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Vanity Fea

Política

Contra el Estatut,

por supuesto. Vergüenza les debería dar a los "socialistas" que le dan alas al nacionalismo. Esto es ir vendiendo el rellano del piso para pagar los gastos de comunidad, o sea, una política de insolventes. Y malas consecuencias va a tener; la primera, el Euskatut que se le va a sumar enseguida. Menuda mina en política, los demonios de Maxwell y las leyes del embudo. Aún tienen cancha para rato los nacionalistas; de aquí a Yugoslavia...; mientras se la den. Y está claro que se la dan. También los de Yugoslavia eran socialistas, se supone.

 

Y a favor

de que el rendimiento de los funcionarios tenga un control, y que no se pueda aplatanar descaradamente el personal y tratar al administrado con descaro y vagancia. Soy un tanto pesimista, sin embargo: porque preveo que en muchos casos se utilizará este control de rendimiento de manera tergiversada, para acosar al funcionario indeseable para el jefe o para los compañeros y someterlo a presiones con argumentos aparentemente objetivos. Ya se sabe: con el amigo, tan amigos y vista gorda; al enemigo, con que le apliques la ley, ya lo machacas. Es otra aplicación de la ley del embudo, que sin duda veremos proliferar. (Y si nos metemos ya en si el funcionario no paga la cuota a Esquerra, o en si no habla la lengua que manda el gobierno de turno... ya ni te digo).

 

Tres naciones distintas y un solo Estado verdadero

¿1700 negros muertos? Pscháaa... una notita

Y una notita que ni siquiera nos consta, aunque salga en la prensa. Además eran aguas internacionales. La Marina no está para estas cosas. Mejor no investigarlo mucho, en todo caso. A ver si pasan los días y se corre un tupido velo. Por supuesto, lo de que son negros y pobres no entra para nada en la cuestión, ni mencionarlo. Además no nos consta que sean negros, eran "subsaharianos". Tampoco tienen nada que ver con el asunto nuestras políticas de inmigración. Y la oposición tampoco parece muy interesada en apretarnos las tuercas con esto, uf, por lo menos en una cosa coincidimos. O sea que cambiemos de tema. Con la buena noticia de ETA (que no mata negros), ya pasamos página, y a otra cosa, mariposa.

La orilla blanca, la orilla negra

Maquiavelo: Sobre la fidelidad de los políticos a la palabra dada

Maquiavelo: Sobre la fidelidad de los políticos a la palabra dada

Todos sabemos lo digno de alabanza que es que los gobernantes mantengan sus promesas y se comporten de manera íntegra y sin astucias. Pero la experiencia de nuestros tiempos nos dice que los gobernantes que han hecho grandes cosas son los que menos han mantenido su palabra y han sabido engañar a los hombres mediante la astucia, superando así en última instancia a quienes se basan en la lealtad.

Es preciso saber que hay dos maneras de combatir: la primera, mediante las leyes; la otra, utilizando la fuerza. La primera es propia del hombre, la segunda de las bestias. Pero como a veces la primera no basta, conviene recurrir a la segunda. De ahí que a los gobernantes les sea necesario saber usar debidamente tanto a la bestia como al hombre. Los escritores de la Antigüedad enseñaron esto a los gobernantes por medio de alegorías: así nos cuentan que Aquiles y otros muchos jefes antiguos fueron criados por el centauro Quirón, que los educó con disciplina. Esto de tener un preceptor que era mitad hombre y mitad bestia significa que al príncipe le conviene saber usar una y otra naturaleza. Y la una sin la otra no produce efectos duraderos.

Ya que el gobernante debe conocer bien las maneras de la bestia, lo mejor es que tome por modelo tanto a la zorra como al león: porque el león no sabe defenderse de las trampas, y la zorra no puede defenderse de los lobos. Por lo tanto, hay que ser zorra para conocer bien las trampas, y león para infundir temor a los lobos. Los que sólo imitan al león no tienen ni idea.

El gobernante, por lo tanto, ni puede ni debe cumplir la palabra dada si eso le perjudica y si han desaparecido las razones de su promesa. Si todos los hombres fueran honestos, este principio no sería válido, pero como son malintencionados, y no mantienen lo que prometen, tampoco uno debe mantenerlo. Ni han faltado nunca a los gobernantes razones suficientes para justificar su inobservancia. Sobre esto podrían traerse infinidad de ejemplos modernos y mostrar cuántas paces, cuántas promesas han quedado sin efecto y se han hecho vanas por la infidelidad de los príncipes a su palabra: y los que mejor han sabido imitar a la zorra han obtenido mayores ganancias. Y ante todo es necesario saber disfrazar bien el carácter de uno y ser un gran disimulador. Son tan simples los hombres y tan sumisos a la necesidad de cada momento, que quien engaña encuentra siempre alguien que se deja engañar.

No pasaré en silencio uno de los ejemplos más recientes. [Aquí se nombra a un prominente estadista contemporáneo] nunca hizo otra cosa ni pensó más que en engañar a la gente, y siempre encontró a alguien a quien burlar. Ni hubo nunca hombre que fuera más eficaz en afirmar solemnemente una cosa, manteniéndola con juramento, para después no respetar lo que había jurado. Y sin embargo sus engaños siempre le resultaron útiles, porque conocía bien la naturaleza humana.

Es decir, que un político no ha de tener todas las cualidades arriba enumeradas. Pero sí que le es necesario aparentar tenerlas. Me atrevo a decir que si tiene esas cualidades y las pone en práctica, son dañinas; en cambio, aunque no las tenga, si aparenta tenerlas, son útiles. Como parecer piadoso, leal, humano, íntegro, religioso, y serlo en realidad. Pero hay que tener dispuesto el ánimo para aparentar que se tienen estas cualidades si en realidad no se las posee. Esto conviene entenderlo bien: que un gobernante, sobre todo un gobernante que acaba de llegar al poder, no debe atenerse a todo lo que hace que los hombres sean tenidos por buenos, porque en ocasiones, para defender su Estado, necesitará actuar contra la lealtad, contra la caridad, la humanidad y la religión. Tiene que contar con un ánimo dispuesto a moverse según sople el viento de la fortuna e impongan las diferentes circunstancias, sin apartarse del bien, si es posible-- pero sabiendo también entrar en el mal, si es necesario.

Mucho cuidado han de tener los políticos de no proferir palabras que no estén impregnadas de las citadas cualidades, y que quienes lo vean y oigan hallen todo piedad, todo lealtad e integridad, todo humanidad y religión. Y lo que más necesita aparentar es esta última virtud de la religión, porque los hombres en general juzgan más por lo que ven que por lo que tocan; todos ven, pocos sienten. Todos ven lo que pareces ser; pocos sienten lo que eres. Y esos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que admás cuenta con los defensores de la majestad del poder. Y en las acciones de los hombres, y mucho más en las de los estadistas, no hay tribunal al que apelar: se atiende al resultado.

Así pues, que haga el gobernante cuanto debe por dominar y conservar el Estado, que los medios siempre serán considerados justos y alabados por todos, pues al vulgo lo convencen las apariencias y el resultado de cada cosa. Y en el mundo no hay más que vulgo: los grupos minoritarios no tienen sitio cuando la mayoría apoya al gobernante. Cierto estadista de nuestro tiempo, a quien no es oportuno nombrar, habla continuamente de paz y lealtad, cuando es el mayor enemigo de la una y de la otra; pero si las hubiera respetado, ambas cosas le hubiesen arrebatado la buena fama y el poder.

Hostilidad a la opa

El mejor comentario sobre la opa famosa [la de ENDESA] lo he oído hoy en el programa de Carlos Herrera: decía Adam Smith que el mercado era una mano invisible que acababa poniendo las cosas en su sitio; bueno, pues la mano invisible le acaba de dar un bofetón al gobierno que aún está que no sabe por dónde le ha llegado.

En Estados Unidos también pasan cosas de éstas, no crean: por ejemplo, hay una empresa californiana del condado de San Diego que quería comprar otra empresa californiana pagando los dólares a ochenta centavos (no le llegaban los centavos para completar el dólar porque le había dado muchos cientos de miles de ellos al partido gubernamental californiano, y claro, ahora había que mirar el centavo...). Así que esta opa hostil era apoyada no sólo por el gobierno de California sino también por uno de sus socios, el partido independentista del condado de San Diego, que acusaba a quienes se resistían a la operación de hacerlo por hostilidad a los Sandieguenses (este partido sostiene, como eje principal de su credo, que el condado de San Diego debería ser el Estado número 52 de los Estados Unidos). Ahora bien, cuando ha venido una empresa de Chicago que ha mejorado la oferta, pagando los dólares a dólar, una opa muy hostil para la opa hostil, han levantado las voces tanto el gobernador de California como los dirigentes Sandieguistas, diciendo que empresas extranjeras no deberían intentar apropiarse de los recursos básicos de California. Claro que el hecho de que los Estados Unidos sean un único mercado, y una Unión, a pesar de sus leyes impositivas etc. diferentes, plantea un pequeño problema para esta versión del patriotismo (pues en el juego del mercado, si se está, hay que estar a las duras y a las maduras). Lo más curioso es cómo a los de San Diego les ha salido de repente la vena patriótica, diciendo que California para los californianos, que qué pintan allí los de Chicago -- "¡extranjeros!"

Esperamos por tanto del gobernador de California un plan de acción completo para segregar la economía californiana de la de los otros 49 (¿50? ¿51?) estados. Al menos introduciendo la posibilidad de una ley del embudo que dé más margen de acción al gobierno.

(¡Ay mis mil millones de centavos...! dirá alguien... qué mal invertidos...)

La justicia es... adivinen

Lo digo por la noticia de los etarras/hanniballecters que nos van a soltar pronto a la calle por gentileza de la Fiscalía, del cumplidor Sr. Conde-Pumpido, del PSOE que hizo el código penal hoy vigente, del PP que lo bendijo, y de los dos partidos que son incapaces (en este caso más incapaz el PSOE) de ponerse de acuerdo en una política antiterrorista coherente. La deriva del PSOE, que ha pasado de promotor de la Ley de Partidos (bombilla en la cabeza de Zapatero) hasta que algún circuito se fundió en algún momento en la cabeza de alguien, es particularmente inexplicable, y escandalosa. Escandaloso no ya que a un señor le patinen las prioridades, o las neuronas; escandaloso es que por mucho presidente que sea, todos vayan en fila india detrás, mandándose callar, y tira palante, que el que se mueve no sale en la foto. Esto es patético, y pone de manifiesto los peores aspectos del sistema de partidos: el vasallaje, servilismo y nula capacidad de sus estructuras para admitir o sopesar la crítica.

El tema de los fiscales admitiendo la reducción en miles de años de las penas de los etarras es vergonzoso (también da vergüenza ajena hablar de "penas de miles de años", pero bueno, estamos trabajando con el código penal que diseñó algún imbécil). Más escandaloso aún es que todo esto no cause escándalo en la gente. Mal vamos, de verdad, cuando es la COPE quien hace la descripción más exacta de la situación y en términos más atinados, porque hace falta de verdad cargar las tintas para describir adecuadamente la política de mostrencos que están haciendo nuestros poderes ejecutivos y judiciales en el tema del terrorismo (ya ni digo de política "anti"terrorista, qué más quisiera). Por lo menos parece que van a intentar evitar soltar a la calle ya a los del 11-M, me pregunto si lo conseguirán. Lo más triste es cuando no se molesta el leguleyo o politiquillo de turno ni en quejarse por cómo están las leyes, "mire usted, no podemos hacer otra cosa, esto requeriría una reforma", sino que encima lo presentan como lo que pide la justicia, el sentido común, y como algo que sólo insidiosos partidistas podrían criticarles. Pues no, mire Vd.: el visto bueno al pacto con los terroristas es una infamia impresentable, y lo mismo todos los goteos a los que está dando lugar desde que el circuito ese se fundió en la cabeza de alguien, o alguien tuvo una iluminación. O no le han matado un pariente a ningún conde ni barón, y claro, se ofusca y pierde la perspectiva.

Entre unos y otros, me parece que lo tengo claro en las próximas elecciones. Sólo me queda, me temo, el derecho a protestar. Pero hasta las ganas se le van a uno. Porque, pensémoslo bien, si acaban estos etarras condenados a cuatro mil años en la calle dentro de nada, habrá sido tras un procedimiento judicial y políticamente impecable, avalado en un momento u otro por los votos de la inmensa mayoría de los españoles. Que les den bola a todos, hombre, a los que escriben las leyes y a los que las aplican, y a los que los hemos votado.

Caricaturas de Mahoma

Si existen tres tipos de personas,
a) Personas que consideran que hay cosas intocables e inmencionables para sí y para los demás, y están dispuestos a matar a quien las toque o las mencione,
b) Personas que no admiten límites a su libertad de pensamiento y expresión, y están dispuestas a correr riesgos para ejercer esa libertad,
c) Personas que aun no compartiendo las prioridades expresivas de los (b) están dispuestos a luchar a muerte (Voltaire dixit) por el derecho de los (b) a decir lo que quieran, y a defenderlos de los furibundos (a)...
... entonces el conflicto está servido. Y está servido, por que en efecto existen a, b, y c.
Aunque son una minoría en todas partes.
Una de ellas, (c), es aún más minoritaria, y más admirable que (b), y por supuesto que (a).
Recomiendo, sobre la libertad de expresión bien entendida, y los límites "de no ofender" que le quieren poner los fundamentalismos y muchos gobiernos, el ensayo de Jonathan Culler "Political Criticism," en Writing the Future, ed. David Wood (Londres Routledge, 1990).
En Inglaterra, por muy poquito se ha evitado una ley que introduzca la censura contra expresiones potencialmente ofensivas para alguien. Para alguien dispuesto a usar la violencia organizada, se entiende... porque todo lo que podamos decir en cuanto abrimos la boca es ofensivo para alguien.

Eisenhower mismo

Eisenhower mismo decía cosas que harían poner rojo como un tomate a Bush, si este señor tuviera la capacidad de hacerlo. Aquí está su profético discurso avisando contra la influencia del complejo militar-industrial, en su despedida en 1960. (La ironía, claro, es que está avisando contra el complejo que sus políticas ayudaron a crear durante la guerra fría, y que aquí presenta como un mal necesario). Algunas, felizmente no todas, de las cosas que temía han sucedido, o siguen sucediendo. Traduzco un trocito (vía Leftbehinds : )

Hasta el último de nuestros conflictos mundiales, los Estados Unidos no tenían industria armamentística. Los fabricantes norteamericanos de arados podían, con tiempo y según necesidad, fabricar también espadas. Pero ahora ya no nos podemos arriesgar a una improvisación de emergencia de la defensa nacional; nos hemos visto obligados a crear una industria de armamentos permanente, de grandes proporciones. Añadido a esto, tres millones y medio de hombres y mujeres están directamente implicados en el sistema de defensa. Gastamos anualmente en seguridad militar más que los ingresos netos de todas las empresas de Estados Unidos.

Esta conjunción de un inmenso sistema miltar y una gran industria armamentística es algo nuevo para la experiencia norteamericana. Su influencia total (económica, política, incluso espiritual) es palpable en cada ciudad, cada parlamento estatal, cada departamento del gobierno federal. Reconocemos la necesidad imperativa de esta nueva evolución de las cosas. Pero debemos estar bien seguros de que comprendemos sus graves consecuencias. Nuestros esfuerzos, nuestros recursos y nuestros trabajos están implicados en ella; también la estructura misma de nuestra sociedad.

En los consejos de gobierno, debemos estar alerta contra el desarrollo de influencias indebidas, sean buscadas o no, del complejo militar-industrial. Existe y existirán circunstancias que harán posible que surjan poderes en lugares indebidos, con efectos desastrosos.

Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democráticos. No deberíamos dar nada por supuesto. Sólo una ciudadanía entendida y alerta puede obligar a que se produzca una correcta imbricación entre la inmensa maquinaria defensiva industrial y militar, y nuestros métodos y objetivos pacíficos, de modo que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntas.

Similar, y en gran medida responsable por los profundos cambios de nuestra situación industrial y militar, ha sido la revolución tecnológica durante las décadas recientes.

En esta revolución, la investigación ha tenido un papel central; también se vuelve más formalizada, compleja, y cara. Una proporción creciente de la misma se lleva a cabo bajo la dirección, o para los fines, del Gobierno Federal.

Hoy, el inventor solitario, trasteando en su taller, ha sido desplazado por ejércitos de cientríficos en laboratorios y campos de pruebas. De la misma manera, la universidad libre, la fuente histórica de las ideas libres y del descubrimiento científico, ha experimentado una revolución en la manera de llevar a cabo la investigación. En parte por las enormes cantidades que conlleva, un contrato con el gobierno se vuelve virtualmente el sustituto de la curiosidad intelectual. Por cada antigua pizarra hay ahora cientos de nuevos ordenadores electrónicos.

La perspectiva de que los académicos de la nacion puedan llegar a estar dominados por el Gobierno federal, por la concesión de proyectos y por el poder del dinero, está más que nunca ante nosotros, y es un riesgo que debe considerarse muy seriamente.

Aun teniendo el respeto debido a la investigación y los descubrimientos científicos, también debemos estar alerta ante el peligro contrario e igualmente serio de que la política que ha de velar por el interés público se vuelva cautiva de una élite científico-tecnológica.

Es tarea de los hombres de Estado dar forma, equilibrar e integrar a estas y otras fuerzas, nuevas y viejas, en el seno de los principios de nuestro sistema democrático -- persiguiendo siempre los fines supremos de nuestra sociedad libre.

V.

Otro factor en el mantenimiento del equilibrio tiene que ver con el factor tiempo. Al atisbar el futuro de nuestra sociedad, debemos -- vosotros y yo, y nuestro gobierno-- evitar la tendencia a vivir únicamente para el día de hoy, saqueando por comodidad y facilidad los preciados recursos del mañana. No podemos hipotecar los bienes materiales de nuestros nietos sin arriesgarnos a que se pierda además la herencia política y espiritual que les dejamos. Queremos que la democracia sobreviva para todas las generaciones por venir, no que se transforme en el fantasma insolvente del mañana.

VI.

Por el largo camino de la historia que aún se ha de escribir, Norteamérica sabe que este mundo nuestro, que cada vez se vuelve más pequeño, debe evitar convertirse en una comunidad de horribles temores y odio, y ser, en cambio, una orgullosa alianza de confianza y respeto mutuo.

Una alianza tal ha de ser entre iguales. Los más débiles deben venir a la mesa de conferencias con la misma confianza que nosotors, protegidos como estamos por nuestra fuerza moral, económica, y militar. Esa mesa, aunque marcada por las cicatrices de muchas frustraciones pasadas, no puede abandonarse en favor de la agonía segura del campo de batalla.

El desarme, con honor y confianza mutuos, sigue siendo un imperativo. Juntos debemos aprender cómo solucionar nuestras diferencias no con las armas sino con el intelecto y las intenciones decentes. Precisamente porque esta necesidad es tan vital y evidente, confieso que abandono mis responsabilidades oficiales en este campo con un claro sentimiento de decepción. Como alguien que ha sido testigo del horror y la tristeza que deja la guerra -- como alguien que sabe que otra guerra podría destruir totalmente esta civilización que se ha construido tan lentamente y con tantos sacrificios a lo largo de miles de años -- desearía poder decir esta noche que hay una paz duradera a la vista.

Felizmente, puedo decir que se ha evitado la guerra. Se ha llevado a cabo un progreso continuado hacia nuestra meta última. Pero queda tanto por hacer. En tanto que ciudadano particular, nunca dejaré de hacer lo poco que pueda para ayudar al mundo a avanzar por ese camino.

Disimulando el franquismo

Diciendo lo que hay que decir: Javier Marías, en una entrevista (en francés) para Le Nouvel Observateur, que se puede leer en su blog, lunes, enero 23 de enero de 2006 "Le déni de Franco". Mucho, mucho franquismo ambiental hay: mediocridad, servilismo, tics autoritarios, miedo a criticar o a ofender a los poderes fácticos... y es que tantos años de dictadura dejan huella.