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Semiótica

Manual de Narratología

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Acaba de enviarme la editorial Walter de Gruyter un nuevo manual—o más bien tratado—de narratología, elaborado por un grupo internacional de expertos en la cuestión.

Este Handbook of Narratology ha sido editado por Peter Hühn, John Pier, Wolf Schmid, y Jörg Schönert (Berlin y Nueva York: Walter de Gruyter, 2009). Es el volumen 19 de la serie "Narratologia: Contributions to Narrative Theory", en la que he participado alguna vez—y debería haber participado en éste, pero uno no llega a todo, ni a parte. Por lo menos veo que sí que me citan varias veces en el libro.

Como se verá, está organizado alfabéticamente, por temas, con un capítulo dedicado a los diversos asuntos de relevancia narratológica. Algunos no son estrictamente "narratológicos", y son más bien cueestiones de estética o de pragmática, o de lingüística—como "dialogismo", o "metalepsis", o "Coherencia"... pero claro, estas cuestiones tienen manifestaciones propias en la narración (literaria, que es el foco principal de estas investigaciones), y en realidad es difícil decir qué podría haber que fuese exclusivamente narratológico. Probablemente ni siquiera la narratología es un tema exclusivamente narratológico. Algunos de los temas tratados: el autor, los personajes, la narratología cognitiva, la coherencia, la narración oral y la narración conversacional, el dialogismo, los acontecimientos y la intensidad del acontecer, la ficcionalidad y la factualidad en la narracion, la focalización, la heteroglosia; identidad y narración, la ilusión estética, el autor implícito, la mediación y la mediación narrativa, la metalepsis (en el sentido de ruptura de marcos semióticos) la metanarración y la metaficción, la narración cinematográfica, la narración en la poesía y en el teatro, la narración en diversas disciplinas y en diversos medios, los niveles de análisis de la narración, los niveles de inserción narrativa, la narratividad, la narratología, el narrador, la performatividad, la perspectiva y el punto de vista, el lector, los esquemas cognitivos, el espacio, la representación del discurso, la narrabilidad...

Cada sección temática lleva su bibliografía aparte. Sobre la mayoría de estos temas y sobre otros puede verse también más bibliografía en la sección de teoría narrativa de mi Bibliography of Literary Theory, Criticism and Philology.

Aquí está la lista de contribuidores, y el capítulo de cada cual.

Schönert, Jörg. "Author." 1-13.
Jannidis, Fotis. "Character." 14-29.
Herman, David. "Cognitive Narratology." 30-43.
Toolan, Michael. "Coherence." 44-62.
Fludernik, Monika. "Conversational Narration / Oral Narration." 63-73.
Shepherd, David. "Dialogism." 74-79.
Hühn, Peter. "Event and Eventfulness." 80-97.
Schaeffer, Jean-Marie. "Fictional vs. Factual Narration." 98-114.
Niederhoff, Burkhard. "Focalization." 115-23.
Tjupa, Valerij. "Heteroglossia." 124-31.
Bamberg, Michael. "Identity and Narration." 132-43.
Wolf, Wener. "Illusion (Aesthetic)." 144-60.
Schmid, Wolf. "Implied Author." 161-73.
Alber, Jan, and Monika Fludernik. "Mediacy and Narrative Mediation." 174-89.
Pier, John. "Metalepsis." 190-203.
Neumann, Birgit, and Ansgar Nünning. "Metanarration and Metafiction." 204-11.
Schmidt, Johann N. "Narration in Film." 212-27.
Hühn, Peter, and Roy Sommer. "Narration in Poetry and Drama." 228-41.
Meuter, Norbert. "Narration in Varrious Disciplines." 242-62.
Ryan, Marie- Laure. "Narration in Various Media." 263-81.
Scheffel, Michael. "Narrative Constitution." 282-94.
Coste, Didier, and John Pier. "Narrative Levels." 295-308.
Abbott, H. Porter. "Narrativity." 309-28.
Meister, Jan-Christoph. "Narratology." 329-50.
Margolin, Uri. "Narrator." 351-70.
Berns, Ute. "Performativity." 370-83.
Niederhoff, Burkhard. "Perspective/Point of View." 384-98.
Prince, Gerald. "Reader." 398-410.
Emmott, Catherine, and Marc Alexander. "Schemata." 411-19.
Ryan, Marie-Laure. "Space." 420-33.
McHale, Brian. "Speech Representation." 434-46.
Baroni, Raphaël. "Tellability." 447-54.

Una novedad de este manual es que se hará accesible en red, en acceso abierto, a través de la web de la Universidad de Hamburgo, en forma de Living Handbook—es decir, que las distintas secciones se irán actualizando periódicamente en años sucesivos.


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PS, 2010: The Living Handbook of Narratology, con acceso libre en red.

 

Theorizing Narrativity

Ideas innatas (o fijas) en lingüística

Aparte de ir reseñando a ratos perdidos Adam's Tongue, de Derek Bickerton, últimamente me he leído otro libro muy interesante sobre el origen del lenguaje, The First Word, de Christine Kenneally (Nueva York: Penguin, 2007).  Allí sigue las investigaciones de personas que desde muy diversos ángulos han contribuido a la investigación sobre el origen del lenguaje, contrarrestando en los últimos años la indiferencia o miedo a tocar el tema que existía. No se consideraba que preguntarse sobre el origen del lenguaje fuese académicamente respetable o serio—incluso se llegó a vetar oficialmente la publicación de artículos sobre el tema desde algunas sociedades académicas influyentes. Con la marea que vivimos hoy de biolingüística, igual vuelve pronto la prohibición....

El descrédito acompañaba también a las investigaciones sobre lenguaje animal, que es uno de los campos desde los que se contribuye hoy a la investigación sobre el origen del lenguaje. Llama la atención leyendo este libro el seguidismo y la cerrazón mental de los lingüistas académicos, capaces de orientar toda su vida en una dirección de investigación y seguir en ella sin grandes preguntas sobre si la orientación general del campo es realmente la más interesante o productiva. En especial, una figura que marca el libro es Chomsky, gran pope de la lingüistica y director de muchos rebaños académicos. El generativismo ha sido la típica escuela que ha actuado de modo sectario y cerrojo, desautorizando todas las investigaciones que no tienen lugar dentro de su campo—y luego reorientándose violentamente para seguir las contorsiones mentales de Chomsky, cuando éste descubre algún aspecto nuevo del lenguaje que antes ignoraba olímpicamente, lluevan críticas o no.  Según Kenneally,

"El estudio de la evolución del lenguaje es en algunos aspectos lo contrario a la lingüística formal que creó Chomsky. No empieza con el lenguaje como una abstracción formal, sino que lo enraíza primero en el cuerpo humano, y en la historia" (272)


Chomsky ha contribuido a llamar la atención sobre algunos aspectos biológicos del lenguaje, como el innatismo y la gramática universal, pero de un modo ambivalente—formulando la cuestión de una manera parcial y descontextualizada, y encerrando los términos del debate en las estrechas paredes demarcadas por su teoría; de modo que su influencia sobre este estudio ha sido tan perjudicial como beneficiosa. Hoy no se considera que el lenguaje sea un problema intratable para la biología, sino que se espera poder llegar a una consiliencia. Pero esto requerirá una teoría del lenguaje distinta de la chomskiana. Sobre el planteamiento chomskiano, ésta es la conclusión de Kenneally:

"El poder que Chomsky ha ejercido y todavía ejerce es impresionante. Muchos investigadores contemplan las ideas del artículo sobre la evolución del lenguaje en Science como la maduración natural y el progreso de una mente brillante. Este individuo y sus ideas sin par han influido sobre literalmente miles de académicos. En los primeros días de [los estudios sobre] la evolución del lenguaje, su nombre se usaba como una piedra de toque de modo obsesivo en muchos artículos. Pero parece que la gente se está liberando ahora de esta infuencia.
    Pocos están capacitados para la labor de desentrañar las ideas atribuidas a Chomsky de las ideas que realmente son suyas. Sin duda, la gente lo tiene por responsable de cosas que no dijo. Y con frecuencia se le acusa de negar cosas que sí dijo.
    En cuanto a la lingüística generativa, poniéndolo de modo amable como hace Jim Hurford, está quitándole carga a la gramática universal. De hecho, toda la evidencia proveniente de los genes, gestos, habla, fisiología y daños cerebrales, señalan en direcciones otras que la gramática universal. Hoy, muchos investigadores que arguyen que el aspecto innato del lenguaje no es ni específico a una lengua ni tiene naturaleza gramatical, todavía usan el término "gramática universal". Algunos investigadores incluso se toman la molestia de especificar que cuando utilizan "gramática universal" no se refieren a algo que sea ni universal, ni una gramática, una precaución que ciertamente parece calificar a este término como engañoso o irrelevante.
    Sólo el tiempo dirá si la magnitud de la influencia de Chomsky persistirá. Por hoy la división entre sus muchos críticos y sus seguidores sigue siendo de un celo religioso, con muchos investigadores creyendo que Chomsky is un villano académico que desencaminó completamente a la lingüística. Según con qué luz, sin embargo, el problema viene a ser uno de definición. El interés de Chomsky se extiende sólo a lo que él considera el núcleo sintáctico del lenguaje. Esto necesariamente excluye todo este otro estudio. ¿Por qué habría de importar tanto esto? Tener intereses, y por tanto áreas de indiferencia, es una libertad que se le permite a casi cualquier otra persona en la academia, pero la falta de interés de Chomsky en un tema con frecuencia lleva a desacreditarlo. Y hay otros que lo ven como la fuente de todo lo que sabemos hoy. (...)
    En cuanto a la evolución del lenguaje, estos hechos son innegables: Chomsky la ignoró mucho tiempo, su desautorización fue tratada como un argumento irrefutable, y ahora la evolución del lenguaje ha cobrado vida propia. Probablemente la verdad es que la explosión en la evolución del lenguaje ha ocurrido tanto por Chomsky como a pesar de él. Chomsky atrajo la atención del mundo a la complejidad del lenguaje y a su carácter innato. Que su versión de la complejidad o del innatismo vayan a durar es otra cuestión." (272-73)


También Bickerton le dedica a Chomsky un capítulo en Adam's Tongue— para argüir que sus ideas sobre la evolución del lenguaje están completamente equivocadas, pues siguen sin atender a la conexión profunda entre la evolución del lenguaje y la evolución humana. "Chomsky cree", nos dice Bickerton, que el pensamiento humano apareció primero, y luego vino el lenguaje; yo creo que apareció primero el lenguaje, y luego vino el pensamiento humano". Hay aquí también algo de mea culpa. Pasó Bickerton de generativista, a generativista crítico, y ahora a proponente de una teoría de la evolución del lenguaje que no tiene mucho que ver ni con Chomsky ni con Bickerton versión 1.0. Antes creía Bickerton en una mutación súbita que creó el primer humano con lenguaje y capacidad de habla—y algo así parecía requerir la teoría de Chomsky, en la medida en que apelaba a algún tipo de narración evolucionaria. Hoy Bickerton suscribe una teoría mucho más descentralizada del lenguaje—sin "órgano del lenguaje", y mucho más distribuida y gradual evolutivamente. El lenguaje es una capacidad basada en muchas funciones mentales diversas; no es "una" cosa. Esta teoría, asociable también a la noción del bricolaje cerebral de Gary Marcus, parece irse imponiendo como telón de fondo de la historia sobre la evolución del lenguaje.

"La idea de que los animales no piensan—o de que, si piensan, es un pensamiento completa y cualitativamente distinto del pensamiento humano—por fin está muriendo, si no está completamente muerta. Esta idea orientó la investigación en muchos campos durante décadas, tanto directamente como asustando a la gente de tratar el tema por miedo a parecer tontos" (Kenneally 282)


Y muchas disciplinas tienen algo que contribuir al estudio del lenguaje, al margen de la lingüistica abstracta y formal, estructuralista o chomskiana. El lenguaje no es una cosa unificada, con una estructura central como sostiene Chomsky. Es una amalgama compleja de funciones mentales y capacidades muy distribuidas—conecta partes del cerebro muy antiguas y partes recientemente evolucionadas; es producto en parte de la selección natural, en parte de la evolución Baldwiniana que modifica activamente el entorno de la selección genética. Y también en muchos de sus aspectos es resultado impredecible de exaptaciones funcionales y de accidentes estructurales (los spandrels de Gould). Por tanto, muchas disciplinas diversas han de contribuir a su estudio, y seguramente se verán transformadas por esta interacción.

Current recursions


Oralidad fingida

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Estoy oyendo al ministro José Blanco hacer el paripé de que le hacen una entrevista en la radio. Está todo escrito, pero tanto el presentador como el ministro, ateniéndose a la redacción de alguien, intentan mantener la ficción de que lo que dicen es producto de una conversación espontánea.

El ministro da así la impresión de ser una persona mucho más informada, elocuente, con ideas claras, capaz de usar un lenguaje elaborado y de planificar lo que va a decir—alguien que tiene una memoria sobrehumana y que no vacila en exponer sus ideas, alguien que controla, en suma. Lo malo es que hay muchos pequeños detalles que traicionan la oralidad trucada, empezando por el tono de lectura, y sobre todo cuando el ministro, a pesar del servilismo del entrevistador, se trabuca y lee la línea siguiente, o sigue pronunciando a su manera las "construciones" y los "concetos". En la tertulia, por supuesto, todos han fingido que la entrevista era perfectamente espontánea, diciendo que Blanco es un "ministro revelación", valorando sus "reacciones", etc.

Cómo no, es en la SER— en otros sitios podrían no prestarse a estos montajillos de abyecto peloteo al gobierno. Parecen la SER de hace cincuenta años entrevistando a López Rodó o a López Bravo.

Es una convención con infinitas variedades contextuales, la fluidez entre la palabra escrita y la hablada. Como en el caso de los conferenciantes que leen su conferencia, o los actores que recitan su papel fingiendo espontanediad, o los abogados que siguen una estrategia preescrita, los amantes que repiten frases hechas, los profesores que se atienen a un programa, o los presentadores que utilizan un registro determinado, además de seguir un orden en su exposición... Y especialmente en la radio, hay mucha más escritura de lo que parece detrás de lo que oímos hablar. De hecho, lo oral y lo escrito están interpenetrados de tantas maneras y en tantos contextos que casi parece una maravilla que a estas alturas aún se pueda hacer trampa con estas cosas, y que todavía puedan crearse efectos de falsedad cuando alguien se atiene a un texto fingiendo que está hablando.

Pero donde hay voluntad de engañar, y de vender una moto a una audiencia que se presume estúpida o entregada, todo efecto semiótico es posible, desde los más sobados hasta los más novedosos.



Scripta nonnumquam manent

Contando cómo le paramos los pies

Contando cómo le paramos los pies


En su libro sobre la narración conversacional, Neal Norrick menciona como uno de los tipos de relatos más frecuentes lo que llama "put-down stories", es decir, los relatos en los que el narrador cuenta cómo salió airoso de una situación de confrontación con un tercero. A esta misma costumbre se refiere Javier Krahe, en esa canción donde el hablante, airado porque tiene la cena sin preparar, descubre que su mujer ha cogido una maleta y se ha ido de casa:

"Yo que le iba a contar lo de García
y de cómo le paramos los pies,
lo del bulto que tengo en la rodilla...
¿dónde se habrá metido esta mujer?"


Sólo podemos imaginar los relatos que le hará esta señora a sus amigas de cómo dijo hasta aquí he llegado. Como vemos, en el acto de narrar cómo se le pararon los pies a un tercero, el hablante y el oyente u oyentes crean una especie de pequeña comunidad solidaria, y el tercero queda caracterizado como el representante de los Otros, o de lo indeseable, la fuerza de resistencia frente a la cual se ejerce la solidaridad grupal. El otro puede ser un maleducado, o un abusón, o un jefe, o un subordinado rebelde, o un gitano, o un blanco, blanco de las iras e ironías agrupadas del grupito narrativo.

Como se evidencia por la canción de Krahe, el consenso o comunidad buscados puede ser endeble de base; en realidad es un efecto de la misma situación narrativa. El acto de ceder la palabra a alguien para narrar una anécdota es siempre una cesión de derechos, y requiere una compensación. Esta puede ser de muy diversos tipos: la historia narrada puede ser novedosa, entretenida, informativa y con valor práctico... pero muchas veces la compensación está en el mismo hecho de formar comunidad, en el momento tranquilizador de saberse en un círculo en el que no va a surgir confrontación, por ritual establecido, sino que la confrontación se escenifica para todos como público. Muchas veces, en este tipo de relatos, se da un elemento de repetición, como requiere todo ritual. Si la historia no es novedosa, al menos aportará el valor ritual de crear comunidad. Y tanto mejor por supuesto si es a la vez repetitiva y novedosa: en las variaciones está el arte, o en la recombinación de elementos conocidos y esperables (por ejemplo, nuestro jefe de siempre, con sus muletillas y sus tics y sus manías bien conocidas) con un elemento imprevisto o novedoso, o con una cuarta persona, que proporciona la ocasión para el nuevo despliegue de carácter, de confrontación y de victoria simbólica.

En muchas ocasiones se echa claramente de ver en estos rituales narrativos, en los relatos de parar los pies, cómo el acto narrativo es una compensación simbólica para suplir las deficiencias de la realidad. La realidad no se ajusta al deseo, decía Bacon antes de Freud, y por eso está ahí la fantasía para suplirla. Por supuesto también se pueden narrar victorias reales: si las hay, y son públicas y confirmables por cuartas personas, o por certificación oficial, tantos más puntos que acumulará el hablante. A veces se narra una auténtica loss of face del tercero en discordia: si de hecho se ha producido, se volverá a narrar aunque todos los presentes hayan sido testigos, para exprimir mejor la situación y comparar versiones. Pero las victorias reales en estas confrontaciones sociales son sólo uno de los polos de un continuo, que lleva desde ellas a la pura fantasía compensatoria a la que hemos aludido—a derrotas convertidas a posteriori en victorias. Pues a veces la victoria ni siquiera se ha dado en la realidad, o al menos no se ha dado en la realidad pública: el hablante le paró los pies al vecino pelma sólo en su pensamiento, y ahora exterioriza ese pensamiento mediante la narración, y contribuye así a hacer la victoria mínimamente más tangible. Obtendrá al menos, si no la vergüenza pública de su vecino, humillado por su hábil e ingenioso revés, obtendrá al menos, decimos, la aprobación y solidaridad de sus oyentes, que aportarán sugerencias alternativas sobre lo que le podría haber dicho.

También Fredric Jameson decía que la narración es una solución imaginaria dada a problemas reales. Bueno. A veces una solución imaginaria vale más que tener sólo el problema.

Si la única solución al enfrentamiento que tuvo lugar es la propia narración que lo remodela, o si la victoria simbólica sólo se da en el propio acto de repasar, repetir y corregir el final, el hablante corre el riesgo de perder puntos puntos sociales en lugar de ganarlos, sólo por buscar la aprobación de su auditorio. De hecho, pocas veces se da la victoria perfecta, y la mayoría de las victorias parciales requieren una corrección narrativa, que seleccione, amplifique, elimine elementos indeseables, y enfatice la narratividad y la rotundidad de la victoria del narrador. Las mejores respuestas siempre se nos ocurren después, decía Goffman, y no es cuestión de desaprovecharlas. Vamos a reunir a los colegas. La narración permitirá explorar puntos de vista alternativos, completar la secuencia real con pseudo-secuencias hipotéticas, posibles circunstancias colaterales, o variaciones en los finales; también se podrá reconstruir para mayor disfrute el punto de vista del Tercero, y experimentar por delegación la derrota, para mayor disfrute de la situación.

No carecen de interés interaccional los experimentos que se hacen introduciendo variaciones sobre este género. Por ejemplo, contando cómo el otro me paró los pies, o cómo el oyente me paró los pies, o cómo le pararon los pies al oyente, etc. O bien baring the device,poniendo de manifiesto cómo se está manipulando retrospectivamente lo que en realidad sucedió, exponiendo (ante nuestros incómodos oyentes) la falacia narrativa de la propia situación. Pero naturalmente estos experimentos conllevan su riesgo social, no son aconsejables para el buen éxito de la interacción. Lo mismo sucede con tratar temas socialmente arriesgados, que creen controversia o dividan a nuestros oyentes, en grupos o por medio a cada uno de ellos. Pues muchas veces se aparcan dudas o desavenencias en el grupo para crear solidaridad y unirse frente al chivo expiatorio, y es una reglade oro no poner peros ni matices a la perspectiva del hablante que se explaya, ni solidarizarse lo más mínimo con la persona cuyos pies se pararon. Así pues, se suele estar sobre terreno seguro. Pero claro, podría suceder que tentásemos demasiado la línea que separa a nuestro público del tercero en discordia, del Chivo. Si nuestro oyente piensa que también a él se le podrían haber parado los pies... puede crearse una respuesta conflictiva (que a su vez podría ser narrada, no cabe duda). Es cuestión importante, pues, la selección de los oyentes. No se le pueden parar los pies a cualquiera delante de cualquiera. Estas historias tienden a producirse en secuencias repetitivas donde se va dando solución imaginaria provisional a un problema persistente, o a un conflicto no superable en una sola ocasión. Así, las líneas de fuerza sociales se establecen, y el carácter habitual de los oyentes, la repetición, y el conocimiento mutuo contribuyen a la naturaleza ritual del acontecimiento narrativo. Es mejor saber a qué atenernos. Las narraciones tienen que ver con situaciones de riesgo, siquiera sea riesgo para el rostro social (face) de los sujetos, y por tanto es habitual remitir el riesgo al momento narrado, y maximizarlo allí, a la vez que lo minimizamos en el acto narrativo que modela ese momento de riesgo y victoria.

Lo que todos pensamos


Semiótica del subgesto


Aparece este pasaje sobre la semiótica de los subgestos en la novela El hombre duplicado, de José Saramago, un excurso con ocasión de una reunión de profesores de instituto, tras una perorata del protagonista Tertuliano Máximo Afonso, cargante él como yo: la alocución versaba sobre el estudio de la Historia, "si debemos enseñarla desde detrás hacia delante o, como es mi opinión, desde delante hacia atrás" (58). Se puede argumentar ciertamente que si la Historia la vemos desde el presente, quizá sería más honesto enseñarla explicítamente de esta manera, menos sujeta a la falacia narrativa. Sea como sea, Tertuliano observa los efectos que tiene su rollo sobre la retrospección en los profesores:

"Los efectos de la perorata fueron los de siempre, suspiros de mal resignada paciencia del director, intercambios de miradas y murmullos entre los profesores. El de Matemáticas también sonrió, pero su sonrisa fue de amistosa complicidad, como si dijera, Tienes razón, nada de esto se puede tomar en serio. El gesto que Tertuliano Máximo Afonso le envió con disimulo desde el otro lado de la mesa significaba que le agradecía el mensaje, aunque, al mismo tiempo, algo que iba adjunto y que, a falta de un término mejor, designaremos como subgesto, le recordaba que el episodio del pasillo no había sido olvidado del todo. En otras palabras, a la vez que el gesto principal se mostraba abiertamente conciliador, diciendo, Lo que pasó, pasó, el subgesto, de pie detrás, matizaba, Sí, pero no del todo. En este medio tiempo la palabra había pasado al profesor siguiente y, mientras éste, al contrario que Tertuliano Máximo Afonso, discurre con facundia, y competencia, aprovechemos para desarrollar un poco, poquísimo para lo que exigiría la complejidad de la materia, la cuestión de los subgestos, que aquí, por lo menos hasta donde llega nuestro conocimiento, se expone por primera vez. Se suele decir, por ejemplo, que Fulano, Zutano o Mengano, en una determinada situación, hicieron un gesto de esto, de eso, o de aquello, lo decimos así, simplemente, como si el esto, el eso o el aquello, duda, manifestación de apoyo o aviso de cautela, fuesen expresiones forjadas en una sola pieza, la duda, siempre metódica, el apoyo, siempre incondicional, el aviso, siempre desinteresado, cuando la verdad entera, si realmente quisiéramos conocerla, si no nos contentásemos con las letras gordas de la comunicación, reclama que estemos atentos al centelleo múltiple de los subgestos que van detrás del gesto como el polvo cósmico va detrás de la cola del cometa, porque los subgestos, para recurrir a una comparación al alcance de todas las edades y comprensiones, son como las letritas pequeñas del contrato, que cuesta trabajo descifrar, pero están ahí. Aunque resguardando la modestia que las conveniencias y el buen gusto aconsejan, nada nos sorprendería que, en un futuro muy próximo, el análisis, la identificación y la clasificación de los subgestos llegaran, cada uno por sí y conjuntamente, a convertirse en una de las más fecundas ramas de la cencia semiológica en general. Casos más extraordinarios que éste se han visto. El profesor que hacía uso de la palabra acaba de concluir su discurso, el director va a seguir con la ronda de intervenciones, pero Tertuliano Máximo Afonso levanta enérgicamente la mano derecha, en señal de que quiere hablar. El director le preguntó si lo que tenía que comentar estaba relacionado con los puntos de vista que acababan de ser expuestos, y añadió que, en caso de ser así, las normas asamblearias en uso determinaban, como él no ignoraba, que se aguardase hasta el final de las intervenciones de todos los participantes, pero Tertuliano Máximo Afonso respondió que no señor, no es un comentario ni tiene que ver con las pertinentes consideraciones del estimado colega, que sí señor, conoce y siempre ha respetado las normas, tanto las que están en uso como las que han caído en desuso, lo que simplemente pretendía era pedir licencia para retirarse porque tenía asuntos urgentes que tratar fuera del instituto. Esta vez no fue un subgesto sino un subtono, un armónico, digamos, que vino a dar nueva fuerza a la incipiente teoría arriba expuesta sobre la importancia que deberíamos dar a las variaciones, no sólo segundas y terceras, también cuartas y quintas, de la comunicación, tanto gestual como oral. En el caso que nos interesa, por ejemplo, todos los presentes habían percibido que el subtono emitido por el director expresaba un sentimiento de allivio profundo bajo las palabras que efectivamente pronunció, Faltaría más, usted manda, a su servicio. Tertuliano Máximo Afonso se despidió con un ademán amplio de mano, un gesto para la asamblea, un subgesto para el director, y salió." (58-60).
mascara
Hasta aquí la semiótica del subgesto de Saramago. Podría relacionarse con esta teoría un episodio clave de la novela: cuando Tertuliano le envía una barba postiza a su doble Daniel, el gesto de por sí ya es indirecto, le indica que es él, Daniel, el actor, el imitador, que Tertuliano es el "doble" original, metafísicamente más sólido, y que le conviene a Daniel disfrazarse. El subgesto podríamos decir, o el acto indirecto (acto de comunicación, aunque no de habla como los de Searle) es un insulto o incluso un desafío, que da lugar a un enfrentamiento del cual saldrán los dos mal parados.

Esta cuestión de los subgestos podría relacionarse por tanto con los actos de habla indirectos de la teoría de los actos de habla, rama de la semiótica que en efecto (como sospechaba o no sospechaba Saramago) ha dado mucho que hablar, directa e indirectamente. Una vez un sentido locucionario está lingüísticamente asentado, puede utilizarse de modo indirecto para transmitir sentidos ilocucionarios que no guardan correspondencia estricta con su sentido literal. Más allá de este nivel ilocucionario, también comunicativo, puede calcularse, un tanto maquiavélicamente, la producción en el oyente de efectos perlocucionarios que (dada la situación) causarán nuestras palabras. Aunque los cálculos siempre son arriesgados, y los efectos perlocucionarios, que en cualquier caso se producen, están sujetos a probabilidades e imponderables.

Pongamos, por ejemplo, puedo afirmar algo—sentido locucionario, afirmación—sabiendo que será captado como una amenaza por mi interlocutor—sentido ilocucionario, amenaza. Con la finalidad perlocucionaria de asustarlo—pero quizá el efecto perlocucionario efectivo, y no buscado, sea que se ría de mí.

En suma, que un signo siempre puede servir de apoyatura para construir sobre él sentidos suplementarios en una situación dada. Lo teorizado sobre los actos de habla indirectos es aplicable en principio a otros actos comunicativos o rituales de interacción más o menos codificados: una vez establecido su sentido principal, abstracto, o de referencia, puede éste reutilizarse o reorientarse sin por ello desaparecer del todo, usándose como apoyatura o instrumento para sentidos secundarios o contextuales. Y ésa sería una dirección posible por la que encaminar el estudio de la semiótica del subgesto.

Hay aún otra teoría semiótica en la que ubicar este estudio de los subgestos: el análisis que realiza Erving Goffman de los múltiples canales de comunicación que se superponen en una situación dada (en libros como Strategic Interaction o Frame Analysis). Goffman, por ejemplo, distingue entre lo que se comunica intencionalmente y lo que se interpreta a partir de expresiones, por ejemplo cuando dos sujetos (aquí Harry y su oponente) están enzarzados en una situación de juego o competición que implica la manipulación del otro. Harry debe evaluar la situación, pero su evaluación ha de incluir al otro y sus acciones:

"Podemos considerar que este segundo jugador, el otro u oponente, contribuye de dos maneras a esta evaluación. Primero, puede emitir expresiones que, cuando son recogidas por Harry, permiten a éste interpretar algo de lo que está pasando, y preecir en cierto modo lo que sucederá. (En esto el oponente, presumiblemente, no es mejor que los animales inferiores e incluso que los objetos inanimados, pues todos ellos pueden servir como fuente de información). Segundo, el oponente puede transmitir comunicaciones, es decir, trasladar declaraciones lingüísticas (o sustitutos de ellas). Estas Harry las puede recibir  (y se supone abiertamente que ha de recibirlas), y se supone que ha de ser informado por ellas." (Strategic Interaction 102).


El libro de Goffman está dedicado a la manera en que tanto las supuestas expresiones exudadas involuntariamente por el sujeto, como la información lingüística intencional, pueden desviarse de su sentido primario, y utilizarse para anticipar y manipular la respuesta del otro. Las señales supuestamente naturales, expresivas, son susceptibles de volverse intencionales, e incluso comunicativas a un segundo nivel, ofrecidas a la interpretación del otro con esperanza de manipularlo, haciéndole creer que tiene el dominio perspectivístico (o topsight) de la situación interaccional. Los signos "naturales", expresivos, pueden construirse artficialmente: las emociones, simularse, las huellas inconscientes, plantarse deliberadamente. Es lo que Goffman llama la degeneración de la expresión. Pero esa degeneración puede también recuperarse comunicativamente, y volverse manejable como parte de la situación mutuamente entendida. Por aquí podríamos acercarnos al tratamiento de la cuestión de los subgestos, que en el texto de Saramago aparecen funcionando justo en la frontera donde la expresión se vuelve comunicación.

Los subgestos son analizables de la misma manera que son analizables los cambios de tono en el discurso, o sus paréntesis, con la teoría de los marcos de Goffman. A veces ponemos entre comillas una palabra, o la subrayamos, por ejemplo para expresar ironía, "huy qué cosa tan interesante", y ésto se puede hacer con cualquier marca gráfica o fónica, con la cursiva que he utilizado, o con un cambio de tono al pronunciarlo. O con el gesto de las comillas, levantando y moviendo dos dedos en cada mano. Son señales de que un marco de referencia diferente al principal está activo; señales quizá incompletas, claro, pues requieren del oyente adecuado para completarlas: no están gramaticalizadas, sino que son esencialmente situacionales. Aunque se pueda desarrollar, hasta cierto punto, una gramática de las situaciones, o de las transformaciones de señales, como hace Goffman.zapatero

Goffman distingue varios canales de comunicación que pueden estar activos en una situación dada. Puede haber uno principal: la situación socialmente codificada en la que diversos sujetos interactúan (por ejemplo la reunión de profesores del libro de Saramago). Pero alrededor de éste pueden surgir canales secundarios: una comunicación subordinada "extraoficial" entre dos sujetos, o fenómenos de interpretación expresiva como los ahora mencionados. Habrá que considerar por tanto en qué nivel se produce el subgesto: puede ser más o menos abierto para todos los interlocutores, o restringido en un canal comunicativo subordinado, accesible sólo para algunos. O bien puede ser un subgesto no intencional, que sea significativo para el intérprete, pero no emitido deliberadamente por el gesticulador.  En otro lugar he observado que la teoría del sujeto de Goffman presupone una internalización de la interacción: el sujeto humano y complejo se constituye mediante la división interna de roles y actitudes, interiorizando en un teatro interno de la consciencia las voces y papeles socialmente definidos. Es interesante que, de la misma manera, los subgestos de Saramago, que originalmente parecen un gesto subordinado a la interacción principal, pueden devenir, según una interpretación à la Goffman, un gesto que es "extraoficial" con respecto al propio gesto del sujeto, una vez este sujeto se ha convertido él mismo en una compañía teatral viviente que desempeña papeles secundarios, además de los principales.

Los subgestos sí que han sido observados por otros, además de Saramago, y esto nos permite un breve apunte sobre su genealogía. En The First Word, Christine Kenneally remite a las investigaciones de Michael Tomasello sobre los gestos de los primates. Los gestos de los simios, dice Tomasello, caen en dos grupos principales: uno, gestos para atraer la atencion; dos, los movimientos de intención. Estos últimos parecen parientes (o antepasados antropoides) de los subgestos de Saramago. "Los movimientos de intención son los principios de un movimiento efectivo, como levantar un puño para indicar una amenaza entre los humanos" (The First Word 124). Según Tomasello, estos gestos evolucionan entre los individuos de modo interactivo, como sigue: "yo hago de verdad una cosa, tú llegas a anticiparla, yo me fijo en tu anticipación, así que ya sólo hago el principio del movimiento" (125)—es decir, un principio de codificación de la comunicación gestual. (Y una de las raíces para el desarrollo del lenguaje). Estos gestos no están restringidos a los simios, claro. Los humanos, como los simios, y como otros mamíferos, hacen a veces fintas, movimientos amagados, que bastan para establecer una interacción comunicativa en un contexto dado.

Y también son a veces intencionales, y a veces subconscientes, como el gesto de los babuinos nerviosos al pasarse la mano por el morro, o el de los humanos mentirosos al tocarse la nariz. Pero no porque los subconscientes sean subconscientes para el sujeto, dejan de ser interpretables, ya sea espontánea o reflexivamente, por los demás.

Un subgesto presupone, como señala Saramago, el gesto principal. Por tanto es una variación o modulación del gesto principal.  Es decir, que los subgestos, aparte de ir subordinados a "otro" gesto que es el principal, pueden considerarse a su vez derivados o atenuaciones de un tercer gesto— otro gesto principal, o mejor original, que no es realizado sino de forma transformada, a través del subgesto. (Por ejemplo, en lugar de tocarnos la nariz tras mentir, podríamos sólo amagar este gesto). Esta modulación será más interpretable como tal (podrá afinarse más la comunicación) entre quienes conozcan las características gestuales e interaccionales del sujeto gesticulante: es decir, los subgestos, como otros matices de la comunicación indirecta o de la interpretación elaborada, encuentran su lugar más propio entre sujetos que guardan entre sí una estrecha familiaridad, que son capaces de captar los matices o de modularlos en base a interacciones anteriores y gramáticas locales. Desarrolladas por sujetos que se tienen estudiados, y han desarrollado una larga familiaridad entre sí, o consigo mismos. Es una de las apoyaturas de aquél relato de Nabokov sobre un viejo matrimonio, "Signs and Symbols". Son grandes lectores de signos y símbolos, y de subgestos, los viejos matrimonios.

Teoría paranoica de la observación mutua 
 


Adam's Tongue 2: Pensando como ingenieros


Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)

Derek Bickerton, Adam's Tongue: 1:Las dimensiones del problema


¿Qué haría un ingeniero que quisiera construir un lenguaje humano a partir de un sistema de comunicación animal?

En contraste a los sistemas de comunicación animal (los ACS), el lenguaje consta de tres niveles autónomos: la fonología (nivel de los sonidos, sin sentido), la morfología (secuencias de sonidos con sentido) y la sintaxis (enunciaciones con sentido). No se puede pasar de un ACS a un lenguaje directamente, hay un paso intermedio que al que podemos aproximarnos a través del estudio de los pidgins y lenguas criollas. Sobre los pidgins, lo que la gente habla cuando no tiene idioma común, escribió Bickerton en Bastard Tongues, y para él son lo más cerca que podemos situarnos para conjeturar cómo eran las cosas al alba del lenguaje (—los pidgins, y otros fenómenos como el habla infantil o de personas con daños cerebrales, o en el lenguaje enseñado a los simios). Antes de lenguaje propiamiente dicho, tuvo que haber un protolenguaje, como argumenta Bickerton en Language and Species (1990). Lo que se pueda decir con un protolenguaje variará mucho de una situación a otra, según sea un pidgin, o el lenguaje de un infante. "Al protolenguaje le faltan niveles de estructuración, no tiene morfología ni sintaxis estructurada—pero sí tiene algo que les falta a los ACS: la combinabilidad.

Los partidarios de la teoría continuista fuerte desearían encontrar un ejemplo de animal que pueda combinar elementos comunicativos, para postular así una transición de los ACS al protolenguaje. Los monos Diana al parecer "modifican" algunas de sus vocalizaciones de peligro añadiéndoles delante una vocalización que retumba, cuando el depredador está lejano o el peligro no está claro—y entonces los demás suelen no responder con alarma. Bickerton sin embargo no quiere ver aquí nada parecido a una modificación (aunque para algunos podría ser una forma análoga una negación, o a una modalización irrealizadora). Buscar sintaxis en los sistemas de comunicación animal es inútil, arguye, pues las llamadas de animales no son equivalentes a palabras. Una palabra se puede usar en ausencia de aquello a lo que se refiere, una llamada ACS no. (Aunque el ejemplo de los monos Diana parece en cierto modo un contraejemplo a esto).

Las llamadas de los ACS pueden ser tanto informativas como manipulativas, al igual que el lenguaje, es cierto. A veces se usan falsas llamadas, pero en este caso las llamadas funcionan precisamente como si la presencia del depredador fuese real. Una llamada no se refiere a un depredador—es un estímulo asociado a una respuesta que ha mejorado la adaptación a sobrevivir, pero no es un significado combinable. No se pueden combinar dos llamadas de "significados" distintos para crear una tercera.  Los ACS no son un sustituto inferior del lenguaje. Cumplen su función perfectamente, pero no es una función lingüística: "un ACS es primordialmente manipulativo, y sólo secundariamente informativo, mientras que el lenguaje es primordialmente informativo y sólo secundariamente manipulativo" (47-48). Las unidades de los ACS son indiciales, las de los lenguajes son simbólicas:

"Las unidades de los ACS son indiciales porque su función es manipular a los otros. Esos otros tienen que estar allí precisamente en el momento presente y el lugar presente si han de ser manipulados. Así que incluso si hay intercambio de información, puede ser sólo información sobre el aquí y ahora.
     Las unidades lingüísticas son simbólicas porque su función es transmitir información. La información puede ser pasada, presente o futura, aquí, allá o en cualquier sitio. Pero en la medida—una medida muy considerable—en que su valor está en su novedad, es mejor que la información no se refiera al aquí y ahora." (49).


(Más adelante Bickerton volverá a enfatizar la importancia de la deslocalización, del DESPLAZAMIENTO del sentido, en la génesis y estructura del signo lingüístico. Y esto hace pensar que el desarrollo ulterior de una deslocalización mayor a través de la escritura—una deslocalización del propio hablante con respecto al mensaje—es un proceso no accidental sino extraordinariamente inherente a la sustancia misma del lenguaje. Más sobre esta cuestión trascendental ha tratado W. J. Ong en Orality and Literacy).

Terrence Deacon, en The Symbolic Species, sostenía que la capacidad simbólica era la característica central de la humanidad, y la clave del lenguaje. Bickerton, entonces en una fase más chomskiana, sostenía que no, que lo esencial de la comunicación humana era la sintaxis. Ahora acepta la tesis de Deacon sobre la simbología.  Pero Deacon no nos explica cómo se generaron palabras simbólicas—aunque sí asocia el nacimiento del simbolismo como tal a los ritos. Arguye Bickerton que la sintaxis que él consideraba primordial hubo de ser un desarrollo posterior, sólo posible cuando el cerebro se hubo modificado tras un par de millones de años de protolenguaje.

(Aquí habría que realizar una reflexión sobre el desarrollo de los signos complejos en general—que están presentes en toda la organización de la realidad y de la vida social. Son lo que Erving Goffman llamaba "marcos" en Frame Analysis—los marcos que estructuran la acción y el mundo. De hecho Goffman, en uno de sus miniexcursos, propone una interpretación de la sintaxis como un sistema de marcos. Se utilicen diagramas de árbol o diagramas de "llaves" o marcos, parte de lo que hace la sintaxis es lo que Chomsky llama "merge", o sea, crear signos mayores a partir de signos de orden inferior. Luego volverá Bickerton sobre esa "fusión" entendida a la manera de Chomsky. Por ahora sólo señalo que en los marcos son fases esenciales a) su creación, el trazar el marco alrededor de un conjunto de signos que funcionarán como un todo unificado; b) su combinación, las secuencias, inserciones o superposiciones de marcos; c) su transformación o reciclaje, por ejemplo cuando un marco de comportamiento no se usa "literalmente" sino que hace como un ensayo, o una ficción, o una imitación... d) Las rupturas de marco: al ser las fronteras de los marcos imaginarias, se pueden hacer fusiones y transiciones imposibles entre lo que hay dentro del marco y lo que hay fuera. Todos estos procesos semióticos son asimismo esenciales para construir frases simples o complejas, estructuras discursivas, metáforas, y narraciones. El lenguaje y la estructura semiótica del mundo social tienen así una base estructural común).

Pero Bickerton no establece esta relación entre signos lingüísticos y marcos. Está interesado en un problema mucho más concreto, el origen del primer signo que se pudo usar de modo desplazado. Propone buscalo en las llamadas ACS referidas al alimento: un desarrollo de estas llamadas, con comida deslocalizada:

supongamos que la comida se encontrase a cierta distancia de cualquier otro miembro del grupo, y supongamos que tuviera que transcurrir un lapso de tiempo medible entre el descubrimiento de una fuente de alimento dada y la transmisión de noticias sobre ese descubrimiento a otros animales. Si alguna señal animal se pudiera usar en ese tipo de situaición, ¿no contaría como una huída de la prisión del aquí y ahora, como el primer caso auténtico de desplazamiento? (51)

¿Pero qué tipo de señal sería? Un indicio ACS no sirve, pues es inmediato; el símbolo no existe en ACS y tiene que aparecer de algún lado. Tenemos el tercer tipo de signo (según Peirce), los iconos. Las palabras, que son en principio símbolos, pueden ser también iconos (como 'buzz') o indicios como los deícticos. Y además están las palabras gramaticales que no refieren como los símbolos, sino que sólo establecen relaciones entre los términos que sí refieren. Pero todas las palabras (símbolicas e icónicas) tienen capacidad de desplazamiento. Y el desplazamiento es lo crucial en el origen del lenguaje—no la arbitrariedad del símbolo. Pues de hecho los signos ACS son arbitrarios.

De los tres tipos de signos, los indicios van unidos a su referencia, no tienen capacidad de desplazamiento (en lo básico, aunque claro a un segundo nivel se pueden transformar y reutilizar como símbolos). Los símbolos tienen necesariamente esa capacidad de desplazamiento. Y los iconos pueden tenerla o no, según cómo se usen. En los animales, no la tienen,

"pero la capacidad estaba allí en potencia, y floreció con la llegada del lenguaje" (....). "La iconicidad, por tanto, es el camino más probable por el que llegaron nuestros ancestros al lenguaje". (53)


Ahora pasaremos a examinar condiciones biológicas concretas, analogías con otros sistemas de comunicación animal, y casos de desarrollos comunicativos específicos, para evitar que esta explicación se vuelva meramente especulativa. La gente suele empezar a mirar (con razón o no) por los grandes simios.

Adam's Tongue 3: ¿Simios cantores?

 

Web de Biolingüística

Curioseando por el vecindario encuentro esta web de Biolingüistica que lleva al parecer Mª Carmen Horno y no sé si otros miembros del grupo Sylex de investigación del área de Lingüística General. A mis favoritos va. Creo que le estreno el libro de visitas a la web, y aprovecho para decir (allí y aquí) que me está encantando el libro de Derek Bickerton Adam's Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. El blog de biolingüistica que más sigo es Babel's Dawn, y allí aparece por cierto una crítica al libro de Bickerton. Lo más biolingüístico que he escrito yo hasta ahora es este artículo sobre "Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y el orden simbólico." Seguiremos curioseando por el tema.

Integrationalism, Hindsight Bias, and the Pidgin Primordial Soup


Neurological Analysis of Narrative Experience

A photo on Flickr

"Readers build vivid mental simulations of narrative situations, brain scans suggest." News about developments in the study of brain reactions of readers of stories, through Emma Kafalenos on the Narrative-L. Some answers:

Michael Kimmel: 
The reference to cognitive linguistically inspired experimental research is highly relevant, yet it seems that most empirical work still needs to be done on literary simulation. I'd just like to touch on a few issues in this exciting field and mention how multifaceted I think the notion of simulation is.
   There is an important difference between simulations of figurative language (as in much of Gibbs' own work), of more abstract notions (e.g., protagonist emotions and introspections) and of simple action descriptions, as in this important fMRI study. All of these need to be addressed in specific studies. In addition, along the gamut from words/ phrases to whole scenes we need to understand experimentally what in a text makes readers simulate most vividly (cue structures, personal interest, etc.).
    Another open issue concerns whether reading activates quasi-percepts in all relevant respects, or only some. If I remember correctly, experiments by Rolf Zwaan and his colleagues with very simple narratives indicate that spatial storyworld "tracks" are not as obligatorily encoded as causality and intentionality. I wonder how these perhaps more abstract aspects of narrative would relate to changes in a scene's objects , if one would expect less vividness under some conditions, but not others, or if fMRI would be sensitive to any of this.
   I've recently begun working a bit on the simulation of causality scaffolds (via conceptual metaphors) as well as on the phenomenological differences between textual simulation cues, and would appreciate getting a discussion started with colleagues who share an interest in either of these topics.

Tony Jackson's commentary: there's substantial evidence that when we see others doing certain kinds of actions, we have brain activity that in a way mirrors that activity, which is to say that our motor centers are activated as if we were doing the action. Typically the observer's brain activity does not produce actual action, though there is the effect of almost taking action upon seeing for instance an engrossing action scene in a film or in a sports event, and also the tendency to yawn when others yawn, etc. in fact some cognitive psychologist types claim that this built-in imitative-ness is fundamental to human being, to the point that it has to be repressed in order to become a regular kind of mind (infants imitate other's faces within 48 hours of daring to come into our world).
—so this research on reading is leading to the idea that alphabetic signs can induce brain activity of a similar kind? interesting if true (though i confess with some relief that i never read in such conditions as these guys used to get the data), especially because it does not involve actually looking at an action. evidently just the concept communicated verbally can produce a similar kind of brain activity? 
—now  I wonder what literary types might do with such knowledge?

J. A. García Landa—
Thinking about these narrato-neurological studies of "brain activity that in a way mirrors that activity, which is to say that our motor centers are activated as if we were doing the action. Typically the observer's brain activity does not produce actual action, though there is the effect of almost taking action"....
---This sounds to me like the experimental confirmation of what I. A. Richards called "attitudes", as a cornerstone of his materialist psychology in Principles of Literary Criticism (1924)---"imaginal and incipient activities and tendencies to action"; "imaginal action and incipient action which does not go so far as actual muscular movement are more important than overt action in the well-developed human being" (84-85).

It's great to know about the experimental confirmation, but for some of the aesthetic consequences waiting to be drawn out, perhaps Richards and others "been there, done that"! 

(Not to mention Aristotle on the mimetic nature of man....)

—and finally a great post by Don Larsson (after a skeptical post by Peggy Phelan on the difficulty of  "reading" the brain and on the problematic hermeneutic moves in assigning meanings to those brain scans):

It seems to me that a common element in all of the various directions of this conversation is the brain's propensity to seek and use patterns (or models or templates, etc.--yes, those are metaphors too!), which would logically derive from an evolutionary necessity for survival.  If one could not "read" certain signs in nature--animal tracks, rock formations, cloud patterns, etc.--or "read" facial expressions and "body language"--of animals or humans--then one was less likely to survive.  Millions of people around the world still practice such "reading" every day, but in the modern era daily survival is less of an issue (or at least a different kind of issue) than it was thousands or millions of years ago.

Inherent in the recognition of patterns is the formation of links between cause and effect.  If I continually see tracks of a certain size and shape, I will assume the presence of some animal in the vicinity.  If I have encounters with those animals, I learn (or am taught by someone) to recognize the tracks as signs of a particular animal and as a threat of danger, a promise of dinner, etc.  Superstition (or religion, if you prefer) stems in part from such causal links.  The scientific method arose in part as a way to verify cause-effect relationships with greater certainty, but science also depends a great deal on different forms of pattern recognition.  With the proper training, one learns to "read" brain scans, infer the existence of sub-atomic particles, detect tumors, etc.  There can be social and political dimensions to such readings.  If one learns to read only certain patterns, one may not detect, say, certain kinds of tumors that tend to appear in X-rays of women.  !
 If one insists on a particular historical narrative as a model, one assumes that aerial photographs follow the detection of the V-1 and V-2 rockets and the discovery of ICBMs in Cuba and extrapolates that they prove that Saddam Hussein harbors weapons of mass destruction.

My own simplistic way of thinking about the "evolution" of literature and of brain activity suggests to me that literary criticism has also "evolved" in its own right as a way of creating new forms of pattern recognition, whether that pattern is formal, aesthetic, social, psychoanalytic, etc.  As this conversation has suggested, those patterns may mirror the actions of the brain and the physical self (a possibly fundamental evolutionary function), but reading also recognizes the patterns and models of literature itself and of the many sources of information that inform literature.  And this is why there are literature departments and majors!  At the heart of all our critical debates and culture wars lies the question, What kind of patterns, what kinds of models do we and our students need in order to live in this world? (however you care to interpret the question).

Literary criticism as pattern recognition... a promising notion, that one.  Although in some cases I would settle for literary criticism as APOPHENIA.


Strange Commotion in the Brain