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Pasodoble en el Coso

sábado, 28 de mayo de 2016

Pasodoble en el Coso

 

Pasodoble en el Coso

Rocio Monasterio de VOX frente a Puigdemont: Sin Ley No Hay Democracia

sábado, 28 de mayo de 2016





El derecho a ofenderse (The Right to Take and Give Offence)

sábado, 28 de mayo de 2016

Se trata de un análisis conceptual de la tolerancia y de la intolerancia, del derecho a ofender y a recibir ofensas, en el seno de una sociedad abierta y multicultural, al hilo de un comentario de David Lane sobre el teatro controvertido y la corrección política en Contemporary British Drama (2010).

El derecho a ofenderse


 

nackt
























 English abstract:

The Right to Take and Give Offence

A conceptual analysis of toleration and intolerance, of the right to give and receive offence, within an open and multicultural society. This is done by way of a response to David Lane’s comment on controversial drama and political correctness in Contemporary British Drama (2010).


Note: Downloadable document is in Spanish.
 

Number of Pages in PDF File: 7
Keywords: Offence, Toleration, Intolerance, Blasphemy, Multiculturalism, Open society, Freedom of speech, Democracy


Reference Info: Ibercampus (Sept. 1, 2014)




 

eJournal Classifications (Date posted: January 16, 2015)
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_____. "El derecho a ofenderse." Academia 28 May 2016.
    https://www.academia.edu/25674364/

_____. "El derecho a ofenderse." ResearchGate 28 May 2016.
    https://www.researchgate.net/publication/303589792




El derecho a ofenderse



—oOo—

Retropost: Muertes paralelas / No se fusila en domingo

sábado, 28 de mayo de 2016

Retropost #955 (28 de mayo de 2006): Muertes paralelas / No se fusila en domingo



Me acabo de comprar Muertes paralelas, libro en el que Fernando Sánchez Dragó reconstruye la muerte de su padre Fernando (Sánchez) Monreal, asesinado por los falangistas en el verano de 1936, y vuelve sobre la manera en que ese hecho ha marcado su vida irremediablemente.

 

Me lo he comprado porque mi abuelo, Ángel García Benedito, maestro nacional y hombre bueno, fue también asesinado por los falangistas ese mismo verano de 36, dos meses antes, a pocos días del infame 18 de julio. Promete ser una lectura interesante. Todas las familias españolas están marcadas por la Guerra Civil, así que no creo que haya una afinidad tan espectacular en este caso, ni en el paralelismo de su padre con José Antonio Primo de Rivera que da título al libro de Sánchez Dragó. Pero sí hay claro, elementos en común. También cosas que matizar.

 

Se pregunta Sánchez Dragó por los asesinos de su padre:

 

¿De qué Falange estamos hablando? ¿En qué medida eran falangistas auténticos, camisas viejas, los energúmenos y recién llegados que impusieron por doquier, en toda la extensión de la zona nacional, durante los dos primeros meses de la guerra, su inicua ley del gatillo? ¿A qué tipo, a qué facción, a qué clase de Falange, en suma, pertenecían los asesinos de Fernando Monreal y Luis Carreño?
    Responde Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y autor de varios libros sobre la guerra civil (Entre ellos, escrito a medias con Santos Juliá, Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, 1999), en una entrevista de enero de 2003 recogida por Montse Armengou y Ricard Belis en su obra, ya citada por mí, Las fosas del silencio. Éste es su testimonio:

 

     "Cuando se produce la sublevación militar en julio del 36, Falange es un grupo minoritario que, a diferencia de otros partidos fascistas europeos, como el italiano y el alemán, no ha creado una organización de masas ni ha tenido éxito en la movilización política dentro del sistema democrático. A partir de julio del 36, Falange es un partido que crece en tromba, porque mucha gente —católicos, ex-votantes de la CEDA, etc.— se sienten protegidos por este partido que crea una imagen de violencia y exterminio de los rojos. Hay una parte de imagen y otra que es real. Sin ninguna duda, Falange es un partido de promoción de la violencia, que la pone en práctica durante el llamado terror caliente del verano del treinta y seis. Actúan de verdugos de muchas de las víctimas que estamos analizando en los últimos años. El ejército tiene que intervenir algunas veces, porque los falangistas se están extralimitando en sus funciones." (Ob. cit., pp. 53 y 54).

 

    Y añaden de su cosecha los autores del libro citado: 

 

"Falange Española era un grupúsculo político que en las elecciones de febrero de 1936 recibió tan sólo cuarenta y cinco mil votos y no obtuvo ningún diputado. Su estética uniformada, el culto a José Antonio Primo de Rivera y la utilización que Franco hizo de ella inflaron la presencia y la influencia de la formación. No es de extrañar que algunos investigadores opinen que aquel partido de estilo fascista y paramilitar se creó a medida para el golpe del 18 de julio. Ello resulta verosímil si pensamos en el papel que los camaradas de Falange desempeñaron en detenciones, torturas, violaciones, paseos, mareos, limpias y toda la terminología inventada para designar una sola cosa: asesinatos en los cuales se disputaban el protagonismo con los militares y la Guardia Civil. Joan M. Thomas, historiador que ha investigado a fondo la Falange, cree que una mayoría del partido participó con entusiasmo y por iniciativa propia en la represión, sobre todo en los primeros tiempos de la guerra." (Ob. cit. pp. 54 y 55)
 

 

(Sánchez Dragó, Muertes paralelas 222-24)

 

Sobre la descripción de Casanova, aclararé que no la cito, (ni yo ni Sánchez Dragó, supongo) con ánimo de negar que grupos criminales/terroristas del bando contrario hayan cometido actos comparables— probablemente incluso más numerosos antes de la guerra, y menos reprimidos ésos por las autoridades del Frente Popular. Sí matizaría, estando de acuerdo con esta descripción en términos generales, que el calificativo de "verdugo" (aplicado hoy con frecuencia también a los terroristas etarras o islamistas) está invariablemente mal empleado. Un verdugo ejecuta a un reo por mandato legal tras un proceso judicial; estos falangistas eran grupos terroristas no amparados por ninguna legalidad que ni yo, ni Casanova, ni Sánchez Dragó supongo, reconozcamos. De ahí que el término esté mal utilizado para describir a esas pandillas falangistas: eran asesinos, no verdugos. Un verdugo es lo que hubieran merecido ellos, en un mundo mejor ordenado. 

 

Continúa inmediatamente Sánchez Dragó, comentando la exposición de Las fosas del silencio:
 

 

Bien. . . o mal. O las dos cosas. Separemos el trigo de los datos de la paja de las opiniones. Todo lo que dice Julián Casanova es cierto, o lo parece, aunque no sobraría recalcar que la promoción de la violencia llevada a cabo por la Falange fue posterior al Alzamiento [tch tch, ese lenguaje . . . ] y no —en contra de lo que la propaganda izquierdista, [sic la coma] ha conseguido infundir en muchas molleras de ésas, tan abundantes, a las que nada importa deglutir ruedas de molino- anterior a él. Al Alzamiento, decía. . . [re-sick] (Sánchez Dragó, 224).
Supongo que cada uno cuenta la guerra según le va. Pero debería informarse más Sánchez Dragó antes de pontificar así sobre la inocencia original de la Falange. A mí desde luego me deja un tanto escéptico . . . 

 

Tampoco es de recibo, sino que antes bien suscita indignación, la mía al menos, lo que Armengou y Belis hacen al dar por buena —no es de extrañar, dicen— la delirante opinión, sostenida, al parecer, por algunos investigadores, cuyos nombres no citan (aunque con esta observación no esté poniendo yo en duda su existencia, seguro que los hay, y a chorro) de que la Falange se creó,  vivir para oír, ¡a medida para el golpe del 18 de julio! Ni que decir tiene que los signos de indignación, que no, en modo alguno, de admiración, son míos. (Sánchez Dragó, 224)

 

Aquí critica Sánchez Dragó el hindsight bias que supone el ver en la fundación de la Falange una prefiguración de la Guerra Civil. Y pasa a culpar al vandalismo del Frente Popular el crecimiento del desorden que llevó a la espiral de violencia. Bien, desde luego la fecha del 18 de julio no aparece en el acta fundacional de la Falange. Pero, habida cuenta de los precedentes fascista y nazi, ¿alguien puede dudar que estaba entre los sueños, delirantes quizá entonces, de la Falange, el hacerse con el poder al estilo camisa parda, negra, o azul, y arramblando con el régimen, comunista o demócrata, que hubiese en su momento? ¿Se iban a suprimir los partidos, y "el capitalismo", y se iba llevar a cabo el programa joseantoniano, sin usar la violencia? Vamos, hombre. . .  menos indignación, y más clarividencia, que estás escribiendo memoria histórica, no desmemoria. Los demócratas escaseaban en el 36, tanto en la derecha como en la izquierda; ambas estaban más que dispuestas a hacerse con el poder por la fuerza, y a llevar a cabo lo que ambas denominaban una Revolución—que ya se sabe que no son pacíficas. Y quienes sí eran demócratas en teoría, y debían haber sabido mantener la ley y gobernar con justicia, tampoco lo supieron hacer, y se dejaron llevar por sectarismos y favoritismos. E indultaron a golpistas de toda especie.
Pero lo de Sánchez Dragó es un caso de trauma político profundo—para acabar en este libro declarando su admiración a la Falange actual y a la de José Antonio, a las que por una extraña maniobra mental no asocia apenas con la Falange que realmente existía en 1936. Sobre las raíces de esta pirueta conceptual, y de la simbología traumatizada que subyace a ella, puede verse mi comentario en el artículo "Paralelismos traumáticos".

 

Pero quieras que no, tiene que reconocer Sánchez Dragó algunas dur’simas verdades . . .  que de eso va su libro, se supone:

 

Pero es, efectivamente, y por desgracia, exacto lo que los dos autores en cuestión dicen acerca del triste y bárbaro papel que motu propio [proprio, más propriamente] desempeñó la Falange, o quienes por falangistas se despachaban [¿¿?? —ah. ¿igual eran rojos, o esperantistas?], en los primeros meses del conflicto.
    Será, concluyen Armengou y Belis, "posteriormente cuando comiencen las discrepancias al ver algunos falangistas que el objetivo de Franco de exterminar al enemigo se perpetúa: algunos camisas azules creen que esa aniquilación puede ser contraproducente para el partido y para su proyecto de España, más integrador [tras la desintegración del enemigo y del chivo expiatorio, será]; el propio Manuel Hedilla, jefe de la Junta Provisional de Falange, dirige a sus subordinados una circular en la que les advierte:

 

’Insisto con el máximo interés en que las operaciones de represión se controlen con todo celo, no cumpliendo otras órdenes que las dictadas por las autoridades competentes [tiene chiste esto de las ’autoridades competentes’]. Es menester evitar que sobre la Falange se eche una fama sangrienta que pueda perjudicarnos en el porvenir. No se castigará a nadie sin averiguación de sus antecedentes y sin orden de la autoridad competente’." (Ob. cit., p. 55)

 

Lo malo —lo malo, se sobrentiende, para mi padre y, en consecuencia, también para mí —es que la circular de Hedilla no se cursó hasta el 29 de septiembre. ¡Demasiado tarde, una vez más, para que de ella se beneficiaran Monreal y Carreño! [¿y más gente, se sobreentiende? Aunque los criterios de Hedilla para el asesinato organizado administrativamente eran también muy inclusivos]. Pero, en todo caso, y por eso cito lo que cito, siguen cuadrando al dedillo las cuentas relativas a lo cerca —horas, días, dije— que anduvo mi padre de salvar el pellejo.  Ya sé que los quejíos de plañidera emitidos a pitón pasado no sirven para nada, ni, menos aún, resucitan al difunto, pero una y otra vez, tenaz, machacona, estalla y tabletea, dentro de mí esa pueril exclamación, más propia de espectadores de partidos de fútbol o de jugadores de lotería que de adultos dotados de sentido común y criterio, que reza:
—¡Huy! ¡Por un pelo!
O por un palo: el de la portería.
En el caso de mi abuelo, ni pelo ni cabellera. Fue el primer asesinato de la comarca. Quizá hubiera podido escapar a Francia, como mi otro abuelo, con la cuadrilla de requetefachas pisándole los talones. . .  Pero claro, no tenía ninguna razón para escapar de nadie—de nadie racional. Y mucho confía Sánchez Dragó en el "orden" que puso Hedilla (ná menos . . . ). No debería. Los fusilados por orden de la Autoridad golpista están igual de fusilados.
Y es que, por infantil que parezca mi reacción, eso es exactamente lo que me sugiere el cúmulo de datos y opiniones, procedentes de los dos bandos en liza, con los que sin proponérmelo, y en desorden, al hilo de la concepción y la elaboración de este libro, me he ido topando hasta llegar a la convicción —la tengo— de que en la zona nacional, como mínimo y quizá tambien en la otra, pero de eso hoy por hoy no estoy seguro (más bien me inclino por lo contrario), la represión ciega, indiscriminada, injustificada, indocumentada, de quienes no eran combatientes sino pueblo a secas, y vestían de paisano, se detuvo muy pronto, en la segunda mitad del mes de septiembre, debido a la confluencia de tres vectores: la llegada a las cárceles de los efectivos de la Cruz Roja, el férreo control establecido a partir de un determinado momento por las fuerzas armadas y la toma de conciencia de los mandos de la Falange genuina [¿¿los buenos?? ¿¿ya había dos Falanges??] respecto a las atrocidades que como perros rabiosos sin correa, vacuna ni bozal estaban perpetrando sus supuestos conmilitones. [El supuestos juro que es de Sánchez Dragó; el Times 18 es mío).
Wikipedia: En 1944 fuentes del Ministerio de Justicia aseguraron que unos 190.000 prisioneros murieron o fueron ejecutados en prisión. Como se ve, hay opiniones para todo. . . La represión y exterminio, ya no desorganizados, sino sistemáticos, continuaron durante años. A mí el convencimiento aparente de Sánchez Dragó de que tras unos meses sólo hubo muertos en combate, o la cortina de humo que se echa ante los ojos con las ejecuciones legales del franquismo, no sé, me parecen un tanto pasmosos. 

 

"¿Conmilitones? Bueno, bueno . . .  Dejémoslo, con grima y rima fácil, en matones, en killers,  en sicarios a sueldo, que en muchos casos, aunque no, desde luego, en todos, ni siquiera podían esgrimir en su descargo el nauseabundo atenuante de que obedecían órdenes o la coartada ideológica, aún más repulsiva, de que actuaban así para extirpar la mala hierba del país, orear la atmósfera y salvar la patria. Lo digo con la autoridad que para ello me confiere otro dato, otra certeza casualmente aportada por el zigzagueo de las lecturas, conversaciones e investigaciones que preceden o corren paralelas al alumbramiento de este libro. Me refiero a la horripilante hoja de pagos reproducida por Armengou y Belis en su tantas veces por mí citada obra y relativa a la contabilidad llevada a cabo por la delegación de Falange Española en el pueblo sevillano de Los Corrales durante varias semanas del año de 1936 (Ob. cit., p. 264). En ella, taxativa y contundentemente, con modos, modales, pelos y señales que no dejan mucho espacio para la duda, se incluyen "listados con nombres de personas que reciben dinero de la tesorería local de la Falange. Llama la atención que algunas personas percibieran en distintas épocas unas cantidades que eran considerables en la éoca, pero aún sorprende más que la cifra de treinta y cinco pesetas, que se repite con frecuencia, fuera el precio que se consideraba que correspondía cobrar por asesinar a alguien. Si tenemos en cuenta que en Los Corrales murieron asesinadas setenta y ocho personas y que los nombres de quienes cobran son los que distintos testimonios apuntan como los de quienes se ocupaban de llevar a los detenidos al cementerio —donde los ejecutaban después de haberles hecho cavar su propia fosa— el documento resulta revelador en lo tocante a la responsabilidad de elementos de la Falange en aquellos crímenes". (Ob. cit., p. 56)

 

     ¡Siete duros! Un pastón. Se entiende que hubiese tantos animales dispuestos a convertirse en asesinos. Todo necio confunde valor y precio.

 

     ¡’No, no! ¡qué digo! ¿Siete duros? Muchos más, porque ése era el precio per cápita, y podían ser bastantes las cabezas de ganado —como a tales, de hecho, las consideraban y trataban— que en cada limpia, en cada operación de higiene ideológica, eran conducidas al matadero.

 

 

     Me pregunto si cobraron los asesinos de mi padre esa u otra cantidad y lo que, caso de ser así, hicieron con ella. . . ¿Irse de putas? Seguro que no. Iban, entonces, muy baratas, y para eso, además ya dispon’an, y por añadidura gratis, de sus respectivas madres.

 

     Aunque fuesen unas santas.

 

     "Pablo Uriel tenía veintidós años y la carrera de médico recién acabada cuando, aquel aciago julio de 1936, se desencadenó la guerra. . . "

 

     Pertenecen estas líneas al prólogo añadido por Ian Gibson a la excelente obra de narrativa autobiográfica No se fusila en domingo (Pre-Textos, Valencia, 2005), en la que el médico citado —que era, por cierto, de Soria, como yo llegué a serlo, ya talludo, por vía de generosa decisión municipal— evoca las vicisitudes de su existencia, y algunas de las de España durante el mismo período, en los años de la guerra civil. Viene a cuento, me parece, reproducir ahora algunos párrafos de su libro: (Sánchez Dragó, 226-28)

 

Con este testimonio de Pablo Uriel narra Sánchez Dragó, por vía interpuesta, el asesinato de su padre, mejor que en propia voz. Es sorprendente en el texto que sigue, valiente y estremecedor, y a la vez consciente de la importancia del lenguaje, cómo continúa, sin embargo utilizando el vocabulario de los terroristas para describir sus crímenes, a la vez que denuncia esa infección del lenguaje ("verdugos", "paseos", "ejecuciones"). Y con esos párrafos de No se fusila en domingo termino yo este post tan largo y tan hablado por vía interpuesta. Son éstos:

 

    "El papel de verdugos y ejecutores se asignó en Zaragoza a los falangistas y a la Guardia Civil. En la ciudad existían pocos falangistas antes del 18 de julio, pero sus filas fueron engrosadas rápidamente por miembros de otras organizaciones de derechas. Se podía seguir muy bien el proceso mental que les conducía a la pendiente de las ejecuciones. En la práctica, todo falangista intervino alguna vez en esos asesinatos, considerados por sus jefes como actos de servicio a la patria. Si el acto daba lugar a una conmoción psíquica de rechazo o repulsión, el hombre se enrolaba en seguida en alguna unidad combatiente y marchaba al frente, ansiando una lucha más noble. Aquellos que descubrían en disparar sobre un hombre indefenso una fuente de placer quedaban adscritos de modo permanente a las escuadras de verdugos. [Verdugos a sueldo de un régimen fascista, asesino y traidor, repito: no verdugos sin más]. Poco a poco, por un mecanismo de selección, fueron quedando en la retaguardia agrupaciones de jóvenes sádicos a los que se dio amplios poderes para la limpieza. Ellos usaron y abusaron de estos poderes, entre la complacencia hipócrita de las personas de orden, que no mancharon sus manos de sangre pero señalaron a las víctimas, desentendiéndose luego de la suerte que pudieran correr.

 

    "En sus cuartelillos, estos jóvenes degenerados elaboraban la lista de sus víctimas cada noche; a estas listas se añadían otras, facilitadas por la policía o el ejército. Al anochecer iniciaban sus correrías, recogiendo de las cárceles o de sus domicilios a las piezas sobre las que iban a disparar. Al volante de sus camiones o de grandes turismos Buick o Chrysler de los años treinta, disfrutaban en sus cortos viajes del contacto estremecedor con sus víctimas, en un placer anticipado del agudo y supremo goce de disparar sobre aquellos hombres, mujeres o niños que morían de una manera tan fácil.

 

    "Al principio quedaban los cuerpos allí, en las canteras o en las cunetas de las carreteras, a la vista de todos. Luego intervino ya la máquina administrativa y esos cuerpos eran recogidos y enterrados en los cementerios próximos o llevados a la fosa común del de Zaragoza.
     "Otros pasaron antes por la sala de anatomía de la Facultad de Medicina de Zaragoza, donde sus datos fueron registrados, y de allí salieron en su último viaje al cementerio o la incineración Los que dejaban su nombre en el registro necrológico de la facultad tenían siempre el mismo diagnóstico: traumatismo craneal.

     "Todos los vencedores colaboraron con los verdugos falangistas con su conformidad. Los muertos no tenían un nombre, ni unas circunstancias personales; eran ’rojos’. Las muertes no eran muertes, eran ’paseos’. Y la fuerza de las palabras desempeñó un buen papel en aquella conformidad.
     "Los hombres que no ejecutaban denunciaban, y, al enterarse de que el denunciado hab’a sido paseado, imaginaban en seguida que su denuncia habría servido para descubrir en la víctima otros horrendos delitos. Aquel denunciado había resultado ser un rojo perdido, y la hora de la justicia había sonado en España.

 

     "La aquiescencia de la Iglesia costó miles de vidas. Conocía mejor que nadie la cuantía de víctimas cada noche, puesto que los sacerdotes asistían a las ejecuciones. Jamás se preguntó si aquellas muertes ilegales eran o no lícitas. No se habló de ello en los púlpitos, y si algún sacerdote lo hizo fue pronto llamado al orden por sus superiores. Si reincidió fue detenido. Algunos religiosos de un convento próximo a la cárcel ingresaron en las celdas porque se habían permitido pedir clemencia desde sus púlpitos y porque sus palabras llenaron el templo de fieles que buscaban un consuelo.
     "Aunque es muy triste decirlo, muchos de estos sacerdotes encontraron en las ejecuciones un placer inconfesable. Algunos por curiosidad, otros por deleite y unos pocos por cumplir allí una misión trascendente, acudían de buena gana a presenciar los asesinatos.  Esta colaboración gustosa sólo se vio enfriada por algún incidente peligroso, como el ocurrido durante unas ejecuciones en las canteras de Casablanca. Uno de aquellos rojos, en el momento crítico, pasó sus manos esposadas por encima del haz de los faros del coche que iluminaba la escena. Los verdugos, ya nerviosos por la ceremonia, se asustaron ante aquel revuelo inesperado, y dispararon generosamente sus fusiles. Aquel sacerdote murió abrazado a su rojo.
    "Algunos de estos falangistas, al regreso de sus orgías, acudían a un confesor ya designado para ellos. Allí vertían la confidencia de sus pecados de esa noche y recibían la absolución. No eran confesiones muy ortodoxas, puesto que no se les exigía la contrición indispensable, pero la conciencia quedaba así adormecida y las orgías podían continuar en noches sucesivas. El confesor solía preguntar a su confidente si había sentido odio hacia aquellos hombres que se había visto obligado a matar en cumplimiento de su deber patriótico. La respuesta era siempre negativa, ¿por qué razón iba a sentir odio por aquel desconocido?

 

     "El ejército, salvo en los pocos casos de consejos de guerra, no intervino directamente en las ejecuciones, al menos en Zaragoza. Pero cuando deseaba deshacerse de algún soldado políticamente desafecto, no vacilaba en entregárselo a la Falange para que lo castigase de la única forma como sabía. El Ejército sí es culpable del asesinato de prisioneros de guerra, sobre todo si éstos pertenecían a las Brigadas Internacionales. En este caso el fusilamiento era inmediato y automático. (Ob. cit., pp. 63 y 66)
[Sánchez Dragó: ] Hasta aquí, la de cal. Más adelante, en el mismo libro, la de arena . . .
     "Las primeras horas ese día habían sido una confirmación gozosa de todas mis previsiones. El comportamiento del ejército republicano con sus prisioneros era exactamente el que yo había esperado: el que había anunciado a todos los que temían caer en manos del enemigo.
    "Pero a partir de las nueve o nueve y media de la maana, me enfrenté de pronto con unos hechos para los que no estaba preparado. El comportamiento bochornoso del ejército republicano me proporcionó una decepción que es, sin duda alguna, la mayor que he sufirdo en mi vida. Yo estaba preparado psicológicamente para soportar la crueldad de los franquistas; la encontraba consecuente con los esquemas previos. Pero encontrar esa misma brutalidad en el campo de mis amigos fue una experiencia cuyas consecuencias pesaron sobre mí durante muchos años." (Ob. cit., p. 371)

 

    Sobran las apostillas. Sobran también, y más, si cabe, las banderías, los sectarismos, los posicionamientos ideológicos.

 

 

    ’¡Qué asco!

 

(Sánchez Dragó, Muertes paralelas 226-31, citaba No se fusila en domingo, de Pablo Uriel)
(PS: pongo este comentario en el Blog de Fernando Sánchez Dragó: 

 

 

Sobre el paralelismo de las muertes, comparto y respeto la voluntad de Vd. de evitar partidismos, cainismos, etc. etc. y dar estopa a ambos bandos, que en ambos hubo muchos que la merecen.
Sin embargo, creo que los paralelismos están mal elegidos, y más para elegir figuras emblemáticas para la portada. Es excesiva la desigualdad entre una pandilla de fascistas dando "paseos", es decir, asesinando a ciudadanos no combatientes, y un poder legítimamente elegido, en tiempo de guerra, condenando a muerte al líder de una banda fascista, golpista y terrorista. Aunque se esté en contra de la pena de muerte; aunque el juicio no tuviese garantías.

No es lo mismo, y no es un paralelismo aceptable. A mi abuelo también lo asesinaron los falangistas, y si escribiese un libro podría ponerlo en la portada, en "paralelo", con algún pobre cura asesinado por milicianos, pongamos. Nunca, por supuesto, con José Antonio Primo de Rivera, jefe de los que tanta gente asesinaron. En fin, prefiero pensar que es un exceso de ecuanimidad por su parte, si tales excesos son posibles.



_____________________________________

post-scriptum, 2009. Setenta años después:

 

 

El eco de las descargas
 

Si los asesinos de las milicias de izquierdas se ensañaron con los curas, los falangistas y demás fascistas escogieron a los miembros de los sindicatos y a los maestros como víctimas favoritas para su campaña de terror.  Estas sí son muertes parelelas—las historias de asesinatos de maestros guardan un triste parecido. Hace poco se hizo en Zaragoza un pequeño acto de homenaje a los maestros asesinados en Aragón. Entre ellos estaba mi abuelo Ángel García Benedito, residente en Biescas y por entonces maestro de Escuer. Había sido el gran impulsor del traslado del pueblo de Escuer Alto y su refundación en el valle, ayudando y aconsejando a los vecinos que se reubicaban allí, para intentar mejorar sus penosas condiciones de vida. Otros muchos maestros se implicaron en mejoras sociales más de lo que gustó a los caciques, poderosos y conservadores, y su papel ejemplarizador hizo que los fascistas decidiesen utilizarlos para dar la última lección, como decía Castelao:

 




Fueron, como dice el título del libro de María Antonia Iglesias sobre ellos, "los otros santos, los otros mártires" de la guerra.



Uno de los relatos del asesinato de mi abuelo apareció en un libro que describe la represión en la Jacetania y el alto Gállego—El eco de las descargas, de Esteban C. Gómez, editado por el autor (Barcelona, 2002). Aquí hay unos pasajes. 

 


 

Tras ver frenado su Golpe de Estado contra la República por la actuación del pueblo y de las instituciones republicanas, los militares sediciosos, lejos de deponer las armas, comienzan a organizar con métodos fascistas la vida municipal de los lugares caídos bajo su dominio; asimismo se disponen a controlar la retaguardia ediante la violencia y el terror.

 

    Aunque sus afines gozaban de una autonomía casi ilimitada para organizar y reprimir, en última instancia todo se subordinaba a los dictados de los militares. La jerarquía, la disciplina y la exaltación de la violencia eran los valores imperantes.

 

 

    Inmediatamente comienza la movilización para la guerra.
    EL PIRINEO ARAGONÉS, con fecha 01-08-1936, desvela lo que se avecina:
"Llegaron varias escuadras fascistas de Logroño y requetés de Pamplona, que, en entusiasta colaboración con las fuerzas militares, hacen los servicios correspondientes y atrevidas exploraciones por la comarca.
(...)
Regimiento de Galicia, Guardia Civil, Carabineros, policía, voluntarios de Jaca y veraneantes, milicias fascistas de Logroñ y requetés de Pamplona siguen circulando con ávido entusiasmo por las calles de nuestra ciudad. Muéstranse incansables en sus respectivos servicios dentro de la población y en sus constantes excursiones de vigilancia por alejados lugares de nuestra comarca".

 

 

(...)
El domingo día 2, después de haber oído ’misa de campaña’, entre soflamas y cantos, un grupo de aquellos falangistas que mencionaba EL PIRINEO ARAGONÉS colaboraban entusiastas con las fuerzas militares para suministrar y nutrir a las fuerzas sublevadas acantonadas en Biescas y desplegadas en Gavín. Al llegar a Escuer uno de los autos se detiene y de él descienden requetés y falangistas en alegre camaradería siendo recibidos, brazo en alto, por el nuevo alcalde (Inocencio Púertolas). Otros convecinos los rodean y asaetean a preguntas en demanda de información. Allí, una persona ’de orden’ y entusiasta del ’movimiento salvador de España’, les da el ’soplo’ de que el maestro, Ángel García Benedito, es de Izquierda Republicana y de ideas muy progresistas. Los falangistas, al llegar a Biescas, donde también les han dicho que vive el maestro de Escuer, preguntan por éste. La plaza del Ayuntamiento se encuentra muy animada, con la presencia de soldados, requetés y falangistas entremezclados con algunos vecinos del pueblo que la transitan. Las autoridades democráticas han huído; muchos jóvenes han ido a Yésero, donde los primeros focos de resistencia se organizan. El capitán Cabrerizo, jefe militar de la plaza, ha reemplazado a las autoridades civiles con gente de su absoluta confianza, resucitando el antiguo caciquismo. Ahora, quienes hacen y deshacen dejando su impronta en los designios de la villa son: Salvador Lacasa, nombrado Alcalde; José María Estaún; Lorenzo Ipiéns; Antonio Rosalí; Antonio Marcos Boira; y mosén José Aranda.

 

 

    El maestro de Escuer, que vivía en la misma plaza, tras ser detenido, fue vejado, pateado y humillado entre crueles risotadas y cantos patrióticos. Quienes podían hacer algo por él, no lo hicieron: lo aceptaron y callaron. Cuando los falangistas retornaron a Jaca, lo tomaron consigo y a 2 km lo asesinaron a orillas de la carretera en las inmediaciones del barranco de Arás. Era el segundo maestro que ejecutaban y el primero del mes más sangriento de toda la guerra, con 79 fusilados.

 

 

    Ese mismo día escribía en su diario el profesor Florentín Ara:
"Qué concepto de la vida y de la moral tienen estas gentes que hoy nos esclavizan? Misas, novenas, medallas, escapularios, pláticas, mentiras, robos, atropellos, asesinatos, crueldades, insultos, violencias, blasfemias, suciedades y cantos con la música de la ’Cucaracha’: ese es el programa de los de ’Dios, Patria, Familia, Orden...’ Todo el programa y toda la realización de una España de Inquisición y Pandereta; de curas, chulos y prostitutas, de rosario y navaja; de sangre y de cieno; de vergüenza y lenocinio. ¡Ah! el gran pecado de las izquierdas ha sido siempre [—no siempre, no siempre, ay las generalizaciones....—] el respeto a la legalidad y el afán de convivencia, evitando rozamientos y gestos agrios. La lección que estamos recibiendo es demasiado seria para que la olvidemos. ¿Qué respeto tienen ellos por la propiedad, por la vida humana, por la conciencia individual, hacia nada de lo que significa conquistas de nuestro tiempo? Espada para hacer y deshacer y altar para purificar lo que la razón, la justicia y el derecho condenan. ¡Esas son las derechas españolas, hechas a la más negra obstinada reacción, sin sentido, ni idea de que el tiempo corre! ¡Qué bien va esto!: misas al aire libre y música a todo pasto; mientras tanto, las ejecuciones en masa".

 

 


En una pensión de Jaca se alojaron los falangistas que mataron a mi abuelo, esos luceros de la patria. Uno de ellos al parecer estaba avergonzado de sí mismo y arrepentido. Los otros seguían "enteros", le contaron a una tía mía quienes supieron de ellos.  Mi abuela nunca superó el golpe. Además fue expulsada del cuerpo de maestros, como todos los demás.  Luego reingresaría como maestra, pero vivió sin asimilar nunca lo sucedido, traumada para siempre por este episodio—por así llamarlo, pues es un episodio de esos en los que se para el tiempo. Aunque quizá sí lo superó a su manera, usando las fuerzas que tuvo, para abrirse camino en la nueva y siniestra España por la única vía que encontró— sacando adelante a sus tres hijos, y dándoles estudios.

Denuncias por asesinato no hubo ninguna. Aquí no vale la pena quejarse a las autoridades por estas cuestiones. A los Nacionales, mucha gracia les hubiera hecho la denuncia. De hecho, ya reposada la cosa, en 1966 se molestó el gobierno franquista en declarar prescritos por decreto todos los delitos cometidos con anterioridad al 1 de abril de 1939. Luego, en la Transición, la amnistía general volvería a decretar que estas cuestiones no eran investigables ni penables. A los asesinos, por lo que se ve, no les ha faltado apoyo desde arriba, nunca, y menos en aquellos años de posguerra. La "Justicia" siempre ha estado de su parte.

Muchos más años tendrían que pasar hasta que se recordase debidamente la memoria de mi abuelo, tanto marcaba la época. Y de hecho el eco de esos disparos llega, más de setenta años después, hasta aquí mismo.

 

 

 

Disimulando el franquismo

 

 

 







Retroposts


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Tomás García López - Los fundamentos de la guerra y los fundamentalismos belicistas y pacifistas

sábado, 28 de mayo de 2016






Con respecto al final de la conferencia. A pesar de la inteligencia del análisis, toda finura se pierde cuando se confunde la oposición a la guerra injusta con la oposición a la guerra. En las protestas contra la guerra de Irak se juntaban protestas contra la guerra en general (o sea, pacifistas propiamente hablando) con protestas contra la guerra injusta (postura argumentable desde los mismos presupuestos del conferenciante, por no hablar de los propios mea culpa de Aznar y de Blair, y las evidencias de manipulación que ya eran evidentes entonces y se demostraron ampliamente después) y contra la guerra imprudente. Porque una guerra justa puede ser imprudente, y a los resultados me remito.


En fin, que el mero análisis lógico no nos exime de sopesar las circunstancias detalladas de cada conflicto, y las guerras no pueden dividirse con tal nitidez entre tipos lógicos estancos, por mucho que éstos ayuden a la conceptualización.

Retropost: Que estudien ellos

martes, 24 de mayo de 2016

Retropost #941 (24 de mayo de 2016): Que estudien ellos


Más noticias del QUÉ! Una notita nos anuncia que "El estudiante será el eje del proceso docente". Que se dozan ellos. Se recoge en la nota una charla de nuestro rector sobre las reformas en curso en la Universidad: "Dos de los objetivos de la construcción del nuevo espacio europeo universitario son 'conseguir que el estudiante sea el eje del proceso docente' e 'incidir más en aprender que en enseñar', afirmó ayer el rector de la Universidad, Felipe Pétriz, en una charla organizada por el Instituto Aragonés de la Comunicación.

Pues dicho así y mal y pronto, si los estudiantes se autoenseñan, podemos ahorrarnos una pasta en profesores. Claro que eso no es la Universidad, es muy interesante y muy formativo sin duda, pero es "otra cosa".

Supondrá, nos dicen, mucha adaptación y reciclaje por parte de los profesores. No tendremos tanto que ser especialistas en nuestras materias científicas (que a ver si vamos dejando de pensar en ellas, nos decía ayer la Comisón Europea) cuanto en captación de clientes, dinamización de grupos y orientación psicopedagógica (sin avasallar, claro). Ah, y en evaluaciones normalizadas y estandarizadas. Against Against Method.

A mí se me ocurre, sin embargo, que más doloroso va a ser aún para los estudiantes, a pesar de las apariencias, si quieren formarse. (Obtener el título igual es más fácil, eso sí; el fin del fracaso escolar puede bien ser el principio del fracaso intelectual.. como en la LOGSE).

Hoy, por ejemplo, he dado mi última clase de Comentario de Textos Literarios Ingleses. (Nos han adelantado a mayo el principio de los exámenes). Pues bien, yo intentando aprovechar hasta el último día, me he encontrado con que en esta clase, supuestamente práctica, tenía que ser yo quien comentase el texto por enésima vez, porque ningún alumno se lo había leído. (Todo con previo aviso repetido, fotocopias proporcionadas, con anuncios en página web, etc.). Normalmente, casi ninguno se lo ha leído, pero bueno, siempre hay tres o cuatro que sí, y con eso vamos manteniendo la ficción necesaria. Hoy, nadie, pero ni uno en toda la clase. Así que les he dicho la obviedad de que sin leer un texto no se puede comentar, y he empezado pasito a pasito a leerlo en clase... (era un relato de Nabokov, "Signs and Symbols"). Pero de repente se me ha subido el cabreo.

("Mal, mal, me dice mi Conciencia. Eso produce malísima impresión. Deberías haber dicho, bueno, que es casi junio, mejor lo dejamos estar ya, ¿no? Fiesta - y todos contentos" - - "No, de eso nada," - dice el demoniejo: "es que eso no sería el mensaje que les quería enviar, que está genial y que en realidad está bien que no se lo hayan leído. Lo siento si hago mal efecto, pero peor efecto me hace a mí semejante nivel en clase").

Bueno, pues el caso es que les he dicho que me parecía muy mal que trabajasen tan poco para la asignatura, y que visto lo visto, allí mismo se terminaba la clase, a los diez minutos de empezar. Que considerasen que esa era la lección de hoy. Y me he ido, sin portazo (other than psychological). Y ahora me digo, "es que llevas mucha tensión acumulada" — Y me desdigo: "Nada de tensión acumulada. Una clase de comentario de texto donde los alumnos no leen los textos, especialmente donde ni un solo alumno ha leído el texto, es algo patético e inadmisible". Yo desde luego, me pienso seguir cabreando. Al menos mientras lo que enseñemos aquí se llame "Filología inglesa". Cuando se llame otra cosa, y se autoeduquen ellos, a correr, que cada palo aguante su vela, y que se autoevalúen también, si es eso lo que quiere el Ministerio.

(PS: Pego un resolución de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense sobre un tema que nos afecta, el establecimiento de un Máster de Educación Secundaria que apunta un tanto en la dirección de esta reforma...)


LA PROFESIÓN DE PROFESOR La Junta de Facultad de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense acuerda expresar públicamente su completa disconformidad con el borrador de Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria elaborado por el Ministerio de Educación y Ciencia que regula el acceso a la profesión de profesor de Educación Secundaria, al tiempo que hace un llamamiento para que se sumen a dicho acuerdo cuantas Facultades lo estimen oportuno.
1. Conforme a las actuales previsiones del Ministerio, la realización de un Máster en Formación del Profesorado será "requisito legal imprescindible para acceder a la profesión de profesor de Educación Secundaria, el cual no podrá ser ofertado por las Facultades responsables de las diferentes disciplinas académicas (Filosofía, Física, Historia, Química, Filología, Matemáticas, etc.).
2. De los 60 créditos que supondrá la realización de dicho Máster, sólo 12 se destinan a la "formación disciplinar, en tanto que los 48 restantes se orientan a la formación psicológica, pedagógica y social. Por tanto, la formación "especializada que ha de recibir el futuro profesor de Educación Secundaria es casi exclusivamente de carácter psicopedagógico y didáctico.
3. Junto a lo anterior hay que tomar en consideración la menor duración de los estudios de Grado con respecto a las actuales Licenciaturas y, sobre todo, el carácter generalista y no especializado que se otorga a estos estudios en el Real Decreto de Grado. En consecuencia, la menor formación académico-científica del futuro profesor en su disciplina es un hecho incuestionable que ha de afectar a la calidad y al perfil de la Educación Secundaria.
4. Pero también la formación superior más especializada, la de los estudios de Doctorado, se ve negativamente afectada en la medida en que, conforme al actual borrador, el nuevo Máster de Formación del Profesorado habilita asimismo para acceder al Tercer Ciclo de todos los estudios de Posgrado. Ello supone que basta el Grado, que comprende "enseñanzas básicas y de formación general (Art. 7 del Real Decreto de Grado), y un Máster pedagógico para poder cursar estudios de Doctorado. Se produce así una sorprendente asimetría: un genérico Máster pedagógico da paso legalmente a la condición de investigador en Física, Matemáticas o Filosofía, mientras que ni la titulación de Grado en Física, Matemáticas, etc., ni ningún Máster especializado ofrecido desde esas Facultades permite ser profesor, por ejemplo, de Matemáticas o de Filosofía.
5. Siendo cierto que las Facultades pueden establecer criterios de admisión al Tercer Ciclo, no lo es menos que las titulaciones que tienen la Enseñanza Secundaria como principal salida profesional, perderán la mayor parte de sus estudiantes potenciales para estudios de Máster en la medida en que éstos no habilitan para dicha salida profesional. Y no cabe pensar que un número significativo de ellos se decantará (o podrá económicamente decantarse) por la realización de dos Másteres. Por otro lado, siendo las enseñanzas de Posgrado las únicas que pueden proporcionar al estudiante "formación avanzada dirigida a una especialización académica (Art.8), quiere decirse que se abre la vía legal para pasar a los estudios de doctorado sin haber adquirido una formación avanzada y especializada que el Máster en Formación del Profesorado por principio no ofrece.
6. Con la actual reforma de los estudios universitarios, la existencia de perfiles profesionales definidos y la relevancia para el mercado laboral son criterios imprescindibles para la viabilidad de las nuevas titulaciones. Pero si las autoridades ministeriales niegan a aquellas carreras que tienen la enseñanza secundaria como principal destino profesional de sus egresados la posibilidad de habilitar legalmente para el ejercicio de dicha profesión, cabe fundadamente cuestionarse la pervivencia de dichas titulaciones, lo cual afecta de modo dramático a las de Humanidades, pero también en menor medida a las de Ciencias.
7. El "Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria viene a sustituir al actual "Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), hoy responsabilidad de los Institutos de Ciencias de la Educación, cuyos cuestionados resultados convendría evaluar objetivamente por el Ministerio de Educación y Ciencia antes de proceder a la implantación de un Máster como el que se pretende.
8. La organización de los estudios que den acceso a la profesión de profesor de Educación Secundaria no puede hacerse al margen de las Facultades responsables de las distintas especialidades académicas, de modo que sólo una de ellas, la de Educación, sea declarada competente y responsable. Por otro lado, si de converger con Europa se trata, miremos a las universidades europeas y no encontraremos en ellas el protagonismo que en España se otorga a las formas psicopedagógicas y didácticas frente a los contenidos disciplinares y académicos. A la vista de todo lo expuesto, la Junta de Facultad de la Facultad de Filosofía de la UCM solicita a las autoridades que sea retirada la Propuesta de Título Universitario Oficial de Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria según RD 56 / 2005, de 21 de enero, al tiempo que insta a la Ministra de Educación y Ciencia a abrir, a la mayor brevedad posible, un proceso de diálogo con todas las partes interesadas. Las Juntas de Facultad que decidan sumarse a este documento, pueden enviar sus resoluciones al Decanato de la Facultad de Filosofía de la UCM:
e-mail: palmagro@filos.ucm.es
teléfono : 91 3945323

El CCU y las áreas de conocimiento


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Santiago Abascal en El Gato al Agua 23 de Mayo

viernes, 27 de mayo de 2016

 






Okupas, Podemoides y Podemitas

iernes, 27 de mayo de 2016

Okupas, Podemoides y Podemitas (audio de EsRadio)


Que aún haya millones de personas que compren estas mercancías averiadas a los podemoides y podemitas es ciertamente muy preocupante. Y de los okupas qué decir, que no los quiero en mi casa, ni conozco a nadie que los quiera en la suya.

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