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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Historia.

La República de los maestros

república maestros
Había poco público en la jornada de homenaje a los maestros aragoneses asesinados "por el franquismo"—aunque muchos, como mi abuelo, lo fueron antes de que existiera "el franquismo". Y la media de edad de asistentes rondaba los sesenta años. Parece que no hay mucha voluntad de memoria, como ha observado alguno de los ponentes.

Los maestros asesinados en Aragón, ya sea al principio del levantamiento derechista, o tras la victoria de los franquistas, fueron más de cien. Nos han contado, desde un punto de vista mayormente izquierdista y republicano, la labor cultural y social de esos maestros en los pueblos,  muchos de ellos enfrentados a los poderes fácticos de caciques locales y curas. Había entre ellos mucha conciencia de la necesidad de una profunda reforma social, y fueron activos colaboradores en muchos casos de los partidos y sindicatos de izquierda. Al parecer mi abuelo estuvo afiliado a Izquierda Republicana, el partido de Azaña (ese que quería "triturar a la Iglesia") aunque en una conferencia de hoy han aludido a él y han dicho que era conocido que era católico—lo cual no impidió que fuese una de las primeras víctimas de su región. "Les tenían ganas", dice otro de los conferenciantes.

Los maestros republicanos realizaron un considerable avance en la educación con pocos medios y mucha voluntad y dedicación; fueron agentes de alfabetización y de concienciación social para los derechos de los ciudadanos, además de maestros de escuela. No se equivocaba en cierto modo el franquismo al considerarlos agentes activos a favor de la República—y actuó en consecuencia con la mayor brutalidad, siguiendo los planes de Mola de sembrar el terror desde el principio y exterminar a cuantas personas políticamente comprometidas con la izquierda se pudiese.

Historias terroríficas de rencillas entre amigos y familias esconden las guerras civiles. Por eso no es extraño que este tema no termine de digerirse, y que pase sin transición (o con Transición) del tabú al olvido. Claro que hay una cierta simpatía hacia el tema por parte del gobierno, y subvenciones y jornadas, y muchos esfuerzos ahora por parte de  algunas voces destacadas (Vicenç Navarro era voz destacada en un documental proyectado aquí, La escuela fusilada). Pero el público está frío, y pasa como digo del silencio al desinterés. Se ha sido doblemente injusto con estos maestros, y con otros represaliados, primero con el tratamiento injusto y criminal que se les dio, y luego no reivindicando adecuadamente su memoria cuando se podía—en aras de la reconciliación, como si la paz social no fuese posible sin la continuación del olvido.

Los maestros de la República llevaron adelante, frente a las estremecedoras limitaciones de su tiempo y contexto, un ideal de educación pública, gratuita, laica, universal, igual para los sexos; una educación crítica y basada en la actitud activa de los alumnos... al menos en los mejores casos. Esa herencia (un tanto idealizada aquí) la ven olvidada y desperdiciada los conferenciantes: no se ha reconectado con la herencia de la escuela republicana. Yo quiero pensar que todos estos años se han desarrollado otras cosas también, dentro de nuestras limitaciones: tolerancia, y también conocimiento. Pero sí falta conciencia de la ciudadanía, y quizá de ahí la indiferencia de los estudiantes de Magisterio a esta herencia de sus mayores. Casi podría decirse que han boicoteado las jornadas, para vergüenza de nuestra universidad. Y es que nuestro país en realidad tiene la educación que lo retrata. Y no es ni muy amante de lo público, ni de lo gratuito; ni es laico mayormente, ni se cuida de valores universales y ciudadanos, ni es consciente de su historia—a no ser con una mezcla nebulosa de trauma, olvido y frivolidad.



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Sábado, 07 de Noviembre de 2009 15:52. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Historia, narración, literatura

viernes 16 de octubre de 2009

Historia, narración, literatura


Pedía Paul Wake información, por la lista de correo Narrative-L, sobre obras sobre el aspecto narrativo de la historia, o de la relación entre historia y literatura. Le contesto:

Dear Paul,
Here is my bibliography on "Literature and History" in case you find it useful:
http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/bibliography/Subjects/2.Lit.Theory/Specific.LT/x.Literature.and/History.&Lit.doc
And, from the same online bibliography, the section on history includes many references to narrative aspects of history:
http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/bibliography/Subjects/4.Genres/Narrative/History.doc
And, for just one suggestion, I would read
Foregone Conclusions by Michael André Bernstein. Or make it two, with Gary Saul Morson's Narrative and Freedom.
Best wishes,

Jose Angel García Landa
http://tinyurl.com/garcialanda



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Sábado, 17 de Octubre de 2009 15:32. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Cristóbal Colón, asesinado por los indios

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jueves 27 de agosto de 2009

Cristóbal Colón, asesinado por los indios

En La Aguada, antiguamente Sotomayor, primer lugar donde desembarcó Colón en Puerto Rico, recuerdan también a otro Cristóbal Colón, al que mataron los indios—Cristóbal Colón de Sotomayor, hijo de Pedro "Madruga" de Sotomayor, conde de Caminha, Un conde que para algunos es uno de los avatares de Cristóbal Colón, o más bien su "vida previa". Su hijo, este Cristóbal de Sotomayor, era llamado Cristóbal Colón, al parecer, en una carta que envió Juan Cerón al rey Fernando de Aragón anunciándole su asesinato a manos de los indios. Cerón, administrador colonial, había conocido tanto al primer Cristóbal Colón como a este segundo. Cristóbal "Colón" de Sotomayor fue lugarteniente de Ponce de León, gobernador de Puerto Rico, y llegó a las Indias por recomendación real. Fundó la villa de Távora, en honor a su madre la condesa, y luego Sotomayor, en honor a su familia paterna—era el hijo menor del antiguo conde de Sotomayor. ¿Y era Colón, Cristóforo Colom, acaso, este mismo Pedro Madruga de Sotomayor, antiguo conde, haciendo borrón y cuenta nueva de su vida pasada—que motivos no le faltaban? En cuanto al segundo Cristóbal Colón, ¿hay un error de los copistas en la transcripción del nombre? ¿O realmente este Cristóbal de Sotomayor, bien atestiguado, se hacía llamar a veces Cristóbal Colón de Sotomayor, cosa menos atestiguada? ¿Del mismo modo que el almirante, al parecer, se hacía llamar a veces Pedro Colón? Al hijo que había tenido el segundo Cristóbal Colón con una india, lo llamó Pedro. Quien los mató, a él y a su amante india y a casi todos los acompañantes, fue un cacique hermano de la india. Del paradero del niño no sabemos, ni de la carta de Cerón. Sí parece que Cristóbal "Colón" Sotomayor tenía trato cordial con los hijos del Almirante, Diego y Hernando; que fue protegido desde su infancia por la reina Isabel, y que le dio privilegios poco justificados en América el rey Fernando. A su padre Pedro Madruga lo desposeyeron los reyes, y dieron su título y sus bienes a su primogénito; también desautorizaron un falso testamento que hizo. Lo que no está claro es si le dieron, bajo el nombre de Colón, otros beneficios en compensación. Las noticias sobre la muerte de Pedro de Sotomayor son tan confusas como las de los primeros años de Cristóbal Colón. El mismo Sotomayor era de origen problemático, hijo bastardo del conde, quizá con una judía "genovesa"— un conveniente eufemismo, genovesa de Pontevedra, en los tiempos que corrían. Madruga/Sotomayor fue fraile y pirata, señor feudal rebelde y navegante, falsario y pendenciero, hombre de aúpa y de armas tomar, siempre con un pie en España y otro en Portugal. La historia de Cristóbal Colón de Sotomayor, y la de su padre, la cuentan Rodrigo Cota González en Colón, Pontevedra, Caminha (2008) y Alfonso Philipott Abeledo en La identidad de Cristóbal Colón (1994). Es otra versión de las muchas que circulan en torno al intrigante almirante.


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Viernes, 28 de Agosto de 2009 00:43. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


El reino de los suevos


sábado 15 de agosto de 2009

El Reino de los Suevos

Todos los años nos pillan las fiestas de por medio, nos cierran la biblioteca y nos vamos de Viveiro sin poder devolver algún libro (pero lo enviamos por correo luego, eh...). —"Anda, ve a llevar a correos la historia esa los cojones".... porque esta vez el libro en cuestión es El reino de los suevos, de Casimiro Torres Rodríguez (1977).

Es de hecho un admirable libro de historia de esos que lleva tanto trabajo hacer y que tan poco leídos quedan. Los suevos al parecer eran unos señores tirando a rubios, de cara ancha, más bien bajitos, cuadradetes, coloradotes y mazacotitos, de poca cadera y poca cintura, cuyos genes todavía se ven abundantemente por Galicia, sobre todo rural. Pero de estas cosas de aspecto físico no se ocupa el libro de Torres; ni tampoco los españoles en general, a los que bien poco les interesa, menos a los vascos, conocer sus orígenes raciales. Claro, de racial a racista, hay pocos pasos... Creo que el olvido activo que viene habiendo desde hace tiempo en España con estos temas es una mezcla de sano e insano—sano por lo que tiene de melting pot, y de ignorar diferencias étnico-raciales o viejos traumas y conflictos; insano porque quien se pica, o se ignora a sí mismo, debe ser que aún come ajos. La razón más directa del olvido activo es, aparte de efectos indirectos de fenómenos como la Guerra Civil, la consciencia enterrada de tantos siglos de Inquisición, de limpieza de sangre y de judaizantes o moriscos reprimidos—los no expulsados, me refiero. Estas cosas se han ventilado más bien por vía de contactos familiares y costumbres de puertas para adentro: no juntarse mucho con los de tal pueblo, o con los de tal barrio, o con los gitanos, o con los agotes, o con los pasiegos, o con tal y cual... O sea, que todos mezclados, pero a veces no tanto.

Ahora que estamos en la España de los derechos históricos, imagínate que volviesen los judíos expulsados, a Zapatero, a pedirle compensaciones. Y los moriscos. O los suevos, que los conquistó Leovigildo, yo creo que bien merecerían autonomía y fueros, ¿no? Estos sí tuvieron reino en los siglos V y VI; otros con menos reino tienen más Derechos Históricos. A lo que voy, es que hoy en España, nadie (que no sea vasco, que ahí el racismo sí que cabalga fuerte) se interesa por su remoto origen étnico, y sin embargo las caras se ven por las calles: judíos, a patadas; moros, que tampoco faltan, y romanos, e iberos botorritos, y hasta celtas, aunque muchos que le pegan a la gaita y se creen celtas son otra cosa, seguro. Y suevos, y suevos. Y godos auténticos, y guanches. Con el mapa genético que van a hacer de los flujos de población los secuenciadores del genoma, los de 23&Me y otras compañías, si no pronto sí un poco más tarde, puede que esto cambie, y vuelva el interés por lo racial—esperemos que no demasiado, por favor. Nos enteraremos si los rubietes anchotes coloradillos de cara cuadrada son en realidad suevos, o son más bien asdingos, o silingos—que también vinieron en el 409. Fueron años de calamidades incontables, según Torres Rodríguez, que como digo no está nada interesado en los suevos de la actualidad, si los hay.

De la cultura sueva poco queda. Están los nombres y hechos de los reyes, como Reckiario, o Mirón. Sí quedan nombres de escritores e intelectuales (eclesiásticos) de aquella época, del reino suevo de Galicia, pero son hispano-romanos, no suevos. Son Paulo Orosio; San Martín de Braga; los dos Avitos que impugnaron a Prisciliano; Hidacio de Chaves, que escribió la historia de los suevos... y otros personajes de curiosos nombres, como Balconio de Braga, el teólogo Siagrio, Agrestio de Lugo, o Profuturo de Braga. Profuturo de Braga... ojo al parche.

Nos dice Torres que "No consta que ninguno de los suevos se haya distinguido en alguna de las ramas de la cultura. Era un pueblo de labriegos y de guerreros, y no sabemos de ningún hombre de raza sueva que haya superado dichas actividades" (293). Al margen de los genes, desde luego, poco queda de los suevos—casi ni el recuerdo de que fueron suevos, que sembraron el terror, y que aquí tuvieron un reino.

Guerra Civil: El vaivén de la memoria

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Sábado, 15 de Agosto de 2009 18:44. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Cosas que mueren, cosas recién nacidas

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martes 28 de julio de 2009

Cosas que mueren, cosas recién nacidas


Capítulo 13 del libro de James Shapiro 1599: A Year in the Life of William Shakespeare (Londres: Faber and Faber, 2005)

(Capítulo 12: El bosque de Arden)


13. Things Dying, Things Newborn. Muere la Caballería representada por Essex. Nace el capitalismo.

"Thou met'st with things dying, I with things newborn" (The Winter's Tale).


El conde de Essex había desembarcado en Irlanda el 14 de abril de 1599, en una campaña rodeada de murmuraciones, y sintiendo él mismo oscuras premoniciones del fracaso de su empresa, quizá debido a sus tensas relaciones con la reina. Se encontró allí con mala intendencia que hacía imposible un ataque directo contra el rebelde Tyrone, y el Consejo Privado del reino le negó refuerzos. Además, las fuerzas rebeldes resultaron ser mucho más numerosas de lo previsto: les duplicaban en número. Lejos de poder atacar a Tyrone en Ulster, sólo podía aspirar a contener la rebelión en el sur y el oeste. Shapiro observa que la única posibilidad de victoria hubiera sido seguir la estrategia sugerida por Spenser: sembrar el terror, arrasar las cosechas, y doblegar Irlanda con el hambre y la brutalidad salvaje. Pero tal estrategia repugnaba a Essex, que aspiraba a un enfrentamiento honorable en el campo de batalla.

Intentó Essex promover a amigos y parientes suyos para los puestos de responsabilidad en Irlanda, pero la reina repuso desautorizándolo.

"Detrás de estas maniobras, detrás de toda la campaña irlandesa, había un enfrentamiento sobre la cuestión de la cultura del honor" (285)

(Y en realidad de las relaciones entre aristocracia y monarquía absoluta:)—los aristócratas, los caballeros tradicionales, habían visto sus filas reducidas bajo los Tudor, y Elizabeth continuó con esta política, sometiendo y estrangulando la independencia de la nobleza. Essex era el representante de esta tradición aristocrática, y su portavoz más explícito. Había conseguido el puesto muy codiciado por él de mariscal de la corte (Earl Marshal), encargado del ceremonial de caballería de la corte. Y lejos de interpretar su puesto como una mera cuestión ceremonial, intentó resucitar el papel de la caballería de modo activo, irritando a la reina. Se negó a firmar como su "sirviente" e insistió en que era su "vasallo", ligado por tradiciones de ceremonial y jerarquía feudal, no por servidumbre.  Cuando fue comandante, en Rouen y en el ataque a Cádiz, se dedicó a armar caballeros a numerosos partidarios suyos, en grandes números, algo fuera de lo corriente. Y en Dublín organizó un festival caballeresco fastuoso, en contraste con la ceremonia cortesana donde Isabel premió a cortesanos "poco caballerosos", en su continuada subversión de la tradición de la caballería. También respondió privando a Essex de un jugoso monopolio que codiciaba y dándoselo a su rival el burócrata Cecil.

Shakespeare en esto parece estar del lado de Essex: en sus obras se ve el contraste entre caballeros guerreros tradicionales, y los advenedizos cortesanos y cobardes: por ejemplo cuando a Sir John Fastolfe le arrancan la insignia de la jarretera en Enrique VI 1. Su propio interés en procurarse un blasón muestra cómo participaba de estas ambiciones aristocráticas, y quizá también le remordiese el contraste entre la pura formalidad administrativa y el contenido caballeresco y marcial.  

En Irlanda, los rebeldes nativos luchaban una guerra de guerrillas, evitando el enfrentamiento directo y dejando agotarse a los ingleses con su estrategia tradicional. Las batidas inglesas tenían algún éxito ocasional, otras veces terminaban en emboscadas y expediciones sin sentido ni rumbo. El país los ignoraba en la medida de lo posible, Essex entretenía a sus hombres con la esperanza de honores y victorias, nombrando más caballeros aún. Le llegaron noticias de la muerte de su hija en Inglaterra. Contra sus tropas derrotadas en Wicklow aplicó Essex una medida de antigua tradición pero repugnante: la ejecución de uno de cada diez supervivientes. Las deserciones se sucedían, y aumentaban la mala prensa del conde en Inglaterra con testimonios de primera mano. La moral bajaba, las enfermedades y bajas proliferaban, la intendencia era corrupta, el equipamiento inadecuado. Isabel le envió a Essex órdenes de atacar directamente a Tyrone y le prohibió volver a pisar Inglaterra sin su permiso. La paranoia del conde se alimentaba sola, pero también tenía motivos por la actividad de su partido contrario en la corte. Essex preparaba expediciones con sus malas fuerzas, pero al parecer también le tentaba la idea de desembarcar en Milford Haven y defender su causa en Inglaterra (una idea que Shapiro dice pudo haber sacado de Ricardo III, donde desembarca allí la exitosa fuerza contra el tirano). Los espías de Cecil ciertamente barruntaban estos planes del conde. En un consejo militar, Blount y Southampton (el antiguo patrono de Shakespeare) le convencieron a Essex de que más bien fuese con un grupo de hombres a hablar con la reina. Pero la reina estaba cada vez más irritada con Essex, su independencia de criterio, su teatralidad y su autocompasión.

Y Essex acabó por salir contra las fuerzas superiores de Tyrone, pero éste eligió esquivarlo y marearlo y frustrarlo. Fue retado por Essex a combate singular, pero lo ignoró. Ofreció una sumisión ceremonial de forma y sin sustancia real, y parlamentó con Essex a principios de septiembre. Pero esto iba en contra de las instrucciones de éste, que se hizo sospechoso de buscar algún interés propio o algún plan de traición. La reina reiteró sus órdenes, pero Essex ya se había embarcado a finales de septiembre y fue a Inglaterra para ser recibido por la reina. A la vez, en su bando se debatían planes de matar a Cecil y sus partidarios antes de hablar con la reina, aunque Essex no lo consintió.  Essex irrumpió en las habitaciones de la reina, sin adecentarse antes, y pillándola a ella sin arreglar, para obligarla a escucharle. Elizabeth no sabía si estaba ante una rebelión o no, pero siguió la corriente a Essex cuando éste hizo ademanes de sumisión feudal. Prometió recibirlo enseguida: mientras, se informó de que venía sin su ejército, y lo despidió ordenándole que esperase sus instrucciones. Essex estuvo esperando hasta que su impaciencia lo llevó a montar un intento de rebelión, que lo llevó al cadalso. Con él moría una parte de la caballería tradicional.

A la vez, estaba naciendo el imperialismo capitalista y comercial, que abre una nueva era de la historia de Inglaterra. También estos días de finales de septiembre, un consorcio de comerciantes londinenses elevaron una petición a la Reina y fundaron la East India Company, para comerciar con la India. Se empezaban a poner las bases del todavía inexistente "Imperio Británico" del cual llevaba hablando el mago John Dee veinte años. Imitaban a los mercaderes holandeses, que acababan de obtener beneficios de un 400% en sus inversiones en la ruta oriental del comercio. Los mercaderes ingleses de la Compañía de Levante tenían una ruta de distribución por tierra, a través de Turquía, pero eran quienes más tenían que perder, así que se apresuraron a abrir la nueva ruta. No eran aristócratas, pero buscaban el apoyo de la corte y de sus nuevos hombres. Y lo tendrían en Cecil, más que en la tacaña reina. Cecil fue el dedicatario de los viajes de Hakluyt, una útil propaganda de estas aventuras de navegación, cuyo segundo tomo, sobre viajes a la India y más allá, se estaba terminando este otoño. En la reedición de 1599 suprimió la narración de la campaña de Cádiz de Essex del primer tomo, y toda alusión al conde. Las fortunas de éste caían estrepitosamente a la vez que nacía el nuevo imperio, comercial y no caballeresco. Los nuevos aventureros eran los mercaderes—Shakespeare usa la palabra en ambos sentidos  (y recordemos también la dedicatoria de los Sonetos, de Thomas Thorpe, que alude a una empresa comercial y aventurera).

Shakespeare no tenía fondos suficientes, si tenía interés, para invertir en estas empresas. Aunque queda la anécdota de la representación de Hamlet en uno de los tempranos viajes a oriente, a bordo del navío Dragon, en 1607, cerca de África.

Del escepticismo de Shakespeare hacia los ideales heroicos queda sus desencantadas aventuras homéricas en la cáustica obra Troilus and Cressida. En Hamlet también se nota la huella del desencanto, en el contraste entre el mundo caballeresco del viejo Hamlet y las intrigas cortesanas y dudas metafísicas del presente. La armadura del viejo rey es un anacronismo, como lo eran los torneos de Essex en la Inglaterra isabelina. También en la representación que hace Shakespeare de los duelos, sus tecnicismos y decadencia, está el signo de los tiempos y la decadencia de la auténtica caballería—la transformación de la tradición marcial en deporte.

La expedición de Essex en Irlanda se frustró. El poema de Thomas Churchyard para darle la bienvenida al conde en su regreso quedó sin publicar; la comparación de Essex con Enrique V en la obra de Shakespeare se suprimiría de la publicación. A Essex unos le intentaban convencer de que forzase a la reina a reconocerle; otros le sugerían que escapase al extranjero: Essex mismo prefería el combate a la huída, y muchos de sus partidarios le abandonaban viéndole en desgracia y temiendo verse implicados en algún intento desesperado. Algunos dicen (Fulke Greville) que eran los enemigos de Essex los que hacían circular rumores de sus intenciones, para terminar de hacerle caer. Mountjoy fue nombrado Lord Deputy en Irlanda para suceder a Essex, y también allí había intrigas: estaba dispuesto a hacer una demostración de fuerza junto con Essex y el rey escocés para asegurar una sucesión escocesa a la corona. Pero de estos planes, en los que estaba involucrado también Southampton, se descolgó Mountjoy, y no quiso involucrase en ellos el futuro Jacobo I.  Estos planes eran secretos, pero los tiempos estaban listos para ellos; estaban en el aire—y así encontramos conspiraciones semejantes en Hamlet (1600) que muestra pues la marca de su tiempo, como según dice el príncipe debe hacer el teatro.


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Jueves, 30 de Julio de 2009 00:07. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Antony Beevor, LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

al enemigo

Me acabo de leer otra historia de la guerra civil, la de Antony Beevor (Barcelona: Crítica, 2005), revisión de un libro anterior del mismo autor escrito en tiempos de la transición. No sé si ese libro sería un alegato a favor de la República y contra el franquismo, aunque supongo que sí. En el prólogo a éste nuevo libro, dice el autor que la masa de información disponible hoy es mucho mayor, y que además ha ido perdiendo "algunas apasionadas certezas de juventud" (13). No ciertamente a la hora de desarrrollar una visión más positiva de Franco y el franquismo, pues en este aspecto nos retrata a un inepto cruel, apoyado por una clase dominante tradicional corrupta y prepotente, y en esto le tiembla poco la mano.  Sí en cambio me parece que habrá perdido fe en las bondades del bando republicano. Franco ganó la guerra en parte por la mayor unidad de su bando: sus fuerzas "Eran de derechas, centralistas y autoritarias a la vez. La República, por el contrario, venía a ser un crisol de incompatibilidades y sospechas mutuas, con centralistas y autoritarios enfrentados a regionalistas y libertarios" (8)—con lo cual el tema del cainismo y la incompetencia republicana se va volviendo prominente. También observa que la historia de la guerra civil "la han escrito con mayor eficacia los perdedores que los vencedores" (8) y en eso debe haber ventajas e inconvenientes—es de suponer que parte de esa eficacia irá derivada a que los perdedores tenderán a justificarse ellos mismos, antes que a hacer justicia al bando vencedor. Que, por su parte, ya estaba repartiendo justicia de la suya no sólo en libros sino en decretos y sentencias.  

Todo ello hace difícil, si no imposible la objetividad—por ejemplo, en esta frase: "Cada lado ha tratado de demostrar que fue el otro el que la empezó. A veces, incluso se tiende a pasar por alto factores neutros, como el hecho de que la República trataba de llevar a cabo, en muy pocos años, un proceso de reforma social y política que, en cualquier otro país, habría requerido un siglo" (9). En esta frase, uno podría pensar que al autor le chocaría la imposibilidad o desatino de intentar llevar a cabo en cinco años lo que hubiera requerido un siglo en cualquier otro país o en este—porque tampoco parece que esté alabando (a los resultados hay que remitirse) la especial flexibilidad de España para haber conseguido en un lustro el trabajo de un siglo. Y sin embargo queda en la frase un rastro de admiración a los visionarios que intentaron pisar el acelerador. Con lo cual ya no queda claro cuál es el "factor neutro" que ve el autor en todo esto. Factores neutros, pocos quedan, una vez se estudia la trabazón de todo con todo y se evitan los simplismos.  

Ahora el autor tiene más dudas sobre el carácter democrático de las fuerzas republicanas (y con razón). Pero eso le lleva a veces a curiosas quebradas conceptuales, o a corrientes cruzadas de ideas en las que no parecen combinar bien un discurso de "buenos y malos" (donde los buenos son los republicanos y los malos los franquistas) con una visión más escéptica, un discurso de "malos y malos", una historia de enfrentamiento entre fuerzas totalitarias. A veces se producen remolinos de razonamiento contradictorio, por ejemplo en estas dos frases al final y al comienzo de un párrafo en la introducción donde se discuten las elecciones del 36: 

Si la coalición de derechas encabezada por la CEDA hubiera ganado las elecciones (cosa que habría sucedido si los anarquistas también entonces se hubieran negado a votar), ¿habría acatado la izquierda el resultado legítimo? Uno no puede por menos que sospechar que no. Largo Caballero había amenazado abiertamente antes de las elecciones con que si la derecha las ganaba, se iría a la guerra civil.
    Desde el primer momento, los nacionales quisieron hacer creer a todo el mundo que sólo se habían sublevado para abortar un putsch comunista, lo que no era más que un montaje para justificarse, a toro pasado, por lo que habían hecho (...).  (10).

—Bueno, pues según acaba de decir el autor, si no había putsch comunista, ¿sí habría putsch socialista? Eso suponiendo que el término de "comunista" no le cuadrase a Largo Caballero, que gustaba de presentarse como "el Lenin español".  En fin, que en suma Beevor reescribe su propia historia personal de idealistas milicianos republicanos de sana izquierda, combatiendo a unos abyectos militares fascistas, y la matiza con un mayor escepticismo ante las credenciales democráticas de los republicanos, y un mayor sentimiento de asco ante el ensañamiento de todos, y las "profecías autocumplidas" de la retórica de la aniquilación que todos emplearon. 

Especialmente llamativa a la luz de los nuevos documentos conocidos desde la caída de la URSS es "la determinación comunista de eliminar a sus aliados de izquierda una vez que la guerra contra la derecha hubiera sido ganada" (11) —cotéjese esto con lo que dice en la página 10 de que el "putsch" comunista era un montaje de la derecha.... en fin. La estrategia democrática del Frente Popular no era sino eso, un disfraz o una estrategia momentánea, destinada a engañar a muchos—y huellas aún quedan en este libro de la magnitud del engaño.


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Viernes, 27 de Febrero de 2009 16:21. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


A Great Blow in Ireland

Capítulo 2 de 1599: A Year in the Life of William Shakespeare, de James Shapiro ( Londres: Faber and Faber, 2005).

(Capítulo 1: A Battle of Wills).


2. A Great Blow in Ireland.  La expedición a Irlanda de Essex, contra la rebelión de O’Neill, conde de Tyrone.

En 1598 moría el hombre fuerte del régimen de Elizabeth, el Lord Tesorero Burghley, experto en manejar las crisis y desactivar partidismos. A su muerte, los dos partidos se encarnarán en la persona de su hijo, Sir Robert Cecil, y el conde de Essex, de quien Burghley había sido tutor. El partido de los togados contra el de los soldados, respectivamente. Essex, contra quien se murmuraba que promovía la guerra en interés propio, escribió una curiosa Apology defendiéndose, con una evocación nostálgica del reinado de Enrique V y sus exitosas campañas militares en Francia, como un ideal patriótico y caballeroso. "Habiendo prometido escribir una nueva versión de Enrique Quinto, Shakespeare era muy consciente del equipaje político que acarreaba esta historia, tanto más una vez empezó a circular la Apología de Essex" (Shapiro 55, traduzco). Y se encuentran en la obra de Shakespeare numerosas alusiones, tanto implícitas como explícitas, a la campaña irlandesa de Essex.

Essex, favorito de la reina tras sus predecesores Leicester y Hatton, era menos prudente que ellos, además de treinta años más joven, y se indignaba cuando la reina no seguía sus sugerencias políticas. Una célebre bronca tuvo lugar con ocasión de enviar un nuevo administrador a un puesto un tanto envenenado en Irlanda. Essex no quería que Elizabeth enviase allí a su tío y aliado William Knollys, y le hizo un gesto de desaire a la reina, dándole la espalda con insolencia. Elizabeth le dio una bofetada en la oreja. Essex, airado, insinuó que si la reina no fuese mujer no le aguantaría esto—un primer episodio grave, sobre todo cuando Essex se empecinó en su honor combinando razonamientos aristocráticos tradicionales con argumentos modernos contra la tiranía—una combinación peligrosa a los oídos de la reina. Tales fueron los preliminares palaciegos de la expedición de Essex a Irlanda—un lugar donde era fácil fracasar.

En 1597 había habido una derrota sonada de los ingleses en Blackwater, con un ejército masacrado. Elizabeth preparaba la respuesta, y buscaba un jefe para encabezar una campaña de represalia en Irlanda. Essex se veía tentado por la aventura militar, a la vez que veía que era un paso peligroso. Se opuso a que encabezase la expedición de castigo alguien de menos rango que él. Pero Essex conduciría su campaña de modo ineficaz, atento más a su idea tradicional de la guerra que a las peculiaridades de la situación irlandesa—de sus lealtades inciertas, de su paisaje traicionero, y de la estrategia más localizada seguida por Tyrone, basada en el desgaste y en esquivar la batalla, en el empantanamiento del adversario, y el ataque por sorpresa. Volvió de Irlanda desconcertado y fracasado. Su sucesor Mountjoy, a quien Essex se había opuesto en un principio a enviar, siguió los consejos genocidas del poeta Spenser en A present View of the State of Ireland, y en lugar de perseguir a las partidas de rebeldes irlandeses sumió al país en el hambre y la desesperación antes de reducirlo militarmente. Esto no fue ni caballeroso, ni decente, ni ético—pero fue eficaz.

Por su parte, Essex, con su campaña desbaratada, frustrado, y ofendiendo a la reina con sus familiaridades, se vio despedido de la corte. Y cuando intentó a la desesperada montar un golpe de estado para imponerse frente al partido de sus rivales, en 1601, fue arrestado, condenado y decapitado.


 

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Domingo, 04 de Enero de 2009 14:27. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


23-F, la verdad

Es un libro de Francisco Medina (De Bols!llo, 2006) muy ilustrativo sobre aquellos años de caos y conjuras, y trae a la memoria cosas que la mitología oficial de la historia española, o la conveniencia oportunista, hacen a menudo olvidar. Algunos elementos a tener en cuenta según los expone Medina:

— La política económica de Suárez estaba siendo desastrosa; las huelgas promovidas por unos sindicatos aliados con la izquierda eran irresponsables y desestabilizadoras. Ni entonces ni ahora hay una ley de huelga. Los empresarios no querían a Suárez que "era muy socialista" y los socialistas tampoco lo querían allí, en el lugar de ellos. 

—  A Suárez lo quiere echar todo el mundo: hasta su partido, que lo ve embarcado en una carrera personalista hacia no se sabe dónde, pedaleando para mantenerse. Su política exterior recuerda, si a la de alguien, a la de Zapatero. Suárez, dice uno de los confidentes, "no quería ser el líder del centro derecha español".

— El PSOE estaba con el culo inquieto por llegar al poder, aunque fuese a través de un gobierno de coalición, y estaban dispuestos a dar su apoyo al plan para poner al general Armada a la cabeza de un gobierno de concentración.

Antonio Cortina y su hermano del CESID José Luis Cortina, el coronel José Ignacio San Martín, el comandante Pardo Zancada, fueron de los más activos factótums que impulsaron un golpe. (También el enconces capitán Joaquín Tamarit, hoy en la Jefatura de Estado Mayor del Ejército—p. 345, n.3). Aparte estaban Tejero y sus autobuses, y por otro lado todos los políticos urdiendo una manera de quitar a Suárez de enmedio, con el apoyo del Rey. Pero el punto de contacto de todos estos planes, golpistas o no, era mínimo, y los esfuerzos de los intrigantes para ocultar información a unos y otros a la vez que conjugaban voluntades y compromisos medio hablados, sólo consiguieron llevar al fracaso y al ridículo todo el plan. Como muestra un botón, "Se habló incluso de crear una unidad militar puramente vasca, en la que se integrarían los etarras tras dejar las armas, una especie de Legión..." (192) !!!!

— El tejerazo fue a la vez "el 23-F" y lo que acabó con el 23-F, o sea, fue la manifestación grosera, chapucera, decimonónica y absurda de un deseo muy extendido entre muchos de dar un giro radical a la política española. Y acabó con cualquier posibilidad de impulsar el "gobierno de concentración" que aunase a las fuerzas parlamentarias. Saldría de allí el breve gobierno de Calvo Sotelo, y pronto unas elecciones ganadas por un PSOE que ahora ocultó cuidadosamente sus contactos con Armada y su disposición al gobierno de un militar. Pero vamos, en el año anterior, parece claro "no sólo que en la Zarzuela se conocía que había algo parecido a lo que luego se denominaría la Operación Armada, sino, sobre todo, que se apoyaba semejante operación" (174). Pero los métodos impresentables elegidos por Armada, y sobre todo el Tejerazo televisado en directo, obligaron a reconducir toda la cuestión y a ocultar una metedura de pata gigantesca de mucha gente.

—Hubo contactos y vistos buenos confidenciales de los EE.UU. No es casual que el 23-F suceda justo tras la llegada de Reagan a la Casa Blanca. "Había una dependencia muy evidente del CESID con respecto a la CIA", dice Perote (301).

— El Rey tenía conocimiento del plan para llevar a Armada al gobierno, y confiaba en la capacidad de éste para "reconducir" un golpe militar, con el que prácticamente se contaba. Entre militares se era muy consciente de lo que convendría hacer o no hacer si había levantamiento: pero había enorme desorientación, mentideros por doquier y vigilancia mutua. Sorpresas sorpresas, pocas. Más bien, "un problema de estética" para liderar lo que se vio por la tele (352).

— Hay que colocarse en contexto retrospectivamente. La Eta estaba matando por entonces a decenas y decenas de militares: algo que en aquellos años de postfranquismo inmediato se toleraba con la inconsciencia del "algo habrá hecho" o del "todo vale"; con una falta de criterio y un embotamiento en la reacción política que hoy serían impensables. O eso es preferible pensar.

— Suárez había perdido la confianza del rey (por asuntos "de celos" nos dice Medina, sin especificar mucho más, aunque alude a líos de todo tipo). En parte se le estaba subiendo a las barbas no sólo al monarca, sino a su propio partido, y al país: un corredor por libre pedaleando en el aire, vamos—pensemos en la locura del rey Jorge, vamos, o en las escapadas de Ibarreche. Su buen criterio y su eficacia salen bastante en entredicho del panorama pintado aquí.

—Suárez fue quien, a su manera, dio también un "golpe", en el sentido de que nombró a su sucesor, Calvo Sotelo, invadiendo lo que el Rey consideraba una competencia suya (un rey que todavía tenía extendido el dedo que había nombrado a Suárez, y que quizá no había asumido plenamente su papel cuasi-nominal en la nueva Constitución). El rey esperaba que Suárez dimitiese a sugerencia suya, para nombrar a "alguien" sugerido por los partidos, posiblemente Armada: y le irritó que Suárez se resistiera y luego que organizara su propia sucesión ("Arias era un caballero, me bastó con insinuarle la necesidad del cambio para que él actuara en consecuencia"). Suárez le pidió a Felipe González apoyo para resistir estas ideas del rey, pero Felipe no deseaba otra cosa que la dimisión de Suárez... y participar en el gobierno Armada.

— La mitología según la cual unos militares se salen del tiesto por cuenta propia, y el rey los pone firmes en un gesto de heroica autoridad... es una simplificación notable, aptar para consumo popular. Ignora todas las tramas civiles, militares y reales para dar un "golpe de timón" a la situación caótica y descabalgar a Suárez. El verle las orejillas al lobo hizo que se calmase un poco quizá todo el mundo: el rey, que pasó a intervenir menos en política nacional, y el PSOE, que esperó a ganar las elecciones en lugar de apuntarse a un bombardeo—es un decir.

—Armada por supuesto emerge como un notable intrigante, contando a cada cual lo que quería oír y haciéndoles presuponer más acuerdos de los que había; al tanto de planes golpistas semicoordinados, e intenta rentabilizarlos y que jueguen a su favor. El golpe de extrema derecha de Tejero, el de los militares descontentos liderados por San Martín, y el de la "trama civil" habrían de culminar en su persona. Otro que pedaleaba por el aire, aunque no tanto. Todo era bastante inestable e imprevisible, y parte al menos de este comportamiento sorprendentemente estúpido y optimista de Armada habría que atribuirlo a las peculiaridades de la comunicación de un monárquico con el Rey: a la necesidad de no involucrarle y a la vez de interpretar sus deseos y llevarlos a cabo de la manera que él consideraba más factible, mediante la presión del Ejército y una amenaza de golpe similar a la que llevó a De Gaulle al frente de la V República francesa.

— Como curiosidad, Suárez "presumía de no haber leído nunca un libro", dice uno de sus antiguos amigos (213).

— Y otra curiosidad: el gabinete que iba a ser propuesto por Armada si el Rey le pedía que interviniese. Gabinete que tampoco le gustó a Tejero:

"Presidente: general Alfonso Armada; vicepresidente para Asuntos Políticos: Felipe González; vicepresidente para Asuntos Económicos: José María López de Letona; ministro de Asuntos Exteriores: José María de Areilza; ministro de Defensa: Manuel Fraga; ministro de Justicia: Gregorio Peces-Barba" etc, etc... Un gobierno en el que estarían no sólo los otros frustrados miembros de la terna de la que salió Suárez (Fraga y Areilza), sino también  Javier Solana, Ferrer Salat, Solé Tura, Tamames, Múgica, Herrero de Miñón, Garrigues, Luis María Anson, y supervivientes todoterreno del franquismo como Pío Cabanillas... Vamos, suficiente como para que a nadie le interesase airear demasiado los detalles. A Carmen Echave, que tomó nota de la lista, le recomendó Rosón, el ministro del Interior, que no la diera a conocer a los jueces que investigaron el golpe. Y hubo instrucciones, y consenso, de encausar al mínimo número posible de implicados en las diversas tramas ilegales o de dudosa legalidad.

La limitación mayor del libro... pues sin duda la ocultación de las fuentes, de los nombres de varios de los personajes que hacen confidencias políticas a Medina, exigiéndole que mantenga su intervención en secreto. Y siempre hay quien sabe más de lo que circula. Aún está demasiado cercano el asunto, parece—por ejemplo, tenemos aún el mismo rey, y que nos dure muchos años cumpliendo sus funciones.


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Sábado, 13 de Septiembre de 2008 14:31. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Francamente

Viernes 15 de agosto de 2008

Me estoy terminando los Mitos de la Guerra Civil de Pío Moa, que me ha parecido excelente dentro de su abierta simpatía hacia el bando franquista: es un libro muy informado y crítico, y para nada la bazofia pseudohistórica que dicen Preston y otros—un juicio sectario éste, que de repente me los vuelve a ellos menos fiables, una vez leída la cuestión. Cuando Preston llama a Moa terrorista o fascista, dice que sus libros consisten en insultos y tergiversaciones, o cuando se niega despectivamente y "por principio" a debatir con él—ahora ya veo quién se autodescalifica a sí mismo por actitudes tendenciosas y sectarias.

Un detalle del final de la guerra: Negrín, escribiéndole a Indalecio Prieto, dice:

"Sea usted franco y un poquitín generoso, no lo he hecho tan mal..."

¿Será un lapsus, o ganas de cabrear? La interpretación es libre.

Y otra salida inesperada de Negrín—a quien Pío Moa reconoce sin embargo cierta coherencia en su opción deliberada por el estalinismo. Dice Negrín de los líderes del PNV y de los nacionalistas catalanes:

"Aguirre no puede resistir que se hable de España. En Barcelona afectan no pronunciar siquiera su nombre. Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas, me indigno. Y si estas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos las entenderíamos nosotros o nuestros hijos, o quien fuere. Pero estos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco."



Nada menos que Negrín. Esto según Azaña, en sus Memorias, volumen II.

También dijo Negrín, por cierto, que no fueron los franquistas quienes derrotaron a la República, sino "las asechanzas de unos cuantos malandrines", refiriéndose a las guerras intestinas y sublevaciones dentro del bando republicano. Es una opinión, y, francamente, las hay menos informadas.

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Jueves, 21 de Agosto de 2008 09:03. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Espectros de España por aquí

17 de julio de 2008

Me empiezo el libro de Giles Tremlett Ghosts of Spain (Londres: Faber and Faber, 2006). Sobre la memoria histórica y la desmemoria precedente: los crímenes de la Guerra Civil, el olvido pactado de la Transición, y el súbito interés en volver sobre estas cuestiones mal resueltas a comienzos del siglo XXI.  Empieza el primer capítulo, "Secretos a voces", con la exhumación de tres "rojas" fusiladas en Poyales del Hoyo y dejadas enterradas en la cuneta hasta 2002—y sigue con más enterramientos y desenterramientos masivos de víctimas civiles de la guerra. Estos de rojos, aunque también los hay del otro bando—y ya pasamos al capítulo de las acusaciones mutuas, las apropiaciones republicanistas del asunto, las ambivalencias (cuando no posturas claras) de la derecha al respecto...  

Tremlett toma partido claramente por los derechos del bando republicano a rememorar y enterrar dignamente a sus muertos, algo que el régimen franquista, y luego la Transición, hicieron sólo de modo superficial y por cubrir el expediente, dejando muchas heridas tapadas pero todavía abiertas—primero por miedo sin más, y luego en nombre de una actitud constructiva de no mirar atrás.

Establece una diferencia entre la barbarie oficial promovida por Mola o Franco durante la guerra (sembrar el terror, exterminar a los disidentes) y la actitud diferente de los republicanos—cita a "un historiador" no nombrado que dice que "Ni las autoridades republicanas, ni los partidos políticos de izquierda sancionaron las represalias. Por contra, la represión salvaje perpetrada por el bando nacional fue una estrategia oficial, sistemática y calculada".

En esta diferenciación pecan de parciales Tremlett y su historiador (—Vicenç Navarro es una de sus fuentes favoritas). Cualquiera que estudie el asunto con objetividad verá que hubo tanta barbarie organizada en un bando como en otro, y tanta hipocresía y uso extraoficial de la brutalidad entre los partidos y dirigentes republicanos como entre los "alzados". Con mucho lenguaje noble e idealista en los dos bandos, también.

En todo caso, sobre un punto no hay mucha disputa, y es quién ganó la guerra, y quién tuvo cuarenta años para decir la última palabra—última por entonces, claro. Y por eso no se puede disputar el planteamiento básico del libro de Tremlett expuesto así:

"En las tumbas de Pilar, Virtudes y Valeriana—y en cientos más como ellas—se halla la prueba de un silencio que ha sido tanto colectivo como voluntario. Uno de los pueblos más habladores y discutidores de Europa sencillamente ha elegido apartar la mirada de una parte vital de su historia cuya presencia espectral y aterradora se encuentra bajo unos pocos palmos de tierra" (24).

Es la postura de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que en su petición al Parlamento expuso que el conflicto entre las dos españas no se cerrará realmente hasta que se recupere la verdad de los hechos y se dé sepultura digna a los muchos asesinados del bando republicano que no han tenido ocasión de tenerla nunca.

"Los que perdieron la guerra se vieron condenados al silencio, que les impuso la dictadura, y que aceptó la democracia con la Ley de Amnistía de 1977. Esa condena ha llegado ahora a la tercera generación de estas familias... Hoy hay gente que todavía siente la necesidad de bajar la voz o hasta de cerrar las ventanas cuando hablan de estos hechos, como si ellos mismos estuvieran haciendo algo clandestino" (26)

Reconoce Tremlett el extraño giro de los partidos de izquierda tan interesados en hacer uso político de esta cuestión ahora como desinteresados estaban hace unos años. Pero para muchas personas, dice, no es una cuestión de enfrentamientos partidistas:

"La venganza no está en su vocabulario. La justicia que buscan es histórica. Por tanto, no ha habido presión para llevar a juicio a los viejos asesinos en masa, ni, hasta ahora, de exponerlos a la reprobación pública. Eso sería tensar demasiado el pacto de no agresión sobre el que está fundada la moderna democracia española. Lo que exigen es la verdad, y el derecho a enterrar sus muertos con decencia—dos derechos que hace tiempo que se concedieron a las víctimas del bando vencedor" (32). Y a veces no se trata en realidad de derechos o de obstáculos legales, sino de traumas y actitudes y tabúes enraizados ya en la historia colectiva y personal.

Es una historia que nos suena, pues ha sido la historia de nuestra familia, como de tantas otras. Aunque no tenga yo, que yo sepa, ningún antepasado enterrado por las cunetas.

Mis abuelos maternos tuvieron que vivir en el exilio. Mi abuelo cruzó la frontera perseguido a tiros por una cuadrilla de matarifes de esos que iban fusilando gente por los pueblos. Y mi abuela tuvo que dejar el pueblo, Sigüés, cuando otros vecinos le hicieron la vida imposible. Las posesiones las fueron perdiendo por el camino, claro, y claro, alguien sacaría algo en limpio del asunto.

El otro día nos contaba mi madre cómo se quedó ella sin madre. Bueno, ya la habían mandado a vivir con mi tía, repartiendo fuerzas, a Borrés, donde la tía Felisa era la ama de llaves de Mosén Benito, que fue más tarde el que procuró que mi madre acabase Magisterio.  Bueno, pues a veces en Jaca y a veces en Borrés con la tía, mi madre recuerda que mi abuela procuraba reunirse con mi abuelo en Francia, donde había más oportunidades y menos miseria. Era la cocinera del general de la Ciudadela de Jaca, y éste le daba buenas palabras, que le darían un pasaporte, pero nada. Y se acuerda mi madre que ella le llevaba la comida a la Ciudadela al general ("y qué bien olía...") pero de eso no podía probar, y a malvivir esperando mejores años. Mi abuela había visto a mi abuelo en alguna ocasión en una fiesta que se hacía, y todavía se hace, en el valle del Roncal, una tradición antigua que reúne a franceses y españoles un día al año. Fue allí con mi tío Víctor, su hermano, que había estado en la cárcel por haber entrado en España con los maquis, y de milagro se libró de de que lo fusilasen. Mi tío la animó el mismo día de la fiesta a que se fuesen a Francia sin permiso ni pasaporte, y así lo hicieron, llevándose a Encarnita, la hija pequeña. Se volvió para Jaca su hermano mayor que las había acompañado, y que no se fue para no ser prófugo—y le dijo a mi madre "Oye, Dolorines" (o como la llamase), "que mamá no va a volver, que se ha ido a Francia". Hablábamos el otro día (era su 48 aniversario de bodas) de cómo mi padre conoció a los suegros en el viaje de bodas que hicieron a Francia, en 1960.   En verano los íbamos a ver a veces, ya tenían la vida hecha allí. Y en Francia está enterrado mi abuelo, aunque mi abuela volvió a España en los ochenta.

En la familia de mi padre la historia es más sangrienta, pues a mi abuelo paterno lo mataron al principio de la guerra: una historia que se ha vivido en silencio durante muchos años, de la manera que tan bien describe el libro de Tremlett.

Mi abuelo paterno era maestro en Escuer, cerca de Biescas, y movió todo el asunto (junto con el cura del pueblo) para trasladar el pueblo de sitio, desde el monte al llano. Veía la miseria de la gente que bajaba del pueblo aún de noche a trabajar al valle, andando horas, para deslomarse trabajando "de estrella a estrella" en las obras públicas, y volver a casa de noche cerrada. Hizo el abuelo los papeles necesarios en Madrid, una pesadilla administrativa, buscó créditos, y hasta le prestó dinero a alguno que no podía acometer el traslado de su casa él solo. Y Aún se ven hoy las ruinas del Escuer viejo, pero al final todos acabaron viviendo al lado de la carretera, donde el pueblo ha tenido una oportunidad, y hasta le dedicó una calle a mi abuelo en los años ochenta.

Por esos años reapareció también el retrato de mi abuelo, junto al de mi abuela—yo no lo había visto nunca de niño. El trauma de mi abuela era tan tremendo que nunca pudo hablar de esto ni mucho menos superarlo. Murió en 1972, una de esas mujeres de negro que eran como un símbolo de la España de tiempos de Franco. Mi abuelo nació el 2 de agosto, en los años 70 del siglo XIX, y el 2 de agosto de 1936 lo mataron. Fue una cuadrilla de pistoleros a buscarlo a casa, se lo llevaron de Biescas y a las afueras del pueblo lo mataron a tiros. Cuando se enteró mi abuela se quedó tan horrorizada y espantada que no fue ni siquiera a verlo—temiendo que la matasen a ella y a sus hijos también. Por fin se encargó alguien, del bando contrario al parecer, de que lo recogiesen y lo llevasen al cementerio de Jaca. Allí tiene tumba, pero no lápida. Fue mi padre a preguntar por el sitio donde estaba enterrado, y le dijeron: "Imposible, de esa fecha no hay nadie de esta comarca"—que ya traían por entonces muertos de Navarra y demás, pero que allí aún no habían matado a nadie, hacía sólo unos días del "Alzamiento" en Marruecos. Pero sí, mirando mirando, allí constaba, puesto de refilón entre dos tumbas. El primer muerto de la comarca, por algún enemigo que lo tenía enfilado—desde luego él no había matado a nadie ni mucho menos, antes bien había intentado mejorar la vida de mucha gente.  Negocio no hizo, desde luego—ganancias netas, seis pies de tierra.

De mi abuelo también se habló durante muchos años en voz baja. Y queda tan atrás su memoria que poco más se dirá de él seguramente. Aunque una antigua alumna suya, octogenaria ahora, tiene muy buen recuerdo de él y nos dicen que escribe cosas sobre aquellos años. Pero hay tantas cosas que pasan al olvido sin contarse nunca—y aunque se cuenten, al final todas. Sus hijos casi no lo conocieron, pues eran pequeños cuando murió y cayó sobre ellos el nubarrón de la desmemoria activa que fomentaba el Régimen. Además del régimen alimenticio bajo mínimos y la miseria que apretaba y las prioridades para sobrevivir y salir adelante—el estudio, el trabajo sin parar. Mi abuela no pudo reivindicar la memoria de mi abuelo, pero sí que consiguió en cambio, partiendo de casi nada (pues además fue maestra represaliada por el Régimen), sacar adelante a tres hijos y darles estudios. Y de allí hasta estas cumbres de cultura y bienestar, pasando por los disciplinados años cincuenta y sesenta, y los setenta que ya apretaron menos según recuerdo yo.

A mi abuelo le pusieron una calle los socialistas—aunque sus hijos insistieron en que no hubiese nada "de política" en el homenaje. Pero con calle y todo, resulta que el nombre coincidía con uno de los sublevados de Jaca, "Angel García"—además de coincidir con el de mi padre, y ya no se sabía la calle para quién era. Y la placa se fue moviendo de una casa en derribo a otra... total que ya no se sabe si tiene calle o no. Lápida aún no tiene su tumba, ni tendrá quizá. Pero con estos afloramientos de la memoria histórica, todo se mueve, y su familia va a ponerle este verano una lápida, con setenta y dos años de retraso... no en Jaca, sino en Escuer, en el cementerio del pueblo que él trazó. Sólo con su nombre y sus fechas de nacimiento y muerte—por no recordar su asesinato. Un capítulo más de la memoria y el olvido, que llega hasta aquí mismo, donde digo poco y aún digo demasiado. Es esa una sensación que producen los espectros del pasado, nunca se sabe si se les debe mentar o no, qué es mejor, qué es peor. La sensación no es que sea mía, es atmosférica.

Yo a veces he pensado, como quien piensa cosas por perder el tiempo, que quizá consten en algún archivo de Falange los nombres de los nobles patriotas que asesinaron al abuelo éste desconocido, con los recibos del sueldo que cobraron por la faena—es cosa que tal vez se podría investigar; hacerles un seguimiento, ver qué ha sido de ellos. Ponerles una denuncia por asesinato (que nadie les ha puesto nunca) a ver qué pasa... O darle de leches a algún nonagenario, quizá... Son cosas que uno no puede evitar pensar. O por lo menos ver si sus hijos saben quiénes fueron esos individuos—de quiénes son hijos. Serían tareas que sin duda tendrían su lado educativo, para mí y sobre todo para ellos, nunca es tarde para aprender. Gratificantes serían menos, me parece; y frustrantes, seguro.

En cualquier caso, hasta mí llega la desmemoria activa, y así no voy ni iré a los archivos ni a los juzgados, como cosa que no vale la pena, o poco seria, o demasiado seria; y todo va quedando atrás, y todo pasa y todo se sucede, y todo queda en la memoria y en la desmemoria.

Muertes paralelas / No se fusila en domingo

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Viernes, 18 de Julio de 2008 13:59. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


El Ángel de la Historia

20080329110803-dani1.gif"Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso."


Pongo un comentario al post de Historiantes sobre este ángel:

Creo que con ese ángel que mira atrás se refiere Walter Benjamin al conocimiento retrospectivo que constituye la historia, y que le da su perspectiva sobre los acontecimientos superior a la de los contemporáneos. Los contemporáneos viven inmersos en acontecimientos cuyo significado desconocen, porque ese significado todavía no se ha producido (lo producirá el tiempo, con sus resultados y consecuencias)—es decir, nunca vivimos los acontecimientos históricos que nos son contemporáneos como tales acontecimientos históricos, o al menos nunca de la misma manera. Esa expresión que utiliza a veces la prensa, "estamos contemplando un acontecimiento histórico", es una especie de apuesta. La historia en el sentido de procesos históricos sucede en el presente, en cada presente, pero la Historia como historiografía, como gran narración, como acumulación de tiempo y conocimiento, es inherentemente narrativa y retrospectiva. Si es que no es retroactiva... porque podría parecer que algunos de estos acontecimientos históricos son generados "en el pasado" tiempo después de que éste haya transcurrido. Cuando efectos imprevistos entonces acaben por salir a la luz, y los acontecimientos ahora "históricos" sean reevaluados por la posteridad. Pero esta retrospección/retroacción, lejos de significar que podemos cambiar el pasado a nuestro gusto, significa lo contrario, como dice Benjamin: no sólo la tragedia de que no podemos evitar las catástrofes que sucedieron (no podemos avisarles de lo que se avecina, de lo que vemos desde nuestra atalaya del futuro), sino también nuestra propia tragedia: nuestra acción interpretativa no está por encima de la historia, sino que está involucrada con los acontecimientos de nuestro tiempo, y también como historiadores actuamos, somos arrastrados por el viento huracanado de la historia en el que nuestra interpretación o perspectiva es un acontecimiento (insignificante) más.

No deja de recordar esta visión del conocimiento como generación retroactiva de objetos virtuales a otra línea de razonamiento que sigue Walter Benjamin en su ensayo "La tarea del traductor". Allí habla de un objeto virtual creado por la acción del traductor: un aspecto antes desconocido de una obra que sólo sale a la luz por efecto de una traducción. No en la propia traducción, ni en realidad en la obra que se escribió, sino como un resultado de la interacción de la traducción y el original.

Al igual que este objeto fantasmagórico, los acontecimientos históricos creados por nuestra perspectiva retrospectiva no están propiamente hablando ni en el pasado ni en el presente que los contempla, sino en ese extraño tiempo virtual que es el pasado contenido en el presente—en realidad, el único pasado que existe.


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Sábado, 29 de Marzo de 2008 11:08. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 2 comentarios.


Cronista oficial de la villa

Lleva publicando la Institución Fernando El Católico una colección de libros sobre "Historias municipales", que estoy esperando que le toque el turno a Biescas. Tenemos una historia del santuario de Santa Elena (Pedro Estaún Villoslada, La ermita de Santa Elena: Lugar emblemático del Valle de Tena. Zaragoza: Barrabes Editorial, 2005), pero aún ninguna historia propiamente dicha del pueblo. A ver si no tarda, aunque hace falta valor para ponerse a escribir una—no es cosa de broma el trabajo que lleva.

Un poco más abajo siguiendo el Gállego, pero lástima que no pase por allí el río, está Villanueva de Gállego, el llamado pueblo de las tres mentiras; y ellos acaban de estrenar historia, el volumen 10 de esta serie que decía: Villanueva de Gállego, un enclave rural en la huerta de Zaragoza (2007). Un 2007 muy tardío será, porque conozco al autor, que trabaja en mi departamento, Carlos Urzainqui; me lo he encontrado hoy y me ha presentado el libro, que acaba de salir. Carlos vivió mucho tiempo en Villanueva pero era y es de Zaragoza—también somos del mismo año por cierto.

Pues como decía no es cosa de broma meterse a historiador local. Toda historia bien escrita es difícil escribirla—pero quizá tenga más disimulo la historia nacional, o la historia de acontecimientos famosos, pues hay tantas historias previamente escritas, y tanto material adicional ya estudiado y listo para seleccionar, que el trabajo puede ser de índole muy distinta. En la historia local, en cambio, suele el historiador ser el primero que se aventura por allí, y le toca recoger datos, hacer entrevistas, patear el campo, registrar archivos, digerir informes e impresos oficiales... ánimo a quien se anime, y enhorabuena a Carlos que lo ha hecho de modo magistral.

Empieza por la orografía y geografía, pasamos por los restos romanos ("no es nueva...") y las menciones en autores medievales, las figuras que por allí pasaron, las anécdotas como el cambio de nombre por generación espontánea (pues mucho tiempo se llamó "Villanueva de Burjazud"), la economía de los habitantes y del municipio, el gobierno, las vicisitudes de la historia nacional a su paso por el pueblo, la arquitectura, las tradiciones, las cofradías y casinos y romerías... El precio de la cruz de plata que encargaron en el siglo XVI, los contratos y obligaciones del barbero y el secretario, las casas de campo, la banda de música, la proclamación de la primera y la segunda repúblicas, los fusilamientos realizados por los falangistas, las incursiones del maquis, los cines de posguerra... En fin, como para no especializarse. O más bien para especializarse en cómo estos ingredientes se combinan de manera única en un espacio y en un tiempo irrepetibles pero de manera siempre cambiante, y seguirle la pista a todo como mejor se pueda—y se puede. Chapeau.

Un trocito sobre una época sensible:

La vida social de posguerra transcurría en un ambiente rural e introspectivo en el que abundaban las reuniones familiares, sobre todo alrededor de la radio o de la estufa, o de grupos cohesionados entre sí por lazos de afinidad. Se creó un prototipo de convivencia marcado por la pervivencia de supervivientes de ambos bandos que llevaba a la contención de determinadas ideas y sentimientos, aparte de la represión oficial. En este ambiente, la sociedad villanovense de posguerra vivía dentro de los cánones establecidos por el Régimen que se resumían, principalmente, entre el fútbol y el baile de los domingos. La amplia tarea musical del primer tercio del siglo continuó durante la posguerra. En 1944 ya existían dos locales de baile: uno de ellos situado en los bajos del Casino Agrícola Católico y otro llamado popularmente "El Bolo". Este último estuvo siempre controlado ya que, según aducían las fuerzas gubernamentales, "daba lugar a volver nuevamente a los tiempos de la República, pues se notaba en los vecinos la formación de dos bandos, siendo, como es lógico, los partidarios de la apertura de este baile los de ideología izquierdista" (Libro de Actas del Consejo Local del Movimiento, p. 57). Este último hecho no está constatado. (p. 226).

—Y de ahí a los cines de la generación de nuestros padres, la expropiación del Castellar, la democracia, con la sorprendente prevalencia de votantes del CDS, la circunvalación, la Universidad San Jorge, en construcción—mucho se construye últimamente en el pueblo, lo están dejando como nuevo.

En fin, que propongo que lo hagan villa de una vez, y que nombren cronista oficial de la misma a Carlos Urzainqui. Y, ya puestos, que desvíen un poquito el Gállego hacia allí.



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Miércoles, 30 de Enero de 2008 23:11. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Señorita

Vía Ireth, me leo este divertido (es un decir) contrato de maestra para la Escuela Pública de niñas Casasimarro (Cuenca).
contrato maestra

Si así eran los de la escuela pública, temblad ante los de la privada... Aunque supongo que no serían tan diferentes: es una de las bellezas que puede llegar a tener la autonomía total de los poderes locales para dictar normas propias. Por suerte, en Biescas las maestras se podían casar en los años veinte; si no, esto lo estaría escribiendo otra persona.

Me pregunto (bueno, en realidad no me pregunto) si los contratos de los maestros eran igulamente draconianos: usar dos pares de calzoncillos, etc. Un viaje en el tiempo nos dejaría temblando de pavor, en más cosas de las que suponemos normalmente. Por favor, que continúe avanzando la Ilustración, y desatándose los turbantes externos o internos al cráneo.



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Viernes, 02 de Noviembre de 2007 08:45. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 1 comentario.


Asesinados, y abucheados

20071024232711-1345929404-f1d0329cda-m.jpgComentario a un artículo de mi vecino de Facultad, Julián Casanova, aparecido en Público y retomado por un blog de la Facultad, Historiantes: "Lo que hace la Iglesia cada vez que beatifica es humillar más a los vencidos"—dice Julián Casanova.

Me parece una valoración muy desafortunada, hablando de víctimas de ejecuciones sumarias. ¿Supongo que no aprobará esas ejecuciones el Dr. Casanova? En ese caso, no entiendo cómo se fija únicamente en otras cosas que hace la Iglesia, cuando se está hablando de gente asesinada, mayormente. ¿Porque no querrá sugerir que estos "mártires" eran en realidad los asesinos? Igual alguno sí lo fue. Pero lo que se conmemora aquí, entiendo, son las muertes injustas y las persecuciones fanáticas. Que las hubo por todos lados. ¿Le parecería lógico al Dr. Casanova, como reacción a la película de "Las 13 Rosas", por ejemplo, decir que es una burda falsificación de la historia y un intento de ocultar los juicios sumarios y los fusilamientos del bando republicano? Supongo que eso le parecería tendencioso. Si la Iglesia ha sido cómplice de matanzas, también lo ha sido el PCE. O el PSOE. Tampoco han pedido perdón, que yo sepa. Hay por aquí ciertos empates: incluyendo el interés en ennegrecer al rival político y blanquear al aliado.

Sirva de comentario sobre la memoria histórica selectiva, y la confusión interesada entre víctimas de la barbarie desatada, y matones de esos que salen de debajo de las piedras en cuanto ven la ocasión. Dejen a la Iglesia que homenajee a sus víctimas, como se acuerda cada grupo de intereses de las suyas. Aunque parezca más cristiano (o más decente, sin más) acordarse de todos los que fueron asesinados brutal y cobardemente, o injustamente maltratados, y no sólo de los de nuestra cuerda. ¿Obvio? Parece que no tanto.

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Miércoles, 24 de Octubre de 2007 23:27. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 14 comentarios.


Las Médulas


Las Médulas

Nos vamos con lo puesto a visitar las minas romanas de Las Médulas, cerca de Ponferrada—bueno, cerca pero no tan cerca. Después de ver unos vídeos cómo los romanos hacían lo que llamaban ruina montium, subimos a un mirador desde donde se veia, a modo de Gran Cañón del Colorado, el paisaje impresionante que dejaron los romanos... bueno, los astures, que romanos no debía haber ninguno dando ni pico. Pero eso sí, ahí los tenías midiendo y diseñando canales y túneles: hasta desde 100 kilómetros traían el agua por cumbres y riscos para hacerla llegar hasta la cima de estos montes, y poder derrumbarlos con un sistema de galerías. Como no tenían dinamita, tenían que derrumbar medio monte de vez con un sistema de galerías inundadas de repente, para aprovechar la propia fuerza del monte derrumbándose y que cayese aún más. Dice Plinio que el resultado era una auténtica explosión, con onda expansiva incluida, y un estruendo tal que no lo imagina el oído humano. O el oído romano, al menos: en decibelios hemos subido el nivel en la actualidad—pero estas minas dejan pequeñas a las minas modernas que aún se ven alrededor en el horizonte.

Total, que después de haber subido andando con lo puesto sin una tarjeta de crédito siquiera por lo del peso, resulta que nos cobraban por entrar a ver las galerías subterráneas... y sólo ha podido pasar Alvaro con el euro de calderilla que hemos logrado reunir. Todo por no volver a subir, claro. Y Álvaro, va por esas galerías de murciélagos, lo vemos aparecer como un microbio en un túnel el frente de un acantilado, que parecía un ojo de cíclope, y ni lo reconocemos, el tío ni saluda a los del mirador de enfrente ni nada... Pensamos que ese túnel debía dar horror a los medievales, que probablemente ni se acercarían por allí pensando que este paisaje sería obra del demonio. La guía decía que de críos aún era más impresionante ir por la cueva y salir al acantilado sin pretil ni mirador, claro...

Total que todo el día de viaje; y mientras los cuñados, que nos querían traspasar al abuelo para las vacaciones, alterados porque no nos localizaban y no sabían si volvíamos a Zaragoza... pero ya está arreglado, y todo el mundo localizado. A mí no es difícil localizarme, con Google está hecho, pero a veces se ahoga uno en el exceso de tecnologías.



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Miércoles, 01 de Agosto de 2007 13:16. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 2 comentarios.


La intriga de la Historia

A photo on Flickr

Hay en Vox Poetica un interesante ensayo de Claude Calame sobre la historiografía griega y su separación del discurso mítico—"Entre historiographie et fiction : indice, témoignage et tradition poétique (Hérodote et Thucydide)." Se verá por el tema que es un ensayo a considerar conjuntamente con "The Rise of Historical Criticism" de Oscar Wilde; aquí es más pronunciado el énfasis narratológico y semiótico (claro, viniendo de donde viene el ensayo).

Analiza la semiótica historiográfica de Herodoto como creador de un discurso situado no sólo en el espacio, sino en el tiempo y el sujeto, con los anclajes yo-aquí-ahora que señalaba Bühler, y estudia el uso en este autor y en Tucídides de los diversos tipos de traza histórica y de su credibilidad—¡paradójicamente, los relatos sobre la historia son los menos creíbles! Es mejor acudir a la evidencia visual, pero claro, esa necesita ser interpretada y valorada, así como los relatos, con lo cual no hay escapatoria posible del discurso de la historia.

Critica Calame el pensamiento nebuloso y verborrea de Heidegger, que distrae la atención de la imbricación de los discursos y debates históricos en un ámbito cultural, dirigiéndolos a una "esencialidad" falaz, puesto que para Calame (o para Bajtín, diríamos) no existe esa esencia del discurso fuera de la interdiscursividad.

Se complementa el ensayo con una interesante comparación con la poética aristotélica, y su discusión de la diferencia entre ficción e historia (ficción digo, y no poesía, porque Calame también discute de modo interesante el concepto de ficción entre los antiguos). Aristóteles enfatizó el lado poético del discurso sea factual o inventado, y así pone de relieve los aspectos semiótico-discursivos comunes a la historia y a la literatura de ficción.

Penúltimo, y más interesante párrafo del ensayo de Calame:

On le concèdera volontiers à Paul Veyne : l'histoire ne porte ni sur l'universel, ni sur le singulier, mais sur le spécifique qui seul peut être compris dans la mesure où il renvoie à une intrigue. S'il est sans doute exact que la mise en intrigue permet d'établir les relations nécessaires à la compréhension et d’inscrire les événements du passé dans une logique narrative, si l’on admettra volontiers que, par conséquent, «l'enchaînement du texte exprime les imbrications réelles des causes, des conditions, des raisons et des régularités», alors l'«historiopoiésis» est aussi justiciable du travail de représentation et de fabrication indiqué par la notion aristotélicienne de la mímesis poétique; à cette différence près néanmoins que l'historiographe représente les actions des hommes et des groupes sociaux non pas comme elles pourraient ou devraient advenir, mais comme il pense les rendre vraisemblables et intelligibles après qu'elles sont advenues ; ceci sur la base des témoignages qu’il s’est procurés de ces actions passées et par l’intermédiaire non pas d’une simple mise en intrigue, mais d’une mise en discours beaucoup plus compréhensive.

Es crucial la interpretación de Veyne: la historia no trata sobre hechos individuales o concretos (como nos harían creer Aristóteles o Sidney) sino que también es "universalizante", trata de hechos "específicos"—característicos, podríamos decir—comprensibles sólo por relación a otros hechos; es decir, a un sistema estructurador. Un argumento, como dice Veyne, o bien un esquema que establezca paralelismos y analogías entre hechos individuales. Es decir, un sistema de interpretación racional de los hechos, como el que pretendía establecer Polibio. Me parece engañoso limitar esta relación racional entre hechos a un esquema narrativo.

Y la conclusión final: que a pesar de su núcleo común en la tipicidad, la ficción y la historia siguen difiriendo en su modo de ajustarse a un pasado específico, a lo que ha sucedido efectivamente, de modo creíble o verosímil. Si la historia es una ciencia, sigue siendo cierto que no hay ciencia de lo irreduciblemente individual, sino sólo de lo generalizable. Lo cual nos remite no sólo a qué son las acciones "específicas" (o "típicas" que decía Lukács en The Historical Novel) sino a cuáles son los criterios de tipicidad, y de credibilidad e inteligibilidad que rigen en una época o contexto determinado... es decir, una vez más, al conflicto de las interpretaciones.


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Domingo, 27 de Mayo de 2007 20:06. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Aragosaurus

Hoy nos vamos con Alvarete a escuchar una conferencia sobre los dinosaurios en Aragón, pronunciada por José Ignacio Canudo, del grupo Aragosaurus, descubridores del ídem. (También tienen un blog: Weblog Aragosaurus). Como era de esperar, la ha seguido embebido, y luego he participado yo en el turno de preguntas; me han aclarado que todas las aves, hasta las más corredoras, descienden de aves voladoras, y no de dinosaurios emplumados que jamás despegaron del suelo. Lo cual no quita para que en efecto seamos dinosaurívoros cada vez que optamos por el pollo. También ha expuesto el conferenciante que la extinción súbita fue, en su opinión, menos súbita: al meteorito que acabó con los dinosaurios le precedió una larga época (corta en términos geológicos) de decadencia, extinciones graduales, cambios ambientales por actividad volcánica, etc. O sea, que te puedes extinguir súbitamente sin darte cuenta de lo repentina que es la cosa, y eso puede ser por dos razones: por lo rápido, o por lo lento.

Con respecto al Aragón prehistórico (oxímoron quizá), recomiendo también, para compensar, la lectura de un artículo de Marcos José Correa, "Función y enseñanza de la historia: Acerca de la identidad colectiva (reflexiones sobre individuo y sociedad)", en  Usos públicos de la Historia (2002), volumen coordinado por unos colegas de mi Facultad (Carlos Forcadell, Carmen Frías, Ignacio Peiró y Pedro Rújula).  Puede encontrarse el volumen en PDF en la página de publicaciones electrónicas de la Institución Fernando El Católico—que vale un valer, por otra parte, esta página.

Entre otras cosas comenta Correa allí sobre esa tendencia que tenemos a proyectar las identidades políticas actuales, retrospectivamente, a los anteriores habitantes del territorio. ¡Aunque sean dinosaurios, digo yo! Aunque en el caso de los dinosaurios suele haber un elemento de chiste retrospectivo deliberado. Otros lo hacen más en serio.

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Martes, 13 de Marzo de 2007 01:04. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 6 comentarios.


Lecciones de Polibio

"Al igual que el hierro produce el óxido y la madera cría los animales que la destruyen, así cada Estado tiene dentro de sí el germen de su propia corrupción."

Me he releído hoy un magnífico ensayo, poco conocido, de Oscar Wilde, "The Rise of Historical Criticism". Allí alaba a Polibio como ejemplo del historiador crítico, ilustrado y racional, que busca extraer leyes generales y un conocimiento de la humanidad a partir de la historia. No con una finalidad meramente académica, sino con una finalidad política en el mejor y más amplio sentido de la palabra. El historiador—el gran historiador—es un gran político porque va más allá del partidismo miope, para conocer las razones profundas de los acontecimientos y su significado. Así resume Wilde las enseñanzas del historiador:

"Ha de distinguir entre causa y ocasión, entre la influencia de las leyes generales y de los caprichos particulares, y ha de recordar que las mayores lecciones del mundo están contenidas en la historia, y que es deber del historiador ponerlas de manifiesto, para impedir que las naciones sigan esas políticas imprudentes que siempre llevan a la deshonra y a la ruina, y enseñar a los individuos a que aprendan con el cultivo intelectual de la historia aquellas verdades que de otro modo tendrían que aprender en la amarga escuela de la experiencia."

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Viernes, 26 de Enero de 2007 20:47. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 2 comentarios.


Averías irreparables

Me carteo con la Vicepresidenta del Gobierno. Le envío, a ella y a los promotores, un correo con esta Petición de reparación al Gobierno Español, promovida por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica:

Te pedimos que apoyes este texto con las reclamaciones que desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica le hacemos al gobierno español para que asuma la responsabilidad de hacer justicia con las personas que fueron asesinadas, perseguidas y encarceladas por sus  ideas tras el golpe militar del general Francisco Franco que terminó con el primer periodo democrático que ha tenido España en su historia. Con los quince puntos, tu nombre completo y tu DNI debes enviar dos correos electrónicos:

Uno a la Vicepresidencia del Gobierno: secretaria.vicepresidenta@mpr.es
Y otro con los mismos datos a: memoria36@hotmail.com
Este es el texto que tienes que aceptar y enviar:

PETICIÓN DE REPARACIÓN AL GOBIERNO ESPAÑOL

Como ciudadan@ que cree y defiende los valores democráticos, solicito del Gobierno del Estado español la articulación de una ley que repare (y no equipare) a los hombres y mujeres que defendieron la democracia republicana contra la sublevación del general Franco. Una ley que:

1º-. Anule los sumarios franquistas, que llevaron a ser fusilados y encarcelados a decenas de miles de defensores de la democracia que fueron juzgados por tribunales ilegales.

2º.-. Asuma las obligaciones en Derechos Humanos para la búsqueda de desaparecidos y no delegue la garantía de los derechos humanos en colectivos de voluntarios.

3º-. Que lleve a cabo un gran acto de reconocimiento publico de los hombres y las mujeres que construyeron y defendieron nuestra primera democracia.

4º-. Promueva la creación de una oficina de atención al ciudadano a la que puedan acudir todas las personas represaliadas por el franquismo, o sus familias, que buscan información o que requieren alguna gestión de las diferentes instituciones.

5º-. Regule como delito en el Código Penal la apología del franquismo y que ese delito incluya la existencia de placas, calles y monumentos relacionados con aquellos hombres y mujeres que destruyeron la democracia y construyeron una terrible dictadura a partir de una terrible guerra.

6º-. Instale en el Valle de los Caídos una exposición permanente que cuente quién, cómo, cuándo y por qué fue construido.

7º-. Constituya una Comisión de la Verdad que reúna toda la información de archivos y testigos para que la sociedad pueda conocer lo ocurrido durante la guerra civil y la dictadura, sin límites ni cortapisas.

8º-. Diseñe programas de estudios donde la historia de la II República, la guerra civil y la dictadura sean tema central y no como ahora que ocupan unas pocas páginas al final del texto y casi nunca se enseñan en las aulas.

9º- Trate por igual a todas las víctimas del franquismo y no indemnice solamente a las asesinadas con posterioridad al 1 de enero de 1968 (¿o es que no tiene el mismo derecho alguien asesinado por la dictadura franquista el 31 de diciembre de 1967 o de 1957?).

10º-.  Asuma definitivamente el deber de memoria que tiene el Estado y que establezca un día para las víctimas de la represión franquista, igual que se conmemora el 27 de enero en el Congreso de los Diputados el día de las víctimas del holocausto.

11º-. Cuide, preserve y señalice los lugares en los que ocurrieron hechos significativos de la represión franquista.

12º-. Cree un gran archivo de la memoria oral en el que sean registradas entrevistas con todas aquellas víctimas del franquismo que lo soliciten.

13º-. Que se digitalicen todos los archivos relacionados con la guerra civil y la represión de la dictadura (tanto los españoles como los extranjeros) y que sean accesibles a través de Internet para todos los ciudadanos.

14º-. Que las empresas privadas que utilizaron la mano de obra de los presos políticos lleven a cabo una reparación moral y económica. Y que el Estado los repare por las numerosas obras públicas que fueron obligados a acometer.

15º-. Que en todos los edificios públicos (escuelas, ministerios, universidades, ayuntamientos, diputaciones, etc…) se instale una placa con los nombres de los hombres y mujeres que fueron apartados de sus funciones por sus ideas políticas.

Los que fueron apartados. Por ejemplo, mi abuelo Ángel, maestro de escuela, y "apartado" de sus funciones por el procedimiento de matarlo a tiros. Pero que no pongan en la placa (que no es que crea que la vayamos a ver, pero vamos, es un decir), que no pongan digo, por favor, que "entregó su vida". Que sería lo que nos faltaba por oír.

Observen que este manifiesto no pide que se juzgue a ningún asesino. Es más que moderado, por mucho que a algunos les vaya a parecer lo contrario. Yo ya cambiaría lo de penar la "apología del franquismo" (que desde luego se tendrá que compatibilizar con la libertad de expresión) por una petición de que quien haya asesinado al vecino sea juzgado, qué menos que investigar el asunto; me parece más grave meterle al vecino cuatro tiros que andar por ahí diciendo "viva Franco". Pero bueno, mejor pelillos a la mar, no tensionemos. Al parecer, sería demasiado pedir. Así está el patio, y así son nuestras leyes. 


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Martes, 31 de Octubre de 2006 12:46. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Un exiliado: On a Distant Shore

(Sábado 26 de agosto de 2006)

 Me he ido nadando hasta enfrente de la casa de John Dutton, en Covas. No es que tenga mucho mérito, porque es el pueblo de al lado de Viveiro, pero para lo que yo nado (nada) ya me he dado buena jupa. Quería comprobar una cosa: la alineación de unos escollos entre sí y con la casa. Covas se llama así por la costa rocosa, que además de cuevas tiene unas rocas muy vistosas delante de la playa llamadas Os Castelos, que se adentran casi en fila india en el mar. Bueno, pues justo detrás está el pazo do Grallal, la casa de John Dutton. Toma el nombre de las rocas, seguramente ("grallal" viene a ser como "pedregal").

Dutton era un gentilhombre inglés del siglo XVI, que a resultas de sus visitas a España terminó exiliado en Viveiro. Había formado parte del cortejo de ingleses que viajó a España para acompañar a Felipe II (entonces príncipe) a casarse con María Tudor. Ya se sabe lo mal que resultó aquel matrimonio; no tuvieron descendientes, pues los únicos embarazos de la reina eran falsos embarazos histéricos. Y sus iras las descargaba con persecuciones contra los protestantes, no sé si para hacer méritos con su marido o por vocación propia, el caso es que acabó dando nombre a un refresco, el Bloody Mary de rojo color. Al morir ella cambiaron las tornas, y pronto fueron los católicos quienes eran objeto de persecuciones bajo su hermana Isabel. Dutton al parecer se había significado lo bastante como cortesano católico e hispanófilo  como para tener que poner tierra, y agua, por medio, y la puso. Se exilió a España y se construyó un pequeño pazo aquí al lado de Viveiro. Creo que al menos algunos de los Dotones, Outones o D'Outones que por aquí merodean son descendientes suyos, con el apellido galleguizado.

La casa pertenece ahora, creo, a dos señoras mayores, y no está muy bien conservada. Tiene su propia capillita y un buen trozo de tierra cercado alrededor, con una puerta frente a la casa, al lado de la capilla, que da de frente a la playa de Covas. Lo que me llamaba la atención es la alineación de las rocas, que desde luego señalan en dirección a Inglaterra. Dutton se quedó en la parte de España más cercana a Inglaterra, el extremo norte, y la más parecida también por su clima y aspecto. Bueno, podría haberse hecho la casa en la punta de Estaca de Bares, pero le alabo más el gusto en Covas. Se construyó la casa al fondo de la ría, de manera que los promontorios que la cierran enmarcan directamente la salida que lleva en línea recta a Inglaterra. Las rocas no están perfectamente alineadas, son más bien como una fila de pisadas que se adentran en el mar. Desde frente a la casa de Dutton se ven de tal manera que las dos más altas se enmarcan entre los promontorios de la ría y rodean a la más baja. Tal que así, siendo las emes los montes de la orilla de la ría, y las Aes los arrecifes altos y pequeños, casi con esa forma además:

MMmm A a A  mmMM

 Como un punto de mira, señalando directamente al mar abierto; el próximo pueblo en esa dirección es un pueblo inglés. En la cima de la casa hay esculpida una cara que mira al mar. El hijo de Dutton, James Dutton, sí navegó una vez más hacia Inglaterra: en el buque Santiago, formando parte de la Gran Armada. Pero el viento sopló fuerte en contra del regreso.


 

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Martes, 29 de Agosto de 2006 12:55. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Guerra Civil: El vaivén de la memoria

El título alude a una reseña de la Revista de Occidente que colgaré pasado mañana creo. Hoy no esperaba ver un ciber abierto; es fiesta, llueve (mala combinación) y me he pegado la tarde viendo Bailando con Lobos.

(Bueno, por fin consigo colgar la reseña, tras varios días de problemas con la red... Aquí va).

Guerra civil: el vaivén de la memoria

Es el número de este verano de la Revista de Occidente. Tanto en los artículos sobre la guerra como en los otros se ventilan cuestiones interesantes desde el punto de vista de la narratología cultural.

Santos Juliá ("Bajo el imperio de la memoria") observa que para las generaciones de posguerra, "la rebeldía contra el relato recibido adquirió el contenido de una rebelión contra los padres" en el caso de los vencedores. "En esa imposibilidad de crear una comunidad de memoria que implicara a padres e hijos en la misma celebración de un pasado de guerra radica, quizá, la razón de que al rechazar el gran relato contado por la Iglesia como agencia de creación de sentido, los hijos de vencedores y vencidos no lo sustituyeran por otro; no llenaran el lugar antes ocupado por la memoria impuesta por otra memoria colectiva, la de los vencidos; en realidad, carecían de una representación del pasado con la que sustiuir a la que se les había impuesto" (13). Quienes escribieron sobre la guerra civil tras la caída de Franco no pensaron en hacer una reivindicación y rehabilitación de los derrotados. Había al parecer una cierta actitud aséptica que podríamos intepretar, digo yo, como negación del trauma, como si fuese el trauma cosa de otras generaciones (o quizá temor al pasado reciente, o temor a la repetición). El caso es que ahora sí piden muchos la recuperación de la memoria histórica como algo que sí les afecta directamente, aunque señala Juliá que "la memoria jamás podrá ser única, ni tendrá por qué existir un centro de elaboración, más que recuperación, de la memoria: ya lo hemos sufrido, de parte de los vencedores. Si nos obstinamos en llamar memoria a lo que es representación construida del pasado, entonces habrá muchas memorias que tendrán que coexistir y, si fuera posible, convivir; pero también polemizar, como varias y enfrentadas son, y no pueden dejar de ser, las representaciones de ese pasado de guerra" (19). En cuanto a consecuencias jurídicas, "las guerras civiles sólo pueden terminar en una amnistía general, una conclusión a la que llegaron muy pronto" quienes hicieron la transición (19). Ello no quita, opino, para la oportunidad de elaborar esas narraciones o ceremonias que lleven al reconocimiento y superación del trauma, donde lo haya.

Francisco José Martín ("Acontecimiento y categoría de la Guerra Civil") la ve como una tragedia anunciada, aun negándose a verla como inevitable, ni a ver en la República el preludio fatídico de una guerra inevitable. (También observa que "los ensueños republicanos de hoy tienen muy poco que ver con la realidad efectiva de los años 30"(23)). Como acontecimiento trágico, la Guerra Civil es un foco de irradiación de sentido histórico, "impone su sentido a uno y otro lado de sí" (24) "Y en esta forma conferida todo queda reducido a conflicto. También el antes y el después del hecho bélico. Nada que quede fuera, y lo que no encaje en esa forma, o no se somete a su lógica, pierde peso y desparece de la escena, queda oculto entre los márgenes del discurso, relegado a las sombras y silencios de la historia" (25). Pero esto es para Martín, podríamos decir, una falacia perspectivística; el acontecimiento trágico nos ciega y no nos deja de ver el resto de la realidad que ahí está también. "Era, pues. Y lo que era, no era otra cosa que 'dos Españas' en lucha fratricida. Esta era la evidencia. La guerra sancionaba ontológicamente la escisión" (25). Se aplica así como categoría interpretativa ubicua y total, pero eso falsifica la historia: "la Guerra Civil da cuenta sólo parcialmente, y de manera insuficiente, de la realidad histórica de la España reciente" (26)—por ello, opino, quizá sea especialmente pernicioso para la percepción narrativa e histórica el guerracivilismo obsesivo de algunos sectores especialmente militantes de las dos españas (o así autodefinidos, claro): "No fue todo la guerra, no. Pero se impuso sobre la realidad y todo tomó la forma de la guerra. O, al menos, así parece. Así aparece, en efecto, en la forma histórica dominante, ese relato vencedor estructurado alrededor del centro, o eje, de la Guerra Civil. También la historia, al cabo, una contienda de relatos. No, no fue todo la guerra, pero acabó por imponerse y cubrir con su manto la entera realidad española. Pero era sólo una cobertura" (29). Enfatiza Martín la necesidad de evitar los dualismos absolutos, y repensar el papel de los intelectuales que se quedaron o volvieron tras la guerra (no necesariamente "nacionales") o de los ciudadanos pillados por accidente en cualquier bando, o en la España franquista—ya sea el "exilio interior" o la "tercera España". "En los márgenes del discurso histórico se asoma y se insinúa la realidad sepultada por sus categorías" (33). El análisis crítico del discurso y la narratología cultural ayudan a pensar, me parece, esta distancia entre realidad y sus representaciones ideológicamente inaceptables.

Eduardo González Calleja estudia en "La otra 'batalla de la cultura'" los esfuerzos de propaganda de los dos bandos en América latina. "La movilización de la opinión pública fue la gran baza de influencia del régimen republicano frente a la actitud de una mayoría de gobiernos latinoamericanos indiferentes o veladamente hostiles" (50). Por su parte, el franquisomo hacía diplomacia personalizada, con entrevistas personales y discretas con personajes influyentes. Entre caballeros, vamos. De todas maneras, González Calleja observa que en las campañas desarrolladas por un Estado en el extranjero, "la propaganda tiene un limitado potencial de cambio en la opinión pública y que, en general, sólo contribuye a reforzar las opiniones de los ya convencidos" (59).

François Godicheau examina "La política de orden después de mayo de 1937 y la reconstrucción del Estado" en el bando republicano (que siempre fue una jaula monos a pesar de esa "reconstrucción"). Los anarquistas fueron puestos firmes y llamados al orden, y los más radicales son detenidos, con la dirección de la CNT colaborando para evitar una sublevación general. El orden republicano se volvió más y más autoritario, con duras actuaciones judiciales basadas en leyes laxas, que condenaban a fuertes penas o a muerte a quienquiera expresase opiniones desfavorables al gobierno. "La censura prohibía toda crítica al gobierno, a su presidente, al presidente de la república" y a los aliados especialmente Rusia y Méjico. Para ser supuestamente el bando "democrático", "lo que resalta es la desaparición de toda discusión política y la búsqueda de la unanimidad, la reducción a la nada del espacio público" (75). O sea, otro estado totalitario, exactamente igual a su adversario de enfrente; así que no es extraño que la disensión, en cuanto la había, se expresase directamente a tiros entre distintas facciones republicanas.

Norberto Mínguez, en "Historia y memoria en el documental español contemporáneo" sobre la guerra civil nos dice que "España posee un pasado traumático que se acerca bastante a la definición que Hayden White elabora del acontecimiento moderno, aquel que, como en los traumas infantiles de ciertas neurosis, no puede ser olvidado, pero tampoco adecuadamente recordado" ("The Modernist Event") (81). "La transición española no sólo supuso la amnistía para los responsables de la dictadura, sino que evitó el reconocimiento y la reparación de sus víctimas. Este acuerdo injusto pero necesario favoreció una suerte de amnesia generalizada" (82). En las sociedades modernas, en principio, "la memoria ha sido conquistada e incluso erradicada por la historia" (33) pero ambas son selectivas, mediadas por signos, "Ambas realizan un trabajo de indagación sobre el pasado que permite acceder a un conocimiento más profundo de la propia identidad y, lo que es más importante, decidir lo que queremos ser en el futuro" (34). Examina Los niños de Rusia (Jaime Camino, 2001), Las fosas del silencio (Montse Armengou y Ricard Belis, 2005), Rejas en la memoria (Manuel Palacios, 2004), El tren de la memoria (Marta Arribas y Ana Pérez, 2005), Extranjeros de sí mismos (José Luis López Linares y Javier Rioyo, 2000), Entre el dictador y yo (Juan Barrero et al., 2005), La doble vida del faquir (Elisabet Cabeza y Esteve Riambau, 2005). Películas que merecen ser más conocidas. Valoran el testimonio y la experiencia subjetiva del pasado, la emoción; rechazan el olvido o amnesia de la transición, y dan al recuerdo una función terapéutica, además de proponer valores democráticos. "Estas películas consiguen rebatir a quienes creen que es mejor no mirar atrás" (99). Son textos necesarios los "que hablen del pasado y de su representación con rigor y honestidad: textos que reconozcan la dificultad de articualr memoria e historia, que entiendan el pasado no como un campo de batalla donde se dirimen los intereses del presente, sino como un espacio de reflexión y representación que nos ofrece la oportunidad de hacer del futuro un lugar más habitable" (99).

(Sobre el trauma o la amnesia, me interesa por implicación propia en traumas o amnesias. Mi abuelo murió durante la guerra civil, pero poco sabemos en la familia de esa historia. Quién lo mató, por ejemplo. Quizá haya que investigarlo. Durante toda mi infancia no vi una sola fotografía de mi abuelo, sólo hacia los años noventa salió una a la luz y está ahora junto a la de mi abuela, que tuvo que sacar adelante sola y en ambiente hostil a sus tres hijos pequeños. De mi abuelo mucho tiempo se habló sólo en voz baja—aunque luego le dedicaron una calle en Escuer, el pueblo que ayudó a construir. Y, claro, por supuesto ha habido trauma de guerra civil en mi familia, que ha estado marcada por ambas ramas, en una por el asesinato cobarde de mi abuelo y en otra por el exilio hasta la vejez o hasta la muerte de mis otros abuelos y mi tío. Si con eso no hay elementos para traumas en la familia... Y también desmemoria: aunque parezca mentira, las cuestiones más evidentes pueden pasar a la desmemoria. Por voluntad de salir adelante, supongo, y necesidad de adaptarse y hacerse una vida bajo el nuevo orden, o bajo otra bandera tricolor. Sánchez Dragó ha publicado recientemente una novela autobiográfica donde narra su propia amnesia y recuperación de la memoria tras una experiencia parecida. Ya he hablado algo de ella. Pero la manera en que Sánchez Dragó manifiesta involuntariamente su trauma, a la vez que intenta analizarlo, merece un post aparte).


Sigue en la Revista de Occidente una entrevista con Anthony Beevor, autor de una historia de la guerra civil recientemente reelaborada (Crítica, 2005). Beevor sostiene que la verdad fue la primera víctima de la guerra; que la República estaba destinada a ser derrocada de una manera u otra desde que el PSOE eligió la vía de la Revolución por encima de la democracia. "Un aspecto que no ha sido tomado en cuanta al analizar las causas de la Guerra Civil es la sombra de la Revolución rusa" (105)(—hombre, que no haya sido tenido en cuenta... será que no se ha recalcado por lo evidente, en todo caso). Para Beevor, la propaganda exterior de la República fue desastrosa, mientras que los nacionales lograron el apoyo de inluyentes sectores conservadores empresariales. Y subraya también los prejuicios que a los españoles impiden el ver con claridad los hechos objetivos de la República y la guerra que sí son visibles para una mentalidad extranjera que no los vea como armas arrojadizas para su política.

Hay otros artículos en este número de la revista pero ya no versan sobre la guerra civil. Sí lo hacen las reseñas: una sobre los discursos de Miguel Hernández, donde el reseñista queda decepcionado por el enceguecimiento partidista y la violencia agresiva del poeta, comprensibles por el contexto de los discursos pero que no los hace más atractivos. Mejor olvidarse de este lado de Miguel Hernández, parece sugerir, aunque lo mismo podríamos decir lo contrario (es más educativo). Otra reseña comparando las obras de Stephen Koch y de Ignacio Martínez de Pisón sobre el asesinato de José Robles y la ruptura entre Hemingway y Dos Passos. Aunque Koch tiene una prioridad histórica, para el reseñista es bastante ignorante sobre las circunstancias del conflicto español, y se desinteresa de su tema central, José Robles. Martínez de Pisón escribe en cambio una obra sensible, emocionante, atenta a los matices y con valor literario. Sí se trasluce en la reseña también una antipatía del reseñista hacia Koch, o una cierta voluntad de enfatizar sus aspectos negativos. El que sí sale mal parado de acuerdo con todo el mundo a una es Hemingway, ególatra, oportunista, insensible e indiferente a las atrocidades cometidas por sus compañeros de viaje. Y hay otra reseña, sobre Ramiro Ledesma Ramos y el fascismo español de Ferran Gallego, "donde el autor redime al personaje de los tópicos bajo los que yacía sepultado para devolverle toda su frescura" (218). No sé si para Ferran Gallego tiene el personaje y su obra el atractivo que sin duda tiene para el reseñista, a quien no sólo no se le oye un asomo de condena al fascismo en la reseña, sino que (peor) no se le presupone. Para mí, la frescura de los fascistas tiene otros aspectos también dignos de reseña.

 

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Martes, 15 de Agosto de 2006 14:21. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 2 comentarios.


El país, setenta años después

Y no setenta y dos, como siguen diciendo en la COPE, siguiendo las tesis de Pío Moa etc. Y no les corrige en la tertulia Pedro J. Ramírez, aunque dice que quiere "mostrar el cuadro completo".  Hay una notable diferencia entre desórdenes, atentados y asaltos a la legalidad, y una guerra civil. Pero El Mundo prefiere enfatizar que "el 30 % de los españoles cree que estuvo justificado el 18 de julio". Jó-er. Yo titularía en todo caso que "El 70% cree que no estuvo justificado", pero reconozco que sí me parece noticia. Y tergiversadora, por cierto.

En Kiosko se ven las portadas de algunos de los principales diarios españoles (se dejan los digitales, y se dejan los gratuitos -  supongo que porque no están en el kiosco). En algunos aparece en portada alguna noticia relativa al infausto aniversario de la "Revolución española", como se la llamaba por entonces.

El Periódico: Reportaje sobre la Barcelona del 36. (A este respecto se puede ver también La Sombra del Viento).
Avui: "El govern del PSOE prentén convertir el Valle de los Caídos en un memorial". Vaya, yo pensaba que ya lo era. ¿La idea será demoler la cruz? Espero que sólo sea cambiar el Consejo de Administración.

La Razón, El Norte de Castilla, La Voz de Galicia, Faro de Vigo, Heraldo de Aragón, Deia, La Nueva España, Levante, Canarias 7...
no llega la noticia a la portada, algo generalizado en los diarios regionales, por tanto. Significativo. Tampoco llega a ABC, el que fuera del Dragon Rapide. En muchos de estos está en portada, sin embargo, el guerracivilismo soterrado de los diálogos con ETA y las condenas del PP.

El País: Sondeo de Opina para El País.  El 64% de los ciudadanos desea rehabilitar a las víctimas de la guerra civil.
Artículo de Santos Juliá, donde puntualiza que la rebelión militar comenzó el día 17 y en Marruecos. Y que fue la estrategia suicida del PSOE la que debilitó al gobierno republicano y llevó al enfrentamiento polarizado entre fascismo o revolución. Paul Preston matiza el papel de Franco, que hubiese preferido estar del lado del gobierno como aplastador de la revolución izquierdista, pero que al final tuvo que optar y decidió unirse al golpe que iba a tener lugar de todos modos sin él. Repaso a la prensa de la época: curiosa la división del ABC entre Madrid y Sevilla (uno rojo, otro azul, hace poco se reeditó en bicolor). Después de haber sido su propietario quien contrató el Dragon Rapide hubo depuración en la redacción de Madrid. "La sobriedad en los titulares tardaría en volver", dice Jorge M. Reverte. "La Iglesia, con los golpistas", dice Julián Casanova, y recuerda que el golpe no se presentó en principio como "cruzada", pero en seguida surgió la alizanza de intereses. Ahora bien, en la redacción de Casanova, se habla de "la violencia anticlerical y revolucionaria que se extendió por la zona republicana" sólo como si fuese una argumentación falaz e interesada de la Iglesia "para justificar el derecho a la rebelión y a la guerra de exterminio". Olvidarse de que esa violencia asesina contra la Iglesia fue un hecho, además de un argumento, parece un tanto desmemoriado. Carrillo también desmemoriado, en lo que le toca, "en Paracuellos o donde fuera" eran otros, él no estuvo ni sabe nada. Será un alzheimer selectivo. Aunque sí se acuerda muy bien de los miles de fusilados del otro bando, los que no recuerda la Cope. País...

Hay muchos partidarios de abrir fosas comunes —se pregunta uno para qué. Y más datos interesantes: "El 54,6% cree que sigue habiendo, 70 años después, dos Españas enfrentadas, mientras el 36,3% piensa que no es así. El 58,3% de los votantes del PP sostiene que existen, mientras entre los socialistas hay un empate total — el 47% piensa que sí y otro tanto lo desmiente—. Además, hasta un 17,5% teme que haya peligro de que repita un golpe de Estado como el de 1936, mientras el 74% lo ve imposible." Menos mal. No será por los méritos que hacen en favor de la concordia nuestros partidos principales, y sobre todo, por más responsable en estos momentos, o más irresponsable, el Gobierno del PSOE.

Yo me he comprado varias cosas sobre la guerra civil, para documentarme: historias de Paul Preston, Juan Eslava Galán, Anthony Beevor, Santos Juliá. Novelas históricas de Carlos Ruiz Zafón, Pío Baroja, de Dulce Chacón, y de Sánchez Dragó. Etc. A ver si me entero de algo. Porque está claro que hay que mirar todo el kiosco, y la calle de alrededor. Y, sobre todo, desconfiar de los marchantes de anteojeras.




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Martes, 18 de Julio de 2006 11:10. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia No hay comentarios. Comentar.


Muertes paralelas / No se fusila en domingo

Me acabo de comprar Muertes paralelas, libro en el que Fernando Sánchez Dragó reconstruye la muerte de su padre Fernando Monreal, asesinado por los falangistas en el verano de 1936, y vuelve sobre la manera en que ese hecho ha marcado su vida irremediablemente.

Me lo he comprado porque mi abuelo, Ángel García Benedito, maestro de escuela en Escuer, y hombre bueno y pacífico, fue también asesinado por los falangistas ese mismo verano de 36, dos meses antes, a pocos días del infame 18 de julio. Promete ser una lectura interesante. Todas las familias españolas están marcadas por la Guerra Civil, no creo que haya una afinidad tan espectacular como la que parece en este caso. Pero sí hay claro, elementos en común. También cosas que matizar.

Se pregunta Sánchez Dragó por los asesinos de su padre.

¿De qué Falange estamos hablando? ¿En qué medida eran falangistas auténticos, camisas viejas, los energúmenos y recién llegados que impusieron por doquier, en toda la extensi´n de la zona nacional, durante los dos primeros meses de la guerra, su inicua ley del gatillo? ¿A qué tipo, a qué facción, a qué clase de Falange, en suma, pertenecían los asesinos de Fernando Monreal y Luis Carreño?

Responde Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y autor de varios libros sobre la guerra civil (Entre ellos, escrito a medias con Santos Juliá, Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, 1999), en una entrevista de enero de 2003 recogida por Montse Armengou y Ricard Belis en su obra, ya citada por mí, Las fosas del silencio. Éste es su testimonio:

"Cuando se produce la sublevación militar en julio del 36, Falange es un grupo minoritario que, a diferencia de otros partidos fascistas europeos, como el italiano y el alemán, no ha creado una organización de masas ni ha tenido éxito en la movilización política dentro del sistema democrático. A partir de julio del 36, Falange es un partido que crece en tromba, porque mucha gente - católicos, ex´votantes de la CEDA, etc. - se sienten protegidos por este partido que crea una imagen de violencia y exterminio de los rojos. Hay una parte de imagen y otra que es real. Sin ninguna duda, Falange es un partido de promoción de la violencia, que la pone en práctica durante el llamado terror caliente del verano del treinta y seis. Actúan de verdugos de muchas de las víctimas que estamos analizando en los últimos años. El ejército tiene que intervenir algunas veces, porque los falangistas se están extralimitando en sus funciones." (Ob. cit., pp. 53 y 54).

Y añaden de su cosecha los autores del libro citado:

"Falange Española era un grupúsculo político que en las elecciones de febrero de 1936 recibió tan sólo cuarenta y cinco mil votos y no obtuvo ningún diputado. Su estética uniformada, el culto a José Antonio Primo de Rivera y la utilización que Franco hizo de ella inflaron la presencia y la influencia de la formación. No es de extrañar que algunos investigadores opinen que aquel partido de estilo fascista y paramilitar se creó a medida para el golpe del 18 de julio. Ello resulta verosímil si pensamos en el papel que los camaradas de Falange desempeñaron en detenciones, torturas, violaciones, paseos, mareos, limpias y toda la terminología inventada para designar una sola cosa: asesinatos en los cuales se disputaban el protagonismo con los militares y la Guardia Civil. Joan M. Thomas, historiador que ha investigado a fondo la Falange, cree que una mayoría del partido participó con entusiasmo y por iniciativa propia en la represión, sobre todo en los primeros tiempos de la guerra." (Ob. cit. pp. 54 y 55). (Sánchez Dragó 222-24)

Sobre la descripción de Casanova, aclararé que no la cito, ni yo (ni Sánchez Dragó, supongo) con ánimo de negar que grupos terroristas del bando contrario hayan cometido actos comparables – probablemente incluso más numerosos antes de la guerra, y menos reprimidos esos por las autoridades del Frente Popular. Sí matizaría, estando de acuerdo con esta descripción en términos generales, que el término "verdugo" (aplicado hoy con frecuencia también a los terroristas etarras o islamistas) está invariablemente mal empleado. Un verdugo ejecuta por mandato legal; estos falangistas eran grupos terroristas no amparados por ninguna legalidad que ni yo, ni Casanova, ni Sánchez Dragó supongo, reconozcamos. De ahí que el término esté mal utilizado para describir a esas pandillas falangistas. Un verdugo es lo que hubieran merecido ellos, en un mundo mejor ordenado.

Continúa inmediatamente Sánchez Dragó comentando la exposición de Las fosas del silencio:

 

Bien… o mal. O las dos cosas. Separemos el trigo de los datos de la paja de las opiniones. Todo lo que dice Julián Casanova es cierto, o lo parece, aunque no sobraría recalcar que la promoción de la violencia llevada a cabo por la Falange fue posterior al Alzamiento [tch tch, ese lenguaje . . . ] y no - en contra de lo que la propaganda izquierdista, [sic la coma] ha conseguido infundir en muchas molleras de ésas, tan abundantes, a las que nada importa deglutir ruedas de molino- anterior a él. Al Alzamiento, decía… [re-sick] (Sánchez Dragó 224).

Supongo que cada uno cuenta la guerra según le va. Pero debería informarse más Sánchez Dragó antes de pontificar así. A mí desde luego me deja un tanto escéptico . . .

Tampoco es de recibo, sino que antes bien suscita indignación, la mía al menos, lo que Armengou y Belis hacen al dar por buena - no es de extrañar, dicen - la delirante opinión, sostenida, al parecer, por algunos investigadores, cuyos nombres no citan (aunque con esta observación no esté poniendo yo en duda su existencia, seguro que los hay, y a chorro) de que la Falange se creó, vivir para oír, ¡a medida para el golpe del 18 de julio! Ni que decir tiene que los signos de indignación, que no, en modo alguno, de admiración, son míos. (Sánchez Dragó, 224)

Aquí critica Sánchez Dragó el hindsight bias que supone el ver en la fundación de la Falange una prefiguración de la Guerra Civil. Y pasa a culpar al vandalismo del Frente Popular el crecimiento del desorden que llevó a la espiral de violencia. Bien, desde luego la fecha del 18 de julio no aparece en el acta fundacional de la Falange. Pero, habida cuenta de los precedentes fascista y nazi, ¿alguien puede dudar que estaba entre los sueños, delirantes quizá entonces, de la Falange, el hacerse con el poder al estilo camisa parda, negra, o azul, y arramblando con el régimen, comunista o demócrata, que hubiese en su momento? ¿Se iban a suprimir los partidos, "el capitalismo", y llevar a cabo el programa joseantoniano, sin usar la violencia? Vamos, hombre. . . menos indignación, y más clarividencia, que estás escribiendo memoria histórica, no desmemoria.

Y quieras que no, tiene que reconocer Sánchez Dragó algunas durísimas verdades . . . que de eso va su libro, se supone:

Pero es, efectivamente, y por desgracia, exacto lo que los dos autores en cuestión dicen acerca del triste y bárbaro papel que motu propio [proprio, más propriamente] desempeñó la Falange, o quienes por falangistas se despachaban [¿¿?? ah. ¿igual eran rojos, o esperantistas?], en los primeros meses del conflicto.

Será, concluyen Armengou y Belis, "posteriormente cuando comiencen las discrepancias al ver algunos falangistas que el objetivo de Franco de exterminar al enemigo se perpetúa: algunos camisas azules creen que esa aniquilación puede ser contraproducente para el partido y para su proyecto de España, más integrador [tras la desintegración del enemigo y del chivo expiatorio, será]; el propio Manuel Hedilla, jefe de la Junta Provisional de Falange, dirige a sus subordinados una circular en la que les advierte:

'Insisto con el máximo interés en que las operaciones de represión se controlen con todo celo, no cumpliendo otras órdenes que las dictadas por las autoridades competentes [tiene chiste esto de las 'autoridades competentes']. Es menester evitar que sobre la Falange se eche una fama sangrienta que pueda perjudicarnos en el porvenir. No se castigará a nadie sin averiguación de sus antecedentes y sin orden de la autoridad competente'." (Ob. cit., p. 55)

Lo malo – lo malo, se sobrentiende, para mi padre y, en consecuencia, también para mí - es que la circular de Hedilla no se cursó hasta el 29 de septiembre. ¡Demasiado tarde, una vez más, para que de ella se beneficiaran Monreal y Carreño! [y más gente, ¿se sobreentiende?]. Pero, en todo caso, y por eso cito lo que cito, siguen cuadrando al dedillo las cuentas relativas a lo cerca - horas, días, dije - que anduvo mi padre de salvar el pellejo. Ya sé que los quejíos de plañidera emitidos a pitón pasado no sirven para nada, ni, menos aún, resucitan al difunto, pero una y otra vez, tenaz, machacona, estalla y tabletea, dentro de mí esa pueril exclamación, más propia de espectadores de partidos de fútbol o de jugadores de lotería que de adultos dotados de sentido común y criterio, que reza:

- ¡Huy! ¡Por un pelo!

O por un palo: el de la portería.

En el caso de mi abuelo, ni pelo ni cabellera. Fue el primer asesinato de la comarca. Quizá hubiera podido escapar a Francia, como mi otro abuelo, con la cuadrilla de requetefachas pisándole los talones. . . Pero claro, no tenía ninguna razón para escapar de nadie - de nadie racional. Y mucho confía Sánchez Dragó en el "orden" que puso Hedilla (ná menos . . . ). No debería.

Y es que, por infantil que parezca mi reacción, eso es exactamente lo que me sugiere el cúmulo de datos y opiniones, procedentes de los dos bandos en liza, con los que sin proponérmelo, y en desorden, al hilo de la concepción y la elaboración de este libro, me he ido topando hasta llegar a la convicción - la tengo - de que en la zona nacional, como mínimo y quizá tambien en la otra, pero de eso hoy por hoy no estoy seguro (más bien me inclino por lo contrario), la represión ciega, indiscriminada, injustificada, indocumentada, de quienes no eran combatientes sino pueblo a secas, y vestían de paisano, se detuvo muy pronto, en la segunda mitad del mes de septiembre, debido a la confluencia de tres vectores: la llegada a las cárceles de los efectivos de la Cruz Roja, el férreo control establecido a partir de un determinado momento por las fuerzas armadas y la toma de conciencia de los mandos de la Falange genuina [¿¿los buenos?? ¿¿ya había dos??] respecto a las atrocidades que como perros rabiosos sin correa, vacuna ni bozal estaban perpetrando sus supuestos conmilitones. [El supuestos juro que es de Sánchez Dragó; el Times 18 es mío).

Wikipedia: En 1944 fuentes del Ministerio de Justicia aseguraron que unos 190.000 prisioneros murieron o fueron ejecutados en prisión. Como se ve, hay opiniones para todo… La represión y exterminio, ya no desorganizados, sino sistemáticos, continuaron durante años. A mí el convencimiento aparente de Sánchez Dragó de que tras unos meses sólo hubo muertos en combate, o la cortina de humo que se echa ante los ojos con las ejecuciones legales del franquismo, no sé, me parecen un tanto pasmosos.

¿Conmilitones? Bueno, bueno . . . Dejémoslo, con grima y rima fácil, en matones, en killers, en sicarios a sueldo, que en muchos casos, aunque no, desde luego, en todos, ni siquiera podían esgrimir en su descargo el nauseabundo atenuante de que obedecían órdenes o la coartada ideológica, aún más repulsiva, de que actuaban así para extirpar la mala hierba del país, orear la atmósfera y salvar la patria. Lo digo con la autoridad que para ello me confiere otro dato, otra certeza casualmente aportada por el zigzagueo de las lecturas, conversaciones e investigaciones que preceden o corren paralelas al alumbramiento de este libro. Me refiero a la horripilante hoja de pagos reproducida por Armengou y Belis en su tantas veces por mí citada obra y relativa a la contabilidad llevada a cabo por la delegación de Falange Española en el pueblo sevillano de Los Corrales durante varias semanas del año de 1936 (Ob. cit., p. 264). En ella, taxativa y contundentemente, con modos, modales, pelos y señales que no dejan mucho espacio para la duda, se incluyen "listados con nombres de personas que reciben dinero de la tesorería local de la Falange. Llama la atención que algunas personas percibieran en distintas épocas unas cantidades que eran considerables en la época, pero aún sorprende más que la cifra de treinta y cinco pesetas, que se repite con frecuencia, fuera el precio que se consideraba que correspondía cobrar por asesinar a alguien. Si tenemos en cuenta que en Los Corrales murieron asesinadas setenta y ocho personas y que los nombres de quienes cobran son los que distintos testimonios apuntan como losde quienes se ocupaban de llevar a los detenidos al cementerio - donde los ejecutaban después de haberles hecho cavar su propia fosa - el documento resulta revelador en lo tocante a la responsabilidad de elemntos de la Falange en aquellos crímenes". (Ob. cit., p. 56)

¡Siete duros! Un pastón. Se entiende que hubiese tantos animales dispuestos a convertirse en asesinos. Todo necio confunde valor y precio.

¡No, no! ¡qué digo! ¿Siete duros? Muchos más, porque ése era el precio per cápita, y podían ser bastantes las cabezas de ganado - como a tales, de hecho, las consideraban y trataban - que en cada limpia, en cada operación de higiene ideológica, eran conducidas al matadero.

Me pregunto si cobraron los asesinos de mi padre esa u otra cantidad y lo que, caso de sera así, hicieron con ella… ¿Irse de putas? Seguro que no. Iban, entonces, muy baratas, y para eso, además ya disponían, y por añadidura gratis, de sus respectivas madres.

Aunque fuesen unas santas.

"Pablo Uriel tenía veintidós años y la carrera de médico recién acabada cuando, aquel aciago julio de 1936, se desencadenó la guerra. . . "

Pertenecen estas líneas al prólogo añadido por Ian Gibson a la excelente obra de narrativa autobiográfica No se fusila en domingo (Pre-Textos, Valencia, 2005), en la que el médico citado - que era, por cierto, de Soria, como yo llegué a serlo, ya talludo, por vía de generosa decisión municipal - evoca las vicisitudes de su existencia, y algunas de las de España durante el mismo período, en los años de la guerra civil. Viene a cuento, me parece, reproducir ahora algunos párrafos de su libro: (Sánchez Dragó 226-28)

Con este testimonio de Pablo Uriel narra Sánchez Dragó, por vía interpuesta, el asesinato de su padre, mejor que en propia voz. Es sorprendente en el texto que sigue, valiente y estremecedor, y a la vez consciente de la importancia del lenguaje, cómo continúa, sin embargo utilizando el lenguaje de los terroristas para describir sus crímenes, a la vez que denuncia esa infección del lenguaje ("verdugos", "paseos", "ejecuciones"). Y con esos párrafos de No se fusila en domingo termino yo este post tan largo y tan hablado por vía interpuesta. Son éstos:

"El papel de verdugos y ejecutores se asignó en Zaragoza a los falangistas y a la Guardia Civil. En la ciudad existían pocos falangistas antes del 18 de julio, pero sus filas fueron engrosadas rápidamente por miembros de otras organizaciones de derechas. Se podía seguir muy bien el proceso mental que les conducía a la pendiente de las ejecuciones. En la práctica, todo falangista intervino alguna vez en esos asesinatos, considerados por sus jefes como actos de servicio a la patria. Si el acto daba lugar a una conmoción psíquica de rechazo o repulsión, el hombre se enrolaba en seguida en alguna unidad combatiente y marchaba al frente, ansiando una lucha más noble. Aquellos que descubrían en disparar sobre un hombre indefenso una fuente de placer quedaban adscritos de modo permanente a las escuadras de verdugos. [Verdugos a sueldo de un régimen fascista y traidor, repito: no verdugos sin más]. Posco a poco, por un mecanismo de selección, fueron quedando en la retaguardia agrupaciones de jóvenes sádicos a los que se dio amplios poderes para la limpieza. Ellos usaron y abusaron de estos poderes, entre la complacencia hipócrita de las personas de orden, que no mancharon sus manos de sangre pero señalaron a las víctimas, desentendiéndose luego de la suerte que pudieran correr.

"En sus cuartelillos, estos jóvenes degenerados elaboraban la lista de sus víctimas cada noche; a estas listas se añadían otras, facilitadas por la policía o el ejército. Al anochecer iniciaban sus correrías, recogiendo de las cárceles o de sus domicilios a las piezas sobre las que iban a disparar. Al volante de sus camiones o de grandes turismos Buick o Chrysler de los años treinta, disfrutaban en sus cortos viajes del contacto estremecedor con sus víctimas, en un placer anticipado del agudo y supremo goce de disparar sobre aquellos hombres, mujeres o niños que morían de una manera tan fácil.

"Al principio quedaban los cuerpos allí, en las canteras o en las cunetas de las carreteras, a la vista de todos. Luego intervino ya la máquina administrativa y esos cuerpos eran recogidos y enterrados en los cementerios próximos o llevados a la fosa común del de Zaragoza.

"Otros pasaron antes por la sala de anatomía de la Facultad de Medicina de Zaragoza, donde sus datos fueron registrados, y de allí salieron en su último viaje al cementerio o la incineración Los que dejaban su nombre en el registro necrológico de la facultad tenían siempre el mismo diagnóstico: traumatismo craneal.

"Todos los vencedores colaboraron con los verdugos falangistas con su conformidad. Los muertos no tenían un nombre, ni unas circunstancias personales; eran 'rojos'. Las muertes no eran muertes, eran 'paseos'. Y la fuerza de las palabras desempeñó un buen papel en aquella conformidad.

"Los hombres que no ejecutaban denunciaban, y, al enterarse de que el denunciado había sido paseado, imaginaban en seguida que su denuncia habría servido para descubrir en la víctima otros horrendos delitos. Aquel denunciado había resultado ser un rojo perdido, y la hora de la justicia había sonado en España.

"La aquiescencia de la Iglesia costó miles de vidas. Conocía mejor que nadie la cuantía de víctimas cada noche, puesto que los sacerdotes asistían a las ejecuciones. Jamás se preguntó si aquellas muertes ilegales eran o no lícitas. No se habló de ello en los púlpitos, y si algún sacerdote lo hizo fue pronto llamado al orden por sus superiores. Si reincidió fue detenido. Algunos religiosos de un convento próximo a la cárcel ingresaron en las celdas porque se habían permitido pedir clemencia desde sus púlpitos y porque sus palabras llenaron el templo de fieles que buscaban un consuelo.

"Aunque es muy triste decirlo, muchos de estos sacerdotes encontraron en las ejecuciones un placer inconfesable. Algunos por curiosidad, otros por deleite y unos pocos por cumplir allí una misión trascendente, acudían de buena gana a presenciar los asesinatos. Esta colaboración gustosa sólo se vio enfriada por algún incidente peligroso, como el ocurrido durante unas ejecuciones en las canteras de Casablanca. Uno de aquellos rojos, en el momento crítico, pasó sus manos esposadas por encima del haz de los faros del coche que iluminaba la escena. Los verdugos, ya nerviosos por la ceremonia, se asustaron ante aquel revuelo inesperado, y dispararon generosamente sus fusiles. Aquel sacerdote murió abrazado a su rojo.

"Algunos de estos falangistas, al regreso de sus orgías, acudían a un confesor ya designado para ellos. Allí vertían la confidencia de sus pecados de esa noche y recibían la absolución. No eran confesiones muy ortodoxas, puesto que no se les exigía la contrición indispensable, pero la conciencia quedaba así adormecida y las orgías podían continuar en noches sucesivas. El confesor solía preguntar a su confidente si había sentido odio hacia aquellos hombres que se había visto obligado a matar en cumplimiento de su deber patriótico. La respuesta era siempre negativa, ¿por qué razón iba a sentir odio por aquel desconocido?

"El ejército, salvo en los pocos casos de consejos de guerra, no intervino directamente en las ejecuciones, al menos en Zaragoza. Pero cuando deseaba deshacerse de algún soldado políticamente desafecto, no vacilaba en entregárselo a la Falange para que lo castigase de la única forma como sabía. El Ejército sí es cupable del asesinato de prisioneros de guerra, sobre todo si éstos pertenecían a las Brigadas Internacionales. En este caso el fusilamiento era inmediato y automático. (Ob. cit., pp. 63 y 66)

[Sánchez Dragó: ] Hasta aquí, la de cal. Más adelante, en el mismo libro, la de arena . . .

"Las primeras horas ese día habían sido una confirmación gozosaa de todas mis previsiones. El comportamiento del ejército republicano con sus prisioneros era exactamente el que yo había esperado: el que había anunciado a todos los que temían caer en manos del enemigo.

"Pero a partir de las nueve o nueve y media de la mañana, me enfrenté de pronto con unos hechos para los que no estaba preparado. El comportamiento bochornoso del ejército republicano me proporcionó una decepción que es, sin duda alguna, la mayor que he sufirdo en mi vida. Yo estaba preparado psicológicamente para soportar la crueldad de los franquistas; la encontraba consecuente con los esquemas previos. Pero encontrar esa misma brutalidad en el campo de mis amigos fue una experiencia cuyas consecuencias pesaron sobre mí durante muchos años." (Ob. cit., p. 371)

Sobran las apostillas. Sobran también, y más, si cabe, las banderías, los sectarismos, los posicionamientos ideológicos.

¡Qué asco!

(Sánchez Dragó, Muertes paralelas 226-31, citaba No se fusila en domingo, de Pablo Uriel)

(PS: pongo este comentario en el Blog de Fernando Sánchez Dragó:

Sobre el paralelismo de las muertes, comparto y respeto la voluntad de Vd. de evitar partidismos, cainismos, etc. etc. y dar estopa a ambos bandos, que en ambos hubo muchos que la merecen.

Sin embargo, creo que los paralelismos están mal elegidos, y más para elegir figuras emblemáticas para la portada. Es excesiva la desigualdad entre una pandilla de fascistas dando “paseos”, es decir, asesinando a ciudadanos no combatientes, y un poder legítimamente elegido, en tiempo de guerra, condenando a muerte al líder de una banda fascista, golpista y terrorista. Aunque se esté en contra de la pena de muerte, aunque el juicio no tuviese garantías.

No es lo mismo, y no es un paralelismo aceptable. A mi abuelo también lo asesinaron los falangistas, y si escribiese un libro podría ponerlo en la portada, en “paralelo”, con algún pobre cura asesinado por milicianos, pongamos. Nunca, por supuesto, con José Antonio Primo de Rivera, jefe de los que tanta gente asesinaron. En fin, prefiero pensar que es un exceso de ecuanimidad por su parte, si tales excesos son posibles.

Disimulando el franquismo

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Domingo, 28 de Mayo de 2006 13:52. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 7 comentarios.


Colom... rara avis

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Se cumplen 50 años de Eurovisión, y 500 de la muerte de Cristóbal Colón. Hoy. Seguro que oímos hablar más de Eurovisión. Curioso, tan curioso como este personaje, a la vez célebre y oscuro, que ni se sabe de dónde viene ni a dónde va a parar. Se lo llevan a todas partes, eso sí. Génova, Mallorca, Portugal, Galicia....

Yo he estado en Pontevedra en lo que allí llaman la "Casa de Colón": donde dicen que nació. En ruinas, ignorada, apenas con un cartel oxidado que lo señala (y sin visitas turísticas ni panfletos ni nada). Cruzando la ría está la iglesia de Santa María, la iglesia de los "mareantes" que dicen allí (el gremio de los navegantes). En Pontevedra se construyó la nave capitana de Colón, la Santa María (originariamente "La Gallega"), y muy cerca, a Baiona, volvió Colón con la Pinta después de su viaje. No se fue Colón a encargar una carabela a Génova, no, ni volvió con los Pinzones (que al parecer hacían de Rosencrantz y Guildenstern - menuda pinza le colocó Fernando con esos)...

Todo esto me inspira a defender la tesis gallega del origen de Colón, para celebrar a mi manera los 500 años de su muerte. Que por cierto también casi pasa como bajo un tupido velo: nada comparable al famoso Quinto Centenario de 1992, ni a la matraca que nos dieron con el aniversario del Quijote del año pasado... se ve que el personaje sigue teniendo algo que consigue sumirlo en las tinieblas. Que ya le vale, ¿no? Pues eso mismo me inspira para defender la tesis gallega (me refiero a la tesis con la que especula Mileidi)... y la portuguesa... y la mallorquina... y la de su bastardía real... y la de su origen judío... Tesis que no necesariamente se contradicen, sino que podrían muy bien, en un mundo quizá no imposible, conjuntarse de manera muy convincente. No menos convincente, en todo caso, que los fragmentos contradictorios e inconexos que nos quedan apiñados alrededor de la "casa natal" de Colón o de su ADN.

He estado ojeando el estudio pro-mallorquín de la Asociación Cultural Cristóbal Colón, antes presidida por descendientes del Almirante, con estudios del secretario de la Asociación, el historiador Gabriel Verd Martorell. Cito:

La mencionada asociación tiene por objetivo impulsar las investigaciones con el fin de demostrar el verdadero origen del Descubridor de América.

Por lo tanto, en sucesivas publicaciones, se darán a conocer toda una serie de pruebas que permitirán demostrar la procedencia y falsedad de todos los documentos que los defensores de la tesis genovesa presentan, con el objetivo de probar que los genoveses Cristófero Colonne o Cristóforo Colombo son la misma persona que el verdadero Descubridor de América, el noble Cristóbal Colón, hijo de don Carlos, Príncipe de Viana (hermano del rey Fernando el Católico), y de la mallorquina Margarita Colón.

En busca de la verdad: El verdadero origen de Cristóbal Colón

Como la redacción es un poquito oscura, aclaro: el "verdadero origen" de Cristóbal Colón es, según esta tesis, el de un bastardo de familia real ("noble" para Verd), hijo del Príncipe de Viana y de Margarita Colón - o Colom. Adelanto que estos estudios, al parecer documentadísimos, desprecian la tesis judaizante del origen de Colón. Sí intentan explicar, con su problemático parentesco real, los curiosos, por no decir pasmosos, privilegios que los Reyes Católicos dan a Colón, sin razón comprensible, antes incluso de que descubra América. Aquí está la narracion de su nombramiento por los Reyes Católicos:

"Por cuanto vos, Cristóbal Colón, vades por nuestro mandado a descubrir e ganar, con ciertas fustas nuestras, ciertas islas e tierra firme en el mar Océano, etc; es nuestra merced y voluntad, que desque las hayáis descubierto e ganado, etc., vos intituléis e llaméis Almirante, visorrey e gobernador dellas, etcétera". De todo lo cual se le dió un muy cumplido privilegio real, escrito en pergamino, firmado del rey e de la reina, con su sello de plomo pendiente firmado del rey e de la reina, con su sello de plomo pendiente de cuerda de seda de colores, con todas las fuerzas y firmezas y favores que por aquellos tiempos se usaban; al cual privilegio antepusieron un muy notable y cristiano prólogo, como de reyes justos y católicos que eran; la fecha del cual fué en la dicha ciudad de Granada, a 30 días del mes de abril año susodicho de 1492 años".

Y hay otros documentos igualmente curiosos:

El primero de estos documentos es el pasaporte de Colón. En un fragmento de él podemos leer: "Mittimus in presenciarum nobilem virum Christoforum Colon cun tribus caravelis armatis per maria Oceana ad partes Indie" ("Enviamos al NOBLE Cristóbal Colón con tres carabelas por el Mar Océano hacia las Indias").

"Dado en Granada, 16 de abril de 1492.

Yo el Rey. Yo la Reyna.

El Rey i la Reina me ordenaron esto a mi, Juan de Coloma".

Vaya con Coloma. Vaya casualidad, Colom y Coloma... Aquí vuelve a aparecer este Coloma, a quien también tenían bien colocado, seguramente por enchufe, judío expulsando judíos. Para Verd, todo esto es resultado de un pacto de silencio impuesto por los Reyes Católicos, por el cual los reyes conceden cierta sustancia material a los sueños frustrados de grandeza de su primo bastardo Colón, a la vez que le imponen la condición (consentida de buena gana) de no aludir jamás a su origen ilegítimo en la realeza.

El segundo salvoconducto para el descubrimiento del Nuevo Mundo es una carta de los Reyes Católicos al Soberano de Catay. En este documento se dice: "quare decrevimus nobilem capitaneum nostrum Christoforum Colon presencium latorem..." ("Por ello hemos decidido enviaros a nuestro NOBLE Capitán Cristóbal Colón, dador de la presente...").

"Desde Granada, 30 de abril de 1492. Yo el Rey, Yo la Reina. Coloma, Secretario. Fue expedida por triplicado".

Redactadas las Capitulaciones el pacto del silencio se siguió manteniendo por ambas partes, pues ni Colón ni los Reyes nunca jamás en vida hicieron la más mínima mención a su patria de origen y familia, hecho que evidencia la existencia de causas profundas que lo motivaban. Gabriel Verd, "El pacto de silencio y las capitulaciones de Santa Fe".

Bastardía, entiende Verd por esas "causas profundas". Pero igualmente podría ser por origen judaizante, en momentos tan delicados como el de la expulsión masiva y conversiones forzosas de los judíos. Parecería que el pacto de silencio sigue aplicándose, o al menos que los efectos de esta nube de tinta de calamar que echó Colón sobre su origen, siguen perpetuándose. Este estudio, pues, corre un tupido velo sobre el posible origen judío de Colon por parte de madre (si se acepta la tesis de su descendencia ilegítima del Príncipe de Viana). Hablando de familias de conversos judíos procedentes del Call mallorquin, dice la biografía:

Es opinión generalizada que fueron cartógrafos, probablemente conversos, Oliva, Rosell, Prunes, Soler, Martínez, Colom, etc.

En cuanto a los judíos conversos que tomaron el nombre de Colom, se establecieron después en Flandes.

Tales hechos habrían sido los que llevaron a algunos historiadores a pensar que Cristóbal Colón era un judío converso. La actitud profundamente cristiana que llevó en vida el Gran Almirante, sin impostura de naturaleza alguna nos lleva a afirmar el carácter verdadero de su fe católica. ("Los judíos y la cartografía mallorquina")

Vaya, menudo patinazo súbito de neuronas el del historiador. "Actitud profundamente cristiana" como señal inequívoca de la verdad de su fe católica (en tiempos de persecuciones y expulsiones). Y presupone, también sin razón ni fundamento, que un converso sería un impostor y su fe sería falsa. Ergo, Colón no tenía origen judío... bravo. Hay mucho vade retro por aquí.

Igualmente reveladora, a su manera, es

la manifestación de Fernando Colón en Vida del Almirante Don Cristóbal Colón, en una carta que su padre escribió al aya del Príncipe Don Juan de Castilla: "Yo no soy el primer Almirante de mi familia. Pónganme, pues, el nombre que quisieren, que al fin David, rey sapientisimo, fue guarda de ovejas, y después fué hecho rey de Jerusalén, y yo siervo soy de aquel mesmo que le puso a él en tal estado".

También se observa este hecho en la carta de Cristóbal Colón a los Reyes desde Cádiz o Sevilla en 1501, donde dice: "Muy altos Reyes: de muy pequeña hedad entré en la mar navegando y lo he continuado fata oy". O en el Diario del primer viaje, el 21 de diciembre de 1492, Colón escribe: "Yo e andado veinte y tres años en la mar, sin salir d'ella tiempo que se aya de contar, y vi todo el Levante y Poniente"

"Nuestra biografía"

Espero que a mi lector no le haya pasado desapercibida la alusión a David, porque si no le voy a currar. Y no es la única en esa línea, por supuesto, pues están que se salen de las páginas de los curiosísimos escritos del almirante. Conocía el Levante y Poniente, fácil para un navegante, fácil para un judío con contactos privilegiados en diversos puertos. Desde Génova, probablemente, a Lisboa, segurísimo. Y pasando por supuesto por Mallorca, para que el Príncipe deje embarazada a su madre, y quizá, (las autoridades o su familia) la envíe con parientes discretos a dar a luz a un sitio lejano y poco sospechoso. Recordemos que el Príncipe de Viana era el heredero de la Corona de Aragón, y que sus problemáticas relaciones con su padre lo llevaron a enfrentarse con él y a ser su prisionero en diversas ocasiones. "Colom", si era familiar de Fernando el Católico, era un familiar molesto y problemático, por parte de padre y quizá también de madre. Podría venir de ahí el "contacto privilegiado" con la reina, como maniobra de distracción del maquiavélico Fernando. Aunque a Isabel también le darían yuyu los parientes incómodos, que también tenía esqueletos en el armario... Sea como sea, Colón venía de Portugal, donde le había llevado su carrera de navegante y comerciante. (¿A alguien le suena quién dominaba las inversiones de capital y los contactos del comercio internacional en muchas ciudades del Renacimiento?).

En el Capítulo V de la obra de Hernando Colón este dice:

"Y porque no estaba lejos de Lisboa, donde sabía que se hallaban muchos de su nación genovesa, lo más presto que pudo se fue allí, donde siendo conocido dellos, le hicieron tanta cortesía y tan buen acogimiento que puso casa en aquella ciudad y se casó."

(De Escritos sobre el páramo , donde se burlan de muchas criptohistorias de las que rodean a Colón...)

Oye, qué gente tan maja, y tan enrollada, esos genoveses de Lisboa ¿no? Y eso que estos ni siquiera eran primos lejanos. A mí lo de "su nación genovesa" me suena, en boca del hijo Hernando, a eufemismo conveniente por "judíos" o "conversos". No digo que no fueran, también, genoveses... Hernando tampoco estaba interesado en saber de dónde, exactamente, venía su padre; o antes bien, como lo sabía, o mucho se lo sospechaba, y como el casado casa quiere, le convenía muchísimo una cierta ambigüedad. Gallegos y lusitanos, primos hermanos, especialmente entre los judíos de Pontevedra, que habían adquirido la habilidad o costumbre de ubicarse a uno u otro lado de la frontera según soplaran los vientos de la persecución o los del interés anual de los potentados, especialmente en el siglo XV. Estaba reciente la rebelión de los Irmaniños pontevedreses, algunos de ellos judíos buscando privilegios para el comercio de la ciudad. Primos y parientes tenían también los judíos en cada puerto, de Génova y el Levante a Lisboa a Rotterdam, y pronto más hacia el poniente. Las relaciones familiares, los lazos sociales y comerciales, eran indisolubles y se mantenían en la memoria; la atención a la geografía era vital. Siempre errante Colón; pero siempre con un puerto que lo acoja.. quizá judío.

Salvador de Madariaga defendió la tesis del Colón judío. Menéndez Pidal observaba lusismos en su manera de escribir el español. Italiano nunca escribió, que se sepa, ni nadie va diciendo que lo hablase. Con la tesis del origen judío de Colón especula José Antonio Hurtado en Colón y la carta templaria (Espejo de Tinta, 2005). Sobre las curiosísimas ideas históricas y apocalípticas del Almirante, digamos sin más que no parecen venir de rancio abolengo castellano, ni de cardadores de lana, sino de familias con una larga tradición de cultura alternativa, semioculta y, sí, con ideas muy particulares e información privilegiada sobre cartografía. La singularité est subversive. También los rasgos de Colón podrían ser, plausiblemente, de ascendencia judía.

Menudo montaje nacional, el de los españoles con limpieza y sin limpieza de sangre, y qué maniobras tan complicadas se han hecho, unos para mantener este sistema de castas, y otros para esquivar sus consecuencias. Ver por ejemplo Los judíos en la España Moderna y Contemporánea de Julio Caro Baroja. Conversos disimulando, cambiando de nombre, haciendo maniobras de escape y enmascaramiento. En lo profundo de los tiempos, se hacía por supervivencia; luego por prudencia, luego por conveniencia. Hoy todavía se notan en la superficie las ondas de esas agitaciones sumergidas. En los Baroja mismos, los Baruch... Quizá también en los Colom. Y en el silencio que hoy, quinientos años después, sigue rodeando a Christoforus Colom (que así decía, a veces, que se llamaba).

José Angel Valente: La experiencia abisal

 

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Sábado, 20 de Mayo de 2006 06:45. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 4 comentarios.


Paul Preston en Zaragoza

Por la mañana había una charla con Paul Preston en la facultad (por la tarde ha dado una conferencia en el Paraninfo con todas las autoridades políticas y académicas y capitostes locales presentes). Nos ha hablado de sus inicios en la investigación histórica allá por los años sesenta, sus primeras impresiones de España por entonces, el ambiente de interés en Inglaterra por la guerra de España - "Para un estudiante de historia", dice, "era una cornucopia, había de todo: revolución, fascismo, comunismo, anarquía, estaba Hitler, Mussolini, Stalin, Churchill... era como la televisión por satélite". Ha caracterizado a Hugh Thomas como representante de una línea de historia conservadora que tendía a justificar la guerra civil, con los españoles como pueblo caótico y desordenado que necesitaba mano dura. Frente a eso, ha expresado su admiración por la transición, a pesar de los sacrificios de la justicia hechos por la paz, y también por el rey (el tema de su conferencia por la tarde. Preston ha escrito historias de la guerra civil y la transición, y biografías tanto de Franco como de Juan Carlos). Ha descartado algo que insinuaba un miembro del público, la rumoreada connivencia del Rey con los militares del 23-F, diciendo que de no ser por Tejero y Miláns, el "golpe suave" de Armada podría haberse hecho realidad, y que quizá hubiera sido aceptado incluso por los socialistas. (¿? Chocante esto. Será por "algunos"). Ha dejado clara su postura, también en el turno de preguntas, con respecto a la actual ola de historias de derechas sobre la guerra civil. Para él son ideológicamente paralelas al fenómeno Ricardo de la Cierva, que fue, ha dicho, "creado" deliberadamente por Fraga Iribarne para contrarrestar las publicaciones que en el extranjero se venían haciendo sobre la guerra civil española y que hallaban vías clandestinas para entrar en el país. A Pío Moa también lo han "creado", dice, y a César Vidal. Antes, ha dicho, Moa era un pistolero un terrorista que luchaba contra la democracia con la pistola, y sigue siendo un fascista sólo que ahora utiliza la pluma (Nota: Moa fue miembro del Grapo). Azuzado por la curiosidad, he ido a ver el currículum de César Vidal, impresionante capacidad de escribir docenas de libros y llevar programas de radio a la vez... debe ser que todo es tan falso como la universidad donde dice que enseña en Estados Unidos ("Logos College", una universidad creacionista de alguna secta religiosa, cuyos títulos no tienen efectos académicos sino únicamente "vocacional-religiosos"). Pero es un misterio que intriga, el de la autoría de los libros de César Vidal. Volviendo a Preston, ha dicho que es difícil para los historiadores debatir con Pío Moa, porque tendrían que renunciar al estilo mesurado y académico para entrar en una guerra de insultos y en un enfoque de la historia que es el equivalente de la telebasura. Él se ha negado siempre a debatir con Pío Moa aunque se lo han pedido varias veces. Lo triste, dice, es que Moa llena las estanterías más que Preston... y Gran Hermano más que los documentales, claro. Le han preguntado sobre el traslado de los papeles de Salamanca: ha dicho que es vergonzoso lo que han organizado las autoridades de Salamanca para oponerse a una devolución muy justificada: al margen de que no se pierde el acceso a los documentos, no puede aceptarse que un archivo constituido mediante el expolio y la violencia se considere como una colección legalmente constituida. Sobre la retirada de estatuas de Franco (pregunta de derechas, creo): Preston ha dicho que él no es partidario de retirar símbolos a menos que sean hirientes para la gente en el día a día; es partidario de explicarlos, poner un cartel diciendo quién era ese señor de verdad (ahora que si Franco no era hiriente en la academia quizá fuese hiriente la explicación de sus crímenes propuesta por Preston)... Y he abandonado la sala en medio de una respuesta de Preston a alguien que decía que José Antonio era una figura poco estudiada (que se lo digan a él que tiene una pared forrada de libros sobre el tema... no creo que le haga falta más). El Aula Magna de Filosofía tiene la desventaja de que si abandonas la conferencia antes de hora tienes que pasar al lado del conferenciante, al estar la puerta al frente y no al fondo, pequeño fallo. Por lo menos he salido de modo rápido y eficaz, sin que Preston (creo) me lanzase los comentarios irónicos con que ha despedido a otros que se iban al alargarse la sesión... "El último que se quede tiene premio... una lavadora o una semana en Siberia conmigo". Pero yo ya no puedo optar.

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Miércoles, 21 de Septiembre de 2005 00:00. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 3 comentarios.




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