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Vanity Fea

Universidad

Soy un profesor de primera

O sea, de quinta categoría, según el proyecto de estatuto del PDI. Los sindicatos nos han pasado esta información-protesta:

estatuto PDI

Ahora que recuerdo, tengo tres sexenios. Debo ser de segunda categoría.


Ascensos horizontales

Doctores desprogramados (y programados)

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Han salido los resultados de las elecciones a la Comisión de Doctorado de la Universidad de Zaragoza, resultados curiosos en lo que a humanísticas se refiere (y vaya por delante mi enhorabuena a los elegidos, que no se diga).

El resultado es que han salido elegidos los doctores Fidel Corcuera, de Filología Francesa, y Jesús Sánchez, de Filología Inglesa.

Lo curioso es que Filología Francesa no tiene, que yo sepa, programa de doctorado. Por supuesto que eso no es ningún inconveniente para que un miembro de ese departamento desempeñe perfectamente una función en la comisión de doctorado de la Universidad. Pero no deja de ser curioso. Bueno, o me lo parece a mí, que algunos dicen que mis criterios son extraños.

Lo curioso también, en el caso de Filología Inglesa, es que aunque sí hay un programa de Doctorado ("Estudios Ingleses"), con su lista (implícita) de doctores encargados de la dirección de tesis... entre ellos no se encuentra el Dr. Jesús Sánchez. Como tampoco me encuentro yo, por cierto, y bien que he protestado al respecto, y he llevado la cosa a los tribunales. (Los criterios de selección de profesorado de este Doctorado que allí figuran fueron declarados contrarios a derecho por esta resolución del Rector—pero ahí siguen, con toda la pachorra del mundo. Lean, lean.).

El Departamento parece que no tiene ningún inconveniente en elegir al Dr. Sánchez como su candidato y representante en la Comisión de Doctorado. Ahora, dejarle participar en el programa.... tate. (Bueno, eso suponiendo que quiera, aunque suponerle a un Doctor la dirección de tesis viene a ser como eso del valor en la mili, se le supone).

Yo también fui, por cierto, miembro de la Comisión de Doctorado durante unos años.  También propuesto por mi departamento. Y ya tuve agarradas muy desagradables con los criterios de mi departamento estando allí, que me obligaron a ser juez y parte, aunque juez no fui porque (claro) me ausentaba de las reuniones cuando se trataba algún tema que me afectaba directamente.

Y ahora, como digo, mi Departamento no se digna ni incluirme en la lista de doctores capacitados para dirigir tesis en su programa de doctorado de Estudios Ingleses. De coordinar los programas, y presidir durante años la Comisión de Doctorado del departamento, paso a no poder dirigir una tesis en el programa de mi departamento, mientras que sí puede quien se doctoró ayer, si "es admitido a la Plantilla del Postgrado". Por supuesto, al hacer esto, el Departamento se pasa por el arco de triunfo tanto la legalidad (ley de universidades, ley de la función pública, etc.) como la normativa interna y específica de la Universidad.

Claro que la Universidad también se pasa por el forro su propia normativa, pues en lugar de corregir esas actuaciones de cosa nostra, no va a dudar en acudir a juicio en defensa de ellas. Pues hala, venga, a hacer universidad, si por tal se entiende cerrar filas y cerrar ojos con lo que hacen los catedráticos y directores de departamento, por muchas normas que contravengan.

Suerte a los elegidos en su puesto, y al resto de la Comisión de Doctorado. Pero que anden con cuidado al tratar temas de nuestro peculiar departamento, pues si se descuidan podrían ofender a alguien, como no paro de hacer yo.

Se aconseja rectificación estratégica




Sobre información y carencia de

ozymandias

Me leía esta tarde este artículo de Bree Nordenson sobre información, o más bien sobre sobreinformación, o incluso sobresobreinformación y sobrecarga mediática, que es lo propio de la supernova Internet.  Y luego me he ido a un acto cultural de la Universidad, después del cual se ha tocado en el coloquio el tema de la importancia de la divulgación científica, y también de que la Universidad haga conocer sus actividades y las difunda a la sociedad. El Vicerrector allí presente ha expresado la constante preocupación del Rectorado por estas cuestiones.

Y yo, por jorobar un poco, les he dado una idea gratis al respecto.

Hoy en dia hay que atender, les he dicho, a dos cuestiones relacionadas con la información científica (o con la información en general). Una es la cuestión de la sobreinformación, que es un problema para la atención: aquí Internet ha sido un problema al multiplicar la información accesible y nivelarla en cierto modo. Con respecto a la difusión de una idea, un contenido, un texto, se plantea el problema no menor de la estrategia publicitaria para atraer atención sobre él. Cuestión sobre la que otros darán lecciones mejor que yo, es obvio.

Otra cuestión, no menor, y en este caso facilitada por las circunstancias, es la disponibilidad universal, la accesibilidad inmediata, sin trabas, gratuita y mundial de los contenidos de la información. Esto no es problema. En este caso Internet trabaja a nuestro favor, pues hace posible esta difusión, y está escandalosamente infrautilizado por la Universidad para estas cuestiones.  

La Universidad de Zaragoza debería tener, por ejemplo, no digo ya un foro de opinión, que ni se sabe si lo tiene, y un sistema de publicación en línea, que acaba de desarrollarlo (se llama Zaguán y aún está por ver si se utiliza). Debería tener un canal de televisión propio—y como les he dicho a los asistentes, "esto no es nada difícil hoy en día—yo mismo tengo dosasí que creo que la Universidad debería tener uno, como poco". 

Esto requerirá, desde luego, prestar una mayor atención a la difusión y divulgación de la producción, de maneras acordes a este medio, y no muy usadas hasta ahora por la Universidad.

La Universidad debería tener una videoteca pública, de contenidos producidos por la Universidad, y (puesto que han sido producidos con fondos públicos bien caros) deberían estar libremente accesibles al público. 

No le cuesta ni un duro a la Universidad tener un canal de televisión propio—pero no se gasta ni siquiera ese duro que no le cuesta.

¿Tiempo? Ah, sí, tiempo. 

Pero en la Universidad hay muchas personas produciendo "contenido" a ritmo constante, en jornada laboral. Supongo que parte de ese tiempo (muchísimas horas) se traducirá en contenidos visibles, difundibles—publicaciones, vídeos, colecciones de diapositivas, etc.  

Debería existir, en la página web de la Universidad, que es su escaparate público, un centro de difusión. De textos, vídeos, audio, imágenes, etc.—multimedia, seleccionados y destacados por su calidad.

Porque no dudo que muchos grupos de investigación, institutos, departamentos, sí que tienen sus blogs, sus cadenas de televisión, sus publicaciones en red.... ¿No puede hacerse una página html que las agregue? 

—¿o debería entrarme la duda y resulta que ni a nivel de Universidad, ni a nivel de sus diversos organismos hay semejante producción visible y desagregada de contenidos de libre acceso? ¿Que resulta que ni los institutos ni las Facultades ni nadie tiene un triste blog o un canal de YouTube?

¿Y es nuestra Universidad una excepción? Es mala, sí —pésima (me refiero hoy a este aspecto de las comunicaciones)— es mediocre hasta decir basta. ¿Pero son mejores las demás? ¿Existen la videoteca y canal de televisión de las demás universidades? ¿De la Complutense? ¿De la de Barcelona? Por nombrar dos, digo.  Sus canales de televisión no son muy conocidos, que digamos. Yo tengo dos, como digo, poco conocidos, que es lo que se merecen. ¿Se merecen aún menos la Universidad Complutense o la de Barcelona, que aspiran (no sé cómo, con estos mimbres) a estar entre las mejores del mundo?

Y la Universidad de Zaragoza, ¿por qué tiene que esperar a que todas las Universidades tengan su canal de televisión y su centro multimedia,  y su videoteca pública, para montar el suyo porque les dé vergüenza ser los últimos? ¿No podrían ser los primeros, por una vez? 

Podíamos llamar a esta idea asalto a Unizar 2009. Tranquilos, que aunque es difícil de tomar, muros más altos han caído.

Asalto a Unizar 2008

Continúa la censura en la Universidad de Zaragoza

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(Artículo que envío hoy al Rincón de Opinión de la Universidad de Zaragoza):

La Universidad de Zaragoza continúa ejerciendo la censura en el lugar donde se supone se expresan libremente las opiniones de su comunidad, el Rincón de Opinión, dando así un pésimo ejemplo de hipocresía en la comunicación social.


Una vez más se ha censurado un artículo de opinión mío enviado al Rincón de Opinión de la Universidad de Zaragoza. Como siempre, sin explicaciones ni comentarios ni respuesta por parte de los misteriosos administradores de este foro: misteriosos bajo Pétriz y misteriosos bajo López.

En ocasiones anteriores he protestado no sólo por la falta de claridad de las normas que rigen su uso, sino por que esas mismas normas, aprobadas en Consejo de Gobierno, vienen siendo vulneradas sistemáticamente desde que se creó este lugar de opinión: ni está libremente accesible por Internet (siendo sólo visible en la intranet de la Universidad), ni se da razón de lo que se acepta o se rechaza para su publicación.

En esta ocasión, mi artículo ("Impunidad los Expertos") opinaba sobre los abusos que se cometen en las oposiciones, con mucha frecuencia, y en concreto en una oposición a la que yo me presenté, cuando las comisiones utilizan la "discrecionalidad técnica" como excusa para cometer las mayores arbitrariedades, actuando no como expertos que sigan criterios objetivables, sino como reyezuelos arbitrarios que pueden hacer y deshacer a su gusto, y contar publicaciones o no según les venga en gana, sin atender a normas generalmente compartidas. Creo que es una experiencia bien conocida, y sobre la que existe un derecho a opinar—un derecho constitucional, por cierto. Y una cuestión que debería preocupar a esta universidad, en lugar de apresurarse a callar las voces que denuncian estas actuaciones manipuladoras y vergonzosas.

Yo por supuesto he hecho algo más que opinar sobre esto, y he planteado un contencioso administrativo contra la actuación concreta a la que me refiero: supongo que la Universidad tiene derecho a saber sobre esto, o yo al menos a darlo a conocer en un foro de opinión se supone que libre.

Ahora bien, alguien (ni se sabe quién, pues este foro no confiesa quién lo administra, vulnerando su normativa una vez más), alguien, digo, al parecer opina, y decide, que yo no puedo opinar sobre esta cuestión en el espacio público que para la expresión de las opiniones ha creado la Universidad a la que pertenezco tanto como él, supongo. Y se siente además autorizado a suprimir tal opinión sin dar razón de sus razones, sin publicar sus criterios, y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Esto se llama, ahora y en tiempos de Franco, censura. Ahora con más vergüenza, porque Franco al menos sentaba su santo derecho a ejercerla de modo bien explícito. Aquí no: aquí hay mucha palabrería de respeto a los derechos humanos, mucho congreso sobre la opresión en el franquismo, y mucho cuento y mucha hipocresía. Y sin que a nadie parezca importarle, además.

¿Se publicará esta opinión, la de hoy, digo, en el Rincón? ¿O será censurada una vez más? ¿Tendremos el privilegio de recibir una respuesta, o una explicación de por qué se ejerce descaradamente la censura en esta Universidad? ¿De por qué las opiniones de sus profesores o estudiantes son tan sospechosas de entrada que tienen que pasar por un filtro encapuchado? ¿O tampoco se aceptan en el Rincón de Opinión las críticas al Rincón de Opinión? Mal vamos, entonces.

¿Cambiará la Universidad sus normas pacatas y frailunas sobre la libertad de expresión en este foro público?

O, cuando menos, ¿seguirá al menos fielmente de una puñetera vez esas normas pacatas y frailunas? Porque eso ya sería un avance: que se reconozca que el administrador está allí para seguir las normas y las leyes, y no para hacer lo que le pase por las narices con un servicio público.

José Angel García Landa
Facultad de Filosofía y Letras
http://garciala.blogia.com/temas/universidad.php
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Contra la censura en la Universidad


No mola el estatuto del PDI

No mola el estatuto del Personal Docente e Investigador de las Universiades que está negociando (o no negociando) el Ministerio de Ciencia e Innovación con los sindicatos. Estos nos han hecho llegar la propuesta unánime que sigue—sin por el momento anunciar medidas de presión.

comunicado pdi




Los profesores sobramos en la Universidad




La Universidad, corazón de Europa

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Cada día salen (cada vez más) noticias sobre el proceso de Bolonia en el periódico. Estos días por ejemplo esta de José Luis García Garrido en La Gaceta, crítica con las "reformas adicionales" que se han metido en el paquete de Bolonia, esta confrontación de opiniones en El Periódico, entre un probolonio de nuestro rectorado y la Asamblea Contra la Privatización de la Universidad Pública, y (muy sintomático...) esta columna de opinión de El País donde se niega que haya ninguna obligación por normativa europea de hacer la reforma de Bolonia. En el blog sobre la universidad Fírgoa tienen amplias colecciones de artículos—la mayoría bastante críticos con el proceso. En cuanto a la rectora de la Universidad Europea de Madrid (una joven de edad coquetamente desconocida para El Economista), opina que la Universidad ha vivido demasiado tiempo de espaldas a la sociedad, y que es hora de que "las universidades escuchen al entorno y hagan lo que se espera de ellas"... hombre, sí, voy a preguntarle a Botín, que es mi entorno, o si no al Panishop de enfrente, sobre qué debo escribir mi próximo artículo. Aunque creo que la rectora no está pensando para nada en investigación, sólo en la FP.

Los defensores de Bolonia acusan a los antibolonios de manipulación y desinformación, y de ignorar el problema de la "sostenibilidad" de la Universidad; los antibolonios se quejan de la insuficiente financiación pública, de la invasión de los especialistas en didáctica, y de la subordinación de los estudios universitarios a los intereses de la formación profesional.

Por compensar todas las cosas negativas que he visto en mi propia experiencia de la reforma boloñesa, o en la manera en que se ha ido llevando hasta ahora, me he leído un libro de uno de los inspiradores de esta reforma, Francisco Michavila, que la defiende en todos sus términos y a diestro y siniestro en una serie de artículos recopilados en su libro La Universidad, corazón de Europa (Tecnos / Gobierno de Aragón, 2008).

Francisco Michavila estuvo al frente del Consejo de Universidades entre 1995 y 1997, y es autor, coautor y editor de varios libros sobre la Universidad española y su reforma, como La salida del laberinto: Crítica urgente de la universidad (Madrid: Universidad Complutense, 2001), o Contra la contrarreforma universitaria: Crónica esperanzada de un tiempo convulso (Madrid: Tecnos, 2004). Hay que decir que esta contrarreforma, de la cual se ocupa también en el primer artículo de este libro, es la reforma universitaria del Partido Popular, al que trata Michavila con invariable menosprecio y en clave de consigna, "la convulsa y oscura legislatura pasada"...  (144).  Algo injusto, habida cuenta de que en la reforma de la universidad según el plan Bolonia ha habido una continuidad sin badén apreciable entre las legislaturas del PP y las del PSOE. (Aunque no dudo que si ahora se echa atrás o se aparca algún aspecto de la reforma, ante las protestas crecientes, seguro que se achacará ese aspecto al oscurantista PP...). El prólogo del libro lo escribe nada menos que José Luis Rodríguez Zapatero. Por cierto que lo último que se ha oído decir a Zapatero sobre el plan Bolonia (ante la ola de protestas) es que habrá que aumentar las becas en vista del aumento de costes, y ser cuidadosos con carreras "amenazadas" como las de Humanidades.

La idea central del libro de Michavila es la de una Universidad que nos acerque al tradicional ideal europeo de progreso y racionalidad, y que a la vez sea moderna, competitiva, eficaz y acorde a las exigencias del mundo que la rodea. "El Espacio Europeo", nos dice, "es una oportunidad, una extraordinaria oportunidad, para que nuestra educación superior dé un salto gigantesco hacia adelante en los próximos años" (18).  Tendrá que ser una universidad menos ensimismada en sus dinámicas tradicionales y más atenta a las necesidades de su entorno: "El avance tecnológico y la generación de riqueza de una sociedad están estrechamente vinculados con la respuesta académica de su universidad a las demandas  sociales, en cuanto a cración y transmisión de los conocimientos" (145). Michavila escribe como un apasionado reformador de la Universidad, constructivo y optimista, a la vez que envía pequeñas señales identificativas de hombre de partido: así, habla de grandes pensadores europeístas españoles como Ortega y Gasset o Negrín (¡uf, que se me vuelca la balanza! —Negrín sería europeísta de la Europa de muy al este, en todo caso... ). También nos asegura el autor, arrebolado, que "Con el paso de los años, cada vez más encuentro mi patria en Homero y en Dante. En Beethoven y en Kant. En Galileo y en Cauchy. En Descartes y en Giner. En Danton y en Azaña" — una serie ésta sabiamente descendiente, para hacerla mínimamente plausible y clavar a Azaña en el énfasis final. Y esto lo repite (18, 130)—  ¿Azaña, a quien sin duda todos tendríamos que estar agradecidos por su buen gobierno? Podía haber seguido la serie con Felipe González y Roldán, ya puestos.  En fin, que dentro del universo imaginario del libro, el acercamiento a Europa es un proyecto tradicional de la ilustración española, encarnada hoy en el PSOE, mientras que el pasado, el oscurantismo irracional, y la lección magistral, gravitan hacia el campo de influencia del PP.  Simplifico, pero es que la tesis subyacente es simple.

Así pues hay que tener en cuenta esta tendencia a la hora de interpretar las interpretaciones de Michavila sobre "Veinte años de reformas universitarias"; los datos y el panorama son muy útiles y clarificadores, pero hay que tener en cuenta desde qué punto de vista se nos ofrecen. Michavila pide en la reforma actual suficientes recursos para la Universidad y una gestión eficaz de los mismos, un mayor énfasis en la excelencia, mediante la creación de redes docentes y científicas, y una mayor apertura a otras instituciones a nivel internacional. Ve muy positivo el papel de evaluación de la calidad de la investigación, los famosos sexenios, y en cambio considera que la evaluación de la docencia ha fracasado, al generalizarse los quinquenios de evaluación docente a todo el profesorado sin premiar a los mejores. Propone añadir otro complemento—que ya se va haciendo en algunos casos a través de las Comunidades, pero tiende a convertirse en una subida de sueldo general. Llama la atención sobre el bajo porcentaje de recursos que destina España a su universidad, poco dinero público, pero sobre todo insiste en la falta de dinero privado, la poca sinergia de la enseñanza superior española con el mundo empresarial.

Pero también es insatisfactorio el gasto en investigación: 1,03 por 100 del PIB, muy por debajo del 1,93 por 100 del PIB que es el valor medio de la Unión Europea, o de l2,7 por 100 del PIB de Estados Unidos, o del 3,4 por 100 del PIB de Finlandia. (...) Peor aún es el dato de que menos del 9 por 100 de la actividad investigadora es financiada por las empresas. (47).


Sobre la financiación universitaria, opina Michavila que

No hay reforma creíble si no va acompañada de recursos adicionales para acometerla. ¿De dónde sacarlos? Sólo del incremento de los fondos públicos no parece viable. Hay que explorar otras vías complementarias de financiación universitariaDesde la oferta de enseñanzas ad hoc con los intereses del sector productivo del entorno hasta el estímulo al mecenazgo y la creación de redes de cátedras-empresa, pasando por la cofinanciación de proyectos socio-académicos y el aumento de las transferencias de resultados de investigación y los servicios de asesoramiento. Así podrían obtenerse fondos adicionales por importe de una o dos décimas del PIB, al menos. (142)


Y por allí pasamos a la famosa "privatización" de la universidad pública que tanto preocupa a los estudiantes antibolonios y a críticos del proceso como José Luis Pardo. A Michavila no: sólo parece ver bienes y beneficios en el desarrollo de estas dinámicas y de la implicación de los empresarios y banqueros en los Consejos Sociales de las universidades—las volverá mejor financiadas y más realistas. Extraña que no aparezca asomo de duda sobre algún posible aspecto negativo de estas transformaciones; pero nada, parece claro que aquí estamos ante un puntal teórico de la relación banca / PSOE.

"La educación universitaria ha de contribuir a la consolidación de una ciudadanía europea activa, con la extensión y ejercicio de los valores europeos: la democracia y la diversidad impregnada de humanismo y de racionalidad" (120).


—esta línea de pensamiento, también recurrente, no queda muy claro cómo casa con lo de la formación profesional orientada a la empresa; son en todo caso dos líneas de ataque que el autor ve necesarias en esta reforma. En esto de la ciudadanía responsable también tenemos un apunte bastante línea PSOE, de defensa de Europa como una "potencia tranquila", sabia y tolerante con la diversidad, frente a lo que Michavila denomina el "monolitismo americano"—lo que le deja a uno preguntándose si, abogando por un modelo de universidad tan integrada con la empresa como aboga el autor, conoce efectivamente la universidad americana, que será todo menos monolítica.  En cualquier caso muchos aspectos de esa universidad "a la americana" sí le parecen deseables al autor, empezando por la mayor difusión de la enseñanza superior y de la "educación a lo largo de la vida" en los USA.  También el mayor espíritu empresarial de los EE.UU. le parece deseable—dato triste es que

 "Entre los ciudadanos de los veinticinco países de la Unión Europea, los españoles son los menos emprendedores: el 70 por 100 de los nuestros jamás ha pensado en crear su propia empresa (el valor medio en la Unión de esa magnitud es del 57 por 100)" (146).


En cuanto a estructuras anquilosuriadas que hay que reformar, aboga Michavila por la inmersión en las nuevas tecnologías, que han de cambiar la relación profesor-alumno y la dinámica del trabajo en clase. Menos teoría y más práctica formativa quiere Michavila, hay que "quitar paja": las clases habrán de ser más prácticas, y aquí las lecciones magistrales no tienen sino palabras de crítica (son de esa España rancia)—y el trabajo en equipo, el aprender a aprenderson las claves de la universidad del futuro. También las tutorías, un seguimiento mucho más personalizado. Eso requerirá, dice Michavila, entrar en la cuestión de volver a recalcular el cómputo de las horas docentes de un profesor—aunque evita entrar en la cuestión de si los profesores van a tener más horas "de fichar" ya se llamen clases o tutorías. Supongo que la deducción es que sí, y que parte de la reforma de eficacia pasa por tener más controlada la actividad de los profesores. Para empezar, que se refugien menos en la investigación: ya nos dice el autor que habría de computarse cerca de un tercio de la dedicación como dedicada a la investigación (cuando yo hasta ahora me venía haciendo un cómputo de un 50% docencia / investigación). Otra cosa anquilosada es el exceso de normativa para Michavila: habla de agilizar, dejar la cosa a la dinámica interna, quitar leyes que constriñen....  De lo cual podría deducirse que nuestro rectorado de Zaragoza, dejando que nuestro departamento organice el máster con los criterios que le vengan en gana, aunque vulneren la ley de la función pública y la propia normativa del Rectorado, está muy en la onda.

Francamente, creo que Michavila no tiene muy estudiadas las consecuencias de lo que significa suprimir normas comunes de funcionamiento, en un sitio tan podrido de feudalismo como la Universidad—donde leyes superiores son lo único que pone coto mínimo a la dinámica de grupillos y corros. De esto hay poca crítica en el libro—más bien, cada vez que sale el tema de la "endogamia" nos dice que se exagera, y que en todos los ambientes laborales hay endogamia en España. Propone sustituir la reglamentación inicial por la valoración de resultados... digamos que importan los fines y no los medios, si cazan ratones.  (Y sin embargo sí aprecia Michavila algunas normas de carácter general como muy positivas, como esa que establecía que la valoración de méritos en las oposiciones debía valer el doble que la exposición de docencia o investigación del segundo ejercicio).  Otra hojarasca que quiere quitar es "el catálogo de áreas de conocimiento" para favorecer la transversalidad y la interdisciplinariedad.... o no queda muy claro, propone sustituirlo por una estructura en árbol que agrupe áreas próximas (algo así como las macroáreas que organizaron la última ley sobre diseño de grados, supongo). A veces esto lo dice un tanto alegremente, como si los profesores fuesen a ser especialistas en cualquier cosa o en su transversalidad. O quizá animadores pedagógicos, es una duda con la que se queda uno. A veces la reforma propuesta recuerda inquietantemente al Bachillerato:

"El desarrollo de un modelo educativo propio de la universidad corresponderá a la voluntad de dar a sus estudiantes una formación integral, no unidimensional por medio de una excesiva especialización en las disciplinas cursadas. Los alumnos vistos desde la óptica amplia antes enunciada no pueden acabar su peróiodo de formación superior sin la adquisición de una visión de la ciencia, la técnica, el humanismo o las materias jurídico-económicas suficiente para que su incorporación al mundo laboral se haga desde una posición más favorable, como profesional y como ciudadano a la vez" (174).


 Trabajarán los universitarios en equipos organizados, y no sólo los investigadores: también se requiere más organización de equipo entre los docentes—"no porque quieran, sino porque lo prevea la función docente" (171). Y atenderán los profesores (esto ya me parece más optimista, demasiado bonito) a la formación humana y madurez emocional, intelectual y moral de los estudiantes. (Supongo que no por iniciativa propia, sino con protocolos administrativos como Programa Tutor de nuestra universidad, supongo—o poniéndoles una Educación para la Ciudadanía como asignatura obligatoria en todas las carreras quizá). Estaría bien, dice, un 80% de créditos sobre la especialidad estudiada, y un 20% de formación transversal en otros campos científicos. Propone también Michavila reconocer los méritos docentes más que en la actualidad, y critica el sistema de acceso vigente, por el cual la provisión de plazas la dicta la docencia pero se hace con criterios predominantemente de excelencia investigadora.

Sobre las torpezas y tropiezos de la reforma en su desarrollo hasta hoy, sobre la confusión y caos reglamentario a la hora de ponerla en camino, de eso poco tiene que decir Michavila. Durante años se tuvo a la gente trabajando con proyectos organizadísimos en unos "libros blancos" para las titulaciones que luego quedaron en agua de borrajas, al suprimirse la idea de un listado oficial de titulaciones y caer el ministerio de Sansegundo. Y entonces lo critica Michavila—a posteriori (en Expansión & Empleo,octubre de 2007)—"La idea de un listado oficial, común, rígido, uniforme, para todas las universidades del Estado tenía el tufo de lo antiguo..." —Oye, pues ¡qué poco criticarlo cuando estaba todo el Consejo de Coordinación Universitaria elaborando esta lista corta, y rediseñando las titulaciones en petí comité, con los rectores metidos a expertos de sus áreas de conocimiento respectivas! Tuvo que petar la cosa por su dinámica propia. De la implicación de los estudiantes en la reforma tiene alguna alusión Michavila, pero ninguna crítica a la manera en que se les venía puenteando, a ellos y a todos los sectores universitarios, en esa reforma hecha desde arriba, para el pueblo pero sin el pueblo.

Otro personaje recurrente en el libro, aparte de Negrín, es Cadmo, con quien se identifica el autor, Cadmo en busca de Europa ("Deseos y realidades")—lástima que se nos dice que por fin no la encontró, así que no parece muy bien elegido el mito para fomentar el europeísmo. Espero que esta vez tengamos más suerte, pero no deberíamos olvidar que no se trata de que tengamos que hacernos más europeos, porque ya estamos en en el corazón de Europa, por así decirlo, y no en su periferia. Quizá lo que quiere decir Michavila (pero no le sale decirlo así) es que tenemos que hacernos más americanos en la universidad. Pero está difícil la cosa, entre Escila y Caribdis, entre la universidad integrada en su entorno económico-laboral (tan deseable) y la afirmación de que sería absurdo "programar las enseñanzas más demandadas y abandonar las restantes"; entre el extremo de los estudiantes obligados a estudiar carreras que no desean, y la indeseable postura "ultraliberal" de dar un cheque escolar al estudiante para que elija libremente carrera y que sobreviva la universidad más apta para atender a este mercado.

Bueno, un libro en suma "de la reforma de Bolonia", que encarna al milímetro el espíritu de la misma, con las ventajas (entusiasmo, eficacia, modernización) e inconvenientes (precipitación y un cierto simplismo) de esta reforma. Ofrece un plan de acción y una dirección en la que trabajar, y diagnostica muchos de los males de la universidad actual (menos atento está, quizá, a sus aspectos positivos...).

"Amateurismo por todas partes, repetición rutinaria de lo que otros ya hacen. Así generación tras generación. ¿Hay actividad humana que haya evolucionado menos en el último siglo?
   En  la creación científica se habla con satisfacción de la organización de grupos de investigación y de equipos de trabajo. Por el contrario, en las tareas docentes impera el individualismo. Salvo en casos aislados, tras la asignación de asignaturas, o partes de ellas, o de grupos de alumnos, se acomete esta actividad por parte de cada profesor en solitario, sin que dé grandes explicaciones a sus colegas sobre lo que hace ni de cómo lo hace. No hay transparencia, ni nadie la reclama. No se rinde cuenta de los obejtivos de aprendizaje alcanzados, más allá de las calificaciones otorgadas a los alumnos, tras unos exámenes cuyo formato es igualmente tradicional. Quien se ampara en la repetición de lo ya hecho no suele tener problemas. A quien pretende innovar, ensayar nuevos métodos, reformular sus objetivos docentes, acaso le surjan algunas dificultades imprevistas." (194).


¿Quién dirá que le falta razón? —Pues hay que tener más previsión, con las dificultades esas.

Descentralizaciones

 

La Torre Nueva y la Universidad de Zaragoza

La Torre Nueva y la Universidad de Zaragoza


Un escrito de Fernando Plo y Gerardo Sanz, difundido hoy por el Colectivo de Profesores. Sobre la reforma universitaria en curso, y las soluciones improvisadas:

En tiempos de relativa riqueza, a comienzos del siglo XVI, el concejo de Zaragoza  mando levantar una torre para albergar reloj y campanas. En tiempos menos boyantes, el mantenimiento de esa Torre Nueva  se descuidó algo, y, a finales del siglo XIX la torre se había inclinado más de lo conveniente. Era necesario intervenir para repararla y se fue abriendo camino la idea de demolerla, como una opción rápida y definitiva.

Los comerciantes del sector, que veían en el mal estado de la torre un peligro para sus negocios, urgieron al ayuntamiento para que tomara medidas. Todo se decidió en muy poco tiempo, y la piqueta se llevó la torre antes de que la ciudad de Zaragoza pudiera darse cuenta y reaccionar.

Durante el último siglo se han multiplicado los intentos para recuperar esa torre, sin ningún éxito. Es más fácil demoler un edificio que volverlo a levantar.

La Universidad de Zaragoza se encuentra ahora frente al desafío de redefinir su mapa de titulaciones. Estamos en una etapa de recortes presupuestarios, y las opciones rápidas y definitivas tienen un atractivo evidente. Pero hay motivos para dudar de que estas opciones sean las mejores y las más eficientes. Sobre todo, si no se valoran los beneficios de mantener los títulos (renovándolos donde haga falta) y se sobrevaloran los ahorros que se obtendrían al eliminarlos.

Estamos todavía a tiempo. Cuesta mucho construir una titulación desde la nada. Hay que buscar edificios, preparar aulas, instalar equipamientos de prácticas. Todavía es más difícil formar un equipo de profesores especialistas. Las tareas de formación, si se hacen bien, son tareas de muchos años. También es difícil crear una red de relaciones: con empresas, para que los estudiantes puedan realizar prácticas; con universidades europeas, para que puedan  realizar intercambios Erasmus. Los títulos nuevos también han tenido que definir sus nichos profesionales. El esfuerzo y el buen hacer de los antiguos titulados en el mercado laboral  facilita la entrada y la demanda por parte de los empleadores de los nuevos titulados.

Todo esto es lo que se tira abajo cuando se elimina de raíz una titulación que ya está asentada. Como ocurre con los edificios, es más fácil cerrar una titulación que volverla a levantar desde la nada.

Estamos en un periodo de reflexión y decisiones en la universidad. Las reformas radicales son necesarias y todos estamos preparados para realizarlas. También esperamos que nuestras autoridades académicas, a la hora de tomar la decisión de suprimir títulos, valoren, aunque sea difícil de cuantificar, la pérdida que supone prescindir de una organización que funciona, de unas redes de relaciones y conocimiento establecidas, de un capital humano de especialistas, frente a un ahorro nominal, muchas veces ilusorio por las sinergias entre titulaciones que se imparten en un mismo centro.

Fernando Plo
Gerardo Sanz


Demolición y expulsión


Complementos indirectos

Nos comunica el vicerrector que podemos consultar en la red si hemos obtenido nuestros complementos salariales autonómicos. Y, en efecto, los hemos conseguido. ¿Cuánto? Pues ni idea. Entre toda la información que nos dan al respecto, este aspecto se suele considerar (curiosamente) irrelevante. Costaría averiguarlo. Así que ya nos llegará la nómina—eso es elegancia.

Ah, y también nos comunican las webs los resultados de nuestra evaluación del año pasado. Yo en las asignaturas que me evaluaron obtengo...

En Shakespeare—                Media  :  3.90             
En Comentario de textos—  Media  :  4.02  

Mediocrillas, las medias (sobre cinco). No sé si con la asignatura de crítica, que al parecer no me evaluaron, subiría o bajaría la media de mis medias. Pero vamos, nada espectacular: me mantengo en mi aúrea.

Medonte