Lo que pienso de la huelga de camioneros, en dos palabras:
- Que haga huelga quien quiera. Me parece genial, por mí como si no vuelven a trabajar. Otros saltarán al ruedo.
- Que la haga sólo quien quiera—no quien no quiera. Los famosos piquetes de matones son la gentuza que sale a flote cuando hay huelgas, o guerras, o revoluciones, o terremotos. Los que se lo pide el cuerpo. No hacer huelga, no, sino acogotar al transeúnte, juntarse en bandas de gallitos para amedrentar al personal, y hacer que el vecino trague con lo que yo quiero, por mis pelotas. De eso, a patadas hay en este país.
- ¿Que se bloquea una carretera? Pues a despejarla la policía, por la vía rápida. Pero este gobierno tiene demasiada transigencia con los violentos. "Por favor retire el camión..." Y si no quiere, paciencia y a tomarle la matrícula, que luego se pactará con los sindicatos el hacer pelillos a la mar con las sanciones.
Más pelotas de goma, por favor, y más porrazos. Que alguno han dado, pero demasiados pocos. Y a los que van quemando camiones y dando palizas, pues a la cárcel, que están mejor ahí que repartiendo lechugas.
Pero en lugar de eso, aquí, a los violentos y matones, negociación y alfombra roja. Es el talante de este gobierno. Y el que se jode, el que sigue las leyes, porque lo que sale a cuenta es saltárselas, y quien medra es quien se coge lo suyo y lo tuyo. De momento ya lo tiene, y a ver quién es el guapo que se lo quita.
Aquí en España todo matón quiere una subvención, y encima se la suelen dar. Yo de dar subvenciones arrancadas al gobierno así por la fuerza, nada de nada. Es estimular la siguiente ronda de piquetes violentos.
Y los camioneros, si no ganan bastante, que suban los precios por sus servicios, en vez de hacer huelga. Es lo que tendrán que hacer al final. Menudo descubrimiento.