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Cine

Walk the Line

Me gusta Johnny Cash, cantando, y sus camisas negras, pero qué cruz ir de gira con él, o casarse con él... Los traumas hipermasculinos de sus canciones los vivía mal que bien en la vida, más una buena dosis de pastillamen, combinación nada recomendable, sobre todo si se riega con bebercio. Geniales están tanto Joaquim Phoenix como June Carter, oops, Reese Witherspoon. La estructura, como bien se ha dicho por ahí, es básicamente la misma que la película de Taylor Hackford sobre Ray Charles, con trauma de infancia por la muerte del hermano, éxito de masas a la vez que desintegración personal, adulterios y broncas familiares adheridas a ellos, drogas y viaje al infierno, recuperación y regeneración. Esta vez no tras una aparición sobrenatural benéfica, como en Ray, sino gracias a la amistad primero y amor después de June Carter: es una película sobre segundas oportunidades, pues, y nos deja al final a Cash instalado no sólo en una buena cantidad de cash, sino también en un matrimonio feliz en lo personal y en lo profesional. Happy end, pues, aunque uno duda que las viriles crisis de Cash se terminasen allí, justo cuando entraba en la edad apta para las mejores crisis, I wonder whether he really did toe the line...

(Bueno, sobre la traducción en la cuerda floja... flojo de cuerda está el traductor).

El tema social de la película es más dudoso que en Ray. Allí iba la cosa del racismo, claro, y se potenciaba mucho lo más bien poco que pudo tener de emblema el frívolo Charles. Aquí la violencia interna más o menos reprimida de Cash se expresa en sus canciones de solidaridad con los presos, canciones que enfatizan su sentimiento de amargura y frustración pero a veces parecen también tener una poco recomendable apología del crimen, de la vida violenta en sí o más específicamente de la violencia contra las mujeres, tíos duros. Puede ser muy cristiano irles a cantar, pero alimentarles el ego y autojustificarlos pues ya no sé. Así queda bien retratado, eso sí, lo que se trasluce en las canciones de Cash, una mezcla de tendencias destructivas y carencia de control con una pasión de perro fiel hacia la mujer de tu vida... vamos, lumpencanciones que explican por qué el country éste se considera canción bastante barriobajera y de la América profunda. América profunda de la que venía Cash sin duda, aunque luego se nos lo muestra bastante más montado en el dólar, como su nombre indica, y más tipo drogota años sesenta que tanguero a la norteamericana. Menuda rivalidad con el padre, por cierto; llevaba a cuestas toda la frustración, incomunicación y desprecio que absorbió de él en la infancia, y si creció Johnny fue sobre todo en tamaño... En suma, una película muy visible, y un tipo poco recomendable. Me encantan sus canciones, sin embargo; just around the corner there’s heartache... esa la canto yo mucho.

Fargo

Ayer me visioné Fargo, de los Hnos. Coen (1996), que aún la tenía sin ver, y es la mejor de ellos que he visto sin duda, excelente mezcla de Sam Peckinpah y Almodóvar, violencia insensata convertida en comedia de una manera que la hace todavía más patética e injustificable. Parece, desde luego, un alegato a favor de la pena de muerte si nos fijamos en los dos matones, y una defensa de la decencia y la honestidad si nos centramos en la jefa de policía Marge Gunderson, genial el papel de Frances McDormand, y le dieron el oscar, a ella y al guión, que parece (y está) extraído de las páginas de sucesos de los periódicos, tramposos con estafas familiares, falsos secuestros, matones contratados... hay un Fargo en potencia cada día en cada periódico. Si habíais hecho como yo y os la habíais dejado pasar, no os la perdáis. Por cierto, una nota sobre el título. Los matones son contratados en Fargo (Dakota del Norte) pero la película sucede mayormente en Brainerd (Minnesota). ¿Por qué entonces "Fargo"? Creo que por la expresión "far gone", que se aplica a tres tipos de cosas que coinciden aquí también: a gente que ya no tiene remedio, está gravemente enferma o es incapaz de cambiar, porque la cosa es lo que es y es inútil tratar de poner remedio o razonar con ellos (así los criminales de esta película); también se aplica a una situación que se escapa de las manos, fuera de control (como el falso/auténtico secuestro organizado por el patético Lundegaard / Macy), y también se aplica a avanzados estados de gestación, como el de la jefa de policía Marge Gunderson. Infalible, la jefa, aunque es una improbable heroína y podía haber acabado en la picadora de leña, el azar, nuestras simpatías y el guión la acompañan. En cuanto a los millones enterrados en la nieve sin que nadie sepa de su paradero, son un símbolo de otro elemento muy prominente en la película: la fragilidad de todos los planes urdidos, especialmente de los rocambolescos. Marge, excelente policía, no tiene planes: sólo sigue las pistas que dejan en la normalidad todas las personas con planes, como huellas en la nieve. Si hay alguien para verlas, claro: tantas veces no leemos las señales, que apenas se puede decir que existen.

Munich

Reseña de la película de Steven Spielberg.

 

Termina Munich con una imagen de Avner, ex-agente del Mossad volviendo a su casa de Brooklyn, tras un contacto (¿oficial?) con su antiguo jefe del servicio secreto. El East River, panorámica de rascacielos, entre ellos las Torres Gemelas— estamos a mediados de los 70. El mensaje del director está muy claro: aquí tenéis, aquí tenemos, vuestro (nuestro) Septiembre Negro. No cometáis los mismos errores.

Porque Munich se presenta como la historia de un error, de cómo la respuesta al terrorismo con el terrorismo no es solución, sino que engendra una espiral de violencia. No es solución, en todo caso, que adopten los poderes públicos, porque éstos siempre se desentienden oficialmente de lo que les prohíben las leyes. Y así se acaba encontrando este mercenario (¿o patriota?) en tierra de nadie, sin saber al final si ha hecho mal o bien, si ha trabajado por lo que daba sentido a su vida o lo ha destruido él mismo, porque lejos de exorcizar al terrorismo lo ha colocado en el centro de su vida y de sus temores. Al final, su relación con los poderes que le han encomendado la misión es ambigua, y ha visto el rostro más indeseable de su nación, donde el poder legítimo pierde su honesto nombre y se codea con el crimen. En este sentido, y en muchos otros, la película se parece muchísimo a Lobo, la película de 2004 sobre un infiltrado en la ETA.

Se ha hablado mucho de la valentía de Spielberg y de las críticas que se ha atraído del ala dura sionista. Pero no puede decirse que no represente al discurso sionista en sus propios términos en la película, en boca de la madre del protagonista, por ejemplo, o de Golda Meir. Y el hecho mismo de escoger como protagonista al agente secreto éste es por supuesto una elección de bando: se nos presenta a Avner como una figura trágica, que siguiendo el destino que elige no sólo destruye el mal que quería destruir, sino que descubre la parte de bien que había en ese mal, contribuye a engendrar más mal, y envenena su propia vida. Eso es trágico, y si bien no llegamos a simpatizar totalmente con la siniestra banda de Mortadelos y Filemones del Mossad, sí es cierto que se nos invita a verlos como seres humanos normales haciendo su trabajo. Eso es una elección. Lo mismo se hace durante breves segundos con los terroristas palestinos, pero los segundos de pantalla, como bien sabe Berlusconi, suponen una gran diferencia. Así pues Spielberg no condena las actividades terroristas del estado israelí; más bien muestra sus causas, contexto y consecuencias, dudosas y envenenadas como dudosa y envenenada es toda opción que se tome en un ambiente envenenado.

Tan importante como lo que se muestra es lo que no se muestra: se nos habla de ataques aéreos contra los palestinos, de 50 o 200 muertos a cambio de los once muertos de Munich, de la escalada de venganza, pero poco de eso vemos, sólo lo que afecta directamente al protagonista. A Avner le parece caro matar palestinos, pero para la aviación israelí no es tan caro, seguramente. Avner, futuro padre de familia se convierte en un terrorista por invitación de la primera ministra sin pensárselo demasiado, y las preguntas obvias ("¿por qué no los juzgamos, etc?") se le ocurren sólo con varios años de retraso... vaya, hasta entonces estaba demasiado ocupado haciendo su trabajo, y algunos trabajillos extras, una vez cogida la marcha. Ahora, que la pasta la cobra puntualmente. Y esto se nos muestra también, pero no se enfatiza, haría desagradable al protagonista. Como si fuese un tío que no duda en poner en peligro a su familia, en comprometer la honorabilidad de su país y en entrar en tratos sucios con criminales de todo tipo, sólo por un beneficio tangible: la pasta, la pasta, que el banco suizo es muy fiable. "No trabajo para usted; trabajo para una cuenta bancaria", le dice a su (¿ex?)jefe, y es cierto, muy cierto.

En una película más responsable, menos implicada emocionalmente (y ésta lo está, aunque lo disimule con la frialdad ambiental), la relación del hombre sensible con la pasta aparecería retratada de muy otra manera. Claro que también hay en la personalidad del héroe un cierto trauma edípico, de competencia con el padre, héroe nacional. Los flashbacks que nos remiten una y otra vez al Septiembre de Munich hacen vivir como una crisis personal del héroe aquellos días de septiembre, hasta un punto un tanto forzado, se ve la necesidad del protagonista, y del director, de justificarse por su elección ante el giro dudoso que están tomando los acontecimientos. Así pues, demasiado Munich, y por ahí se le ve el plumero...

Dicho esto, la película es muy buena, no hay que perdérsela. Es magistral presentando la dinámica del día a día del (contra)terrorista, y la ambigüedad y variedad de motivaciones y actitudes de una enorme gama de personas más o menos implicadas en la lucha terrorista y contraterrorista, y cómo el dinero del contribuyente acaba yendo inexorablemente a manos de criminales que sacan tajada a cuenta de los servicios secretos. Mantiene Spielberg la ecuanimidad hasta extremos poco frecuentes en estos casos, presentando al Otro como uno mismo (así en la conversación del protagonista con el terrorista palestino con el que comparte piso franco: si los judíos esperaron dos mil años para tener su nación, lo mismo harán los palestinos). Supongo que son estas cosas las que no le perdonan a Spielberg los fundamentalistas.

Pero si lo piensan, no está tan mal, lo de presentar como un héroe trágico a un asesino a sueldo de la caja negra de Suiza, un personaje con las prioridades muy mal puestas. Esa es la única certidumbre a la que se atiene el protagonista a fin de cuentas: la cuenta. No es lo que dice, claro, ni él ni la película — pero es lo que hace él, y lo que hace la película.

 

 

Munich. Dir. Steven Spielberg. Guión de Tony Kushner y Eric Roth, basado en Vengeance: The True Story of an Israeli Counter-Terrorist Team, de George Jonas. Actores: Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz, Hanns Zischler, Ayelet Zorer, Geoffrey Rush, Gila Almagor, Michael Lonsdale, Mathieu Amalric, Moritz Bleibtreu, Valeria Bruni Tedeschi, Meret Becker. 2005.



Caché

Esta película va de un esquizofrénico paranoico peligroso que se dedica a escenificar con su personalidad B toda una historia de persecución y angustia para inquietar a su personalidad A y a la vez regresar a sus traumas y dar satisfacción a sus represiones con un asesinato brutal. El neuras éste (Georges/Auteuil) es un presentador de televisión de éxito, y le parece tan normal a sus colegas y familia (bueno, a su mujer la va alterando un poco, pero si ella supiera...). A cuenta de la guerra de Bush contra el terror, se le despiertan unos traumillas familiares que tenía reprimidos desde la época de la guerra de Argelia (casi ná) y se dedica a orquestar un elaborado montaje. Se envía a sí mismo cintas vagamente amenazadoras con dibujos que aluden a su viejo trauma, y aterroriza a su mujer con la idea de que hay un chiflado que los persigue, que quiere vengarse de ellos. En realidad quien se venga es él: localiza al objeto en el que se han centrado sus obsesiones (era un niño árabe al cual estuvieron a punto de adoptar sus padres); primero lo desprecia e intimida, con ayuda de la policía por cierto; luego lo asesina fríamente cortándole el cuello de un navajazo. Previamente se había colado en su piso para (con su tecnología superior) hacer grabaciones que aparentemente comprometían a ese árabe, Majid (ahora cincuentón). El hijo de Majid se enfrenta pasmado a la evidencia de que no logrará enfrentar a Auteuil-Jekyll con su Hyde. Quizá se conozcan este joven árabe y el asesino Auteuil, es posible el hijo de Majid sea el monitor de natación del hijo de Georges/Auteuil, pero a Auteuil le da igual, y a mí también, "todos los árabes me parecen iguales". Total que Georges/Auteuil no es descubierto por nadie, ni por la policía, ni por su esposa, ni por el espectador (excepto por mí). Es un blanco demasiado retorcido y bien agazapado en un ambiente favorable. Hay sin embargo esperanza para la nueva generación, pues el hijo de Majid sabe separar a su colegui y pupilo de natación de las neuras y crímenes de su padre, ni lo secuestra ni nada en las escaleras del instituto cuando se encuentran. Claro que estos árabes son tan retorcidos que nunca se sabe, igual ha plantado él la cámara que los está enfocando al final...

Bueno, ésta podría ser una lectura tentativa, que utiliza dos premisas problemáticas para algunos: 1) El espectador occidental está implicado en la película, con su mala conciencia a cuestas; 2) No todo lo que vemos en la pantalla se corresponde con una realidad objetiva (de hecho, nada lo hace). Esto nos deja en realidad sin base para hacer una película coherente al modo Hollywood, con un culpable auténtico y una solución; de modo que habría que poner entre paréntesis todo el párrafo anterior, naturalmente. La primera secuencia, magistral, ya nos instala de entrada en una realidad problemática, y a fuerza de intensidad y simplicidad problematiza todo lo que veremos a continuación, infectándolo con diversos grados de hipótesis o probabilidad. (Je, aún recuerdo las críticas que se le hacían a Hitchcock por "tramposo" por haber presentado una mentira en imágenes disfrazándola de hecho objetivo... A algunos les irritará Caché de la misma manera).

Dicho esto, habría que avisar contra la alegorización fácil en esta línea: "Georges/Auteuil = la carga de crímenes del hombre blanco", "Majid/Bénichou = El Tercer Mundo, el Mundo Árabe". Un pequeño problema es que la película necesita también esta alegorización fácil para funcionar. De hecho es lo que es, un problemático constructo que se tiene en el aire sostenido por distintos traumas históricos y presuposiciones que no deberían hacerse pero se hacen. Si hay algo simplista en este mensaje político, descansa precisamente sobre el simplismo de la política internacional y de las actitudes xenófobas de andar por casa. Caché es una muy buena película sobre traumas (históricos, personales, aquí en relación problemática) y la manera en que alteran la percepción de la realidad. Poco a poco el espectador se contagia de apofenia y paranoia. No sabemos de qué elementos del trasfondo, o del primer plano siquiera, nos podemos fiar, cuáles encierran una amenaza o una clave para descifrar siniestras intenciones que tal vez estamos inventando. Podríamos colocarla entre las películas donde la realidad flojea. Tanto más flojea cuanto que en esta ocasión no sabemos si la realidad, o el guión, flojea o no, ni por dónde.

Lo que desde luego no flojea es ni la dirección ni el trabajo de los actores. Que salgan tres veces a saludar, por favor.

(Caché. Escrita y dirigida por Michael Haneke. Reparto: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Nathalie Richard, Lester Makedonsky. 2005. Aparte de las principales reseñas de la Internet Movie Database he leído una discusión entre diversas interpretaciones en Leftbehinds ).

Brokeback Mountain

Acabo de verme Brokeback Mountain, de Ang Lee, basada en un relato de Annie Proulx. Es la famosa peli que marca un antes y después de la homofobia en América (hopefully), con esos dos cow-guys que se gustan. Muy recomendable, va de los obstáculos que hacen imposible la convivencia y  cuando hay problemas prácticos, de otras parejas, y de dinero, y con homofobia circundante por si había dudas, y de la distancia, aunque la distancia no es problema precisamente, más parece serlo la proximidad... en fin, que los vaqueros siguen siendo vaqueros toda la vida, aunque nunca hayan sido vaqueros (eran ovejeros), y uno se dedique a capar corderos y el otro a vender tractores, su corazoncito estaba en aquel verano de Brokeback Mountain, y en fin, somos poca cosa, y cada cual cuelga sus ilusiones de plenitud y su identidad de donde puede; al final sólo nos queda alguna camisa vieja a la que agarrarnos como si estuviese allí la esencia de lo que hemos amado, y quizá esté. Muchas escenas de disfunciones causadas por los cabreos internos, la represión y la imposibilidad de decir la verdad; eso y las escenas finales de los ritos funerarios sin guión son lo mejor de la película. Les falta lenguaje a estos vaqueros, pero van creando sus rituales necesarios mal que bien; el ambiente no invitaba mucho hace cuarenta años. Ni ahora, vamos. Claro que pobres señoras las que los tienen que aguantar, tan desganados... Me parece entender que al vaquero Jack lo matan una pandilla de homófobos y que su señora prefiere no darse por aludida; pero igual lo de la señora me lo invento, queda ambiguo.

El Hombre del Tiempo

The Weather Man. Dir. Gore Verbinski. Written by Steve Conrad. Cast: Nicholas Cage, Michael Caine, Hope Davis, Gemmenne de la Peña, Nicholas Hoult, Michael Rispolli, Gil Bellows, Judith McConnell. .2005. (www.weathermanmovie.com)

Es una película perteneciente al género "película de crisis vital" -- me recuerda más que a ninguna otra a Wonder Boys. Trata del generation gap, de la incomunicación y distancia entre padres e hijos, del trabajo y sus servidumbres, y de cómo la vida requiere que nos adaptemos y maduremos y dejemos muchas ilusiones atrás. El protagonista Dave Spritz (Nicholas Cage), un hombre del tiempo de Chicago, está alienado, gana mucho dinero y aún quiere ganar más, pero mientras su familia se va desintegrando, él cree que la solución es ganar más dinero, tener más y más "Ójala tuviera dos pollas", piensa mientras su futura ex lo manda de compras. Es inmaduro, está aún viviendo a la sombra de su padre, Robert (Michael Caine) que ganó el Pulitzer, e intenta ser escritor como él, pero como escritor Dave es nulo. Al final borra la novela que escribía, y su padre le dice "En esta mierda de vida hay que tirar por la borda muchas cosas". Otra enseñanza del padre: "Ser adulto nunca ha sido fácil. Requiere siempre tomar el camino más difícil". Spritz se resiste a cerrarse posibilidades y a ponerse límites (a crecer encogiendo): está obsesionado con el éxito. Es tan egocéntrico que sólo piensa en sus escritos, o en sus perspectivas profesionales, y no en las enfermedades y problemas y preocupaciones de quienes le rodean. Aquí me reconozco yo, mira -- a ver si me sale una reseña autobiográfica. Bueno, en realidad está pensada la película para mostrar la incomunicación entre generaciones como un signo de los tiempos. En su trabajo, Cagespritz está alienado porque es "un payaso", no es meteorólogo sino un actor que presenta el tiempo contando lo que le dicen, sin tener idea, es sólo una imagen telegénica, y se cabrea cuando la gente lo identifica con su personaje. Nada tiene sentido, el tiempo es impredecible: "Viento. Todo es viento. No hay manera de saber dónde va" -- es la vida en esta película, o la vida de Cage: su padre era "Like a rock", como dice la canción. Pero ahora Spritz tiene que perderlo. Le hacen un funeral por anticipado, cosas de americanos, con discursos ante el futuro muerto, y hasta ahí hace el guión que la cague Cage: la relación con su padre Robert/Caine es incomunicativa, el padre está pasmado por la nulidad de su hijo, lo erróneo de sus prioridades, pero a pesar de todo sigue siendo un modelo para él. Sus hijos son una niña obesa (a quien nadie habla de poner a dieta) y un muchacho "que va en malas compañías"; Cage se pseudocomunica con ellos, los pasea a ratos, mal que bien pone un poco de orden: aunque no pone a dieta a su hija, le compra ropa que le siente mejor y no la ponga en evidencia, y le zurra al pederasta que quería ligarse a su hijo. Pero sus sueños de volver con su esposa resultan ser una ilusión, como su carrera de escritor. Al final consigue su supertrabajo soñado en la televisión nacional, pero seguirá siendo el hombre del tiempo, sólo una sonrisa convencional en una pantalla. Aceptará mantenerse a distancia, la nueva familia americana: nada tiene solución, hay que adaptarse a los tiempos que corren, vivirá en Nueva York y por lo menos no le montará números a su ex y la dejará tranquila con su nueva pareja. Así pues, la crisis de Spritz se resuelve adaptándose a sus auténticas circunstancias, aceptando sus limitaciones y no intentando soluciones que pueden parecer las ideales pero que ni es capaz de imponer ni está realmente dispuesto a hacer los sacrificios que conllevarían; por otra parte están fuera de su control, pues mal puede volver con su mujer cuando ésta ahora lo encuentra sexualmente repulsivo.

Zirtaeb Sanep, que siempre propone lecturas políticas de las películas norteamericanas, también ve esta película no como una historia de una crisis personal sino como una alegoría política. Tiene que ver la película con la macdonaldización de la sociedad. El padre representa otras maneras de hacer, otras relaciones sociales y profesionales que pueden ser las de Europa, o las de Nueva Inglaterra; Cage está atrapado de lleno en la América postmoderna de la imagen vacía y la alienación consumista. "Soy comida rápida", piensa -- todo imagen, es sabrosa pero una porquería, la gente la tira (de hecho el motivo central de la película es cómo la gente le tira todo tipo de comidas rápidas al hombre del tiempo conforme lo ven por la calle: McNuggets, Big Gulps, Frosties... ). Lo vemos en una pantalla dentro de la pantalla, la televisión en la pantalla del cine, mostrada como una ilusión, una pantalla; detrás de las cámaras todo es distinto, un vacío, el hombre del tiempo se mueve ante un fondo verde uniforme haciendo su danza que no tiene sentido más que en una cadena de montaje de imágenes. Hay que aceptar esta nueva América y buscar un sentido a la vida en las condiciones que ofrece, con sus ventajas e inconvenientes, y no creer que hoy podemos pisar roca cuando todo es viento. Cage ni se plantea dejar de ir al Burger King, a pesar de lo que le aterriza encima; y allí vemos imágenes de una gorda empapuzándose de hamburguesas, pero también de un negro, delgado, con aspecto sabio y muy parecido a Michael Caine/Robert Spritz. La hija de Dave será una gorda, su hijo no; será cámara, artista como el director de la película, no un simple actor como Cage. Quizá no todo esté perdido, there’s hope yet, y Cage hace bien su trabajo.

Una película pues sobre las desilusiones necesarias, sobre la aceptación de los propios límites, de la pérdida del amor y de la muerte. Pero optimista, optimista... hay posibilidades en América, y Spritz supera su crisis, aceptando que la vida es una crisis. Y en cuanto a la macdonaldización de la vida... "You don’t need a weather man to know which way the wind blows" (Bob Dylan, "Subterranean Homesick Blues").

Jarhead: otra másh

Vista queda la que era la película más valorada de la cartelera, Jarhead, de Sam Mendes. (El de American Beauty, ya se veía allí que algo no le rulaba del todo al hombre en sus bajos instintos). Está basada en las memorias de Anthony Swofford sobre la guerra del golfo; no del golfo de Bush sino de su padre, Bush también (con lo cual ciertos problemas que podrían haberse planteado aquí quedan obviados, o mejor aún, disimulados, porque un golfo vale otro, todas las guerras son iguales, y así en esta nadie ha dicho mentiras... aunque bah, qué más da, lo que se diga sobre el enemigo siempre suena a mentiras, y siempre cuela lo suficiente, sobre todo si ganamos. Aquí lo que importa no es tanto la guerra sino el trato a gritos con el sargento y las palmadas en el culo a los colegas. Pues eso, MASH para los tiempos que corren: la crítica de RedAragón nos remite a Full Metal Jacket, a Platoon... también se me ocurre Black Hawk Down. Películas donde el idealismo patriótico o los motivos justicieros no aparecen en ningún momento por el horizonte, pero lo que sí pervive es la guerra como escuela de vida: ahí se hace uno un hombre. (Menos en la de Kubrick, donde uno se hace un cacho carne embrutecido como los de esta película). Aquí se restringe la perspectiva hasta hacerla coincidir con la manera en que vive la guerra un individuo que se ha alistado estúpidamente, y va descubriendo mayores niveles y abismos de estupidez y absurdo, desde dentro, como es debido, no en plan observador irónico. Y claro, a medida que va sumiéndose en la brutalidad rutinaria y el sinsentido, va desarrollando lazos homosociales más y más estrechos con sus colegas, otros skinheads a sueldo del gobierno, como él, y con los mandos... ay, chicos, es que de pensar en los mandos se me pone dura, tíos con tanta mili, es como pensar en el enemigo... mmm.... Vamos, que el orgasmo final de la película es cuando marcan a uno de los colegas a fuego, sujetándolo entre todos, con un hierro al rojo con las iniciales de los Marines. "Te lo has ganado, tío". Por favor, que me den el mando a distancia. Ah, no, que he pagado para verla. Bueno, pues también tiene escenas tipo "Los desastres de la guerra" en plan casi surreal, con el soldado meditando (poco) entre un grupo de iraquíes calcinados; un poco de "fuego amigo" que subraya el absurdo de la guerra, muchas escenas de pasatiempos desesperados, de vaciado de letrinas y mili a la española... tiene sus puntos, no lo negaré. El mensaje de principio y final es que después de tanto abrazar tu rifle, serás siempre un "cabeza de bote", un jarhead, llevas la mili dentro, toda tu vida, hagas lo que hagas... pero la ironía es que jamás le dispara su rifle a nadie, ni entra en combate; cuando está a punto de hacerlo, hay una contraorden y es la aviación la encargada de planchar al enemigo. Y el pobre marine que quería matar un iraquí, por favor, Sargento, déjeme... También hay crisis nerviosas, aburrimiento, muchas pajas, y amor, amor, amor callado al grupo de machos machotes, unidos por la ausencia de mujeres, máxime sabiendo que otros se las están tirando en casa, eso une más que jugar al fútbol en calzoncillos... si es que se me contagia, esto de la homosocialidad terminal es contagioso, pronto voy a empezar a contar mi mili; yo tampoco entré en combate y dispraré todas mis balas asignadas el mismo día, que había que hacer el número de disparos reglamentario, así que vete al desierto a vaciar cargadores tirando al vacío, eso hice yo, hale, que estuve en la mili más que este tío. Todas las milis son iguales, no sé para qué voy a ver semejantes películas. En realidad en las pelis de soldados el patriotismo guerrero siempre ha sido el trasfondo, nunca prominente, y lo prominente siempre ha sido la relación con el grupo. En este caso, la relación de solidaridad obscena en el grupo, obscena porque no tienen ninguna cualidad que les haga dignos de ser apreciados, como no sea el estar tan asqueados de la vida como uno mismo, y sobre todo obscena porque la solidaridad esa se monta sobre la base de crear un chivo expiatorio abyecto -- el enemigo, las mujeres, el novato... Vomitivo, vamos, y bien analizado aquí, como digo, desde dentro y con fe. Este ambiente es inmune a la autocrítica o a la reflexión -- ya les pueden pasar Apocalypse Now a estas bestias blancas (pocos negros veo, sólo mandos, je) que lo que hacen es vitorear, y chillar de placer mientras los helicópteros napalmean civiles vietnamitas al son de Wagner-- sin duda Mendes espera que su película también sea un éxito no sólo de crítica sino en los campos de entrenamiento, y que también chillen los reclutas de placer mientras un jarhead quema la mierda de las letrinas. Pues eso, muy buena la peli, pero francamente os la podéis ahorrar; a quien disfrute con esto le recuerdo que el ejército anda escaso de efectivos, y que en vista de eso han bajado un poquito más el coeficiente intelectual mínimo para entrar. El ejército en su salsa es la brutalidad organizada, una banda de skinheads vestidos de verde y pastoreados por chusqueros y quemaos de la vida. Cuanto más lejos de eso, mejor. A ver si resulta que es antimilitarista esta peli y todo... me parece que se ubica donde el militarismo y el antimilitarismo pierden su honesto nombre, y es que retratarlos es atacarlos para quien le ponen enfermo (como yo), pero homenajearlos para quien siente latir en su corazoncito el militroncho interior... anda ya...

King Kong

Los remakes tienen una bonita dimensión retrospectiva-intertextual,en especial cuando están tan atentos no sólo a retomar la historia, sino a homenajear a la película original (en lugar de ignorarla, que es otra actitud posible). El remake nos hace ver cosas que no había en origen en la primera película, pero que se han ido agregando a ella por el trabajo de su recepción, de la crítica, y de la historia. King Kong era un falso mito en los años 30 (aunque las raíces ya estaban allí, claro...): setenta años más tarde la película, y el gorila, ya son un mito auténtico. Cosas que no había, vemos. Y cosas que había, quedan amplificadas, subrayadas, o atenuadas... la diferencia entre añadir y subrayar no es absoluta. No me acuerdo muy bien del primer King Kong, y no sé si tendré paciencia para volverla a ver (como si fuera Hitler). El segundo (años 80) ni lo ví. Otros que hay no los conozco ni de oídas, como se observará.

Mitos y textos y realidades que hay detrás de King Kong:

- King Kong

- El mundo perdido, de Conan Doyle: la tierra fuera del tiempo, los dinosaurios, las tribus primitivas coexistiendo con ellos... y el dinosaurio en londres de la película que se hizo en los años 20.

- Indiana Jones, y la moda retro de las aventuras de los 30 (Tarzán, Las Minas del Rey Salomón, etc.). Pero llevar al exceso a Indiana Jones, que ya llevaba esas aventuras el exceso, es... un exceso. De ahí la sobreabundancia de tiranosaurios, escolopendras gigantes, pterovampiros, y persecuciones y caídas rocambolescas. Esto es circo, divertido, y admirablemente hecho, pero un número cómico, básicamente.

- La bella y la bestia, claro... más en general, la oposición sexual hombre / mujer, el dimorfismo llevado al paroxismo, el hombre cuanto más peludo más hermoso, y la chica que sea rubia, y con ropa interesante.

- Adán seducido por Eva. Las mujeres nos traen problemas, nos sacan de la isla, y también sacan el gorila de nuestro interior. Pero son tan guapas. Al final resulta que la bella y la bestia van juntas, no hay una sin la otra, nacieron para ser pareja, y por eso también en el espectáculo teatral, y en los carteles, se los coloca como imposibles imágenes simétricas. También hay una chica sola en la cima del Empire State.

- Polifemo y Galatea. Los cíclopes eran, para Vico, representativos del primer estadio de la evolución cultural. Así pues, King Kong es también nuestro cavernícola interior. Y es especialmente ciclópea la caverna con osario, y la fuga en las barcas de los aqueos.

- Maridos celosos, violencia de género; qué brutos, abusadores, barbazules: tienen en el cíclope King Kong a su arquetipo. Pero King Kong se civiliza, no como otros. Años de filmaciones de gorilas y de antropólogos enseñándoles American Sign Language dejan huella también, y King Kong casi habla con la nueva Fay al final, "qué hermoso".

- Caliban y Miranda, en una isla de pesadilla, sin Próspero ni Ariel, sólo con el galán y los marineros borrachos, que quieren exhibir a Caliban en la civilización: "not a holiday-fool there but would give a piece of silver. There would this monster make a man. Any strange beast there makes a man. When they will not give a dolt to relieve a lame beggar, they will lay out ten to see a dead Indian".

- Gulliver, prisionero de su mono, primera imagen en Occidente de un humano diminuto capturado por un simio gigante. Ahora la chica le hace monadas al mono, como Gulliver a los de Brobdingnag; con el mono en persona Gulliver chillaba como Fay Wray. Que era mona, por cierto (el mono de Gulliver digo que era mona), y quería amamantarlo, ahí hay más sexo explícito. También le da de comer asquerosidades que se saca de la boca; si King Kong hiciese eso, la nueva Miss Darrow lo encontraría menos seductor. (Otra con mono violento: "Los asesinatos de la Rue Morgue" de Poe).

- También en las Mil y Una Noches hay un demonio gigante y celoso, con una diminuta esposa infiel que le hace bailes... El ogro de los cuentos suele estar casado con una señora normal, cosa que yo no entendía nunca.

- También es King Kong el macho subido de testosterona (el cíclope otra vez, falo personificado, claro - el cíclope es un gigantesco pene en erección que no atiende a razones, no ve las cosas estereoscópicamente sino con una idea fija). Por eso King Kong se sube a un rascacielos, contraste/identificación entre el macho primigenio y el falo pétreo del imperialismo americano, el capitalismo que penetra hasta lo más hondo de la selva y de los espacios cerrados. Bueno, fálico, pero no tanto; al final King Kong resulta ser sentimental como el dramaturgo existencialista. El sexo sólo es simbólico; a nivel de presentación superficial el gorila es viril pero casto. En cambio sí vemos pollas gigantescas y voraces surgir del barro y comerse a los exploradores. Aunque la escena es cómico-repulsiva, en estas pollas-vagina dentata también sale el inconsciente de la película a relucir... su versión histerizada de la dicotomía de los sexos. En Ingagi (vía BoingBoing), otra de gorilas de 1930, el sexo era explícito, y hasta nacían híbridos (de gorila y africana; con las blancas no llegaban a meterse).
- Sansón y Dalila. La fuerza derrotada por la belleza. En la película de Peter Jackson, muy deliberado, al hacer que Sansón esté, aunque no ciego, sí encadenado a las columnas: y derrumba el templo de los filisteos. Los filisteos somos nosotros, claro: la vulgaridad y autocomplacencia de los años 30 continúan casi sin interrupción visible, en la misma sala de proyecciones en que vemos esta película. King Kong destroza el patio de butacas, continuación del nuestro, y casi parece que viene a por nosotros. Nos lo merecemos. Pero estamos a salvo, monstruo, jaja -- a menos que explote una bomba en el cine (King Kong como el pánico urbano de masas, el terrorismo o revolución latente).

- Darwin. La distancia entre el hombre y el mono es menor hoy que en los años 30, pero ya los mundos perdidos de principios de siglo XX partían de un cierto interés por la evolución.

- El último mohicano. Contempla el crepúsculo de los dioses desde la isla, desde el Empire State, un mundo que lo desplaza. Por cierto, esta vez vemos que no era un caso único, sino el último de su raza, vemos las osamentas. Cementerio de los elefantes, dignos animales frente al innoble explorador-mercenario-comerciante-director de cine, que hace negocio trivializando el mito, a la vez que se flagela a sí mismo. Hacemos cine de masas, y a ellas nos debemos.

- Heart of Darkness. "No, Jimmy. No es un libro de aventuras". Pero la película sí, aunque también haya aventuras a los abismos interiores. King Kong también es una especie de Marlon Brando, o vice versa.

- Moby Dick. la persecución del animal mítico y gigantesco, inocente y cruel a la vez ("Dick Kong: The Moby"). No hay Ahab, sólo una especie de Orson Welles obsesivo y timador. Pero sí hay un cierto Pequod, con su comunidad multiétnica.

- Los negros. Empezamos con negritos bailando (genial la recreación del Nueva York de los 30, la depresión y los últimos coletazos del music-hall). Luego se invierten los papeles de negro y blanco, con el nuevo Queequeg a bordo del Pequod: el contramaestre negro ha recogido a un blanquito que lo idolatra, Jimmy; es su bwana negro. Totalmente siniestros son los nativos, al estilo de los 30, sin concesiones a la corrección política. Estos son negros de tam-tam e ídolo sangriento donde los haya, buenas piezas para el rifle del blanco. Claro, estamos en los años treinta, la película así (more postmodernista) a la vez señala a lo que critica en los 30, lo ve con distancia, y también lo reproduce; es una imitación de una peli barata de aventuras y tambien es una peli de aventuras barata (bien cara, por cierto). Podemos permitirnos el lujo de masacrar otra vez a Gagool, es intertextualidad. Pero a lo que iba: el negro mayúsculo es King Kong; en los años 30 aún es la pesadilla postesclavista, quizá ya se intuían los derechos civiles; desde luego Manhattan se les había llenado de negros. En las películas de Hollywood, y de post-Hollywood, como ésta, los negros representan el contacto con las fuentes de la vida y de la autenticidad, lejos de las falsedades e indirecciones de los blancos. King Kong es pues el negro monumental, no es Copito de Nieve, no -- aunque sí es el gorila meditabundo del zoo de Madrid. Hasta aquí ha llegado mi pueblo, y qué puede hacer un hombre en esta situación. En Hollywood, los negros mueren.

- La chica reconoce la autenticidad de King Kong. Y del dramaturgo intelectual, que es el guionista (¡pero si el guionista nunca se lleva a la chica!). Entre el hombre hipercivilizado y el monstruo está la elección. Menos mal que el guionista, contra toda probabilidad, también es heroico. Tras la caída de Kong su espíritu ha pasado sin duda al dramaturgo-guionista que besa a la chica.

- Y el espectador... el espectador está, como digo, en la posición del filisteo; es el que contempla a King Kong convertido en espectáculo de feria, o que paga para ir a ver al indio muerto, o al gorila de Madrid, o que se hace fotos junto al cadáver del monstruo, después de haberse proyectado un rato sobre él. Ya el alma deja el cuerpo del gorila y vuelve al nuestro, deseamos nuestra propia muerte al final de la vida, sobre todo si no hay otra salida; la película puede terminar.
King Kong el mito seguirá creciendo, o encogiendo, según manden los cánones de la época. En cuanto a los auténticos King Kongs,

Pas de comeback
Aucun remake
Faut faire avec...