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Vanity Fea

Terrorismo

Negociando con los terroristas

Tenemos un gobierno partidario de negociar con los terroristas. Ya es público y oficial, y también patético, vergonzoso, estúpido. Otra vez se repite la historia de la negociación, como tantas otras veces, y las entidades semipensantes que nos gobiernan parece que no aprenden nada de la historia (que ya dijo Marx que se repite, la primera vez como tragedia, y la segunda como farsa). Entes de partido, es decir, gobernados con mando a distancia, lo que hace dos años era impensable y abjecto de repente es lo único razonable que se puede hacer. Hasta que les aprieten el otro botón, claro, es una farsa mecanizada. Pues nada, vuelta a estudiar la lección, pronto pronto. Se infla la burbuja irisada de la paz, y parece que flota -- sí, ¡flota! ¡funciona! ¡funci...

Si estás dispuesto a negociar con terroristas, pronto tendrás muchos terroristas con quien negociar, las oportunidades se multiplican para los negociadores. Hoy es un día vergonzoso para la democracia española. (Y ahora algún listillo pensará que he votado o voy a votar al PP...).

(PS: La decisión del Parlamento la ve cojonuda Otegui; en cambio la ve fatal Rosa Díez: ¿con cuál te quedas? Claro que a quien no quiere ver es inútil señalarle estas cosas. Algunos necesitan que les asesinen a su hermano, o a su hijo, o a su amigo, para que la cosa les llegue al cerebro).

Protestas a quién

Once Eme. Hay quien habla del "sacrificio" de las víctimas de los terroristas, del "sentido de su sufrimiento", y hasta que "entregaron" sus vidas, "heroicamente", "por todos nosotros". Menuda estupidez. Hacemos concentraciones, no se sabe contra quién, contra el Mal, pero el Mal no tiene orejas. A los criminales asesinos, desde luego, es inútil hacerles manifestaciones en contra, como a los carteristas o al mal tiempo. En buena ley, toda manifestación debería hacerse contra el gobierno de turno. Pero las hace gente de orden, que aplaude luego, no se sabe por qué, por hacer algo, supongo (yo no aplaudo si voy). Y, al menos en la Universidad, y debe ser tendencia general del género humano, todos nos orientamos como limaduras de hierro mirando al representante del Poder, o de la Sociedad, el encargado de decir unas palabras. Que curiosamente casi nunca van dirigidas a increpar a los malvados, o a pedir que se haga justicia con ellos (como si eso ni hiciese falta mencionarlo): se considera más elegante la indirección, o una vaga protesta quizá. (Algunos se ponen hoy un lazo negro). En realidad estamos de acuerdo en muy pocas cosas, y se cubre un mínimo. Los muertos, si pudiesen volver, dirían algo de la indirección, de los mínimos, y de quienes les mataron. Las víctimas vivas, si no están victimizadas, ya lo dicen. Yo, claro, me atengo a la indirección.