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Cine

La Terminal

Es la película de Steven Spielberg, Tom Hanks, Sacha Gervasi, Andrew Niccol et al. (Dreamworks, 2004). Podría también llamarse El Castillo, o Bartleby, o Esperando a Godot, porque algo tiene de todo ésto, más un ingrediente de comedia romántica (frustrada al final) y pequeñas historias de cada personaje sumadas a la central. Que es la historia de Viktor Navorksi (Tom Hanks), un turista que se encuentra atrapado administrativamente en la terminal de un aeropuerto neoyorkino sin poder volver a su país en guerra ni obtener un visado para entrar a los USA. Navorski se lo toma con paciencia, espera meses en la Tierra de Nadie, en el espacio que no es ningún sitio, haciendo amistades, encontrando maneras de sobrevivir sin recursos, y evitando caer en las trampas administrativas que le tiende el malvado jefe de seguridad del aeropuerto, que quiere pasárselo a la policía para quitárselo de encima. Ante todo, planta batalla a la "irracionalidad de la racionalidad", según frase de George Ritzer en La MacDonaldización de la sociedad, pues es ésa la ley que impera en el aeropuerto. Acaba Navorski querido por todos, y hasta liga con una bonita azafata (Catherine Zeta-Jones), pero ésta está que se cuela por la pata pabajo por un piloto que nunca abandonará a su esposa, así que vive también en la espera, en un eterno triángulo vicioso. Navorski espera las llegadas de Z-Jones con tanta ilusión como el visado que al final lo mande a alguna parte; el aeropuerto se organiza cuando viene Z como una geografía erótica que le permita seducirla, y lo consigue... por un rato. Luego cada cual sigue su camino; termina la guerra y Navorski vuelve a su país tras una breve visita a Nueva York (su misión original era conseguir la última firma de uno de los grandes del jazz que le faltaba en la colección de su padre - motor vital gratuito donde los haya). Luego se va, o vuelve, no sabemos a qué, a Krakozhnia o al cielo, pero habiendo logrado si no el amor, sí la dignidad humana y el cariño de todos los que le rodean en su pequeño Gulag. Ella en cambio se queda de azafata en tierra; Zetajones está hasta los, hasta allí, de su piloto, pero elige seguir en su espera imposible y sin sentido... pero qué joder, the fucking sex was so great. La estructura de comedia romántica se utiliza hábilmente, para frustrarla y dar a la pelicula un toque escéptico y desengañado dentro de todo el optimismo sentimental a la Spielberg... porque, desde luego, en mi terminal nadie se interesa tanto por nadie como la gente lo hace aquí por Navorski, o él por los demás.

Es pues una película sobre la espera y la esperanza ("Life is waiting"), sobre el sentido de la vida, sobre el poder de la individualidad y las relaciones personales frente a la burocracia deshumanizada. La terminal es, claro, una terminal, con todo detalle, pero también es una alegoría de la vida como lugar de paso. Quizá de paso hacia ninguna parte (no existe "Krakozhnia"), pero un lugar en el que hay que habitar, improvisar o ir tirando con lo que hay, y humanizarlo, frente a todas las presiones para que seamos sólo números de serie que circulen rápidamente sin obstaculizar el sistema. Una terminal es así el lugar postmoderno por excelencia, el lugar donde el capitalismo ya ha logrado su máxima expansión, y donde tras la parafernalia de letreros, superficies reflectantes y franquicias, hay un estricto control de seguridad que no es amable con los casos individuales. En una escena crucial, el jefe de seguridad negaba el paso a un inmigrante con medicinas cruciales para tratar urgentemente a su padre; Navorksi salva la situación diciendo que había un error de traducción, y que la medicina era para una cabra (con lo cual ya no se le aplicaba la legislación obstructiva). Así se tuerce la ley para atender al caso individual, algo que el jefe de seguridad no está nunca dispuesto a hacer. Es un judío estilo Shylock, que se atiene a la letra de la ley, y a sus intereses, sin importarle el coste para los demás. Por suerte, sus empleados se van volviendo contra él, y al fin su jefe de policía, negro, se hace deliberadamente el ciego para ayudar a Navorski (los negros, los inmigrantes, y los que van haciendo un poco de slalom con el sistema son los buenos de la película). La terminal ofrece un modelo de sociedad macdonaldizada en fase terminal, nunca mejor dicho, pues su finalidad es procesar ("El Proceso") al personal rápidamente, que entren y salgan a la mayor velocidad posible, dando el menor número de problemas individuales, todos bien provistos de los impresos necesarios, y comprando lo más posible mientras pasan a toda velocidad y se pierden tras las puertas; sonrisa y patada en el culo. Como le dice el jefe de policía a Navorski al abandonarlo a su suerte en la tierra de nadie de la terminal, cuando éste le pregunta qué puede hacer, "sólo hay una cosa que pueda hacer aquí, señor Navorski: COMPRE." Frente a este consumismo frenético y alienante, Navorski luce recursos únicos, viejas tradiciones, habilidad manual, inventiva. Todo a la vez que parece un poco chiflado o subnormal por su manejo creativo del inglés, por ejemplo, hablando con Z-Jones, "he cheats", me engaña, se convierte para él en "eat shit". Todos sus recursos no le servirán, sin embargo, para conservar a Z. Aunque la consigue seducir, el interés erótico de ella por él es nulo. Navorksi le acaricia el alma, pero ella desea las caricias de otra persona, y un poco de castigo también. Así cada cual hace lo que le pide su cuerpo mientras dura la espera.

Hay otras frases memorables, y que traen ecos.... Z se queja a Navorksi, diciendo, contra toda evidencia aparente "I am 39!"... "Oh", dice Navorksi, (¡imposible!)- "I was 39 once"... Sólo le falta decir, "tranquila, ya se te pasará".... aunque la frase me recuerda también a aquella de Twelfth Night, "I was adored once"... Adorar no es suficiente, sin embargo, hace falta querer ser adorada. La película está cuidadísima, llena de detalles significativos o absurdos. Como la oficial de pasaportes puertorriqueña, trekkie ella, y simpática, pero inflexible con su matasellos: así es como funciona América. O, por otro lado, la historia Gupta, el viejo barrendero, inmigrante indio, que tras su aparición arisca acaba siendo encantador y saca también su corazoncito de oro.... Y se arriesga, pues tiene posibles problemas con la policía, y podría acabar en la cárcel por ayudar a Navorski. Gupta parece al principio un paranoico creyendo que Navorski es de la CIA y está espiándoles a él y a sus compañeros de póker... pero al final resulta que sus peores sospechas sobre la vigilancia están justificadas, aunque era el jefe de seguridad quien lo vigilaba y guardaba los trapos sucios de los empleados como un as en la manga, para utilizarlos en caso de que le fuera útil. Burócrata perfecto, el jefe de seguridad, está detrás de las cámaras de vigilancia omnipresentes, dirigiendo el aeropuerto al estilo de El Show de Truman, pero en la realidad nuestra, que es un show de Truman; un toque metaficcional, esas pantallas dentro de pantallas, algo muy al gusto de Spielberg desde siempre, y aquí convertido en un arte metaficcional tan refinado que esconde el arte de la metaficción, si tal cosa es posible. La realidad postmoderna de la terminal nos ofrece de hecho la vida ya como experiencia metaficcional: hay un desfase entre lo que el Sistema dice que somos, y lo que somos vistos por otra cámara. La racionalidad terminal ya es aquí el trasfondo móvil, la materia bruta, la selva primitiva donde hay que inventar, cada día, en plan bricolaje, utilizando restos, rendijas, sobras, ratos perdidos, una segunda civilización, nuevas maneras de mantenerse, o hacerse, humano.  Y, como en la canción de Tim Rice, "any dream will do", una vez ha desaparecido nuestra Krakozhnia natal y nos encontramos perdidos en esta terminal.

Oliver Twist

Acudimos, huyendo del frío, a ver la celebrada película de Polanski, los niños por obligación dictada por sus superiores (hmm, muy a tono con la película: "y ahora, niños, silencio y a ver Oliver Twist, que ahí vais a aprender lo que es bueno y cómo las gastan con los niños que no quieren ir al cine..."). Yo por mi parte con curiosidad por ver si le añadían a twist to the old tale. Y bueno, siempre lo hay, pero básicamente por el procedimiento de que queda enfatizado lo que no se corta; en la novela entran naturalmente a hachazos, no hay otra manera...

Así, desaparece el parentesco de Oliver con sus benefactores, desaparece toda la historia de la madre, y la de Monks su hermanastro maligno, con el anillo y el medallón, y desaparece toda referencia a herencias y fortunas caídas del cielo; desaparecen otras casualidades demasiado casuales (no hay Noah Claypole en la banda de Fagin, se pierde de vista el señor Bumble cuando ya sobra, etc...). Lo que queda proporciona una muy buena adaptación clásica. La ambientación histórica está muy lograda, y algunas actuaciones son memorables: la de Nancy, la del perro de Bill Sikes, y en especial la de Ben Kingsley como Fagin. Pero es curioso, es básicamente el Fagin de Ron Moody, el del musical Oliver! el que recrea Ben Kingsley: claro que todo en aquella película era un gran acierto, y por tanto un reto difícil de ignorar -- así que de hecho esta película de Polanski da la impresión de ser un remake de Oliver! sin la música, más que una visión independiente de la novela de Dickens. El modelo realista elegido ya estaba logrado y superado en el musical, por tanto es un poco pobre volver a él sin más cuestión: la estética de la película es todo menos experimental, y eso que el material es excelente: un clásico sólo a medio explotar (y no me contradigo), más una tradición fílmica de Olivers como filón... La estrategia de adaptación contraria a la aquí seguida hubiera enfatizado las casualidades, los retornos obsesivos de personajes, las fortunas caídas del cielo, el surrealismo de Dickens más que su realismo, la voz narrativa incluso, por qué no, las ilustraciones de Cruickshank (aunque han inspirado a la iconografía fílmica, también ellas tienen más jugo por exprimir). En lugar de thrillificar el argumento (como se hace manteniendo a Oliver como rehén de Sikes hasta el final) sería más interesante un guión que sacase a la luz los puntos problemáticos de la historia, cosas que la novela contiene a su pesar pero que quiere esconder, como el origen de las misteriosas fortunas, la maquinaria social que destina a unos a mano de obra esclava y a otros a cómodas rentas... una maquinaria contemplada por Dickens con una mirada fascinada y horrorizada, mirada apartada en última instancia con gestos semihistéricos. Bueno, en ese sentido la película sí es fiel a Dickens, pues hace lo mismo que él, instalando cómodamente a Oliver en un orden social que se ha revelado como caótico e injusto: pero es lo que todos hacemos en Occidente, ¿no?

Me interesaba especialmente el tratamiento de la figura de Fagin, siendo judío Polanski y siendo Fagin uno de las representaciones abyectas de judios más emblemáticas producidas por el antisemitismo (claro que Dickens negó ser antisemita, y puso luego un buen judío en otra obra). Y sí que encontramos en la película un cierto énfasis en la figura de Fagin y su destino. A pesar de su maldad, pues malvado es, nunca pega a Oliver, y lo cura de su herida (visto que aquí falta Rose Maylie) con un ungüento "más viejo que el tiempo", tradición judía sin duda. Merece también Fagin que se conserve (y es un episodio subrayado aquí, por tanto) la visita de despedida de Oliver en la cárcel, cuando se le va a colgar como espectáculo público; y un cierto asomo de chivo expiatorio sí se le da al personaje en este momento. Además es una visita tanto más gratuita cuanto que el Fagin de la película no tiene ningún secreto crucial que revelar. No llega el blanqueamiento de este Fagin, sin embargo, al nivel del simpático Fagin de Oliver!, que es indultado por el guión y se pierde, a modo de John Silver, por el horizonte de nuevas aventuras, implausiblemente redimido. Aquí no: el judío ha de ser exterminado, y presentado como ente abyecto. Polanski no es averso a estas caricaturas chocantes (pienso en el final de El Pianista, con su confrontación estética entre un acobardado judío de manual antisemita y un elegante, artístico y noble nazi). Y tampoco es cosa sólo de Polanski: Spielberg, por ejemplo, otro judío, muestra la caricatura más abyecta de un judío jamás aparecida en el cine, en la persona de ese moscardón que era el amo del niño Anakin en el "episodio 1" de Star Wars (una figura que quizá deriva de Fagin, por cierto). Aunque ni en este caso ni en el del Fagin de Polanski se menciona la palabra "judío". Son curiosos experimentos, a medias quizá entre la tradición antisemita, el humor judío y una cierta voluntad de autoabyección. Todo lo cual es... curioso, y quizá el aspecto más experimental y arriesgado de esta película, con, insisto, una magistral actuación de Ben Kingsley, irreconocible y memorable.

eXistenZ

Es esta película de Cronenberg (1999) una de esas ficciones sobre las que he comentado donde la realidad flojea . Es una película basada en un videojuego generador de una realidad virtual, "eXistenZ", donde los personajes han de seguir pistas que les permitan sobrevivir y adivinar quién está de parte de quien en un confuso argumento.

Juegan la creadora del juego y un "novato" que al principio ni siquiera se había implantado uno de los "biopuertos" necesarios para conectarse al juego, a modo de cordón umbilical. El novato resulta ser un activista miembro de un movimiento fanático antijuegos que quieren matar a la creadora del juego, por infectar la realidad con estas creaciones de realidad virtual. Casi la coge por sorpresa, pero ella ha sido más lista y lo elimina a tiempo, en una realidad poco diferenciada del juego al que han jugado, un mundo donde no puedes confiar en nadie y es una huida de todos contra todos por parajes de pesadilla.

Ahora bien, resulta que lo que se nos presentaba como realidad de base no lo era, y descubrimos los espectadores que ya desde el principio, antes de entrar a jugar, estábamos en otro juego, transCendenZ, que es replicado en abÎme por el argumento del juego en segundo nivel eXistenZ. Y cuando emergemos a esa "realidad" el creador del juego (hombre aquí y no mujer), que estaba presentándolo a un grupo de aficionados, es asesinado por uno de ellos, la que había adoptado en el juego el rol de creadora de eXistenZ... y ahora ya no sabemos si seguimos dentro de un juego o no; los terroristas antijuegos que eliminan a los fans de la realidad virtual se comportan como jugadores exterminadores de figuras en un entorno virtual, y la película acaba con la pregunta de una víctima, antes de que le disparen, preguntando si estamos aún dentro del juego...

En Cronenberg, aparte de los argumentos obsesivos o de pesadilla, acompañan los ambientes desagradables, sucios, y las actitudes compulsivas de los personajes. Esta película recuerda a Videodrome por las mezclas de tecnología y orificios corporales, así como de niveles de realidad (la mosca también combinaba carne y tecnología de maneras desagradables). Aquí hay abundantes imágenes oníricas, como la pistola hecha de restos de comida y husesos ensamblados a partir de un plato especial en el restaurante chino, y los dientes que se le sueltan al protagonista para proporcionar balas al arma orgánica... O el vivero de anfibios mutantes que luego son cocinados en el restaurante chino. Las pesadillas de Cronenberg después de cenar muchas ostras, sin duda, y tener sueños eróticos donde se combinan cableados umbilicales, puertos de ordenador infectados ensamblados en la espalda, y pene/traciones cibernéticas. O las consolas que son bicharracos vivos, luego infectados o diseccionados para mayor efecto... Quien disfrute con escenas elaboradamente desagradables, puede llevarse esta película tranquilo a casa; quizá viendo pesadillas despierto uno duerma luego a pierna ancha. En cuestiones de tecnología corporal, mejor no pasar del tatuaje o del piercing en el ombligo, visto lo visto aquí.

La película hace amagos de denunciar la confusión entre realidad y ficción que presenta, y el efecto amoralizador de los los videojuegos al fomentar nuestra inmersión consciente en actividades violentas o desagradables. Por supuesto es una denuncia ambivalente, al modo postmodernista, y la película participa de lo que denuncia. Son, por otra parte, muy similares la inmersión en la realidad virtual cinematográfica y en la de los videojuegos, y en ese sentido la película tiene una dimensión metafílmica, presenta una reflexión sobre la ambivalencia del cine como experiencia: a la vez nos da experiencia (virtual) y nos arrebata toda experiencia (virtualizando la experiencia real). Un efecto palpable en eXistenZ se ve en la manera en que, sin ningún recurso especial de manipulación de la imagen (al margen de unas ambientaciones abstractas o convencionales al modo de los videojuegos), los actores reales de carne y hueso acaban por parecernos imágenes generadas por ordenador. Las imágenes de pesadilla que combinan carne y tecnología, como los biopuertos inflamados, no son sino una manera más gráfica de presentar esta relativización de nuestra realidad, penetrada hasta la médula por las tecnologías de la imagen.

También es una reflexión sobre el terrorismo: quienes defienden una realidad tradicionalista a golpe de pistola están tan pillados en el juego como los otros, y han importado buena parte de sus actitudes y de sus procedimientos de esa realidad virtualizada a la que dicen querer destruir. Para Cronenberg, "il n’y a pas de hors-jeu". La vida quizá en el pasado tuvo mayor sustancia, pero hoy es sólo un laberinto de ficciones y de imágenes, y el amor y el deseo son sólo episodios y movimientos del juego de la existencia.

Y bueno, hasta aquí llegamos hoy, que ya se me inflama el biopuerto de la retina. Por cierto, habíamos quedado con los amigos en ir a cenar a un chino. No sé si coja el toro por los cuernos, pidiendo el plato especial de la casa, o lo deje pasar...

Narnia

Narnia

- Bueno, muy cristiana ¿no? con ese león sacrificado andando por el monte de los olivos... Ahora que el ritmo está bien, parece que no va a pasar nada, y luego ya ves. Está bien llevada. Y qué música más bonita, oye.
- Y qué paisajes. Claro, es Nueva Zelanda, esas montañas tan preciosas, con la industria que han montado ahí.
- Huy, y Polonia, y Chequia, y Honduras, y....
- Y la realidad virtual, claro, que antes esto no se podía filmar, o no valía la pena para hacer el ridículo.
- Sí, como King Kong en la vieja que coge a esa chica gigante de veinte metros en la mano mientras aparta aviones que parecen moscas.
- Me ape ver la nueva (¿ape, get it?).
- Bah, hacen los tiranosaurios muy barrigones, y con patas muy cortas.
- Sí, ya, pero es queriendo; ahí en  los dinosaurios eso sí es un caso de retrospección complicado: imitan no ya a los "de verdad" sino volviendo más reales a la idea de los dinosaurios que tenían en los años treinta.
- ¿Qué es lo que más os ha gustado de Narnia, nenes?
- A mí el ataque del centauro ese que atacaba con dos espadas, así saltando, y aún le quedaba un espadón para la reina.
- A mí la muerte del león.
- Hombre, Pibo, no seas así.
- A mí los castoles.
- También el señor Tumnus era bonito.
- Bueno, más bien un poco feo. Pero sí que parecía un fauno.
- Y Papá Noel no estaba vestido de lojo.
- Bueno, por lo menos tampoco movía las caderas, ¿no?
- Agg, sí, son siniestros, ¿te imaginas que te persiguiese uno de esos por el pasillo, "Ho, ho ho!! Jingle bells!! Jingle bells!!", con sus ojos sin vida?
- ¿Y lo más feo? ¿Ese enano calvo?
- Jo, cuanto peor lo trataban más quería. Así les va, claro.
- Le quitaban la gorra para limpiarle el morro al niño. Y era gruñón, como todos los enanos. Los cíclopes sí que eran feos. Y la reina bruja, era como entre guapa y repelente...brrrr. Aunque para mí el peor era ese hombre murciélago, tan flacucho, y chillaba, "Uikkhhj, uikjjj" Qué asco, si aleteaba y casi no podía volar. ¿Para qué inventarán cosas así?
- A mí la lucha. La guela. Cuando luchaban.
- En el libro no había grifos.
- Bueno, pero no desentonaban. Y los aviones del principio lo mismo: aunque no salen, es porque la inventaron en tiempos de guerra, sabes. ¿Y el más poderoso quién era?
- Hombre, pues Aslan. ¡Se creían que lo podían matar, pero luego ataca, y zas, se le come la cabeza a la bruja!
- Es una lección para el niño mentiroso, que no era malo, pero cabezón sí, y al final traiciona por nada, por unas chuches.
- Sí, Judas; aquí lo perdonan, en el original no queda tan claro.
- Por unas delicias turcas.
- Hmm. Qué ricas parecían. Habrá que probar esas delicias turcas.
- Uf qué críos, por dios. Y cuidado con los armarios, ¿eh?

Feliz Navidad

No es que me ponga ya en plan Corte Inglés; me refiero a la película de Christian Carion ambientada en la Primera Guerra Mundial. Una película que recuerda en parte a Senderos de Gloria, de Kubrick, por la crítica a las matanzas inútiles de la guerra de trincheras, y la crítica al clasismo feroz que hizo posibles esas carnicerías. Los altos mandos y los soldados viven dos guerras muy distintas (algo que también queda reflejado muy bien en un sarcástico relato de F. Britten Austin que uso en clase, "A Battle Piece: Old Style"). En Feliz Navidad se nos presenta a los dos bandos por igual (es una película muy "Unión Europea"); con escoceses y franceses en un lado, y alemanes por otro. De puro absurdo se interrumpen las hostilidades en Nochebuena y los soldados que se disparaban a cien metros de distancia celebran juntos la navidad y confraternizan. Hay también una historia de amor: un famoso cantante de ópera, soldado raso alemán, es visitado por su amante, por enchufe con las altas esferas, y aprovechan el momento de paz para desertar al otro lado (bonita música, por cierto, y con la voz de Natalie Dessay). Los oficiales prometen visitarse cuando llegue la paz; se intercambian noticias y cartas de familias aisladas por el frente. Cuando se rompe la tregua, el primer disparo resulta que mata a un soldado del propio bando que volvía disfrazado de visitar a su familia al otro lado. Hay escenas de tensión bien filmadas, pero se ha evitado el gore: todos los muertos están muy presentables. En el bando alemán el oficial es judío, lo que permite dar un cierto toque nazi a la escena final, con un decadente Príncipe Heredero insultándole y mandando a los soldados al frente oriental en trenes como si fueran judíos que van al matadero (y van, de hecho). Cuando trasciende la confraternización los mandos procuran silenciarlo, y desautorizan a los oficiales que la toleraron. De modo más evidente, un obispo reprende al párroco que había celebrado una misa en común, le ordena regresar a su parroquia, y predica en su lugar un evangelio nacionalista del odio y del "Dios de nuestro lado" - algo que parece imposible de creer y sin embargo pasa continuamente (es lo que dice Bush, sin ir más lejos). El cura prefiere seguir de soldado con sus compañeros antes que plegarse a semejante religión. La película es un tanto anti-Bush en este sentido, y da la razón a los antibelicistas actuales y a los que durante la Primera Guerra Mundial se declararon objetores contra el conflicto (como Romain Rolland con su "Au-dessus de la mêlée"). Eje francoalemán, vamos: no es casual, quizá, que nos hayan puesto escoceses en lugar de ingleses (ya se encargan de dejar bien claro que no son ingleses).

La película es cinematográficamente hablando muy sencilla, elemental, no se me ocurre ningún elemento destacable que reseñar a nivel cinematográfico formal. Si es efectiva, y lo es, porque llega a emocionar en ocasiones, tampoco es por los personajes, que son contemplados un tanto fríamente, sin que llegues a empatizar mucho con ninguno de ellos -- como digo, resulta un tanto esquemática en este sentido. Si funciona, y no le niego sabiduría a esta sencillez, es por el contraste entre lo absurdo del conflicto y las vidas particulares que se ven atrapas en él, y porque un símbolo tan devaluado como la Navidad se vuelve, en medio del absurdo, en una manera de recobrar la decencia y la cordura. El detalle del oficial judío muestra, sin embargo, que se trataba sólo de una isla de cordura en medio de un océano de demencia oficial, organizada y uniformada.

No lo tenemos tan lejos. Hay relativamente pocas películas sobre la Primera Guerra Mundial, por la dificultad de tratar quizá con el absurdo, el ridículo militar y las mentiras oficiales. Más necesitaríamos. Marchando otro Fahrenheit 9/11, Mr Moore, por favor.

Una canción del pasado

Ayer nos fuimos un trío de -as/-es a ver esta película del sur profundo, dirigida por Shainee Gabel. Va sobre unos personajes dejados de la mano de Dios que se regeneran y encuentran sentido a su desastrosa vida. Scarlett Johanson va a Louisiana, al funeral de su madre Lorraine, a quien no ve desde hace muchos años, pues era mala influencia, promiscua cantante de bar y un tanto alcohólica, al parecer, y la niña se crió con la abuela. La madre ya está enterrada, y no la vemos ni muerta en toda la película, pero sí a su círculo de blancos empobrecidos y negros cantantes de blues, todos aficionados a darle al bebercio mal vestidos sentados en sillones delante de caravanas desvencijadas. Conoce Scarlett a varios amigos y amantes de su madre, y entre ellos a su padre, Travolta cojo, alcohólico y viejo, profesor de literatura con mucha vida interior/anterior, y la vida familiar en concreto hecha unos zorros. Despedido de la universidad por agredir al sobrino del decano (y por zorrizo, supongo). Travolta vive con Gabriel Macht, casi una pareja de hecho, pareja homosocial: cuando descubrió que su amigo Macht se estaba acostando con la misma mujer que él (Lorraine seguramente), zurró al chivato (el sobrino ese) y se fue a vivir con Macht -- amor sellado para siempre compartiendo mujeres. Encima está intentando Macht, antiguo pupilo del ex-brillante profe Travolta, escribir su biografía, sin éxito. Se emborrachan juntos, y ahora comparten a Scarlett, pero sin sexo. Ella quiere que se vayan de la casa que los tres han heredado de la madre de ella, y al final descubre no sólo que la casa era sólo suya, sino que Travolta era su padre. Y menos mal que no ha habido insecto, aparte de las cucarachas que seguramente ha matado Scarlett, a la vez que les limpia la cocina y les pinta la casa. Poco a poco enderezan todos juntos: van dejando el alcohol, visitan al médico, se matriculan en la Universidad (esa es Scarlett, que era mala estudiante pero se ve recriminada por un Travolta al que de repente le sale el docente entre las botellas vacías). Bueno, al final descubre que ni siquiera la tenía tan abandonada su madre, pues le escribía muchas cartas que no le enviaba, y hasta le escribió una canción. Scarlett y Travolta evitan que Macht se vaya a vivir con una amiga sólo por sexo y cobijo, y se queda con ellos a merecer el auténtico amor de Scarlett, y a terminar su novela, y a ponerla en la tumba de Travolta, junto con la canción del pasado, una vez ha muerto feliz por haber recuperado un sentido en la vida, y haber dado gracias a Dios. Bueno, a pesar de todo, la peli se ve muy bien. A veces fallan los dos actores homosociales, pero las conversaciones y situaciones atrapan el interés, la fotografía es bonita, y la banda sonora blusera está impresionante, y le sirve de ritmo de fondo a la película. Un bonito sueño -- un tanto diría cristiano baptista si no porque me recuerda a Herzog de Saul Bellow -- un sueño de regeneración, reconciliación, penitencia, recuperación de la inocencia, publicación de la magna obra inédita... como si estas cosas fuesen posibles así todo a mogollón. Bueno, para que te pase tendrás que ir al sur más profundo, a comer mantequilla de cacahuete con lacasitos, entre otras delicias, y leer mucho clásico amarilleado de la literatura nortamericana (la canción en cuestión se titula "My heart was a lonely hunter", en alusión al libro que Travolta le regaló a Lorraine). It makes you a better person. Aunque tampoco estaría de más entretanto cuidar a los niños, y no dejar que se mueran mientras tú estás de ligue y bebiendo, o sería un detalle mandar alguna de esas cartas que escribes tan amorosamente... En fin, película de historia de tocar fondo y remontar, y de cómo gente que se aborrece a primera vista acaban haciéndose amigos primero y familia después. Es bonito, a mí también me gustaría vivir sin pegar chapa entre montones de libros en una casa preciosa, vieja, y sucia, y descubrir que la gente te va cogiendo aprecio, y cantar blues con la guitarra mientras te van limpiando la casa, y beber para olvidar, y luego olvidarse de beber, y descubrir hijos ya criados... Y tener intensas relaciones destructivas con mis amigos, pero nada, lo homosocial por lo menos se me da muy mal. En fin, una utopía, como la del paraíso blanquinegro cantando blues, ya se vio que también en la Nueva Orleans multirracial cocían habas, y ahora están las calles con un metro de barro, fue sólo un sueño, pero las biografías sobre las tumbas cuentan la historia como quieren, claro, para eso están. Yo quiero que me escriba el epitafio el mismo biógrafo, por favor.

Plan de vuelo: Desaparecida

Un thriller un tanto rocambolesco de Jodie Foster; rocambolesco a la americana, es decir, con un argumento basado en planes improbables, coincidencias de cine y cálculos acertadamente absurdos sobre cómo van a actuar los demás. Es una historia de secuestro aéreo en la que la Foster se ve implicada sin comerlo ni beberlo, vamos, que hasta le habían matado al marido para que se subiese precisamente a ese avión precisamente con el ataúd que le habían llenado de explosivos, y luego le secuestran a la hija para hacerla pasar por desequilibrada... cosas de todo punto imposibles, y que no haría ni un criminal cuerdo ni uno desequilibrado. Así que la película falla por su base. Lo mejor, las escenas de la Foster enfrentándose histérica a la tripulación que no cree que su hija ha desaparecido, sino que cree que no existe la niña. Y se engaña al espectador, a modo de película de alucinación materializada, y creemos por un momento que la Jodie sí deliraba... así que la película juega con diversos géneros, entre ellos el del trauma proyectado a la pantalla, un género que me gusta bastante, pero que aquí es sólo una apoyatura para el thriller (que es la base, y, como digo, endeble). Significativa la palmadita que da el director al mundo árabe: los árabes del pasaje se ven acosados no sólo por pasajeros xenófobos, sino por la Jodie, que al final tiene que reconocer que la jodió y que en el tema de los árabes sí que alucinaba. También en este tema arábigo está el espectador que no sabe hasta el final por dónde le va a dar el viento, todos tenemos un xenófobo dentro, o al menos no nos sorprende ver ventilar estas actitudes. Aparte de eso, la JF bien, los demás flojillos en general, y mala propaganda no tanto para la Boeing como para las compañías aéreas su conjunto. Si a alguien le apetecía subirse a un avión antes de ver la película, después seguro que le apetece menos.

Match Point

Una tragedia a la Woody Allen; esta vez no encontramos al alter ego de Woody por ningún sitio, y lo cierto es que la historia tiene bien poca gracia, una intriga de engaño y dobles parejas en la City de Londres, que acaba en asesinato cuando "la otra" se pone pesada y presiona al protagonista para que deje a su mujer cuando se queda embarazada (las dos). Éste es un tenista (de ahí lo de "match point" que ligando ligando llega a yerno de millonario, y no quiere perder el estatus ni la social face aunque sí quería enrollarse con su ex-futura cuñada, que le metía una marcha que la esposa no, a pesar de sus millones y lo buena chica que era. Pero toda la marcha que le mete la chica no le vale al tenista, ahora yuppie, de compensación por los Aston Martin de los que va a tener que despedirse, y ni corto ni perezoso le mete a la chica una bala entre las cejas, a ella y a la vecina de al lado, cuestión de disimular. Además había leído Crimen y Castigo, con poco provecho se ve, a pesar del Cambridge Companion to Dostoevsky. O sea, el chico culto, simpático, trepa, con ciertas habilidades sociales, angustiado por el lío que se monta entre la esposa y la amante, y es que le angustia a uno – pero a fin de cuentas una mala bestia, que prepara el crimen con cuidado, cree él, y lo ejecuta nervioso pero según previsto... sólo que la chica tenía un diario (ah zoquete), y ahí ve que era un aprendiz cuando le miente a la policía. El match point en cuestión consiste en ver si la policía va a investigarlo más, ahora que sabe que miente, o no. Y no lo investiga, por lo siguiente. El muchacho había robado las joyas de la vecina, para simular un atraco, y se había deshecho de ellas tirándolas al Támesis. Pero el anillo de la señora rebota en una barandilla y no cae al agua. Aquí se repite la imagen de una pelota de tenis pegando en la red y cayendo hacia... uno de los dos lados, no sabemos quién se lleva el punto. Creemos que van a descubrir por esto al aprendiz de Raskolnikov.. pero sucede al revés, ese fallo lo salva. Porque un auténtico drogadicto criminal encuentra el anillo, y la policía se lo encuentra a él encima poco después, cuando ya es cadáver. Así pues, el joven ejecutivo (y tan ejecutivo) no es investigado, y seguirá con su remordimiento secreto. Se ha confirmado para él lo que creía: que el universo depende del azar, que no tiene orden moral, y que nuestro éxito o fracaso es cuestión sólo de suerte incalculable... aunque eso no le deje más tranquilo por dentro, sólo por fuera. La película termina con esa falsa felicidad que flota sobre una amarga verdad que sólo conocen el protagonista y el espectador. Los espectadores somos cómplices involuntarios, guardando el oscuro secreto; la carga con la que quedamos es más eficaz que la justicia poética, aunque no queda claro por qué habría de ser así para el protagonista, haciendo lo que ha hecho.

Un pequeño problema es que la película nos deja suponer que en realidad el chaval ni era especialmente malo ni nada, sólo un tipo pillado en sus circunstancias, y que sale por donde buenamente puede. Pero eso no es así, claro, no puede ser así para quien crea que si no el Universo, la sociedad sí nos pone límites que no debemos franquear. El match point crucial del argumento no debería estar donde está (en si es descubierto o no), sino en el momento en el que toma su decisión, la de convertirse en un asesino o no. Pero claro, eso no es cuestión del azar. Es cuestión de la pasta de que está hecho uno, y de la que quiere estar hecho. Nos sugiere la película que el azar podría hacer que cualquiera de nosotros cayésemos víctima de nuestros propios actos. Y es posible, caer. Pero hay que tener una densidad especial para caer tan bajo, si no ni azar ni nada. Y vemos que no hemos conocido al personaje en absoluto, no sabemos de lo que era capaz. Ni él ni los otros, que es lo que asusta. En un momento dado citan a Sófocles ("mejor sería no haber nacido"); también podríamos citar eso de "no llames a ningún hombre feliz hasta que haya llegado el día de su muerte" pues cualquiera podemos acabar siendo protagonistas de una tragedia. Quizá. Pero para acabar convertidos en el asesino o en la víctima hay más elementos en juego que el simple azar, y esos aquí no se nos muestran, peor aún, no se nos invita mucho a imaginarlos. El culto al éxito y a las apariencias cubre el expediente de justificar el crimen, y casi sirve de excusa tanto al director como al asesino. Pero ¿realmente vivimos en ese mundo? Algunos, sin duda, viven ahí... Yo prefiero pensar que no.

 (Addenda, octubre 2006: añado este comentario a una reseña de Match Point publicada por nuestros colegas del equipo de cine en Cinema, Culture, and Society. Aquí la reseña (de Celestino Deleyto) y aquí mi comentario):

I really have to disagree with some of your ethical priorities here. Your review beautifully captures, to my mind, the moral universe of Allen's picture, and sympathises with it—to that extent it is an instance of "friendly" criticism. But I would argue that both the film and your review show a gross misjudgment of acceptable moral priorities, and confuse the issue. The smug britishers may be disagreeable all right, especially if you dislike rich people doing family business and promoting their son-in-law irrespective of his qualifications. But that's about everything you can complain about in their case: as far as I remember the film, they don't have a single clue about Nola's murder; they might be more horrified about it, but you know, people die and we go and have a beer. In your review, they seem to be inhuman monsters of depravity, while Chris is some kind of victim of class fascination who is not even punished by remorse, but by having to live with such human peacocks. As a matter of fact, it doesn't look as if he has much capacity for remorse—certainly even less than the limited one he has for murder. The film makes light of the murder and of Chris's responsibility by placing us (in a somewhat baffling and irresponsible way) in the murderer's point of view on himself. OK, a critical spectator may put the priorities right again, but I'm afraid your review doesn't do that at all: you seem to buy Chris's p.o.v. as offered in the film wholesale. If you murder your lover but your tragedy is that you have to put up with your slightly irritating father-in-law while you wait for the millions... well, good for you!