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Literatura y crítica

Enriques Quintos y la guerra de agresión

Enriques Quintos y la guerra de agresión

Me llega por fin el libro Books in Motion: Adaptation, Intertextuality, Authorship, editado por Mireia Aragay (Amsterdam y Nueva York: Rodopi, 2005) , en el que aparece un capítulo mío sobre las adaptaciones cinematográficas de Enrique V de Shakespeare, "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Symbolic Interaction with Henry V". Traduzco el abstract:

Este capítulo enfoca la adaptación desde una perspectiva hermenéutica, específicamente una hermenéutica post-estructuralista del discurso, informada por el interaccionalismo simbólico. La relación intertextual entre un producto cultural (por ejemplo una obra teatral) y su adaptación o adaptaciones a la pantalla se analiza como una intervención realizativa sobre una formación discursiva preexistente, que incluye tanto el producto o texto original como los discursos que lo usan, se originan en él, derivan de él o lo rodean. Esta intervención es tanto una interpretación como una apropiación del texto original. Como otras modalidades intertextuales (traducciones, lecturas críticas) , las adaptaciones producen una transformación retroactiva del original, no en sí mismo, sino más bien en tanto que es usado y comprendido en contextos específicos de interacción comunicativa. Estas cuestiones teóricas se exploran con atención especial a las adaptaciones cinematográficas shakespeareanas, en concreto las principales películas sobre Henry V, la de Laurence Olivier (1944) y la de Kenneth Branagh (1989) y el tratamiento que dan a la violencia y la guerra en contextos diversos. Se propone una perspectiva "resistente" sobre las adaptaciones shakespeareanas.

Y éste es el final del artículo:

Quizá sea una lástima que la dinámica del patriotismo agresivo parece ser un arma de dos filos, y que en ausencia de un Hitler que corresponda al Pétain encarnado por el rey francés [en la película Henry V de Laurence Olivier], Henry resulte encarnar hasta cierto punto tanto la justicia agresiva de los Aliados como la locura agresiva de los nazis — una lectura de la obra que ciertamente no sería en modo alguno apreciada por Olivier.

Tras una escena tipo "Kiss me Kate" que extrae cierta energía intertextual de La fierecilla domada del propio Shakespeare, un Henry muy pagado de sí se dirige a la princesa Catherine, personificación de la Francia conquistada, como sigue: "Te diré en voz alta, ’Inglaterra es tuya, Irlanda es tuya, Francia es tuya (...)". La alusión a Irlanda entre Francia e Inglaterra es reveladora. El paralelo simbólico de Henry para el propio Shakespeare era el conde de Essex, objeto de una rara alusión a la política contempránea por parte de Shakespeare. A Essex, a quien la obra imagina "volviendo de Irlanda, / trayendo a la Rebelíón ensartada en su espada" (5.0), le pararon los pies los rebeldes irlandeses poco después de la representación de la obra de Shakespeare — sería el primer paso en el camino de Essex hacia el cadalso, an unworthier scaffold. No es sorprendente que tanto el Quarto de Henry V publicado en 1600 como la película de Olivier (y, quizá con más razón, la de Kenneth Branagh, irlandés de origen) evitan cualquier alusión a Essex o a los rebeldes irlandeses — aunque estos elementos problemáticos de la obra de Shakespeare habrían de ser, precisamente, los que atrajesen la atención de una adaptación que quisiese entrar a tratar con la obra a fondo, en lugar de esterilizarla, o de utilizarla para preparar papillas patrióticas.

Un análisis de las reacciones críticas subsiguientes a Henry V no debe perder de vista ni los contextos de producción originales de la obra y de las películas, ni tampoco el contexto actual de la discusión crítica, que una vez más no permite que la cuestión de la guerra de agresión se pase por alto. Testimonio da de eso, en el caso presente, que mientras este volumen estaba en preparación, tanto Gran Bretaña como España estaban apoyando activamente una política estadounidense de guerra agresiva e invasión, con final abierto, contra "el enemigo invisible", una guerra que naturalmente arrastra consigo su buena medida de tinta de calamar retórica, manipulaciones de los hechos, e intereses inmencionables. El giro que se ha producido este año [2004] hacia un orden internacional basado en el poder y su derecho a la agresión, en lugar del derecho a no sufrir agresión, es notable; quizá lo sea aún más en los países en los que ya ha costado muchas vidas. Y es una cuestión que no se puede ignorar, pues es el trasfondo de cualquier contexto en el que podamos decidir hoy qué estamos tratando.

Un enfoque crítico que sea consciente del tratamiento que dan a la ideología de la violencia los iconos culturales (o, lo que es lo mismo, un enfoque crítico que quiera llamar la atención sobre esta cuestión) tomará nota de los énfasis ideológicos, las omisiones y las elecciones que emergen en la dinámica intertextual e interaccional de la producción de significado, ya sea a través de la adaptación o a través de las lecturas críticas. Los énfasis, omisiones, y elecciones ideológicas de nuestra propia perspectiva emergen para otros, y a otros corresponde el señalarlos. Terminaré adaptando la frase de T. S. Eliot, sosteniendo que el destino de toda apropriación es ser apropiada de nuevo. O, por decirlo de otra manera: nunca te fíes del narrador, fíate de la historia. Pero no de la historia que te han contado: fíate de la historia completa.

Quiasmo

A un poema que nos escribe "La Guiri" en su blog On Poetry and Culture Shock le propongo otro simétrico; ella pone el suyo en español y lo traduce al inglés; aquí van los dos, el suyo en español el mío en inglés, por conservar la simetría.

Los hombros de la violonchelista,

Curvas blancas.

No recuerdo la música.

 

At long last we made love-

Somehow it seems like a fake memory, but

There was a lovely tune on your radio.

Michel Butor: poesía y novela

Qué placer leer a Michel Butor, escriba lo que escriba... Hace poco me leí la Historia Extraordinaria, análisis biográfico-psicoanalítico de un sueño que liga a Baudelaire y a Edgar Allan Poe. Fascinante. Ahora he terminado sus Essais sur le roman, escritos en los primeros años 60, crítica auténticamente exploratoria entonces, y que por tanto sigue siéndolo, pues a las cosas buenas el tiempo las enriquece retroactivamente. Dos palabras sobre poesía y novela voy a citar:

La poesía se despliega siempre en la nostalgia del mundo sagrado perdido. El poeta es el que se da cuenta de que el lenguaje, y con él todas las cosas humanas, está en peligro. Las palabras corrientes ya no tienen garantía; si pierden su sentido, todo empieza a perder su sentido – el poeta intentará devolvérselo. (36, traduzco)

Así un poema puede sacralizar, eternizándolo, un momento sagrado de la existencia, una epifanía. Y es una nostalgia que, a través del deseo, critica la realidad para proponer su transformación (38).

El novelista, en cambio, trabaja con lo cotidiano, lo prosaico; pero reelabora lo prosaico y lo cotidiano de manera que a través de su forma aparece una nueva forma de poesía, una poesía reflexiva que se ve a sí misma surgir a partir de lo cotidiano; la novela busca integrar en su estructura "todo lo que pensábamos en un principio que carecía de interés" (46) -- lo que Beckett llamaba el caos.

El novelista es así el que ve que se está esbozando una estructura en lo que lo rodea, y el que va a perseguir esa estructura, hacerla crecer, perfeccionarla, estudiarla, hasta el momento en que sea legible para todos.
Es el que ve que las cosas a su alrededor empiezan a murmurar, es quien va a llevar ese murmullo hasta la palabra (...)
La poesía novelesca es, pues, aquello a través de lo cual la realidad en su conjunto puede tomar consciencia de sí misma para criticarse y transformarse. (47).

Estas ideas de Butor tienen mucha relación con la hermenéutica: cómo el lenguaje reposa sobre un silencio de las cosas que sin embargo ya es significativo, y cómo la palabra reelabora la situación prelingüística que le sirve de base y la hace posible en primer lugar. La novela, como la palabra, tiene así una dimensión retroactiva/reelaboradora que a menudo pasa desapercibida. Esta perspectiva también se podría poner en conexión con las teorías del mundo humano como emergencia (en la línea de George Herbert Mead). Y, como Oscar Wilde, Butor considera que la labor del novelista - del artista - es crucial: las grandes obras "transforman la manera en que vemos y contamos el mundo, y por consiguiente transforman el mundo" (112). Butor no teme volverlo más complejo con su escritura difícil, sus matices sutiles y sus frases de articulación compleja: el mundo mismo ya nos está pidiendo complejidad.

La historia del fracaso del plan

De la clase de hoy sobre Shakespeare. Para analizar un argumento es muy importante ver la manera en que interactúan dos principios: 1) el deseo, la voluntad, los planes y proyectos de los personajes, la fantasía. 2) La necesidad, el azar, las fuerzas del mundo y de la naturaleza, el principio de realidad, la contingencia incalculable de las cosas.

A veces un personaje (pongamos Ricardo III, o Yago) es capaz de trazar hábiles planes, que diseñan un futuro a la medida de su deseo, y van plegando voluntades, manipulando personas o sorteando obstáculos, haciendo que la realidad vaya tomando forma de acuerdo con su plan. Son pequeños dramaturgos dentro del drama, y la atención y deseos de los espectadores se fija en ellos, hipnotizada: ¿será posible que lleve a cabo sus planes?

En un argumento, normalmente los planes no se llevan a cabo tal como fueron pensados: intervienen la contingencia o la necesidad que dan al traste con los planes del urdidor. A veces sólo para permitirle salir adelante más airosamente, haciendo gala de su capacidad de improvisar (la serendipia en Othello). Al fin, los planes de los hombres fracasan y se impone el futuro, siempre inesperado y sorprendente. Es esta lucha entre la trama urdida por un personaje y la trama urdida por el conjunto de las cosas (y de los planes de otras personas) lo que hace a una historia digna de ser contada. Cada lucha es única, pues siempre se desea y se planea en circunstancias únicas, aunque sean similares a otras, y cada plan fracasa por circunstancias imprevistas que también forman una conjunción irrepetible. Una perspectiva retrospectiva en la narración puede enfrentar paso a paso al plan con las circunstancias que lo harán fracasar -- visibles desde el punto de vista del narrador. En el teatro, esas circunstancias emergen inopinadamente, aunque el conjunto de la obra también tenga un diseño retrospectivo.

Aun cuando estemos hablando de una comedia, y el plan llegue a un cierto éxito final, siempre lo hará tras giros imprevistos, por circunstancias imprevistas, y habiendo adoptado una forma que no era la originalmente pensada.

Nada de nada

Variando sobre el poema de Valente :

Dijo Dios: - Brote la Nada.
Y alzó su mano derecha,
Pero no le salió nada.
Y quedó la Nada hecha.

Así reescrito da menos esse est percipi, pero a cambio queda claro que hasta los fracasos dejan huella —por insignificante que ésta sea. Si no, no estaríamos aquí hablando de nada. Ah, y que no se me eche en cara que utilizo dos veces la misma rima, porque nada no cuenta. Let there be lightness.

Relectura y nuevos significados

Hoy me llega, por fin, el libro sobre Gadamer donde salía mi capítulo titulado "La espiral hermenéutica" (Hans-Georg Gadamer:. Ontología estética y hermenéutica. Ed. Teresa Oñate y Zubía. Cristina García Santos. Miguel Ángel Quintana Paz. Dykinson, Madrid, 2005). Pongo aquí un trozo, sobre la crítica como interacción conversacional:


Siguiendo a Gunter (1974), Goffman observa que los participantes en una interacción comunicativa, o bien el analista que la examina a posteriori, no pueden predecir en qué consistirá el siguiente movimiento en un intercambio comunicativo dado, sino que sólo se puede establecer retrospectivamente la conexión temática entre las dos enunciaciones.

what is available to the student (as also to the actual participants) is not the possiblity of predicting forward from a statement to a reply—as we might from a cause to its effects—but rather quite a different prospect, that of locating in what is said now the sense of what it is a response to. For the individual who had accepted replying to the original statement will have been obliged to display that he has discovered the meaningfulness and relevance of the statement and that a relevant action is now provided. (Goffman 1981: 33)

A veces el sentido que se descubre retrospectivamente y se trae a la luz mediante la respuesta no es un sentido intencional en origen. Por ejemplo, con nuestra respuesta podemos descubrir retrospectivamente juegos de palabras o sentidos obscenos no intencionados en las palabras de nuestro interlocutor, llamando la atención sobre ellos. Aún más: la respuesta, verbal o no, puede referirse a un elemento no verbal de la actuación comunicativa del primer interlocutor, con lo cual cada turno conversacional resalta retrospectivamente aquellos elementos de la intervención previa del otro interlocutor a los que elige responder el hablante: “And what conversation becomes then is a sustained strip or tract of referencings, each referencing tending to bear, but often deviously, some retrospectively perceivable connection to the immediately prior one” (Goffman 1981: 72). Goffman observa que el uso del lenguaje hablado no descansa sobre una estructura verbal de turnos conversacionales, sino sobre una secuencia interactiva en la que la acción no verbal es primordial, y la verbalización interviene con frecuencia como un modo de posicionar a los hablantes explícitamente sobre la base de una interacción no verbal previa. Aquí podríamos decir también, como hacía Trotski parodiando el comienzo del Evangelio de San Juan, que “in the beginning was the deed. The word followed, as its phonetic shadow” (1971: 827).

Hemos señalado que, de acuerdo con Goffman, una respuesta puede referirse a elementos no verbales de la interacción comunicativa, y contribuir así a reelaborar o reconducir la interacción. Especifiquemos algo más: la respuesta a elementos no verbales puede estar más o menos verbalizada. Una respuesta que formule verbalmente elementos no explícitamente verbalizados se puede interpretar en un análisis lingüístico como un cambio en el tema de la conversación (en la medida en que restringimos la noción de tema a la coherencia de lo verbalmente expresado, y no de lo expresado en general). Aquí podemos introducir una observación sobre diferentes tipos de no verbalidad que pueden estar sujetos a reinterpretación interactiva. Por una parte están los fenómenos no lingüísticos o paralingüísticos, proxémicos, los gestos, el tono, etc., que son el objeto del análisis de Goffman, ya que sus estudios se dirigen siempre a los aspectos presenciales de la interacción. Por otra parte, este proceso interpretativo retroactivo tiene lugar también a la hora de comprender la información no codificada, y la no explícitamente tematizada, que son así un tipo de “gestualidad” lingüística, aunque se presenten en forma verbalmente accesible—como estilo individual, o como la forma concreta dada al mensaje. Muchas modalidades de interpretación literaria pueden explicarse, al menos en parte, siguiendo esta línea de razonamiento. Se trata de reelaboraciones retroactivas en el curso de un un diálogo diferido con la obra original o con otras lecturas de esa obra (aquí es el crítico quien delimita quiénes son los participantes “ratificados” en la interacción crítica concreta). El crítico puede, a la manera de lo que suelo denominar “crítica amistosa”, elaborar un discurso crítico que no tematiza elementos no tematizados por el autor, o si lo hace, son temas ideológicamente consonantes con el tema de la obra o subordinados a él. Por otra parte, lo que Judith Fetterley llama “resisting reading” y que podríamos llamar crítica crítica, o crítica confrontacional, trata más bien de hacer verbalmente explícitos elementos “gestuales” estilísticos o ideológicos que son disonantes, ya sea con la temática explíticamente propuesta por la obra, o con las valoraciones del propio crítico.

(...)

Los procesos de relectura se prestan especialmente bien a una elaboración retrospectiva del tema, precisamente por su efecto acumulativo. De hecho, toda crítica es relectura. Las lecturas críticas de un texto en cierto modo “destematizan” el texto a la larga, de modo que por la necesaria originalidad de la lectura crítica, hay aspectos de las obras clásicas que se agotan o se vuelven “intratables”; y esa misma intratabilidad hace que sean recuperables tramas de lectura que no hubieran sido posibles o relevantes en primera instancia. Una lectura crítica crea pues un complejo intertextual tanto con el texto objeto de análisis como con lecturas críticas anteriores: son éstas relaciones intertextuales las que deben ser descritas en el análisis de un discurso crítico. En esta intertextualidad descansa la tematización del discurso crítico y su capacidad para formular explícitamente relaciones imperfectamente percibidas antes, y para intervenir retroactivamente en la significación de textos literarios o críticos anteriores.

Con ello no señalamos sino aspectos complementarios de un principio básico la hermenéutica textual que Gadamer ya encuentra expuesto con claridad en Chladenius: “‘Como los hombres no son capaces de abarcarlo todo, sus palabras, discursos y escritos pueden significar algo que ellos mismos no tuvieron intención de decir o de escribir’ y por lo tanto ‘cuando se intenta comprender sus escritos puede llegar a pensarse, y con razón, en cosas que a aquellos autores no se les ocurrieron’”. O, en palabras del propio Gadamer, “cuando se comprende, se comprende de un modo diferente” (1977: 367)—sin que ello sea obstáculo a la dimensión conversacional que existe en toda dialéctica de la comprensión (Gadamer 1977: 445-47). Hay que enfatizar que ésta es una conversación a múltiples bandas, no sólo un diálogo entre el autor del texto y el lector. Y es una conversación que produce sentido, más allá de desvelarlo o cerrarlo. “Mal hermeneuta”, dice Gadamer, “el que crea que puede o debe quedarse con la última palabra” (1977: 673). Y mal conversador...

José Ángel Valente, La experiencia abisal

JOSÉ ANGEL GARCÍA LANDA 

 

 

"La singularité est subversive" (Jabès).

Recoge este libro (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2004) reseñas y ensayos de José Ángel Valente desde los últimos 70 a los últimos 90, sobre una constelación de temas pero con bastantes líneas recurrentes: el interés por el misticismo, por la exploración de la conexión entre lenguaje y pensamiento (o poesía y filosofía), por la huella oculta del judaísmo en el pensamiento, así como por la historia de su marginación y exclusión. Por la relación entre poesía y exilio (o poesía y distintos tipos de exilios).

Como en su propuesta de lectura de Lezama Lima, sería "la dirección de marcha" para leer este libro "acaso la única lectura posible: constituirse en fragmento susceptible de recibir la imantación del centro, para ir a éste como van los fragmentos a su imán" (p. 18). Y así lo he leído, fragmentaria y reiterativamente, aunque (como en un blog) el centro va cambiando a medida que lees, o que escribes. "La araña, como el pulpo, es símbolo de un centro en expansión" (p. 19). Casi todos los autores comentados están en esta línea místico-hermenéutica judía, tradición en la que quiere ser visto el propio Valente (enemigo de las escuelas de contemporáneos, p. 91, y en cambio deseoso de trazar una tradición, un grupo de no contemporáneos que sólo se encontraron en la lectura, no en el Café Gijón). Algunos puntos en común también he encontrado con cosas que me han andado por la cabeza: me apunto un rato a esta tradición de experiencias abisales, poniendo enlaces de posibles afinidades entre este José Ángel y yo.

A propósito del "saber de quietud" de María Zambrano, conocimiento de lo más ignoto: "Tal forma de conocer ha de ser ajena, por supuesto, al método como prefiguración, como intencionalidad, y a toda forma vicaria o instrumental del pensar. De ahí que su bella y justa imagen sea el claro del bosque, en donde no siempre es posible entrar y en donde acaso no se encuentra nada" (p. 8). Otra manera de nombrar ese saber de quietud es, paradójicamente, "el don de ligereza" (vamos, como en mi epígrafe ocasional aquí, "Let there be lightness"). El don de ligereza que "Se escribe en el interior de un discurso suspendido, donde el límite --o acaso la radical apertura-- de cada palabra es la posibilidad de su súbita interrupción. Se escribe como si lo que está a punto de decirse fuese tal vez lo último que nos fuera dado decir" (p. 46). Proceso, y no producto, tiene que ser la poesía (lo cual nos dejaría sin poemas, de no ser porque los poemas son releídos y reprocesados...). Hay una fílosofía del presente también en Valente (como en George Herbert Mead, como en Gary Saul Morson).

La nada también nadea bastante en otros ensayos de Valente: se repiten varias veces, como un Leitmotiv del pensamiento de Valente, estos versos:

Dijo Dios: - Brote la Nada.

Y alzó la mano derecha

hasta ocultar su mirada.

Y quedó la Nada hecha.

 

Así, "Lo primero —o lo único— que el creador crea es la nada, el espacio de la creación" (p. 51). (Ah... pero es que la nada sin el algo se queda en nada. De ahí que, aun admirando la nada que me deja ver Valente, no me guste nada ese inciso). De Traherne nos trae: "Un libro vacío es como el alma de un recién nacido, en la que todo puede ser escrito. Es capaz de todas las cosas, pues no contiene nada"— para Valente, "la plenitud del libro es su vacío" (p. 31). El vacío es el espacio dejado para la creación: de allí su importancia, frente a lo ya hecho, que nos tendría dando vueltas en el vacío. La nada sola también nos tendría dando vueltas en el vacío. Y "reencontrar la unidad de la palabra escindida" que decía Agamben (52) nos lleva al ¡OMMMmmmm! --un camino aburrido; yo prefiero la logorrea mejor que la Palabra (y el humor que la solemnidad —no hay mucho humor en Valente, por cierto).

Entre Zambrano y Zubiri, no hay color para Valente, que apuesta por el pensamiento místico de Zambrano antes que por la lógica desecada de Zubiri. Y cuando se interesa por Saussure, es por el Saussure de los anagramas, no el de las estructuras (pues la fijación por las estructuras lleva a la crítica "esencialmente topográfica" o a la "inflación metodológica" que impone con "su supuesta autoridad científica, cierta pretensión totalizante, que se produce siempre que la crítica opera —cosa no infrecuente— con la avidez o la incontinencia de una ideología. El fenómeno la aproxima entonces a cualquier otro de los procedimientos conocidos de multiplicación de las formas de poder" (p. 25). El ensayo "Sobre el espíritu de ortodoxia" analiza la conexión entre ortodoxia, intolerancia y represión, a cuenta de Miguel de Molinos y la Inquisición: es una constante histórica, la confrontación entre mística o experiencia religiosa vivida, y autoridad eclesial o teología ortodoxa."Pues, ciertamente, la ortodoxia (...) no ha sido nunca una cualidad del espíritu, sino tan sólo una necesidad del poder" (p. 45).

Por eso, "Hacer historia es descubrir, bajo la espesa capa de la narración recibida, alguno de los numerosos estratos de realidad que, con o desde aquella, han sido ocultados, silenciados y reprimidos" (p. 140). Así la narración hace la historia enfrentándose a sus vacíos, como el lenguaje hace el pensamiento.

Lenguaje y pensamiento que van, cuando son interesantes, o abisales, unidos: parte Valente de la "Palabra que no es concepto porque es ella la que hace concebir" (p. 11, cita de Scholem, La Cábala y su simbólica). Así, "logos" traduce una palabra hebrea, dabar, que significa a la vez la palabra y la cosa (o sea, en cierto modo el mundo que es hecho por el lenguaje, antes de que el logos se dedique a la logorrea). El contacto entre lo que es lenguaje y lo que no lo es todavía, a través de la imagen, por ejemplo (p. 21), es vital (para el lenguaje, para la experiencia). Así, la palabra más originaria, la palabra poética, "la vuelta incesante a la palabra inicial" (p. 69) no significa algo ya dicho, sino que se manifiesta o se presenta en una epifanía. Se opone Valente a las definiciones teóricas de la poesía como "comunicación" (p. 191 - con Derrida, y contra Gerardo Diego). "La falta de relación entre poesía y pensamiento es una carencia grave y persistente de nuestra modernidad" (española) (p. 141). Aunque no estoy yo tan de acuerdo con Valente cuando dice que "El avanzar o el tenderse o el proponerse de la palabra es signo o señal que hace ésta no hacia nada exterior a ella, sino sólo hacia su propia interioridad" — "hacia la plenitud de su interior silencio" (p. 34-35). Yo diría más bien (a lo Bajtín) que la palabra es gesto hacia otras palabras y cosas, reorganizándolas, y que se mueve hacia "su exterior silencio". En mi artículo "Tematización retroactiva, interacción e interpretación" (en Hans-Georg Gadamer: Ontología estética y hermenéutica, Madrid: Dykinson, 2005) reflexiono un poco en esta línea. Le va a Valente la poesía hermética (p. 48), y hermenéutica. A mí cuanto más hermenéutica y menos hermética, aún más difícil equilibrio, mejor.

El lenguaje descansa sobre un fondo de lo no dicho, como en Merleau-Ponty, como en Heidegger. "La noción de inefabilidad se basa, precisamente, en la idea de que hay un mundo de realidad que el lenguaje no puede expresar. Pero esa realidad está sumergida en el lenguaje mismo, constituye su Ungrund, su fondo soterrado, al que nos remite incesantemente la palabra poética" (p. 149) -- como toda palabra o toda narración, aunque más (yo voy un poco en esta línea en el artículo "Communicative Interaction and Narrative Identity" que saldrá en 2006). Tiene un valor retroactivo esta relación entre lo que estaba pero no dicho y lo que está cuando ya se ha dicho; y José Angel está atento a veces a la dimensión retroactiva, de retroacción creadora, de la palabra, la poesía y la narración. Así en su comentario sobre la narración como mito de supervivencia, como acto que remite al origen inmemorial del tiempo. "Expectativa, pues, de un tiempo que habría dejado en rigor de serlo, de un tiempo perpetuamente abierto a su reoriginación" (p. 185). La narración como el acto original de abrir un nuevo tiempo, el "tiempo del origen de los tiempos" (185). "De ahí que la narración nunca haya de quedar del todo conclusa. Ha de haber siempre un hilo suelto, un hilo de la trama (que es lo importante de la narración y no lo llamado intriga) para que puedan continuar sin ser cortados los hilos del narrar y del vivir" (p. 186 - para inconclusos, los blogs...).

Le fascina Rimbaud, la poesía como videncia y exploración..."Él pisó el umbral de lo imposible y lo cruzó..." (p. 62)... pero mixtifica en exceso su abandono de la literatura como una "propuesta singular de lo imposible" (antes que como un abandono), y, cosa extraña, no entiende sus pedidos de libros de técnicas aplicadas desde Africa, los interpreta como "pedido de coleccionista, o de bibliófilo" (!!) (p. 61). En la mística amorosa de San Juan de la Cruz ve J.A.V. "el punto central de la tradición lírica española" (supongo que en concreto en el verso "Quedéme y olvidéme").

Y hay otros judíos, criptojudíos, o judaizantes, dondequiera que miremos en el libro. Cernuda. Montaigne, para quien "el estudio y la contemplación retiran de algún modo nuestra alma de nosotros y la separan del cuerpo, lo que es aprendizaje y semajanza de la muerte" (p. 76). Gracián, y su Oráculo manual, guía para disimuladores, para no dejarse pillar por el Absolutismo, "para sobrevivir en tiempos difíciles" (p. 80). "El más plático saber consiste en disimular; lleva riesgo de perder el que juega a juego descubierto" (aforismo 98). (p. 83). (Toma nota, bloguero): "Nunca la persona" dice Valente "tuvo como en esa época de escollos tan difícilmente sorteables más neta condición de máscara" (p. 84). (Pero ¿y los nicknames hoy?). La disimulación incluye el juego con las palabras, el doble lenguaje. Buena defensa contra la estupidez, necesaria, pues en España "Ahora la estupidez sucede al crimen" (p 128), y siempre es ahora, pero sobre todo bajo la Inquisición y en la posguerra. Cita de Cernuda, por cierto.

Y Edmond Jabès, que vuelve y vuelve, ya ves... porque, en una reflexión sobre la retroactividad, sobre la "influencia hacia atrás", nos confiesa Valente que "El contacto con Jabès no determina propiamente las líneas fundamentales de mi escritura subsiguiente. Determina algo para mí mucho más decisivo: una nueva perspectiva de lo que yo había escrito hasta ese momento. Hace el encuentro con Jabès que yo me reconozca a mí mismo, me dota de una identidad, de una estirpe, de una ascendencia" (p. 90). En España la ortodoxia se ha cuidado de hacer que el criptojudaísmo sea tan cripto como para no reconocerse como judaísmo (tiene un relato emblemático sobre esto Elie Wiesel a propósito de un manuscrito guardado en Zaragoza). La interiorización del pensamiento oficial nos lleva a no ver etnias en "los españoles" de antes (quizá las actuales olas de inmigración tengan el doble efecto de borrarlas más aún, o de hacerlas visibles de nuevo a algunas miradas).

Y se pregunta Valente si seguirá la cadena, si "No estaría, me interrogaba yo, ese hipotético lector por mí imaginado en trance de despertar al mismo tiempo el judío borrado que acaso hubiera en él?" (p. 92). Para JAV es citar a Jabès como si hablase en primera persona, cuando "Creí al principio--dice-- que yo era un escritor, después me dí cuenta de que era un judío, después ya no he distinguido nunca más en mí el escritor del judío, porque uno y otro no son más que el tormento de una antigua palabra" (p. 94). Más claro no nos lo dice. Para qué. Yo no sé si Valente tenía genes judíos, o si los tengo yo, o si los tienes tú, hipócrita lector que hasta aquí has llegado. Lo que no hay duda es que bastantes memes judíos sí que se reconocen por todo este texto, así como en puntos estratégicos de gran parte de lo más interesante del pensamiento occidental — en muchos esos puntos donde llega a límites, o a experiencias abisales.

Hamlet se ahoga, y renace

¿Ser o no ser? Esa es la cuestión. Quizá pensaba eso Hamlet, joven pero más mayor que Shakespeare, andando a orillas del río Avon, en Stratford. ¿Se suicidó Hamlet? Lo que sí sabemos es que murió, en 1580, ahogándose en el río. "The Avon at this juncture, by Tiddington, is known for its overhanging willows and coronet weeds", nos dice Peter Ackroyd, observando que "this suggests images of Ophelia". No sabemos si Hamlet, como Ofelia, cantaba trozos de viejas canciones mientras se iba hundiendo, flotando río abajo, pasando de un mélódico canto a una muerte cenagosa. O Will o Will o Will o... "The fresh streams ran by her and murmured her moans". También de Ofelia, como de Hamlet, dicen que se ha suicidado, y que por tanto "should in ground unsanctified have lodged" (Hamlet, 5.1). Hubo sus más y sus menos, con una investigación de por medio (Peter Ackroyd, Shakespeare p. 86), pero al final se decidió que la muerte de Hamlet había sido per infortunium, sin felo de se, y se autorizó el entierro en tierra santa. Una solución más satisfactoria para todos; es la que adoptamos en cuanto nos lo permiten las circunstancias, en cuanto no sabemos, y casi nunca sabemos. Tampoco sabemos si se conocían Hamlet y Shakespeare. Quizá si el joven Shakespeare andaba entonces por Lancashire (big if...), no conoció el suicidio de Hamlet hasta más tarde. Quizá, por qué no, se lo contaron a Shakespeare sus amigos Hamlet y Judith. Cinco años después nacía Hamlet Shakespeare, que moriría niño. "So went he suited to his watery tomb", dejando sola a su gemela Judith. Pero Shakespeare escribió Twelfth Night, obra en la que los gemelos supuestamente ahogados emergen del agua, para encontrarse en una resurrección final de los cuerpos. Entretanto llega, Viola hace de Hamlet y de Judith, dividiendo su cuerpo en dos sexos de modo imposible, hasta que sale del agua el reflejo ahogado. "I my brother know / Yet living in my glass". Hamlet era mujer; a Ofelia, como a Viola, la interpretaba un hombre.