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El derecho a ofenderse

jueves, 15 de enero de 2015

El derecho a ofenderse

 

http://ssrn.com/abstract=2550428

2014

Ibercampus (Sept. 1, 2014)

Se trata de un análisis conceptual de la tolerancia y de la intolerancia, del derecho a ofender y a recibir ofensas, en el seno de una sociedad abierta y multicultural, al hilo de un comentario de David Lane sobre el teatro controvertido y la corrección política en Contemporary British Drama (2010).
 

 

 

(The Right to Take and Give Offence)


English abstract: A conceptual analysis of toleration and intolerance, of the right to give and receive offence, within an open and multicultural society. This is done by way of a response to David Lane's comment on controversial drama and political correctness in Contemporary British Drama (2010).


Number of Pages in PDF File: 4
Keywords: Offence, Toleration, Intolerance, Blasphemy, Multiculturalism, Open society, Freedom of speech, Democracy


 Ibercampus (Sept. 1, 2014)



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El derecho a ofenderse 

Conversión, Reinterpretación, Topsight y Retroacción

sábado, 10 de enero de 2015

Conversión, reinterpretación, topsight y retroacción

Un artículo de mi blog e Ibercampus que reaparece en estos repositorios, comenzando por la SSRN y sus revistas:

Conversión, reinterpretación, topsight y retroacción 

http://ssrn.com/abstract=2544823 

 

  Una nota sobre algunos aspectos de la teoría de la identidad personal en la construcción social de la realidad tal como la definen Berger y Luckmann, en lo referente a la conversión religiosa y a otras remodelaciones drásticas de la identidad personal. Examinamos algunas implicaciones cognitivas y narratológicas, con el fin de resaltar la cercanía entre la perspectiva de Berger y Luckmann y una teoría narrativa de la identidad, prestando mayor atención al papel hermenéutico de la retrospección y de la perspectiva dominante o 'topsight'.

Conversion, Reinterpretation, Topsight and Retroaction


English abstract: A note on some aspects of the theory of self in Berger and Luckmann's social construction of reality, as regards religious conversion and other radical reworkings of personal identity. Some cognitive and narratological implications are examined, so as to bring our the kinship between Berger and Luckmann's account and a theory of narrative identity with an increased awareness of the hermeneutic role of retrospection and of topsight or dominant perspective.

Note: Downloadable document is in Spanish.
 
 

Number of Pages in PDF File: 9
Keywords: Berger and Luckmann, Social construction of reality, Self, Social theory, Sociology, Narratology, Narrative identity, Topsight, Cognitive narratology, Conversion, Religion, Retrospection, Hindsight




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Conversión, Reinterpretación, Topsight y Retroacción en Academia.




Ibercampus, August 4, 2014 


John Corvino Skepticon 3 "Coming Out Skeptical"

viernes, 26 de diciembre de 2014

John Corvino Skepticon 3 "Coming Out Skeptical"

El Evangelio de Judas y la batalla por la realidad

sábado, 27 de septiembre de 2014

El Evangelio de Judas y la batalla por la realidad

Este artículo mío (que ahora reaparece por Scribd) lo escribí poco después de la publicación del desaparecido y reaparecido Evangelio de Judas, todavía no leído por más de un cristiano:

INPRO--2009-089 —El Evangelio de Judas y la batalla por la realidad.

Naomi Wolf - The End of America Revisted

 

NAOMI WOLF - THE END OF AMERICA REVISITED (VIDEO)

La Rebelión de Atlas. Ayn Rand. Programa especial Sin Fronteras

miércoles, 17 de septiembre de 2014

La Rebelión de Atlas. Ayn Rand. Programa especial Sin Fronteras

El derecho a ofenderse

 31 de agosto de 2014


Sobre el derecho a ofender (a no confundir con la obligación o vocación de ofender) ya escribí en tiempos en "El derecho a la blasfemia."   Un derecho a la blasfemia que en España es más bien un hecho que un derecho, o, en términos legales, un desiderátum, aunque muchos lo consideren indeseable en el momento en que se blasfema contra sus propios dioses (y normal cuando se blasfema contra los dioses falsos). Quiero decir que en España existe en el código penal un delito que es el de la ofensa a los sentimientos religiosos. Es un delito peligroso de recoger en un código legal, por su indefinición.  Sería más lógico, aunque quizá impresentable constitucionalmente, que la ley hablase de "ofensa a los sentimientos religiosos de los cristianos" o "de la mayoría social"—que es lo que quiere decir sin decirlo, claro. Porque sectas y cultos caprichosos, y muy susceptibles de ofenderse porque respires, los hay a patadas, y es obvio que la ley no cubre sus supuestos derechos a sentirse ofendidos. Casi es para pensar que esta ley que tenemos es mejor que no se aplique sino en raros casos... de no ser porque el hecho mismo de que haya una ley que no se aplica sino en raros casos es de por sí una ofensa al gusto, jurídicamente hablando. Quiero decir que más ofende al gusto la aplicación arbitraria o selectiva de una ley estúpida o injusta, que la misma injusticia establecida por esa ley. Es, en suma, una ley abusiva, de esas que intimidan más que regulan, de las que te hacen estar en perpetuo estado de ilegalidad potencial sin que se apliquen de hecho, y que cuando se aplican es de manera errática y arbitraria, o a instancias de parte influyente y abogado caro. Una peste, vamos; y aún tenemos suerte de oír hablar tan poco de esta ley de la blasfemia, a la espera de que (no creo) a los votantes y partidos de este país les entre un soplo de racionalidad y redacten una ley menos absurda.

Pero hoy quería escribir de estas cosas a cuenta de un capítulo sobre teatro de comunidades culturales minoritarias, en el libro de David Lane Contemporary British Drama (2010). Me ha parecido sintomático, el párrafo siguiente, sobre algunos cruces de cables que produce la hipercorrección política. Algo que el mismo autor cree denunciar y apenas sabe cómo, quizá por miedo a pisar callos de minorías ofendibles y airadas y cargadas de indignación e intolerancia:


"In a global economy so rife with consumer lawsuits that one cannot purchase a cup of coffee without being warned that the contents ’may be hot’, the free speech debate has been relocated with the consumer—or audience—now fighting for their right to be offended, rather than the artist fighting for their right to offence whilst using theatre to dramatise problematic issues. As Edgar is keen to point out, the theatre ’provides a site in which you can say things that are riskier and more extreme than the things you can say elsewhere, because what you say is not real but represented’. The development in victim power creates a dangerous existential shift in theatre whereupon suddenly, to represent is to actually be, and to simulate is to actually do: it is by this logic that Christien Voice decided to picket the Jerry Springer: The Opera tour ’on the grounds that a metaphorical dramatisation of a TV presenter’s nightmare is a literal representation of Jesus Christ’. Provocative comment and opinion are no longer protected by the artifice of representation." (Lane, p. 116-17)


Aquí hay cosas confusamente expresadas, o insuficientemente claras. No se trata de que las comunidades o minorías de gustos especiales exijan su "derecho a sentirse ofendidos." ¡Lo que exijen precisamente lo contrario! Lo que piden estos representantes de comunidades o minorías ofendidas es que el Estado o la Ley castiguen a quienes les ofenden, o impidan por la fuerza que se produzcan tales manifestaciones ofensivas. Que se prohíba ofenderles, o, yendo más allá, que se prohíban las cosas que les resultan ofensivas. Es decir, están contra la tolerancia de las manifestaciones artísticas, opiniones, etc., que sean ofensivas para las minorías. Se ve fácilmente que por allí llegamos a una dictadura de las minorías, o cuanto menos a un espacio público tan neutralizado o minimizado que apenas si podría uno pasearse sin turbante por la calle, ni con turbante tampoco. That way madness lies.

 



A Lane se le ve a la vez molesto con estos intentos de control y esta susceptibilidad un tanto primaria de la mente religiosa fundamentalista (que confunde, como los idólatras, la imagen y la sustancia)—pero también quiere reconocer ese derecho a sentirse ofendido. Ya decimos que lo de legislar sobre sentimientos no es lo que está en cuestión: cada cual es libre de sentirse ofendido y de actuar en consecuencia, mientras no viole la ley con esa actuación ni invada la libertad de los demás.

A los defensores de la sociedad abierta (y enemigos de imanes islamistas o del Bible Belt) debe preocuparles menos esta susceptibilidad de las víctimas de ofensa, que los derechos de los ofensores. Es previsible que en una sociedad donde ambos sean influyentes se establecerá algún tipo de equilibrio inestable, en tensión constante, entre estas fuerzas— y de esta situación no se puede ni se debe salir. Los gustos de la mayoría bien pueden ser ofensivos para la minoría, pero no por eso se han de coartar ni de prohibir en una sociedad democrática. Y las minorías tendrán que luchar permanentemente por defender su espacio de protección ante lo que consideran ofensivo en lo que es generalmente tolerado, o es expresión legal—acotando espacios o modalidades en los que se ejerzan los derechos de cada cual.

Ahora bien, las mayorías también deben establecer un espacio (más o menos amplio, según la tolerancia ambiental o el peso de las comunidades multiculturales) entre (1) lo que se considera públicamente deseable (que debe ser subvencionado o promovido), (2) lo que se considera normal o no tiene consideración especial, categoría no subvencionable; (3) lo que se considera indeseable pero tolerable, y (4) lo que se considera indeseable e intolerable. Estas categorías las tienen revueltas o confundidas en Occidente mucha gente, no sólo Lane. Y en Oriente medio, ni digamos.

Y es que hoy en día la tolerancia tiene mala prensa. Nadie quiere ser ’tolerante’ (pues sería tanto como ser un prepotente paternalista) y, sobre todo, vade retro, nadie quiere ser tolerado. Todos quieren ser respetados y admirados en su propia valía y en lo que son, tan buenos como cualquier otro, como todo el mundo debería reconocer. Todos somos para todos iguales, igual de valiosos, igual de respetables, igual de dignos. Así reza la doxa actual. No hay una vida que valga para alguien más que otra, no hay una lengua superior a otra, no hay (o no debería haber) para nadie una ideología más respetable que las otras. Por no hablar de las preferencias sexuales, ejemplo eximio de nuestros días; no me pillarán a mí criticando las preferencias sexuales del vecino, aunque secretamente no las comparta.

Todo es igual de digno e igual de bueno e igual de respetable. Y quien hace amago de "tolerar" lo distinto es un prepotente, o un fariseo. Es ésta una actitud muy extendida, y tan absurda, hay que aclarar, que no puede evitar formularse junto con su negación de hecho casi en la misma frase, pues los que niegan la conveniencia de 'tolerar' (de puro tolerantes que son) enseguida pasan a pedir censura y prohibición para lo que les ofende. Sin dejar un mínimo espacio entre lo que a mí me va y lo que es legalmente permisible.  Lo que no se tolera tan apenas—visto que sería prepotente 'tolerar'—es que se diga de manera explícita que hay creencias, opciones, modas, ideologías y prácticas que hay que tolerar, por desagradables que sean, precisamente porque son sólo desagradables para el tolerante, pero son el espacio de libertad del tolerado. Es más, se hace difícil entender que las leyes no deben aceptar todo por el mismo rasero, sino que deben distinguir entre lo promovible, lo normal, lo tolerable pero desincentivable, y lo intolerable. Y todo esto según criterios que no son los nuestros.

En España hay cierta tendencia a confundir lo tolerable con lo subvencionable. El caso del aborto puede servir de ejemplo: apenas se distingue en las posturas de los partidos, y especialmente del PSOE, encarnación de la doxa que aqueja al país, un margen entre lo legalmente aceptable y lo subvencionable. Todo lo que es aceptable (para mi cuerda,  claro) ha de ser legal, y todo lo que es legal ha de ser subvencionado—e incluso parte de lo ilegal, si me apuran. Ahora, que este razonamiento en absoluto se aplica a las prioridades de otros, eso va por descontado.

A mi entender hace falta diferenciar un poquito más entre lo que es deseable par mí y lo que lo es o debe serlo para la ley; entre lo que es neutro para mí y lo que es neutro para la ley; lo que es indeseable pero tolerable para mí y lo que lo es para la ley, y por último, entre todas estas dicotomías y otra más: lo que es intolerable para la ley, y lo que es intolerable para mí. No conviene tener mezcladas ninguna de estas categorías, ni conviene por cierto ser ciudadano tan ejemplar que estemos encantados por definición con todo lo que es legal. Menos aún conviene dar por bueno que se subvencionen con nuestros impuestos comportamientos o acciones indeseables e inaceptables. También extraigo de allí que los que somos raritos debemos (y los que son raritos deben) estar moderadamente agradecidos, o aliviados, de que se nos tolere —aunque no nos aprecie la multitud, y ni siquiera nos dé una subvención.

Así pues, los que gustan de un mínimo de apertura en la sociedad deberían (ellos sí) dar por bueno el derecho a ofenderse, en los dos sentidos. El derecho a ofender a otros—a quienes merecen ser ofendidos—dentro de los límites de la ley; y también su propio derecho a sentirse ofendidos: hay que dar por bueno que existan, y sean legales, y se toleren, y no sean reprimidos, manifestaciones, obras, opiniones o comportamientos que nos resultan inaceptables, de mal gusto, indeseables, indecentes, estúpidas o crueles. No hay que perder de vista, aun siendo partidarios de la tolerancia, el carácter ofensivo de ciertas prácticas que son legales y aceptables para otros, pues lo que es aceptable para otro no tiene por qué ser, de oficio, aceptable para mí.  (Ojo: digo que es bueno que exista el espacio entre lo deseable y lo legal—no digo en absoluto que tengamos que alegrarnos también de que esas manifestaciones toleradas por imperativo legal se den efectivamente—ya he dicho que son indeseables; lo que es deseable es el espacio de libertad, y de tolerancia, en el que se dan).  

Menos mal que aún podemos ofendernos por algo que es legal—allí está la paradoja, porque de hecho seguimos encontrando esos comportamientos o prácticas ofensivos, aunque amparados por la ley; crucialmente, unos son menos respetables y menos tolerables que otros. Y contra los más ofensivos e indeseables hemos de protestar. No contra lo que es ilegal, claro, sino contra lo que es legal e inaceptable. Aun respetando el espacio de tolerancia, distinguimos entre lo tolerable para la ley y lo tolerable para nosotros, entre lo legal y lo ético. Y no podemos, ni debemos, confundir estos dos espacios. No podemos admitir que las cosas sigan como están, ni que todo lo que es legal siga siéndolo por siempre jamás, y que todo lo que es injustificadamente ilegal siga siéndolo por siempre jamás. En esa tensión—la existencia de ese espacio de tolerancia pública, y la lucha contra lo indeseable o inaceptable, se da la acción política interesante, en la sociedad abierta.



Blasfemias, intenciones e interpretaciones

Conversión, Reinterpretación, Topsight, y Retroacción

sábado, 2 de agosto de 2014

Conversión, Reinterpretación, Topsight y Retroacción



Entre las cuestiones tratadas en La construcción social de la realidad, de Berger y Luckmann, se encuentra el caso del individuo que pasa de habitar una realidad social, un universo simbólicamente construido, a habitar otra que es incompatible con la primera. Esto lo llaman Berger y Luckmann alternation, palabra poco adecuada, y ponen como ejemplo clásico la conversión religiosa; casos más modernos son la conversión política y la superación de una personalidad caduca mediante el psicoanálisis. De estas transiciones dimensionales entre realidades hablábamos en este artículo, a cuenta de la conversación como sistema de mantenimiento de la realidad. Pues estas realidades sociales siempre se han de apoyar en algún tipo de interacción comunicativa. En lugar de alternation, que parece sugerir un cambio de va y viene, o una doble personalidad (como la del relato de Stephen King "Rest Stop", en Just After Sunset), propongo que hablemos aquí de conversión sin más. Me llama la atención en la descripción de Berger y Luckmann la dimensión de retrospección, aún más, de dominio retrospectivo de la situación, que hay en este fenómeno, una cuestión de interés narratológico. El que se convierte no sólo habita una realidad distinta, sino que esta realidad ha de corregir y reinterpretar a la primera, desde un punto de vista más comprehensivo, más totalizador, más explicativo. En suma, el convertido ha adquirido no sólo una realidad distinta, sino un conocimiento superior de la realidad anterior en la que habitaba. La ve desde una perspectiva superior o dominante (topsight) inalcanzable para los que siguen atrapados en ella; es la perspectiva con la que la madurez ve a la juventud, o la vejez a la (in)madurez.

Puede haber un bucle de vaivén retroprospectivo en este topsight de la conversión.Es decir, puede que se vea de manera distinta no sólo la realidad anterior, sino (dentro de ella) aquellos elementos que interpretaban, de un modo que ahora se aprecia como limitado o erróneo, la realidad presente. Esta retrospección sobre (lo que entonces no se sabía como tal pero era) un elemento prospectivo, proporciona una doble seguridad de que ahora se está en lo cierto, y de que antes se erraba. La representación, y la representación de la representación, intensifican el dominio perspectivístico de la realidad.

Es de notar que todas estas superioridades perspectivísticas de las que hablo no tienen por qué ser tales para un observador del converso. El converso está muy seguro de haber hallado la luz, pero el observador podría muy bien interpretar la iluminación superior del converso como una devastación parcial de las meninges y por tanto de la capacidad de juzgar qué perspectiva es la realmente dominante, qué explicación contiene a la otra o qué mundo contiene al otro como un fenómeno marginal. Pero, visto desde dentro, bien puede ser que lo que antes parecía crucial sea de repente irrelevante, o incluso pase a olvidarse, y estos cambios de prioridades y estos olvidos son los que crean, precisamente, el efecto de perspectiva dominante de que ahora goza el converso. Cuando digo converso me refiero tanto al creyente que de repente ve la luz y descubre las tinieblas del mundo, como al ateo al que se le funden los plomos y sufre una iluminación repentina, raptado por Jesucristo o, dios nos libre, por Mahoma. Lo que tienen en común ambas situaciones es que en los dos casos el universo en el que se habita es una construcción simbólica, sujeta a alteraciones y a descoyuntamientos súbitos, siguiendo las alteraciones de la retina y de la red simbólica que le dan estructura.

Pero citemos cum commento el pasaje crucial de Berger y Luckmann, del capítulo sobre la sociedad como realidad subjetiva, en el que tratan de las dimensiones retroprospectivas de la perspectiva dominante, cuando el individuo transita de una realidad construida a otra. La reinterpretación, podemos resumir, es el dominio perspectivístico de la realidad previa, y requiere una distancia retrospectiva con respecto a esa realidad y a la parte del yo que estaba ligada a ella:

The most important conceptual requirement for alternation is the availability of a legitimating apparatus for the whole sequence of transformation. What must be legitimated is not only the new reality, but the stages by which it is appropriated and maintained, and the abandonment or repudiation of all alternative realities. The nihilating side of all machinery is particularly important in view of the dismantling problem that must be solved. (De ahí la fe especialmente ígnea de los conversos). The old reality, as well as the collectivities and significant others that previously mediated it to the individual, must be reinterpreted within the legitimating apparatus of the new reality. This reinterpretation brings about a rupture in the subjective biography of the individual in terms of 'B.C.' and 'A.D.', 'pre-Damascus' and 'post-Damascus'. Everything preceding the alternation is now apprehended as leading towards it (as an 'Old Testament', so to speak, or as praeparatio evangelii), everything following it as flowing from its new reality. (Obsérvese la manera en que la conversión produce una estructuración temporal de la experiencia—un 'antes' y un 'después' en torno a un centro estructurador. Como se ve, Berger y Luckmann critican también el uso generoso que tiende a hacerse en estos casos de la distorsión retrospectiva o hindsight bias—una cuestión que hemos tratado ampliamente en nuestros artículos sobre la cuestión; ver por ej. "Periodismo y retrospección". Sobre la estructuración narrativa de la experiencia vivida, y sobre los focos experienciales generadores de narratividad, hablábamos también en "Out of Character: Narratología del sujeto y su trayectoria vital"). This involves a reinterpretation of past biography in toto, following the formula, 'Then I thought . . . now I know'. (Obsérvese en la formulación de Berger y Luckmann que la certidumbre es presentada como un efecto estructural, sin que tenga más garantías de verdad, desde el punto de vista del analista, una u otra perspectiva. Ahora bien, esto no quiere decir que el analista no pueda participar más de una de las dos perspectivas). Frequently this includes the retrojection into the past of present interpretative schemas (the formula for this being, 'I already knew then, though in an unclear manner...') and motives that were not subjectively present in the past but that are now necessary for the reinterpretation of what took place then (the formula being, 'I really did this because...'). (Se detecta un tono de ironía o sarcasmo en Berger y Luckmann, que están aquí naturalmente en una posición de topsight superior en tanto que teorizadores de su ejemplo, un converso-tipo u hombre de paja; y es muy de apreciar la manera en que sacan a la luz la dimensión de autoengaño, o de mala fe, como decía Sartre, que hay en estas maniobras cognitivas. Ahora bien, recordemos que no es de despreciar a priori la validez de la perspectiva dominante alcanzada mediante estas reinterpretaciones. Hay aquí una denuncia de la manera en que interpretar el pasado desde el presente supone siempre una cierta falacia temporal, una distorsion retrospectiva o una paradoja temporal por así decirlo, una intervención ilegítima sobre el pasado por parte de este viajero del tiempo que es el intérprete actual. Pero negar la validez de estos viajes en el tiempo supondría limitar seriamente la capacidad cognitiva humana que supone precisamente la posibilidad de estas maniobras. Ver también el artículo sobre "Tecnologías de manipulación del tiempo". Hay que decir que Berger y Luckmann no están diciendo "lo que hay que hacer" o lo que no; están describiendo lo que se hace constantemente, y bien puede permitírseles una sonrisilla desengañada). Pre-alternation biography (es decir, la biografía anterior a la conversión) is typically nihilated in toto by subsuming it under a negative category occupying a strategic position in the new legitimating apparatus: 'When I was still living a life of sin', 'When I was still caught in bourgeois consciousness', 'When I was still motivated by these unconsciousn neurotic needs'. The biographical rupture is thus identified with a cognitive separation of darkness and light.

In addition to this reinterpretation in toto there must be particular reinterpretations of past events and persons with past significance. The alternating individual would, of course, be best off if he could completely forget some of these. But to forget completely is notoriously difficult. What is necessary, then, is a radical reinterpretation of the meaning of these past events or persons in one's biography. Since it is relatively easier to invent things that never happened than to forget those that actually did, the individual may fabricate and insert events wherever they are needed to harmonize the remembered with the reinterpreted past. (Volvemos a encontrarnos con esta tendencia a la deshonestidad intelectual que va asociada a la conversión; la conversión nos tienta a reescribir el pasado y rehacerlo a nuestra medida.... Pero no perdamos de vista tampoco la deshonestidad intelectual que supone aferrarse a las viejas creencias, especialmente cuando no se cree en ellas). Since it is the new reality rather than the old that now appears dominatingly plausible to him, he may be perfectly 'sincere' in such a procedure—subjectively, he is not telling lies about the past but bringing it in line with the truth that, necessarily, embraces both present and past. This point, incidentally, is very important if one wishes to understand adequately the motives behind the historically recurrent falsifications and forgeries of religious documents. Persons, too, particularly significant others, are reinterpreted in this fashion. The latter now become unwilling actors in a drama whose meaning is necessarily opaque to them; and, not surprisingly, they typically reject such an assignment. This is the reason prophets typically fare badly in their home towns, and it is in this context that one may understand Jesus's statement that his followers must leave behind them their fathers and mothers. (179-180)

Es por tanto en una pequeña comunidad aislada, separada de la realidad oficial o enfrentada a ella, donde se originan las nuevas realidades, y se mantienen fuera de contacto con "the light of common day" que podría hacerles perder brillo. También es en las microcomunidades marginales, en los micromundos privados de las parejas, en el enamoramiento, y en la folie à deux, donde se pueden generar los mundos artificiales más peregrinos y sui géneris.

En una entrevista reciente, Berger se reía recordando que unos revolucionarios sudamericanos le habían visitado confundiéndolo con un ingeniero social, por lo de The Social Construction of Reality, y le querían consultar sobre cómo construir una realidad nueva, que es en lo que estaban ellos. No sé por qué los desengañó Berger, cuando los podía haber remitido a este pasaje de su libro donde da la receta sobre cómo construir un sistema de creencias y un mundo simbólico entero a base de adoctrinamiento, aislamiento, liderazgo, y disciplina religiosa—y pone el ejemplo sobre cómo crear una comunidad de Ictiosofistas adoradores de los peces. Pero en realidad ya está todo estudiado desde los ejercicios espirituales de los jesuitas y las Autocríticas de los comunistas.

Cada sistema de creencias es un caso práctico de cómo construir una realidad alternativa, y maravilla es que no rocen más estrepitosamente unas con otras. Claro que para eso se han desarrollados las tácticas de convivencia y gestión de realidades compartidas que mencionábamos en el artículo anterior sobre la conversación como gestión de las realidades: convenciones comunicativas y protocolos de interacción que permiten que la gente interactúe en determinadas áreas (por ejemplo el trabajo) con personas que habitan en otras realidades ideológicas o parcialmente en otros mundos, sin que por eso se cuestionen los aspectos escondidos, privados, diferentes, excéntricos o sagrados de esas realidades. Así, es aconsejable evitar hablar de temas como política o religión con desconocidos o con según que conocidos en la conversación cotidiana—especialmente cuando sabemos que hay en el grupo personas de una creencia minoritaria o que habitan en otra dimensión.

Berger y Luckmann también tratan esta cuestión del solapamiento parcial de realidades de modo interesante, al reconocer que hay muchos tipos intermedios entre la re-socialización o conversión o viaje interdimensional a otra realidad según hemos venido comentando, y un fenómeno mucho más frecuente: la socialización secundaria, o adquisición de roles sociales, profesionales, etc.—que también modela y transforma la identidad del individuo, y le hace habitar en un mundo parcialmente aislado del mundo de los demás (el mundo académico, pongamos, o el mundo de los pescadores de altura, de los criadores de perros, etc.). En estos casos no se produce, sin embargo, una ruptura con la biografía anterior del individuo, sino un desarrollo o extensión de la misma. Sí hay problemas para mantener la consistencia en la identidad en especial cuando hay interferencia de roles, o roles discrepantes; la consistencia del individuo siempre es un problema en estos casos. Y hay casos fronterizos entre la socialización secundaria o profesional y la conversión (o "re-socialización", como se la llama aquí):

"As a result, they face the problem of maintaining consistency between the earlier and later elements of subjective reality. This problem, not present in this form in re-socialization, which ruptures the subjective biography and reinterprets the past rather than correlating the present with it, becomes more acute the closer secondary socialization gets to re-socialization without actually becoming it. Re-socialization is a cutting of the Gordian knot of the consistency problem—by giving up the quest for consistency and reconstructing reality de novo." (181)

La consistencia se mantiene con una gestión de las relaciones sociales, manteniendo el trato con los antiguos Otros significativos, pero a distancia prudente—visitando menos a los padres, dejando atrás amigos, rompiendo totalmente con antiguas parejas, etc., y desarrollando nuevas relaciones en un círculo social asociado a la nueva identidad social. También aquí es interesante la estructura temporal y narrativística que esta fenomenología de la identidad imprime al trayecto vital:

"Broadly speaking, one may say that the procedures involved are of opposite character. In re-socialization the past is re-interpreted to conform to the present reality, with the tendency to retroject into the past various elements that were subjectively unavailable at the time. In secondary socialization the present is interpreted so as to stand in a continuous relationship with the past, with the tendency to minimize such transformations as have actually taken place. Put differently, the reality-base for re-socialization is the present, for secondary socialization the past." (182)

Procedimientos contrarios, y que sin embargo forman un continuo, en el que todos vivimos en un grado u otro, pues todos somos parcialmente conversos por el mero hecho de crecer y desarrollarnos. Todo un terreno gris hay aquí, en el que la identidad se va reformando y transformando, manteniendo (aun en los casos más extremos de reconversión) una continuidad o hilo comunicante con el pasado. Las dos actitudes hacia estas transformaciones de la identidad pueden formularse en forma de dos lemas. A uno gusta de apegarse la mayoría de la gente común, a otro la minoría de iluminados. El primero es: "Yo no cambio con el tiempo, soy el que fui". El otro es: "No soy el que era, ahora soy otra persona." Los dos lemas son falsos—son mentira, pero de esas mentiras que buscan engañarse a uno mismo primero, que es la mejor manera de engañar también a los demás, hasta el punto de que no tenga sentido hablar ya de engaño, pues con estas mentiras se van construyendo las verdades.


Mover cosas con la mente


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