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Vanity Fea

Personales

What the Dickens...!

Tenemos feria del libro viejo en Zaragoza, casi a pie de casa; y buscando buscando me compro La Gaya Ciencia, de Nietzsche, la Historia de la literatura norteamericana de Marc Saporta, Literatura norteamericana actual de Cándido Pérez Gállego, Félix Martín y Leopoldo Mateo; Estructuras de la novela actual de Mariano Baquero Goyanes, la Ilíada y la Odisea de Homero, la Historia social de la literatura española de Carlos Blanco Aguinaga et al., El brick del diablo de Emilio Salgari, El barco de la muerte de B. Traven, La realidad histórica de España de Américo Castro, De la connaissance historique de H.-I. Marrou, y los Ensayos de Lingüística General de Jakobson. Y, last but not least... nada menos que una primera edición de The Pickwick Papers, de Dickens (Londres: Chapman and Hall, 1837). Me cuesta mis euros, pero... qué jolines.

 

Por cierto, o no por cierto, he añadido más fotos a la red.



German interlude

Estos días estoy con invitados a bordo; ayer por la tarde de cháchara con un catedrático alemán que me encontré en el Departamento, y luego se vino conmigo hasta el aeropuerto a buscar a una pareja de Professoren que vienen a un curso de doctorado y a un congreso; dentro de un ratito empieza la primera sesión. Luego los instalé en el Colegio Cerbuna, donde pasé yo mis años de carrera, y nos fuimos a cenar por allí. De milagro di con el camino al aeropuerto, que me lo han cambiado totalmente con una enorme superficie de naves comerciales donde sólo había descampado; de hecho acabé en el aeropuerto militar por error... Y así acabamos hasta altas horas divagando y discutiendo, supongo, diversos efectos de la globalización y de la reforma de Bolonia.

Lo más raro del día fue darme de narices con Moni-k al salir en el portal, justo cuando pasaba por delante de casa y estaba pensando en no llamar... serves her right.

Y hoy sesión intensiva de clases de doctorado, con mis alemanes, sobre los desarrollos recientes de la narratología... hasta me habían incluido (noblesse oblige) en uno de los subapartados, con aquel libro que publicamos hace diez años, la mitad de nada. El catedrático alemán, Ansgar, lleva una vida ajetreadísima, de proyectos e impresos y solicitudes, direcciones de instituto y de series académicas y de revistas, volando de congreso en congreso, dirección simultánea de muchísimas tesis a modo de Karpov jugando partidas múltiples... Uf. Es la dinámica perfecta en la que podemos acabar si somos competentes en esto de la competitividad que quieren fomentar ahora. Pero yo no puedo. Ni puedo ni quiero. O viceversa, que hoy estoy modesto: ni quiero ni puedo. Mañana tienen otra sesión extra-larga de doctorado, y luego me despido un par de días de mis invitados. Por cierto que los alumnos están desaparecidos mayormente, lástima, pero qué se le va a hacer. Sólo tenemos una pequeña audiencia de profesores aficionados a la narratología, pero... a los alumnos no se les puede cazar con red, ¿no?

Y tras una buena sesión de Gäste y otra de New Historicism en clase, me he vuelto a casa a ver si veía un rato a los nenes, que no los veo desde anteayer prácticamente. Y el pobre Álvaro está aún peor, parece salido de una película de terror con granos como judías por toda la cara, más la crema; un cuadro. No quiere que le haga fotos; esperemos que los granos no pasen a la posteridad a pesar de no ser fotografiados...

Por cierto, que la que está hecha un cristo también es la casa. Le están reformando la fachada, o sea que tenemos un andamio lleno de operarios montándolo que pasan por delante de las ventanas de las maneras más inesperadas. Lo malo es que se han pasado un pelín al clavar el andamio y nos han atravesado la fachada con un hierro. Bueno, más se perdió en Troya. De momento.

Aquí enclaustrados

Con un 30% de la familia con varicela: ahora la han pillado Álvaro y Oscar. Pues en estas circunstancias no nos movemos de casa. Quien la haya pasado, que se venga a tomar un café, si le apetece.

El sábado por la tarde nos lo hemos pasado en un parque, con Ivo y Oscar trepando por todo tipo de artefactos de juegos, y Álvaro derrengado releyéndose La Isla Misteriosa. Yo me termino una de Ian McEwan, y luego me voy a revisar el coche, y limpiarlo, que la semana que viene tengo que pasear en él invitados universitarios. Hoy me pitan dos veces conductores desde atrás: la primera, por rueda deshinchada; la segunda, por llevar la quinta puerta abierta de par en par. Cielos. Debe ser la astenia, o algo...

PS: Domingo, lo mismo. Los tenemos pintarrajeados con un líquido blanco contra picaduras, que parecen comanches en pie de guerra. Oscarelo tiene granos hasta en la lengua y dentro de las orejas. En la lengua no le hemos puesto antipicante. Está derrengado; se tumba en el sofá cabeza abajo, y dice "Quielo que me expliman".

Pibo, en cambio, animado; hoy se ha dado el primer paseo en moto conmigo, para celebrar que ya tiene siete años, y hemos ido al Parque del Tío Jorge, para él "el parque de los cangrejos", a ver cómo pescaban cangrejos los niños. Mientras, nos han cambiado la hora y nos han robado por tanto una hora de tarde de primavera sin que nos enterásemos.

La prima Vera: se arrima, la maldita prima. Aunque no es lo que era. Vera, Vera...

Ecos recientes

Me hacen una crítica liberal a mi comentario sobre la macodonaldización de la sociedad en Pijoaparte. Aunque me llaman "semiculto" contesto educadamente, y... bueno, supongo que de hecho todos somos semicultos para el vecino. Lo de ser culto es un desiderátum, y muchas veces una ilusión óptica. Eso no quita para que haya semicultos más cultos que otros, y también quienes saben utilizar mejor que otros su menor dosis de cultura. Pero eso es otro asunto.

Y llegamos a los titulares, para mal, con la noticia de "una trifulca universitaria" en El anuario.net.

(PS: Vaya, un eco más constructivo. Me llama una compañera y amiga, a la que solía ver en congresos, a decirme lo que le emociona e interesa lo que escribo, y que echa mucho en falta más libertad de expresión en la profesión. Me dice que mucha gente opina como ella y que aunque no me llegue mucho feedback, hay muchas personas en la profesión de Filología Inglesa que opinan igual. ¿Me lo creo, o no? En todo caso, le digo, las cosas que escribo sobre la profesión me molesto en escribirlas sólo porque me parecen obvias y me alarma que no estén escritas previamente en lugares bastante visibles. Pero es lo que hay, al parecer una hiperprudencia y temor a manifestarse...)

Primer día

que Álvaro se va al cole solo; tenía que salir antes para ir en una de esas actividades extraescolares, y se ha ido por primera vez por cuenta propia. Algún día ya ha vuelto solo también. En cualquier caso, hoy su trayecto estaba muy controlado por la webcam parental. Tenía instrucciones de subirse a un autobús, y ahí lo hemos visto pasar formalmente subido cuando salíamos de casa, así que todo bajo control. Lo malo es que por fin no ha llegado a tiempo, había un atasco monumental...

Ah, y he colgado fotos nuevas en mi fliquer, o sea aquí. De vez en cuando seguiré subiendo alguna.

Mi alma (y su recambio)

De paseo

- Mira, se ven los Pirineos nevados. Pues eso está a unos cien kilómetros de aquí.
- ¿Cien? Ostras.
- Cien lo menos. ¿Ves, Otas, qué grande es la ciudad? Cientos de miles de personas mirando la tele. Empieza allí, y sigue sigue sigue hasta allá. La vemos desde arriba.
- ¿Cómo que desde arriba?
- Hombre, sí, estamos más altos. Ves, por esa hondonada a lo lejos va el Ebro, y aquí hacia atrás sigue subiendo el terreno, hasta esos montes, hasta llegaríamos a un castillo si seguimos por aquí.
- ¿Qué castillo?
- El castillo de Cadrete. La ciudad está enmarcada en un arco iris. ¿Lo ves, Otas? Gris encima del arco iris; despejado debajo. Se ve el final del arco iris en uno de los barrios. Igual podríamos oír los gritos de la gente a menor distancia: "¡Oro! ¡es oro!"
- Igual sí. Otas se va por ese prado. Vamos con él. Enseguida tendrá miedo. Quién sabe qué seres merodean por aquí.
- Mira qué artefacto. Si veis algo así no lo toquéis. Ya sabes, igual es una bomba de la ETA. Pensarás que no, que la ETA no va a ser tan imbécil de venir a poner bombas en medio de un desierto deshabitado, etcétera. Pero te equivocarías.
- No es una bomba, hombre. Es un horno.
- Qué va ser un horno, mira. Es una caja fuerte, y bien gorda.
- Ahi vá, pues sí. Jo, está vacía.
- Sí, hombre, que no acaba aquí el arco iris. La habrán cogido unos cacos de alguna oficina, y la han venido a reventar aquí. Lo que no sé es cómo lo han hecho.
- Pues mira ese pedrusco.
- Cierto. Bueno, no la toques. ¿Seguimos hasta Fuendetodos? En coche, digo. O casi mejor otro día que vayamos todos. Mejor volvemos a casa que hace un viento.
- En los Simpson pasaba esto, que salían e iban hacia el arco iris, y luego se les nublaba todo de repente, y los azotaba el viento y la lluvia....
- Nuestra vida va convergiendo poco a poco con los Simpson, no sé si te has fijado. De tanto verlos. Hale, volviendo. Otas, no arrastres la bufanda. Venga, que va bien esto del viento en la cara: "entre la lluvia y el viento / nació el primer pensamiento".
- Pues a mí me ha nacido el primer pensamiento de la merienda.
Ya voy menos cojo, gracias.

getCITED

Me apunto a la base de datos getCITED; empezando por la bibliografía famosa. Not that I think I’ll get cited, but anyway....

(Es curioso, tiene cientos, miles de usuarios, la bibliografía, pero nadie que yo sepa la ha citado jamás en una publicación académica. Snif. No somos nadie. Bueno, por lo menos sí me la han enlazado en bastantes güebsaits; y donde estén los enlaces, que se quiten las citas).

(Otro snif: he rechazado hoy por fin, sintiéndolo, la invitación de mis colegas de Hamburgo para participar en una excelente publicación colectiva).

En el dream team

Bueno, por fin por fin me ha llegado el volumen que encargué del anuario Symbolism (vol. 5, 2005), en el que tengo un artículo sobre Nabokov y la intertextualidad. Les ha costado, y lo he tenido que encargar y pagar yo mismo, o sea que sueldo por la contribución, cero; los beneficios se los queda todos la editorial, supongo. Y los venden caros, aseguro. Me mandaron primero dos birriosas separatas, y luego un paquetillo más, menos mal; pero la revista, en tapa dura, demasiado buena para enviarle un ejemplar a los autores. Así, desde luego, no pienso volver a jugar. Uno se cansa de hacer el primo, observando además que se han quedado con el copyright, no sé con qué derecho, pues yo jamás he firmado un contrato. Debe estar implícito en el hecho de contribuir a la revista. Lo que digo, una razón más para autopublicarse.

Claro que, autopublicándose, uno pierde el caché de aparecer publicado en sitios reconocidos, y al lado de gente reconocida. Bajas al nivel del casposo pasante que se autoedita un volumen de poemas en cien ejemplares (cincuenta para él y familia, y los cincuenta para distribución acaban en una librería de viejo veinte años después). No se puede caer más bajo que la autoedición, y sin embargo tienta, tienta...

En este caso, yo aparecí aquí por invitación. Aunque no sea el caso esta vez, nada tiene tanto caché como una revista que se presenta como "peer-reviewed" pero luego saque volúmenes especiales donde los editores captan por invitación a los autores. Aquí me invitó en este caso, supongo que por proximidad geográfica y colaboración previa, la Dra. Susana Onega, editora de este número sobre la intertextualidad, antes de que tuviésemos desavenencias sobre la plaza de cátedra a la que me presenté. Y la verdad es que estoy en buena compañía, todo un dream team de críticos escribiendo sobre la intertextualidad, supongo que también por invitación especial: Adolphe Haberer, presidente de la Sociedad Europea para el Estudio del Inglés (ESSE); Linda Hutcheon, la teorizadora más importante de Canadá seguramente, Jürgen Schlaeger, catedrático de la Universidad Humboldt de Berlín, Valentine Cunningham, de Oxford y conocidísimo en el mundillo; J. Hillis Miller, doctor honoris causa por nuestra universidad, el menor de sus méritos; Christian Gutleben, de Estrasburgo (captado como yo, supongo); Catherine Belsey, famosa postestructuralista-materialista; Daniela Carpi, conocida poco aquí pero más en Italia, Jean-Michel Ganteau, que no lo conozco, y Patricia Waugh, célebre teorizadora de la metaficción y el postmodernismo. Bueno, en general creo son más famosos que yo. Vamos a verlo en Google hits, un terreno en el que ando relativamente fuerte. Hacemos búsqueda con comillas:

"José Angel García Landa": 122.000 resultados Google. ("Aproximadamente", nos dice Google).

"Adolphe Haberer": 297 resultados Google (¿Quée? Esta medida no debe ser de fiar).

"Linda Hutcheon": 41.000 resultados Google. (Más son, pero menos también. Aquí algo falla).

"Jürgen Schlaeger": 546. Pues tiene más resultados "Susana Onega": 754.

"Valentine Cunningham": 11.200

"J. Hillis Miller": 57.600 ("Hillis Miller" a secas, que también debe ser él mayormente, tiene 68.100). Esto es más raro, este hombre sí es bastante famoso. Yo tengo resultados atípicos.

"Christian Gutleben": 247.

"Catherine Belsey": 20.900. Estoy pensando, decididamente, en subir mi caché.

"Jean-Michel Ganteau": 182. Ya decía yo que no lo conocía.

"Daniela Carpi": En 308 páginas hablan de ella.

"Patricia Waugh": 12.200. Pas mal, mais...

Bueno, resulta que al menos con un criterio objetivable y mecanizado, estoy en el dream team por méritos propios. Es más, resulta que tengo que ponerme las pilas y empezar a cobrar por mis apariciones en los sitios. Evidentemente estos resultados un tanto sorprendentes vienen de trabajar directamente en la red, haciendo un blog, la bibliografía, etc. Pero es lástima que no acudiesen a Google como criterio orientativo, por ejemplo, antes de ponerme un 1’8 sobre 10 en las oposiciones, ¿no?

Claro que vaya usted a saber qué dicen de mí en esas ciento veintidos mil páginas. Igual me ponen a caldo; ahí Google no da pistas.

Y un dato curioso para terminar. Abro el paquete donde me venían los dos ejemplares, directamente desde AMS Press, Nueva York, y qué veo, de relleno en el paquete un periódico. En español. Neoyorquino, pero en español. Y a toda plana, "Barcelona rompe marca del Real Madrid"... Nada, que estamos en la aldea global. Global, y aldea.