Blogia
Vanity Fea

William Gibson, Pattern Recognition

Publicada en 2003, Pattern Recognition es la última novela por ahora de William Gibson, el autor de Neuromante. Ya está escribiendo otra, según su blog -- que es el mejor sitio para meterse en discusiones sobre esta novela. Pero alguna impresión sí que voy a dejar. Va de una heroína, Cayce, alusiva al Case homónimo de Neuromante; aunque esta Cayce está en nuestro principio de siglo post-11-S. Es una detectora de modas emergentes y asesora para compañías de marketing. Es frágil a pesar de algunas durezas, está sin pareja, jetlagueada, descentrada, inquieta. En su tiempo libre, chatea por Internet con un tal Parkaboy y otros que no conoce sobre una misteriosa película que va apareciendo fragmentariamente en distintos puntos de la Red (una "narración distribuida" que diría Jill Walker). El argumento va de cómo "se vende" a un inquietante tiburoncillo del márketing Bigend, que la contrata para convertir su hobby en un trabajo y localizarle a él a la persona que está haciendo esta misteriosa obra de arte. Así que Cayce va de Londres a Tokyo a Moscú desentrañando el misterio, y sorteando las intrigas de su rival, la trepa intrigante Dorotea, que quiere llegar antes que ella. Cayce no sólo consigue a la vez cubrir su objetivo, triunfar sobre Dorotea y hasta mantener una cierta honestidad personal entre tanto márketing, sino que además conoce a Parkaboy ITF, in the flesh, y la novela que comenzaba con la heroína alienada y con jet lag termina con ella plácidamente dormida compartiendo lecho con quien quería, y con su alma en su sitio (por ahora...).

Cayce tiene varios traumas que también cura durante sus aventuras: una alergia a las marcas promocionadas (y eso que es a lo que se dedica...). Reconciliación, pues, con el capitalismo logotípico, perspectivas de convivencia más armoniosa con el márketing. A través de la red, quizá. Otro trauma de Cayce es relativo a su padre, desaparecido en el 11-S. Casualmente, Cayce logra apaciguar su espectro, que hasta se le aparece en un momento difícil para infundirle fuerzas, y decirle adiós. Cayce es un poco la América post-11/S, o algunos aspectos de la misma; va repitiendo como un mantra una frase sobre un pato que se estrella en la cara de alguien, desplazamiento simbólico del ataque a las torres gemelas... pero la curación viene a través de la red. Paradójicamente, la curación del trauma está ligada a esta película que a su vez tiene un trauma inscrito - reproduce en su estructura la forma de un fragmento de metralla que la explosión de la bomba de un terrorista dejó alojada en el centro de la cabeza de la misteriosa directora de la película (305)... A su vez, esta directora es rusa, una inocente jovencita asociada por familia a oscuras mafias post-soviéticas; hay una especie de hermanamiento entre Rusia y América a través de la herida del terrorismo, y de la promesa del márketing internacional en red. Y a mí que no me produce tanta tranquilidad esta resolución... y hasta el happy end es deliberadamente artificial y buscado, casi con mala conciencia, América encontrándose a sí misma a través de la red, veo la idea, pero... hay bastante wishful thinking. Al final de la novela, Gibson/Parkaboy y su anima Cayce se encuentran al fin juntos. Y hemos vivido una casi casi de James Bond, con Parkaboy localizando a Cayce en la estepa rusa desde un helicóptero, en la mejor tradición de la caballería al rescate. Es un sueño de unidad consigo mismo que sólo se da, claro, desplazándose uno a alteregos ficcionalizados.

La historia acecha por debajo de la frenética modernidad: barrios japoneses quemados, Stukas desenterrados del barro de la estepa rusa... Todos temas bien hilados en la odisea de Cayce siguiendo la pista del misterioso pattern inscrito en el código de la red. Algunos de ellos tienen interés cibernético para info-yonquis ("the highest level of play, for techno-obsessives, is always and purely about information itself" - 169). Así, otro de los sub-argumentos lleva a Cayce a la Segunda Guerra Mundial, a los campos de concentración donde se diseñaron algunas de las primeras calculadoras, otro a ligues fantásticos por chat con objetos eróticos que se materializan... como le sucede de hecho a Cayce también, menos espectacularmente, con su mawg (middle-aged white guy) Parkaboy. En este sentido, quizá podría criticarse que Internet aparece no tanto como un nuevo contenido o experiencia, sino como un medio difusor y que permite contactos inesperados. La obra de arte dispersa, por ejemplo, es cinematográfica, no es una obra propiamente ciber-Nética, aunque sea diseñada por ordenador y se distribuya por la red. En este sentido la novela hace "menos" con la red que Neuromante. Y, claro, es una novela, y no una obra en red. Aunque intenta, sin duda, a través del website de Gibson, volverse en un fenómeno de comportamiento de grupo, el culto de Gibson, "a group behavior pattern around a particular class of object" (86).

- And then?
- I point a commodifier at it. (86).

Gibson también está "scouting cool for the commodifiers" (195), en cierto modo. "Any creation that attracts the attention of the world, on an ongoing basis, becomes valuable, if only in terms of potential" (307).

Un tema importante en la novela es la diferenciación entre reconocer una regularidad emergente (pattern recognition) e imaginarla (apophenia). Así, el argumento juega a despistarnos insinuando posibles estructuras, tentando al lector, siguiendo las sospechas de Cayce, a volverse paranoico y ver conspiraciones inexistentes (como la obsesiva imagen del cantante Billy Prion que sigue a Cayce por doquier). Así la novela se sitúa en la tradición de la ficción paranoica: "Paranoia, he said, was fundamentally egocentric, and every conspiracy theory served in some way to aggrandize the believer" (124). Siempre debe haber lugar para la coincidencia, para el azar, para regularidades gratuitas e insignificantes. "When there’s not, you’re probably well into apophenia, each thing then perceived as part of an overarching pattern of conspiracy" (294). Así pues, también intenta el argumento darnos una lección de humildad, no esperar demasiado de los argumentos y de la capacidad de la vida para darnos resoluciones limpias. A la vez nos da un argumento bastante completito, las dos cosas se pueden hacer a la vez.

El mayor logro de Gibson, más allá de lo cuestionable del argumento básico, está en el lenguaje, la construcción de la percepción de la protagonista mediante las imágenes recicladas de la experiencia postmoderna. Así, por ejemplo, Cayce ve en directo, desde la ventana de un rascacielos de Nueva York, el ataque a las torres gemelas, pero en realidad no mira a la ventana, mira a la televisión que en ese cuarto está emitiendo la misma imagen. "An experience outside of culture" (137), dice el narrador sobre sus sentimientos. El libro en cierto modo busca palabras para esta experiencia, y otros traumas de la experiencia postmoderna. Una experiencia de white noise, que decía DeLillo. Y comenta Gibson / Parkaboy: "As to how blankness can yield image, I do not pretend to know, though I suppose that is the question, ultimately, that underlies the entire history of art" (170).

El sentido principal que cree descubrir Cayce, y Gibson, organizándose a su alrededor, es "a new paradigm of history" (340), la globalización en red, dirigida y explotada por gente como Bigend y esos tiburones rusos; y que nos lleva al apocalipsis de la postmodernidad, aquí sólo entrevisto:

"a world where there are no mirrors to find yourself on the other side of, all experience having been reduced, by the spectral hand of marketing, to price-point variations on the same thing. But as she’s thinking this, Marchwinska-Wyrwal taps his glass with the edge of a spoon" (341)

Me temo que volveremos a saber de esta asociación de ideas aquí interrumpida – lo sabremos ITF.

0 comentarios