Otro NO A RAJOY
Jiménez Losantos, Federico. "Federico a las 6: Rajoy, el socio de Iglesias." EsRadio 28 Oct. 2016.*
2017
Jiménez Losantos, Federico. "Federico a las 6: Rajoy, el socio de Iglesias." EsRadio 28 Oct. 2016.*
2017
Harry Thompson, THIS THING OF DARKNESS
Publicado en Literatura y crítica. com. José Ángel García Landa

Me compré este libro (2005; Headline Review, 2006) por la preciosa ilustración de la portada, que si no es de Turner debería serlo. También por la cita shakespeariana del título, claro: "Esta cosa de la oscuridad reconozco que es mía", dice Próspero sobre el degradado indígena Caliban en The Tempest. La obra de Shakespeare se ha venido leyendo como una alegoría, comentario o síntoma sobre el colonialismo, y también de eso va la novela de Thompson. Qué digo la novela de Thompson. La EXCELENTE novela de Thompson: a por ella si podéis, sin pensarlo dos veces. Ojo: 875 páginas que se hacen cortas.
Como decía, va del imperialismo y colonialismo, de las actitudes occidentales y de los genocidios perpetrados en Tierra del Fuego y en Oceanía. Pero también va sobre teoría de la evolución: otra razón por la que me la compré es que Darwin es uno de los protagonistas. La novela dramatiza el conflicto religioso y filosófico que supuso el avance de la ciencia y la racionalidad en el XIX, llevando a la crisis de la fe y al escepticismo en el caso de Darwin. El panorama es amplio, casi planetario, abarcando desde contactos con pueblos primitivos hasta elegantes salones ingleses; grandiosos paisajes sudamericanos y tormentas vívidamente descritas, horizontes enormes. Un panorama amplio también en el tiempo, siendo la pieza central el viaje alrededor del mundo de Darwin en la expedición del Beagle al mando de FitzRoy; pero abarca el libro desde los preliminares (con el suicidio del anterior capitán del Beagle en Patagonia), pasando por el famoso debate sobre la evolución entre Huxley y un primate of the Church, el obispo Wilberforce... Hasta terminar con el suicidio del propio FitzRoy, desencantado con su fortuna y su carrera, y atormentado por el avance del escepticismo y de un mundo que él ve carente de sentido si no está organizado por una divinidad benevolente.
Y la benevolencia de la Divinidad queda bastante en duda... Los nativos a los que quiere civilizar y cristianizar FitzRoy son impredecibles: tan pronto dan resultados casi demasiado buenos, adoptando los valores y modales ingleses casi hasta el extremo de la caricatura, o son incomprensibles, brutales y enigmáticos. Si logra entenderse con ellos, son entonces los europeos quienes plantean problemas, con su simplismo, su codicia brutal y su desprecio a la vida e intereses de los nativos. FitzRoy no encuentra acomodo en la vida; él mismo sufre de accesos súbitos de demencia, y aunque consigue tras largos años de soledad casarse con la mujer ideal que le quitaba la respiración (a regular angel in the house, además) ésta muere. Los proyectos de FitzRoy para desarrollar sistemas de predicción meteorológica se enfrentan a los absurdos burocráticos y la ignorancia de las autoridades; su intento de aplicar equitativamente la justicia inglesa cuando lo nombran gobernador de Nueva Zelanda topan con el doble rasero que las autoridades y los colonos esperaban de él.
Fitzroy cree en un mundo ordenado donde todos tienen su lugar; el mundo que inaugura el pensamiento Darwin justifica la superioridad del hombre occidental, y aboca a las razas inferiores al la extinción en una lucha por la vida que aquí se encarna a escala mundial en el imperialismo británico, y en el americano contemporáneo, por analogía transparente que establece el autor. Las palabras del general Rosas para justificar su guerra contra los indios están calcadas de los discursos de Tony Blair. Darwin es aquí un Darwinista social, que aunque en absoluto aprueba el genocidio, predice que las razas inferiores y los grandes simios serán exterminados para ahondar la diferencia entre el hombre y los animales. Para disgusto suyo, Fitzroy se ve asociado a las teorías de Darwin, y ve cómo sus acciones contribuyen a fines globalizadores que él no deseaba. FitzRoy era un explorador, no un conquistador, y le da asco el progreso de la máquina imperialista.
Y su inicial amistad con Darwin, que lo acompaña durante años en el Beagle, se enfría y termina en un enfrentamiento espiritual de proporciones casi cósmicas. Darwin acaba con Dios y se pone a sí mismo, viejo primate, en su lugar, dejándose una larga barba blanca por subrayar la parodia; desarrolla una teoría de la realidad, de la estructura de la tierra y del origen y lugar del hombre, que repugna y horroriza a FitzRoy, cuyos afanes de ilustración y desarrollo del conocimiento no pretendían este resultado. La novela dramatiza así el enfrentamiento entre un cosmos ordenado por Dios, y visto desde el prisma de un aristócrata que tenía su lugar en el siglo XVIII, y el universo vacío de sentido del siglo XX, anticipado por Darwin. FizRoy cierra el círculo con su suicidio, arruinado por sus empresas benevolentes, envejecido, desilusionado por el avance de una civilización burocrática, mecánica, regimentada y sin ideales que él pueda compartir.
"Cuando era joven, pensó FitzRoy, era un viajero, cruzando mares desconocidos, amo de mi propio destino. El viento y las olas se han estrellado contra mí, pero me abrí paso luchando, para descubrir nuevas costas y mundos desconocidos. Luego me volví parte de una máquina, un simple diente en un engranaje. Me quitaron mi libertad, mi independencia. Pero al menos mi esfuerzo sirvió para allanar el camino a otros viajeros, que siguieron mis pasos. Ahora, me han quitado hasta ese pequeño consuelo. La solución está clara. Debo viajar a donde no puedan alcanzarme. Debo emprender el viaje una vez más, a la orilla más lejana. Debo emprender el viaje más allá de los viajes. Un viaje sin mapas."
Fizroy sueña con volver a ver a su esposa amada; a Jemmy Button, el nativo que tanta amistad le profesó, a sus jóvenes marineros que murieron ahogados. ¿Los verá, o tiene razón Darwin? ¿Era FitzRoy sólo un primate más, demasiado evolucionado para su propio bien?
Una novela histórica magnífica, no sólo de la historia,sino sobre la historia. Y para la historia. Con horizontes inmensos, que abarcan el origen y sentido de la humanidad, de la modernidad, de la globalización, y de las vidas individuales, pequeñas historias que buscan su sentido dentro de esta gran narración. Harry Thompson murió de una grave enfermedad al poco de publicarla; es su única novela. Tampoco necesitaba otra.
Comentario que pongo en La piedra de Sísifo, a cuenta del reciente discurso de Paul Auster con ocasión del premio Príncipe de Asturias:
Gracias por poner aquí el discurso sobre la inutilidad de las artes. Me ha recordado a Oscar Wilde, que en "La decadencia de la mentira" también empezaba proclamando la inutilidad del arte, para terminar diciendo que el arte tiene (nada menos) que la responsabilidad de crear la realidad en la que vamos a habitar, a través de la educación de nuestros sentimientos y percepciones. Auster quizá sea más modesto, pero defender la especificidad de lo humano, y un espacio donde se da de manera privilegiada la comunicación entre las mentes, "el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad", ¿es eso defender la inutilidad de las artes? Título engañoso... e inutilidad únicamente en el sentido utilitarista del término. Una teoría estética demasiado austera.
Se van a la cama los pequeñajos, y se despiden después de sus rezos:
- ... ahora y siempre, por los siglos de los siglos, amén. Mamá... Te recordaré siempre. Yo no quiero que te mueras. (Snif). (Buaa).
- Bah, no te preocupes, que estaré desde el cielo mirándote.
- (Snif.) Voy a matar a Dios. Así los que están muertos volverán a estar vivos siempre.
- Este niño. Qué cosas tiene. La realidad le parece mal organizada. En fin, mejor que lo pase ahora, y no cuando Niet-zsche; en realidad ésta es la mejor edad para estas crisis.
Le pongo este comentario:
Habría que aclarar que se discute "por qué el ensayo no es literatura según mi definición de la literatura. Que no es lo que la tradición en general entiende por literatura, sino lo que yo voy a llamar literatura." Así, sí. Si no, no. O, por decirlo de otra manera, lo que se presupone es que la literatura es necesariamente ficción, una noción sui géneris de la literatura que no hace sino confundir los conceptos. Cójanse cien manuales de literatura, y véase si por literatura se entiende sólo ficción o "construcción fabulosa." Con lo cual se encastilla esta noción en sí misma, contra el sentido generalmente aceptado de los términos.
Claro que también opina G. Maestro que Borges escribió sus obras para burlarse de los lectores, que no hay quien las tome en serio.... O que "la literatura es el discurso literario más potente de todos los que existen"... en fin, no comment.
Pero, más allá de todo esto, no se puede entrar a debate con un discurso tan arbitrario, atrabiliario y despectivo, tan vocacionalmente maximalista y tan disparatadamente prepotente. Es lástima, pero quizá un síntoma significativo de cómo funcionan las cosas, que el esfuerzo titánico y el discurso inagotable de G. Maestro, volcado en tantos libros y vídeos, siendo como es con mucho la contribución individual más visible en cantidad y en capacidad de producción en todo el campo de la teoría literaria en español, resulta ser prácticamente inutilizable por esas limitaciones que la vician desde la base.
VÍCTOR JUAN, DIRECTOR DEL MUSEO PEDAGÓGICO DE ARAGÓN.
(Transcribo aquí una columna de Víctor Juan sobre mi abuelo Ángel García Benedito, que aparece en el Heraldo de Aragón el 26 de octubre de 2016 en la serie "De escuelas y maestros")
ÁNGEL GARCÍA BENEDITO
Gran parte de historia del magisterio podría resumirse en el compromiso de estos profesionales con sus alumnos en el interior de las aulas, pero también con la sociedad y con las personas de los lugares donde trabajaban. No es raro encontrar maestros que extendieron la acción cultural a la comunidad, pronunciaron conferencias, abrieron bibliotecas para toda la población, impulsaron la creación de cantinas y roperos. El caso de Ángel García Benedito (Berdún, 1878-Biescas, 1936) es uno de los más destacados. Era hijo y hermano de maestros. También su esposa, Eusebia Pomar Guillén, ejerció el magisterio en Otal y Biescas. Don Ángel completó sus estudios en la Escuela Normal de maestros de Huesca. Desde 1904 ejerció en Aguilar del Río Alhama y en 1918 se traladó a Escuer (partido de Jaca) donde consiguió aumentar la matrícula de la escuela, enfrentándose muchas veces con los padres que preferían antes servirse de sus hijos en las labores del campo que enviarlos a la escuela. Durante una epidemia de fiebres tíficas en el pueblo, ante la falta de asistencia especializada, el maestro visitó y atendió a los enfermos. También fundó un economato y una cooperativa agrícola que distribuía semillas, abono y herramientas de cultivo.
DE LA LADERA AL VALLE
Debido a su peligroso emplazamiento, Ángel García Benedito convenció a los vecinos de Escuer de la necesidad de trasladar el pueblo de la ladera al fondo bien comunicado y regado del valle, en la carretera de Panticosa. En 1924 en 'El magisterio de Aragón [El Magisterio Español]' podía leerse que el maestro de Escuer "encarga material de construcción y lo distribuye, solicita muestras y recibe género que va suministrando según las necesidades de cada uno, y con su actividad, competencia y celo va realizando la maravilla de fundar un pueblo nuevo a seis kilómetros de donde el antiguo estaba emplazado". La escuela del nuevo pueblo se inauguró en 1930 y en agosto de 1931, abrió sus puertas la nueva iglesia. Durante la Segunda República el maestro estableció una biblioteca con los libros que recibió del Patronato de Misiones Pedagógicas. Militó en Izquierda Republicana y fue amigo personal del inspector de escuelas Ildefonso Beltrán. Ángel García Benedito fue, sin duda, uno de esos maestros llamados a ser "las luces de la República." Por eso, quienes preferían las tinieblas lo asesinaron el 2 de agosto, unas semanas después del inicio de la Guerra Civil.