Piedad y distancia
domingo, 18 de septiembre de 2016
Piedad y Distancia
Piedad y Distancia: Un estudio sobre la Grecia Clásica es una tesis excelente sobre religión y filosofía griega, leída este año por Lucas Díaz López en la Universidad Complutense; yo la conozco a través del "Discurso de defensa de la tesis doctoral 'Piedad y distancia. Un estudio sobre la Grecia clásica'" publicado por el autor en su blog Diaporía (26 enero 2016):
Es una argumentación admirable, por la manera en que integra cuestiones tan diversas referidas a la filosofía de la historia y las distintas fases del desarrollo de la cultura griega. Me quedo pasmado, y me quito el cráneo—sobre todo viendo lo relevante que es el planteamiento para una serie de cuestiones que me interesan sobre las dimensiones narrativas de la crítica, la retrospección y la distrosión retrospectiva, lo que a veces se ha llamado la “teoría Whig de la historia” (casi me extraña no ver la cuestión aludida aquí, posiblemente la trates en la tesis, aunque ya va bien repletita). Me quedo sin embargo con la duda de si no reproduce la tesis el paso aquí descrito como en Solón como sigue- “Él hace algo que, según lo que él mismo hace, no puede hacerse. Esta paradoja reaparecerá a lo largo de la investigación”—reaparecería, digo, en la voluntad de relativizar la razón histórica, reduciéndola en cierto modo a una función de nuestra perspectiva o finalidades, a la vez que se intenta (como no podría ser de otra manera) captar la especificidad histórica del fenómeno. ¡Al menos hay ahí una tensión, habrás de reconocerlo!
Veo ahora que la tesis está accesible en la Complutense en PDF, además de en el propio blog. También, por cierto, cita mi libro sobre Acción, Relato, Discurso— tanto en la tesis como en el blog.
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Al pie del mar
Retropost (2006): Desde el Salto de Roldán
Ayer hicimos una excursión con los chavales al Salto de Roldán, a ver buitres un rato. Qué pequeñito se ve todo desde ahí arriba: el espacio, y el tiempo; el pasado desde la última vez que estuve, hace unos quince años, cuando hicimos una excursión (otra primera persona del plural, otra gente, alter ego probablemente); subimos a la ermita que hay encima del mallo y luego bajamos a bañarnos al río Flumen... pero nunca te bañarás dos veces en el mismo flumen.
Y sin embargo, se detiene: se me juntan en la memoria varias excursiones allí—es curiosa la disociación que se produce. El pasado parece a la vez lejano, y aquí mismo, cuando vuelves a un sitio de esos a los que vas cada diez años. Los años vuelan, y a la vez parece detenido el tiempo. También podías estar en la Edad Media. La misma puesta de sol, los mismos buitres (si son los mismos ruiseñores los de Borges); a la vez lejos y la misma. Quizá la vida parece pequeña por esa superposición súbita de años que se han ido de golpe, la llanura enorme, y la ciudad diminuta, vista desde la altura. Me viene a la cabeza mientras oteo el panorama del pasado, y del futuro posible: "Una vez más aquí, en un tiempo de vida, y en un lugar de España, como tantos... recuerdo y no recuerdo lo que nunca he vivido".

Bajo conduciendo meticulosamente a paso de tortuga por la pista para no acabar mis meditaciones en el fondo del precipicio, y luego volviendo a Zaragoza por la autopista, ya de vuelta al presente, se nos plantea el siguiente dilema moral y legal:
- ¿Es legal, es cívico, es ético, conducir por la autopista a la velocidad máxima autorizada de 120 por hora, manteniendo el carril izquierdo sin echarse a la derecha para que te adelanten los que quieren ir a más de 120?
Problema sin solución clara, seguramente.
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