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Evolución

Yo no desciendo de ningún chimpancé

Yo no desciendo de ningún chimpancé

Aunque el Anís del Toro que bebía Hemingway no existe, todos conocemos el Anís del Mono. Desde principios del siglo XX, su etiqueta viene reproduciendo una de las caricaturas antievolucionistas de Darwin en plan mono, tan comunes en la época victoriana. En una noticia de Joaquim Clemente sobre una reciente exposición histórico-retrospectiva de Anís del Mono, se nos cuenta que "El mono de la etiqueta es otro de los misterios de la exposición. Aunque inicialmente el animal no tenía facciones reconocibles, la que se impuso con el tiempo tiene cierto parecido a Darwin. ’Los hermanos Bosch estaban en contra de la teoría de la evolución y caricaturizaron a Darwin’, apuntan los comisarios de la exposición, Carlos Pérez y Rafael Ramírez Blanco, que otorgan al grabador Sala, suegro de Vicente Bosch, la autoría del dibujo."

Sea como sea, ese anís está muy bueno. Pero hoy no quería hablar yo de eso, sino de algunos errores en la teoría de Darwin. Por supuesto, no creo que descendamos de ningún chimpancé, y tampoco creo que Darwin creyera eso (es una caricatura comparable a las del Anís del Mono). Sí creo que los creacionistas no tienen por qué estar equivocados en todas sus ideas; y algunos evolucionistas, como Darwin, también cometen errores. En un sitio web pro-evolucionista bastante recomendable en este sentido que digo me he encontrado esta opinión:

Just for the record, evolution does not say that man evolved from apes, just that man and apes had a common ancestor, which might be even worse from a Creationist point of view. But how man came to exist does not take anything away from who we are now. If humans have souls, we have those souls regardless of how we developed. And even if we don’t have souls, we are who we are. Perhaps instead of seeing our evolution from other life forms as demeaning, as Creationist seem to do, it should give us more respect for nature and it’s creative abilities.

Yo creo, por ejemplo, que algunos humanos tienen alma, y otros no. En lo que sí estoy de acuerdo es en que we are who we are. Bueno, al menos parte del tiempo; otras veces hacemos el mico.

A este respecto que digo otro sitio web recomendable es el PaleoFreak, un blog que tiene una sección de comentáridos sobre Evolución que aportan los propios lectores. Cuando la inauguró yo mismo le puse uno, que si mal no recuerdo decía más o menos así:

Hola, voy a poner un comentárido. Enhorabuena por tu web, me parece interesante la evolución, aunque algunos problemas no los explica, por ejemplo si el hombre procede del mono como dice es imposible, porque hay monos y no están extintos ni evolucionados, en eso creo que no se ha fijado nadie. Además la Biblia en realidad habla de CREACION, no de EVOLUCION. Bueno, un sludo.

A lo que iba, a los errores de Darwin... que me voy por las ramas. Darwin creía que las especies evolucionan; y esto parece ser un error. Al igual que algunas personas tienen alma, algunas especies sí evolucionan, puede que bastantes, de hecho, pero desde luego el Ser Humano no se creó por la evolución de un Chimpancé. (Como he dicho, tampoco es que Darwin propusiese esto). Aunque algunas especies evolucionen, no está demostrado que la nuestra esté evolucionando. Bueno, algunos pequeños cambios hay: aunque las cabezas no engordan, las barrigas sí, y se extiende el gen de tolerancia a la leche de los adultos, tonterías así. Ningún cambio que nos vuelva más monos, o menos monos, de manera demostrable.

Tampoco el Neanderthal evolucionó hacia el hombre contemporáneo, eso no se lo cree nadie.

De hecho, contrariamente a lo que creía Darwin, las especies suelen aparecer súbitamente, hombre, tampoco digo que salga un brazo de las nubes y plom, las cree; pero sí aparecen súbitamente en términos geológicos. Y luego no evolucionan. Las especies, como todo geólogo sabe, se conservan en general de modo bastante fijo, sin desplazamientos anagenéticos. Otra cosa es que esas otras especies que aparecen las desplacen, o las extingan. Normalmente las especies se extinguen, si eso se puede considerar evolución. (Jo, hoy me estoy superando). Y además, la mayoría de las especies no muestran antecesores obvios en los estratos inferiores, y encima (digo encima) no dejan descendientes.

Y que no me hablen del Homo Antecessor. Vete a saber si esa especie es nuestra antecesora, o no. (Adán y Eva, como he dicho antes, pueden considerarse nuestros antecesores desde un punto de vista bíblico. En la Biblia sí están ampliamente documentados).

La teoría de Darwin presuponía lentos cambios que producían una especie a partir de otra anterior, pero como dicen Eldredge y Gould,

los paleontólogos evolutivos han seguido buscando, durante más de un siglo y casi siempre en vano, la "serie insensiblemente gradual" que Darwin dijo deberíamos encontrar. Los bioestratigrafistas han sabido durante años que la estabilidad morfológica, particularmente en los caracteres que nos permiten reconocer taxones de nivel de especie, es la regla, no la excepción. Es hora de que la teoría evolucionista se ponga al día con la paleontología empírica, para enfrentarse al fenómeno de la no variabilidad evolucionaria, e incorporarlo a nuestra teoría, en lugar de inventar explicaciones que lo nieguen. (1977, traducción mía)

Así que proponen estos autores una teoría que corrige a Darwin en su concepto de especie y de la relación entre unas especies y otras: la teoría del equilibrio puntuado. El mismo Darwin decía que "quien rechace estas ideas mías sobre la naturaleza de los datos geológicos, con razón rechazará toda mi teoría". ¡Aunque Gould no la rechace toda! —pues algunas especies sí evolucionan. Pero la mayoría, como hemos dicho, no. La especie humana, por ejemplo, a ver quién la cambia. Durante mucho tiempo, cuenta Gould, la paleontología se contradecía con la teoría de Darwin, y la solución propuesta por él, para terminar ese desencuentro, es atenerse a los datos paleontológicos (o sea, que las especies, en general, no evolucionan) y rechazar la interpretación de Darwin.

Los paleontólogos llegaron a ver el estatismo de las especies como un simple fallo más a la hora de documentar la evolución. El estatismo existía en abundancia desbordante, como siempre había sabido todo paleontólogo. Pero esta importante señal que enviaba el registro fósil, definida como ausencia de datos en favor de la evolución, sólo resaltaba nuestra frustración —y ciertamente no proporcionaba nada digno de publicarse. (Gould, The Structure of Evolutionary Theory 2002: 759)

Esto llevó a un falseamiento y exageración desproporcionada de los pocos casos que apoyaban algunos aspectos de la teoría de Darwin, y en cambio se silenció (por "no ser noticia") la abundancia de datos que indicaban la fijeza de las especies y el error de las teorías de Darwin sobre el origen de las especies.

Aunque estas verdades a algunos les desagraden. Pero no me hagáis mucho caso, que estos temas son difíciles, y sólo poco a poco los voy estudiando. Un sludo.

La evolución de Ibarretxe

Vuelve Lamarck

Jean-Baptiste Lamarck, aquel teorizador de la evolución de los seres vivos tan denostado por los darwinistas por creer en la herencia de los caracteres adquiridos... vuelve hoy. Aquí tenéis a un neo-Lamarckista (o mejor neo-neo-lamarckista, que ya hubo teorías neolamarckistas, que iban por otros derroteros, hace mucho tiempo).

Vuelve Lamarck primero un tanto calladito, en el marco de la teoría darwinista expandida tal como es expuesta por Stephen Jay Gould en The Structure of Evolutionary Theory (2002). Una teoría que no se basa sólo (como el darwinismo consensual que dominó la teoría evolucionista desde los años 30) en la selección natural al nivel de los organismos, sino que (manteniendo la importancia de ese factor) le añade otros niveles de análisis y explicación no contemplados por los darwinistas clásicos: la selección de genes y de linajes celulares en los niveles inferiores al organismo, y la selección de poblaciones, especies y clades como niveles progresivamente superiores al de los organismos. Si un organismo es un "individuo evolutivo", arguye Gould, también lo son los genes, especies o clades.

Bien, ¿y qué pinta en esto Lamarck? Porque desde luego Stephen Jay Gould se presenta a sí mismo como darwinista (aunque algunos disentirían), no como lamarckista. Gould defiende a Lamarck explícitamente en The Structure of Evolutionary Theory, dedicándole una sección entera del capítulo 3, "Seeds of Hierarchy" (cada capítulo de Gould sería un libro para otros autores). Allí trata Gould la aportación histórica de Lamarck al desarrollo de la teoría de la evolución, rescatándolo de su papel de tonto útil (etc) y, de modo más relevante para la articulación de la teoría central (multinivel, jerárquica) del libro, señala cómo Lamarck concebía la evolución como una interacción de dos factores: 1) uno principal, la evolución de los organismos por principios morfológicos internos, una marcha hacia el progreso y hacia la mayor complejidad de las formas vivas; y 2) un factor subordinado, la adaptación al medio ambiente, que puede desviar o invertir ese marcha predeterminada (del mono al hombre, por ejemplo, marcha progresiva; del homo sapiens al ciudadano fascista, adaptación al medio. Pongamos). Aquí es donde ve Gould las "seeds of hierarchy":

Lamarck therefore proposes two distinct sets of forces to construct what he regarded a s the two preeminent features of life: progress in linear order, and adaptation to environment. The interactions of these sets --not the causes or properties of either one-- establish the foundation of Lamarckism (2002: 181)

Gould sí cree en la adaptación al medio, explicada darwinianamente, y Gouldianamente (con la teoría del equilibrio puntuado). No cree en cambio en el progreso en orden lineal, excepto en el sentido en que la complejidad surge estadísticamente por variación a partir de las formas simples (que siempre resultan dominantes estadísticamente). O sea que no se va a declarar lamarckiano...

... aunque igual podría. Lamarck se volvió la risa de la biología con la llegada de Mendel, al quedar desacreditada por aclamacion la transmisión de los caracteres adquiridos por los individuos. No hay manera en que eso pueda suceder, según la genética mendeliana. Pero un momento, he dicho "de los caracteres adquiridos por los individuos"-- debería haber dicho "por los organismos". Los organismos son, por supuesto, lo mismo que los individuos para Lamarck. Pero no para Gould, y ahí reside la clave del regreso de Lamarck. Para Gould, un organismo es, en términos evolutivos, un individuo que interactúa y se reproduce diferencialmente. Y una especie es, en términos evolutivos, un individuo que interactúa y se reproduce diferencialmente... a otro nivel jerárquico.

Este es el lamarckismo (quizá inconsciente) de Gould. Los caracteres adquiridos por los individuos superiores de la jerarquía de niveles de interacción evolutiva sí se transmiten a su descendencia.

Si una especie, por anagénesis, sufre una variación (claro que este es un caso que no interesa sobremanera a Gould, siendo que él defiende la primacía cuasi-absoluta del equilibrio puntuado), ese rasgo adquirido se transmite a sus especies-hijas... a las que resultan de especiaciones posteriores a la transformación anagenética, claro.

La herencia de los caracteres adquiridos era una noción común antes de Lamarck; lo que éste hace es integrarla en una teoría global de la evolución, en la que juega un papel importante la dinámica por la cual se adquieren y transmiten estos caracteres, es decir, para Lamarck,

- el uso y el desuso [de órganos y funciones]

- la herencia de los caracteres adquiridos (1809, vol. 1, p. 113, en Gould 178).

Estos dos factores tienen interpretaciones y consecuencias muy diversas una vez se pasan a aplicar a nivel de especie y clade, y no sólo de individuo. Más que de "uso y desuso" habría que hablar a veces de "presencia y ausencia" o "aparición y pérdida" de órganos y funciones.

Lamarck desaparece en la segunda parte del libro de Gould, pero ese sería el lugar donde su presencia sería más reveladora. Gould sí ve una cierta analogía, cuando establece sus paralelismos entre niveles de evolución (lo que llama "The Grand Analogy", 717-19 - por ejemplo lo que sería el equivalente del nacimiento al nivel del organismo, es la especiación al nivel de la especie, etc.). Allí sólo señala, en el punto IV B 1, que al nivel de los organismos "Lamarckian inheritance doesn’t occur"; al nivel de la especie no menciona a Lamarck, limitándose a observar que "Punctuated equilibrium suppresses anagenesis by stasis"... cosa que es, como mínimo, un patinazo de neuronas de Gould, puesto que ni siquiera él se opone a la anagénesis, que como hemos dicho tendría consecuencias directas en la herencia de los caracteres adquiridos. Y así Gould ve en Lamarck más bien una analogía útil para un fenómeno marginal (la anagénesis), y no un teorizador que haya descrito adecuadamente la herencia de caracteres adquiridos por los individuos superiores de la jerarquía evolutiva:

The proper species-level analog for ontogenetic drive, or Lamarckian evolution, sounds a bit bizarre at first--but probably only for the irrelevant psychological reason that we have so firmly rejected the organismic example, while promoting the species-level version as a standard mode of change. With species as individuals and organisms as parts, the gradual transformation (without branching) of an entire species by organismal selection--the standard, canonical description of "evolution" itself--becomes the legitimate analog, at the species level, of heritable ontogenetic alteration, or Lamarckian change, at the organismal level! If, as tradition used to hold, such ontogenetic drive dominates macroevolution, then we must record this striking difference in pattern between levels. (2002: 723)

Y Gould pasa a declarar la irrelevancia relativa de ese tipo de evolución con respecto a lo que considera el patrón dominante, el equilibrio puntuado. Pero es curioso que en esta cita, y en su tratamiento de Lamarck en general, pasa por alto la "grand analogy" mayor y más significativa: la herencia de los caracteres adquiridos por los individuos.

Lamarck habló, claro, de la herencia de los caracteres adquiridos por los organismos... ¿o se refería a los individuos, visto que para él eran lo mismo? Aquí caemos en un cierto hindsight bias o distorsión retrospectiva inevitable, una vez hemos expandido el concepto de individuo para incluir a especies y clades. Lamarck, es cierto, no pensaba en absoluto en este tipo de "individuos"; de hecho consideraba a estos niveles superiores sólo subproductos adaptativos locales (Gould 191), no individuos creadores de diversidad mediante interacción. Hablemos por tanto mejor de neo-lamarckismo en la herencia de caracteres adquiridos por especies o clades. No estoy diciendo que el término le hubiese gustado a Gould...

En cualquier caso, pues, si en nuestro neo-Lamarckismo hay herencia de caracteres adquiridos al nivel de las especies, al nivel de las clades ya ni te digo. Si una clade adquiere un carácter (por ejemplo, por extinción masiva de todas las especies... grandes, pongamos), ese carácter adquirido se transmite a los individuos (clades) descendientes. Por ejemplo, tal y como lo expone Gould,

The stochastic analog to Mayr’s ’founder effect’ at the organismal level lies in random aspects of the differential capacity for proliferation of new species in allopatric regions of a clade’s full range. (2002: 737)

Es un ejemplo sin duda frecuente. Pero la herencia de los caracteres adquiridos por los individuos de jerarquía superior, especies y clades, se vuelve especialmente visible en circunstancias en que una extinción masiva actúa como elemento de selección de caracteres sobre una población local o global, un factor igualmente clave en la teoría de Gould. De ahí la atípica, y aparentemente caótica, distribución de formas vivas en la lógica de las formas posibles, y de ahí la ausencia de eslabones perdidos y formas intermedias en tantos casos. Y las extinciones masivas, locales o globales, han sido, y serán, desdichadamente para nuestros genomas, frecuentes. Hoy hablo a escala geológica.

 

 

La ley de la calle

Darwinian Logic... and history

En 2002 me compré el libro cuasi-póstumo de Stephen Jay Gould, The Structure of Evolutionary Theory, y estoy leyéndomelo desde entonces. Vale, igual evoluciona el hombre antes de que me lo acabe (Gould desde luego ya ha diyievolucionado, el pobre), pero es que tiene su densidad la cosa, 1433 páginas de mente clara y pensamiento complejo combinados. Ahora celebro que me he terminado de leer la primera parte, "The History of Darwinian Logic an Theory", y me queda la segunda, "Towards a Revised and Expanded Evolutionary Theory," que al ritmo que vamos me la habré acabado en 2010. Me esperan joyas de pensamiento como "Bilaterian History as Top-Down Tinkering of an Initial Set of Rules, Not Bottom-Up by Adding Increments of Complexity", o "Cross-Level Effects as Miltonic Spandrels, not Franklinian Potentials: The Nub of Integration and Radical Importance". ¡Ja ja! Lo bueno de Gould es que se lo toma con guasa, y esta terminología no es verborrea vacía, sino una teoría imponente, muy bien pensada y muy bien argumentada por una cabeza multidimensional, que se pasea tranquilamente por toda la historia de la ciencia y del pensamiento, en lugar de encastillarse en el lenguaje y los límites habituales de una disciplina científica "seria".

Lo auténticamente pasmoso de este libro es cómo aparecen en él, integrados en una teoría organizada, a modo de capítulos o fases de una argumentación, todos los temas que aparecían desperdigados en los ensayos de Gould en todos esos libros fascinantes de divulgación científica de altura que escribió: Ever since Darwin, Hen’s Teeth and Horse’s Toes, Bully for Brontosaurus, The Lying Stones of Marrakech.... así como en sus monografías como Ontogeny and Phylogeny, The Mismeasure of Man, Wonderful Life... y por supuesto en sus artículos científicos.

En suma, Gould aboga por una versión "catastrofista" de la evolución que contradice un tanto el consenso de la teoría darwinista unificada (que prima la selección natural y la adaptación al medio como factores primordiales). Pero ojo, que Gould, aunque critica algunos aspectos de la teoría darwinista, en particular en la versión de Dobzhansky, de Mayr, o de Huxley, se presenta a sí mismo como un darwinista, no sólo en su concepción general sino también en sus simpatías, su espíritu y su modo de enfocar los problemas. Después de todas las batallitas en las que ha intervenido en defensa de la teoría de la evolución, sólo faltaría que alguien interpretase que Gould quiere refutar a Darwin. Esto sería insensato si aceptamos el planteamiento básico de la teoría de Gould: la teoría de la evolución en sí misma evoluciona, y Darwin (como los vilipendiados Cuvier o Lamarck, por otra parte) tuvo su lugar en el desarrollo del conocimiento, un papel desde luego crucial. La teoría que propone Gould sigue siendo darwinista en su base, aunque algunos aspectos requieran modificación: sobre todo el papel de las catástrofes y extinciones masivas, que no entran dentro de los problemas que Darwin había acotado para su estudio. Más bien le correspondió a Darwin y a Lyell, defender el gradualismo. Pero una teoría actual ha de integrar la visión de Darwin con una concepción más global de las transformaciones medioambientales que de hecho han alterado la ecología del planeta y mandan a freir espárragos a los seres más adaptados al medio, por el procedimiento de cambiarles el medio súbitamente.

Al estudiar la historia de la vida, no podemos abstraer un modelo de funcionamiento evolutivo, considerado en sí, de la manera efectiva en que ha interactuado con otros factores. Estudiar la historia es estudiar la contingencia, y la teoría de la evolución no puede ignorar la historia de la evolución. Y los peligros de toda ciencia histórica, en particular la falacia retrospectiva, habrán de ser tenidos en cuenta en el estudio de evolución, y en el estudio de la teoría de la evolución. De hecho, para Gould la teoría de la evolución arrastra, como la vida misma, su propia historia: no podemos hacer teoría de la evolución sin hacer a la vez historia de la teoría de la evolución. Haciendo esto, redefiniremos por ejemplo las especies, que no son entidades ideales o formales sino más bien "históricas". La teoría de la "adaptación" produce ilusiones retrospectivas debidas a exaptaciones; y enfrascados en la adaptación podemos perder de vista las condicionantes estructurales de los organismos debidas no tanto a adaptación como a accidentes históricos.

Así pues, Gould se enfrenta a la historia con todas sus consecuencias: no sólo la historia efectiva de la evolución, que contradice toda teoría demasiado coherente, sino también la historia del desarrollo de la teoría de la evolución, que tampoco podemos interpretar como una flecha de progreso acumulativa y sin interrupciones. Como señala Gould, en un interesante paréntesis:

¿No sería extraño, después de todo, sostener que la ciencia específicamente dedicada a resolver la naturaleza de la historia de la vida pudiese entenderse como un constructo impecable, como una entidad conceptual que emergiera intacta de algún equivalente de la frente de Zeus, en lugar de ser una estructura "orgánica" de ideas, con su propia ontogenia e historia? (35)

En su epílogo, defiende Gould la importancia de desarrollar una teoría consciente de la historia, que sea capaz de incorporar a la ciencia de la evolución muchos fenómenos que Darwin había considerado mera contingencia histórica impredecible, imposible de reducir a teoría. Where history was, there theory shall be, podíamos decir adaptando la frase de Freud. Una teoría que, claro, es una teoría histórica.

 

Stephen Jay Gould Online Archive

The Unofficial Stephen Jay Gould Archive

Una cosa irreal

Carta enviada hoy al editor de Letralia: Tierra de letras. La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet, http://www.letralia.com/

Estimado Sr. Gómez:
En la portada del último número de Letralia aparece en la red un artículo sobre la evolución firmado por Miguel A. Schmucke titulado "La evolución es una cosa irreal". Este artículo manifiesta una profunda ignorancia y desconocimiento del tema que trata, una ignorancia de un nivel que es escandaloso para una publicación que se pretenda seria. Quizá este hecho le haya pasado inadvertido; lo pongo en su conocimiento por si es de su interés.
Atentamente,
JOSÉ ANGEL GARCIA LANDA
Universidad de Zaragoza (España)

La Odisea de la Especie II

La Odisea de la Especie II

Ayer, excepcionalmente, encendí la tele y ví un programa por primera vez en varios años (y volví a jurarme no volver a ver ninguno, por la mandanga de los anuncios -- una de las razones que me hicieron abandonar el medio ese). Lo que no me quería perder era la segunda parte del "documental" La Odisea de la Especie. La primera parte narraba las aventuras de australopitecos, homo habilis, homo ergaster y homo erectus; aquí vemos la evolución del homo sapiens y su expansión por el mundo.

Lo primero que hay que decir es que es un placer ver que se hacen documentales-ficción de esta calidad, tan bien realizados, interpretados, con efectos especiales tan logrados y que se proyectan en horas de alto nivel de audiencia. Lo que cabe objetar, claro, son las limitaciones científicas, que también las hay, hasta desde el punto de vista de un aficionado como yo. Bien por la calidad, pero aún se pueden superar. Y no tanto en cuestiones de caracterización, maquillaje, interpretación, etc. (los movimientos y gestos, por ejemplo, están muy bien tratados) – sino en cuestiones básicas de guión, estructura narrativa y apoyatura científica de lo que se transmite. Esto último es de suponer que debería darse por sabido, con el dinero que se ha invertido en la realización, y con los asesores que tienen. En la versión española hasta se insertan un par de cuñas con Juan Luis Arsuaga que no es que aporten gran cosa como no sea el espaldarazo científico al proyecto (y una mención del hombre de Flores, ausente de las imágenes).

El detalle más sangrante venía cuando se nos presentaba a una pareja de homo erectus dando a luz (bueno, ella) a un bebé homo sapiens. Vaya. Esto sí que es comprimir las cosas. La simplificación narrativa lleva a estas cosas: el homo sapiens desciende del homo erectus, por tanto... bueno, podían haber puesto a un australopiteco pariendo a un robot, aún hubiera quedado más efectista. Luego lo arreglan: "la evolución de homo erectus a homo sapiens tuvo lugar a lo largo varios cientos de generaciones"... En todo caso no se entra en absoluto, pero sin el más leve intento de hacerlo, a explicar las causas o mecanismos de esta evolución. Ni la dieta de carne ni la neotenia ni otras hipótesis o especulaciones (casi mejor si iban a ir por la línea pintoresca que parece que emprendían). En este punto, el documental, cero patatero. Hay evolución, pero no sabemos por qué (lo cual es aceptable), pero lo malo es que se hurta el problema a la vista y al pensamiento: se silencia, como si no fuese un asunto central para el documental. Y hasta se contenta al diseño inteligente con un arco iris que contemplan un Adán y Eva primitivos, y que parece sugerir algo más...

Hay que decir que en general se ha evitado, en la medida de lo posible, la falacia retrospectiva o hindsight bias que tanto ha confundido a los estudiosos de la evolución humana. Del dominio actual de nuestra especie sobre el planeta se deduce, por falacia retrospectiva, que estábamos predestinados a ello. Es más, se crea a Dios a imagen y semejanza, y se le retroproyecta al origen, a que diseñe inteligentemente un cosmos antrópico comprensible para el hombre. Bastantes versiones de esto hemos visto, y vemos; por suerte aquí se evitan las más obvias. Sí que asoma las orejas la falacia retrospectiva en diversas ocasiones. Así, cuando nace el "primer bebé sapiens" (agg), y sus padres lo miran "parecen presentir lo que será su fin, pues esta nueva especie los suplantará bla bla..." -- Re-AGGGG. Pordiós. Presentimientos retroproyectados, esto sí que es reconfiguración retrospectiva barata, y sin ninguna necesidad.

En otros casos, la distorsión retrospectiva es fruto de las convenciones narrativas utilizadas. En estas películas documentales el efecto de realismo viene de la apropiación de la retórica del documental: narración "autorizada" con voz en off, una cierta convencionalidad del movimiento de la cámara, poca personalización de los protagonistas, que aparecen como ejemplares de una especie y no tanto como individuos. Es la misma técnica utilizada en documentales como Caminando entre Dinosaurios o Caminando entre Cavernícolas. Ahora bien, la "neutralidad" del documental está sólo parcialmente imitada. De hecho, incluso los documentales "auténticos", ya desde El hombre y la selva, y pasando por las series de National Geographic, se han ido apropiando más y más recursos narrativizantes, individualizando a los protagonistas y construyéndoles historias. El documental, género descriptivo, se vuelve así cada vez más narrativo. En La Odisea de la Especie I había individuos, pero no tenían nombres: así, "Ergaster" lloraba cuando un cocodrilo devoraba a su compañera. Por cierto, es curioso que los individuos así llamados eran, creo, siempre, masculinos, cuando se hablaba de una australopiteca, sí se la llamaba "Lucy", no "Australopithecus" -- un pequeño reducto de machismo inconsciente en una serie que por lo demás es bastante políticamente correcta. En antropología siempre se habla, por supuesto, del hombre de Flores, del hombre de Neanderthal, y no de la mujer de Flores o de Neanderthal, o de los humanos de Flores o Neanderthal. El genérico famoso, y especialmente pernicioso en según qué contextos...

Aquí los homo sapiens ya tienen nombres propios ("Nata", "Nene") y personalidades e historias más individualizadas y tratadas con más elaboración narrativa. Hay en esto una cierta adecuación: a medida que se desarrolla la capacidad simbólica, lingüística y narrativa de los humanos, la serie imita ese desarrrollo en su punto de vista, ofreciendo un mayor desarrollo narrativo (y a la vez las caras se despejan, aparece la belleza, y los peligros que conllevan las caras bonitas y las historias bonitas para el documental científico...). En el último caso, la historia ya está en boca de uno de los personajes: es una narración que cuenta a su nieto, y a la vez es la narración de una historia muy concreta y atípica (su origen como un niño lobo adoptado por una "viuda"). Como digo, tiene cierta efectividad este cambio gradual de las convenciones narrativas de la serie, pero no va acompañado de mucha atención que digamos al desarrollo del lenguaje y la simbolización. Hay un episodio centrado en el arte rupestre, pero poco más, apenas una mención de que el lenguaje, en efecto, se desarrolló. Es cierto que apenas se puede pasar por encima de todos los desarrollos: de las armas y técnicas de caza, de las viviendas, del paso del nomadismo al sedentarismo... la serie elige sacrificar la efectividad narrativa a la integración efectiva de estas transformaciones en una presentación documental.

Una de las convenciones básicas de la ficción o el drama históricos (por ejemplo en Shakespeare) es la compresión significativa de acontecimientos: es decir, los procesos de larga duración se transforman en acontecimientos simbólicos que los representan y resumen; y a su vez los acontecimientos se hacen coincidir unos con otros combinándolos en una escena que los combina en una secuencia de causa-efecto. Así, por ejemplo, el homo erectus aprende a taparse con una piel para protegerse de las moscas y de la lluvia el mismo día, y usa la misma piel para envolver a su recién nacido, que resulta ser el primer homo sapiens... O bien: un recolector de espigas se despeña y muere. Mientras sus compañeros lo buscan, encuentran un niño-lobo. Su madre-loba no lo abandona y eso lleva a la primera convivencia que dará lugar a la domesticación del perro. Y a la vez, cuando encuentran el cadáver del despeñado (Nene), las espigas de su morral han germinado, y se inventa la agricultura. Como se ve, la inyección de ficción va con jeringa gorda. Esto es una versión más sutil de la falacia retroactiva, digo sutil porque se entiende como una convención de presentación, pero la presentación modifica el contenido presentado, y produce a fin de cuentas una idea bastante equivocada de cómo pueden haber ido las cosas efectivamente.

He mencionado la corrección política de la serie. Llega hasta el punto de hacer tanto a los neandertales como a los homo sapiens practicantes generalizados del matriarcado. Quizá por las historias individuales elegidas, en parte, pero en última instancia es otra interpretación un tanto delirante, o políticamente correcta, de los indicios. En ficciones del tipo El clan del oso cavernario o En busca del fuego estamos más acostumbrados a ver a neandertales apropiarse por la fuerza y esclavizar sexualmente a alguna bella o no tan bella homa sapiens. Aquí sucede de otra manera: cuando hay mescolanza, es por acogida, rescate o acuerdo mutuo; y en todo caso es la neandertal la que lleva la voz cantante en cuestiones de pareja; cuando una neandertal dice que no es que no, y luego cambia de opinión por gusto (la donna è móbile). Está bien como ficción compensatoria o para variar al cansado público; ahora que no sé yo si los indicios parecen ir mucho por allí.

Otro tanto puede decirse de los encuentros entre distintas tribus y especies humanas. Aquí se nos ofrece una versión deliberadamente tolerante y multicultural, por no decir idílica, de los tiempos de la prehistoria. Se nos avisa que a veces acababan los encuentros en canibalismo, pero lo que vemos es otra cosa: alianzas, pactos, matrimonios multiespecie, fiestecillas eróticas con el exótico, que mete marcha. Bueno, de todo ha debido haber en unos millones de años de historia, para qué negarlo. Pero la voluntad de ofrecer una versión de entendimiento y concordia entre los distintos pueblos de la tierra queda un poco demasiado evidente. Sobre todo en vista del resultado final que vemos, y al que hay que atenerse: que de las distintas especies (y se supone que eran especies, no razas) humanas que poblaron el planeta, sólo queda una. Vaya. ¿Habrá sido el culpable el mayordomo?

Aquí los neandertales no se reproducen con los homo sapiens, y aun integrados en su tribu van quedando atrás, o arrinconados (una explicación posible) -- también mueren por un extraño mal que los aqueja. Al parecer desde antes de su contacto con los homo sapiens -- aunque nuestra experiencia con los indios de América parecería indicar que los contactos entre poblaciones aisladas pueden dar lugar a pandemias y a genocidios involuntarios, además de los voluntarios. Pero es que si hasta con los homo erectus hacen migas, y se nos dice que seguramente se mezclaron para dar lugar a las poblaciones de Asia. ¿Es que hoy en día son menos porcentaje de sapiens los hombres de Pekín? ¿O los aborígenes? Son cuestiones todavía mal estudiadas, y debatidas, ciertamente, pero dicho así no queda claro por qué no habría de suceder lo mismo en Europa -- digo yo. Pero no quiero acusar a la serie de racismo, en absoluto, quizá de poca cabeza a la hora de atenerse a una teoría determinada de la evolución, o de elegir teorías contradictorias sin hacer notar su discrepancia. Más bien, si racismo hay, es por la distorsión idilizante de la expansión del homo sapiens mezclándose con los indígenas.

En el trasfondo inconsciente de la serie, alienta algo así como que la expansión del homo sapiens es un poco la del hombre occidental moderno. (O que esta es la segunda expansión del homo sapiens proper). Imponiéndose, pero sin acogotar ni exterminar, y respetando a las poblaciones locales (lástima que acaben desaparecidas, no se sabe cómo), pero bueno, aportan su cultura si no sus genes. Cuando la realidad quizá lleve camino de ser la contraria: occidentalizamos el planeta culturalmente, pero los genes vendrán mayormente de otro lado. Exagero, exagero.. como el documental. Documental-ficción, por tanto, con sus propias fantasías a cuestas, y es que hablar del pasado es construirlo para el presente, para sus intereses, y quizá a su imagen y semejanza.

El Hombre de Flores y la narración

En el National Geographic de Abril salía en portada el Hombre de Flores (i. e. su reconstrucción hipotética, con mirada asustadiza y penetrante), y dentro un artículo de Mike Morwood, Thomas Sutikna y Richard Roberts, del equipo de los descubridores. Termina con este párrafo, que especula sobre si hubo contacto entre el Hombre de Flores y los humanos modernos. No hay pruebas arqueológicas, pero... "In the meantime a clue may come from local folktales about half-size, hairy people with flat foreheads–stories the islanders tell even today. It’s breathtaking to think that modern humans may still have a folk memory of sharing the planet with another species of human, like us but unfathomably different" (12).

Puede leerse sobre el Homo Floresiensis este artículo de hace un año en The Loom (www.corante.com/loom/archives/026745.html). y sobre las leyendas este otro artículo de Richard Roberts:
www.telegraph.co.uk/news/main.jhtml?xml=/news/2004/10/28/whuman228.xml&sSheet=/news/2004/10/28/ixnewstop.html
Los relatos locales hablan de una criatura, "Ebu Gogo" (ver Wikipedia, en.wikipedia.org/wiki/Ebu_Gogo), cuya descripción podría coincidir con la de un pequeño homínido primitivo. Se dice que habitaban en el bosque, en cuevas, que no hablaban más que en murmullos pero podían imitar la voz humana como los pájaros, que las hembras tenían largos pechos que se echaban hacia atrás sobre los hombros, que convivieron los indígenas aguantando las rapiñas de los pequeños en sus cosechas hasta que los Ebu Gogo robaron un niño del pueblo y se lo comieron, que entonces los ahuyentaron con fuego y huyeron corriendo por el bosque para no ser vistos nunca más.... Según Roberts, la última referencia legendaria situaría a los "Hobbits" como se les viene llamando poco antes de la llegada de los holandeses a Flores en el siglo XIX (pero esto puede ser una cronología fantástica o simbólica, claro). Las leyendas muestran a los Ebu Gogo intentando aprender a vestirse, o a cocinar, y siendo burlados en esos intentos por los humanos. "Ebu Gogo" significa, en un lenguaje de Flores, "la abuela que come de todo" o algo parecido. En la Wikipedia se nos remite a leyendas de otros pueblos que pueden representar la memoria local de habitantes anteriores de la región: los menehunes de Hawai, los enanos de Escandinavia...

Lo que es fascinante de esta historia es la manera en que abre, de modo inesperado, el debate sobre los límites entre la historia y la prehistoria, y el valor de las leyendas y de la tradición oral como ventana al pasado. Es fácil imaginar otras conexiones entre seres legendarios y especies primitivas en las historias de ogros o de gigantes que se encuentran desde la Biblia a los cuentos de hadas. Lo difícil es dónde detenerse... (ver esta discusión en Johnhawks.net: johnhawks.net/weblog/fossils/flores/forth_2005_ebu_gogo.html). La interpretación histórico/arqueológica no tiene por qué invalidar las interpretaciones psicoanalíticas o estructurales de estos mitos, ni viceversa. Y sería útil quizá un estudio comparativo de estos mitos teniendo en cuenta la hipotética distancia histórica entre unos contactos y otros, y la naturaleza hipotética de los predecesores con quienes hubo contacto. Pero la existencia de explicaciones alternativas o superpuestas no promete resultados muy concluyentes a estas investigaciones. Es suficiente, de momento, reconsiderar la posibilidad de que la tradición oral folklórica no sólo retenga (transforme, utilice) elementos anteriores a la época del desarrollo de la escritura en las distintas culturas, sino que tales elementos puedan contener la memoria remota de cómo nuestra especie arrinconó o exterminó a otras especies humanas u homínidas... un acontecimiento histórico, o prehistórico si se quiere, de primera magnitud. Quizá el acontecimiento inaugural de la historia: cómo el Homo Sapiens se reconoció a sí mismo trazando una raya entre lo humano y lo no humano: trazándola con especial claridad y contundencia allí donde había dudas. Ya se sabe que el simio molesta precisamente por lo parecido que es al hombre, y que ese parecido le supone un peligro más que un salvoconducto. Las viejas historias de enanos y de gigantes quizá sean historias de antiguos genocidios.

La evolución de Ibarretxe

Vía el Paleofreak, encuentro esta ilustración evolutiva (no sé si llamarla película) de Daniel Lee, una fantasía sobre los orígenes del hombre. Lo que no entiendo es por qué demonios habrá escogido Daniel Lee al lehendakari Ibarretxe como el estadio final de la evolución humana. ¿Será un fan suyo? ¿O le tendrá manía? ¿Será la selección del más apto? ¿Diseño inteligente? ¿O el azar, que produce resultados imprevisibles?

Pop & Pap: Mamá y mamar / Papá y papilla

"Mamá" y "papá" están entre las palabras más primarias y son utilizadas en varios idiomas indoeuropeos: provienen de raíces tanto germánicas como latinas, y se encuentran variantes suyas en inglés, francés, alemán, español, italiano, y muchos otros idiomas. A las explicaciones etimológicas convencionales de este éxito hay que sumar el papel que desempeñan la fisiología y la estructura de la familia y de la educación infantil en mantener estas palabras en convergencia permanente, siempre candidatas a perpetuarse como un par de opuestos relacionados en un idioma, o a importarse a otro con facilidad y garantías de éxito.

El sonido "a" que tienen en común ambas palabras y que las asocia es la vocal más relajada del sistema vocálico español y la más central de muchos otros sistemas vocálicos, en especial cuando deriva hacia una schwa indefinida. Es por tanto el sonido más próximo a la vocalización primigenia, el sonido base con respecto al cual se han de crear, por diferencia, las demás vocales. No es extraño que aparezca asociado a las primeras palabras articuladas, a las más básicas.

La palabra "mamá" está asociada al acto de mamar. En efecto, los bebés, pequeños primates, son capaces de respirar y tragar a la vez, y por eso pueden mamar, habilidad que se pierde al cambiar de forma la faringe con el crecimiento (a cambio adquirimos la capacidad de vocalizar mejor). Al mamar queda abierto el conducto nasal, con lo cual el sonido producido es nasalizado: "m" y no "p". Y es bilabial por la forma que adoptan los labios al mamar: así tenemos "m" y no "n", lo cual nos da "mamá" como una palabra fisiológicamente asociada al contacto con el cuerpo materno durante la lactancia.

El padre es un símbolo lacaniano de la entrada en el régimen simbólico: separación del cuerpo de la madre, iniciación a la cultura. Así, al nombrar al padre, éste aparece como un cuidador, una "segunda madre", pero diferenciado crucialmente de ella por el cierre del conducto nasal: el padre no da de mamar, y por tanto se indica su papel transformando la bilabial "m" en su equivalente oralizada "p" - en realidad la equivalente desnasalizada sería "b", pero el contraste articulatorio queda mejor indicado con un ensordecimiento y desnasalización simultáneos, a la vez que se conserva la huella bilabial que liga ambas palabras. "Papá" no amamanta, aunque sí pueda dar "papilla": en todo caso, al destetar al infante, éste ingresa en el régimen de mayor autonomía corporal (anda) y simbólica (habla). Entra así, con su pequeño edipo a cuestas, en su casilla social de nene o nena (casilla que los demás conocían pero el/la no). La papilla está unida simbólicamente al ingreso en el orden social, que, como sabemos, es un orden patriarcal. También simboliza esa "p" la imposibilidad de comer y respirar a la vez: el ingreso en el orden humano inscrito filogenéticamente en el desarrollo de los órganos fonadores.

De este modo, las primeras palabras que aprendemos contienen en sustancia nuestro desarrollo tanto biológico como social, nuestros cambios de régimen alimenticio y de la forma de nuestra cabeza; el desarrollo de nuestra autonomía personal y de nuestra ubicación en la familia, nuestra historia como individuos y como especie.