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The Wedding March

miércoles 15 de diciembre de 2010

The Wedding March

Un ataque súbito de cojera le dio a Álvaro ayer; lo tuvimos que llevar a la clínica Montpellier y así me perdí Queen Kelly, la última película que cerraba el ciclo dedicado a Erich von Stroheim en el aula de cine de la Universidad. Por lo menos conseguí, anteayer, ver La Marcha Nupcial. Por cierto, las dos protagonistas y "rivales amatorias" por así decirlo, son, las dos, cojas.

Una de las cojas es Zasu Pitts, a quien veíamos como Trina en Avaricia (por cierto, reaparecen por aquí varias de las caras de esa película, aunque ahora son vieneses, no californianos). La otra es Fay Wray, una Fay Wray morena, que aunque también se ve aquí en brazos de un gorila, no tiene todavía ocasión de contribuir a su reputación como una de las mejores gritadoras de Hollywood. Pues la película es muda—diría, "claro", pero no tan claro—el cine mudo tiene sonido, banda sonora musical, y hasta voces o gritos o canciones cuando los directores lo estimaban oportuno. Esas sorpresas te da el cine clásico a veces... Por ejemplo, La Marcha Nupcial es en blanco y negro ("claro"), pero de repente, en una escena determinada, un desfile militar, van apareciendo colores, y durante unos minutos se convierte en una película en color. En cuanto a sonido, el que se oye son las risas del Hombre de Hierro, una estatua de Viena que ríe cuando vuelve a la vida y frustra las ilusiones de amor de una joven enamorada—a modo de siniestro emblema de a dónde van a parar semejantes ilusiones. Con cierta frecuencia al menos—y así sucede en esta película, que termina entre las risotadas del Hombre de Hierro. Resumen adaptado de IMDb:wedding march

Prince Nikki, Lieutenant of the Guard in pre WWI Vienna, is flat broke, but the only advice he gets from his parents is either to shoot himself or to marry money. During the Chorpus Christi parade his horse accidentally hurts poor Mitzi, the daughter of inn-keepers in a Viennese suburb, who is, according to the wishes of her parents, going to marry the butcher Schani. When Nikki visits her at the hospital, they fall in love, much to the dislike of her parents and Schani. Nikki's parents, meanwhile have arranged a prospective marriage with Cecilia, the limping daughter of a very rich non-aristocratic industrial. Due to the fact, that Nikki's father is a general in the Austrian-Hungarian Army, resistance is useless. When Mitzi, after hearing of it, is still refusing Schani's proposal, he vows to shoot Nikki when he leaves the church.

Añadiremos que Nikki es un cínico total, no un idealista enamorado como podría parecer del resumen.  Seduce a una mujer tras otra, y lo único que hace destacar a Mitzi entre la serie es que es chica "decente" de clase media— y que Nikki se encapricha un poco más. O quizá sea sólo que la película va sobre ella. Es de suponer que Nikki seguirá su carrera de orgías y seducciones, como hace su padre, tras el matrimonio—sólo que no se encontrará en las orgías a Mitzi, porque a ella la espera un matrimonio desgraciado con el brutal carnicero de su novio, una mezcla entre Hitler, lechuguino y forzudo de circo en lo que a estética se refiere. Mitzi, que cojeaba por el accidente, juega a las ilusiones de amor, a Romeo y Julieta, cortejando bajo un manzano en flor con Nikki, pero éste nunca le promete nada, a no ser que "siempre la amará"—y quizá lo haga, a su manera, como Frank Sinatra. A la cojita no le espera mucha felicidad—para empezar, en la misma boda le da Nikki un ramo de flores de manzano para enviar una señal privada quizá a Mitzi, quizá a sí mismo —o más probablemente al espectador, que debería deducir de ahí una cierta rotura de corazón del donjuán, pero más bien deduce que es posible la compenetración perfecta de nostalgia romántica y cinismo. A la puerta de la iglesia no sabemos si Nikki ve las flores, pero ha ido allí para impedir el asesinato de su seductor. Allí mismo le promete al carnicero, que llevaba una pistola en el bolsillo, que se casará con él—aunque no le gustaba ni cuando eran novios, y después la había intentado violar, a la par que le explicaba que "no hay muchos hombres tan tolerantes como yo".

En fin, que la película sigue su curso—comienza ambientada en una decadente Viena imperial, y va mostrando algunos aspectos de la decadencia en detalle, en especial en la degradada familia aristócrata, que arregla el matrimonio de Nikki como un desvergonzado arreglo financiero del príncipe Ottokar, padre de Nikki, con el padre de la segunda cojita—un próspero comerciante en busca de ascenso social. El matrimonio se concierta en una magistral escena de burdel, filmada con un dinamismo pocas veces visto en las películas de esta época, una perfecta combinación de música (la Rapsodia Húngara de Liszt), imágenes agolpadas, caricaturas grotescas de generales borrachos y prostitutas, negros y negras encadenados como camareras de fantasía, superposiciones de fotogramas, y unos abrazos nauseabundos y babosos entre el mercader y el aristócrata, sesentones bebidos los dos.  Nikki había encargado a sus padres que le buscasen esposa rica, que llevaría a la que cayese en suerte al son de la marcha nupcial hasta el altar, con tal de que tuviese dinero. Total, que el prostituto también es él, aunque sea por buen precio, vende su vida entera. Pero, como le recuerda su madre, otra cínica, cuando le anuncian cuál será su esposa, "el amor es una cosa, y el matrimonio es otra—n'est-ce pas, Ottokar?"

En suma, una película cínica y desengañada sobre las motivaciones humanas y sobre lo frágil de las ilusiones y los sentimientos, cuando se topan con el interés egoísta y con el peso de las circunstancias. La risa del hombre de hierro, al final, parece burlarse no sólo de las ilusiones de Mitzi, sino de las de quienes piensen que el amor y el matrimonio andan del brazo mientras suena la marcha nupcial. A saber en cuántas bodas, como en ésta, cojea la novia de algún pie, o el novio está mandando pensamientos secretos a alguien. Lo más parecido a un acto de amor es el sacrificio de Mitzi entregándose al carnicero hitleriano, pero aun allí las circunstancias presionan a favor de hacerle correr un tupido velo sobre su aventura, y buscar en un matrimonio arreglado una solución que sea aceptable para su círculo social. Mucho tiempo puede que viva Mitzi (Fay Wray murió hace sólo seis años) añorando una historia de amor idealizada pero lastrada con tantas circunstancias negativas que es ella misma tan falsa como el matrimonio que, por comparación, la hará aparecer como un bello interludio de ilusión. Al haberse perdido La luna de miel, continuación de esta película, podemos imaginar cualquier variante sobre motivos de desilusión.

La fotografía está mucho más desgastada de lo que dejan suponer las imágenes de la película que se ven en Internet. El tiempo no pasa en balde, y tampoco sobre la estética de la película, evidentemente. Hablamos de cine histórico—aparte, hoy no se llevan galanes tan antipáticos como este hombre al que nos gusta odiar, les dan directamente el papel del villano.

The Wedding March. Dir. Erich von Stroheim. Written by Erich von Stroheim and Harry Carr. Photog. Hal Mohr and Ray Rennahan. Art dir. Richard Day. Ed. Frank Hull. Cast: Erich von Stroheim, Fay Wray, Zasu Pitts, Matthew Betz, George Fawcett, Maude George, George Nichols, Dale Fuller, Hughie Mack, Cesare Gravina, Anton Vaverka. USA, 1928.



Jueves, 16 de Diciembre de 2010 17:40. José Ángel García Landa Enlace permanente. Cine

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