What does 'The Social Construction of Reality' Mean? - by Dr. Dennis Hiebert
jueves, 27 de octubre de 2016
What does 'The Social Construction of Reality' Mean? - by Dr. Dennis Hiebert
Le pongo este comentario:
Habría que aclarar que se discute "por qué el ensayo no es literatura según mi definición de la literatura. Que no es lo que la tradición en general entiende por literatura, sino lo que yo voy a llamar literatura." Así, sí. Si no, no. O, por decirlo de otra manera, lo que se presupone es que la literatura es necesariamente ficción, una noción sui géneris de la literatura que no hace sino confundir los conceptos. Cójanse cien manuales de literatura, y véase si por literatura se entiende sólo ficción o "construcción fabulosa." Con lo cual se encastilla esta noción en sí misma, contra el sentido generalmente aceptado de los términos.
Claro que también opina G. Maestro que Borges escribió sus obras para burlarse de los lectores, que no hay quien las tome en serio.... O que "la literatura es el discurso literario más potente de todos los que existen"... en fin, no comment.
Pero, más allá de todo esto, no se puede entrar a debate con un discurso tan arbitrario, atrabiliario y despectivo, tan vocacionalmente maximalista y tan disparatadamente prepotente. Es lástima, pero quizá un síntoma significativo de cómo funcionan las cosas, que el esfuerzo titánico y el discurso inagotable de G. Maestro, volcado en tantos libros y vídeos, siendo como es con mucho la contribución individual más visible en cantidad y en capacidad de producción en todo el campo de la teoría literaria en español, resulta ser prácticamente inutilizable por esas limitaciones que la vician desde la base.
VÍCTOR JUAN, DIRECTOR DEL MUSEO PEDAGÓGICO DE ARAGÓN.
(Transcribo aquí una columna de Víctor Juan sobre mi abuelo Ángel García Benedito, que aparece en el Heraldo de Aragón el 26 de octubre de 2016 en la serie "De escuelas y maestros")
ÁNGEL GARCÍA BENEDITO
Gran parte de historia del magisterio podría resumirse en el compromiso de estos profesionales con sus alumnos en el interior de las aulas, pero también con la sociedad y con las personas de los lugares donde trabajaban. No es raro encontrar maestros que extendieron la acción cultural a la comunidad, pronunciaron conferencias, abrieron bibliotecas para toda la población, impulsaron la creación de cantinas y roperos. El caso de Ángel García Benedito (Berdún, 1878-Biescas, 1936) es uno de los más destacados. Era hijo y hermano de maestros. También su esposa, Eusebia Pomar Guillén, ejerció el magisterio en Otal y Biescas. Don Ángel completó sus estudios en la Escuela Normal de maestros de Huesca. Desde 1904 ejerció en Aguilar del Río Alhama y en 1918 se traladó a Escuer (partido de Jaca) donde consiguió aumentar la matrícula de la escuela, enfrentándose muchas veces con los padres que preferían antes servirse de sus hijos en las labores del campo que enviarlos a la escuela. Durante una epidemia de fiebres tíficas en el pueblo, ante la falta de asistencia especializada, el maestro visitó y atendió a los enfermos. También fundó un economato y una cooperativa agrícola que distribuía semillas, abono y herramientas de cultivo.
DE LA LADERA AL VALLE
Debido a su peligroso emplazamiento, Ángel García Benedito convenció a los vecinos de Escuer de la necesidad de trasladar el pueblo de la ladera al fondo bien comunicado y regado del valle, en la carretera de Panticosa. En 1924 en 'El magisterio de Aragón [El Magisterio Español]' podía leerse que el maestro de Escuer "encarga material de construcción y lo distribuye, solicita muestras y recibe género que va suministrando según las necesidades de cada uno, y con su actividad, competencia y celo va realizando la maravilla de fundar un pueblo nuevo a seis kilómetros de donde el antiguo estaba emplazado". La escuela del nuevo pueblo se inauguró en 1930 y en agosto de 1931, abrió sus puertas la nueva iglesia. Durante la Segunda República el maestro estableció una biblioteca con los libros que recibió del Patronato de Misiones Pedagógicas. Militó en Izquierda Republicana y fue amigo personal del inspector de escuelas Ildefonso Beltrán. Ángel García Benedito fue, sin duda, uno de esos maestros llamados a ser "las luces de la República." Por eso, quienes preferían las tinieblas lo asesinaron el 2 de agosto, unas semanas después del inicio de la Guerra Civil.
The son of a well-to-do London goldsmith, Robert Herrick (NOTE 34) took two degrees at Cambridge and formed his poetic style by study of the classic lyrists (NOTE 35) and contact with Ben Jonson, then in his prime, whom he called "Saint Ben" and the best of poets. After some experience of court and military life he took orders, at nearly as late an age as Donne, and was presented to the rectory of Dean Prior in Devonshire, of which he says:
More discontents I never had
Since I was born than here....
Yet justly too I must confess
I ne'er invented such
Ennobled numbers for the press
Then where I loath'd so much. (NOTE 36)
NOTE 34. See F. W. Moorman, Robert Herrick, a Biographical and Critical Study (1910); Poetical Works of Robert Herrick (Oxford, 1915, 1935); F. Delattre, Robert Herrick (Paris, 1912).
NOTE 35. See Pauline Aiken, The Influence of the Latin Elegists on English Lyric Poetry, 1600-1650, with Particular Reference to the Works of Robert Herrick (1932); G. G. Loane, "Herrick's Sources," N&Q, CLXXVIII (1940): 224-225.
NOTE 36. Discontents in Devon.
He was ejected from his living by the Puritan government in 1647, restored in 1662, and ultimately buried at Dean Prior at the age of eighty-three. There is little evidence that he affected his contemporaries in any degree. A single poem, King Oberon's Feast, was printed anonymously in a fairy miscellany in 1635, and three others in the 1640 edition of Shakespeare's Poems. "The Several Poems written by Master Robert Herrick," entered on the Stationers' Register, April 29, 1640, remained unprinted (NOTE 37) till the appearance in 1648 of Herrick's only book, Hesperides: or the Works both Humane and Divine of Robert Herrick Esq. (Note 38), and the fame of this now precious volume was a growth of the nineteenth century.
NOTE 37. Delattre, p. 98, suggests a reason for the suspension of publication.
Herrick is the delight and justification of the anthologist. Some twenty easilly selected lytircs have made him immortal; the rest are not so much inferior as repetitive of his themes. He is the poet of strawberries and cream, of fairly lore and rustic customs, of girls delineated like flowers and flowers mythologized into girls; as in To Carnations, a Song:
Stay while ye will, or go,
And leave no scent behind ye:
Yet trust me, I shall know
The place where I may find ye.
Within my Lucia's cheek
(whose livery ye wear)
Play ye at hide or seek,
I'm sure to find ye there.
Corinna's Going a-Maying is one of the most successful poems ever written in immortalizing a mood and depicting a contemporary scene, and its last stanza is unsurpassable in expression. These themes might cloy if Herrick were not a perfect craftsman and a brilliant ironist. Praising pagan love and pastoral beauty as he does, he seldom lets the reader forget that he is a gray-heade parson, who hates the country and abhors matrimony:
Before I went
To banishment
Into the loathed West,
I co'd rehearse
A lyric verse,
And speak it with the best.
But Time (Ay me!)
Has laid, I see,
My Organ fast asleep,
And turn'd my voice
Into the noise
Of those that sit and weep;
or (To Perilla)
Age calls me hence, and my gray hairs bid come,
And haste away to my eternal home,
or more janutily,
A bachelor I will
Live as I have liv'd still,
And never take a wife
To crucify my life,
And
Love he that will; it best likes me
to have my neck from love's yoke free,
and (in To his Tomb-maker)
Go I must; when I am gone,
Writer but this upon my stone:
Chaste I liv'd, without a wife,
That's the story of my life.
Strewings need none: every flower
Is in this word, Bachelor;
and finally, in To All Young Men That Love,
I could wish you all, who love,
That ye could your thoughts remove
From your mistresses, and be
Wisely wanton (like to me).
By the time Herrick's volume was printed, with a dedication to Charles, prince of Wales, the author was nearly sixty years old and the Cavalier cause was lost. Even the earliest poems in the collection speak of the poet's age, and it is not likely that it contains much unrevised youthful work. When viewed as the mature and consistent reflection of a man's mind, these usually delicious poems do not warrant us in assigning Herrick a very high place among clerical types. His satirical epigrams include some of the most brutal of their kind. He was neither a romantic idealist nor a believer in the golden mean, and his definition of beauty is a true measure of the man:
Beauty no other thing is than a beam
Flash'd out between the Middle and Extreme,
that is, in the ironic middle ground between stoicism and enthusiasm.
But he had moments of lyric ecstasy in contemplating the flower-like beauties of earth or daydreaming of the supernatural; e.g., in The Hag:
The Hag is astride,
This night for to ride,
The Devil and she together:
Through think and through thin,
Now out and then in
Though ne'er sou foul be the weather.
And many times he achieves the calm perfection of Horace or Catullus, as in To Sappho:
Let us now take time and play,Love, and live here while we may;Drink rich wine, and make good cheer,While we have our being here:For once dead, and laid i' th' grave,No return from thence we have.
Scoop
Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa
La última de Woody Allen, y hasta con Woody Allen, cosa cada vez más infrecuente. Pero ésta no va a hacer historia: es flojilla, una película sencillita (al estilo del Manhattan Murder Mystery), un poco como un homenaje a un tipo de películas de detectives que se hacían, o se deberían haber hecho, en los años cuarenta, pero que siempre parecen un poco distorsionadas, parodiadas o retomadas en plan histerizado, una vez se les incluye a Woody Allen como investigador. (Y un periodista que se escapa nada menos que de la barca de la Muerte, para dar el chivatazo de quién es el asesino). En este caso, el asesino principal ni sale; es un asesino en serie, pero conocemos a un copycat killer, que se aprovecha de la serie de crímenes para colar uno más, y librarse así de una prostituta que lo chantajeaba... Vamos, que el lema podría ser que "aunque cojan al asesino, y no sea tu novio, tu novio también puede ser un asesino"—hasta EL asesino, y hasta TU asesino si te descuidas. No os fiéis de esta gente que anda por las country houses de los ricachos ingleses, Woody Allen se ríe del té con pastas pero está convencido de que hay muchos esqueletos en los armarios. Y de que llegado el caso, se llevan por delante a quien les amenace la pasta y el status, sin pensárselo dos veces.
Algo copycat, aparte del caso del "El asesino del tarot", es que la idea básica del argumento quizá derive de El Nombre de la Rosa (¿hay una lógica unitaria detrás de las muertes, o la inventamos, o se cruzan varias lógicas?). Pero sobre todo, la peli es un poco autocopiona: ¿son clásicos del estilo de Woody, o está metiendo la mano al fondo del tonel a ver si aún puede sacar algo? Los actores no están demasiado acertados tampoco, en especial el aristócratarot. Woody ya se sabe: a estas alturas no es que experimente precisamente con su saber star, y la cosa rechina cada vez más si no se innova en esto. Sea como sea, un planteamiento sencillito para una película que se ve bien pero que no va hacer titulares... y si os la perdéis, pues aparte de un rato medianamente divertido, poco se habrá perdido.
Ah, bueno, un chiste de los de Woody, hablando de religiones con una elegante pareja inglesa en un cóctel: "Ah, el cristianismo, claro, claro. Bueno, a mí me educaron en la religión israelita, pero luego me convertí al narcisismo". Este casi me lo podía haber inventado yo.
Pobre Rayquaza
Publicado en Nenes. com. José Ángel García Landa
Pobre Rayquaza, y pobre Latios, y pobre Pikachu, que le habían hecho perder la cabeza a Otitas, como si fuese un pequeño Quijotillo con sus aventuras de caballerías... y han caído al fin en manos del Barbero. Sólo pensaba Otas en los cromos de Pokemones, en si tienen Ataque Mordisco, o Ataque Bola de Fuego, o Ataque Rayo. Compara sus tamaños relativos ("Papá, ¿cuánto es 0'80 metros? Porque Raychu mide 0'80 metros. Pero es más grande Latios.") Los deberes, ay, se olvidaba. No soñaba más que en cambiarle cromos a Sergiopueyo, y a sus otros coleguillas, se las prometía muy felices, comentándolo en voz alta camino del cole. "Creo que conseguiré cambiar unos cuantos Evolución". Pero la cartera... se quedaba en el colegio, ay qué despiste. Te enseñaba Otitas sus tesoros, daba conversación buscando interesarte, "Mira, los cromos los llevo en este bolsillo". Tenía el mundillo virtual ordenado, y bajo control, él en el centro, rodeado por sus tarjetitas.
Pero ay.... el pobre ha tenido que ver cómo sus queridos cromos, alrededor de donde giraba su vida social, las primeras posesiones que sentía suyas, su "pequeño objeto a" tangible, el Deseo hecho tarjeta de plástico, y guardado en el bolsillito... sus preciosos cromos han sido cortados en pedazos con tijeras, y tirados a la basura. Llegaron el Cura y el Barbero con mano despiadada. Latios, Rayquaza, todos cortados por la mitad, y al cubo de la basura... delante del cual lloraba Otitas con espasmos desconsolados. Rotos sin remedio. Cada vez llevo peor esto del Principio de Realidad.
Ahora ya ha rezado, y se ha ido a la cama resignado. A ver si sueña con Rayquaza...
—oOo—
Espinosidades
Publicado en Literatura y crítica. com. José Ángel García Landa
Hasta hoy mi único contacto (o no contacto) con el novelista murciano Miguel Espinosa era que estando yo haciendo la mili allá por los ochenta, hice un viaje a Murcia, y el cabo de mi regimiento (el cabo Fiestas, se llamaba) me pidió que, si podía, le comprase unas novelas de Miguel Espinosa (Escuela de Mandarines, La Tríbada Falsaria: Tractatus Theologiae, La Tríbada Confusa)—si se podían encontar en Murcia. No se encontraron, y hasta hoy.... Pero después de oir esta mañana una conferencia de Fernando Rodríguez de la Flor, tengo que volver (¿a Murcia? ¿a Internet?) a intentarlo, y leerme al menos Escuela de Mandarines.
Habla Rodríguez de la Flor de "Miguel Espinosa: la construcción de la disidencia intelectual en la Transición española": de la Transición como "época", ambiente estético e ideológico, y de sus discontents, por razones personales (es decir, profundamente políticas). Como otros, a Espinosa le repugnaba el franquismo ambiental, en especial el de la academia donde fracasó por "incompatibilidad de caracteres" con la dictadura y sus heideggercillos universitarios; se mantuvo como comerciante, despotricando lleno de asco contra la mentalidad pequeñoburguesa de la cultura española franquista (ya se sabe: la de Franco en su mesa camilla escuchándose a sí mismo por la tele). Pero la Transición tuvo mucho de transición imperceptible, para mucha gente; la Academia, profundamente infiltrada por el Régimen, tenía unas actitudes y maneras de hacer que se han venido perpetuando. La Escuela de Mandarines que escribió Espinosa es tan aplicable a los aprovechados del Nuevo Régimen como a los del Viejo. Para Rodríguez de la Flor esta comparación de la mecánica del poder político-administrativo, de los mecanismos de exclusión y del control mental en España con los de un arcano imperio chino es una maniobra retórica poderosa y en cierto modo tradicional de un cierto tipo de disidente... para mi sorpresa mientras oigo a Rodríguez de la Flor me encuentro a mí mismo entre los que han recurrido a una modalidad de argumentación, la chinoiserie, recurrente entre los críticos del eterno status quo.
Los disidentes más radicales de Franco, aquellos a quienes les producía náusea de la que estremece la médula espinal, no son los que mejor se suben al carro de la transición. Son tipos raros, tipos atípicos—que si el Savater del Panfleto contra el Todo, que si Gamoneda, que si Espinosa, que si García Calvo, que si Juan Goytisolo... y cuando ven que empiezan a ser masa los enemigos de la Buena Gobernación, les recuerdan que tampoco están, necesariamente, con ellos por estar contra el gobierno. El disidente que disiente desde lo más hondo puede acabar aislado, autoexiliado en sitios como Zamora o Murcia, o loco quizá, o le da un infarto. O está siempre enfadado, recuerda a Quevedo; igual es un conservador después de todo, o un ególatra, o un místico cuando estas cosas no se llevan ni tienen que llevarse. Espinosa, rébarbatif, espinoso, no se adecúa a los "nuevos tiempos", a la España de la prosperidad y el consumo. La rechaza en nombre de un ascetismo o misticismo extraños, fuera de tiempo, no muy creíble o posible. Desde luego, sin efectos políticos identificables. Nos recuerda Rodríguez de la Flor que los burgueses contra quienes despotrica Espinosa somos nosotros; no nos lo apuntemos tan pronto como "role model" al disidente, que igual salimos trasquilados. Somos nosotros los burgueses. Y quizá ellos también, los disidentes, quizá están en una posición ridícula, imposible; imposible separar el acierto del ridículo en su caso—quizás en el nuestro. Y otra cosa que me ha gustado del análisis de Rodríguez de la Flor: cómo quizá estos descontentos del régimen, los antifranquistas que denuncian también al emperador desnudo de la transición, acaban encerrándose en una política esteticista, quizá no a primera vista, pero sí en profundidad, por su anarquía del espíritu, su altanero desprecio a la vulgaridad de la que todos participamos, y, finalmente, quizá, incluso su interiorización de uno de los ideales del enemigo, del franquismo: la autarquía, esta vez trasladada al plano individual, como un magnífico aislamiento frente a las servidumbres del espíritu y las mediocridades del mundo. Un poco como el dios de Espinosa—otro heterodoxo ambiguo, a quien cita Espinosa. No descartemos que ambos sean a la vez disidentes, inconformistas, librepensadores, y conservadores.
Espinosa mismo decía que al morir Franco no sólo había muerto el Caudillo, sino una época, y con ella los que a ella pertenecían, ya por seguidismo, ya por oposición... contra Franco estaban mal, y luego ya no saben si están mejor o peor: pues ven que el franquismo al que se oponían no es un franquismo del cual se pueda purgar al cuerpo político. Y sólo les queda reintegrarse a la política, con sus servidumbres, o hacerse anacoretas y comedores de langostas (ya no de langosta). O volverse viejos cascarrabias y solitarios. O que les dé un infarto.