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Benefit of Hindsight

Quien ríe el último ríe mejor. El último tiene topsight:  está en la atalaya retrospectiva, desde la que se aprecia un amplio panorama. Quien goza de topsight (dominio de la situación) en el campo de batalla también puede hacer gala de foresight: con mayor información somos amos del tiempo, no sólo del presente sino del futuro. Y del pasado: el benefit of hindsight, la ventaja de llegar tras la batalla o la catástrofe, nos vuelve a todos más inteligentes que esos pobres seres atrapados en un pasado sin topsight,un pasado cuyo futuro no conocían. Después de la batalla, todos generales. Una vez visto, todos listos. A toro pasado, como se dice a veces. Es el síndrome del "Es que lo sabía, lo sabía". Oteando desde la atalaya retrospectiva, conocemos no sólo el pasado: conocemos el futuro del pasado (el único futuro que podemos conocer con certeza). Conocemos también muchos rincones del presente que se ocultaban a los actores. Somos, pues, los amos del tiempo, a la espera de otro que reirá el penúltimo a costa nuestra.

Benefit of hindsight  es lo contrario de hindsight bias. Ventajas de la retrospección, lo contrario de la distorsión retrospectiva (—aunque los contrarios se tocan, veremos...). El benefit of hindsight es evidente, y está tan instalado en nuestros hábitos y actitudes hacia el tiempo, que resulta desconcertante y contraintuitivo montarle una crítica. (Es lo que hacen Gary Saul Morson en Narrative and Freedom y Michael André Bernstein en Foregone Conclusions). Son dos contra muchos: por naturaleza no somos muy críticos con la distorsión retrospectiva, sino que nos apuntamos alegremente a ella, es tanto lo que se gana. El tiempo transcurrido entre un acontecimiento y su observación histórica no es muerto ni neutro, dice Ricoeur: es productivo. Queramos o no, vemos cosas que los contemporáneos no podían ver. Así, hindsight es una palabra que se acuñó pronto (el español aún no la ha acuñado, sin embargo: "ver el pasado con perspectiva" tiene menos precisión). En cambio, hindsight bias ha tenido que esperar mucho tiempo a hacer su aparición entre los conceptos disponibles, pues nos cuesta renunciar a este privilegio del que ríe (o llora) el último.

¿Hay en realidad una diferencia entre hindsight bias y benefit of hindsight? Sí la hay, pero hay que tener en cuenta que un fenómeno crece en relación directa con el otro. Eso complica un tanto sus relaciones. La distancia histórica produce tanta ceguera como comprensión, blindness and insight. Por parafrasear a Paul de Man: blindness and hindsight. Nada diferente, en realidad a nuestro conocimiento parcial y tendencioso del presente. Nuestras acciones presentes sobre la base de una interpretación imperfecta de la situación global son una especie de blindsight, visión ciega, que sólo un analista con más perspectiva podrá explicar adecuadamente. 

Leía hace poco El surgimiento de la crítica histórica de Oscar Wilde (The Rise of Historical Criticism, de hacia 1879), un ensayo que contiene entre otras cosas toda una teoría historiográfica de la retrospección, y del benefit of hindsight. Wilde examina a los historiadores clásicos desde una cómoda atalaya clasicista-moderna.

Bienaventurados sean los que nacen tarde, porque ellos verán el final de la historia. Y comprenderán mejor, de ese modo, el principio. En el ensayo de Wilde el papel del hombre que llegó tarde le corresponde a Polibio. La teoría crítica de la sociedad y su desarrollo surge en la Antigüedad, separándose de mitos y tradiciones. Se desarrolla lentamente en Heródoto, en Tucídides, en Platón, encuentra su fase avanzada en Aristóteles (—Wilde aristotélico, ojo. El personaje no deja de darnos sorpresas). En Aristóteles observa Wilde como un gran avance su reconocimiento de la capacidad de progreso, y de la tendencia humana hacia una vida superior. (Observemos que según El crítico como artista la vida superior humanamente alcanzable, la vida contemplativa similar a la de los dioses, es la vida del crítico inteligente).

Pero es Polibio quien lleva a su perfección la teoría y práctica de la historia como conocimiento de los seres humanos e interpretación racional de sus acciones.

"A imitación de [Platón y Aristóteles] Polibio ofrece una explicación del origen de la sociedad al comienzo de su filosofía de la historia. Un tanto al modo de Platón, imagina que después de uno de los diluvios cíclicos que barren la humanidad a intervalos determinados y que destruyen toda la civilización preexistente, los pocos supervivientes de la humanidad se reúnen para su mutua protección, y como sucede con los animales ordinarios, el más notable por su fuerza física es elegido rey. En breve tiempo, debido al efecto de la simpatía y el deseo de aprobación, las cualidades morales comienzan a aparecer, y es la excelencia intelectual en lugar de la corporal lo que se vuelve requisito para la soberanía.
    Otros puntos, como la aparición de la ley y similares, se tratan con un cierto espíritu moderno, y aunque al parecer Polibio no utilizó el método inductivo de investigación sobre este particular, o más bien, debería decir, el orden jerárquico del progreso racional de las ideas en la vida, no está muy alejado de los resultados que nos han dejado las laboriosas investigaciones de los viajeros modernos."


Wilde se refiere aquí a la concepción evolutiva o, podríamos incluso decir, emergentista, del progreso social. Una concepción que antes de llegar a William James o a George Herbert Mead tuvo sus antecesores en los nombres citados por Wilde (¡y en Wilde mismo!). El siglo XIX fue muy evolucionista. Pero yendo más atrás de Spencer, a la primera mitad del XVIII, hay que nombrar a Giambattista Vico, cuya Ciencia nueva se plantea precisamente como una teoría de la evolución gradual, necesaria y por pasos obligados, first things first, de los fenómenos culturales. De instituciones (la familia antes que el Estado), del lenguaje (la metáfora antes que el sentido literal), de la tradición (la poesía antes que la filosofía), etc. Y de las leyes y sistemas políticos muy especialmente, porque Vico era jurista. Bien, pues según Wilde, este tipo de teoría evolucionista ya está bien prefigurada en los clásicos, y especialmente, en su forma elaborada, en Polibio.

Vico, por cierto, también era clasicista, y sin duda derivó muchas de sus nociones de los clásicos, en particular tratando de refutar a los cartesianos apriorísticos, chomskianos de su propio siglo. En busca de argumentos y ejemplos acudió constantemente a la historia y oratoria clásica. Pero no era Vico un clasicista de los que dicen que "ya lo dijeron todo los griegos" (a la manera de López Eire). Antes bien, su teoría del desarrollo cultural le impide a Vico tener a los clásicos una devoción incondicional. Los clásicos vinieron de una larga tradición anterior, sí, pero nosotros venimos después. Y existe el peligro, para Vico, de proyectar sobre ellos nuestro propio desarrollo cultural, de creer que cuando tratan un tema lo hacen con todo el conocimiento que sólo sería posible gracias a ellos y a sus sucesores. Hay pues un hindsight bias inherente al trabajo del filólogo y del historiador: Vico lo llama la presunción de los académicos (cuando con la misma razón lo podía llamar la humildad de los académicos...).

Mais revenons à nos moutons. Wilde menciona a Vico, pero no le da más importancia relativa que a Montesquieu sobre esta cuestión. Existe, claro, el peligro de que por presunción de académico proyectemos sobre Vico (o sobre Polibio...) toda una teoría del hindsight bias que habría de esperar para desarrollarse a las críticas a la teoría Whig de la historia, o a Morson y Bernstein. Wilde coloca más bien el acento, en todas estas cuestiones, en una teoría de la Ilustración, del desarrollo gradual de un análisis racional en y del pensamiento humano. Así, compara el paso de Heródoto a Polibio con las fases del desarrollo cultural según los positivistas:

"Quizá podamos decir que con [Tucídides] la filosofía de la historia está en parte en su estadio metafísico, y ver, en el progreso de esta idea de Heródoto a Polibio, la ejemplificación de la ley comteana de los tres estadios del pensamiento, el teológico, el metafísico y el científico; porque ciertamente esta concepción que llamamos Filosofía de la Historia se elevó partiendo de las vaguedades del misticismo teológico hasta convertirse en un principio científico, según el cual el pasado se explicaba y el futuro se predecía con referencia a leyes generales"


Polibio, decíamos, llega tarde para ser original  pero su posición privilegiada en esta secuencia de desarrollo conceptual está asegurada gracias a esa belatedness que diría Harold Bloom:

"¿Cuál es, entonces, la posición de Polibio? ¿Queda algún método nuevo para él? Polibio fue uno de esos muchos hombres que han nacido demasiado tarde para ser originales. A Tucídides le pertenece el honor de ser el primero en la historia del pensamiento griego en discernir la calma suprema de la ley y el orden subyacentes a las caprichosas tormentas de la vida, y tanto Platón como Aristóteles representan cada uno un gran principio nuevo. A Polibio le corresponde el oficio—cuán noble volvió ese oficio lo muestran sus escritos—de hacer más explícitas las ideas que estaban implícitas en sus predecesores, de mostrar que tenían una aplicabilidad más general y quizá un sentido más profundo de lo que antes había parecido; de examinar con más detenimiento las leyes que ellos habían descubierto, y, finalmente, de señalar de modo más claro que ninguno antes el alcance de la ciencia y los medios que ofrecía para analizar el presente y predecir el porvenir. Su oficio, por tanto, fue reunir lo que ellos habían dejado, dar a sus principios nueva vida mediante una aplicación más amplia".


Este, Sr. Wilde, es un pedazo de párrafo—¿lo habrá comentado Ricoeur? Contiene toda una narratología de la historia; no sé si contiene el concepto de ansiedad de la influencia de Bloom asimismo, aplicado a las tareas que quedan por hacer en historia en lugar de a la originalidad poética. Pero sí contiene al menos una visión lúcida del papel de la relectura, de la retrospectividad, y de los privilegios de estar subido a hombros de gigantes. Desde ahí se ve más de lo que veían los gigantes (se ve lo que estos tienen detrás de los ojos, por ejemplo). Gracias a la ayuda del tiempo, emergen de modo casi espontáneo (casi—no subestimemos al latecomer) las nuevas perspectivas y relaciones entre las teorías del pasado, como surgen a la visión del historiador las consecuencias inesperadas de las acciones de las gentes del pasado. (Viene a ser todo lo mismo, teorías y acciones). —Sobre el tema de interés indudable para una teoría de la retrospectividad y la historiografía que aquí apunta Wilde, eso de "hacer explícitas las ideas implícitas" y mostrar que tienen una aplicabilidad más amplia, escribí aquel artículo sobre la espiral hermenéutica).

Así pues, surge en Oscar Wilde una teoría emergentista de la historiografía. Es un emergentismo que requiere una amplia perspectiva observacional y metodológica, y geográfica, además de temporal. Lo nuevo sólo puede surgir como resultado de la interacción de muchos elementos previamente inconexos, o aparentemente inconexos (—only connect).

Respecto de la amplitud de perspectiva observacional y metodológica: Polibio basa sus teorías políticas en el mundo de los hechos, no en especulaciones idealistas ni en el estudio de leyes anteriormente existentes. El interaccionismo simbólico ha enfatizado la importancia de enfocar el estudio de los fenómenos humanos sobre la base de un estudio de la situación global, y no de aspectos preseleccionados por un método. Habría aquí, pues, una cierta afinidad.

Respecto de la amplia perspectiva geográfica, Polibio es el historiador de la expansión de Roma: con un poco de hindsight bias, podríamos llamarlo el primer historiador de la globalización. Según Wilde,

"nos dice que, antes de sus días, los acontecimientos del mundo eran inconexos y separados, y las historias estaban confinadas a los límites de países concretos. Ahora, por primera vez, el imperio universal de los romanos hacía posible una historia universal" 


Léase esto, claro, cum grano salis.

Es Polibio moderno en tanto que historiador ilustrado, racionalista, que intenta elevar su disciplina a un nivel superior desechando historias de milagros, apariciones sobrenaturales, etc. Es un desmitologizador:

"'Nada', nos dice, 'revela tanto un espíritu necio como el intento de explicar cualquier fenómeno por el principio de la casualidad o de la intervención sobrenatural. La historia es una búsqueda de causas racionales, y no hay nada en el mundo—ni siquiera los fenómenos que nos parecen más improbables y alejados de leyes—que no sea el resultado lógico e inevitable de ciertos antecedentes racionales".


Está claro que Polibio no iba a admitir apriorismos doctrinales en su búsqueda de una ciencia histórica racional. En otros muchos aspectos es moderno Polibio. Narratológicamente hablando, rechaza el uso del estilo directo en historia para reproducir supuestas palabras y discursos de los personajes históricos. Sus antecesores (y sucesores) introducirán estos discursos no en tanto que documentos auténticos sino en tanto que acercamientos interpretativos a la verdad del personaje. Pero Polibio rechaza estos métodos abiertamente ficcionalizantes, y en esto es un adelantado a su tiempo, nos dice Wilde.

Wilde aboga por enfrentarse a la complejidad de la historia, evitando simplificaciones, y por preservar en los escritos históricos esa complejidad, evitando simplificaciones (Aquí critica el dicho de D'Alembert según el cual los historiadores tendrían que hacer una limpia cada siglo y quedarse sólo con los acontecimientos principales). La complejidad y multiplicidad permite una relectura fructífera, y el surgimiento de nuevas interpretaciones, con una mejor comprensión del pasado que pareció inconexo y caótico en su momento:

"Además, como señaló Gibbon, 'un Montesquieu detectará en el acontecimiento más insignificante relaciones que el vulgo pasa por alto'."


Aquí nos hace pensar Wilde (avant la lettre, claro) en la crítica de Feyerabend contra el apriorismo metodológico. Wilde, claro, no podía sino estar contra el método en última instancia. Un método preestablecido selecciona sólo cierto tipo de causas; así lanza Wilde una pulla contra la economía política tan en boga en su tiempo (¡y en el nuestro!) por su autorrestricción deliberada a un determinado tipo de causas y explicaciones. También es cierto que ve Wilde un apriorismo en la restricción de enfoque que hacen Tucídides y Polibio, centrando sus historias sólo sobre determinado tipo de causas o procesos históricos (en el caso de Polibio, muy consciente y deliberadamente). Pero en este caso defiende Wilde esta opción como un desarrollo necesario del valor cognoscitivo de las teorías, y del razonamiento abstractivo en la historia.

El conocimiento histórico detallado requiere una cierta proximidad. Así Polibio está contra el exceso de retrospección. Para él es crucial la cercanía del historiador a los acontecimientos. Aquí parece enmendar la plana a Ricoeur o Mink, cuando enfatizan la necesidad de una perspectiva temporal. Para Polibio, un exceso de perspectiva retrospectiva produce pérdidas de visión. Así lo explica Wilde:

"El historiador ideal debe ser contemporáneo a los acontecimientos que describe, o estar separado de ellos por una generación tan sólo. De ser posible, ha de ser testigo ocular de lo que escribe; cuando eso no puede ser, ha de someter cuidadosamente a prueba todas las tradiciones y relatos, y no estar dispuesto a aceptar lo que es plausible en lugar de lo que es verdadero".


Podríamos decir, en realidad, que el hindsight bias va creciendo en relación directa con el benefit of hindsight, según hemos apuntado antes. No hay una perspectiva correcta única desde la cual escribir historia. Hay historias para los contemporáneos y sucesores recientes, y hay historias para la remota posteridad. Quizá el historiador con vocación política esté más interesado en la primera, en la historia reciente y contemporánea. En cuanto a las reflexiones de Wilde, creo que valen tanto para sus contemporáneos como para la posteridad.

El espíritu crítico y racional que Wilde ve desarrollarse en Grecia no continúa su crecimiento en Roma, y con ello llega a su fin su ensayo sobre El surgimiento de la crítica histórica. Quizá fue por falta de oposición estimulante: la religión romana es puramente formulista, funcionarial, no despierta pasiones ni creencias. Por otra parte, es también ritual y formularia la filosofía romana, sin la dimensión de exploración y rebeldía contra las creencias tradicionales que  tenía la griega:

"En la historia del pensamiento romano en ninguna parte encontramos ninguna de esas características de la Iluminación griega que según he señalado son fenómenos necesariamente concomitantes del surgimiento de la crítica histórica. El respeto conservador hacia la tradición que hacía deleitarse a los romanos en los ritos y formulismos legales, tan evidente en su política como en su religión, fue fatal para que pudiese darse la aparición de ese espíritu de rebeldía ante la autoridad, cuya importancia ya hemos visto, como factor de progreso intelectual."


El origen de la historia romana está en los anales funcionariales del Colegio de Pontífices. Este

"poseía desde el principio una colección extraordinarimente voluminosa de los materiales de la historia, que, sin embargo, produjo únicamente anticuarios, no historiadores. Es tan difícil usar los hechos, tan fácil acumularlos."


Aprecia Wilde a Salustio como (el único) historiador crítico y racionalista de Roma. Cicerón es demasiado patriota y tradicionalista para ser crítico, y Livio un escritor más interesado en los espisodios pintorescos que en el pensamiento racional. Y en Tácito "la imaginación ha ocupado el lugar de la historia"; es un escritor vívido y con capacidad psicológica, pero no un crítico racionalista. Es pues con el espíritu crítico griego con el que conecta la modernidad a través de los siglos, y es al primer nacimiento del espíritu crítico al que rinde homenaje Oscar Wilde en este ensayo. Con la amplia perspectiva que le da el paso del tiempo, y con una inteligencia casi aterradora en un estudiante.


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José Ángel García Landa

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