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Vanity Fea

Otra cosa sintomática

Jueves, 27 de octubre de 2016

Otra cosa sintomática



Después de las broncas o bronquitis a resultas de mi expulsión del grupo de Facebook mayoritario de "lo mío", "Los Filólogos somos necesarios" (bronca que cuento aquí, en "Innecesario filólogo") aún sigue la historia con nuevos episodios.

Visto que allí no me querían (o al menos no me querían los administradores) me fui a otro grupo, también numeroso, titulado "Filologías, lenguas y anima ...hu....", en el que inmediatamente salió gente pidiendo mi expulsión. Y parece que les han hecho caso, porque me han bloqueado y el grupo ha desaparecido del horizonte.

En este caso, mi intervención más polémica e insultante (por allí dicen que voy "insultando" los que me llaman facha y otras lindezas sin que a ellos los expulsen) consistió en sugerir que se cambiase el nombre del grupo por uno más claro y coherente, pues "Filologías, lenguas y anima ... hu..." era el resultado de intentar poner un nombre largo, "Filologías, lenguas y humanidades" que Facebook había distorsionado.

Bien, no diré que subió el tono de la discusión, porque en realidad no, pero el resultado fue que:

- El nombre "Filologías, lenguas y anima...hu..." les parecía cojonudo y nadie veía por qué convendría cambiarlo. (Algo que da que pensar).
- Que rápidamente (sin broncas ni insultos ni palabras airadas por mi parte, que por parte contraria sí hubo una furibunda que abominaba de mí) me han bloqueado.

Pues oigan, ustedes mismos se ponen el nivelico. Me parece que en Facebook me atendré a mi página, mientras no me eche Zuckerberg, y a correr. En todo caso me parece sintomático de lo mal que se lleva en Facebook cualquier cosa que no sea el mero "me gusta", y el bajísimo nivel de tolerancia que hay para la discusión y el intercambio de ideas en unos foros creados, supuestamente, para eso. De echarse a temblar, vamos.



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Retropost (2006): Tolkien talking


Tolkien talking

Publicado en Filología Inglesa. com. José Ángel García Landa

Me acabo de leer (releer en parte) Los monstruos y los críticos, la clásica colección de ensayos de J. R. R. Tolkien. Me han gustado mucho los ensayos sobre Beowulf (sobre todo el que da título al libro); el ensayo sobre Sir Gawain y el Caballero Verde, que yo diría viene a interpretarlo como una diatriba contra la nueva "religión" del amor cortés; "El inglés y el galés", o "Un vicio secreto", sobre los idiomas artificiales o inventados. Ahora que el que más me ha llamado la atención ya desde hace tiempo es su "Discurso de despedida de la Universidad de Oxford", en el que traza la historia de la disciplina de la Filología Inglesa tal como él la vivió en Oxford, con una rivalidad o guerra fría entre Lengua y Literatura que no deja de recordar a muchas cosas que han pasado también en nuestro departamento de Filología Inglesa, con las diferencias de rigor, claro; no sólo de rigor oxoniense, sino derivadas del hecho de que "Language" en España incluye la enseñanza del inglés como lengua extranjera, además de la lingüística, la historia de la lengua, y demás. Una disciplina que, como en Oxford, tiene que atender a fines y funciones amplios y diversos en el seno de una amplia disciplina filológica.... y cito:

.... En tal estado de cosas la divergencia de intereses, o al menos de pericia , es inevitable. Pero no se ha hecho nada para salvar las dificultades—antes bien, se han agravado—causadas por la aparición de dos figuras legendarias, los duendes Lang y Lit. Así prefiero llamarlos, ya que las palabras lengua y literatura, aunque por lo general mal utilizadas entre nosotros, no deben ser degradadas de este modo. La mitología popular parece creer que Lang salió de un huevo de cuco dejado en el nido, en el que ocupa demasiado lugar y roba los gusanos del pollo Lit. Algunos creen que Lit fue el cuco, empeñado en echar fuera a su compañero de nido, o en sentarse sobre él; y ellos gozan de más apoyo gracias a la historia real de nuestra Escuela. Pero tampoco ese cuento está bien fundado.
     En un Bestiario que reflejase la realidad de manera más fidedigna, Lang y Lit serían gemelos siameses, Jekyll-Hyde y Hyde-Jekyll, indisolublemente unidos desde el nacimiento, con dos cabezas pero un solo corazón, y cuya salud es mucho mejor cuando no riñen. Esta alegoría al menos se parece más a nuestro antiguo estatuto: Todo candidato habrá de demostar un conocimiento notable de ambas partes de la materia, y se concederá igual importancia a ambas en el examen.
     Lo que fueran las "partes" había de deducirse del nombre de la Escuela, que todavía llevamos: The Honour School of English Language and Literature. Aunque esto se transforma en el titular que aparece en los "Examination Statutes": English Language, etc. Que yo siempre he considerado un título más justo; y con eso no quiero decir que necesitamos el etcétera. El título completo era, en mi opinión, un error; y en cualquier caso obtuvo ciertos resultados desafortunados. Lengua y Literatura aparecen como "partes" de una disciplina. Eso era bastante inofensivo, e incluso cierto, al menos mientras "partes" signifique, como debiera, aspectos y énfasis, que, puesto que tenían "igual importancia" en la disciplina como un todo, ni eran exclusivas, ni propiedad de este o aquel especialista, ni tampoco el objeto único de un curso de estudio.
     Pero, ¡ay! "partes" sugería "partidos", y muchos tomaron partido. Y de ese modo, salieron a escena Lang y Lit, los compañeros de nido enfrentados, cada uno tratando de acaparar más tiempo de los aspirantes, sin importar lo que los aspirantes pudieran pensar. (...)
    Cuando el inglés y su parentela se convirtieron en mi trabajo, me dediqué a otras lenguas, incluso al latín y al griego; y le tomé gusto a Lit tan pronto como me puse del lado de Lang. Efectivamente, me uní al bando de Lang, y descubrí que la brecha entre partidos era ya enorme; y a menos que recuerde mal, continuó ensanchándose durante algún tiempo. Cuando volví de Leeds en 1925, NOSOTROS ya no significaba estudiantes de inglés, significaba partidarios de Lang o de Lit. ELLOS significaba todos aquellos que estaban en el otro bando: gente de infinita astucia, que había que vigilar constantemente, no fuera a ser que NOS derrocaran. Y... ¡los muy canallas lo consiguieron!
     Porque si ustedes disponen de Partes con etiquetas, obtendrán Partidismos. Las luchas entre facciones, dese luego, son con frecuencia divertidas, en especial para los de ánimo belicoso; pero no está claro que hagan ningún bien; no son mejores en Oxford que en Verona. Tal vez las cosas les hayan parecido a algunos más aburridas en el largo período durante el que la hostilidad estuvo adormecida; y a los tales todo les podría parecer más animado si se reavivaran los rescoldos. Espero que no suceda. Habría sido mejor que nunca se hubiesen encendido.
    La supresión del malentendido de los términos puede producir en ocasiones amistad. Así que, aunque el tiempo que queda es breve, consideraré ahora el mal empleo de lengua y literatura en nuestra Escuela. Creo que el error inicial se cometió cuando The School of English Language and Literature se adoptó como nuestro nombre. Los que la aman la llaman la School of English o la English School—en donde, si se me permite introducir una puntualización de Lang, la palabra English no es adjetivo, sino un nombre en composición libre—. . . .
    . . . creo que fue un error incluir Lengua dentro de nuestro nombre para señalar esa diferencia, o para poner sobre aviso a los que ignoran su propia ignorancia. No menos porque a Lengua se le da así, como además sospecho que fue la intención, un sentido artificialmente limitado y seudotécnico que separa este asunto técnico de la Literatura. Tal separación es falsa, y este empleo del vocablo "lengua", también.
      El sentido correcto y natural de Lengua incluye Literatura, del mismo modo que Literatura incluye el estudio del lenguaje de las obras literarias. Litteratura, que procedía del significado elemental "grupo de letras; alfabeto", se empleaba como equivalente de los términos griegos grammatike y philologia: es decir, el estudio de la gramática y del idioma, así como el estudio crítico de los autores (enormemente preocupados por el lenguaje). Esas cosas que todavía debería incluir siempre. Pero aun cuando algunos deseen ahora utilizar la palabra "literatura" en un marco más restringido, para referirse al estudio de escritos que poseen una intención o una forma artísticas, con tan poca referencia como sea posible a la grammatike o a la philologia,  ésta su "literatura" sigue siendo una función de la Lengua. Puede ser que la Literatura sea la operación o función más elevada de la Lengua, pero no obstante, es Lengua....
      Yo nací en [Sudáfrica], aunque no reclamo ser el más erudito de los que han venido aquí desde el extremo más lejano del Continente Negro. Pero llevo el odio al apartheid en los huesos; y detesto por encima de todo la segregación o separación entre Lengua y Literatura. No importa a cuál de los dos consideren el Blanco.


La historia se repite, dijo Marx... "etcétera".
 

Sobre "subáreas" e interfaces
 


 

Retroposts

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La traición de la COPE

La traición de la COPE. Audio de LA VOZ de César Vidal.

Y FJL sobre el tema COPE, etc.





Quién manda en la huelga

miércoles, 26 de octubre de 2016

Quién manda en la huelga

Huelgas supervisadas:

En las huelgas se supone que hay libertad de huelga; se supone (menos) que hay libertad de trabajar, y se presupone que hay maneras sutiles, o no tan sutiles, de coaccionar, orientar, o pastorear al personal para que haga huelga, o no.


Hoy había una huelga estudiantil convocada por diversos colectivos estudiantiles (de extrema izquierda, se entiende), que no son realmente representativos y que por sus propias fuerzas consiguen, normalmente, que haga huelga un estudiante de cada cien. En mis clases desde luego no se ha notado en absoluto la convocatoria. ¿Y eso por qué? Sutilmente se averigua: porque el Rector no ha apoyado la huelga. En otras ocasiones, la huelga tiene un apoyo parecido, pero viene anunciada por grandes pancartas colocadas a la entrada del campus, para que nos vayamos enterando, como si fuera una campaña de la propia institución. Y con piquetes organizados que a la punta de la mañana han echado la cadena a la entrada del campus, y están ahí, cincuenta o cien, con sus palos y capuchas y pasamontañas y pancartas y consignas y banderas de la URSS y republicanas y piratas, cerrando el paso a los coches, e impidiendo que nadie entre al campus si no es saltando la tapia. Los humildes opositores a la huelga, si son peatones, pueden entrar ya sea por algún lugar del perímetro saltando la tapia, o por una puerta si hay policía allí que cubra servicios de acceso mínimo. También hay policía observando (los días de huelga general habitual, digo) la entrada principal, pero sin intervenir ni decirles a los piqueteros que despejen, ni mucho menos obligándoles a abrir la entrada. Todo por orden del rector, que cuando he telefoneado en tales ocasiones siempre me dicen que se mantiene la normalidad pacífica (o sea, la entrada bloqueada a la fuerza) y que el Rector no está localizable, ni el jefe de seguridad.

Hoy, en cambio, no hay bula para que los podemitas armen más jaleo del debido, y la Policía se ha aposentado a la entrada del campus no para mirar la verja cerrada, sin para cuidar de que nadie bloquee la entrada. Y la verja la han descolgado y retirado preventivamente, para que nadie le eche el cierre a la  vía pública.

¿Qué se demuestra con esto?

Se demuestra lo siguiente: que cuando hay huelga general en la Universidad, con un seguimiento apreciable, es porque el Rector ha cuidado de dejar que los piquetes hagan el trabajo sucio de cerrar la puerta, amedrentar al personal e impedir el acceso. En un bolsón los cojo a todos y me los llevo de huelga.

El orden público mantenido selectivamente es un desorden. Pero dentro de todo, me quedo con lo de hoy: que no vuelvan a colgar esas verjas, que no sirven más que para entorpecer la libertad de acción personal, y permitir a los manipuladores que coaccionen a la gente y la pastoreen.  Y me refiero a los piquetes, pero sobre todo a los Rectores que no cuidan de mantener el orden público y la libertad.

Así que enhorabuena por el rector Mayoral, y a ver si mantiene esta línea coherentemente, no unos días sí y otros no, según quién convoque la huelga.

Me complementen esta reflexión con la lectura de este brillante artículo de Arcadi Espada: Donde la policía no puede entrar.

Las líneas rojas de la reforma constitucional





Jiménez Losantos, Federico. "Federico a las 8: El TSJC admite a trámite la querella contra Forcadell." EsRadio 26 Oct. 2016.*
         2016
Campmany, Emilio. "Imposturas." Libertad Digital 27 Oct. 2016.*
         2016

Carew, Suckling, Lovelace

miércoles, 26 de octubre de 2016

Carew, Suckling, Lovelace

  From A Critical History of English Literature, by David Daiches. Thomas Carew (1594-5-1640) both praised Ben Jonson for his successful spoliation of the ancient classics—

Nor think it theft, if the rich spoils so torn
From conquered authors, be as trophies worn—

and paid tribute to Donne as the poet who "ruled as he thought fit / The universal monarchy of wit":

The Muses' garden with pedantic weeds
O'er spread, was purg'd by thee, the lazy seeds
Of servile imitation thrown away,
And fresh invention planted.


In combining the classical influence of Jonson with the metaphysical influence of Donne, Carew produced a mixture especially suited to the atmosphere of the court of Charles I. As Sir Herbert Grierson expressed it, "in Carew's poems and Vandyke's pictures the artistic taste of Charles's court is vividly reflected, a dignified voluptuousness, an exquisite elegance, if in some of the higher qualities of man and artist Carew is as inferior to Wyatt and Spenser as Vandyke is to Holbein." This is true Cavalier poetry, polished, gay, and witty. Without the formal precision of Jonson, the adroit Roman paganizing of Herrick, or the gentlemanly ease of his younger contemporary, Sir John Suckling, Carew has his own kind of urbanity. The gallantry of his love poems does not always conceal a cynicism at the core, but the control, the restrained touch of stylization in all his best workl shows a sense of style in living that truly reflects the Cavalier spirit of the time and is not unattractive. Occasionally, as in the well-known song, "Ask me no more where Jove bestows", he combines Jonson's lapidary elegance with a stately singing note as well as a touch of metaphysical ingenuity, and the combination is perfectly achieved. Sometimes he echoes Donne in the frank psychological curiosity with which he explores an emotional or a sensual situation (as in "To a Lady that desired I would love her" and, in a different way, "A Rapture"), but he has a tendency to laugh off the implications of his conceits with an elegant shrug, lacking Donne's ability to carry through to the end fusion of passion and wit. It is "wit" in Carew, too—almost in the modern sense—rather than thought. There are many echoes of Donne in his poems, but the exhibitionist quality in his conceits often derives as much from Marino as from Donne. Carew's songs were meant to be sung, and lose something when merely read. His longer poems often run into mere showiness. But he had an artistic conscience; even his showiness is carefully modulated, and he always knwe what he was doing.

Another heir to both Jonson and Donne is Sir John Suckling (1609-42), though both streams are shallower now. Lively, gay, very much the worldly courtier, Suckling looks to the cynical strain in Donne's early love poems and to the lighter of Jonson's lyrics. His poem, "Oh, for some honest lover's ghost" is an altogether more superficial performance than Donne's "I long to talk with some old lover's ghost." His "Hast thou seen the down i' the air" is a flippant parody (turned to satire)of Jonson's exquisite song of compliment, "Have you seen but the white lily grow." He is at his best where he combines a colloquial ease with a neatly patterned song-stanza, as in the well-known "Why so pale and wan, fond lover?" or "I prhithee send me back my heart" or "Out upon it I have loved / Three whole days together." "A Session of the Poets" is a lively trotting poem in thirty four-line stanzas with a deliberately crude accentual meter, describing himself and his fellow-poets competing for the laurel, only to see it given in the end by Apollo to an alderman on the grounds that "it was the best sign / Of good store of wit to have good store of coin." The poem is interesting in giving Suckling's views of his contemporaries. Carew's "muse was hard-bound, and th' issue of 's brain." Suckling describes himself as an amateur who "loved not the muses so well as his sport." The description is accurate enough: Suckling's poetry shows the Cavalier at play.

The true Cavalier poet is, however, Richard Lovelace (1618-58), whose gallantry has in it a truer strain of chivlary than Suckling's, a strain that links him with Sidney and Sir Walter Ralegh and the older tradition of Renaissance courtesy. The royalist ideal was indeed grounded in that older tradition, as we can see in Lovelace and, most clearly, in the few but noble lyrical utterances of the Scottish royalist, James Graham, marquis of Montrose. Lovelace's "To Althea from Prison" uses imagery that is as much Petrarchan as metaphysical, but the poem brings a new kind of idealism into the English lyric of the period. The same can be said of "To Lucasta, Going to the Wars," which has the lapidary quality of Jonson at his best as well as a simple gravity of tone that we cannot find in Suckling. More metaphysical in imagery, if classical in inspiration, is the interesting poem, "The Grasshopper" where a description of the heedless grasshopper is adroitly turned into a celebration of friendship. There is something of the strength of Wyatt in Lovelace at his best, as well as echoes of the Sidneian and Spenserian association of ideal love and beauty with honor and the good life. The seventeenth-century royalist ideal was perhaps anachronistic, and a somewhat faded neo-Platonism often lay behind it; but Lovelace at least gave it effective expression.

Of the minor Cavalier poets, mention may be made of Sidney Godolphin (1610-43)., the majority of whose poems remained in manuscript until the twentieth century. He, too, has the graver note which we sometimes find in Lovelace (in Suckling's "Sessioin of the Poets" Apollo advises Godolphin "not to write so strong"), together with a restrained metaphysical touch which adds just the right note of subtlety to the quiet clarity of his style. The influence of Donne and Jonson combine here most happily.

Richard Corbet, bishop of Oxford and Norwich (1582-1635), is a minor lyrist of the period whose character and poems reflect a robust joy of life which was to become one element in Cavalier opposition to the Puritans. His one famous poem, "A Proper new ballad, intituled The Fairies' Farewell, or God a Mercy Will," gives lively expression to the sense that the Puritan spirit had killed the happy superstitions of Old England:

Farewell, rewards and fairies,
    Good housewives now may say,
For now foul sluts in dairies
    Do fare as well as they.
And though they sweep the hearths no less
    Than maids were wont to do,
Yet who of late for cleanliness
    Finds sixpence in her shoe?

Lament, lament, old abbeys,
    The fairies lost command;
They did but change priests' babies,
    But some have changed your land,
And all your children sprung from thence
    Are now grown Puritans;
Who live as changelings ever since,
    For love of your demains.


"There never was a merry world since the fairies left dancing and the parson left conjuring," said John Selden in the middle of the century, and this remark, together with Corbet's poem, shows that there was much more than political or theological opinions involved in the Civil War and also helps to explain why the large majority of those interested in the arts and letters (Milton was the great exception) were on the royalist side.

Andrew Marvell

 

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Poniendo los puntos sobre las íes

martes, 25 de octubre de 2016

Poniendo los puntos sobre las íes

Sigue trayendo cola mi expulsión del numeroso grupo de Facebook "Los Filólogos somos Necesarios. Que parece que no, pero sí"—todo a resultas de que en lugar de aceptar humildemente mi castigo y darlo por bueno, publiqué un artículo en Ibercampus contando el episodio e interpretando sus razones—una expulsión política, por verter opiniones políticas mal recibidas en un grupo que (supuestamente) no quiere tener que ver con la política.

Tengo que reconocer que estadísticamente llevan las de ganar, pues bastantes personas se han pronunciado públicamente a favor de la expulsión (bueno, eso contando a los anónimos como "públicos"), mientras que a nadie le ha parecido un atropello ni me ha dado la razón a mí. Los administradores han tratado el foro (de 15.000 personas) como si en lugar de ser un espacio de libre discusión fuesen ellos los editores-propietarios de un medio al que pueden imprimir sus orientaciones y criterio político, y al parecer pueden. Bien servida queda la corrección política mal entendida y unilateral, signo de los tiempos, pero mal servida queda allí la libertad de opinión.

En fin, al margen de los comentarios de desaprobadores e insultadores y anónimos en mi blog, ha salido una defensa pública de mi expulsión, de las teclas del portavoz de los administradores y mayor partidario de echarme, Paco López Barrio, profesor de valenciano. Como bien dice él, en su respuesta y en mis explicaciones la postura de cada cual queda suficientemente bien caracterizada, así que no le daré más vueltas creo, videant iudices:

- aquí su réplica al profesor García Landa en Ibercampus,

- y aquí mi artículo original, con postdata-apostilla respondiendo a la respuesta.

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Las extinciones en masa (Eustoquio Molina)

martes, 25 de octubre de 2016

Las extinciones en masa (Eustoquio Molina