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Vanity Fea

Retropost: El nombre del padre

viernes, 26 de febrero de 2016

Retropost #672 (28 de diciembre de 2005): El nombre del padre


Le acabo de preguntar a Oscar cómo me llamo, y esta vez ha sabido darme nombre y apellidos. El otro día resulta que no tenía ni idea, creía que me llamaba "Papá" y punto en el DNI. Si es que la cosa tiene su intríngulis. Yo recuerdo que de crío no tenía en absoluto claro cómo se llamaban mis padres (bueno, hay que reconocer que tampoco lo tenía muy claro esa niña que en la escuela le dio a mi padre un sobre en el que ponía "Don Donangel"). El caso es que sí, a mi padre todo el mundo lo llamaba Ángel, pero ¿era eso razón suficiente para dar por hecho que se llamaba así? A mi madre todo el mundo la llamaba "María Dolores", pero luego resulta que las cartas le llegaban a una tal "Felisa" (que para mayor confusión era el nombre de Tata, la tía de mi madre que vivía con nosotros). Pero no, era a "Felisa Landa", y no a "Felisa Carrera", a quien le llegaban las cartas y los periódicos del Ministerio de Educación (menos las cartas de curas y monjas, que esas sí eran para Felisa Carrera). A mi padre le llegaban algunos periódicos a su nombre "Angel García Pomar", pero otros a nombre de "D. Eusebio Pomar" -- y claro, había razones para la duda. Eusebios no había a la vista; bueno, estaba mi abuela, Eusebia, pero a ella no le llegaba ningún periódico. Total que yo estuve creyendo mucho tiempo que por alguna razón mis padres utilizaban nombres falsos, que se hacían llamar Ángel y Dolores pero que en realidad se llamaban Eusebio y Felisa. Y todo por culpa de los de El Noticiero, que al parecer no concebían la noción de una suscriptora femenina, y cambiaron "Dña. Eusebia" por "D. Eusebio"-- y con razón, pues era mi padre el único que se leía el periódico, y el cartero, que ya lo sabía, se lo llevaba a él y no a mi abuela. También culpa de mi tía Felisa, que influyó en el cura para que, además del nombre de mi madre según el registro, que era Felisa, le pusiera a mi madre lo contrario, o sea, "Dolores" (el nombre por el que seguramente suspiraba ella), y en Dolores se quedó la cosa.

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Retropost: Web, teoría, filología, anglística

viernes, 26 de febrero de 2016

Retropost #671 (28 de diciembre de 2005): Web, teoría, filología, anglística


Acabo de localizar por la red en edición electrónica (PDF) un artículo que publiqué hace años en Links and Letters número 8 (2001), sobre la situación de la crítica y teoría literaria en los estudios de Filología Inglesa y en España hacia finales del siglo XX, Recent Literary Theory and Criticism in Spanish Anglistics: Some Observations on Its Institutional Context and Practices.
(http://www.bib.uab.es/pub/linksandletters/11337397n8.htm) Pues eso, lo añado a mi página de publicaciones online. Voy a traducir lo que decía allí, al final, de la WWWeb, a cuenta de que los académicos españoles debíamos estar más atentos a nuestro contexto:

Hace falta más contextualización también en otro sentido: mayor consciencia de la especificidad de las humanidades y de los estudios textuales en una época en la que los textos electrónicos están ya en todas partes. La mayoría de los anglistas están haciendo lo que T. S. Kuhn llamaría "ciencia normal", en un momento en el que el paradigma mismo que ha constituido la disciplina de los estudios literarios está experimentando una transformación repentina. Por ejemplo, se crea Internet, ¿y qué hacen los filólogos al respecto? Llenan la red de letra impresa, escritos e información bibliográfica. Quizá una "revolución disciplinaria" en las humanidades no sea tan espectacular como una en las ciencias; sea como sea, los filólogos no parecen estar alarmados en exceso por la palabra digital, ya que el terreno común que comparte con modos de escritura más antiguos (el lenguaje, las estructuras textuales y los protocolos retóricos) parece lo bastante amplio como para proporcionar una transición suave. Los enlaces y las letras parecen combinarse bastante bien, y, por tanto, los efectos de la revolución digital sobre la teoría literaria probablemente consistirán en producir todavía más teoría, en lugar del fin de toda literatura, ya que la teoría prolifera en la interfaz de las disciplinas.

Sin embargo, se viene dedicando poca atención a las implicaciones teóricas de la escritura electrónica, y la mayoría de los académicos han explorado sólo una fracción de las posibilidades que les ofrecen las herramientas electrónicas más simples, como el correo electrónico. No hay duda de que la revolución en las tecnologías de la información reestructurará las disciplinas filológicas. Ahora ya se requieren muchas habilidades prácticas de manejo de ordenadores incluso a los académicos humanistas, y esta tendencia no puede sino crecer. Esto no significa que la comprensión crítica, la sensibilidad hacia el significado de las palabras, las convenciones textuales, etc., vayan a dejar de ser requisitos necesarios; pero sí significa que los académicos tienen que añadir la cibercompetencia a las competencias lingüística y literaria. A corto y medio plazo, las consecuencias van a ser de gran alcance para el aprendizaje de lenguas y para la teoría literaria. Hay formas literarias digitales que se están desarrollando ahora mismo, y reciben escasísima atención por parte de los humanistas académicos, pues todavía se les aplica la etiqueta de "cultura popular". Pero es una área emergente y tan interesante como cualquiera de las que los críticos y teóricos se dedican a estudiar en masa.

Nuestra disciplina, la "Filología Inglesa", está en perpetuo dilema, intentando definir su identidad, y sus problemas de identidad no pueden sino volverse mayores en el futuro -- un futuro intercultural y globalmente interactivo, con el inglés como lengua franca. El sueño de R. S. Crane, de unos estudios filológicos interdisciplinares en el que no sólo la teoría, sino también la historia de la teoría, jugase un papel central, como preparación en autoconsciencia metodológica y pluralismo crítico, todavía es relevante. Quizá su visión no se pueda realizar tal como él la pensó en origen, pero sí puede contribuir a una redefinición de la disciplina. El lugar que se destine a la teoría literaria en la anglísticas, si es que la anglística va a sobrevivir como una discipina consistente, estará en perpetua evolución. Las teorías mismas seguirán cambiando, con el Postcolonialismo evolucionando hacia la Semiótica Socioecológica de la Conciencia, el Ciberdialoguismo, o lo que haya de ser -- la literatura misma cambiará de maneras irreconocibles, como siempre ha hecho. Todo fluye, y, para seguir siendo crítica, la teoría fluirá.

(Pues no sospechaba yo por entonces que le quedaba a la disciplina de Filología Inglesa en España lo que el canto de un vizcaíno... ni las dimensiones reales de su crisis de personalidad. Pero bueno, la realidad dejará las cosas en su sitio, y todos vamos a acabar siendo filólogos ingleses, aficionados o profesionales. Y ciberdialoguistas, de rebote, aunque cinco años más tarde no esté el personal mucho más metido en la red que cuando escribía esto -- una cosa que ahora ya empieza a ser extraña).


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Les uns contre les autres - Maurane

jueves, 25 de febrero de 2016

 





En la Wikipedia birmana, y en la nepalí

En la Wikipedia birmana



Enlazan mi bibliografía en la Wikipedia birmana, artículo "Literatura inglesa", y en la nepalí, artículo "Lingüística".

En la Wikipedia nepalí

The Economist as Philosopher: Adam Smith and John Maynard Keynes

jueves, 25 de febrero de 2016

The Economist as Philosopher: Adam Smith and John Maynard Keynes







Retropost: Peluches transgénicos

jueves, 25 de febrero de 2016

Retropost #670 (27 de diciembre de 2005): Peluches transgénicos

raycaesar3
 

Yo - Oye, nenes, si me olvido un día y me dejo esta escalera aquí puesta en medio del cuarto, vosotros no subáis, ¿eh? que es muy peligroso.
Oscar - Pues Álvalo sube.
Ivo - Exactamente, el otro día subía.
Yo - Bueno, pero Álvaro es mucho más mayor que vosotros, y puede hacer cosas que vosotros no podéis.
Ivo - Sí, experimentos. Experimentos peligrosos.
Oscar- También con ADN y tlozos de peluches lotos.
Yo- Oscar, chaval, eres un chollo para mi blog.



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Retropost: Oliver Twist

jueves, 25 de febrero de 2016

Retropost #669 (26 de diciembre de 2005): Oliver Twist

 

Acudimos, huyendo del frío, a ver la celebrada película de Polanski, los niños por obligación dictada por sus superiores (hmm, muy a tono con la película: "y ahora, niños, silencio y a ver Oliver Twist, que ahí vais a aprender lo que es bueno y cómo las gastan con los niños que no quieren ir al cine..."). Yo por mi parte con curiosidad por ver si le añadían a twist to the old tale. Y bueno, siempre lo hay, pero básicamente por el procedimiento de que queda enfatizado lo que no se corta; en la novela entran naturalmente a hachazos, no hay otra manera...

Así, desaparece el parentesco de Oliver con sus benefactores, desaparece toda la historia de la madre, y la de Monks su hermanastro maligno, con el anillo y el medallón, y desaparece toda referencia a herencias y fortunas caídas del cielo; desaparecen otras casualidades demasiado casuales (no hay Noah Claypole en la banda de Fagin, se pierde de vista el señor Bumble cuando ya sobra, etc...). Lo que queda proporciona una muy buena adaptación clásica. La ambientación histórica está muy lograda, y algunas actuaciones son memorables: la de Nancy, la del perro de Bill Sikes, y en especial la de Ben Kingsley como Fagin. Pero es curioso, es básicamente el Fagin de Ron Moody, el del musical Oliver! el que recrea Ben Kingsley: claro que todo en aquella película era un gran acierto, y por tanto un reto difícil de ignorar -- así que de hecho esta película de Polanski da la impresión de ser un remake de Oliver! sin la música, más que una visión independiente de la novela de Dickens. El modelo realista elegido ya estaba logrado y superado en el musical, por tanto es un poco pobre volver a él sin más cuestión: la estética de la película es todo menos experimental, y eso que el material es excelente: un clásico sólo a medio explotar (y no me contradigo), más una tradición fílmica de Olivers como filón... La estrategia de adaptación contraria a la aquí seguida hubiera enfatizado las casualidades, los retornos obsesivos de personajes, las fortunas caídas del cielo, el surrealismo de Dickens más que su realismo, la voz narrativa incluso, por qué no, las ilustraciones de Cruickshank (aunque han inspirado a la iconografía fílmica, también ellas tienen más jugo por exprimir). En lugar de thrillificar el argumento (como se hace manteniendo a Oliver como rehén de Sikes hasta el final) sería más interesante un guión que sacase a la luz los puntos problemáticos de la historia, cosas que la novela contiene a su pesar pero que quiere esconder, como el origen de las misteriosas fortunas, la maquinaria social que destina a unos a mano de obra esclava y a otros a cómodas rentas... una maquinaria contemplada por Dickens con una mirada fascinada y horrorizada, mirada apartada en última instancia con gestos semihistéricos. Bueno, en ese sentido la película sí es fiel a Dickens, pues hace lo mismo que él, instalando cómodamente a Oliver en un orden social que se ha revelado como caótico e injusto: pero es lo que todos hacemos en Occidente, ¿no?

Me interesaba especialmente el tratamiento de la figura de Fagin, siendo judío Polanski y siendo Fagin uno de las representaciones abyectas de judios más emblemáticas producidas por el antisemitismo (claro que Dickens negó ser antisemita, y puso luego un buen judío en otra obra). Y sí que encontramos en la película un cierto énfasis en la figura de Fagin y su destino. A pesar de su maldad, pues malvado es, nunca pega a Oliver, y lo cura de su herida (visto que aquí falta Rose Maylie) con un ungüento "más viejo que el tiempo", tradición judía sin duda. Merece también Fagin que se conserve (y es un episodio subrayado aquí, por tanto) la visita de despedida de Oliver en la cárcel, cuando se le va a colgar como espectáculo público; y un cierto asomo de chivo expiatorio sí se le da al personaje en este momento. Además es una visita tanto más gratuita cuanto que el Fagin de la película no tiene ningún secreto crucial que revelar. No llega el blanqueamiento de este Fagin, sin embargo, al nivel del simpático Fagin de Oliver!, que es indultado por el guión y se pierde, a modo de John Silver, por el horizonte de nuevas aventuras, implausiblemente redimido. Aquí no: el judío ha de ser exterminado, y presentado como ente abyecto. Polanski no es averso a estas caricaturas chocantes (pienso en el final de El Pianista, con su confrontación estética entre un acobardado judío de manual antisemita y un elegante, artístico y noble nazi). Y tampoco es cosa sólo de Polanski: Spielberg, por ejemplo, otro judío, muestra la caricatura más abyecta de un judío jamás aparecida en el cine, en la persona de ese moscardón que era el amo del niño Anakin en el "episodio 1" de Star Wars (una figura que quizá deriva de Fagin, por cierto). Aunque ni en este caso ni en el del Fagin de Polanski se menciona la palabra "judío". Son curiosos experimentos, a medias quizá entre la tradición antisemita, el humor judío y una cierta voluntad de autoabyección. Todo lo cual es... curioso, y quizá el aspecto más experimental y arriesgado de esta película, con, insisto, una magistral actuación de Ben Kingsley, irreconocible y memorable.



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Dos barcos anclados lejos

jueves, 25 de febrero de 2016

Dos barcos anclados lejos

Dos barcos anclados lejos