor, es no sabe no contesta.

¡Y aún dirán que no es tolerante el PP con las ideas ajenas!

_________


Aquí el editorial de César Vidal sobre la sentencia del Tribunal Constitucional, contrario al matrimonio homosexual pero todavía más a la argumentación jurídica de esta sentencia. También a Luis del Pino le parece una aberración jurídica. Habría que oír a los homosexuales, o a los heterosexuales, si un razonamiento similar se utilizase para quitarles derechos anticonstitucionalmente. Por ejemplo: "una interpretación evolutiva de la constitución, y la práctica política corriente, nos dice que hoy en día no tiene sentido hablar de libertad de expresión. Entiéndase por tanto que las expresiones de ideas y opiniones sólo se tolerarán y garantizarán si gustan a quien las oye o al sentir mayoritario". Y las demás podrán ser censuradas por las autoridades, si no se autocensuran por prudencia y por olfateo de hacia dónde sopla el viento.



Una apostilla al matrimonio unisexual

Farewell to Catalonia

domingo, 4 de noviembre de 2012

Farewell to Catalonia

Después de 20 años de comprar uno o dos libros al mes, me doy de baja en el Círculo de Lectores. Por una parte, porque ya no me caben más libros en casa, y me faltan muchos por leer. Y por otra, lamentándolo—porque voy a hacer un estricto boicot a los productos catalanes. Incluidos los libros made in Barcelona. No porque el Círculo tenga nada que ver en esto, para nada. Pero el boicot a los productos catalanes es a estas alturas del delirio secesionista una necesidad. A Cataluña la llevan por muy mal camino dos tipos de personas: los que la llevan efectivamente, con la religión oficial del nacionalismo, y los que se dejan llevar y callan prudentemente, o votan a los primeros—el 90% de los demás, qué digo el 90, el 99 por cien.

Hoy declara Mas que no le van a parar a Cataluña ni a él ni tribunales ni constituciones en su proceso secesionista.

Así que hasta que no empiece a notar una reacción significativa contra el nacionalismo en la propia Cataluña, o mientras tengan a este fantoche de presidente.... adiós muy buenas: yo con la economía y la política de ustedes y sus proyectos tampoco tengo nada que ver, y desde luego no los voy a subvencionar.

 Acción contra el separatismo catalán