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Vanity Fea

Personales

Internetextualidad

Vaya, me comunican unos colegas de Castellón que "the volume The Texture of Internet: Netlinguistics in Progress ", en el que tengo un capítulo previsto, "has been accepted by Cambridge University Press" [en realidad Cambridge Scholars]-- así que noticia de celebrar. (Bueno, no se me entienda mal, de celebrar aquí, no digo que allí donde estás, lector...). Mi enhorabuena a los editores.

The Man that was Friday

Pues trasteando trasteando he conseguido por fin ponerle a Vanity Fea su medallita, el histórico IBSN número uno (si recuerdan, fue asignado ese número antes que el cero, jeje...). Quiero decir que he conseguido con mis limitados recursos htmlémicos ponerle un código de barras con ese 0-000-0000-1 y hasta enlace explicativo incluido en la sección de información. Por cierto, ya van más de 600 blogs que se han clavado un numerito; es especialmente divertida la tendencia a personalizarlos como placas de matrícula americanas; en ese sentido el mío, el numberguán, también está personalizado ("vanity fea..."). Por no decir nada del de fernand0, Mr. 0. Hasta ha inventado JarFil, el artífice de los códigos de barras, un programilla que, introduciendo una palabra, por ejemplo tu nick, te asigna algorítmicamente un IBSN que es el equivalente numérico de esa palabra "en ASCII concatenado y pasado a decimal". Vaya, ¡si es que hasta está en portada de los borjamaris (para ponerlo a caldo, como no podía ser menos)! Aunque-- veo con desagrado que no le han puesto IBNS a borjamari.

Otras cosas que hemos hecho hoy es mantener una sesión de doctorado con mínima asistencia (sigh), discutiendo el "constructivismo radical" en la versión de Siegfried J. Schmidt. La idea básica es que cada cerebro construye su propio mundo, con lo cual posibilidad de la objetividad queda muy en entredicho; maravilla es que nos entendamos en algo puesto así el asunto. Al menos me queda el consuelo de que no es sólo mi cerebro el que genera estas ideas cuasi-solipsistas (o igual sí, porque de la paradoja no salimos).

También he enviado un escrito al director de mi departamento, solicitándole que en el próximo Consejo se hable de nuestra postura sobre la reforma o exterminación de nuestros estudios, como nos han solicitado los colegas de Murcia. Y he enviado este artículo de abajo, "La ’propuesta’ del Ministerio", a la lista de distribución de AEDEAN. Bueno, en realidad he enviado un enlace a Fírgoa, el blog sobre universidad pública que tuvo la amabilidad de republicarlo como hace a veces con mis escritos sobre la universidad y sus reformas. A continuación he recibido algunos mensajes de respuesta por correo electrónico (de apoyo y acuerdo, alguno bastante informativo sobre la manera manipuladora en que se han llevado las comisiones; supongo que también habrá reacciones negativas pero esas de momento no me han llegado.

Y por la tarde, lejos de estudiar, me he ido a ver la última versión de Pride and Prejudice, muy bonita, dirigida por Joe Wright. (Al igual que el profesor Brain no pudo evitar formular la teoría constructivista del cerbero, supongo que la historia de Mr. Darcy la tenía que contar Mr. Wright). Un pelín pastelosa, con la parejita llovida encima (no hay tanta falacia patética en Jane Austen, claro), pero en conjunto un buen pedazo de heritage film, para quien le guste el cine literario (mayormente señoras mayores en el público). La ambientación, pasable con aspiraciones a excelente, y la actuación un poquito teatral de más, como corresponde a este género, que no acaba de cinematografiarse con todas las consecuencias. Apenas algún plano subjetivo o un pelín desmandado. Más arriesgada, dentro de esta línea de cine, me pareció la anterior adaptación de Jane Austen que había visto, el Mansfield Park de Patricia Rozema. Hasta tenía a Harold Pinter de paterfamilias; aunque no me quejo, Donald Sutherland está realmente bien en esta otra.

Royalties en esterlinas

Me pagan de Longman, o Addison Wesley, o Pearson Education, que ya no sé quién compró a los compradores de los compradores de mis editores, un pico de royalties, £178, deben llevar años reteniéndomelas, si no me caerían más bien cuatro duros, menos tres duros de comisión del banco. Quien se quiera hacer rico que no escriba libros académicos, debe haber mejores maneras de sacarle rédito al tiempo. Por ejemplo, haciendo blogs.

Blogs como setas

Como ya empezamos el segundo cuatrimestre, empiezo a actualizar otro blog más, éste puramente instrumental y centrado en la asignatura de Comentario de Textos Ingleses. Quieras que no, voy a acabar haciendo un blog por asignatura, a partir de las páginas de información sobre ellas... Vamos proliferando; si a eso se añaden las páginas inflables tipo flickr, u otras de dibujos y fotos, etc... igual luego voy añadiendo un blog anónimo para mi doppelgänger, y otro para sus actividades docentes... uf. Voy a tener que comprarme un cuerpo suplementario también, que teclee mientras yo me dedico a tener experiencias, si no, me va a faltar material para tanto blog ramificante.

La patata transgénica

Ya se terminaban las vacaciones en ese piso, aquel día hacíamos las maletas. Era un lugar bastante ajetreado no sólo por el vecindario del inmueble (mucha consulta de médicos, hasta una clínica) sino también porque en el piso entraba de repente, por la terraza, gente que pasaba de la terraza del edificio de al lado, a veces caribeñas, esta vez una chica blanca y de aspecto serio y meditativo. Era un prostíbulo, o más bien la residencia asociada al prostíbulo, y las chicas se pasaban por la terraza para bajar por nuestra escalera y esquivar así a los guardianes que tenían apostados en la otra escalera. Yo acompañaba a ésta a la puerta, le preguntaba por qué salían, me decía que para hacer horas extras por cuenta propia. Luego me aclaraba que la juventud era una cosa muy viciosa, y que en realidad lo hacía por afición. Yo me preguntaba con cuántos hombres se iba a acostar esa misma mañana, pero al dejarla en el rellano veía que en realidad llamaba a la consulta del médico de enfrente, que decía "Ligaduras de trompas". Al volver a la cocina, estaba mi mujer preparando ya unas fiambreras para el viaje. Me decía que le pelase unas patatas, para hacer una tortilla, y yo abría una bolsa (no sé si las vamos a aprovechar todas, pensaba). Miraba por la ventana de la cocina a las ventanas de enfrente, por las que se veían los pasillos de la clínica, era un piso como el que teníamos, pero aún más amplio, los pasillos parecían anchos, tranquilos, y hacían un efecto óptico como de caminos soleados que se perdían en la distancia en un jardín, realmente bonito. Iba pelando patatas y de repente me da un vuelco el corazón, porque una de las patatas empezaba como patata pero terminaba en unos bultos que resultaban ser los dedos de un pie humano, con uñas y todo, y carne, apenas un poco deforme (el dedo gordo era demasiado largo y fino).

- ­ Puaj, ¡qué asco!, ¡mira qué horror, qué me ha salido aquí!

- ­ ¡Huy por Dios, pero qué es eso, madre mía!

- ­ Uéeeggggg...... (dice Álvaro)

Lo tiraba al cubo de la basura, que estaba ya medio lleno de mondas.

- ­ Si es que es un asco, son patatas transgénicas, ésta y las demás seguro que también, todas vienen del mismo sitio. Ahora ya no sabes lo que compras.

- ­ ¿Pero cómo es que las hacen transgénicas con genes de personas? Si eso es, no sé, casi como canibalismo, ¿es que no tienen otros genes para ponerles?

- ­ Pschá, pues me imagino que será una cosa de lo más patatera, estarán ahí en el laboratorio, y se quitan un trozo de cutis, y lo ponen ahí, lo que tienen más a mano supongo... Oye, pero esto mejor no lo vamos a tirar, Álvaro, anda, saca la patata ahí de la basura, que le vamos a hacer una foto.

- ­ Ya, ¿y por qué yo?

- ­ Anda, qué más da, ya la saco yo, mira, total ya la he tocado antes. Venga, hacerle una foto, que mientras yo me voy a preguntar a algún médico de estos a ver si les interesa para estudiarla, yo qué sé.

Salgo al rellano de los ginecólogos, y entonces pienso que igual en la clínica hay alguien que estudie estas cosas, o que conozca a alguien de la Universidad que esté en estos temas, además me atraía la idea de entrar allí, y andar por esos pasillos que veía por la ventana. Entro en la recepción de la clínica pero ahí era muy distinta la cosa, un bullicio de mucho cuidado, sobre todo alrededor de la mesa central con los recepcionistas. Voy a pasar un poco de estrangis, pero un recepcionista con aspecto un poco magrebí, de unos cincuenta años, me llama, que no puedo ir allí sin cita previa, que si tengo cita previa. Le intento explicar que sólo quería pasar un momento a preguntar si alguien estaba interesado en... (¿patatas transgénicas? - No.) Mejor le digo en anatomía patológica, o en malformaciones... ¿o quizá en genética? Me dice que sin cita previa no hago nada, le digo entonces si le podría dejar un mensaje a ese médico (sea quien sea). - ¿Un mensaje?, dice ­ - (¿Una pequeña bolsa gris o negra, con un pie fiambre dentro, o una patata con dedos, pienso yo?). Insisto, podría sólo asomarme a hacer una pregunta, ¿quién trabaja en genética? ­ - El doctor Servet. ­ - Ah, ya, sí, me suena... (sin duda descendiente del famoso... hay que ver cómo se perpetúan las dinastías de médicos, todo asunto de familia). Sorteando mucha gente, me asomo un momento a la consulta del Dr. Servet, está reunido, espero delante viendo gente paciente haciendo tiempo, niños que se entretienen, como yo, mirando una vitrina donde se exponen fósiles. Servet no sale, pero envían a preguntar por mí a un médico grandullón, con prisas, casi jadeante, con pintas de Liam Neeson, le cuento lo de la patata, si les interesa. Se entusiasma, "¡Por supuesto, por supuesto! ¡ha hecho muy bien en venir! Esto tiene mucho interés, espere un momento, por favor." Mientras entra a consultas, pienso en el hipotético precio de la patata: "no, no, no quiero nada, a mí no me interesa, si además la iba a tirar; se la doy sin más, por supuesto" ­ otros sacarán tajada, me temo. Sale Neeson, sigue acelerado pero un poco alicaído, - "Me dicen que han salido bastantes casos últimamente, pero tiene mucho interés, un pie, le acompañaré". Pero por fin no me acompaña él, sino una médica, francesa, también de buen tamaño. Pasamos a nuestro piso, donde están con la patata en el suelo, casi parece una mano cortada, pero la sorpresa resulta ser que Beatriz conocía a la médica, ¡era su vieja amiga Marie-Paule! Vaya, esto sí que no me lo esperaba, Marie-Paule... (yo no la había visto nunca). No perdía yo comba, sin embargo, y aprovechaba para concluir con la siguiente frase:

-­ Les coïncidences excessives sont, en littérature, un procédé suranné.

Inauguro mi Flickr

Flickr es un sitio para colgar fotos en la red, para que las pueda ver quien tú quieras. Me abrí una cuenta hace tiempo pero hoy es el primer día que me he tomado tiempo para subir unas cuantas fotos de este invierno. Las podéis ver aquí. Ojo, que hay dos páginas. Algunas son experimentales, aviso, o sea, de estas que me gusta hacer a mí, con reflejos e imágenes desconstruidas. Pero aún es un estilo que tengo que explorar más. Para quien no conozca Flickr: puedes hacer clic en las fotos para verlas más grandes, y debajo se pueden añadir comentarios.

Secret sharers

Otro nombre es "lurkers", sí, sí, no os hagáis el loco, todos estos (pocos) que leéis esta página pero no os manifestáis. (Creo que entre todos los índices de locuacidad posibles, mi blog tiene un bajísimo índice de comentarios por entrada). A veces me entero, con Google o con los contadores o con combinaciones de truquillos, de alguien que me lee, a veces gente inesperada realmente. Hay alguna visita a quien le digo buenos días, à ma façon, casi todos los días. Pero algunos me intrigan. Por ejemplo, mi visitante asiduo de Valencia. ¿Quién eres, oh valenciano/a?

Algún julay

me ha robado dos matrículas de la moto. Y eso que esta semana tenemos la calle llena de filas de Ferraris aparcados uno detrás de otro, tenía donde elegir. Igual es un fan que necesita un fetiche, oye. O para hacerme un vudú. Esto me pasa por hacerles caso a los de la ITV, que me venían diciendo y repitiendo que le ponga matrículas delanteras a la moto. Cuando hace treinta años que no veo una moto con matrículas delante, menos la mía. Y ahora ni esa.