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Recuerdos

Murió Javier Sánchez

 

lunes, 16 de junio de 2014

Murió Javier Sánchez

Nos hemos enterado, con retraso, de la muerte de uno de nuestros compañeros más cercanos, Javier Sánchez. No tan cercano desde que se jubiló y se fue a vivir fuera—pero los últimos años que estuvo en el departamento nos tomamos muchos cafés juntos. No los bastantes para mantener el contacto seguido... porque Javier se fue río abajo, más allá de Tortosa, tras la prejubilación—despidiéndose de la ciudad y del trabajo y de casi toda la gente con la que se trataba. También se había divorciado poco antes, con lo cual casi fue cosa de borrón y cuenta nueva, sin dar tiempo a la cuenta, ni a darse cuenta casi—y aún que se prejubiló, que si no hubiera estado agotando las pilas hasta el último día, y se hubiera muerto con las botas puestas. Vivimos para trabajar, y sólo se hace gran duelo de los que se mueren en activo.

Esta foto que le hice el último día que lo vi en el trabajo, quizá el último día que fue por allí, porque venía a dar cuenta de algo de su jubilación.  

"Se despide Javier Sánchez", la titulé....


 


Mucho se aisló Javier al final; pasó una temporada difícil, y creo que le había cogido algo de fobia a la profesión. Pero por mucho que se aislase no man is an island, y desde aquí se oye la campana que dobla por él, y por nosotros. Se había dedicado a la lexicografía, a la paremiología y a los estudios renacentistas—aquí está su página de Dialnet, con algunas publicaciones suyas y alguna mal atribuida. Había fundado Javier la Sociedad Española de Estudios Renacentistas Ingleses (SEDERI). Estaba, por cierto, algo desilusionado porque nunca tuvieron la atención de invitarlo, siquiera como presidente fundador, a dar una conferencia cuando dejó de organizar los congresos él. Pero qué más dará eso ya, eso y todo. A mí me tenía simpatía, no sé si se acordaría de que había sido profesor mío, allá por los ochenta. De fonética inglesa—y de inglés también, uno de los primeros profesores que me encontré al llegar a la facultad—que de todo le tocó enseñar. Le hice un trabajo de curso allá hace más de treinta años, éste, en el que comparaba el vocalismo del inglés con el del francés. En un colegio francés había estado interno Javier, cuando creyó que iba para seminarista, es uno de los episodios curiosos de su vida que fue un tanto a bandazos y cambios súbitos e inesperados.... Aunque muchos años estuvo de seguido en este departamento, era aquí de la vieja guardia, de los tiempos de Cándido, de los que son una institución— y muchos años de colegas estuvimos, al principio con poco trato, luego con algo más en los últimos años. Me regaló unos cuantos libros al irse, y he heredado además en cierto modo una de las asignaturas que él venía impartiendo últimamente, la de teatro inglés—"Our revels now are ended", and all that jazz. Luego me prejubilo yo también. Hemos propuesto que le dediquen un número de la revista del departamento—ceremonias inútiles y precarias de estas que hacen los vivos para los vivos, porque a los muertos no les podemos decir nada, siempre llegamos demasiado tarde. Algunas veces todavía más—a Javier ninguno lo tratamos demasiado bien, ni siquiera los que tenía más cerca y deberíamos haber estado más pendientes de él. 
Al final siempre te mueres solo, ni siquiera mal acompañado. Aunque buenos ratos también pasamos, también. Y hasta puede decirse que en realidad nos despedimos —de esas despedidas que, por suerte, no piensas que van a ser la última. Aún podría dejarse caer un día, quizá, a la hora del café—cosas habría que me sorprenderían más, así somos la gente.

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Publicaciones que conozco de Javier Sánchez: 





Sánchez Escribano, Francisco Javier. "Estudio de las fuentes de The Tempest." MA diss. U de Zaragoza, 1973.
_____. "James Howell: un hispanista inglés del siglo XVII." PhD diss. U of Zaragoza, 1979.
_____. "James Howell: un galés del siglo XVII, viajero por el País Vasco." Boletín de la Institución "Sancho el Sabio" 23 (Vitoria, 1979): 139-55.
_____. "Los maridos en The Canterbury Tales." Cuadernos de Investigación Filológica 5.1/2 (1979): 129-44.*
_____. "Tamburlaine y su teoría del poder." Miscelánea 1 (1980): 55-62.*
_____. "La pronunciación del español según las gramáticas de James Howell. Sus fuentes." Miscelánea 2 (1980): 55-72.*
_____. "Los diccionarios políglotos de James Howell: Fuentes y aportaciones personales." Atlantis 5 (1983): 5-22.
_____. "The Tempest y dos novelas francesas: análisis temático." Miscelánea 3 (1983): 27-52.*
_____. "Variedades dialectales del inglés." Actas de las I Jornadas de Lengua Inglesa. Teruel, 1984. 65-74.
         2014
_____. "Paremiología comparada: la primera colección de refranes españoles publicada en Inglaterra." Actas del IV Congreso de AEDEAN. Salamanca, 1984. 183-96.
_____. "La clase media en Keep the Aspidistra Flying." Miscelánea 4 (1984): 47-58.*
_____. "Los dioses en Dido, Queen of Carthage." Miscelánea 5 (1984): 9-20.* (Marlowe).
_____. "Variedades dialectales del inglés." In Actas de las I Jornadas de Lengua Inglesa. Teruel: Colegio Universitario de Teruel, Departamento de Lengua Inglesa, 1984. 65-74.*
_____. "Hacia una didáctica de la literatura." In Didáctica de la lengua y literatura inglesas I. Huesca: Colegio Universitario de Huesca, Departamento de Inglés, 1984. 105-17.*
_____. "Moby-Dick: El mito de la ballena blanca." Actas de los V Encuentros de Literatura Norteamericana.Ed. Manuel Górriz Villarroya. Teruel: Colegio Universitario de Teruel, Departamento de Inglés, 1986. 15-24.*
_____. "La literatura inglesa en la Universidad." In Didáctica de la lengua y literatura inglesas II. Huesca: Colegio Universitario de Huesca, Departamento de Inglés, 1985. 77-83.*
_____. "La unidad de tiempo en Romeo and Juliet." Miscelánea 6 (1985): 71-80.*
_____. "Traducción de refranes españoles al inglés en el siglo XVII." Actas de las Jornadas de Traducción.Ciudad Real: Facultad de Letras, 1986. 233-47.
_____. "La traducción de Le Cid de Corneille al inglés: un problema de fechas (Las traducciones de Joseph Rutter)." Actas de las I Jornadas Nacionales de Historia de la Traducción. León: Universidad de León, 1987. 277-82.
_____. "La versión inglesa de la Historia de Hipólito y Aminta, de Francisco de Quintana: aportación bibliográfica." In Translation Across Cultures: La traducción entre el mundo hispánico y anglosajón: Relaciones lingüísticas, culturales y literarias. Actas XI Congreso AEDEAN. Ed. J. C. Santoyo. León: Universidad de León, 1989. 173-80.*
_____. "La versión inglesa de Experiencias de Amor y de Fortuna de Francisco de Quintana (1651)." In De clásicos y traducciones: Versiones inglesas de clásicos españoles (s. XVI-XVII). Ed. Julio César Santoyo and Isabel Verdaguer. 1987. 189-204.
_____. "English translations from the Spanish through French in the 17th century." In SEDERI 1. Ed. Javier Sánchez. Zaragoza: Librería General, 1990. 139-56. Online at Dialnet.*
         2014
_____. "James Howell y The Spanish Match." In Stvdia Patriciae Shaw oblata. Oviedo: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo, 1991. 2.299-313.*
_____. "The Spanish Match Through the Texts: Jonson, Middleton and Howell." In SEDERI 2. Ed. S. González Fernández-Corugedo. Oviedo: Universidad de Oviedo, 1992. 230-46. Online at Dialnet.*
         2014
_____. "Tamburlaine, the Scourge of God: Mexía, Marlowe and Vélez de Guevara." SEDERI 4 (1993): 203-16.
_____. "Who's who in SEDERI." SEDERI IV (1993): 281-305.
_____. "Ricardo II de Inglaterra: historia de una rebelión." Homenaje a María Luisa Ledesma. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia Medieval, 1993. 827-42. Online at Dialnet.*
         2014
_____. "Medieval into Renaissance: The Case of King Richard II and Henry IV." SELIM 6 (1995): 325-35.
_____. "Shakespeare's Richard II: A Historical Reading." In SEDERI VI. Ed. Ana Manzanas. Salamanca: U de Castilla-La Mancha, 1996. 163-74.*
_____. Proverbios, Refranes y traducción: James Howell y su colección bilingüe de refranes españoles (1659). Zaragoza: Sederi, 1996.
_____. "Shakespeare's Richard II: A Historical Reading." Sederi 6 (1996): 163-73.*
_____. "English Renaissance Studies in Spain: A Bibliography up to 1995." SEDERI 10 (1999-2000): 241-304.* Online at Dialnet:
         2014
_____. "Portuguese in England in the Sixteenth and Seventeenth Century." SEDERI 18 (2008): 108-34.* Online at Dialnet:
         2014
_____. "La lexicografía plurilingüe inglesa en los siglos XVI y XVII: los diccionarios de James Howell."Philologia hispalensis 22 (2008): 299-318. Online at Dialnet:
         2014
_____, ed. SEDERI 1. Zaragoza: Librería General, 1990. 
_____, ed. Picaresca española en traducción inglesa (ss. XVI y XVII). Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1998.
Sánchez Escribano, Javier, and Mª Pilar Cuartero Sancho. "Fuente latina en 'The Cat and the Devil' de Joyce." Homenaje a Esteban Pujals Fontrodona. Oviedo: U de Oviedo / AEDEAN, 1982.* 
Sánchez Escribano, Javier, and Mª Luisa Dañobeitia Fernández. "Bibliografía española de William Shakespeare." In Shakespeare en España. Ed. J. M. González. Zaragoza: Pórtico, 1993. 469-97.*





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The Couple 2

martes, 25 de marzo de 2014

The Couple 2

The Couple 2 by JoseAngelGarciaLanda
The Couple 2, a photo by JoseAngelGarciaLanda on Flickr.

Ángel García, maestro de Escuer

domingo, 16 de marzo de 2014

Ángel García, maestro de Escuer

Entre los expedientes de depuración al magisterio del franquismo se encuentra el de mi abuelo Angel García Benedito (Benedicto lo llaman otros)— aunque lo de la depuración era un trámite, pues ya lo habían asesinado los falangistas. Víctor Juan recogió estos datos para una tesis sobre los maestros de aquellos años:

El caso de Angel García Benedicto, con 20 años de servicio y maestro de Escuer (partido de Jaca) desde 1918, es uno de los mas sorprendentes de cuantos hemos tenido oportunidad de recoger. Este maestro consiguió aumentar la matrícula de la escuela, enfrentándose muchas veces con los padres que preferían antes servirse de sus hijos en las labores del campo que enviarlos a la escuela. El trabajo realizado por Angel García en las clases de adultos también era digno de destacarse. La labor social desarrollada por Angel García en favor de la comunidad fue especialmente meritoria durante una epidemia de fiebres tíficas en el pueblo, cuando ante la falta de asistencia especializada, el maestro asumió este papel visitando, curando y atendiendo a los enfermos. También fundó un economato y un sindicato agrícola (cooperativa para semillas, abono e instrumentos de cultivo). En el pueblo se produjo un corrimiento de tierras y el maestro y el párroco acordaron trasladar el pueblo a otro sitio más propicio, en la carretera de Panticosa, debido al peligro que representaba su emplazamiento. El editorialista de El Magisterio de Aragón manifestaba que Angel García Benedicto:

"Encarga material de construcción y lo distribuye, solicita muestras y recibe género que va suministrando según las necesidades de cada uno, y con su actividad, competencia y celo va realizando la maravilla de fundar un pueblo nuevo a seis kilómetros de donde el antiguo estaba emplazado"[1].

[1] "La redención de un pueblo por el esfuerzo de un maestro nacional", M.A., 27 de noviembre de 1924, Nº 98.


Se publicó un resumen de la tesis en la Institución Fernando El Católico, en 1996.

 


Historia del abuelo 

 

 

 

 

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50 años de Avengers y X-Men

martes, 10 de septiembre de 2013

50 años de Avengers y X-Men

50 años de 'Los Vengadores' y 'X-Men'. Especial de @enlenguadegato y @miguel_comic  elmun.do/1aoFGjW pic.twitter.com/QAlWuVqGx7
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Y lo que me gustaban a mí hace 40 años... Claro que también me leí los primeros números, que llegaban aquí con retraso, a principios de los 70. Aparte de las versiones atroces reformateadas de mala manera que publicaba Ediciones Vértice, también me leía muchos originales gracias al intercambio que teníamos entre Biescas y la base americana de Zaragoza, establecido por mi padre. Montañas de cómics, nos traíamos, los números atrasados que ellos ya no querían.

Por entonces era yo dibujante aficionado, y me hacía buenos pósters de todos estos individuos en leotardos. Desarrollé una curiosa técnica de grises y sombreados con mi instrumento favorito: el boli bic negro de punta fina. Y hasta dibujé un par de números completos de guerras mutantes por mi cuenta, unas 100 páginas o más, de estos cómics, incluyendo la muerte de la Patrulla X. Porque todo muere, en su momento—aunque en realidad la ilusión es lo primero que muere.



the end

Cerca del río, cerca del río

sábado, 5 de enero de 2013

Cerca del río, cerca del río

Cerca del río, cerca del río by JoseAngelGarciaLanda

Intoxicación a Linotipia

martes, 24 de julio de 2012

Intoxicación a Linotipia

A a Andamán. Andarai a Ayuthia. Ayutla a Buceo. Bucer a Cerusita. Cervantes a Crosopterigios. Cross a Eco. Ecolalia a Españoleto. Espárrago a Francio. Francis a Gutagamba. Gutapercha a Intolerancia. Intoxicación a Linotipia. Lins a Metepec.... Ya me fallan en la memoria los demás volúmenes de la enciclopedia Durvan, la que compró papá en los años 60. Tenía la presentación escrita por Menéndez Pidal, me acuerdo. La tengo guardada.

Maestros del Pirineo

miércoles, 6 de junio de 2012

Maestros del Pirineo

Mis noticias de las Escuelas de Biescas no son anteriores a 1892. En esa fecha llegaron a Biescas un maestro y una maestra muy jóvenes llamados Amadeo García y Maximina Jordán...

Me han regalado (¡gracias!) por mi cincuenta y tantos cumpleaños, el "libro-museo" "As Crabetas"- sobre la infancia tradicional del Pirineo, de Enrique Satué y Roberto L'Hotellerie, un volumen que da gusto verlo, de los que pesan, y donde se habla de cuestiones de noviazgos y familias, nacimientos, bautizos, madres, vestido, pedagogía popular, enfermedades y curas, la escuela, fiestas, juegos y rituales, el inicio laboral... en fin, el paso por la infancia hace cincuenta, cien o ciento cincuenta años, incluidas las forganchas, losetas, chiflos, juegos en pandilla y demás.

En el capítulo de escuelas y maestros he encontrado esta foto:
amadeo garcia
Estos niños serían los abuelicos que yo veía en el pueblo de crío. El maestro también sale en otra ilustración, ésta de 1906, donde se le nombra: era Amadeo García, tío abuelo mío. La escuela femenina la llevaba su esposa doña Maximina. (La separación por sexos aún duraba en parte cuando yo empecé a ir a la escuela). Aún me acuerdo el respeto con que hablaba mi abuela, Eusebia Pomar, de Don Amadeo y Doña Maximina, los maestros de Biescas cuando ella llegó al pueblo de niña, y que la animarían a hacerse maestra ella también. Es una historia que cuenta mi padre en La Maestra.

Mi abuela se casaría con el hermano de Amadeo, Ángel García Benedito, que fue padre de mi padre, y maestro de Escuer. De él también se habla en este libro, y no mal por cierto—incluyendo su triste fin en la guerra a manos de algunos canallas de esos que salen de debajo de las piedras cuando hay guerra. No fue el único maestro asesinado en los alrededores:

"Fruto de aquel triste estado de cosas, sólo en los alrededores de Jaca y Sabiñánigo, fueron fusilados entre julio y agosto del 36 el maestro de Orna, Anselmo Jordán Otín; el de Javierrelatre, Antonio Santolaria Viñuales, el de Escuer, Ángel García Benedicto; los de Jaca, Alfonso Iguácel Berges, Luis Boved Ayora y Félix Godé Capistrós; así como la de Sabiñánigo, natural de aquella ciudad, doña Pilar Beltrán Pueyo, y el de Bailo aunque ejerciendo en Asturias, y estando de vacaciones con su esposa e hija, Mariano Acín Gracia. Todos ellos, personas inquietas, profesionales y con una profunda mirada social." (286).

Recuerdos horribles dejó la guerra. Pero también buen recuerdo dejó mi abuelo en muchas personas.

"Y, para finalizar, en una estela que podría ser inagotable, don Ángel García Benedicto, maestro de Escuer, desarrolló un hermoso currículo que, de haberlo hecho en el otro bando, le hubieran proporcionado los más altos laureles: organizó, junto al sacerdote, la bajada del pueblo desde los míseros bancales al fondo del valle y la orilla de la carretera, hacía préstamo sin usura, se le concedió una biblioteca del Patronato de Misiones Pedagógicas, organizó una cantina y ropero para la infancia necesitada, daba clases de adultos por la noche, creó una escuela moderna en el nuevo asentamiento del pueblo, y ornamentó sus calles con infinidad de nogales y acacias a través de la fiesta del árbol. Un hermoso legado guardado todavía en la cabeza y en el corazón por el alumnado que todavía pervive."

"Miguela Sampietro Escartín nació en 1929 en Escuer y pronto quedó huérfana. Para ella, don Ángel fue su auténtico padre. En el año 2002 me entregó este bello poema manuscrito dedicado a su maestro. Como homenaje a él lo transcribo."

A Don Ángel García, nuestro querido maestro

Al entrar muchos preguntan
¿quién ha organizado el pueblo?
y todos les contestamos
nuestro maestro tan bueno.

Escuer pueblo nuevo
con mucha alegría
nos ayudó a construirlo
Don Ángel García.

Bien puesto llevaba el nombre
muy bien le correspondía
que fue un Ángel para Escuer
y para el que lo conocía.

Él nos mandó hacer la escuela
y a cuidarla con esmero
y nos enseñó a plantar
los árboles que hay en el pueblo.

A las tardes nos mandaba
a regar con ilusión
y al volver siempre nos daba
una gratificación

unas veces caramelos
otras naranjas o manzanas
y todos muy obedientes
íbamos de buena gana.

Muchas veces comentaban
y llevaban la razón
que era uno de los mejores
de la región de Aragón.

A los más necesitados
también nos dio algún dinero
y nos daba de comer
en los tres meses de invierno.

Primero a los de Escuer Alto
después, de abajo también
y qué feliz se sentía.

Yo nunca quiero olvidar
aquel cocido tan bueno
lo preparaba muy bien
Francisca del Herrero.

Nos daban un panecillo
que nos hacía ilusión
nos lo comíamos todo
aunque era buena ración.

Al terminar el invierno
nos preparaba un banquete
que a todos nos parecía
que estaba de rechupete.

Solamente uno entre todos
el que comía poquico
que si lo quieren saber
es Gregorio de Perico.

Muchas veces a mi madre
él le habló de esta manera:
Como eres viuda y ocho hijos
uno gratis la carrera.

Yo unos días a la escuela,
otros cabrero o vaquera
de esa manera imposible
que yo sacar la carrera.

No conocí a mis abuelos
y casi nada a mi padre
por eso sí mucho aprendí
del maestro y de mi madre.

Aunque se fue para siempre
en Escuer siempre estará.
El nos plantó los árboles
y mucho han crecido ya.

Sabemos que es un buen ángel
y que estará ya en el cielo
y nos sigue vigilando
para que seamos buenos.

Gracias, Miguela, y gracias Enrique. Mi padre, Ángel García Pomar, también estaba conmovido por el aprecio y el recuerdo que de mi abuelo tenía Miguela después de tantos años. Él, por su parte, llegaría a ser otro maestro muy querido y apreciado por varias generaciones de vecinos de Biescas. Era de esas personas incansables en intentar mejorar el pueblo y ayudar a la gente, y enseñarles a ayudarse unos a otros. Dar ejemplo, y no sólo dar clase de matemáticas o de física, era su manera de entender el papel del maestro—y está claro que en eso siguió el ejemplo de su padre, a pesar de perderlo tan pronto.

Homenaje a papá de sus compañeros
 




Nos conocemos en el No-Do

30/4/12

Y retrospectivamente. Ahora resulta que no nos conocimos con la Dra. Penas en el año 1986, en el País Vasco, aunque nos vimos allí por primera vez. Al parecer ella ya me había visto antes, en el año 1973 debió ser—en el No-Do. Hemos estado reviendo hoy un No-Do que hicieron a principios de 1973, sobre la Operación Aguilucho— y hemos visto muchas caras conocidas de entonces: José Benito, Bachín, Manzanetas, Peluquero... y algunas veces aparece mi padre, pastoreando chavales, muy joven (tenía entonces cuarenta y dos años nada más). También sale bien identificable Alfonsete, dando brincos con los esquís, y y yo en alguna periferia, y en una imagen en la que se me ve bastante bien. Este No-Do lo vio la futura Dra. Penas en Logroño, o quizá en Ferrol del Caudillo, vaya usted a saber. Del 73 al 2012 van.... treinta y nueve años. El No-Do era en color, cosa que le ha llamado la atención a Oscar. Que los chavales de entonces estuviésemos también en color.


Foto 38


Homenaje a Don Ángel
 


El vagaroso universo de las narraciones


Meditación de la Joven Prudente en Los enamoramientos de Javier Marías:

Todo acaba atenuándose, a veces poco a poco y con mucho esfuerzo y poniendo de nuestra voluntad; a veces con inesperada rapidez y en contra de esa voluntad, mientras intentamos en vano que no palidezcan ni se nos difuminen los rostros, y que los hechos y las palabras no se hagan imprecisos y floten en nuestra memoria con el mismo valor escaso que los leídos en las novelas y los vistos y oídos en las películas: lo que ocurre en ellas da lo mismo y se olvida, una vez terminadas, aunque tengan la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da, como había dicho Díaz-Varela al hablarme de El Coronel Chabert. Lo que alguien nos cuenta siempre se parece a ellas, porque no lo conocemos de primera mano ni tenemos la certeza de que se haya dado, por mucho que nos aseguren que la historia es verídica, no inventada por nadie sino que aconteció. En todo caso forma parte del vagaroso universo de las narraciones, con sus puntos ciegos y contradicciones y sombras y fallos, circundadas y envueltas todas en la penumbra o en la oscuridad, sin que importe lo exhaustivas y diáfanas que pretendan ser, pues nada de eso está a su alcance, la diafanidad ni la exhaustividad.
      Sí, todo se atenúa, pero tambien es cierto que nada desaparece ni se va nunca del todo, permanecen débiles ecos y huidizas reminiscencias que surgen en cualquier instante como fragmentos de lápidas en la sala de un museo que nadie visita, cadavéricos, como ruinas de tímpanos con incripciones quebradas, materia pasada, materia muda, casi indescifrables, sin apenas sentido, absurdos restos que se conservan sin ningún propósito, porque no podrán recomponerse nunca y ya son menos iluminación que tiniebla y mucho menos recuerdo que olvido. Y sin embargo ahí están, sin que nadie los destruya y los junte con sus trozos desperdigados o hace siglos perdidos: ahí están guardados como pequeños tesoros y superstición, como valiosos testigos de que alguien existió alguna vez y de que murió y tuvo nombre, aunque no lo veamos compleyo y su reconstrucción sea imposible, y a nadie le importe nada ese alguien que no es nadie. (361-62)






Secretos, anagnórisis, retrospección, realidad


Primeros años del tío Víctor

sábado 10 de diciembre de 2011

Primeros años del tío Víctor


En noviembre de 1981, mi padre, Ángel García, grabó una entrevista con mi tío abuelo Víctor Carrera Vera, en la que éste le cuenta su vida. La cinta se titula "Historia de Víctor Carrera Vera 1899-1981", aunque sólo cubre hasta aproximadamente el año 1916. Aquí transcribo lo que dicen:

_____

VC: ¿Otra vez?

AG: Aquí cerca, sí... hala.

VC: ... no, no, ya vale, ya me pondré yo más cerca, si hace falta, si hace que me ponga así...

AG: Empieza, empieza.



VC: Me llamo VICTOR CARRERA VERA. Nací en Villareal.

AG: ¿De qué provincia?

VC: Provincia de Huesca. Soy hijo... —verdad, vamos a poner— hijo de CONSTANCIO CARRERA NAVARRO, nacido en... en Embún. De la provincia de Huesca, también.

AG: ¿Qué año nació?

VC: Me acuerdo de que en Villarreal me tuvieron, estuvieron mis padres, hasta la edad que yo tenía cuatro años...

AG: ¿Y qué año nació usted?

VC: Bueno, ahora tengo noventa y dos.

AG: No, ochenta y dos.

VC: Ochenta y dos. Ahora tengo ochenta y dos. Eh... de Villareal, cuando tenía cuatro años, mis padres me llevaron, a mí y a mis hermanos, a un pueblo que llaman, dentro de la misma provincia, me paece que es de la misma provincia también, Asso Veral. No sé si no es de la provincia de Zaragoza ya. Asso Veral.

AG: Si... Usted nació en 1899.

VC: Noventa y nueve.

AG. 1899, bien...

VC: Y de Asso Veral, cuando tenía unos seis años, no cumplidos, me acuerdo aún todavía que mis padres se marcharon de ese pueblo para ir a Ruesta, en la provincia de Zaragoza.

AG: ¿Y qué hacía... a qué se dedicaban?

VC: Se dedicaban al campo, a labrar, a... quehaceres del campo, ganados, ecétera ecétera. Pues me acuerdo muy bien que cuando nos salimos de Asso Veral, pues cargaron los muebles que tenían, lo poco que tenían, lo cargaron en unos mulos, que iban con bastes, verdad, que en aquél entonces no había carros. Y cargaron los mulos y a mí me pusieron ¡dentro de un cuenco, je! Pasamos el río de Aragón, entre el molino de Esco y el molino de Ruesta, allí pasamos Aragón. Y llegamos a Ruesta. Y cuando tenía siete años, me acuerdo muy bien que mi madre, pues tuvo una enfermedad que estuvo tres años loca. Y mi padre, pues naturalmente como éramos, en aquél entonces éramos seis en casa, pues no tuvo más remedio que... colocar a mi madre en un manicomio, luego a nosotros, los que pudo, los que podíamos ya hacer algo, pues nos colocó; a mí, yo con siete años me puso en un pueblo que llaman Gordún.

AG: Gordún.. —¿y cuántos hermanos eran, pues?

VC: Seis.

AG: Seis. Seis hermanos, ¿tres, o cuatro...?

VC: Seis; éramos cuatro de padre, y dos de... es decir, seis de madre y cuatro de padre, seguidos. Bueno...

AG: Y eran...

VC: Éramos seis.

AG: Y todos... seis de... ¿y eran todos chicos, o todo chicas...?

VC: No. Éramos cuatro hermanos y dos hermanas, las dos hermanas las más... que son las que vienen detrás de todos, más jóvenes. Y claro, pues mi padre, al verse en esa situación, no tuvo más remedio que colocarnos, a los que ya podíamos hacer algo, y claro, a mí me colocó en un pueblo que llaman Gordún. En provincia de Zaragoza también, y me colocó en una casa de campo, campesinos, verdad, y allí tenían unas vacas. Y yo cuidaba, me hacían guardar esas vacas, y por la noche, pues cuando entraba de guardar las vacas, tenían un par de bueyes pa labrar, que eran padre e hijo, que eran los que hacían las faenas del campo. Y a mí por la noche cuando llegaba, pues me daban un poco de cenar y a darles de comer a esos dos bueyes que, que tenían que trabajar, y que venían de trabajar tó el día. Y me acuerdo siempre de que había unos fajos de avena, verdad, que estaba cortada, pero entera así, y que había que doblala y darles en la boca y que se la comían así. Por las tardes cuando llegaba ese era mi trabajo, y por las mañanas, antes de salir con las vacas, también era mi trabajo, el darles de comer a estos bueyes. Bueno, pues todo el día ya iba así. Pero... no estaba muy bien tratado, porque claro, eh... pasaba incluso hambre y ya, pues estuve allí seis meses, y a los seis meses, pues había otra casa en el mismo pueblo que... eran un poco más ricos, y que tenían más hacienda, y que...

AG: ¿Y cómo se llamaba la casa?

VC: No me acuerdo de la... el nombre de la casa, de la casa ésa, no me acuerdo cómo se llamaba.... Porque ese pueblo pertenecía a un conde que era, toda la comuna ésa de ese pueblecito es de un conde de por allí, ni sé tampoco eso, nunca he sabido el nombre de ese pueblo... del conde ése. Pero bueno, ya de esta casa entonces ya los dueños de la casa vecina pues me querían coger allí y me decían que a mí que me darían mejor de comer, que me tratarían mejor, ecétera ecétera...  Y sí, pues hice zafrán, porque entonces se llamaban los zafraneros los que cambiaban de posada, hice zafrán de esa casa y me cambié a la otra, jeje... Bueno, pues allí, desde luego sí, el primer mes bastante bien, mejor atendido, pero ya luego vino la misma ranguena [rengaine, canción], verdad, es decir, que... escuela ninguna, y nos hacían levantar por la mañana muy temprano, a las cinco la mañana que había una misa que hacían, porque había... no había escuelas en el pueblo, pero sí había una iglesia. Y había un cura. Y claro, hacía la misa para los que iban a trabajar a las cinco de la mañana. Y luego, pues cuando venías por la tarde, a las ocho, el rosario, ¿no? entrabas cuando.... era similar a esto....
 
AG: ¿Todos los días a las cinco?

VC: Ah, sí sí. Eso... era la moda entonces. [¿¿] también. Bueno, pues claro, allí, pues al cabo de un mes, ya... ya ví que iban aflojando la cuestión de dar la comida y al mismo tiempo los mismos tratos, entraba mojao, ya no... no me secaba ni nada, sino que me acostaba igual en la fajera. Mojado.

(Pausa)

AG: Siga...

VC: ¿Ya has enchufado, ya?

AG: Sí, sí...


VC: Ah, bueno. Pues nada, como ya me... eso, pues claro, yo iba aguantando, iba aguantando hasta que ya encontré otra posada. Porque claro, para... ir a casa, mi madre ya no estaba en casa. Mi padre, pues trabajaba, y claro, pues... y los demás hermanos, unos por un lado, otros por otro, y claro, yo... las dos hermanas estaban en casa, y yo pa qué iba a ir a casa, si nadie me iba a recibir, ¿no? Pues ya me tenía que buscar una posada antes de quitar [quitter] otra, y entonces pues ya me encontré otra posada, en el mismo pueblo aún, en otra casa que seguía también, porque había, había catorce casas en ese pueblo... [AG: Sí...] Y cada una iba... por orden, verdad, una, la... la primera que encomencé a trabajar, era la más pobre, de las que seguían allí. Y claro, pues allí, otra vez, pues cambié a los... me parece que llevé unos tres meses al fin, y al fin, pues ya también en esa casa me dijeron, "ah, pues ven con nosotros, con nuestra casa, que te trataremos mejor, porque... yo me quejaba que tenía hambre, y además pedía pan a los que trabajaban en esas casas. Y claro, me dijeron, ven, que ya te damos mejor de comer y mejor estar, pues sí, cambié, y hasta que eso, pues...

AG: ¿Y usted qué años tendría pues? ¿Siete?

VC: Bueno, yo entonces iba sobre los ocho años. [AG: Ocho...] Iba con los ocho años. Allí tuve seis que estuve, tres hacen nueve, iba aún todavía [encore] siempre sobre los... iba de siete a ocho. Y claro, pues continué así, ahí... y luego que ya cambio. Y ya, cuando ya cambié de las tres casas, la tercera que hice pues lo mismo, cuando se encomienza, siempre parecía que había una... un pequeño cambio, ¿no?... [AG: Hola, es que...] ... pero al fin y al cabo, total, vino igual. Bueno, pues, uno de los días, hem... no encontraba a los otros, y ya... no... o que no necesitaban, o bien que [aunque] yo no hubiera querido tampoco yo ya salir del pueblo, tampoco no buscaba arrimarme además ni a pedir trabajo en esas casas... Pues entonces tenía un hermano que era Isidro, que era el que era por delante de mí, que era del mismo padre, ¿no? Los otros dos mayores, ya... —uno trabajaba también en ese pueblo, pero en una, en otra...
 
AG: ¿Esos eran ya de otro padre? O sea—

VC: Los otros eran de otro padre pero al fin y al cabo éramos todo igual, era igual, como si hubieran sido hermanos de padre y madre, bueno solamente que había que diferenciarles los nombres, ¿no? Bueno, pues ya, entonces ya comuniqué con otro hermano que se llamaba Basilio, que era el segundo de los primeros que tuvo mi madre. [AG: Sí...] Que trabajaba en....

AG: El segundo era Basilio. ¿El tercero?

VC: El... el segundo era Basilio. El primero era Eleuterio.

AG: El primero Isidro. Primero Isidro...

VC: El primero era Eleuterio, se llamaba.

AG: Eleuterio. ¿El segundo?

VC: El segundo Basilio, y el tercero era Isidro.

AG: Isidro. ¿El cuarto?
Esposa desde Sinués

VC: Bueno, entonces, comuniqué....

AG: ¿El cuarto era usted? [VC: ¿Eh?] ¿El cuarto era usted?

VC: El que va delante de mí. Era el tercero de mi madre, y el cuarto, yo era de mi madre, ¿no?

AG: ¿Y después viene, eh....?

VC: Y después viene Felisa, y viene Aurelia.

AG: Felisa, y después Aurelia.

VC: Claro que Aurelia apenas había nacido. Fue además por esas fiebres de leche que mi madre estuvo... estuvo... cayo así, enferma, ¿no? — claro.... [AG: Hm...]. Bueno, pues al no ver eso, pues comuniqué primero, primero comuniqué a Basilio, porque Basilio trabajaba en la misma comuna [commune, pueblo], pero que esta comuna tenía una casa que llamaban la Venta, una venta que había ahí hay un río que era la Venta de, la Venta de...  porque claro, attends... la Venta de... aguarda, cómo llamaban a esta venta...

AG: ¿La venta Carrica?

VC: No... ah... la Venta de Sutirana. Que era entre Urr... entre un pueblo que llaman Longás y otro pueblo que llaman Isuerre. Esta ventana, esta, esta venta, ésta, la llamaban la Venta, ¿no? pero era porque era una casa, de la misma comuna pero que había la doncella que pasar el río, ese río que llevaba agua que los inviernos un poco y el verano siempre estaba seco, ¿no? Un barranco que... muy pobre. Y claro, comuniqué a mi hermano, y me dijo, pues mira, pues tendrás que aguantar, porque ¿aónde vas a ir a trabajar, a dónde vas a ir, y quién te va a dar de comer? Y claro, pues aguanté aguanté, pero de todas maneras ya luego comuniqué a Isidro que, Isidro estaba en un pueblo que llaman allí, eh, attends, cómo lo llaman a este pueblo, tal—mi hermana se acuerda mejor de los nombres de los pueblos, que está en la mismo eso, pero, attends, cómo lo llamaban, Irrués, [Urriés] me paece que es... pero bueno... Y claro, pues Isidro trabajaba allí en esa y ya él, ya encomenzaba a labrar, cuando fuimos... y le pregunté y entonces ese Isidro me dijo "pues mira, no, de momento aquí no puedes porque en la casa que estoy yo hace falta un segundo para labrar, pero tú eres aún muy joven, tú no puedes aún poner el yugo a los animales"—porque entonces era con yugos, que se ponían, no había collares—porque los collares no existían en esos pueblos aún todavía, hasta que luego ya vino el brabant [arado]. Estaba pues entonces, y no tuve más remedio que... —porque me escapé, porque al escaparme también me querían pegar, no, al mismo tiempo cogiéndome pa decir, cogerme y guardarme y pegarme y obligarme a continuar, ¿no?
    Pues entonces sí, vine a Ruesta, vine a casa, y mis padres entonces, pues al ver estas cosas, no, como yo le conté las cosas, pues mi padre entonces me puso a guardar ovejas en Ruesta, ¿comprendes? En casa de Miterio. Una casa que llamaban Miterio, que estaban... rebadán, que llaman allí, sabes, un... tenían el mayoral, [AG: Sí, ya...] uno que va con él... Y allí comencé a guardar ovejas, naturalmente. Pues también en esta casa, pues más o menos, verdad, pero... En estas casas se disputaban muchas veces por la cuestión de tener un rebadán, verdad, que... que era mejor, o que si guardaba mejor las ovejas, es decir, estas cosas que tienen entre ellos... Pero allí, de todas las maneras, ya cuando entré ya había hecho los ocho años, ¿verdad? Y ya enconmencé la carrera de nueve años. Y en esta casa de Miterio pues estuve unos seis meses también. Y al cabo de nueve—de seis meses, en una casa que llamaban Tendero, también en el mismo pueblo, en Ruesta, pues necesitaban un rebadán. Y esta casa mi padre pues tenía más confianza, en esta casa, es decir, que eran mejor, además atendían mejor a los críos, tal, ecétera ecétera, y sí, por cierto, fui a esta casa. En esta casa estuve hasta que tuve doce años. Guardando las ovejas. Que incluso, el mayoral que tenían, era joven también, era un chico de Tiermas. Era muy bueno, pero se tuvo que ir al servicio. Y al marcharse al servicio no encontraban un mayoral. Y yo incluso hice el mayoral, hacía de mayoral porque me quedé solo, ya... —como no encontraban otro... Hubieran encontrado otro más joven, verdá, pero yo ya era bastante joven para... pero, a pesar de eso, yo hice el mayoral y el rebadán. Tenían dos perros, verdá, pa guardar el ganao, ecétera. Y así, pues ahí en esta casa también, estuve cuasi el año, también. Y así ya me va llevando, me va llevando, verdad, que ya llego a los once años. Y a los once años yo ya encomienzo, verdad, porque claro, guardando las ovejas, como allí son todos casas de campo, de labor, verdad...

AG: ¿Y a la escuela no había ido ningún día?

VC: Ah, no... a la escuela nada. A la es... Si, estuve seis meses al comienzo cuando mi madre aún podía— que, cuando comencé, a ir a la escuela, mi madre aún no había caído enferma. A la escuela sí, si pongo la escuela no vale la pena de ponerla porque hemos pasado el tiempo, pero en fin...

AG: Ya, pero al principio fue...

VC: Al principio fui, estuve seis meses fui a la escuela.

AG: ¿Y aprendió a leer en ese tiempo?

VC: Aprendí— en los seis meses, cuasi pasé todas las pizarras. [AG: Sí...] Porque iba mi hermano también a la escuela, entonces, y había ya Felisa que encomenzaba a ir, porque comprendes, ella ya tenía sobre los cuatro añicos, cuando mi madre...

AG: Ah, ¿y a los cuatro ya iban?

VC: Hombre, ya encomenzaban a coger a la escuela...  ya sabes, las que querían, o las que podían ir, las crías y los críos... Allí se iba hasta que tenías la edad de poder hacer algo. En lo demás ya no ibas a la escuela, los que tenían necesidad, qué te diría yo, por ejemplo los que como mi padre, que tendría que servir, todos los que no tenían ninguna hacienda, pues los padres no tenían más remedio que poner los niños enseguida, en cuanto sabían que podían hacer algo, pues ya a trabajar. Y por la tarde el rosario, y les hacían una especie de escuela que no les hacían... no les enseñaban más que el Padrenuestro, el Avemaría, la Salve, el Credo, etcétera, pero cuestión de escuela, nada, y luego había una escuela de noche, pero, una escuela de noche, para nosotros, tan pequeños, verdad, que entrabas ya... además entrabas mojao, primeramente eso, entrabas todo el día a guardar el ganao, y luego pues que te encontrabas con una edad muy débil, verdad... Había la escuela de noche, pero no podías ir porque te dormías en la escuela, para qué....
   Yo fui seis meses a la escuela, y me acuerdo muy bien el por qué quité [dejé] la escuela; primero ¿por qué quité la escuela? Porque cuando mi padre me puso, si hubiera continuao la escuela hubiera llevao un año de— de escuela, antes que mi madre cayó enferma, comprendes, y hubiera aprendido, además aprendía muy bien, pero lo que pasa es que ese día me acordaré siempre, además mi hermano te lo puede repetir porque [se repitió?] en el pueblo, mi hermano iba a la escuela, entonces estaba por delante, mi hermano hacía cuasi ya el maestro entonces. Porque era un maestro... qué quieres, tenía conocimientos, con arreglo a en aquellos tiempos, tenía conocimientos, pero era un hombre que, además ya de edad, y muy pesao, muy fuerte, tenía un barrigón así, muy gordo, y estaba siempre sentao, no se movía siquiera, sino que daba orden. Y claro, algunas veces preguntaba de cosas que pasan, no sé por qué, pues saber lo que pasa por ejemplo,  que me pregunta, me llama y me dice, eh... "Diez y nueve, ¿cuántas hacen?"—Yo le dije diecinueve, tal como me lo preguntó, y entonces me llamó, yo no sé por qué, él lo cogió como burla, que le había contao diez y nueve, es decir, que yo repetía lo mismo que él, pero yo lo que quería decir, que hacían diecinueve, ¿no? Bueno, pues me llamó, y allí al lao de él, y entonces me dice, primero me hizo poner las manos así, sabes, tenía una regla, una regla de madera [AG: Ya... sí...]— que te pegaba en las manos que eso... jeje... Y entonces, claro, cuando levantó la regla, quité las manos y se pegó en la rodilla. Al pegarse en la rodilla, pues luego tienen una correa, y ya te engancha... Y quiso engancharme, coger la correa, engancharme por eso, pa darme un buen sobo— pero cogí yo, pero hombre, más listo que él, porque cuando yo ví el caso, pues cogí el couloir [el pasillo] y me marché. Y ya no volví más a la escuela. Por eso, por miedo de que... [AG: Ahá, hm...] no me pegara. Y como mi madre ya entonces ya no estaba bien, ya estaba un poco trastornada, pues tampoco no había—y mi padre, pues no sabía nada; además mi madre no sabía leer, mi padre tampoco... No le daban interés a estas cosas, ¿no?  [AG: Sí...]
   Y claro, pues estuve cierto tiempo, hasta que mi madre se marchó, estuve un cierto tiempo que yo decía que iba a la escuela, pero no iba a la escuela, no iba a la escuela, lo que iba por ahí por los barrancos a jugar, a ver los pastores...

AG: Bien; y ahora, vamos a continuar con los once años, cuando ya estaba en Ruesta... Y de ahí, ¿a dónde marchó, pues?

VC: Bueno, pues, de todas las maneras... Cuando ya tengo los, los once años, en esta casa, en esta casa de... que estaba después, amos, cómo se llamaba, casa del Tendero, pues ya quité de allí, porque ya, estando en su casa, yo ya encomencé a coger mulas, y a labrar, con los que estaban labrando pues a llevar el apero. Me interesaba todo eso a mí, porque lo que ves hacer, quieres hacer. Y claro, pues ya llega el tiempo que ya tengo demasiao trabajo; además llevaba un trabajo que entonces ya no buscaban a nadie y tenían seiscientas cabezas. Y sabes, cuando venía, cuando parieron, porque les hice un año, el año que se quedaron sin mayoral, yo tuve que atender todo esto, verdá...

AG: ¿Y iba con las seiscientas cabezas usted solo?

VC: Dos perros, y esas seiscientas cabezas de corral en corral, comprendes, y cuando parían tú date cuenta...

AG: ¿Con cuántos años? Once...

VC: Pues iba a hacer once, cuando terminé hacía once, en esta casa... Es decir, de diez a once hice, el año que hice de diez a once en su casa, me estuve solo. [AG: Sí, sí... ] Claro, venía el dueño, venía cuando tenía tiempo, comprendes, pero estaba tó el día solo, y cuando hicieron la... por ejemplo, el año porque comienzan a parir antes de San Miguel, porque en aquellos tiempos para San Miguel cuasi todas habían parido, verdá, y ya se ponían a los mardanos y tó eso, antes de subir, que las subían a los puertos... pues claro, ¡hacían treinta y cuarenta cada día! Y sabes, hay que recogelos, hay que ayudar, hay que en fin, unos y otros, y claro... Yo, tenía fe a esas cosas ¿no? —es que me gustaba además, me gustaba, y yo tenía un amor, por recoger los... pero claro, estaba demasiao apurao. Y ya, cuando ya vino el buen tiempo, que ya todo estaba salvao, pues yo le dije al dueño, "mire, yo no continúo así..." No le dije así, sino que le dije, "mire, la puerta está cerrada, si quiere que las ovejas coman, vaya y las suelte", porque me marché y... me encontré una posada. Y la posada que me encontré era donde trabajaba mi hermano, en ese pueblo que llaman Urriés, verdad, que necesitaban un segundo criáu. Para labrar, porque había cinco mulas. Y de cinco mulas, el mayor, que era mi hermano, ya llevaba tres, y llevaba un segundo, el segundo criáu, aunque hubiera sido un hombre de edad, no llevaba que dos. Y me acuerdo, pues sí, aunque volví a ver a mi hermano, y mi hermano me dijo "Sí, ahora sí, ya que sabes llevar dos mulas, ya puedes poner un yugo..."—porque en realidad, yo en todo lo haría igual como un hombre, como lo podía hacer... más bien que lo podría hacer ahora. Y ya en esta casa ya encomenzaron con los collares, porque ya aquí no, esta casa ya está cerca de Sos, y ya encomienzan los brabanes a venir, a labrar con brabant, y en esta casa ya, collares a las mulas. No llevan más que cuando se trabajaba con el apero o la vertedera, pero ya en trabajos, en muchos trabajos ya se ponía el collar. E incluso para trabajar luego ya se puso un... los collares con unas cosas acopladas, a efecto de que también con el apero se podía, sin un yugo. Pero en fin, de todas maneras, encomencé aún con el yugo, pero ya, y lo sabía coger, cogelo, y encima de las mulas. Y entonces entré en esta casa. Y en esta casa estuve hasta que tuve trece años, en esta casa. Había corrido algunas, pero me iba y venía, sabes, era una cosa, aquello, en aquellas casas, era en aquel entonces, los trabajos... tal. Era porque me llamaban siempre el zafranero. Yo en cuando me hacían una burla, un dueño, que no me daban de comer la comida, cuando veía una cosa que no... que se escondía, mira, me escapaba. Y algunas veces, pues volvía a la misma casa, ¿no? Vamos, que es así, la vida entonces era así.
     Bueno, pues en esta casa estuve entonces hasta que tuve trece años. Me iba y venía, estuve en Villarreal una vez, también, y a última hora me escapé y vine aún otra vez a esa casa, y de esa casa, volví a Villarreal. A la misma casa, a casa de Jordán. Y allí pues un día tuve una discusión con el mozo de casa, porque ahí también había cinco mulas. Cinco mulas y un caballo, que el dueño montaba a caballo. Y claro, el hijo, que eran— allí eran tres hijas y un hijo, era viudo, pero ya mayores, el hijo era uno de los de ahí...

[caetera desunt]


... y me marché y me encontré en Sigüés con un hombre, verdá, que era el que se ocupaba de mandar obreros a uno que llamaban Calvo y a las casas en... en Isaba, en el valle el Roncal, a esas casas que cortaban madera y que almadiaban, que el invierno tiraban la madera... Y me mandó... yo, al marcharme de esta casa, pues pasé por Sigüés, ya buscando posada, y claro, pues al llegar a Sigüés él me dijo que—mi hermana conoce bien la persona, ella de esos nombres se acuerda, porque ella, como ha vivido allí, yo no me acuerdo de los nombres de esa gente—pero en fin, este hombre, verdad, pues me dijo, "Oye, oye, ¿de dónde eres tú? Que no te he visto nunca aquí en el pueblo." Y le dije pues quien era, y por qué venía allí, y tal, porque ya mi madre entonces ya estaba en casa, ¿no? Sabes... Ya, pues le he dicho, "Mire, pues no soy de aquí, pero vengo a ver si encuentro una posada." "¿Y qué quieres hacer tú? ¿Sabes llevar mulos?" Y yo voy y le digo, "Sí", e ice, "Pues si quieres ir a trabajar, si eres bueno pa llevar mulas, si sabes poner los collares y tienes fuerza de eso, pues te mandaré a un pueblo, a Isaba, si quieres subir, que te voy a dar de comer y te... date prisa, antes de que se haga de... y me dio de comer, este hombre, me dio de comer, porque era por la mañana, y al mediodía aún estaba en Sigüés, que me dio de comer y me mandó a onde tenía que ir, a Isaba, y a la casa que me tenía que dirigir que iba de su parte. Y en Isaba...

AG: Y en Isaba, ¿fue andando, a Isaba?

VC: A Isaba, sí, ¡ah, sí, yo...! Si ya entonces, señor, no había coches ni bicicletas por [??]. Había, la Roncalesa ya andaba entonces, pero amigo, había que pagar, y yo andaba...

AG: Así que después de comer se marchó andando a....?

VC: Sí. "Bueno," dice, "te voy a dar de comer y date prisa, date prisa porque hay kilómetros, sabes, de Villarreal a Isaba. Y date prisa porque seguramente allí todos los días, cuando se mueve el cierzo, al escurecer, las borrascas de.. de... de agua ya caen allí y te van a mojar. Alors, date prisa de llegar antes de la noche". [¿] Ya andaba bien, sabes, y había que andar, y sí, efectivamente, como me lo dijo pasó, antes de entrar a Isaba, en el puente, ya encomenzaron, ya encomenzó a soplar el... ya encomenzaban las estrellas a brillar y ya conmenzaba la noche a caer, ya la noche... pues sí, encomenzó la borrasca, pero ya llegaba al pueblo. Y claro, me dijo, "Ya entrarás en el pueblo, la carretera, sigue la carretera, y verás, a un sitio, a tu izquierda verás que llaman el Casino"—yo no sabía ni leer, entonces, ni....  uh... bah... "Verás unas escaleras ahí, es el Casino; luego entrarás, y ves hace una revueltica así la casa, y verás enfrente siempre hay una puerta abierta, que tienen posada, hacen hotel... posada. Y estos tienen un hermano, ésta, la tía Fidela—que llamaban la tía Fidela—tiene, tiene un hermano que lo llaman Carallot, el tío Carallot, y que necesita—tiene un criado...

(...)


_______

Aquí se interrumpe la cinta. Muchos años faltan hasta el año 81, pero es que la cinta tiene trozos en blanco y otros con unas canciones de Maniobras Orquestales en la Oscuridad—"Enola Gay", "Joan of Arc"... cosas de los ochenta.

En el Roncal trabajó mi tío de almadiero, creo, como mi abuelo Severiano. Pasó a Francia a trabajar, creo que por también librarse del servicio militar. Si mal no recuerdo, no volvería a España hasta después de la guerra civil, infiltrándose con una partida de maquis, enviado por una misión del Partido Comunista a contactar con un grupo del interior. Lo capturaron y estuvo condenado a muerte, pero lo indultaron tras unos años de cárcel. Le escribieron de la cárcel a mi abuela, comunicándole su puesta en libertad (condicional, creo) y responsabilizándola de acogerlo. Durante una fiesta en un pueblo de la frontera se escapó a Francia, con mi abuela Aurelia y mi tía Encarnita, para reunirse con mi abuelo. Antes de volver a España, en Francia se había casado, luchó en la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial, y se quedó viudo también.

Yo viví con él en diversos sitios y momentos, en Francia, en unos pueblecitos del Allier donde iba a veces a pasar las vacaciones en los años sesenta, y setenta. Luego en Biescas, cuando nos visitaba él algunas veces, y en Huesca, varios meses, pues estuve en su casa el año que hice la mili allí, con mi abuela y mi tía Encarnita. En un pisito que alquilaban, ya jubilados y retirados de las faenas del campo, aunque tenía una bonita colección de macetas que regaba y cuidabamuy a gusto. Se había hecho francés ya hacía años, pues en Francia vivió casi toda su vida. Y en cuanto tenía ocasión iba a votar a Francia, contra la droite, y contra Mitterrand también.

Carrera
 


She Should Have Died Hereafter

She Should Have Died Hereafter


En Los enamoramientos, de Javier Marías, ésta la respuesta que da Díaz-Varela a la narradora, cuando le pregunta por su amiga Luisa, cómo sigue, unos meses después de perder súbitamente a su esposo Miguel Deverne. ¿Cómo sigue?

—Pues no bien —respondió por fin—, y ya me voy preocupando. No es que haya pasado demasiado tiempo, desde luego, pero no acaba de reaccionar, no avanza un milímetro, no es capaz de alzar la cabeza ni siquiera fugazmente y mirar a su alrededor y ver cuánto le quedea. Después de la muerte de un marido aún quedan muchas cosas; a su edad, de hecho, queda otra vida entera. La mayoría de las viudas salen adelante pronto, sobre todo si son más o menos jóvenes y además tienen hijos de los que ocuparse. Pero no son sólo los niños, que en seguida dejan de serlo. Si ella pudiera verse dentro de unos pocos años, de un año incluso, comprobaría que la imagen de Miguel que ahora la ronda incesantemente se le difumina cada día que pasa y cuánto se le ha adelgazado, y que sus nuevos afectos no le permiten acordarse de él más que de tarde en tarde, con una quietud hoy sorprendente, con invariable pena pero sin apenas desasosiego. Porque tendrá nuevos afectos y su primer matrimonio acabará por parecerle algo casi soñado, un recuerdo vacilante y amortiguado. Lo que hoy es visto como anomalía trágica será percibido como normalidad irremediable, y aun deseable, puesto que habrá sucedido. Hoy le resulta inadmisible que Miguel ya no sea, pero llegará un momento en que lo incomprensible sería que volviera a ser, que sí fuera; en que la mera fantasía de una reaparición milagrosa, de una resurrección, de su vuelta, se le haría intolerable, porque ya le habría asignado su lugar definitivo y su rostro apaciguado en el tiempo, y no consentiría que ese retrato suyo acabado y fijo se expusiera de nuevo a las modificaciones de lo que permanece vivo y por lo tanto es imprevisible. Tendemos a desear que nadie se muera y que nada termine, de lo que nos acompaña y es nuestra querida costumbre, sin darnos cuenta de que lo único que mantiene las costumbres intactas es que nos las supriman de golpe, sin desviación ni evolución posibles, sin que nos abandonen ni las abandonemos.
almohadaLo que dura se estropea y acaba pudriéndose, nos aburre, se vuelve contra nosotros, nos satura, nos cansa. Cuántas personas que nos parecían vitales se nos quedan en el camino, cuántas se nos agotan y con cuántas se nos diluye el trato sin que haya aparente motivo ni desde luego uno de peso. Las únicas que no nos fallan ni defraudan son las que se nos arrebata, las únicas que no dejamos caer son las que desaparecen contra nuestra voluntad, abruptamente, y así carecen de tiempo para darnos disgustos y decepcionarnos. Cuando eso ocurre nos desesperamos momentáneamente, porque creemos que podríamos haber seguido con ellas mucho más, sin ponerles plazo. Es una equivocación, aunque comprensible.  La prolongación lo altera todo, y lo que ayer era estupendo mañana habría sido un tormento. La reacción que tenemos todos ante la muerte de alguien cercano es parecida a la que tuvo Macbeth ante el anuncio de la de su mujer, la Reina. 'She should have died hereafter', responde de manera algo enigmática: 'Debería haber muerto a partir de ahora', es lo que dice, o 'de ahora en adelante'. También podría entenderse con menos ambigüedad y más llaneza, esto es, 'más adelante' a secas, o 'Debería haber esperado un poco más, haber aguantado'; en todo caso lo que se dice es 'no en este instante, no en el elegido'. ¿Y cuál seríaa el instante elegido? Nunca nos parece el momento justo, siempre pensamos que lo que nos gusta o alegra, lo que nos alivia o ayuda, lo que nos empuja a través de los días, podía haber durado un poco más, un año, unos meses, unas semanas, unas cuantas horas, nos parece que siempre es temprano para que se les ponga fin a las cosas o a las personas, nunca vemos el momento oportuno, aquel en el que nosotros mismos diríamos, 'Ya. Ya está bien. Es suficiente y más vale. Lo que venga a partir de ahora será peor, un deterioro, un rebajamiento, una mancha'. A eso nunca nos atrevemos, a decir 'Este tiempo ha pasado, aunque sea el nuestro', y por eso no está en nuestras manos el final de nada, porque si dependiera de ellas todo continuaría indefinidamente contaminándose y ensuciándose, sin que ningún vivo pasara jamás a ser muerto'.


El proceso de las nostalgias


Quid accidit?

Quid accidit?


Un momento curioso (e irrepetible, supongo) de la cultura europea en el siglo pasado,
esta conjunción del alemán, el latín y el Pato Donald. Por casa andaba, de cuando estudiábamos idiomas, y mi padre se hacía con materiales diversos e inopinados. Y si no daba con ellos a su gusto, él mismo los preparaba: también tenía yo cassettes en latín, grabados por él. Ubi sunt....

quid accidit

Iuvenes dum eramus
 


Grüss Gott, liebe Kinder!

jueves 14 de julio de 2011

Grüss Gott, liebe Kinder!

Se ha puesto Alvarillo a estudiar el método de alemán con el que empecé yo a estudiar hace treinta y tantos años.  Lo compró mi padre, uno de varios. Ya tenía otro anterior, que también acabé haciéndolo, aunque era muy años cincuenta—me lo tomé con aplicación y aprendí bastante, echándole una hora al día durante años. A clases de alemán con un profesor nunca fui, menos un año allá por los ochenta, que le pedí a Susanne Hübner si me podía colar en su clase de oyente, y me dejó. El resto, lo aprendí por mi cuenta, menos las primeras lecciones, que esas me las enseñó mi padre, sin saber mucho él, pero siempre decía que conseguía enseñar cosas que no sabía, y algo tenía de cierto. Empeño ya le echaba: conseguir un curso de alemán, con discos y demás, en nuestro pueblo, en los años sesenta y setenta, pues como que no se llevaba. Y también nos compraba tebeos, en inglés, francés, alemán y hasta en latín hay alguno. Oíamos los discos en tocadiscos clásico, o bien los grababa mi padre en magnetófono de bobinas al principio, de esos tamaño maleta, y en cassette después. Si le faltaban los discos, pues hacía él mismo la grabación leyéndola, y cantando las canciones. Y estudiamos así Peter and Molly, cursos de la BBC por correspondencia, alemán Vergara, Assímil inglés, francés, alemán y ruso.... uf, cuántas horas invertidas, a veces con resultados medianos. Pero a mí me sirvió para encauzarme en los idiomas, y para hacer la carrera que me permite ganarme la vida—a mi padre se lo debo, que me enseñó no sólo las lecciones, sino la constancia y la disciplina de ponerme a trabajar un poco cada día, en cosas cuya utilidad inmediata no se veía por entonces. Mi padre capturaba a los hijos y a los sobrinos por turnos cada día, y ponía a unos a seguir la lección en el magnetófono mientras a otros les hacía leer él en el libro amarillo de francés primero, luego en el azul, luego en el verde. Y hacía luego vídeos, en cuanto salió el aparato, filmando los libros con sus ilustraciones y leyéndolos. Unos años nos tocaba inglés, otros francés. Y algunos pasamos al alemán—los primeros allá por el año 1974.
leyendo
El curso éste de Grüss Gott, liebe Kinder! está forrado de plástico, y tiene dentro de la portada un sobre pegado, que dice "Facturas". En la primera página está anotada también la factura, con la letra de mi padre: "Pagado el 15-4-74 — 1750 pts. Curso alemán elemental— 1200. Tomo 7º serie Dime, 550. Total 1750 pts." (Lo de la serie Dime supongo que también la editaría la editorial Vergara: eran esos libros de Dime quién es, Dime dónde está, Dime qué es, Dime cuál será mi profesión...  Ahora los vemos a veces en las bibliotecas gallegas). El curso éste de Grüss Gott es del año 1965; luego compró mi padre otro Alemán Vergara, que sólo estudié yo, y luego un curso de Salvat en varios volúmenes, que anotó el pacientemente durante años. Ese también se lo he cogido a Álvaro, por si se anima a seguir con el alemán a pulso—hasta ahora no hemos dado señales de matricularlo en la Escuela de Idiomas, aunque todo se hará, quizá—también me llevó mi padre allí durante años, a examinarme por libre. Eran nuestros viajes anuales a Zaragoza, a casa de tío Agustín—y así me acabé sacando los títulos de inglés y francés; con el alemán no pude.

Al final de Grüss Gott, liebe Kinder! hay un disco microsurco, uno que les ha extrañado mucho a los niños—es como un viaje en el tiempo: un disco blanco y flexible, que parece de broma: "parece un protector de discos, no un disco", dice Álvaro. Es un "Disco-obsequio ASSIMIL"—anuncio de Deutsch ohne mühe, El alemán sin esfuerzo: por analogía debió ir a parar aquí. También se hizo mi padre con el curso ese de Assimil y con sus discos, y varias veces me lo repetí yo, antes de pasar al volumen dos, y a escribir mis apuntes en cursiva gótica. Luego pasé al Assímil ruso. Y luego a otros métodos que me iba comprando yo, ya metodizado y embarcado en mis estudios—allá por los años de la guerra fría estudiaba yo mucho ruso, luego lo fui dejando.
Algunas personas opinan que tengo una facilidad especial para los idiomas—eso es que no saben las horas que le he echado a cada uno de los que he aprendido, y de los que no.  El paso lógico siguiente era el chino, creo, pero ese no llegó a tentarme nunca. Seriamente.  

No aprendiendo ruso
 


No aprendiendo ruso

No aprendiendo ruso


Los años que estuve aprendiendo ruso por mi cuenta, o mejor dicho, no aprendiendo, porque a pesar de mis esfuerzos y de los años de dedicación, no conseguí aprenderlo ni medianamente. Ya se me había fosilizado el cerebro para los idiomas, o quizá no necesitaba el ruso para nada práctico, o quizá las dos cosas. Empecé (y casi terminé) con libros como el Assímil, El ruso sin esfuerzo (ya me había estudiado el inglés, el francés y el alemán). También con libros importados de Rusia, y otros de Inglaterra, que aquí no había ni mucho ni poco material para estudiar ruso, hablo de los años ochenta, que fue cuando le pegué fuerte. Aunque no tenía mucha pegada, por lo visto. En la mili iba con mi manual de ruso por allí, despertando supongo la desconfianza de los sargentos y oficiales del Regimiento de Infantería Tarifa nº 33, donde me destinaron. Leí algo de crítica marxista soviética en los USA y me compré libracos sobre estilística del ruso y realismo socialista. russiangrafMás adelante, en los 90, me compré
me compré el diccionario Rubiños, un libro de Dostoyevski que no llegué a leer, y trabajé un texto de Nabokov en su original y en su traducción inglesa. Pero mi ruso estaba a nivel de supervivencia mínima, como un náufrago que no sabe nadar y que patalea por mantenerse a flote. Ahora ya hace tiempo que está en el fondo, mirando los peces con ojos de ahogado. Hasta este año pasado no hablé con un ruso, un tal Alex que me viene a oír tocar la guitarra a veces—y nos entendemos poco y en español (que él no habla tampoco).  Lo más ruso que he hecho últimamente ha sido leerme Un roman russe, pero en francés. Hoy veía en el blog de un antiguo director de mi departamento, Carlos Inchaurralde, este artículo sobre cómo él está aprendiendo ruso. Allí recomienda manuales, lecturas, etc. Él dejó familia y trabajo, se casó con una rusa y se fue a Rusia, o viceversa—no sé si lo volveremos a ver por aquí, aunque en teoría sigue siendo miembro del departamento. De si ayuda a aprender el idioma eso de casarse con una rusa e irse a vivir a Rusia no dice nada, pero lo recomiendo yo como la vía más viable para aprender ruso. Yo no los pienso aplicar, esos remedios, ni creo que lo vaya a necesitar nunca al ruso, visto lo que lo he necesitado estos primeros cincuenta años. Así que mi ruso, suponiendo que se pueda hablar de mi ruso, seguirá en suave e invisible decadencia, hasta disolverse del todo, antes de la no más lamentada disolución final de todas las cosas.



A los ochenta años

3 de mayo de 2011

A los ochenta años


Camino de los ochenta años, en mayo del año pasado,
mi padre empezó un blog, que pronto ya no pudo continuar. Tal vez sabía que no llegaría a cumplirlos, y por eso sin esperar más tituló esta entrada "Aragón visto a los ochenta años". Hoy los hubiera cumplido, y esto es lo que decía de Aragón hace menos de un año:

1.- La mayoría de los aragoneses no percibe estar viviendo en una comunidad que tenga que valerse por si misma, sino en tres provincias dependientes de Madrid, que es quien debe buscar la solución a sus problemas. Las comunidades que nos rodean hace tiempo que buscan por si mismas la solución a los mismos.

2.- Ningún aragonés considera una perdida de riqueza el que los aragoneses tras una larga y costosa formación emigren a Cataluña u otras comunidades que se enriquecen con solo recibir a la gente ya formada.

3.- Aragón es no solo un centro de dispersión de aguas, sino también de talentos, que no encuentran en su tierra la mas mínima protección o ayuda, a diferencia de las comunidades que nos rodean que no dejan escapar sus talentos y se benefician de esta falta de visión.

4.- Hace 40 años rompimos nuestras relaciones fronterizas con Francia al cortarse la línea del ferrocarril por Somport, cuyo túnel costó más de 400 obreros muertos en su construcción. Desde su construcción nada se ha hecho por mejorar la línea. Desde Zaragoza hasta la frontera no debería haber más de 2 estaciones. Fuera apeaderos.

5.- No solo no se ha reabierto la línea férrea sino que ni siquiera un microbús mantiene unidas dos ciudades como Pau y Zaragoza, con 100.000 y 800.000 habitantes, pertenecientes a dos naciones supuestamente civilizadas.

6.- Aragón es la comunidad mas desequilibrada de España con una capital de 800.000 habitantes y solamente los 500.000 restantes viviendo en un inmenso desierto, que no permite crear servicios y los obliga a acudir a la capital a resolver sus problemas más elementales.mi padre

7.- Zaragoza, a pesar de su crecimiento en tamaño, ha perdido calidad y no tiene una Universidad que tenga la importancia relativa que tuvo hace 40 años. Sigue creciendo más en cantidad que en calidad y no ha sabido aprovechar la ventaja que le da ser el centro de gravedad de la economía española. Su Universidad es la más próxima a Europa en idioma español exclusivamente y esto debería darle ventajas a la hora de captar alumnos extranjeros y en conseguir editoriales que no maltraten el idioma.

8.-El aeropuerto, la estación de ferrocarril y la de autobuses debería estar lo más cerca posible y una autovía hacer posible la unión con el centro y comunicaciones urbanas. Seria interesante distinguir las comunicaciones urbanas de las interurbanas.
El aeropuerto debería tener unos equipamientos que no obligaran a desviar los vuelos a Reus ante la menor circunstancia adversa.

9.- Esperar que desde Madrid resuelvan nuestras comunicaciones transfronterizas revela una gran candidez. Al gobierno Central no le interesa ponerse a mal con Cataluña o Euskadi quitándoles una parte de su comercio internacional. Harán bien ellos en defender sus ventajas. No hay que esperar por ahí las ayudas.

10.- No podemos dormirnos si pretendemos que nuestros hijos y nietos puedan seguir en nuestra tierra o tendremos que empezar a enseñarles el catalán o el eusquera para pasar a ser ciudadanos de 2ª.

11.- Mañana más.

MI JOTA
No somos ni catalanes
ni franceses ni navarros
somos sólo aragoneses
no nos llameis castellanos  


—Aclararé que esto último se refiere a que siempre quiso que se llamase al idioma que aquí hablamos, y escribimos, español—no castellano (ni aragonés, claro). Pero ya se echa de ver por lo que escribe que veía a España, y a Aragón, en una triste deriva, y apuntando por debajo de sus posibilidades.

Dar ejemplo


Homenaje a Don Ángel

Homenaje a Don Ángel

Hoy hay una jornada de recuerdo y homenaje a mi padre organizada por el Ayuntamiento y la escuela de Biescas.

homenaje don Angel
 

Aquí sale mi padre hacia 1970, con una de las numerosas promociones de chavales de la escuela de Biescas que pasaron por sus clases, entre los años cincuenta y los noventa. Creo que yo soy (era) uno de los de la fila de delante.

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El la web de Biescas (del 22 de marzo) aparece la noticia de la jornada; también en Europa Press y en el Diario del Alto Aragón lo anunciaron.

En esta noticia de Europa Press aparece él en una foto en lo suyo—enseñándonos a esquiar. Y hoy salía esta noticia en el Heraldo de Huesca:

homenaje a don Angel



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Pues en Biescas estuvimos, y fue un acto muy sentido y conmovedor. Estaba el salón de actos lleno a rebosar, con gente de Biescas y de otros pueblos, pues por la escuela de mi padre pasaron la mayoría de los habitantes del Valle de Tena. Le dieron a mi madre una placa de recuerdo a mi padre como maestro y un ramo de flores que le llevó mi ahijadica Lucía. Y hubo aplausos y un vino al final, donde puede hablar con viejos amigos que veo raramente, y también con gente que no conocía yo pero que sí que conocían a mi padre, y todos lo recordaban con cariño y admiración. Hacía poco que había sido el pregonero de las fiestas de Biescas.

Sus antiguos compañeros de la escuela habían hecho un video entrevistando a gente del pueblo y del valle, donde recordaban cómo era mi padre, su carácter especial, altruista y dedicado, su vocación de enseñar y ayudar y conciliar conflictos donde los hubiese, la manera en que se salía de su camino para solucionar los problemas que él veía, y cómo conseguía aunar las voluntades de la gente para hacer pueblo entre todos y para buscar soluciones donde cada cual aportase algo... Y hubo momentos de llorar recordándolo y viendo el aprecio que todos le tenían—a poca gente se nos recordará así, desde luego... Y también hubo risas con las salidas que tenía la gente, sus antiguos alumnos rebeldes que ahora lo recordaban con agradecimiento—uno que acabó de socorrista, y le decía mi padre: "Ves cómo  por fin acabaste ayudando a los demás en lugar de fastidiar", y se reía. Sus viejos colegas del pueblo recordaban su empeño en sacar adelante proyectos que mejorasen el pueblo: que si la piscina, que si el centro de mayores, y su manera de convencerles para que colaborasen para evitar conflictos, cuando fue juez de paz. Y su vida en el pueblo día a día, hablando con todos, interesándose por sus problemas, buscando ayudar, siempre dando ejemplo, que es como él entendió su profesión y su vida. El vídeo, en menos de media hora, dio para mucho: risas, lloros y recuerdos agradables. Fernando Gracia, el director, y uno de los autores, hizo además de maestro de ceremonias con sencillez y soltura; comenzó recitándonos el abecedario (que tanta ocupación le dio a mi padre, por cierto, con sus métodos para enseñar a leer), y a cada letra le atribuyó una cualidad que tenía mi padre: todas buenas, y a veces muchas salían en cada letra. Lo bueno es que además de ser ingenioso y divertido, era todo verdad. Nos puso muy alto el listón, mi padre—pero Fernando y sus amigos han sabido demostrar que no era tan incomprendido como parecía a veces, sino que mucha gente le apreciaba, ayudaba y apoyaba. Y que de bien nacidos es ser agradecidos. Fue quizá uno de los momentos más conmovedores, y que mejor retrataron a papá, cuando sus colegas en la escuela, los demás maestros, dijeron que habían tenido en él no sólo a un excelente compañero y amigo, sino también a un maestro también para ellos.

La jornada había empezado en las pistas de esquí, a donde habían subido los chavales de la escuela con sus maestros para pasar un día de juegos en la nieve, de concursos y de esquí. Subió con ellos mi tío Agustín (que por cierto abría y cerraba las entrevistas del vídeo) y me contó lo bien que lo habían pasado allí los chavales y lo bien que esquiaba esta generación. Mi padre y él empezaron a esquiar subiendo a los montes andando, y aserrando un árbol para hacerse los esquís, eran otros tiempos desde luego.  Todos recuerdan a mi padre, además de como una persona muy sociable y atenta a los demás, como alguien que también se encontraba a sí mismo y feliz subiendo solo a un monte, o yéndose a esquiar. En recuerdo de lo que hizo por promocionar este deporte, cantaron al final los niños la canción de los esquiadores de Panticosa, que yo aún recordaba perfectamente, de cuando estuve en la Operación Aguilucho hace... pues eso, cuarenta años. Lo recordamos como un momento feliz más de la vida de mi padre, que fue una vida feliz y ejemplar.

Cuando amanece, y huyen las estrellas
Y en Panticosa empieza a clarear
La vista al frente, al hombro los esquíes
A Selva Verde nos vamos a esquiar
Vámonos ya, que el día nace
Y el blanco manto solo está
Y si no vamos a poblarlo, muy solitario quedará
Y si no vamos a poblarlo, muy solitario quedará


Desde Petrosos cantamos tu grandeza
Valle de Tena tendido a nuestros pies
Y la gran mole de Peña Telera
Su blanco manto nos brinda por doquier
Y al descender por la pendiente
Ligeros vuelan los esquís
Y mientras bajo voy pensando que en Panticosa soy feliz
Y mientras bajo voy pensando que en Panticosa soy feliz

La maestra


Nunca he estado en Atlantic City

Nunca he estado en Atlantic City


 
beach
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

He soñado, o soñé, que mi padre era el director
y el cámara, y productor (no el guionista,
pues no había guión preescrito) de una película,
que muchos años después veía la gente, y preguntaban,
quiénes eran esos que salían en la película y actuaban,
Si vivir puede llamarse actuar. Era en Atlantic City.
Tan poco control hay sobre lo que son nuestras vidas
y sus públicos futuros (nosotros entre ese público futuro).
Y los sitios donde estamos en los sueños.
Desde luego no parecían conscientes los actores
de nosotros y de en qué rollo estaban, ellos en su película.
Ni el director lo tenía eso pensado.
Y les explicaba yo a mis niños quiénes eran,
esas personas apenas reconocibles del vídeo casero,
y las irreconocibles,
quienes éramos. —Ah. Vale.
Y preguntaban, en el sueño, —¿y siempre estábais en Atlantic City?
Ahí decía yo, contra toda evidencia, que no,
Que yo nunca había estado en Atlantic City—Ah.
Y era cierto también, en cierto modo sólo,
Porque nunca he estado en Atlantic City.
Son sueños sin embargo que pueden soñarse.

Los Guardianes del Sueño
 

Navegando

lunes 11 de octubre de 2010


Navegando


 
trotamar

Yo no, que soy de tierra firme—pero encuentro inesperadamente a mi vieja compañera de clase del instituto Ana Claver, navegando por esos mares en un velero llamado Trotamar III. Aquí sale el barco frente a las costas de Tasmania —qué bonito, pero qué aventuras y qué esfuerzos... Yo los delfines que tenga que ver los veré, me parece, desde el sofá del salón. Con otros navegantes, ni llegaremos a cruzarnos.

Pero me gustaría saber en qué y a dónde han ido a parar los que entonces éramos chavales, y ahora algunos igual ya ni son, y otros nunca lo sabremos, siendo que no somos dados (ni yo ni mis antiguos compañeros al parecer) a organizar reuniones de promoción. De esas que quizá producen más desilusión que bonitos reencuentros. Porque aunque nos resistamos, todos somos barquitos que salieron a navegar por el mundo, desde el mismo puerto, para no encontrarse ya, normalmente, nunca más--ni en la red de navegantes, siquiera. Estaba en nuestros tiempos esa canción de Los Diablos: "Cuen-tá-mé, cómo te ha ido, si has conocido la felicidad". Creo que la han empleado para una serie de la tele, pero hace muchos años que no veo la tele.

Hoy la playa sigue vacía, pero el mar está más nadable. Igual me bajo a ver qué hay por allí.  Esta mañana, por cierto, hemos estado con mamá en la iglesia de Santa María de Pontevedra-- la de los mareantes. No sé si los de Internet entrarán en sus competencias.

 A pedra de avalar

Para Ángel García, el maestro de las montañas

angel garcía

Me envía esta nota de recuerdo a mi padre su amigo Joaquín Callabed, que guarda de él, como todos los que lo conocieron, un excelente recuerdo:

Para Angel García, maestro de las montañas

El Rincón de Prometeo de mi casa de Biescas, lugar de encuentros y tertulias junto a la chimenea, se ha quedado mudo y las palabras se congelan. Allí solo está tu recuerdo y tu presencia.

Mientras crepita el fuego, los bellos recuerdos se entrecruzan y compiten en salir. De tu bella biografía quiero destacar un pasaje que habla de tu latido humano y social: educador de los gitanos que vivían bajo el puente en Biescas y su posterior integración social. Ese fue tu alfa y tu omega. Se explica lo que se estudia y se enseña lo que se es. Ya venias de una noble saga de maestros muy queridos por todos los biesquenses. Después pasaron 40 años de magisterio impecable esculpiendo cada día las palabras educación, valores y solidaridad. Recuerdo cuando me presentaste para dar una conferencia en el Ayuntamiento. Un catedrático de la humildad. Florecieron en tu caminar los hijos, los nietos y los amigos. Los ancianos de Biescas y de la comarca también saben mucho de tu iniciativa y generosidad con la creación del Centro de Mayores. Eras un amigo especial con tu vibración positiva de cada día Machado diría “mas que un sabio al uso que conoce su doctrina es, en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Recuerdo algunas ideas tuyas cuando decías que
“las personas hacen a las estructuras y no las estructuras a las personas”. También te recuerdo cuando sosegadamente indicabas que “no hay que confundir el nacionalismo con la descarga de adrenalina y la zafiedad”. “Y de las personas resultados que las palabras son baratas”. Eras militante de la honradez, la honestidad, la prudencia y la palabra justa.

Tengo cerca de mí la Odisea de Homero, una especie de Biblia de emociones humanas. Es el primer libro que se leyó públicamente en las ágoras griegas. Homero es un océano exquisito por recorrer. Es uno de los libros más respetables de la historia de la literatura. Quiero dedicarte un párrafo de este libro escrito para un hombre excepcional. Lo he leído aquí, en voz alta para ti:

“Entonces llegó tu madre del mar con las inmortales diosas marinas, después de oír la noticia y un lamento intenso se levantó en el Ponto. Te rodearon llorando las hijas del viejo mar y lamentándose se pusieron vestidos inmortales y cantaban alternativamente unos cantos funerarios con hermosa voz. En aquel momento no había ningún argivo sin lágrimas.

“Dieciocho noches te lloramos e igualmente de día los dioses inmortales y los mortales hombres. El día dieciocho te entregamos al fuego que te envolvió sobre tus vestiduras de dioses en abundante aceite y dulce miel. Muchos héroes aqueos circularon con sus armas alrededor de tu pira a pie y a caballo y se levantaba un gran estrépito. Al amanecer recogimos tus restos envolviéndolos en vino sin mezcla y en aceite pues tu madre nos donó un ánfora de oro. Y levantamos un monumento grande y perfecto. Así podrás ser visto de lejos, desde el mar, por los hombre que ahora viven y los que vivirán después”.


Adiós querido y admirado amigo. No sé decirte nada más.

 Joaquín Callabed



Muchas gracias a Joaquín y a todos los que nos han acompañado en la despedida a mi padre. Una cierta despedida—porque la verdad es que a mí por lo menos me sigue haciendo mucha compañía. 

(Tras recibir la nota de Joaquín he soñado esta noche que me leía su libro El Rincón de Prometeo, en el que recoge una entrevista que le hizo a mi padre, y he soñado que lloraba un montón, que también es llorar. Ni dormidos nos libramos de eso. Pongo el texto de su nota que ha aparecido a finales de septiembre en Andalán. Me ha gustado ver la foto de mi padre coincidir en la misma página con la de Labordeta, por cierto, otra persona que ha dejado buen recuerdo de sí a mucha gente).

Lo que dice Joaquín de los gitanos, ahora que me acuerdo, me lo comentaba hace poco mi padre, recordando que allá por los años cincuenta no había costumbre ni de que los gitanos mandasen a sus hijos a la escuela, ni de que viviesen en una casa—debajo del puente estaban, en efecto, aunque no exactamente por vocación. Mi padre consiguió que el ayuntamiento les edificase una casa o especie de casa, por cierto con la oposición del cura, y cuidó de que los gitanos enviasen a sus niños y niñas a la escuela, año tras año, hablando a menudo con los padres con mucha paciencia, pues muchas veces el interés no existía ni por parte de los gitanos ni de nadie más por supuesto. Y aunque muy dados a los estudios nunca han salido los hijos de esas familias, por lo menos fueron escolarizados todos, y aprendieron a leer y a escribir muchos chavales, a veces con gran aplicación de ellos mismos, especialmente de las niñas, en un ambiente que no favorecía mucho el estudio, y donde la discriminación era más que palpable.

Dar ejemplo


La Maestra

miércoles 11 de agosto de 2010

La Maestra

Este texto lo escribió mi padre para el libro Maestras (Zaragoza: Prames, 2004), un libro colectivo de relatos, recuerdos y notas sobre las maestras de los pueblos. En la portada de este libro aparece mi tía Angelines, su hermana, como maestra arquetípica, en la clásica foto rodeada de los niños de la escuela.

LA MAESTRA

(A Eusebia Pomar Guillén)

¿Un relato? ¿Una historieta? ¿Una historia? La realidad supera a la ficción. Allá va.

En un lugar del Pirineo, cuyo nombre tendrás tú que averiguar, bastante más de cien años ha nació una maestra. Y digo que nació maestra porque eso quiso ser desde que balbuceó sus primeras palabras, aunque al principio sólo lograba decir que quería ser ’maeta’. A ese fin dedicó todos sus afanes. Vosotros juzgaréis.

Su padre, Benito, agricultor en los Monegros, había hecho el servicio militar en Cuba y al regreso, cansado de ver sequías y deseoso de ver España, compró una galera y unas mulas y, junto con uno de sus hermanos, durante varios años, ése fue su menester.
maestras
Para sufragar los gastos compraban lo que más abundaba en el país que atravesaban e iban vendiéndolo a lo largo del camino. Naranjas en Valencia, mantas en Palencia... Decía su hija, la maestra, que contaba anécdotas de cualquier lugar de España donde llegase una carretera, de carro, lo mismo de Galicia como de Andalucía.

Pero todo tiene su término y a él se le acabó la carretera antes de llegar a Sallent de Gállego. Era lógico porque en aquél entonces estaban empezando a construirla. Y, cosa atípica, empezaron a construirla por el fin. En Sallent decían que que si se empezaba por el final siempre se encontraría presupuesto para llegar a enlazarla si éste se acababa. Como siempre, tenían sus buenas influencias y las emplearon.

Sallent estaba rebosante de obreros con dinero y sin tiendas donde comprar. Así pues, allí llegaron, aunque no me explico cómo, nuestros incansables viajeros y, encontrando un vacío comercial, montaron el primer comercio fijo del Valle de Tena de que tengo noticia. Eso fue hacia 1880-84.

Allí, con Dámasa, una sallentina vecina, fundaron su familia. Pero aquí no nació la maestra sino un hermano suyo. Valle abajo avanzó la carretera, con ella los obreros y la tienda tras ellos. En el pueblo de esta segunda tienda del Valle de Tena nació la maestra que nos ocupa.

Al bautizo no asistieron sus abuelos, tíos ni parientes de Sallent, porque aquel año, por Todos los Santos, cayó una gran nevada. Su madre tampoco fue a la iglesia, pues no era prudente salir de casa con esa gran nevada y un parto tan reciente. Pero sí tuvo una gran sorpresa:

—¿Sabes cómo se llama tu hija? —le preguntó la madrina al regresar de la iglesia.
María, como dijimos—contestó la madre.
—No; se llama Eusebia. El cura ha dicho que no se le debía quitar un nombre tan bonito como se ha traído.

Dos años más tarde, en 1892, finalizadas las obras de la carretera, comercio y familia se trasladaron a Biescas.

Aquí hicieron una gran amistad con dos maestros jóvenes que acababan de llegar y que pronto contrajeron matrimonio: D. Amadeo y Dª Maximina. Ambos influyeron grandemente en el destino de nuestra maestra.De los 6 a los 13 años Eusebia asistió a la escuela de Biescas con toda normalidad. Debe subrayarse, eso sí, su aplicación y sentido de la responsabilidad.

Por aquel entonces, no existía el Ministerio de Educación, ni con este nombre ni con los que sucesivamente se le van adjudicando, y los maestros, aunque conseguían su plaza por oposición, dependían económicamente del Ayuntamiento. Según costumbre recibían, al final del año, un canastillo lelno de duros, pesetas, perras gordas (10 céntimos), perras chicas (5 céntimos) y céntimos propiamente dichos (gordos y chicos).

Al comercio de Biescas acudían muchos clientes, siendo habituales los de Sallent, que no pasaban sin visitar a su paisana. El más destacado de todos, al menos por su estatura, era el Gigante de Sallent, que también era admirado por su fuerza. Los sacos que un hombre normal llevaba apurado en sus espaldas los llevaba él sin esfuerzo bajo el brazo, y no uno, sino dos. Cuando entraba en la cocina debía instalarse encogido, con la cabeza entre dos vigas. Tapaba con la punta del dedo pulgar un dur ode los "Amadeos" sin que pudiera verse nada en absoluto. Destacaba también por su carácter bonachón.

En 1903, cuando Eusebia contaba 13 años y sólo le quedaba uno de ir a la escuela, murió el Maestro, idóneo, o enseñante que se ocupaba de los niños de 4 a 6 años, y a D. Amadeo y Dª Maximina se les vino el cielo encima de pensar que sus nuevos alumnos ingresaran sin distinguir siquiera las vocales. He de aclarar que, por aquellas fechas, la matrícula normal en las escuelas de Biescas rondaba los 130 alumnos y otras tantas alumnas, atendidos por un maestro y una maestra. Se hicieron muchas gestiones para mantener la escuela de 4 a 6 años abierta, pero nadie en el pueblo quería hacerse cargo de esa tarea.

Como la alumna, Eusebia, de 13 años, era despierta, aplicada, responsable y tenía una indudable vocación de Maestra, D. Amadeo le propuso que se encargara de esa clase. Tras muchas dudas por parte de todos, pues había que buscar también un local, prepararon una sala grande en lo alto de la casa, y ayudada por su madre, que de tanto en tanto subía de la tienda para colaborar, empezó su tarea.

Cobraba una peseta al mes por cada niño. Esto lo pagaban los padres. Si el niño se constipaba o tenía el sarampión, se reducía la aportación a 80, 60, 40... céntimos.

Todo lo que ganaba lo dedicó, desde el primer momento, para sufragar sus estudios de maestra.

Sus estudios de Magisterio los hizo por libre, ayudada principalmente por Dª Maximina, su vecina y maestra y que, con el tiempo, llegaría a ser su cuñada. Pero con sus 130 alumnas, la casa, los hijos y preparando las labores de costura, que entonces se hacían en la escuela, quedaba muy poco tiempo. Así pues, tuvo que afrontar sus estudios casi sin ningún apoyo. La vida era sencilla y en las largas y oscuras tardes de invierno se juntaban las dos familias para contar los sucesos del día, narrar cuentos o leer historias del periódico, a la luz de la vela o de las teas, aunque, a partir de 1901, ya pudieron hacerlo a la luz de las bombillas. Cuando Eusebia acabó sus estudios, comenzó a preparar las oposiciones al Magisterio. El lugar más cercano para hacerlas era Zaragoza y ya debía haber tren, pues no recuerdo oírla hablar de ir en diligencia. Dª Maximina, en 1890, vino a Biescas, desde Huesca, en diligencia de caballos, haciendo noche en Santa María de la Peña.

Seis veces se presentó a las oposiciones, con sus correspondientes desilusiones, pero siempre fue tenaz y constante y al final, a sus 26 años, fue destinada a Otal. Hoy ahí no vive nadie. Llegó la lluvia amarilla.

Otal tenía entonces 16 hogares. Entre 100 y 120 habitantes en verano. En invierno, solamente quedaban en el pueblo los ancianos, las mujeres y los niños. Los hombres iban con el ganado a la tierra baja. Saliendo de Biescas, al este, tras una montaña cubierta de nieve la mitad del años, se encuentra Otal. Para llegar a Otal, que está a 1470 m. y es el pueblo más alto de toda la comarca, si se va andando, lo mejor es subir a Erata por Barbenuta y Espierre. Una vez en la punta, a 2005 m., ves el pueblo abajo en un valle muy solano. Esta es la ruta que eligieron Eusebia, sus padres, D. Amadeo y los acompañantes que desde Otal vinieron a buscarlos con caballerías.

Como siempre, con los machos cargados a tope, les costó 6 horas llegar al pueblo. Todos alabaron la valentía de la maestra, que sin descabalgar, había llegado al pueblo atravesando los tramos más peligrosos, donde era frecuente que las caballerías resbalasen e incluso cayesen. Había una explicación: la maestra iba aterrorizada y confiaba más en el instinto del animal que en sus propias fuerzas. Por otra parte, si se desmontaba, no había en todo el trayecto un punto donde volver a montarse en aquellas bestias enormes, tranquilas y sensatas.

Todo esto aconteció el día de San Ramón, 31 de agosto de 1916, en plena Primera Guerra Europea. Cuando llegaron ahí, sólo se escuchaban la bandurria, guitarra y acordeón, usuales en las fiestas de los pueblos en aquél entonces, y qes que ese día se celebraba la fiesta en Otal. Del sol de la montaña llegó roja y quemada, y, visto el panorama de aislamiento y soledad que le esperaba, le entró tal llantina que, a pesar de la fiesta, los halagos de todos y su natural comedido, no se pudo contener. A esto habían venido a parar todas sus ilusiones, todos sus esfuerzos, todos sus sacrificios, estudiando después de las horas de clase, incluso a la luz de la luna, ahorrando peseta a peseta, céntimo a céntimo, para poder desplazarse a Zaragoza a unas oposiciones tantas veces fallidas.

Ya más calmada, pues, eso sí, sabía sobreponerse a las situaciones más adversas, se hizo cargo de la situación y resolvió que tenía que aceptar la realidad por dura que le pareciese. Para consolarla, los vecinos le explicaron que en invierno, durante muchos días, a veces meses, no se abría la escuela a causa de las nevadas y las ventiscas que envolvían las puertas de nieve y por lo tanto no tendría que ir a trabajar.

"¿Ve Vd. esa borda? Pues cuando nieva en invierno todo se queda parejo y los terneros, cuando salen a beber, se pasean por el tejado lo mismo que por la calle".

A Eusebia, que ante todo estaba allí para ser maestra y no concebía pasarse el invierno sin trabajar, no le gustó la perspectiva, así que, cuando llegaron las grandes nevadas, consiguió que le abrieran camino hasta la escuela, adonde iba a veces por trincheras de nieve más altas que ella, y no era pequeña.

En las Navidades y Pascuas, las únicas salidas que hacía durante el curso, el paso a través de la montaña de Erata, con la nieve, estaba impracticable. Hacían el viaje por Escartín, Ainielle, Berbusa, Oliván, Orós Bajo y Orós Alto, con paradas en las casas de familiares y conocidos de los acompañantes, lo cual, unido al paso seguro pero cansino de las caballerías, hacía que empleasen todo el día.

Llorando entró y llorando se marcó de Otal, tras seis años de estancia. Todo el pueblo salió a despedirla. Allí djaba, enterrado en el pequeño cementerio, a su padre, que la acompañó en sus últimos años y que, tras haber recorrido todas las carreteras habidas, vino a terminar sus días en un pueblo en el que ni siquiera llega, hoy en día, una pista forestal.

Por concurso salió destinada a Belber de Cinca, un pueblo ya mayor y con mejores comunicaciones, de donde recordaba las grandes celebraciones que hacían para la fiesta del árbol.

Durante su estancia en Belber, contrajo matrimonio con Ángel, hermano de sus antiguos maestros y vecinos, con los cuales seguía teniendo una estrecha relación. Era el amor de su vida.

Fue ahí donde se le presentó un gran dilema: debía escoger entre marchar a vivir a Escuer (hoy Escuer Alto), sin carretera, y abandonando la profesión que tanto esfuerzo le había costado, o bien continuar en Belber, separada de su marido. Sin dudarlo, pero con gran duelo, optó por lo primero.

En el año 1930, en un concurso de traslados, consiguió la escuela de Biescas, que además acababa de estrenar edificio. Todo iba de frente.

Su marido, Ángel, animó al Ayuntamiento, y tras muchas gestiones en Madrid habían conseguido trasladar el pueblo de Escuer, muchas de cuyas casas presentaban grietas por corrimientos de tierras, al actual emplazamiento junto a la carretera. Muchos de sus vecinos, que trabajaban en las obras de los barrancos de Arás y Arratiecho, vieron acortada sensiblemente la distancia al trabajo, y él mismo podía desplazarse y vivir en Biescas. Pero eso es otra historia, y larga: sigamos con la Maestra.

Y llegó la guerra. A los quince días de comenzar ésta, cuando aún nadie sabía muy bien por dónde venían los tiros, Eusebia se enteró bien de dónde iban a parar. Su marido fue la primera víctima de toda la comarca.

Llorando, sin consuelo posible, comprobó que perdía la vista. No podría dar clases. Era viuda y con tres hijos a su cargo. Tomó la determinación de no llorar más. Se hizo a sí misma un pacto silencioso de silencio. Ese tema era tabú y nadie quiso en adelante provocar más llantos.

Respetaremos el pacto. Pasarmos por alto los momentos y escenas más tristes, y nos ceñiremos en lo posible a los aspectos más profesionales.

Toda Maestra lleva en su interior un instinto de segunda madre. Muchas de las maestras, durante la guerra, tuvieron, bien a su pesar, que ejercerlo a tope.

A ifn de sacar a los niños de los peligros del frente, se crearon las Colonias Escolares. A una de ellas, en las Vilas del Turbón (Huesca) fueron a parar los niños y maestras de Biescas. Allí la dedicación a los alumnos era exclusiva, incondicional e ineludible. Día y noche. 24 horas.

Era la supervivencia. Era suplir a cada madre, que estaría llorando y que sólo tenían el pequeño consuelo de pensar que sus hijos estaban en manos de personas en las que siempre habían confiado y que no los abandonarían. Pero era la guerra...

Fueron maestras y madres de día y de noche, con los enfermos y con los díscolos, procurando sufrir la falta de amor maternal y los momentos tristes que a veces embargaban sobre todo a los más pequeños. Nadie estaba seguro de que volviesen a ver a sus padres y eso los niños instintivamente lo percibían.

Como premio a esta gran labor, al reincorporarse con sus alumnos a la zona llamada nacional, fueron suspendidas de empleo y sueldo, probablemente por haber ejercido su profesión en el bando contrario.

Esta situación duró varios meses. El dinero ya no valía, pues había una nueva moneda, los ahorros se acababan y su situación no se resolvía. Así pues Eusebia, que como maestra siempre había impartido la justicia entre sus alumnos, creyó que aquella nueva sociedad no podía funcionar sin, al menos, un atisbo de justicia. Se armó de valor y junto con Maximina, su antigua maestra y ahora inseparable compañera de desgracias, ésta no muy convencida, solicitaron una entrevista con el entonces Director General de Enseñanza Primaria.

Hasta el año 1959 ejerció su labor en Biescas, luchando tenazmente por que sus hijos alcanzasen al menos los mismos estudios que ella. No era tarea fácil. En primer lugar, sólo había un Instituto Oficial en Huesca y en aquellos tiempos de racionamiento ya era un logro conseguir la supervivencia. Para desplazarse a Huesca se necesitaba un salvoconducto de fronteras cuyo costo venía a ser bastante más de la mitad de un jornal y sólo valía, cuando más, para 15 días.

Jamás profirió Eusebia una palabra de odio o venganza. Fue cristiana en el sentido más profundo de la palabra. No concebía la mentira ni como broma.

Entre 1929 y 1959, junto con su cuñada que ejerció cincuenta años, todos ellos en Biescas, fueron maestras de abuelas, hijas y madres de toda esta villa. En total, desde 1903 hasta 1960, fecha en que se jubiló a los setenta años, transcurrieron cincuenta y siete, todos dedicados a la enseñanza. Quizá vosotros sepáis de otros récords.

Tras una permuta, acabó su carrera en Saqués, y justamente aquel día, tras un gran temporal de lluvias se cortó, en el Zoque, la carretera que construían cuando nació. Hoy, desde el pueblo en que nació hasta el que finalizó su profesión (quién iba entonces a pensarlo), como dice la Ronda de Boltaña, puede uno desplazarse en un barquito de vela. Pero esta vez de verdad.

Sirvan estas líneas de homenaje, aunque breve, para estas dos y en general todas las maestras que, muchas veces incomprendidas, han dejado su vida y su alma esparcida por los yermos, como decía, no hace tanto, una de ellas.

Tres han sido los motivos que me han llevado a escoger a esta maestra.
1) La conocía muy bien.
2) No tengo noticia de nadie que haya dedicado más tiempo a la enseñanza.
3) Era, y seguirá siendo siempre, mi madre y maestra.



Ángel García Pomar
Biescas (Huesca)
marzo 2004