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Vanity Fea

Literatura y crítica

Book Burning

Capítulo 7 de James Shapiro, 1599: A Year in the Life of William Shakespeare (Londres: Faber and Faber, 2005).

(Capítulo 6: The Globe Rises)


7. Quema de libros. Por orden de los obispos: la historia de Henry IV de Hayward.

Dos libros sobre el reinado de Enrique IV se vendían en Londres en la primavera de 1599: uno era el drama de Shakespeare, The First Part of the Life and Reign of King Henry IV, y el otro era The History of the Reign of Henry the Fourth de John Hayward.

Este segundo libro había hecho alguna pequeña finta para pasar la censura sin pena ni gloria, y luego había sido dedicado por su autor al conde de Essex con ocasión de su expedición a Irlanda: "You are great indeed, both in present judgment and in expectation of future time" (134). Esto en un momento de incertidumbre dinástica cuando muchos sospechaban de las intenciones del conde (futuro rebelde decapitado) para hacerse con la corona. Ante el éxito de ventas que tuvo este libro, el conde le escribió al arzobispo Whitgift, pidiéndole que investigase esa dedicatoria — distanciándose así del libro, o, según sugiere Shapiro, jugando a dos cartas, disfrutando de la dedicatoria y de los rumores a la vez que se separaba prudentemente de la iniciativa. Sus  enemigos le criticaron más adelante que no sólo le había gustado el libro sino que había estado presente varias veces "en su representación"— ¿prueba quizá de que la gente confundía el drama de Shakespeare con el libro de Hayward?

Shapiro alude a alguna posible representación privada de una obra teatral para el conde—pero no queda claro si se refiere a Henry IV de Shakespeare, o (como me parece más probable) a Richard II, que también narra el principio de la historia de Enrique IV y de su usurpación de la corona. Recordemos que en vísperas de su conspiración, Essex encargaría a la compañía de Shakespeare una representación (pública) de Ricardo II. Vistas las alusiones que se reconocían en esta obra con el reinado de Isabel, milagro parece que Shakespeare salvase la cabeza, y es un paso atípicamente arriesgado en su carrera; pero recordemos que la reina favorecía la toma de posiciones a su lado. Lo hizo con Bacon, consejero de Essex, que se vio oblidado a liderar la acusación contra el conde; y lo hizo con los Lord Chamberlain's Men, cuyo castigo y humillación (y premio, supongo) fue hacer otra función de vísperas: actuar para la reina con antelación a la decapitación pública del conde, una vez fracasó su conspiración. (—Pero en este asunto de Ricardo II no entra mucho Shapiro).

Sea como sea, el arzobispo Whitgift ordenó que en el libro de Hayward se arrancase la dedicatoria a Essex de la mitad de la edición que aún no se había vendido. No es que la dedicatoria fuese especialmente llamativa ni provocadora, pero el hecho mismo de que se eliminase, y de que se chismorrease sobre el asunto, sugiere que el tema se prestaba a susceptibilidades. Es, después de todo, una historia que narra la deposición de un rey debilitado por un súbdito poderoso—algo que Essex se vería tentado a hacer en un futuro, si no le rondaba ya por la cabeza por estas fechas.

Una segunda edición de la obra de Hayward salió, con un prólogo defendiéndose de imputaciones fantasiosas… pero dando una vez más pie a que se viesen paralelos entre el reinado de Ricardo II y el de Isabel, ambos reyes sin hijos… y con problemas similares en Irlanda, cuestión ésta resaltada por Hayward. Shakespeare y Hayward seguramente fueron lectores atentos uno de otro por estos tiempos. Hayward era un historiador dramático, que utilizaba generosa y eficazmente los parlamentos inventados en boca de sus personajes, y prestaba gran atención a la caracteriología y su influencia en decisiones y acontecimientos históricos. Y su versión de la historia de Enrique IV se había visto influenciada por el Ricardo II de Shakespeare—pues de ahí y no de las crónicas viene el Enrique populista que retrata. Y es un escritor osado, en la línea de Tácito, ajeno a la historia providencialista, pesimista y realista en cuanto a los motivos humanos… cosa que debió hacer reflexionar a Shakespeare, necesariamente más tradicional por el género en el que trabajaba, de cara al público. "En comparación," nos dice Shapiro, "sus propios dramas históricos parecían anticuados y algo mansos".

En la época de la Reforma y de las guerras de religión se redescubrió la obra de Tácito y su retrato de enfrentamientos políticos sin ambages ni idealizaciones; Justus Lipsius lo editó en 1574 y veía en él "un teatro de la vida cotidiana". Sidney había comentado sobre el "veneno de maldad" que se encontraba en sus páginas; Henry Savile, secretario latino de la Reina, lo había editado en 1591, y se reeditó en 1598, completado por Richard Grenewey con una dedicatoria a Essex comparándolo a Vespasiano. Según Jonson, era el propio Essex quien había dictado esta dedicatoria, que alude a la decadencia del reino y las intrigas de los políticos contrapuestos a hombres de acción y de honor (tal como gustaba él de verse).  Shakespeare debió conocer esta traducción de Tácito: el episodio de Enrique V con el rey disfrazado hablando con sus soldados recuerda un episodio parecido en Tácito, una anécdota sobre Germánico. Y Hayward había reutilizado o copiado mucho Tácito en su historia de Enrique IV; la Reina (nos dice Bacon) no creía que Hayward fuese el autor y amenazó con hacerlo torturar para que confesase quién era el auténtico autor (quizá sospechando de Essex). Bacon le repuso que traición no veía en el texto, pero sí felonía literaria, por los hurtos a Tácito.

Shakespeare podía sospechar que el clima político amenazaba con una nueva ola de censura y prohibiciones que podía poner en peligro su teatro; por otra parte, no podía resistirse a tratar los temas que interesaban a sus contemporáneos; era un dilema. Había escarmentado en cabeza ajena con el interrogatorio brutal de Kyd, el asesinato de Marlowe posiblemente instigado por las autoridades… Lo que eligió hacer fue escribir sobre la censura, en lugar de arriesgarse a incurrir directamente en sus iras.

Es significativa la escena de Cinna el poeta en Julio César. La muchedumbre lo confunde con Cinna el conspirador que había participado en el asesinato, y lo linchan; ve Shapiro aquí una alusión al peligro para los escritores en estos tiempos de conspiración política; pero Shakespeare muestra poca simpatía por este poeta y por otro que se interpone intentando reconciliar a Bruto y Casio—Casio intenta excusarlo, pero Bruto dice "I'll know his humour when he knows his time. / What should the wars do with these jigging fools?" (IV.iii). Para Shapiro, "el mensaje parece ser que un poeta sabio es el que conoce su lugar y su tiempo, y no anda buscándose problemas en el peligroso mundo de la política". (Luego nos dirá Shapiro que Shakespeare entendía perfectamente su lugar y su tiempo—de ahí lo calculado de sus riesgos).

Hayward había prestado especial interés, en su Historia, a la búsqueda de "popularidad" por parte de los aspirantes políticos—de una popularidad populista, retratada por Shakespeare en el Bolingbroke de su Ricardo II (también hay alusiones a estrategias populistas en Enrique IV  1 y Enrique V). Ahora la idea estaba en el aire, y Shakespeare vuelve a ella en Julio César—allí Bruto es popular entre los romanos, y Antonio manipula al pueblo con los favores de César en su testamento. En Inglaterra era Essex quien cultivaba la "popularidad", y la reina y Cecil estaban vigilantes al respecto. Bacon aconsejó repetidamente a Essex sobre su imagen pública, avisándole de que se desvinculara de las causas "populares" y del uso de la religión para estas cuestiones.  Años más tarde diagnosticaría Bacon este mismo deseo populista en Julio César. Y las comparaciones de César con Essex ya aparecían en Enrique V. Ahora, en Julio César, evita Shakespeare referencias directas a Essex y a la política del momento, pero impregna la historia romana con ecos del ambiente político contemporáneo.

Hayward incluye en su historia un debate sobre si se puede ser leal al Estado sin ser leal al rey—una teoría política peligrosa para la monarquía, aunque Hayward se cuida de presentar en debate argumentos contrarios a estas ideas, de tal modo que mal se le puede condenar por traición… y Shakespeare tomará buena nota de cómo tratar estos debates de modo que no quede claro de qué lado de la argumentación se posiciona el autor. En Julio César encontraremos argumentos a favor y en contra del regicidio; también sabía Shakespeare que podía permitirse más latitud que Hayward puesto que la censura isabelina sólo examinaba con extremo cuidado lo que quedaba impreso, no lo que se decía en un escenario. (Es significativo que Julio César no se imprimiría hasta el First Folio, veinticuatro años después—y también que se titulase con el nombre de César y no con el de quien es más bien su protagonista, el regicida y republicano Bruto).

Los conceptos de tiranía, abuso del poder, tiranicidio, resuenan en la obra constantemente. Pero Shakespeare modula cuidadosamente la figura de César para alejarla de la imagen de un tirano; es el debate en torno a César el que le interesa; quiere presentar de modo dramático el conflicto y la diferencia de valoraciones y opiniones, sin que pueda decirse que está a favor de los conspiradores o en contra. "Shakespeare no concebía su tragedia en términos aristotélicos—es decir, como la caída de un gran hombre que tiene defectos—sino más bien como la colisión de principios profundamente asentados e irreconciliables, encarnados en personajes que son destruidos cuando entran en colisión estos principios" (147). Es el tipo de tragedia que describirá Hegel en su Estética, en relación a la Antígona de Sófocles.

Hay en Julio César además un elemento vívido y dinámico que suele faltar en las obras sobre la Antigüedad clásica. Es muy visible en la descripción del asesinato, que Shapiro relaciona con otros dos episodios shakespeareanos: uno, la anécdota de Aubrey al efecto de que Shakespeare había sido aprendiz de carnicero, y que pronunciaba discursos solemnes antes de matar un becerro. Si su padre trataba con pieles y curtidos, no es disparatado que algo tenga de cierto... Otro, en Hamlet: la comparación del asesinato de César a la muerte de un becerro, cuando Hamlet comenta con Polonio los días de actor de éste, en la Universidad (por cierto, que esto es una alusión no sólo a los días de estudiante de Polonio sino también a algo que estaba mucho más reciente cuando se estrenó Hamlet—el propio drama de Julio César interpretado por los mismos actores en ese mismo escenario poco tiempo antes, una broma metateatral).

Quizá este asunto de Hayward animó a Shakespeare a tratar temas políticos no en relación a la historia inglesa como venía haciendo, sino con temática romana. (Hubo también pronto una prohibición gubernamental de tratar temas de historia reciente).

Para tratar el tema de César estudió Shakespeare a Plutarco (monárquico y del gusto de la Reina, que lo traducía) más bien que al republicano Tácito. Venía leyendo las Vidas paralelas desde hacía años, y aprendió allí psicología, el retrato de la interioridad de los personajes. Tras la lectura de Plutarco adquiere Shakespeare (en comparación a alusiones anteriores a este asunto den sus obras) una visión más compleja del asesinato de César—ahora pone el acento en el dilema político, no en las relaciones familiares "parricidas". Ahora, en la primavera de 1599, escribió Julio César deprisa, casi de un tirón, una obra intensa y centrada en este nuevo tipo de invención que conjunta la tensión política, la interioridad de los caracteres, las alusiones a la atmósfera contemporánea.

Por ejemplo, el debate interno de Bruto sobre cómo llegar a una decisión terrible (II.i. 63-69): se asocia la tensión interna del personaje a la insurrección política entre fuerzas distintas; se asocia lo real y lo fantasmático, anunciando los fantasmas que atormentarán a Bruto; el parlamento anticipa parlamentos similares en Macbeth—es aquí donde nace el germen de esta obra también. Aprende también Shakespeare a sugerir callando, con frases de los personajes que sugieren más que dicen: "Portia is dead", etc.—evitando los excesos de expresión explícita de Enrique V.

La segunda edición de la obra de Hayward fue secuestrada y quemada por orden del obispo de Londres, Richard Bancroft, a mediados de mayo. Y para principios de junio, muchos más libros se ordenaron quemar: sátiras de Hall, Giulpin y de Middleton, de John Davies; se prohibió imprimir más libros de Nashe y de Gabriel Harvey. Pusieron fin así las autoridades al auge que estaba alcanzando la sátira sobre asuntos contemporáneos. También se prohibió la publicación de libros de historia a no ser con licencia especial del Privy Council, con lo cual se desalentaba a la mayoría de los autores. También se restringía la publicación de obras de teatro. La compañía de Shakespeare optó por publicar versiones "autocensuradas" de la Segunda parte de Enrique IV y de Enrique V (suprimiendo las alusiones a Essex), y por retirar estas obras del repertorio para no dar lugar a sospechas ni debates, en un momento delicado como era la apertura de su nuevo teatro del Globe.

Capítulo 8: Is this a holiday?



Txtng&Kwstng

Me manda una amiga (¡gracias!) en pdf el libro de David Crystal Txtng: The gr8 db8, con una caricatura de Shakespeare preguntándose: "2B or not 2B—tht is th"?

Y se me ocurre esta variante sobre la pregunta del suicidio:

That is the Quest no. 1: no I.


El chimpancé consciente

Acción, Relato, Discurso

Acción, Relato, Discurso

He empezado a preparar la edición online de este libro en el que estuve trabajando entre 1985 y 1998:

Acción, Relato, Discurso: Estructura de la Ficción Narrativa

Nota a la edición electrónica (2009):

Este texto fue publicado originalmente por Ediciones Universidad de Salamanca (Acta Salmanticensia: Estudios Filológicos, 269), Salamanca, 1998. La tesis en que se basa recibió el Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad de Zaragoza correspondiente al año académico 1988-1989. La edición electrónica no se ha planteado como una revisión sustancial del texto original, sino como un medio para difundirlo. No dispongo sin embargo del texto definitivo publicado en 1998. Por tanto, al margen de las cuestiones relativas al nuevo formato, como los enlaces hipertextuales, y de alguna pequeña corrección de erratas, no se ha modificado ni ampliado sustancialmente el texto previo a la edición de 1998. Esta nota es la principal excepción.

Me va a costar mucho tiempo hacer el texto legible. Por desgracia, los archivos de Word, si bien se pueden convertir en archivos html automáticamente, son ilegibles, con múltiples errores una vez que los cuelgas, por razones que desconozco. Así que habrá que hacerlo a pulso. La tesis ésta empezó siendo redactada a mano y a máquina de escribir antes de pasar al primer modelo de Macintosh. Ahora irá llegando a la red por fin, con los enlaces hipertextuales que pedía a gritos por sus múltiples interreferencias... pero tendrá que ser por capítulos. A ver si termino antes de 2010.

Narrative Theory


Coleridge vs. Film and TV Watching

A photo on Flickr

 

Coleridge in Chapter 3 of Biographia Literaria reacting to the craze for romantic fiction, compares its intellectual vacancy to that of film and TV watching... only these hadn't been invented yet!

For as to the devotees of the circulating libraries, I dare not compliment their pass-time, or rather kill-time, with the name of reading. Call it rather a sort of beggarly day-dreaming, during which the mind of the dreamer furnishes for itself nothing but laziness, and a little mawkish sensibility; while the whole materiel and imagery of the doze is supplied ab extra by a sort of mental camera obscura manufactured at the printing office, which pro tempore fixes, reflects, and transmits the moving phantasms of one man's delirium, so as to people the barrenness of a hundred other brains afflicted with the same trance or suspension of all common sense and all definite purpose. We should therefore transfer this species of amusement--(if indeed those can be said to retire a musis, who were never in their company, or relaxation be attributable to those, whose bows are never bent)--from the genus, reading, to that comprehensive class characterized by the power of reconciling the two contrary yet coexisting propensities of human nature, namely, indulgence of sloth, and hatred of vacancy. In addition to novels and tales of chivalry to prose or rhyme, (by which last I mean neither rhythm nor metre) this genus comprizes as its species, gaming, swinging, or swaying on a chair or gate; spitting over a bridge; smoking; snuff-taking; tete a  tete quarrels after dinner between husband and wife; conning word by word all the advertisements of a daily newspaper in a public house on a rainy day, etc. etc. etc.


To that, we might contrast Jane Austen's defence of novel-reading in Northanger Abbey:

They called each other by their Christian name, were always arm in arm when they walked, pinned up each other's train for the dance, and were not to be divided in the set; and if a rainy morning deprived them of other enjoyments, they were still resolute in meeting in defiance of wet and dirt, and shut themselves up, to read novels together. Yes, novels; —for I will not adopt that ungenerous and impolitic custom so common with novel writers, of degrading by their contemptuous censure the very performances, to the number of which they are themselves adding—joining with their greatest enemies in bestowing the harshest epithets on such works, and scarcely ever permitting them to be read by their own heroine, who, if she accidentally take up a novel, is sure to turn over its insipid pages with disgust. Alas! if the heroine of one novel be not patronized by the heroine of another, from whom can she expect protection and regard? I cannot approve of it. Let us leave it to the Reviewers to abuse such effusions of fancy at their leisure, and over every new novel to talk in threadbare strains of the trash with which the press now groans. Let us not desert one another; we are an injured body. Although our productions have afforded more extensive and unaffected pleasure than those of any other literary corporation in the world, no species of composition has been so much decried. From pride, ignorance, or fashion, our foes are almost as many as our readers.

Becoming Jane


Hacia los confines del mundo

Hacia los confines del mundo

Han traducido al español, con este título, Hacia los confines del mundo, la excelente novela de Harry Thompson This Thing of Darkness.  Ya escribí una reseña de ella en español, y voy a darle forma de artículo ahora en inglés, invirtiendo el proceso.  

Dear Alice Andrews:
I just read your call for papers for THE EVOLUTIONARY REVIEW on the Psyart list, and I have a mind to contributing, if possible, with a review (an "evolutionary review", mind!) of an "evolutionary" novel, the masterful best-seller THIS THING OF DARKNESS, by Harry Thompson. This is a novel on Charles Darwin's Beagle voyage, seen mainly from the viewpoint of Captain Fitzroy, and evolution is also a major theme in the novel, not just in my critical perspective on it. I propose to deal with evolution from a narratological viewpoint —after all evolution is a process which needs narratives in order to represent it, and the roles and modes of these narratives should be examined. I propose to focus on what I call "narrative anchoring" or the nesting of narratives inside wider narratives, e.g. human narratives within biological or geological ones. This novel offers a fitting opportunity, and, as to anchoring, it also belongs to the sea novel genre of Patrick O'Brien et al.! A must-read, incidentally. Please tell me whether you would be happy with a contribution along those lines. The paper wouldn't be too long. By the way, since you mention Facebook—I've also written on blogs from an evolutionary viewpoint... but basta—let's not spread too much on this sheet!
Jose Angel García Landa
University of Zaragoza
http://unizar.academia.edu/Jos%C3%A9AngelGarc%C3%ADaLanda


De momento me han aceptado la propuesta; ahora, a trabajarse el artículo. A quien le interese el evolucionismo, le encantará la novela. No hay monos, pero es casi una monografía sobre Darwin, aparte de una lectura fascinante.

Yo no desciendo de ningún chimpancé


Docencia e investigación en Filología (J. M. Blecua)

Docencia e investigación en Filología (J. M. Blecua)

Asistí ayer a a esta lección de José Manuel Blecua Perdices, miembro de la Real Academia, en una serie de jornadas sobre docencia e investigación en las diferentes disciplinas, en el ICE de Zaragoza.  Comienza el acto con una presentación larga, divertida y entrañable por parte de Agustín Ubieto, director del ICE y antiguo compañero de José Manuel Blecua.

Se ejemplifican los problemas de la filología, el tipo de conocimientos que necesitará un filólogo, ahora o dentro de cuarenta años—mediante un comentario del prólogo a la Biblia de Ferrara. Primero, nos presenta el texto objeto de comentario en facsímil de su edición original (Ferrara, 1553). Aquí ponemos la transcripción literal:

Al letor


Escriue Tullio (prudentissimo letor) e[n] sus Officios que ninguna cosa tiene tanta fuerça a mouernos como ver alguna manera o especie de prouecho:el qual tanto mas se deue estimar quanto es menos particular:porque el proprio vtil buscanlo todos y procurar el del comun hazenlo muy pocos. Por lo qual, queriendo complazer a mi deseo que siempre fue amigo del vniuersal prouecho (aunq[ue] algunos diran que del mio : de cuyas lenguas no pretende defenderme, pues para mi tengo que no me offenden) hize trasladar la Biblia en nuestro Español, pues las otras nasciones no se pueden en este beneficio quexar de sus naturales. Porque Ytalia, Fra[n]cia, Flandes, Alemaña y Ynglaterra no carescen della : y aun en Cataluña, en nuestra España, se traslado y ymprimio e[n] la misma lengua catalana. Y como en todas las prouincias de Europa o de las mas la le[n]gua Española es la mas copiosa y tenida e[n] mayor precio: assi procuree que esta nuestra Biblia, por ser en lengua Castellana, fuesse la mas llegada a la verdad Hebrayca que ser pudiesse (como fuente y verdadera origen do todos sacaron) hazie[n]do seguir pero en todo lo posible la trasladacion del Pagnino y su Thesauro de la lengua Sancta, por ser de verbo a verbo tan conforme a la letra Hebrayca y tan acepta y estimada e[n] la Curia Romana : aun que para esta no faltaron todas las trasladaciones antiguas y modernas, y de las Hebraycas las mas antiguas que de mano se pudieron hallar : y tambien para ello procuree siempre muy sabios y experimentados letrados en la misma lengua assi Hebrayca como Latina: y aun que a algunos paresca el lenguaje della barbaro y muy differente del polido que en nuestros tiempos se vsa: no se pudo hazer otro por que queriendo seguir verbo a verbo y no declarar vn vocablo por dos (lo que es muy dificultoso) ni anteponer ni posponer vno a otro, fue forçado seguir el lenguaje que los antiguos Hebreos Españoles vsaron: q[ue] aun que en algo estraña, bien considerando hallaran tener la propiedad del vocablo Hebrayco : y alla tiene su grauedad que la antiguedad suele tener. Quanto mas que a dezir la realidad de la verdad como todas las lenguas tengan su estilo y phrasis no se puede negar que la Hebrayca tenga la suya que es la que aqui enesta trasladacion se vera: la qual no se dexo por otra por no quitar a cada vno lo suyo. Y no piense ninguno que la lectura della es como la delos otros libros que de vna o dos vezes se entienden:por que segun dizen los sabios que toda lection se deue leer diez vezes primero q[ue] se diga que se leyo : que se leyo dize y no que se entienda quanto mas la sagrada escriptura ado tiene el que fuere sabio necessidad de desuelarse enella para penetrar algo de las muy altas sentencias y ocultos misterios que en ella se encierran _ lo que para muy pocos o quasi ninguno sera : q[ue] la escriptura sagrada tiene pocas palabras muchas sentencias y muy dulces y prouechosas doctrinas: y tanto conforme a lo que dize el Señor por boca de Yehosuah cap. .j. No se tire libro dela ley esta de tu boca y leeras enel de dia y denoche para que guardes y hagas como todo lo que escrito enel que entonces prosperaras tu carrera y entonces entenderas. Leala cadavno para el efecto que quisiere que las palabras del Señor nunca lo truxero[n] malo : en lo de mas yo quedo seguro (si con verdad lo puedo dezir) dela confusion que juizios diuersos pueden sembrar, pues la obra no puede tener defecto en si : y los de la traduccio[n] no son tales que los discretos lo reprehendan en ninguno, pues —como ya dixe— el phrasis es de la misma lengua y los ladinos tan antiguos y sentenciosos y entre los Hebreos ya conuertidos como en naturaleza. De do nascio que algunos que presumen de polidos quisieron desenquietar y hazer tornar atrás este tan prouechoso trabajo diziendo sonarian mal en las orejas de los cortesanos y sotiles yngenios : pero estimando sus pareceres como de personas maleuolas y detractoras la hize sacar a la aluza sometiendo siempre los yerros y fatas a la correction de los que mas saben. Y es de notar que en los lugares en los que se viere esta estrella * es señal que ay duda en la declaracion del vocablo y alguna vez diuersos pareceres : los quales aun q[ue] tiren a vn fin han querido siempre seguir el parecer de lo que mejor asentaua la letra y mas co[n]forme a nuestra lengua : los quales espero juntamente salgan a la luz con los Apocriphos que no son del Canone Hebrayco, sintiendo este mi trabajo ser agradable. Y donde hallaren estos medios circulos ( ) notaran que lo de dentro dellos es fuera de la letra Hebrayca : mas empero es traydo por los sabios para declaracion del sensu. Y hallaran tambien una .A. con dos puntos, el qual es señal del Santo nombre del Señor Tetragrámaton.

Para la comprensión de los textos es crucial tener un conocimiento de la oposición entre oralidad y escritura, y del desarrollo de la cultura escrita. Ong y Havelock retoman el debate entre Abercrombie y T. S. Eliot sobre la diferencia entre el lenguaje oral y escrito.

Ong distingue oralidad primaria (la de las culturas sin escritura) y secundaria (la que coexiste con le escritura y está en interacción con ella). Introduce el concepto de grafolectos, lenguas mediadas por la escritura (así, el inglés escrito no es lo mismo que el inglés hablado). Hay sólo 106 lenguas con escritura, sólo 78 con literatura. El universo oral crea contenidos adaptados a la oralidad (mitos, etc.).

Havelock, La musa aprende a escribir. Escritura como habla almacenada. Se pregunta, ¿por qué Platón destierra a los poetas? Por conservadores y acríticos: la oralidad es conservadora, no puede volver críticamente sobre los textos. Puede cambiar la tradición pero de modo acrítico. La revolución de la escritura abre la posibilidad del pensamiento crítico y abstracto (filosofía, etc.).  (Sobre todas estas cuestiones también hablamos en este blog en la reseña del libro de McLuhan La Galaxia Gutenberg).

La oralidad sigue reapareciendo a través de la escritura (Havelock), e.g. las parábolas, dichos, en la Biblia… o las genealogías del Génesis, asociadas todavía a una mnemotecnia de la oralidad.

Otra cuestión, además de la cultura de la escritura: conviene a los estudiantes conocer cómo ha sido la historia de la educación. Cómo se ha enseñado a leer, a escribir, a hablar… E.g. los libros de Marrou, Delgado Criado (Historia de la Educación en España). Hasta 1885 no cambió en líneas generales el enfoque tradicional a la educación basado en la formación clásica. La enseñanza se basaba en la declamación de las lecciones, la repetición, pasando luego el estudio de los clásicos, y a partir de allí el comentario de texto, clave de la educación clásica, incluyendo la lectura expresiva con fijación del texto, la explicación literal del sentido, la literaria, y por fin el juicio valorativo sobre el texto.

En la Ferrara del siglo XVI se da el encuentro de dos tradiciones: la retórica clásica, la tradición escolar, y la cristiana. Praeexercitamenta: La narratio procede del ámbito judicial. Se enseñaba a hablar y a escribir el latín a la vez, con ejercicios prácticos.

La Biblia de Ferrara cuyo prólogo comentamos fue cambiando a lo largo de la tirada de su edición. Hay que tener consciencia de la puntuación original, que es diferente tal como se aprecia en el facsímil: el origen de los dos puntos (colon) es marcar las principales secciones del período (marcado por puntos), subdivididas luego partes menores separadas por coma. (En un ejemplo que proporciona el conferenciante, de Fray Luis de León, se aprecia la estructura organizada de la frase periodica: cada una  de las frases es un colon, y cada inciso menor va marcado por una coma. Gutenberg utiliza los dos puntos de esta maner en su Biblia, y Nebrija en su gramática.

Se subrayaba la misión didáctica del escritor, tradicional en la enseñanza clásica (tal como se aprecia en el prólogo a la Biblia de Ferrara).

La doble vocal que se aprecia en el texto representa en la tradición judaica la vocal acentuada. (Subraya Blecua la importancia formativa para estudiantes, y también para el investigador, de conocer la grafía original, y de apreciar el facsímil). Cf. la referencia que se hace a "la verdad Hebrayca" (un concepto de la teoría traductológica de San Jerónimo)..  Subraya el autor la importancia de traducir de verbo a verbo, traducción literal (algo muy difícil de hacer bien), tradición ésta mantenida hasta 1900. Hay una alusión a los criterios de la Curia Romana… Se aprecia aquí un intento curioso de ponerse a resguardo de la Inquisición y salvaguardar el libro (Jovellanos tuvo un ejemplar de esta Biblia, y se conservan muchos de esta Biblia de Ferrara de 1553). (Margherita Morreale, "Biblia romanceada y diccionario histórico", un artículo en forma de carta que estudia las traducciones bíblicas renacentistas).

Los criterios sobre la traducción recuerdan a San Jerónimo: se traduce conservando hasta el número de palabras y el orden —"Porque el orden trae misterio", que es un criterio de San Jerónimo. (Aquí se refiere sin duda a la cualidad especial de la escritura de la Biblia como texto sagrado que significa de un modo propio y contiene revelaciones que otros textos no contienen). La propiedad es el significado preciso, También habla el autor de la "gravedad" de los textos clásicos conservada en la traducción. Se intentan conservar los usos idomáticos del hebreo, su fraseología, sin traducir por frases equivalentes. Y se justifica el uso de "los ladinos": las construcciones sintácticas típicas de la lengua de los judíos españoles.

Va firmado el texto por dos personas que cambian de nombre a lo largo de la edición: Jerónimo Vargas y Duarte Pinel, de origen judío portugués y español respectivamente. Llama la atención Blecua sobre algun variante fundamental en la tirada, así en la traducción de Isaías 7.14: "alma": se traduce por "moza", según la tradición judía, y por "virgen" según la tradición cristiana. Los libros van dedicados a dos personas distintas. En la edición lujosa, dedicado a Dª Gracia Nasi, una gran dama de la aristocracia de Ferrara, figura "moza" evitando el término "virgen".

Sugiere Blecua también mostrar un ejemplo de concordancia bíblica, de los textos auxiliares que acompañaban a la Biblia. (Una desmenuzamiento sistemático del texto que ya era posible, con mucho trabajo, antes del ordenador).

Importancia de estudiar los impresores: Abraham Usque (también judío, por supuesto) imprimía libros dedicados a Dña Gracia Nasi (estudiados por Bataillon, "¿Melancolía renacentista o melancolía judía?")". Poemas, novelas sentimentales, etc. Bataillon parte de la hipótesis de Américo Castro, que los judíos conversos habían buscado en el mundo de la novela sentimental una huída de su desagradables circunstancias. Los Usque están también en una constelación de tradiciones: los conversos, traductores huídos seguramente de la Inquisisión establecida en Portugal en los 1550. Vemos a través de este prólogo el contexto histórico a través de sus referencias y lenguaje. Esta biblia fue muy leída en especial en el contexto de la diáspora judía, y podemos comentar a través de este prólogo cuestiones propias de la tradición hebraica, como la referencia al nombre de Dios que no se debe pronunciar.

Para Blecua, en el comentario de texto "el texto va hablando solo, sólo hay que dejarlo que hable". Y así se aproxima la investigación a la docencia: conocimiento de las técnicas de la escritura, de la traducción, y ver cómo se construye el texto. A partir de allí llegamos al texto como cosa viva, planteándose problemas teóricos (como decía Claudio Guillén) que nos llevan a su contexto histórico y a la experiencia vivida de las personas que lo escribieron. Es crucial que el estudiante vea cómo cada aspecto del comentario de texto nos puede llevar a plantearnos esos problemas teóricos, que también surgen para el investigador. 

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REFERENCIAS

Álvarez, Manuel M., M. Ariza, and J. Mendoza. "La lengua castellana de la Biblia de Ferrara." En Introducción a la Biblia de Ferrara: Actas del Simposio Internacional, Sevilla, noviembre de 1991. Ed. Iacob M. Hassán. Madrid: Universidad de Sevilla / CSIC, 1994. 205-524.

Bataillon, Marcel. "¿Melancolía renacentista o melancolía judía?" En Varia lección de clásicos españoles. Madrid: Gredos, 1964. 39-54.

Biblia de Ferrara. Facsímil de la ed. de 1553. Madrid: Sociedad Estatal del V Centenario, 1992.

Biblia de Ferrara. Ed. e introd. Moshe Lazar. Madrid: Biblioteca Castro, 1996.

Blecua Teijeiro, José Manuel. "Notas para la historia de la puntuación en España hasta el Renacimiento." En Homenaje a Julián Marías. Madrid: Espasa-Calpe, 1984. 119-30.

Cayuela, Anne. Le paratexte au Siècle d’Or: Prose romanesque, livre et lecteurs en Espagne au XVII siècle. Genève: Droz, 1996.

Concordantiae Bibliorum Sacrorum Emedatae. Sacrarum Bibliorum Vulgatae Editionis. Venecia, 1758.

Delgado Criado, Buenaventura, ed. Historia de la Educación en España y América, II: La educación en la España moderna (siglos XVI-XVIII). Madrid: Fundación Santa María / Ediciones SM / Ediciones Morata, 1993.

Goode, Helen Dill. La prosa retórica de Fray Luis de León en LOS NOMBRES DE CRISTO: Aportación al estudio de un estilista del Renacimiento español. Madrid: Gredos, 1969.

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Havelock, Eric A. La musa aprende a escribir: Reflexiones sobre oralidad y escritura desde la Antigüedad hasta el presente. 1986. (Paidós Studio 114). Barcelona: Paidós, 1996.

Lavid, Julia. Lenguaje y nuevas tecnologías: Nuevas perspectivas, métodos y herramientas para el lingüista del siglo XXI. Madrid: Cátedra, 2005.

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Marrou, Henri-Irénée. Historia de la educación en la Antigüedad. Madrid: Akal, 1985.

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Ong, Walter. Oralidad y escritura: Tecnologías de la palabra. México: FCE, 1987. Rpt. 1996.

Santiago, Ramón. "Apuntes para una historia de la puntuación en los siglos XVI y XVII." En Estudios de grafemática en el dominio hispánico. Ed. José Manuel Blecua, Juan Gutiérrez and Lidia Sala. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca. 243-80.

Sebastián, Fidel. Puntuación, humanismo e imprenta en el Siglo de Oro. Vigo: Academia del Hispanismo, 2007.


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En la sesión de preguntas, las Dras. Lacarra y Egido hacen algunas observaciones sobre la adecuación de la modalidad de transcripción que se haga del texto, con vistas al estudiante, o a la edición del texto, el tipo de edición.... los editores desde luego no suelen ser muy favorables a una transcripción fidedigna, prefiriendo las modernizaciones.

Por mi parte, yo pregunto al Dr. Blecua siguiendo mi propia línea de preocupaciones.

Si los problemas teóricos que es deseable que surjan y se planteen como objeto de estudio y formación para el filólogo van apareciendo a través del trabajo sobre el texto, quiere decir que en cierto modo "no estaban" antes de que llegasen a verse. Al igual que cada maestrillo tiene su librillo, cada investigador verá sugeridos en el texto sus propios problemas (por supuesto referidos al texto, contexto, etc.), problemas que quizá los estudiantes u otros investigadores no hayan llegado a plantearse—problemas por tanto que están y no están en el texto. Pues bien, ¿cuál es el límite de esto, cuál es el alcance de los problemas de que se puede ocupar la Filología como tal Filología? Porque Blecua ha tratado de cuestiones "propiamente filológicas", pero un mismo texto podría sugerir a alguien otras cuestiones que escapan al ámbito tradicional de la Filología.

Blecua responde admitiendo que desde luego cada investigador puede ver sugeridas en el texto cuestiones de muy diversa índole, filológicas o no filológicas, y que él admite plenamente la validez de esas cuestiones.

Entonces, me pregunto y le pregunto, ¿Cómo compromete eso a la coherencia o unidad de la Filología en tanto que disciplina? ¿Habría que concebirla con límites borrosos, en direcciones diversas según cuál sea el filólogo en cuestión que se ocupe de un texto?

Me hacía pensar en estas cuestiones una definición de Filología muy bonita que cito a veces en clase, la del Diccionario de Autoridades, que reza así:

PHILOLOGIA. s.f. Ciencia compuesta y adornada de la Gramática, Rhetórica, Historia, Poesía, Antigüedades, Interpretación de Autores, y generalmente de la Crítica, con especulación general de todas las demás Ciencias. Es voz Griega. Lat. Philologia.


—Es esa especulación general de todas las demás Ciencias la que a la vez "adorna" a la Filología y compromete su coherencia.

Quizá la respuesta a esta cuestión esté en ya en el planteamiento que ha hecho Blecua desde el principio sobre el tema de la conferencia, docencia e investigación en Filología, poniendo el énfasis en cuestiones propiamente filológicas, o tradicionalmente filológicas, que luego pueden servir de base a otros excursos interpretativos. Y, sobre todo, en esas dos cuestiones que ha subrayado: la semiótica de la oralidad y la escritura—las tecnologías de la palabra—por una parte, y, por otra, el conocimiento de la propia tradición educativa (universitaria, crítica, filológica, etc.) y de su transformación histórica. Quizá la Filología deba estar estudiándose continuamente a sí misma, a su núcleo central, a su tradición, y a sus innovaciones recientes—manteniendo así su coherencia a la vez que se abre a la especulación general de todas las demás Ciencias.

Comentario de textos literarios
 


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Fragments of an argument with an anti-Stratfordian

Fragments of an argument with an anti-Stratfordian

In the Shakespeare group in LinkedIn: trying to argue with someone who holds that there is no evidence to connect "the Stratford businessman" with "The Globe Theatre", that lots of other works have been unduly ascribed to Shakespeare anyway, that William Herbert and Mary Fitton wrote the sonnets... But one might as well discuss the angel Mormoni with a moron.

I begin rather hopefully though, with the basics on this issue:

—I will just note that this issue is a celebrated addle-brained locus, comparable to UFO abductions etc. It is not an issue at all in Shakespeare scholarship - the one done by scholars, I mean.

... but the argument goes on:

Well, all this has been said before, but anyway. The Sonnets were signed on the front page of the 1609 Quarto, but they were signed by Shakespeare, not by Mary Fitton or William Herbert. I am not aware that anyone is trying to ascribe "Sir John Oldcastle" to Shakespeare any longer. As to "The Passionate Pilgrim", we know it was a piratical venture which gave rise to Shakespeare’s protest and to a cancellation of the title page.... etc. Can you show the "signatures" on the sonnets you mention? I confess they are beyond my interpretive powers.


(...)

—The logic behind your theory is wobbly. Why assume that a well-known author known as William Shakespeare to all his contemporaries shouldn’t be the author of a work called Shake-Speare’s Sonnets, given that none of his contemporaries ascribes the poems to Herbert, and all known testimonies ascribe the poems to Shakespeare? You might as well argue they were written by the Earl of Southampton. Why not? Or by Francis Bacon. Or by Queen Elizabeth, they might be posthumous. Or you might assume (perhaps you do) a gigantic plot by hundreds of unrelated people to make the world believe that there was someone born in Stratford called Shakespeare, that he made a fortune as actor, playwright and theatre owner in London... all a gigantic fiction! And perhaps his friend Hamnet didn’t exist either. Why shouldn’t we think so?

Oh—and we haven’t seen the signatures in Sonnets 121 / 123 / 124 yet.

(...)

—Backward-reading indeed—and you think you find a bit of Mary Fitton’s name somewhere in the Sonnets. But you may as well go and read the Bible backwards, and no doubt you will find some lonely insight about its Shakespeare, or Oxfordian, authorship—somewhere. You say there is no documentary connection between the Stratford Shakespeare and a famous London playwright. Well, I’m afraid you need to do some serious reading, which I can’t do for you. I can only advise you to go and begin with the introductory material to the First Folio, or go and read Shakespeare’s monument at Stratford. Otherwise, I can’t think I can be of much help, so I’ll just wave good-bye to this discussion.

But he still goes on: "Nowhere does it say Shakespeare’s monument. The words are Stratford moniment which could just as well mean muniment, a place where old documents and books are kept. Too many people hide behind rhetoric and bluster, show me the evidence I asked for - I know you cannot."

—This is really getting too silly, Ben. Leonard Digges’s poem, which speaks of "thy Stratford moniment", is addressed to "To the Memorie of the deceased Authour Maister W. Shakespeare", in a volume of his works performed by the King’s men and published by two members of that company. If you are trying to play some kind of joke please quit because I’m stopping here. And if you aren’t... well then God help your wits. I can only wish that in your everyday life you are better than this at reading evidence. All best wishes, anyway.


(Makes you skeptical about online discussion groups, yes it does).


Ever fixèd mark

 

Cognitive Johnson

A question by Tony Jackson on the Narrative-L, and one possible answer I suggest:

—"How could we make the judgment that some metaphors are better than others unless we have somewhere in mind the notion that at some point in fact it's not just metaphor but some kind of actuality?"

As a partial answer to Tony Jackson's question, I think one should reconsider Samuel Johnson's discusson of wit in his "Life of Cowley":

If wit be well described by Pope, as being "that which has been often thought, but was never before so well expressed," they certainly never attained, nor ever sought it; for they endeavoured to be singular in their thoughts, and were careless of their diction. But Pope's account of wit is undoubtedly erroneous: he depresses it below its natural dignity, and reduces it from strength of thought to happiness of language.

If, by a more noble and more adequate conception, that be considered as wit which is, at once, natural and new, that which, though not obvious, is, upon its first production, acknowledged to be just; if it be that, which he that never found it, wonders how he missed; to wit of this kind the metaphysical poets have seldom risen. Their thoughts are often new, but seldom natural; they are not obvious, but neither are they just; and the reader, far from wondering that he missed them, wonders more frequently by what perverseness of industry they were ever found.

But wit, abstracted from its effects upon the hearer, may be more rigorously and philosophically considered as a kind of "discordia concors;" a combination of dissimilar images, or discovery of occult resemblances in things apparently unlike. Of wit, thus defined, they have more than enough. The most heterogeneous ideas are yoked by violence together; nature and art are ransacked for illustrations, comparisons, and allusions; their learning instructs, and their subtilty surprises; but the reader commonly thinks his improvement dearly bought, and, though he sometimes admires, is seldom pleased.


From Johnson's phrasing one might deduce that "wit is in the air"---that is, there is a communal pre-perception or readiness to acknowledge a perceived relationship as witty once it is established. That may involve some expenditure of semiotic energy, or intertextual power sometimes, on the part of the person who coins the metaphor, but part of the work was already done by the groundwork, or the situation, or a general perception of the way things are---now we know, now we see. It is a cognitive-psychological definition, /avant la lettre,/ of metaphor and wit as an instrument of cognition and communal awareness, of semiotic linking as a mode of social communication. Consciousness and cognition are big issues in Johnson's definition of true wit.


The Enthusiastick Fit