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Vanity Fea

Sharing Is Caring

sábado, 29 de octubre de 2016

Sharing Is Caring



From Dave Eggers' THE CIRCLE, a dystopian novel about overinformation, in which Mae, a modestly ambitious yuppie, becomes overexposed to public viewing in a Google or Facebook-like company, The Circle, acting as a 24/7 live walking camera and frontperson. In a public conversation with the company's guru, Bailey, we get a sense of the company's compulsory feelgood philosophy of social networking:

"I think it's simple. If you care about your fellow human beings, you share what you know with them. You share what you see. You give them anything you can. If you care about their plight, their suffering, their curiosity, their right to learn and know anything the world contains, you share with them. You share what you have and what you see and what you know. To me, the logic there is undeniable."

The audience cheered, and while they did so, three new words, SHARING IS CARING, appeared on the screen, below the previous three. Bailey was shaking his head, amazed.

"I love that, Mae, you have a way with words. And there's one more statement you made that I think should cap off what I think everyone here would agree has been a wonderfully enlightening and inspiring talk."

The audience clapped warmly.

"We were talking about what you saw as the impulse to keep things to yourself."

"Well, it's not something I'm proud of, and I don't think it rises above the level of simple selfishness. Now I really understand that we're obligated, as humans, to share what we see and know. And that all knowledge must be democratically accessible."

"It's the natural state of information to be free."

"Right."

"We all have a right to know everything we can. We all collectivelly own the accumulated knowledge of the world."

"Right," Mae said. "So what happens if I deprive anyone or everyone of something I know? Aren't I stealing from my fellow humans?"

"Indeed," Bailey said, nodding earnestly. Mae looked to the audience, and saw the entire first row, the only faces visible, nodding, too.

"And given your way with words, Mae, I wonder if you can tell us this third and last revelation you made." What did you say?"

"Well, I said, privacy is theft."

Bailey turned to the audience. "Isn't that an interesting way of putting it, guys? 'Privacy is theft.'" The words now appeared on the screen behind him, in great white letters:

PRIVACY IS THEFT


Mae turned to look at the three lines together. She blinked back tears, seeing it all there. Had she really thought of all that herself?

SECRETS ARE LIES

SHARING IS CARING

PRIVACY IS THEFT


Mae's throat was tight, dry. She knew she couldn't speak, so she hoped Bailey wouldn't ask her to. As if sensing how she felt, that she was overcome, he winked at her and turned to the audience.

"Let's thank Mae for her candor, her brilliance, and her consummate humanity, can we please?"

The audience was on its feet. Mae's face was on fire. She didn't know if whe should sit or stand. She stood briefly, then felt silly, so sat down again, and waved from her lap. Somewhere in the stampeding applause, Bailey managed to announce the capper to it all—that Mae, in the interest of sharing all she saw and could offer the world, would be going transparent immediately.

(...)oversurveillance

She was under no illusion that every minute of her day was equally scintillating to her watchers. In the weeks Mae had been transparent, there had been downtime, a good deal of it, but her task, primarily, was to provide an ope nwindow into life at the Circle, the sublime and the banal. "Here we are in the gym," she might say, showing viewers the health club for the first time. "People are running and sweating and devising ways to check each other out without getting caught." Then, an hour later, she might be eating lunch, casually and without commentary, across from other Circlers, all of them behaving, or attempting to, as if no one was watching at all. Most of her fellow Circlers were happy to be on-camera, and after a few days all Circlers knew that it was a part of their job at the Circle, and an elemental part of the Circle, period. If they were to be a company espousing tranparency, and the global and unending advantages of open access, they needed to be living that ideal, always and everywhere, and especially on campus.

Thankfully, there was enough to illuminate and celebrate within the Circle gates. The fall and winter had brought the inevitable, all of it, with blitzkrieg speed. All over campus there were signs that hinted at imminent Completion. The messages were cryptic, meant to pique curiosity and discussion. What would Completion mean? Staffers were asked to contemplate this, submit answers, and write on the idea boards. Everyone on Earth has a Circle account! one popular message said. The Circle solves world hunger, said another. The Circle helps me find my ancestors, said yet another. No data, human or numerical or emotional or historical, is ever lost again. That one had been written and signed by Bailey himself. The most popular was The Circle helps me find myself.


google.com/+joseangelgarcialanda



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Playita sola

sábado, 29 de octubre de 2016

Playita sola

Playita sola

Retropost (2006): Excursión por el Tiempo


Hoy, aunque nos cuesta arrancarnos de la pantalla, aún nos ha dado tiempo de dar un viaje por el tiempo, o esa es la impresión que nos ha hecho. Hemos emprendido camino a San Juan de la Peña (tan cerca y tan lejos...) Tan lejos con críos, que exigen paradas técnicas de pises y mareos cada poco tiempo. La parada gastronómica, también exigida, ha sido en Ayerbe; y allí nos hemos metido a fisgar por lo que parecía talmente una judería, y allí estaba la casa donde vivió de mocete Santiago Ramón y Cajal.... vaya. Y su hermano Pedro, claro, que fue el que construyó la casa donde nosotros vivimos ahora, que aún pertenece en parte a sus descendientes. Así que nos la hemos visitado, convertida ahora en casa-recuerdo, llena de fotos y películas y objetos que te transportaban a finales del XIX. Entre los documentos de mano de Ramón y Cajal, un par de datos interesantes: que en su vejez cobraba 6000 pesetas, mientras que algunos de sus ayudantes cobraban 20.000 o 30.000, pero que renunciaba a pedir más, porque realmente no necesitaba mucho, decía. Otro: pide que lo entierren en el cementerio laico. Masón era, al parecer. ¿Judeo-masón? Posible, en familia de médicos... En fin, aprovecho para comprame un recuerdo: los tres volúmenes de Textura del Sistema Nervioso del Hombre y de los Vertebrados, por "S. Ramón Cajal", sic; esta semana precisamente hace cien años que le dieron al hombre el Premio Nobel. En la Universidad de Zaragoza no lo quisieron de catedrático... y ahora lo tienen presidiendo el Paraninfo, Lincoln-like. Vueltas que da la vida.

Seguimos camino hacia San Juan de la Peña, y pasamos al lado de los Mallos de Riglos, que dice Ivo: "Uau! Es de alto como el Empairen Stein! Pero no: parece ser que (bueno, según se mida) el Empáirenstein es más alto que los Mallos. Pero no más impresionante.
Mallos de Riglos



Adentrándonos en el "Reino de los Mallos" pasamos por el Pantano de la Peña, por Triste (volveremos por Bailo), y damos vueltas y revueltas sin fin hasta llegar por fin, cuando ya se iban los últimos visitantes, a San Juan de la Peña. Donde dicen que, dicen que, hace mil años se guardaba el Grial. Lo que sí parece es que el lugar ha debido ser sagrado desde tiempo inmemorial. Sin turistas, y anocheciendo, todas estas montañas vacías, de camino a Santa Cruz de la Serós, parecían una fortaleza natural donde los monjes se hubiesen atrincherado durante siglos en un lugar que nadie les fuese a disputar.

La vuelta, a oscuras, se nos ha hecho un poco larga, y es que los pequeñajos se resienten de las excursiones domingueras. El susto ha sido cuando nos hemos encontrado con una pareja de jabalíes en la carretera. Jabalíes, o jabalís, o aun jabalines, que les dicen en mi pueblo. La jabalina (creo) aparta al jabato que la seguía, sacándolo de la carretera con un golpe de hocico decidido. Nos hemos librado, o se han librado, por poco. También un lironcillo que ha pasado corriendo y le ha recordado a Pibo el cuento de un lirón que se está leyendo, Gringolo.

20061029163320-jabalin.jpg

 


Sin más incidentes ni amagos de colisión hemos llegado a la autovía. Y cuando hemos estado otra vez entre las luces de neón y la publicidad en Zaragoza, parecía talmente que terminábamos de hacer un viaje a través del tiempo, y de bastantes siglos por cierto. Hasta un poco shockeados estaban los enanos creo... cuando he propuesto otra excursión a ver los mallos de Agüero, se han desapuntado, con grandes aspavientos.
(PS: cuando les pregunto qué les ha gustado más de la excursión, contestan los tres: "¡Los macarrones!").
 

Los Guardianes del Sueño

 

Etiquetas: Diario




Retroposts

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Retropost (2006): En Tropelías


En Tropelías (sic)

Publicado en Literatura y crítica. com. José Ángel García Landa

Me he acercado los ratos que he podido por el Seminario de Investigaciones Culturales "Tropelías", organizado por el área de Teoría Literaria de nuestra universidad (Túa Blesa, Alfredo Saldaña et al.), y aparte de ponencias de días anteriores sobre Espinosa, Javier Marías y otros, he escuchado esta mañana a Túa hablando sobre Gimferrer y a Darío Villanueva sobre la poética de la novela de Francisco Ayala. Y además de escucharlos con mucho gusto, también me he escuchado hacer preguntas o comentarios desde el público (con una voz que siempre suena un tanto ajena en estos casos, y que no la escucho con todo el gusto que esperaba pero que debe de ser la mía).

Bueno, pues Túa hablaba sobre la poética de innovación permanente de Gimferrer, su herencia de tradiciones rompedoras (entre otras de mis lecturas de adolescente modelnista, Rimbaud y Lautréamont)—la de Rubén Darío, la del surrealismo, el modernismo à la Saint-John Perse, Eliot y Pound... y su autor-reinvención con cada libro, en una trayectoria que quiere evitar el "autoepigonismo" y mantener a la poesía en una búsqueda permanente que es su misión.... "su misión: insumisión", apostillo, y especulo sobre maneras de figurar las trayectorias creadoras de los escritores, siguiendo la inspiración matemática de las trayectorias e inflexiones de Túa:

- El punto y parado, o el círculo vicioso, para los escritores que no salen de lo mismo, los autoepígonos.
- La ideal línea recta, para los escritores que siguen siempre adelante, westward ho, sin volver a pisar terreno ya pisado.
- Pero claro, en la Tierra (decía Bonilla) siguiendo adelante volvemos a donde ya estábamos. Igual así hemos trazado un círculo inabarcable para nuestra vista. Quizá haga falta otra persona que nos diga cuál es el centro del círculo que hemos trazado mientras creíamos trazar una recta, en sucesión de estilos, maneras y nuevas identidades y preocupaciones... Sublunarmente, no me parece la recta una opción realizable; toda recta es ideal.
- A mí me gustan las espirales (Nota 1). La espiral tiene algo de progreso y algo de retorno; da vueltas sobre un centro, sin por ello ser un círculo vicioso. Va abarcando cada vez más terreno, abre espacios nuevos sin por eso dejar de tener un centro de gravedad. Creo que seguramente todos nos movemos en espirales, alrededor de nuestras estructuras de personalidad, o temáticas centrales o métaphores obsédantes, auque las vayamos ampliando con nuevas preocupaciones y conocimiento, en nuestro viatge a esa Ítaca que a la vez está en el centro y en la periferia de nuestro mundo a la que nunca llegamos. Queda para un tercero, para un crítico quizá, el ver el trayecto espiral o la amplia circunferencia que describe lo que nosotros percibimos como una recta, o como un divagar en direcciones diversas. Esa figura geométrica es, quizá, una función de la percepción.

Darío Villanueva da un repaso admirable al contexto intelectual de la teoría de la novela de Ayala dentro de los parámetros del pensamiento teórico del siglo XX: sus preocupación por el lector ficcionalizado, ideal en el sentido de implícito en la comunicación narrativa; las concomitancias de este modelo con las ideas de Booth, las de Bajtín, las de Ingarden e Iser, o de los narratólogos franceses. (Apunta también, cosa con la que concurro, los problemas de Iser a la hora de determinar la relación entre el lector implícito y el lector efectivo). Señala DV la influencia por la fenomenología por sus estudios en Alemania. Su continuación de la herencia de Cervantes, y de ese pronunciamiento crucial del Cura sobre la verdad de la ficción: que reside su éxito en el encuentro de autor y lector sobre el texto, sobre unas convenciones de comunicación compartidas. Describe Villanueva un curioso texto de Ayala: tras Muertes de Perro, en El fondo del vaso nos presenta lo que Booth llamaría un narrador no fiable... y lector no fiable a la vez, pues es uno de los lectores de Muertes de Perro que toma la defensiva del dictador contra lo que para él son los infundios que se han publicado en Muertes de Perro, así como contra la manera solapada en que se comunican esos infundios por medio de la ironía.

Yo sugiero que podría verse ahí un síntoma de la hiperconsciencia de Ayala frente a sus lectores: el exiliado teme que sus textos no van a ser bien leídos, sabe que van a encontrar una lectura hostil, quizá; y responde apoderándose del lector hostil, del lector imprevisto, para volverlo a incluir en el círculo idealizado de la comunicación textual. En la práctica de Ayala encontramos pues una dialéctica que va más allá del formalismo (si bien la estructura formal de la obra contraataca, exigiendo ser leída a su manera). Pero ¿encontramos una teorización de esas importantes figuras lectoras que deberíamos añadir al lector implícito? Me refiero al lector hostil, por una parte, y al lector crítico, por otra, dos figuras que comparten una porción de territorio común además de ser bien diferenciables. El lector hostil no aceptará los valores del autor o la justeza de sus representaciones. El lector crítico va más allá del papel que le encomienda la obra, del lugar que le tiene preparado. Una obra crea espacios en blanco para ser rellenada, con la colaboración del lector, pero cuenta con un lector amistoso, favorable, que no entre a rebatir sus presupuestos... Ahora bien, un lector crítico puede hallar huecos en el texto que no han sido previstos por el autor, cosas que faltan porque el autor no ha sabido o no ha querido ver: y la labor del crítico es señalar y completar esas ausencias, de una manera que no consta precisamente en el proyecto estético o ideológico de la obra. Una obra quiere ser leída, pero sus mejores críticos no son los que la leen tal y como quería ser leída. Van más allá: son lectores resistentes, o no invitados, o respondones. Los autores no suelen gustar de los críticos, porque los críticos también son autores, y lejos de escribir ficciones, intentan apropiarse de las de los autores, disputándoles su autoridad, y hasta su autoría si se tercia. Intolerable.

Nota 1: José Ángel García Landa, “Tematización retroactiva, interacción e interpretación: La espiral hermenéutica de Schleiermacher a Goffman.” En Hans-Georg Gadamer: Ontología estética y hermenéutica. Ed. Teresa Oñate y Zubía, Cristina García Santos and Miguel Ángel Quintana Paz. Madrid: Dykinson, 2005. 679-88.

Crítica acrítica, crítica crítica







Retroposts

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viernes, 28 de octubre de 2016

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