Blogia
Vanity Fea

Universidad

Un buscador para Unizar.es

Un buscador para Unizar.es

Falta un buscador en esta página. Puede suplirse con una búsqueda en Google restringida a unizar, claro. Aunque aquí hay un buscador un tanto oculto a la vista:
http://www.unizar.es/buscador/busqueda.jsp
Pero es malo. Recomiendo la solución Google.

con referencia a: Universidad de Zaragoza (ver en Google Sidewiki)

Por cierto, he hecho una búsqueda de prueba, por curiosidad malsana, y en efecto. Buscando en Google mi nombre junto con "unizar" (y con comillas) salen más resultados que buscando el del Rector. También si le sumamos una búsqueda con el anterior Rector, y con todos los catedráticos de mi departamento juntos, sigo sacando yo más Googles. Me pregunto por qué será.



John Battelle, The Search

Rancios pero rancios

miércoles 27 de enero de 2010

Rancios pero rancios

Se está tramitando en la Universidad de Zaragoza una propuesta de doctorado Honoris Causa para José Antonio Labordeta. A mí me parecería un honor para la Universidad que Labordeta accediera a ponerse la muceta y las vestiduras talares éstas ridículas de los académicos, para aceptar ser nombrado Doctor Honoris Causa, y desde luego me parece muy bien la idea, que ójala salga adelante. Aunque puede que sea políticamente controvertida la propuesta, por su militancia política y su visibilidad pública, creo que la figura de Labordeta trasciende para muchos las propuestas políticas específicas de su partido: yo no soy sospechoso de ser de la Chunta, pero me parecería muy bien que se le nombrara, que aceptase, y que largase en el pregón lo que le pareciera oportuno. Si todos tarareamos sus canciones, bien podrá él largar el discurso que se le antoje, en la Universidad, y seguro que sería educativo.

Espero que no se dé el caso de que la Universidad sea tan rácana y estrecha de miras como para no aceptar la propuesta. Todo podría ser, siendo una figura no académica y con resonancia política y popular, por significativa que haya podido ser su aportación a la cultura y la identidad de Aragón. De momento, nuestra Facultad, la facultad donde estudió él, ya se ha lucido, negándose a apoyar la propuesta, como se deja ver en esta noticia de El Periódico. Por supuesto sí hay profesores que han promovido esta candidatura en la Facultad, pero no ha tenido bastante apoyo ni en una Junta pasada, cuando se rechazó, ni en la que hubo el otro día, donde al parecer ni se llegó a someter a votación, entiendo que porque los tanteos previos mostraban que no saldría adelante la propuesta. De hecho era tan vergonzante y con boca pequeña la propuesta discutida por nuestra facultad que creo que ni siquiera iba firmada ni presentada explícitamente por nadie. Algunos miembros de esa Junta rancios pero rancios han buscado razones en contra: que si Labordeta no es una gran figura de la investigación académica (cosa que no es una exigencia según los estatutos), que si es inadecuado nombrar a alguien que estudió en el propio centro (...!!!!...). Supongo que habrá trasfondo político detrás de estas objeciones. Pero sobre todo ranciedumbre. Y envidieta de la que nunca falta en Aragón y en España.

Me parece un episodio que retrata bastante, por desgracia, a nuestra Facultad. Encastillada en no se sabe qué, y bastante nula a la hora de relacionarse de manera inteligente con su entorno. Yo que Labordeta les decía que se podían guardar la muceta donde les cupiese, ya que los especialistas le hacen el feo. Pero me supongo que será más educado ("en tardes de pavor") y de mejor trato que ellos. Que nosotros, digo.

¡Rancia institución de oscuros funcionarios! Ahora, que rigor no nos falta—rigor mortis.


___________________

PS: Hablando más con gente de la Junta de Facultad de Filosofía, me llega otra perspectiva un tanto distinta de lo arriba dicho. Por lo que se ve he subestimado la voluntad muy clara que parecen tener muchos en Filosofía y Letras de que los Honoris Causa tienen que ser exclusivamente por méritos académicos—sea cual sea el color político de la propuesta. Lo cierto es que yo daba por hecho que la figura del doctor honoris causa, después algunos de los que hemos visto desfilar, del Rey abajo, estaba ya totalmente desvinculada de las exigencias estrictamente académicas. Y de hecho lo está (pues la Comisión de Doctorado de la Universidad ha sido unánime dando el visto bueno a la propuesta de Labordeta). Pero hay otras opiniones al respecto, y muy respetables por cierto, en la Facultad de Filosofía y Letras. Por otra parte, también pesó bastante, en la manera como salieron las cosas, la manera en que se presentó la propuesta por parte de quienes la apoyaban (?) en la Junta de Facultad: poco cuidada, sin firmar ni contar con el apoyo de ningún departamento, sin justificar mínimamente, basada más bien en presuponer que sería aprobada por aclamación.... cuando con un mínimo de información se habría visto que no era ese el caso, ni mucho menos. Y demostrado queda que los doctorados honoris causa no se regalan sin más, y son motivo de contencioso y pasiones y murmullos, en los oscuros pasillos de la Institución.

Falta un foro en esta Facultad

Diseño de destrezas

Diseño de Destrezas

He estado en un cursillo del ICE de estos de preparación y adaptación a los nuevos grados, al Espacio Europeo de Educación Superior, y el cambio de metodología que se supone va a acarrear.

En este caso, iba sobre "programación y diseño de competencias" en la planificación de los contenidos de la enseñanza. La idea básica es que hasta ahora los profesores impartían "contenidos" en clases magistrales y que a partir de ahora se diseñarán procedimientos para el desarrollo de competencias o destrezas profesionales específicas. Aquí hay un sitio web asociado donde se explica la teoría pedagógica del diseño de competencias: http://www.proyectoforcom.org

Tal como se nos ha presentado, el nuevo modelo de la Universidad es la Formación Profesional–y todo el diseño de las enseñanzas debería ir encaminado al desarrollo de esas competencias prácticas aplicables en el ejercicio de una profesión. Rosie the riveterLo malo es cuando (como sucede con nuestro Grado de Estudios Ingleses) no sólo es ya que no esté diseñado el grado para el ejercicio de una profesión concreta—profesor de inglés, pongamos—sino que se ha vuelto más vaporoso incluso que la Licenciatura; que antes se atenía a una disciplina (pongamos), la Filología, pero ahora son "estudios"... una cosa más vaga. De creer a los diseñadores del Grado de Estudios Ingleses, forma éste a los estudiantes para muchas profesiones, lo cual quizá sea lo mismo que decir que no forma específicamente para ninguna. Y el nuestro sigue siendo (mimetizado al nuevo sistema) un grado básicamente académico, con lo cual la adaptación al sistema de las competencias viene a limitarse a aprender el Newspeak, y donde decía "conocer las etapas y autores de la literatura inglesa" habrá que especificar ahora una destreza como "desarollo de la capacidad de elaborar un texto donde el alumno demuestre su familiaridad con las etapas y autores de la literatura inglesa en un contexto académico".

Y a la vez hay menos vaguedad y más estandarización (i.e. "Calidad"), porque los programas y contenidos de las asignaturas ahora van mucho más especificados en la memoria del Grado que en los antiguos descriptores de las titulaciones anteriores. Será labor del profesor, supongo, especificar tareas, procedimientos... Desde luego se nos ha insistido mucho en evitar cuestiones abstractas y generales, e ir mucho a la tarea concreta, específica, y a los deliverables: especificar bien qué se va a exigir, qué se va a evaluar, y cómo. Más estandarización y más orden (más papeleo también) y me temo que quizá vaya con todo ésto menos ambición en los objetivos: como guardarse las espaldas de lo que vas a hacer, una cosita así determinada y controlable, y hacerla. Es la Calidad Contrastable.

Pero me quedo yo con la sospecha de que quien no arriesga nada no gana nada. Una cosa que he comentado es que valorar cuestiones como la "inteligencia crítica" o la "originalidad" así a bulto no tiene mucha cabida aquí: y en efecto, me han dicho que eso es imposible de evaluar de modo objetivable—así que más bien valorarás cómo hace de bien el estudiante una tarea preasignada y muy determinada.

Que nada, que es la FP, que hay que cambiar el chip. A mí esto ya me pilla con cierto aire escéptico de pre-prejubilado.



La FP Empresa-Universidad

Autoridad maquiavélica pura

Autoridad maquiavélica pura

viernes 22 de enero de 2010

Autoridad maquiavélica pura


Para quien no entienda, como no entiendo yo, la pseudopolítica de pseudopartidos y grupos en la Universidad, recomiendo mucho leer el artículo de José Carlos Bermejo Barrera sobre la pequeña política académica, "¿Quién debe gobernar las Universidades? Ensayo sobre la legitimidad académica". Repasa diversas modalidades y avatares del poder, autoridad y "gobernanza" universitaria. Y no me puedo resistir a reproducir aquí su última sección, "Autoridad maquiavélica pura", que versa sobre los grupillos y liderazgos en la actual universidad española. ¿Por qué? Pues porque el autor nos tiene cachaos, como si nos hubiese estado mirando por el agujero de la cerradura. Observen, observen—e ilústrense:


Autoridad maquiavélica pura

Ese tipo de autoridad se basa en la mera búsqueda del poder por el poder mismo, a lo que Nicolò Maquiavélico llamó virtú. Según él, todo el mundo desea el poder y quien tiene el poder desea conservarlo e incrementarlo. A su vez, siguiendo un criterio establecido por Thomas Hobbes, podemos decir que en la universidad española “tener el poder es tener el crédito de que se tiene el poder”. O lo que es lo mismo, eres poderoso si consigues hacer creer a los demás que eres poderoso.

Como en la universidad española el prestigio académico, nunca plenamente medible, e incluso muchas veces intangible, nunca llegó a cuajar plenamente, muchos profesores han llegado a la conclusión de que hacer creer a los demás que se tiene poder es lo único importante, porque así también pasarán a creer que tenemos prestigio. Y esto es cierto porque no es el prestigio el que otorga el poder, sino el poder el que otorga el prestigio.

Es pues necesario conseguir el poder, que podrá ser:

a)- político, pasando continuamente de la universidad a la política y vicecersa;

b)- económico, controlando los recursos económicos de los demás profesores y de las universidades, gracias a los sistemas de concesión de proyectos, puestos, cargos, o complementos salariales, tanto en el ámbito académico como en el político, en sus cuatro niveles: local, provincial, autonómico y estatal,

c)- académico, ocupando cargos como resultado de procesos electorales que imitan los procesos políticos. Una vez que se consigue este último poder no sólo se consiguen controlar los recursos materiales de las universidades y a las personas que trabajan en ellas, sino también establecer el dominio del lenguaje y sobre todo, el control de los sistemas de producción de normas y procesos de evaluación.

Ahora bien, ¿cómo se desarrolla el juego electoral? Básicamente mediante un sistema de simulaciones superpuestas.

La primera de ellas es una simulación política. A la muerte de Franco todos los partidos políticos clandestinos estaban dotados lógicamente de una gran legitimidad política. Muchos profesores antifranquistas se agruparon para intentar pasar a gobernar las universidades todavía en manos de algunos herederos del franquismo. Esos grupos fueron muy minoritarios, en principio, y además nunca se pudo ver de modo nítido su afiliación política, puesto que los partidos políticos y los sindicatos no los apoyaban explícitamente, aunque todo el mundo sabía quién era quién en la universidad española.

En esos grupos políticos opacos no había ni carnets ni criterios de afiliación. Se trató de grupos fluidos y en los que se apelaba básicamente, como es lógico en la universidad, a la racionalidad y al prestigio académicos, que se pretendían introducir ahora por primera vez en la misma universidad. Fue la apelación a los valores académicos y el carácter difuso de esos mismos grupos lo que favoreció que, una vez que lograron democráticamente el control de muchas universidades españolas, se viesen incrementados en su supuesta afiliación por muchos otros profesores de todas clases de coloraciones políticas que vieron en ellos la nueva forma de promocionarse académicamente.

Surgieron así grupos de presión, o meras camarillas académicas, nunca apoyadas claramente por partidos y sindicatos, cuyos miembros en muchos casos ni siquieran se dieron a conocer públicamente, pero que actuaron, no como lo que eran (grupos de intereses académicos, y a veces incluso de amigos o parientes, como ocurría en algunas de las universidades de la Edad Moderna de las que habla W. Clark), sino como portavoces simulados de ideologías y partidos políticos: nacionales, regionales o estatales.

En segundo lugar tenemos una simulación académica. En ella un profesor o un grupo de profesores pasan a hablar, ya no como “políticos sui generis”, sino como científicos de prestigio. Un prestigio que, tengan o no, ellos mismos se encargan de exhibir continuamente, no con el fin de continuar incrementándolo con su trabajo científico, sino con el fin de gobernar a los otros profesores a partir de ese supuesto prestigio, que los demás profesores no serán capaces de valorar, ya que no son especialistas en el campo especifico de quien exhibe su autoridad intelectual, pero con el que se pretende intimidarlos, intentando convencerlos de que, si reconocen ese supuesto prestigio, podrán beneficiarse de algún modo de todos los privilegios que puede conceder la autoridad académica.

Se puede utilizar esta simulación cuando no sirve la simulación política, dando así algunos profesores la impresión de que poseen lo que antes se llamaba una personalidad múltiple, y que ahora en el DSM IV norteamericano se llama simplemente personalidad intestable.

A la simulación política y académica se puede añadir la simulación económica. Cuando profesores que son básicamente funcionarios pasan a hablar e intentan actuar como si fuesen empresarios, ya sea estableciendo contactos con empresas existentes o intentando crear sus propias empresas (blindadas de los vaivenes del mercado gracias al amparo que las universidades y los fondos públicos pueden proporcionar hoy en día a empresarios de todo tipo, siempre dispuestos a parasitar el presupuesto del estado y los fondos de las universidades), caen en una profunda contradicción, que les llevará a oscilar, en su comportamiento y en sus expresiones verbales, entre estos dos polos opuestos: la renta pública y el mercado, lo público y lo privado, pasando de un lado al otro de modo oportunista según lo requieran las circunstancias de cada momento, o las personas con las que se esté hablando. De modo que se podría hablar de un cambio de personalidad a demanda del usuario.

La misma utilización oportunista de palabras y argumentos puede darse también en otro tipo de simulación, la simulación de la defensa de causas justas.

Estas causas, que transcienden a veces el ámbito de las ideologías estrictamente partidistas, causas como el feminismo, el ecologismo, o cualquier otra, también han sido utilizadas de un modo oportunista por parte de las autoridades académicas o de aspirantes a serlo, en el campo de la vida académica ordinaria y en las confrontaciones de los procesos electorales, cuando en ellos se da una confrontación verbal y no una mera captación, sin más, de votos.

Las causas justas, como la paridad en los cargos, se utilizan muchas veces no porque se crea en ellas, sino porque pueden ser rentables electoralmente, de modo que, por ejemplo, una profesora puede postularse como una buena candidata a un determinado cargo académico porque es una mujer - eso es evidente si es una profesora - cuando conviene decir que se es mujer, y pedir una cuota de poder; como política, cuando interesa reivindicar su militancia, o como científica eminente, cuando éste sea el criterio más rentable. Con lo cual se consigue manipular del mismo modo a demanda la causa feminista.

Del mismo modo, en el caso de las nacionalidades históricas con lenguas propias, se puede utilizar la reivindicación de las lenguas nacionales, cuando convenga y no sea mejor proclamarse internacionalista y hablar inglés (como buen científico).

Es curioso comprobar sin embargo que, al contrario de lo que ya ocurrió en los los EE.UU., los criterios contra la discriminación por opciones sexuales de gays y lesbianas y el consiguiente establecimiento de cuotas aun no han sido aplicados en el caso de la universidad española, sencillamente porque aún es muy puritana. Cuando deje de serlo tendremos una nueva causa a utilizar por los candidatos y otra causa justa a manipular a demanda por parte de las autoridades académicas, hasta ahora pudibundas, que estarán dispuestas a buscar su legitimidad en cualquier parte.

Hemos podido observar en España el paso de una legitimidad académica tradicional lastrada por la historia a otra carismática, alterada por criterios políticos de partido, de ésta a la autoridad burocrática pura, a la autoridad burocrática ejercida por el mero placer de la burocracia, y de esta última a la exaltación de los criterios de mercado para no cumplirlos nunca.

Todos los criterios sirven, todos los lenguajes se pueden utilizar porque, en el fondo, quienes hablan en el campo de la autoridad y la legitimidad académica están convencidos de que en la universidad española las palabras no significan nada, porque todos los discursos son igualmente banales y se pueden utilizar paralela y simultáneamente, a pesar de que parezcan contradecirse entre sí. Y porque sólo hay una cosa segura, porque sólo existe un lugar en el que reside la verdad, que es el del puro ejercicio del poder.

Un poder cuyo ejercicio ha conseguido que España haya aportado una gran novedad en el campo académico: la creación de un nuevo tipo de profesor europeo, el profesor maquiavélico puro, maestro en el uso de todo tipo de argumentos, capaz de negociarlo todo, de pactar con quien sea necesario con el fin de conseguir el objeto más deseado: el puro placer de gobernar a muy pequeña escala. Y de este modo poder seguir hablando sin parar una nueva lengua que consigue convertir en realidad los deseos de quienes la hablan, a costa de hacer desaparecer la realidad misma.


(Esto es lo que en otras ocasiones hemos llamado, en su aplicación a nuestro contexto inmediato, la Matrix Departamental. Pues nuestro departamento de Filología Inglesa y Alemana es un caso muy atacado de estos síndromes pintorescos, donde el rancio feudo converge con la Convergencia Europea...).


(Shakespeare, Trillo, y las ficciones del poder)

¿Viraje laicista en la Universidad?

martes 19 de enero de 2010

¿Viraje laicista en la Universidad?

Según El Periódico, la Universidad de Zaragoza ha determinado, por boca del vicerrector de política académica, que no procede promover actos religiosos asociados a la Universidad. Aquí está la noticia—a resultas de una petición hecha por un profesor de Derecho, protestando por una misa al patrono de su Facultad. Supongo que esto se hace en estricto cumplimiento de la no confesionalidad del Estado y de la Administración a la que pertenece la universidad. Hay que aclarar que sí se deja margen a que estos actos de homenaje a los Santos Patronos se organicen "por iniciativa individual".

Ahora bien, persiste un pequeño problema. El calendario académico de la Universidad de este año, y de todos, incluye explícitamente las fiestas de los diversos patronos de cada centro, días festivos que se celebran en ellos. Lo único prohibido será la misa, supongo que no la fiesta. Una comida o un concierto... pues no lo sé, ya podría interpretarse como un acto de homenaje al patrono. Lo de no trabajar, como no es un acto, sino una carencia de acto, pues debe ser que no cuenta.

No sólo está San Raimundo de Peñafort, origen de la controversia, sino que también figuran en el calendario académico oficial San Lucas, San Alberto Magno, Santa Isabel de Hungría, San José de Calasanz, San Francisco Javier, San José, San Vicente Ferrer, San Isidoro, San Francisco de Asís, y el Obispo Tajón, que no sé si llegó a santo, pero a patrono sí. Y San Braulio de patrono general. En algún centro está como fiesta el Sermón de las Tortillas, que también me suena a cosa de misas y romerías. Aparte, la Universidad guarda un montón de fiestas autonómicas o nacionales todas llenas de santos—desde las Navidades hasta las siguientes Navidades. Supongo que el profesor de Derecho también habrá protestado al colegio de Abogados, para que quiten a San Ivo de su nómina. Y que el Rectorado estará ya repensando un nuevo calendario académico, con fiestas de Fructidor, Germinal, Floreal y demás.

Para hacerlo bien bien, igual habría que refundar la Universidad, institución de origen eclesiástico—o al menos empezar por suprimir la figura de San Pedro del escudo de la Universidad. Claro que para eso habrá que cambiar los estatutos, que los cito en su Anexo sobre "Emblemática":

D) El Sello. El Sello de la Universidad de Zaragoza es
circular y posee dos funciones básicas: la de validación
documental y la de emblema logotípico.
1. Validación documental. De 40 mm de diámetro, realizado
a línea de sable, se figura en el centro del campo a
San Pedro tocado de tiara, portando cruz de seis brazos alzada,
en su mano izquierda y dos llaves dispuestas en aspa
con los paletones arriba y hacia el exterior, en la derecha,
sedente en cátedra, con terraza de baldosas; acompañado, a
derecha, del Escudo de Aragón (con los cuarteles ordenados
asistemáticamente, según la práctica de 1588: Cruz de Íñigo
Arista, Cruz de San Jorge cantonada de cabezas de moro,
Árbol de Sobrarbe y Señal Real de Aragón) y, a izquierda,
del Escudo de Zaragoza; debajo del primero, una ‘S’
(=Sanctus) y, debajo del segundo, una ‘P’ (=Petrus).
(Cruz de Íñigo Arista) STVDIVM (Cruz de San Jorge
cantonada de cabezas de moro) GENERALE (Árbol de Sobrarbe)
CIVITATIS (Señal Real de Aragón) CAESARAVGVSTANAE.
2. Emblema logotípico. Se representa de tres modos:
a) A línea, de sable, para membretes documentales.
b) Para la bandera de exteriores y publicidad en general.
En campo de plata, imagen de San Pedro con indumentaria
blanca, tocado de tiara, de oro, con halo, de oro, cruz latina,
de oro, pendiente del cuello, y portando cruz de seis
brazos alzada, de oro, en su mano izquierda, y dos llaves
dispuestas en aspa con los paletones arriba y hacia el exterior,
en la derecha (de oro la del reino de los Cielos y de plata
la del reino de la Tierra), sedente en cátedra, con terraza
de baldosas, de azur y plata; acompañado, a derecha, del Escudo
de Aragón (con los cuarteles ordenados asistemáticamente,
según la práctica de 1588: Cruz de Íñigo Arista, Cruz
de San Jorge cantonada de cabezas de moro, Árbol de Sobrarbe
y Señal Real de Aragón) y, a izquierda, del Escudo
de Zaragoza; debajo del primero, una ‘S’ (=Sanctus), de sable
y, debajo del segundo, una ‘P’ (=Petrus), de sable.
Todo ello, circundado de bordura de oro, con la denominación
de la Universidad, en letras de sable, intercalando en
ella los cuarteles del Escudo de Aragón, en sus respectivos
esmaltes:
(Cruz de Íñigo Arista) STVDIVM (Cruz de San Jorge
cantonada de cabezas de moro) GENERALE (Árbol de Sobrarbe)
CIVITATIS (Señal Real de Aragón) CAESARAVGVSTANAE.
c) Para los diplomas de los títulos oficiales que expide
la Universidad como certificación de estudios cursados en la
misma, en los cuales se muestra en simetría con el Escudo
de España.
En campo de plata, imagen de San Pedro con indumentaria
blanca, tocado de tiara, con halo de oro, cruz latina, de
oro, pendiente del cuello, y portando cruz de seis brazos alzada,
de oro, en su mano izquierda, y dos llaves dispuestas
en aspa con los paletones arriba y hacia el exterior, en la derecha
(de oro la del reino de los Cielos y de plata la del reino
de la Tierra), sedente en cátedra, con terraza de baldosas;
acompañado, a derecha, del Escudo de Aragón (con los
cuarteles ordenados asistemáticamente, según la práctica de
1588: Cruz de Íñigo Arista, Cruz de San Jorge cantonada de
cabezas de moro, Árbol de Sobrarbe y Señal Real de Aragón)
y, a izquierda, del Escudo de Zaragoza; debajo del primero,
una ‘S’ (=Sanctus), de oro, fileteada de sable y, debajo
del segundo, una ‘P’ (=Petrus), de oro, fileteada de sable.
Todo ello circundado de bordura de azul cobalto, con la
denominación de la universidad, en letras de oro, intercalando
en la misma los cuarteles del Escudo de Aragón, en sus
respectivos esmaltes:
(Cruz de Íñigo Arista) STVDIVM (Cruz de San Jorge
cantonada de cabezas de moro) GENERALE (Árbol de Sobrarbe)
CIVITATIS (Señal Real de Aragón) CAESARAVGVSTANAE.
En los diplomas de licenciado se incluye en la parte inferior
de la orla el emblema distintivo de las correspondientes
enseñanzas; en los de doctor, se representa la divisa del protector
Pedro Cerbuna: un ciervo, de oro.



Esto está muy bien redactado, pero seguro que hay que cambiarlo ahora que cambian los Estatutos. Si es que hasta el ciervo es sospechoso. ¿Abrimos un concurso de Nuevos Patronos (laicos) y Nuevos Logotipos? Y habrá que revalidar los documentos validados con una emblemática inconstitucional.

Uf, esto se va complicando más cuanto más lo piensas... Aquí va a haber que rediseñar muchas cosas—también el escudo de Aragón. Al Sobrarbe, podarle la cruz, en puridad aconfesional. Y las cabezas de moro, psché, eso va en gustos; no es, estrictamente hablando, muy católico.

__________

PS: Los estudiantes de EDU proponen, en efecto, la retirada de todos estos símbolos. Hombre, también podían poner de patrono a Ramón y Cajal, que tienen su estatua en el Paraninfo, aunque no le dejaron llegar a catedrático en esta Universidad.


Epidemia tribal

La Calidad, según la directora de la ANECA

miércoles 13 de enero de 2010

La Calidad, según la directora de la ANECA

He estado en una conferencia en el ICE de la Universidad de Zaragoza, presentada por el Rector y moderada por el director del ICE, Fernando Zulaica, impartida por la directora de la ANECA, Zulima Fernández. Se inauguraba el nuevo programa de actividades de formación del ICE, con especial atención a la implantación de los nuevos títulos adaptados a Bolonia. Estos títulos traen consigo unos procedimientos de garantía de la calidad, gestionados por la ANECA: para planificar adecuadamente qué se va a enseñar, para hacer un seguimiento de la aplicación de los planes, y evaluar los resultados (qué se ha aprendido, cómo se ha recibido el título, si responde a las necesidades laborales, etc.).

La Directora ha enfatizado la importancia de mantener el objetivo prioritario a la vista: la autocrítica, la comprobación de la efectividad de las propias actividades, el desarrollo de procedimientos que garanticen adecuadamente esta observación de la calidad—y hasta de procedimientos de garantía de la Calidad de los procesos seguidos por las propias agencias de Calidad—who watches the Watchmen.

Agencias hay unas cuantas, entre la Aneca y las Anequillas autonómicas (visto que las competencias en educación están transferidas), y la Directora parecía muy consciente de las críticas que han llegado sobre la multiplicación de instancias y procesos, y sobre el cúmulo de papel y de impresos y de mosqueo que esto genera. Ha expresado su confianza en que una vez se implante más la consciencia de una cultura de la calidad habrá menos resistencia a este papeleo, o que el propio papeleo buscará maneras de hacerse más atento a las necesidades reales de la evaluación y al funcionamiento efectivo de las titulaciones. La acreditación de calidad es un proceso al cual está muy acostumbrada la empresa privada, pero que es recibido con más que cierto recelo y resistencia en la Universidad (pública, habría que especificar). Por cierto, la Directora es catedrática de Organización de Empresas, con lo cual su presencia en la ANECA para gestionar la calidad de las universidades tiene no sólo una lógica práctica y operativa, sino, como lo diría yo, también un cierto valor simbólico-emblemático. De este giro un tanto empresarial hacia la educación superior como Mercado que supone todo el proceso de Bolonia. (Hay un buen dossier sobre Calidad universitaria en Fírgoa).

Bien, la conferencia ha sido un visionado panorámico, muy clarificador, sobre cómo conceptualiza la ANECA las necesidades y procesos en esta evaluación de la calidad de titulaciones y de docencia. En todo ello se van siguiendo no las inspiraciones de la propia ANECA, sino las instrucciones recibidas del Ministerio, y resultantes de los acuerdos a nivel europeo, sobre los procedimientos de calidad a desarrollar para una correcta implantación de Bolonia (o de los acuerdos de Bergen, en este caso). Está satisfecha la Directora al mostrar que España se encuentra si no en el grupo de cabeza, sí muy bien situada en cuanto al cumplimiento de los objetivos marcados por esos protocolos. Fallamos un poco en el Suplemento Europeo al título, y más (me parece) en la implantación de los acuerdos de Lisboa. Pero comparados con muchos países, como Francia o Alemania, que apenas han hecho algo por desarrollar protocolos de calidad, vamos bien en España. En cabeza están los anglosajones (a quienes viene imitando supongo todo este proceso) y varios países nórdicos (aunque no precisamente Islandia ni Finlandia).

Si la conferencia es interesante, aún lo es más (para mí) la sesión de preguntas. Yo soy de los preguntones, le digo a Fernand0, que se sienta a mi lado, y de hecho hago dos preguntas, abusando claramente de la paciencia de todo el mundo.

Pero quien abre el fuego es el catedrático de mi facultad Túa Blesa, que expresa cortés pero claramente el malestar generado entre muchísimos universitarios por la ANECA y sus procedimientos y lo que representa. Y protesta especialmente por el mantenimiento en secreto o confidencialidad de los nombres de los expertos que realizan las evaluaciones—citando la Ley de Procedimiento Administrativo, que garantiza la transparencia y publicidad de los procesos. Tenemos derecho a saber quién nos evalúa (a veces con criterios pasmosos por ponerlo suavemente), dice el Dr. Blesa. Le recuerdan estos informes confidenciales a la censura franquista. A todo esto le replica la Directora que si bien los asesores externos son secretos, los miembros de las comisiones de la ANECA que utilizan esos asesoramientos son públicos. Y que quizá en un futuro se plantee el que también lo sean los asesores, pero que en todo caso no le parece una cuestión tan crucial. También dice que no es tan distinto esto (aunque sea en la Administración) de los informes confidenciales de los asesores en las revistas académicas. También deja claro la Directora de la ANECA que su agencia no tiene nada que ver con la evaluación de proyectos de investigación (eso lo hace la ANEP)—así que si hay malestar por eso, será otra agencia la responsable.

La Dra. Jaime observa que se tiene insuficientemente en cuenta la evaluación de la calidad de la docencia de un profesor, para acreditaciones etc., dándose siempre un peso excesivo a la investigación. También rompe una lanza a favor del sistema británico, que diferencia entre enseñantes y evaluadores (con los examinadores externos, etc.), y se pregunta para cuándo algo parecido aquí. (Aunque algunos evaluadores externos van apareciendo en estos proceso de la ANECA, la generalización del sistema está lejos. Evitaría, concurre la Directora de la ANECA, que el estudiante vea al profesor como un obstáculo entre él y el aprobado. Pero eso no entra en la perspectiva de nuestro sistema de evaluación, al menos por ahora.

Por cierto, un tema ausente por completo de la conferencia ha sido el famoso fracaso escolar, o los rumoreados deseos o presiones o incentivos o procedimientos para que en el nuevo sistema universitario-mercantil se evalúe favorablemente al cliente, al comprador del producto. Sí alude la Directora a que en los nuevos estudios se evaluará no un cúmulo indefinido o múltiple de cosas, sino unas cosas predeterminadas, pocas y concretas—y es por allí por donde parece que asoma la patita el tema de la famosa bajada de niveles, o la Logsegización de la Universidad, que podría suponer esto de Bolonia y la implantación de los grados. Se me ocurre a mí que si los objetivos a alcanzar son muy medibles y concretos, puede que también estén estandarizados, o que sean limitados y cuantificables en exceso. Calidad es lo que define la normativa de calidad como medible y evaluable por procedimientos uniformizados.... y puede, puede, que eso no coincida siempre con la calidad tal como uno la venía entendiendo.

Sobre este desfase entre calidad sobre el papel y calidad efectiva hay otras preguntas. Una profesora de Enfermería alude a auténticas falsificaciones que se hacen sobre el papel, mintiendo sobre medios, procesos y protocolos en la carrera para conseguir la implantación de un título. Pero esto no parece preocupar mucho a la Directora (que sí alude varias veces al problema de que los medios se conviertan en fines, sin embargo). Dice la Directora que los mismos procedimientos de evaluación de resultados se encargarán de sacara a la luz estas falsedades y ponerles coto: donde no se ha actuado bien, no puede haber buenos resultados, y a la larga eso se echará de ver. (Claro que a uno se le ocurre que para entonces los tramposos no sólo tienen mucho ganado de entrada, en subvenciones o en lo que sea, sino que ya estarán preparando la siguiente trampa... y la Administración es notablemente incompetente a la hora de exigir responsabilidades en estos casos.)

Yo intervengo para hacer dos preguntas. La primera muy concreta—¿Introducirá la ANECA un sistema de menciones de calidad, o 'premios', para distinguir unos programas frente a otros, como se venía haciendo en los programas de Doctorado pre-Bolonia? Este sistema se ha interrumpido. ¿Y por qué no se hará, o por qué se hará si se vuelve a hacer?

Me contesta la Directora que no está establecido todavía que se vaya a hacer o no. Que éste no es el momento oportuno, visto que esas menciones de calidad procedería concederlas a programas que ya llevasen unos años funcionando y obteniendo buenos resultados—algo que para las titulaciones de Bolonia está en el futuro. Que ella no lo vería mal para el Doctorado, que se reintrodujeran las menciones de calidad, pero que lo ve más improcedente en los grados y másteres. Interviene otro profesor con experiencia en la ANECA, y observa que sería superfluo y quizá contraproducente—y que los mismos procesos de garantía de la calidad previstos por Bolonia, la acreditación y revisión de las titulaciones, el examen de resultados, etc., son suficiente procedimiento de garantía de calidad sin tener que implantar unos concursos de menciones que multiplicarían el papeleo innecesariamente y distraerían la atención.


Y ahora, la pregunta del millón—y la respuesta, from the horse's mouth.

En mi segunda pregunta, llamo la atención sobre una cuestión que ha ido apareciendo de modo intermitente: cómo los propios procedimientos de calidad pueden convertirse en un mecanismo contraproducente, que entorpezca de hecho el buen funcionamiento del sistema, y pervierta la noción misma de calidad.

La propia Directora ha aludido a esto en un punto de su charla, y es muy consciente del asunto—hasta se remite a un estudio clásico sobre la cuestión, el artículo de Jethro Newton "¿Alimentando a la Bestia o mejorando la calidad?". Aludía Newton al peligro de que el proceso de evaluación de calidad se convierta en un fin en sí mismo, y sostenía que

"un mejoramiento genuino de la calidad sólo puede ser sustentado si es establecido como una premisa de base a partir de las iniciativas y esfuerzos de los académicos y demás miembros de la conducción, más bien que impuesto por medio de elaborados mecanismos de acciones tendientes a dar cuenta de los resultados".


Yo hago notar que "calidad", siendo bonita palabra, en realidad va unida necesariamente a "estandarización"—palabra más fea. Si se evalúan sólo ciertos parámetros ("unos pocos" quizá), la Calidad oficial puede convertirse en algo mecánico y que lleve más que a un enriquecimiento de la docencia, a una macdonaldización, una estandarización de objetivos y procedimientos, y en última instancia a un empobrecimiento—pues nuestra atención se desvía de la materia o disciplina a enseñar, se desvía de la cosa en sí, y pasa a fijarse en cómo cumplir con los objetivos de calidad. Es una cuestión que, según he observado, parece preocupar más entre las disciplinas de Humanidades; en las ciencias suele haber menos disconformidad con parámetros objetivables y estandarizados. (Ver por ejemplo este artículo de Adela Cortina). Es decir, la fijación de criterios para "obtener la calidad", si se hace de manera estrecha y limitada, puede ser contraproducente. Y la misma necesidad de someter a evaluación una serie de parámetros concretos lleva, quieras que no, a esa estandarización de objetivos y procedimientos—algo que ofende de modo particular las sensibilidades intelectuales de los humanistas.

Como ejemplo, le pongo a la Directora de Aneca el criterio de la pertenencia a grupos de investigación. Y le pido que me aclare si le consta o no que las cosas son como le digo. (Aunque de hecho ya sé la respuesta—es sólo para que se oiga en público). Antes he aludido a los programas de Doctorado con Mención de Calidad. Pues bien, ¿es cierto que la ANECA sólo permite el acceso a dichos programas a los profesores que están trabajando en un proyecto de investigación subvencionado?

Recordaré aquí que este es el contencioso que nos viene enfrentando a mí y a un par de profesores más con nuestro departamento desde hace años: la coordinadora de nuestro Máster y Doctorado, la Dra. Onega, y los demás catedráticos del Departamento (Collado-Deleyto-Vázquez), y la Dirección del mismo y sus profesores en general han venido excluyéndonos de Máster y Doctorado alegando que no pertenecíamos a un equipo de investigación con un proyecto subvencionado. Un proyecto vivo, como gusta de decir la Dra. Onega. El tema ha llegado a juicio y se ha resuelto a nuestro favor, pero los catedráticos siguen sosteniendo que eso se debe a la ignorancia de los jueces: que los criterios de Calidad de la universidad son muy distintos, como sabe cualquiera que (como la Dra. Onega) haya trabajado en la ANECA. Y por supuesto, la Dra. Onega ha vuelto a ser nombrada coordinadora de máster y Doctorado, como si tal.

Respuesta de la Directora de la ANECA, sobre ese supuesto requisito de pertenencia a grupos de investigación:

Que la cosa no es en absoluto de esa manera. Que ni ahora, ni nunca, ha sido un requisito la pertenencia a equipos de investigación para participar en un programa de Doctorado o dirigir tesis doctorales, ni con mención de calidad ni sin ella.

Bien, así que mi ejemplo de Calidad de Bote no vale—no es un criterio que utilice la ANECA. (Como digo, yo ya lo sabía. Aunque nuestros catedráticos estaban, digámoslo piadosamente, mal informados todos estos años).

—"Bien," digo yo, "si es así, me parece una aclaración muy ilustrativa. Porque en el Doctorado de mi departamento éste es un criterio determinante, que según se viene repitiendo procede de la ANECA. Y lo dicen personas que han colaborado estrechamente con la ANECA. No sólo se viene aduciendo este criterio, sino que se ha venido aplicando sistemáticamente, desde que interviene la ANECA en la evaluación de los programas de Doctorado." Se recordará que en nuestro departamento se nos ha expulsado del postgrado, y se ha mantenido hasta la saciedad que el profesorado del Doctorado ha de estar en un proyecto de investigación "Vivo", o "vivales", que es requisito sine quo non para que la ANECA conceda la Mención de Calidad.

Aquí interviene otra profesora que ha sido evaluadora de la ANECA, la Dra. Mª Victoria Escribano, para mostrar su extrañeza, y corroborar que ese supuesto criterio de ninguna manera existe. A lo que replico,

"Bueno, yo estoy de acuerdo, pero en mi Departamento han venido siempre sosteniendo lo contrario, y llevándolo a efecto. De hecho, nos ha dicho repetidamente la Dra. Onega que la aplicación informática de la ANECA exige la introducción de un código de proyecto de investigación en una casilla, y que si no consta, el programa impide procesar la solicitud. Estas son las historias que nos han venido contando en nuestro Departamento: Departamento de Filología Inglesa y Alemana—que se sepa bien". La Dra. Onega es quien viene sosteniendo esto. Pero peor aún: son historias que ha aceptado la Dirección del departamento y su consejo. Porque una cosa es que alguien en concreto desbarre—sería anecdótico. Más grave es cuando eso no se corrige, y todos van detrás, siguiendo la corriente, a conciencia.

Y aquí ya se ponía nervioso el moderador, Dr. Zulaica, no sé si por las alusiones a personas, o porque al parecer consideraba todo esto cuestiones anecdóticas y marginales, que nada tienen que ver con la Calidad... Y es cierto—nada tienen que ver. No lo digo yo—lo dice la directora de la ANECA.

¿Algún comentario, Sres Catedráticos—Dres. Onega, Collado, Deleyto y Vázquez? Que por cierto no había ninguno de ellos en la sala, para ser tan aficionados a la ANECA como dicen que son. ¿Les constará ya cómo son las cosas, o serán precisas mayores aclaraciones?



Asegurando la Calidad

Contra la calidad de bote

En el último número del European English Messenger, boletín de la Sociedad Europea de Estudios Ingleses (ESSE), sale un interesante artículo de Sara Martín, de la Universidad Autónoma de Barcelona, contra los actuales usos y tendencias en la evaluación de la calidad de la investigación, con las ANECAs y Sexenios y demás, basándose en índices de calidad estandarizados y en listados de revistas como ERIH, o en Citation Indexes, y demás casas de citas—es decir, critica la evaluación del envoltorio en lugar de la calidad del contenido.

Recomiendo leerlo, pues formula de modo muy bien dicho muchas de las quejas y objeciones que se venían oyendo más bien por los pasillos y cafeterías que por otros sitios. Son objeciones que tienen su gran parte de razón—como sin duda también tiene su cierta razón y su lógica parcial el actual sistema de evaluación. Aunque yo particularmente soy cada vez más uno de los descolgados del sistema o "rogue scholars" a los que alude la autora.

Algunas observaciones selectas:

—Existe un descontento muy general con la burocratización de la investigación a la que conducen estos procedimientos estandarizados de evaluación de la calidad. Hay una cierta sensación de alienación en el sentido de que nos perdemos en los medios, y en las evaluaciones, y se pierde de vista la finalidad de para qué se investiga. Se hace investigación "para la evaluación", que entre en la cuadrícula—a veces en detrimento de la que el investigador considera más interesante.

—Hay una tendencia a la evaluación cuantificada ignorando de entrada el contenido de las publicaciones, que ni siquiera se presentan completas a la ANECA, por ejemplo. Viene a ser como juzgar un producto por su envoltorio, o un libro por la editorial—si no por su cubierta.

—La jerarquización de revistas con sistemas como el ERIH es engañosa. Se identifica la calidad de un artículo con la de su vehículo, la revista, algo muy engañoso. Y resultan perjudicadas las revistas publicadas en lenguas distintas del inglés, o de países distintos de los anglosajones. Los humanistas europeos, en lugar de colaborar en intercambios mutuos, se ignoran pues con los actuales parámetros no tiene sentido publicar en idiomas distintos del inglés (o en todo caso del propio).
barcode2
—La publicación en revistas es, según Martín, una cierta reliquia del pasado, y estará cada vez más fuera de lugar en la era de Internet. Al igual que en el negocio de la música, los editores académicos se resisten a un cambio que les perjudica, pero éste será inevitable, y se establecerán redes de investigadores con sus propios sitios web personales, al margen de las editoriales. (Academia, el "facebook para universitarios", podría ser un ejemplo más de lo que está sucediendo, apunto). Si todavía no se han visto desplazadas las revistas todavía es "porque el lugar en el que publicamos tiene una extraña prioridad sobre qué es lo que publicamos". (Yo me atrevo a aventurar que la seguirá teniendo...)

—La jerarquización y oficialización de la investigación crea una atmósfera de desencanto con la investigación sobre todo en las humanidades—y muchos van optando por descolgarse del sistema, o al verse descolgados van reaccionando contra él de una manera que es contraproducente para el resultado que se pretendía conseguir.

"La impresión que tengo es que esta actual jerarquización de la investigación, de la cual ERIH no es más que una muestra, está generando una atmósfera académica desencantada en las humanidades: el sistema de recompensar los logros no se adecúa a la percepción que tenemos de nuestros propios métodos y trabajo. Todos los académicos necesitan alguna forma de reconocimiento, ya que nuestros egos, que son nuestro principal apoyo, son frágiles y mucho más en las humanidades, ya que no nos motivan las escasas expectativas que la sociedad tiene sobre nuestro trabajo, si es que acaso le importa algo. Sin embargo se evalúa a los académicos en humanidades con instrumentos que manifiestan una incomprensión radical de cómo y por qué trabajamos, y eso nos hace experimentar una angustia que desconocen nuestros colegas en otras áreas" (68)


Aquí yo no estoy tan de acuerdo. A los beneficiados por el sistema desde luego no les amarga un dulce ni que les den sellos de Calidad y sexenios y demás—bien que reinan algunos en nuestro departamento, y bien que les refrotan por las narices sus logros a los que no tienen sexenio, y buenas trabas administrativas que buscan ponerles basándose en este sistema. El término gloating viene a la mente.

Otra cosa es que en conjunto todo este sistema sea beneficioso para la atmósfera de trabajo y maneras de funcionar en las humanidades en general. Las ciencias sí parece que se ajustan mejor al sistema, aunque no olvidemos la noticia reciente de que a muchos premios Nobel los filtros académicos de calidad les rechazaban sus investigaciones novedosas.

Se puede leer un pdf del artículo en inglés, pinchando aquí, y poniendo este password, con mayúsculas y espacios y todo, cuando nos pida la clave: John Thomas

Y premio para quien se acuerde de quién era John Thomas.

La investigación en Humanidades




Pobre Gobierno de España

jueves 17 de diciembre de 2009

Pobre Gobierno de España

Espeluznao me estoy quedando, buscando información por aquí y por allá sobre la organización de los estudios universitarios en España. Me refiero a la pobreza (quiero pensar, pero luego prefiero no pensar, que deliberada) de la web del Ministerio de Educación y Ciencia en lo referente a universidades. Pero si apenas les da para poner un enlace al BOE, a la actual ley de universidades. Esto es triste, pero más que triste alarmante, y más que alarmante, indignante.

Este dibujito es lo que tiene el Ministerio que decir, al mundo mundial de la Web, sobre la estructura de los estudios universitarios en España. Y no lo habrá hecho ni la ministra ni el Director General de Política Universitaria, suponiendo que exista, ni el Secretario de Estado de Universidades, ni el Presidente del Consejo de Universidades, ni la Jefa de la Gran Cadena del Ser— no, lo habrá hecho el becario, encima, que igual le ha dado apuro ver la web vacía.

De toda la información que presumiblemente hay en la red, ni se la busca ni se la quiere ni les importa un cuerno. Ni unas tristes FAQs, fuck yourself. Donde más información hay, no es en el "ministerio" sino en la pestaña de "prensa". O en la sección de datos y cifras, donde hay unos pdfs. Será que el resto se les ha caído por el camino al meterlo en una caja de cartón para llevarlo del Ministerio de Educación al de Ciencia e Innovación, y vuelta.

El Consejo de Universidades, ínclito órgano, esto es lo que tiene que decirnos sobre sí, y punto. No le ponen ni un enlace a su web. Que la tiene, aunque no sea utilizable. (Por cierto que ya no saben si lo quieren llamar Consejo de Universidades o Consejo de Coordinación Universitaria).

¿Pero estos señores del Consejo habrán hecho cosas, tenido reuniones, producido documentos, algo que merezca la pena ver? ¿Podremos saber quiénes son, una triste lista? ¿Cuáles son sus competencias o atribuciones? Que nos cuenten su historia. ¿Hay normativas, resultados, algo? ¿Algo tendrán que decir sobre la Universidad? ¿No se merece este Consejo de Universidades un triste enlace en la página del Ministerio de Educación? ¿No debería tener una web inteligible el Consejo de Universidades? ¿O la Dirección General o la Secretaría General de Universidades? ¿Algo harán? Y si no hacen nada, podían empezar por hacer la web.

Está el tema de la transparencia, y de la información institucional, a un nivel.... que indigna, o alarma, o da penica. Si con las herramientas que nos da la web está la cosa a este nivel, la cosa es grave, pero grave grave.

_________________

Sí que tienen una sección de consultas—así que les he consultado por qué no incluyen más información y enlaces en la web. Pero no sé si espere respuesta.


El CCU y las áreas de conocimiento