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Vanity Fea




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Muerte de un joyero

Unos criminales han matado a un pobre joyero en La Almunia, mientras atracaban su tienda. Uno más de tantos crímenes "comunes", sin significación política, y que por tanto pasan sin pena ni gloria, y son noticia un día—noticia local. Reconozco que es peor el caso cuando el gobierno busca justificaciones para los criminales, o urde triquiñuelas para exculpar a la banda. Por eso los crímenes "políticos" (es decir, los crímenes normales con resonancia política, tanta más resonancia cuando los políticos y cargos públicos prevarican o delinquen para cubrirles las espaldas) son más graves que las "tragedias" pasionales con muertas, o que los vulgares atracos de los chorizos.

Y sin embargo todos estos crímenes tienen una resonancia y una significación política. Alguna visibilidad política alcanzan últimamente las víctimas de la "violencia de género", y bueno será si estas alarmas sociales sirven de alguna manera para encarar el problema en su dimensión política. Pero estas cifras en concreto se recuentan cuidadosamente, se desgranan en los telediarios, como si fuesen crímenes "especiales" o víctimas especialmente dignas de conmiseración. Son dignas de conmiseración, y de la acción de la justicia, pero no sé si tan especialmente... Mueren más hombres que mujeres víctima de la violencia agresiva—eso sí, de la violencia de otros hombres. Los asesinatos de mujeres son una parte importante, y especialmente voceada y destacada, de la violencia ambiental. Pero hay muchos, muchísimos otros asesinatos que no se consideran tan dignos de estadísticas. Igual porque las víctimas no son tan políticamente correctas como una mujer maltratada, sino que igual son hombres—un joyero, por ejemplo.

Qué vergüenza ajena, ser joyero, ¿verdad? Igual hasta era de derechas. Los joyeros, todos fachas al fin y al cabo. O esta otra noticia de hace unos días: muere un guardia civil durante un atraco—a otro joyero, por cierto. Como le sucedió al primo de mi mujer, asesinado por atracadores. Eso les pasa por ser guardias. O por tener joyerías. Son profesiones impresentables; al imaginario colectivo le caen mejor los ladrones y atracadores—qué majos, qué alternativos son. Gente libre. Y si no te molan tanto, en todo caso es de mejor gusto compadecerse del criminal que de la víctima. Es señal de más ecuanimidad, de más refinamiento ético-intelectual.

Así que vamos a tratarlos bien. Que se degüelle a un joyero, o se le rompa la cabeza (como a uno, vecino de nuestro barrio, hace poco), o se le pegue un tiro, pues oye, mala suerte, peor para él; él se lo buscó. Ya actuará la justicia: en primer lugar, se ocupará de respetar escrupulosamente los derechos de los detenidos o acusados, si los hay—todos encorbatados para el juicio, con traje recién comprado y con su abogado: "el Sr. Talycual rechaza todas las imputaciones,", "mi Cliente quiere dejar claro..." Y el otro, con el cráneo roto, o en la tumba—agua pasada, al fin y al cabo. Ese que se pudra; a este del traje a ver si lo reinsertamos cuanto antes, que la sociedad se hace no con muertos sino con vivos, cuanto más vivos mejor.

Excelente. Tenemos una justicia garantista. Pero ¿cuándo se va a ocupar un poquito más de las garantías de las víctimas? Endureciendo las penas, por ejemplo. Y la interpretación de los delitos. Quien entra en una joyería armado, ¿acaso es juzgado como un cortacarnes embrutecido, un hanniballecter sin cultura? ¿como un asesino de los de "la bolsa y la vida", que es de lo que va el tema, —una mala bestia seriamente inhabilitada para la vida en sociedad? En absoluto, qué va. Es un "intimidador", es "mi cliente"—es un mero estratega, un señor bien peinado, normalmente, para la ocasión.  Es un Presunto Inocente, con el garrote ensangrentado aún. Malo para tí si te dejas intimidar, peor si no te dejas. La "justicia" no te va a dar la razón ni en un caso ni en otro.

La justicia cubrirá mínimos, seguramente. Mínimos. El muerto, al hoyo. Y la sociedad, una selva—Pero ojo, dentro de un orden: no le vayas tú, si eres el joyero atracado, a descerrajar un tiro a "mi cliente", que hasta ahí podríamos llegar. Eso sí que es un ejemplo de lo que no se debe hacer bajo ningún pretexto. Y espera que no sea el atracador un inmigrante—que suele ser el caso: el crimen se convierte a veces en una garantía contra la expulsión, y garantía de inserción social.

En fin, que estos crímenes también tienen una dimensión política. Y más parecida de lo que parecería en un principio a la política de tolerancia con el matonismo y la mafia, política aceptada y esponsorizada por el gobierno y los fiscales. Me parece que mal camino lleva una sociedad con las prioridades tan cambiadas, y trastocadas. Y no lleva traza de cambiar, me temo. Quien quiera seguridad, que se pague una Protección—a eso nos empuja cada vez más el nuevo orden mundial.

Como hoy no lo arreglo, me limitaré a tararear una variación sobre un tema de Brassens:

Quand je vois un voleur malchanceux
Poursuivi par un bijoutier
Je lance la patte et, pourquoi le taire,
Le voleur (ouais) se retrouve par terre.

Je ne fais pourtant de tort à personne
En laissant tomber les voleurs de monnaie.

Mais les braves gens n'aiment pas que
L'on suive une autre route qu'eux.
Non, les braves gens n'aiment pas que
L'on suive une autre route qu'eux.


Jueves, 22 de Marzo de 2007 17:30. José Ángel García Landa Enlace permanente. Política

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